Consejería

¿Cómo pueden los pastores entender el temor, los medicamentos y las adicciones?

Artículo
25.07.2017

Una entrevista con Ed Welch

 

9Marcas: Ya has escrito dos libros sobre el tema del miedo: Cuando la gente es grande y Dios es pequeño y Running Scared [Corriendo asustado]. ¿Porque te has enfocado tanto en el tema del temor?

Ed Welch: Si nos fijamos en lo que la Biblia dice acerca del miedo, podemos notar que hay mucho material de discusión. Se podrían escribir docenas de libros sobre este tema ya que la Biblia es una hermosa fuente de acceso. Es por ello principalmente que este tema me ha cautivado tanto. Un pasaje me llevó a otro y luego a otro y así sucesivamente, ahí fue que noté que Dios continuamente habla de una manera preciosa a aquellos que luchan contra el miedo. Dios se dirige a ellos constantemente.

 

9Marcas: ¿Piensas que los pastores deberían darle más consideración al tema del miedo?

Ed: Pienso que los pastores deberían de prestar atención a la Palabra de Dios y a las personas de su congregación. Conforme vayan analizando a la congregación, se van a dar cuenta de que las personas tienen miedo a lo que otros piensen de ellos, a las pérdidas económicas y a muchas cosas más. En las Escrituras hay muchos pasajes que tratan estos temas. Mi deseo es que los pastores puedan enseñarle a sus congregaciones a cómo luchar contra el miedo.

 

9Marcas: ¿Cómo es que el miedo es experimentado de manera diferente en hombres y mujeres?

Ed: Podemos notar diferencias en cómo las personas del sexo opuesto piensan del miedo. La mayoría de las mujeres tienen la capacidad de conectarlo inmediatamente con sus vidas, sus hijos, miedo a la soledad, etc. Ellas tienden a responder de esa manera y tiene sentido pues es lo que las captura.

Por otra parte, a los hombres les cuesta más trabajo admitir el problema del miedo. Existen varias razones. Una de ellas es pensar que “El miedo es para cobardes” o que “Es solo para las mujeres”. Puedo mencionarte un ejemplo personal. Mi deseo es que mi esposa piense que soy un hombre fuerte y que tiene todo bajo control. Cuando hay una crisis quiero que ella me vea fortalecido; como alguien en quien ella pueda confiar. Hablar de miedo está en contra de la naturaleza de la mayoría de los hombres. Pero el miedo es un fenómeno universal. Desde las primeras páginas de la Biblia, nos damos cuenta que el miedo no es un problema exclusivo en las mujeres.

¿Dónde aparece el miedo en la vida de los hombres? En todas partes. El miedo juega un papel importante en los problemas más comunes de los hombres. Por ejemplo, el enojo es una cuestión muy común entre varones. ¿Qué es el enojo? Es la posibilidad de perder algo. Algo preciado está en peligro y la respuesta más común a ello es la agresividad no el encierro. Pero a fin de cuentas es lo mismo: algo que tú amas está en riesgo ¿qué vas a hacer al respecto?

Fijémonos en los comportamientos compulsivos y pecaminosos más comunes de los hombres. Lo que tenemos es sexo y drogas. Ahora, si platicamos con ellos vamos a encontrar que tienen miedo de ser descubiertos. Temen a quedarse solos. A no ser amados. Lo que estoy sugiriendo es que la mayoría de los pecados masculinos están rodeados por el miedo. En todas partes hay ansiedades y miedo, pero es expresada de manera distinta de acuerdo con el sexo.

 

9Marcas: También has escrito un libro llamado ¿Es el cerebro el culpable? en el que haces la distinción entre desequilibrios químicos, desórdenes cerebrales y la desobediencia. ¿Existen desequilibrios químicos y desórdenes cerebrales que requieran de tratamiento médico, o estás en contra de los antidepresivos?

Ed: Uno de los privilegios que tenemos hoy en día es el de considerar problemas como la psiquiatría moderna y los medicamentos a la luz de la Biblia. Tenemos una oportunidad esplendida para ver cómo las Escrituras tratan todo tipo de temas, aun cuestiones que no fueron anticipadas por sus escritores.

¿Cómo es que la Palabra de Dios habla de temas como los medicamentos? ¿Acaso es pecado utilizar medicinas psiquiátricas? ¿Es sabio tomarlas? ¿Están mal? ¿Cómo debemos ver esto, especialmente cuando no hay pasajes de la Biblia que hablen específicamente sobre los medicamentos psiquiátricos? Creo que sería una exageración decir que la Biblia condena y prohíbe el uso de medicamentos, punto. Los fármacos actuales tratan de disminuir ciertos sufrimientos y por lo tanto no podemos estar en contra de ello. Más bien, lo que las Escrituras hacen es darnos sabiduría; una sabiduría que tiene su base en el temor de Dios. A veces decidiremos usar esos medicamentos, otras veces no.

