Consejería

Discerniendo los síntomas del agotamiento pastoral

Artículo
02.10.2019

Numerosas veces al año, desde que puedo recordar, converso con pastores que buscan una salida del ministerio. La razón no es el fracaso moral, o el interés en otra vocación, o la falta de «vocación». La razón, la mayoría de las veces, es confusa y difícil de describir. Cuando el pastor habla del ministerio, usa palabras como «exhausto…desanimado…sin sentido… distraído…solo». No importa cuánto duerma, tome café o intente motivarse, el tanque siempre se siente vacío.

¿Podría ser esto lo que la gente llama agotamiento pastoral? Si es así, ¿cómo discernimos los síntomas? Responder a esa pregunta importante es el objetivo de este artículo.

El agotamiento pastoral podría ser definido como el momento o la temporada en que un pastor pierde la motivación, la esperanza, la energía, el gozo y el enfoque necesarios para realizar su trabajo, y estas pérdidas se centran en el trabajo mismo. Estos aspectos del agotamiento no funcionan de forma aislada. Se conectan y se superponen. De vez en cuando, podemos perder la motivación o la esperanza en el ministerio. En cualquier día, podemos sentirnos exhaustos y sin alegría. Pero cuando todas nuestras motivaciones se erosionan a la vez, y cuando su ausencia persiste, creo que es entonces cuando entramos en una temporada de agotamiento pastoral.

Además, estos síntomas se centran en la obra del ministerio mismo. Esto distingue el agotamiento pastoral de otras pruebas: el dolor después de la pérdida de un hijo o cónyuge, problemas familiares intensos o la experiencia de la depresión. Un pastor podría experimentar pérdida de motivación, esperanza, energía, alegría y concentración en el ministerio por varias razones. Pero a veces, el ministerio mismo se convierte en el punto desencadenante.

La motivación se relaciona con los afectos y deseos del corazón detrás del ministerio. Pablo dice: «el amor de Cristo nos constriñe» (2 Corintios 5:14). Estaba dispuesto a sufrir golpes y encarcelamiento «si tan solo pudiera terminar mi carrera y el ministerio que recibí del Señor Jesús, para dar testimonio del evangelio de la gracia de Dios» (Hechos 20:24). Las promesas de Dios lo motivaron (2 Corintios 1:20). La salud espiritual de la iglesia para la gloria de Dios lo motivó (2 Corintios 4:15). El esplendor de la gracia lo motivó, y la motivación es esencial para la vitalidad pastoral.

Cuando perdemos todo sentido de motivación, quizás porque lo hemos derivado por mucho tiempo de las cosas incorrectas, podemos estar en un estado de agotamiento pastoral. El viento que solía llenar nuestras velas se ha desvanecido. El amor de Cristo se ha convertido en una idea vacía. Las promesas de Dios y la edificación de la iglesia se sienten distantes. Las cosas que solían sacarnos de la cama por la mañana ya no nos empujan más.

La esperanza se relaciona con el propósito general y apunta al ministerio. Después de la gran obra de Dios en el Monte Carmelo y la derrota de los profetas de Baal, parece que Elías esperaba un gran avivamiento. En cambio, recibió amenazas de muerte de Jezabel. Entonces Elías huyó al desierto. Cuando Dios lo encontró, Elías dijo: «Basta ya, oh, quítame la vida, porque no soy mejor que mis padres» (1 Reyes 19: 4). Todos sus celos por Dios parecían ser en vano. Todos sus sacrificios y sufrimientos parecían terminar en el mismo lugar. Ahora dice: «Yo también podría morir».

Cuando comenzamos a preguntar seriamente, «¿Qué sentido tiene?». Y luchamos por encontrar una respuesta, es probable que estemos cruzando la frontera hacia el agotamiento. El imán que solía atraernos ha perdido su poder. La luz maravillosa al final del túnel ha desaparecido. Ya no estudiamos, oramos y predicamos con «ansiosa expectativa y esperanza» (Filipenses 1:20). Nos volvemos cínicos, sarcásticos y hastiados.

La energía se relaciona con la fuerza corporal para el ministerio. Pablo les dice a los Tesalonicenses: «Porque os acordáis, hermanos, de nuestro trabajo y fatiga; cómo trabajando de noche y de día, para no ser gravosos a ninguno de vosotros, os predicamos el evangelio de Dios» (1 Tesalonicenses 2: 9). Aunque cansado, Pablo tenía energía para el trabajo. Aunque Jesús pasó las noches sin dormir, encontró la fuerza de algún lugar para su diaria labor.

Cuando el agotamiento es nuestro estado normal, no importa cuánto dormimos o descansemos, probablemente hayamos entrado en el agotamiento pastoral. El combustible que viertes en el tanque simplemente se acaba en el fondo, o se asienta y se daña sin encenderse en energía real. Parece que el Espíritu se ha ido. Una persistente falta de energía para el ministerio es el síntoma más común de agotamiento.

El gozo se relaciona con el placer espiritual del ministerio. Hebreos habla a los miembros de la iglesia sobre el ministerio de sus pastores: «para que lo hagan con gozo, y no con tristeza, porque esto no os es útil» (Hebreos 13: 17b). Esto implica que debe haber alegría para el pastor en su trabajo. Las Escrituras nos dicen que debemos mirar a Jesús, «el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz» (Hebreos 12: 2).

Cuando todo el deleite en el ministerio se desvanece, cuando «dirigir la procesión a la casa de Dios con alegres gritos y cánticos de alabanza» se ha convertido en algo del pasado, nada más que un vago recuerdo, entonces podríamos estar experimentando un agotamiento pastoral. Como resultado, tal vez comencemos a buscar el mundo para escapar. Cuando las cargas del ministerio se sienten tan abrumadoras que le pedimos al Señor que nos mate, hay algo importante que él pretende que veamos (número 11: 10-17).

El enfoque se relaciona con el compromiso de la mente en el ministerio. El apóstol Pablo pudo olvidar lo que hay detrás y «extendiéndome a lo que está delante» (Filipenses 3:13) porque sus ojos estaban fijos en «el premio del llamamiento supremo de Dios que es en Cristo Jesús» (Filipenses 3:14). Debido a que no consideraba su vida como preciosa, pero sí consideraba que la gracia de Dios era extremadamente preciosa, Pablo se centró en los detalles de la obra que Dios le asignó (Hechos 20: 22–24).

Cuando concentrarnos en nuestro trabajo se siente como escalar una montaña, cuando mantener la atención durante más de cinco minutos parece imposible, junto con los otros síntomas que hemos mencionado, es probable que estemos experimentando el agotamiento pastoral. ¿Te sorprendes regularmente a ti mismo mirando al vacío? ¿Lees los mismos versículos una y otra vez sin poder comprender el significado de las palabras? ¿Tus movimientos se han vuelto robóticos, tus pensamientos se mezclan y tus relaciones son confusas?

Discernir y definir sabiamente el agotamiento pastoral es crítico para encontrar el camino sabio para salir. Aunque este artículo no está dedicado a la solución, al menos debo decir que la respuesta se encuentra dentro de la gracia de nuestro Dios, el evangelio de Jesucristo y el poder de su Espíritu.


Traducido por Renso Bello.

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