Membresía

Como yo os he amado

Artículo
12.03.2016

Este escrito está en el contexto de la doctrina de la membresía de la iglesia.

A medida que los cristianos pierden de vista el llamado de Dios para vivir sus vidas cristianas colectivamente, trágicamente pierden la habilidad de definir el amor para que el mundo lo entienda […]. La doctrina de la iglesia lleva a toda la doctrina cristiana a relacionarse con cómo un grupo concreto de personas se junta y organiza sus vidas.

Lo que el evangelicalismo necesita hoy no es solo un punto central renovado y rearticulado; necesita fronteras. Con esto no solo me refiero a fronteras doctrinales o las “afirmaciones y negaciones” firmadas por los líderes de varias denominaciones y movimientos del evangelicalismo. Me refiero a las fronteras en torno a las iglesias locales. Esta es la herramienta que Cristo ha dado a la iglesia en la tierra para reforzar tales declaraciones de fe y las doctrinas centrales vibrantes.

Precisamente la doctrina de la iglesia es más apropiada para definir el amor de una forma que incluso la doctrina de la salvación o la doctrina del amor de Dios no puede: prepara al pueblo de Dios del nuevo pacto para reflejar el carácter de Dios, su sabiduría y gloria a todo el universo (Ef. 3:10). Esta es exactamente la razón por la que Jesús dijo a sus discípulos: “Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros; como yo os he amado, que también os améis unos a otros. En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros” (Jn. 13:34-35). El mundo entenderá quién es Cristo y qué es el amor cuando la iglesia lo defina amándose unos a otros en el evangelio (“como yo os he amado”). Los cristianos deben amarse unos a otros como Cristo nos ha amado. ¿Y si, como he dicho, tenemos concepciones idólatras del amor, incluso concepciones idólatras del amor de Cristo?

[…] Dios insta a la iglesia a trazar fronteras, fronteras que diferencian a estas personas de aquellas personas, fronteras que evitan que algunos individuos se unan, mientras que excluyen a otros individuos después de haberse unido. No solo eso, Dios pretende que la iglesia use estas fronteras para ayudar a definir, para el mundo, lo que es el amor exactamente.

La iglesia define el amor. A menudo define el amor pobremente, cierto, pero esto es lo que Dios ordena a la iglesia; definir el amor, para que el mundo lo entienda, en el proceso de incluir a algunos pecadores y excluir a otros.

Jonathan Leeman acerca de la membresía de la iglesia. Extracto de “The Church and the Surprising Offense of God’s Love: Reintroducing the Doctrines of Church Membership and Discipline”, Pg. 34-35.