Entonces, ¿cómo tomamos esas decisiones? Podríamos decir que hay dos extremos. Un extremo es que los medicamentos son esenciales y que todos los pastores deberían de estar conscientes de ellos. El otro extremo es que todo medicamento es malo y contamina la santidad de la iglesia cristiana.

Ambos extremos existen porque tienen puntos válidos. Lo importante del extremo que se opone a los medicamentos, es que muchas veces cuando la gente empieza a tomarlos, al mismo tiempo se empapan de la filosofía de la psiquiatría moderna. Empiezan a adoptar dos líneas de pensamiento: la psiquiátrica y la espiritual. En la espiritual están “Las cosas que se aprenden los domingos”. En la psiquiátrica “Ahí es donde está la acción ya que a ésta le pertenecen nuestras emociones”. La gente entonces vive preguntándose “¿Cómo me siento hoy?”. Si ellos se sienten mal y los medicamentos les pueden ayudar, entonces es ahí donde van a depositar su confianza. El desafío para ellos es el pensar de manera bíblica y el no poner nuestra esperanza en los medicamentos. En este sentido, los que se oponen a los fármacos tienen un punto muy importante. Que no hay que poner nuestra confianza en los medicamentos, sino en Cristo.

Por otro lado, los pastores deberían de estar informados acerca de los medicamentos psiquiátricos. Debemos prestar atención a los problemas a los que estos se están dirigiendo. Cuando lo hacemos, encontraremos problemas que son ambos, psiquiátricos y espirituales.

Sabemos que las personas que están tomando medicamentos para problemas psiquiátricos están sufriendo. Y si están sufriendo, entonces debemos de acercarnos a ellos tal y como las Escrituras nos exhortan a alentarnos los unos a los otros. Esto es algo que no se puede negar.

Éste es un fenómeno muy complicado, pero al menos quiero señalar que ambos extremos tienen sus puntos importantes. Aquellos que están a favor de los medicamentos han visto que mitigan (o al menos reducen) el sufrimiento en la vida de alguien. En ese sentido sí deberíamos estar a favor.

 

9Marcas: ¿Estás en contra de los antidepresivos?

Ed: Mi respuesta está dividida en tres partes. La primera, es que debemos de tomar en cuenta la relación que existe entre la mente y el cuerpo. Mucho se habla acerca de los desequilibrios químicos. La realidad es que la psiquiatría moderna no ha podido diagnosticar las causas fisiológicas detrás de ellas. La psiquiatría más bien quiere tratar sus diagnósticos como enfermedades médicas tradicionales, pero en este punto de la historia aún no se ha encontrado un gen o un desequilibrio químico responsable. Así de simple.

Pero esto tampoco nos responde a todas las preguntas que tenemos acerca de los medicamentos, para así poder decir que no deberíamos usarlos. Supongo que en unos 100 años la psiquiatría descubrirá que hay diferencias químicas entre personas esquizofrénicas y no esquizofrénicas. Se hallarán diferencias cerebrales y tal vez genéticas. Ahora, lo que no van a encontrar, es que la esquizofrenia es un problema meramente genético o fisiológico. Es más bien una combinación de factores. Pero ciertamente se va a tener un mayor entendimiento de este órgano tan complejo como el cerebro, y se va a poder distinguir la diferencia entre un cerebro de un esquizofrénico y un cerebro de una persona que no lo es. Así es como anticipo que la investigación psiquiátrica va a desarrollarse.

Lo anticipo desde un punto de vista bíblico ya que la Biblia enseña que el ser humano es cuerpo pero también es alma. Ambos cuerpo y alma contribuyen de manera distinta. El cuerpo trae consigo ciertas fortalezas y debilidades, mientras que el alma acarrea ciertos vínculos espirituales. Alma y cuerpo trabajan juntos para formar a un solo individuo, pero aun así se pueden distinguir entre sí. Por lo tanto, hablando de manera bíblica, podemos anticipar que existe algún tipo de sustancia bioquímica responsable de las fortalezas o debilidades de una persona.

Ahora, estamos obligados a hacernos la siguiente pregunta: ¿Cómo podemos responder a esto de una manera piadosa?

La segunda parte de mi respuesta es esta: necesitamos preguntarnos sobre qué es lo que esos medicamentos pueden o no hacer. Los fármacos tienen un área de trabajo limitado. No tienen la capacidad de cambiar nuestros vínculos espirituales. No pueden hacernos amar más a Dios. No pueden hacernos pecar menos. Lo más que pueden hacer, es mitigar algunas debilidades físicas que nos hostigan. Los vínculos espirituales del corazón humano siguen siendo el aspecto más importante de toda la vida, y es precisamente esa área en la que los pastores se enfocan. Ahora, los pastores deben mostrar tacto en cuanto a las fortalezas y debilidades que todos tenemos, y exhibir compasión en las debilidades mentales específicas. Pero cabe mencionar que estas debilidades no nos hacen pecar más, lo cual es uno de los rasgos más sofisticados de cómo hemos sido creados por Dios.

