Predicación expositiva

El drama de la «predicación terapéutica»

Artículo
16.02.2017

Buena parte de la predicación evangélica actual —al menos en el mundo hispano— es terapéutica. Con la expresión «predicación terapéutica» me refiero a ese tipo de sermón que se centra constantemente en animar y consolar a los creyentes en sus problemas; traer alivio en las situaciones difíciles de la vida. Por supuesto que la Biblia contiene muchos mensajes de ánimo para nuestros sufrimientos; varios Salmos son un buen ejemplo de esto, escritos que nos traen fuerza en la aflicción. Por tanto, el problema que quiero abordar no es el hecho en sí de usar la Biblia para confortar a los cristianos, sino el desequilibrio que se produce cuando el «enfoque terapéutico» adquiere un protagonismo dominante en la mente y predicación de un pastor. Esta desproporción es un drama que puede causar daño a las congregaciones, ya que, al fin y al cabo, el abuso de la perspectiva terapéutica termina desplazando al evangelio, mermando así la vida espiritual de la iglesia.

1.- La sutileza del planteamiento terapéutico. El desequilibrio de la «predicación terapéutica» es difícil de paliar porque para empezar es un hecho sutil. ¿Quién puede estar en contra de sermones que intentan darnos consuelo y descanso? ¿Cómo criticar a un hermano que amorosamente busca traer calma a los sinsabores de la vida de los creyentes? Otra vez, la Biblia nos provee una gran variedad de textos que pueden y deben ser usados para estos fines. La iglesia necesita este tipo de enseñanza. ¡Dios es nuestro amparo y fortaleza! Y yo también digo: ¡Amén! Sin embargo, existe una línea roja peligrosa que se cruza cuando el pastor —y seguidamente su congregación— llegan a entender la Biblia como poco más que un pañuelo quitapenas o un manual de autoayuda. Esta distorsión global de la Biblia —que no necesariamente implica una mala intención de los pastores— es una verdadera tragedia para la iglesia, ya que significa haber perdido el gran tesoro de esta: el evangelio. Por tanto, no es que debamos sospechar de toda predicación que busque animarnos en los problemas de la vida, pero sí es necesario que sepamos discernir cuándo la «predicación terapéutica» puede estar llamando a nuestra puerta.

2.- La visión terapéutica se deriva de una mala teología bíblica. El desequilibrio de la «visión terapéutica» está íntimamente conectado con una comprensión errónea del mensaje global de las Escrituras. En su raíz, es un fallo a la hora de contestar a estas preguntas: ¿De qué trata toda la Biblia? ¿Cuál es el hilo conductor de las Escrituras a la luz del cual nuestros énfasis deberían ser ordenados? ¿Qué entendimiento panorámico tenemos de la Palabra de Dios? Aunque la Biblia ciertamente nos trae consuelo a los problemas diarios que experimentamos en este mundo caído, no debemos olvidar que la Biblia no es un libro primeramente acerca de nosotros y nuestras penas terrenales, sino acerca de Dios, su gloria y lo que él ha hecho en Jesucristo para resolver el mayor de nuestros problemas: la enfermedad del pecado, la cual nos condena al infierno. La Escritura, como un todo, nos cuenta la gran historia de la salvación, siendo Jesús y su obra salvadora en la Cruz su centro y cenit: «Felipe halló a Natanael, y le dijo: Hemos hallado a aquél de quien escribió Moisés en la ley, así como los profetas: a Jesús, el hijo de José, de Nazaret» (Jn. 1:45).

3.- Las consecuencias de la perspectiva terapéutica. Cuando la Biblia se predica sistemáticamente como un mero manual consolador para las desgracias, las consecuencias no se hacen esperar. Algunas son:

  • Los textos se distorsionan. El pastor —aun con su mejor intención— no parte del texto, sino que toma los problemas de la gente como su punto de partida, poniéndose los «lentes terapéuticos» para ver en el texto cualquier cosa que pueda levantar el ánimo de la audiencia. El mensaje de ánimo ha pasado a ser su caballo de batalla, que se llevará por delante el verdadero significado del texto si hace falta.
  • Se abre la puerta a las falsas expectativas y a la frustración. Existe una línea fina entre el «evangelio» de la autoayuda y el «evangelio» de la prosperidad. Vivimos en un mundo caído en el cual nos conviene ser realistas. Hay sufrimientos que simplemente nunca nos dejarán y problemas que no siempre se podrán solucionar. El abuso del mensaje terapéutico —todo irá bien— puede crear falsas expectativas y frustración, y el riesgo de confusión se duplica cuando no existe sabiduría bíblica en cuanto a la voluntad de Dios en los sufrimientos de sus hijos (p. ej: ser más como Cristo, entre otros).
  • La congregación termina colocándose a sí misma en el centro. Puesto que el énfasis que impera es el bienestar de la gente, la motivación principal de asistir al culto se reducirá a recibir una dosis de confort para afrontar una semana más de conflictos. De esta forma la iglesia gira primeramente en torno a las personas y no en torno a Dios (se da lugar al egoísmo).
  • Se oscurece la gloria de Cristo y del evangelio. La Biblia ha sido empequeñecida, y lo máximo que puede ofrecer la iglesia es una pastilla para las contrariedades del día a día. A la iglesia se le priva de la asombrosa obra de Cristo, del glorioso poder del evangelio (¡la «terapia» por excelencia!).
  • La iglesia pierde su vigor espiritual. Cuando la autoayuda desplaza al evangelio, la congregación pierde su fuente de vida espiritual. El proceso de desnutrición —encaminado hacia la muerte— da inicio. En lugar de traer ánimo, a fin de cuentas el enfoque terapéutico desbalanceado trae miseria, porque el evangelio ha quedado atrás.
  • La iglesia pierde todo su atractivo. Una iglesia donde no brilla el evangelio es una iglesia poco persuasiva. Es un grupo de personas que no refleja más que lo que podría brindar otra filosofía o un club psicológico (afrontar la vida con un poco más de ánimo). Todo su atractivo evangelístico ha desaparecido, porque el evangelio ha sido oscurecido.

4.- ¿Qué hacer si la visión terapéutica se ha instalado en una iglesia?

Los sermones terapéuticos son una realidad extendida en nuestros días. ¿Qué claves se pueden dar para mitigar este problema?

No te vayas al otro extremo. Como ya se ha dicho, el problema no es usar la Biblia para animar a los hermanos en lo cotidiano, el problema es que la Biblia se use para esto y poco más. Por tanto, debemos aprender a usar las Escrituras de forma equilibrada sin permitir que ningún énfasis deforme la revelación que Dios nos ha dejado. El otro gran error sería irse al otro extremo: dejar de usar la Biblia para traer aliento a nuestra iglesia.

Empieza a ver la Biblia como una gran historia centrada en Cristo y su obra. La Biblia contiene muchos libros, habla de muchos temas, y cumple diversas funciones (2 Ti. 3:16). Sin embargo, es importante ver la Biblia como una gran historia cristocéntrica, que ya desde muy temprano nos habla de la gran obra del Mesías (Gn. 3:15). Esta gran historia —el evangelio— debería estar siempre en nuestra mente como el lastre que da equilibrio al barco de la predicación. Para aprender más sobre la Biblia como una gran historia, recomiendo la revista de 9Marcas sobre la teología bíblica.

Nunca olvides el mayor de los problemas y el mayor de los alivios. Los pastores no deben tener en poco los sufrimientos de sus ovejas, cualesquiera que estos sean. Debemos amar a las personas, ser sensibles y cercanos a sus luchas, y traerles consuelo haciendo buen uso de la Biblia. No obstante, no hay mayor amor que recordarles siempre el mayor de nuestros problemas y el más glorioso de los alivios: nuestro pecado y el evangelio de nuestra salvación.

CONCLUSIÓN

Nos dice Nahum 1:7 que «Jehová es bueno, fortaleza en el día de la angustia». Prediquemos a nuestra Fortaleza en todo tiempo, para el consuelo de los que nos oyen, en toda situación, especialmente pensando que el gran día de la ira de Dios se acerca.