¿Qué es lo que sabemos acerca de la depresión? Sabemos que es una clase de sufrimiento y que los medicamentos en ciertos casos ayudan a aliviar este padecimiento. Cuando esto sucede, es algo bueno. Pero también sabemos que hay algo más profundo que podemos aprender, esto es, a dirigir rápidamente nuestra mirada a Cristo en medio de nuestro sufrimiento.

Ésta es la raíz del peligro de los medicamentos, pero este no proviene de la psiquiatría en sí, sino de la naturaleza del corazón del hombre. La gente se aferra a confiar en diferentes cosas. Entonces la cuestión es: cómo podemos exhortarnos los unos a los otros para que en nuestra angustia clamemos al Señor por misericordia y gracia. Eso es lo más importante al considerar la depresión desde una perspectiva pastoral.

Tercero, debemos considerar la relación que hay entre los medicamentos y el pecado. Podemos mencionar un ejemplo de un libro muy famoso que habla del medicamento Prozac. Un hombre va a consultar al médico por una depresión ligera que está experimentando, pero también menciona que ve pornografía. Ninguno de los dos considera que la pornografía es un problema, sino que solo se percatan de ello. Así que, como el paciente está deprimido, el doctor le receta Prozac. El paciente vuelve después de un mes y entre otras cosas, menciona que ya no se siente atraído por la pornografía. Podemos decir entonces que eso es algo bueno. ¿Para qué luchar contra la pornografía? Si simplemente podemos tomar Prozac.

En este caso, el Prozac es solo otra forma de alimentar al ídolo de este hombre. Su ídolo era “Ya no quiero sentirme sin vida. Quiero sentirme diferente así que voy a hacer lo que pueda para encargarme de eso”. Finalmente descubre que el Prozac lo puede hacer sentir así, entonces la pornografía ya no es su centro de atención. Pero también sabemos que el Prozac a final de cuentas lo va a llevar por el mismo camino que la pornografía, donde lo intenta, no funciona y luego intenta otra cosa diferente. Éste es un ejemplo claro donde parece que los medicamentos ayudan a alguien a no pecar. Pero también hay otras maneras bíblicas de interpretar lo que pasó.

 

9Marcas: En las clases de cuidado pastoral, se les enseña a los estudiantes a identificar y tratar aquellos problemas que tengan que ver con cosas espirituales, pero los problemas médicos deben de referirlos a un experto. ¿Crees que es un buen consejo?

Ed: En algunos institutos se les enseña a los estudiantes: “Éstas son las cosas de las que ustedes tienen que encargarse y aquí están otras que deben de ser tratadas por otras personas”. Las “otras cosas” incluyen todos los problemas médicos y psiquiátricos. Dentro de los problemas psiquiátricos están incluidos la ansiedad, los retos, los problemas y las relaciones difíciles de la vida. ¿Qué es lo que les queda a los pastores? La culpa, el adulterio y el asesinato; eso es lo que queda.

Tal vez una mejor manera de analizar eso sería que conforme vamos acercándonos a la gente de una manera pastoral, vamos a encontrar luchas; luchas que van a ser una combinación de ambos: pecado y sufrimiento.

Cuando la gente está sufriendo, se empieza a preguntar dónde está Dios. Si hay algo que sabemos con seguridad sobre ellos, es que necesitan exhortación de parte del pueblo de Dios. Necesitan tener la capacidad de enfocarse en Cristo, el cual está con ellos en medio de su sufrimiento. Entonces, nos acercaremos a todos y cada uno de ellos porque el pecado y el sufrimiento abarcan a todos.

Pero ¿qué hacemos con los problemas médicos? Nos acercamos a alguien con cáncer. Ya que es un tipo de sufrimiento y todos sabemos que hay que alentarlos y dirigirlos hacia Cristo.

Pero en cuanto a los problemas mentales, no perecen estar tan claros. Ya sea que su causa sea fisiológica o espiritual, eso no importa. Pues involucran a ambos pecado y sufrimiento. Entonces nos acercaremos también a ellos y haremos lo mismo que haríamos con cualquier otro miembro de la congregación, esto es, guiarlos hacia Cristo con un corazón sincero. Creo que las Escrituras tienen una respuesta más sencilla para los pastores y seminaristas. Ésta es, que si alguien está sufriendo o batallando con un pecado, entonces hay que acercarse a ellos.

 

9Marcas: ¿Puedes hablarnos un poco de lo que escribiste para personas que tienen adicciones?

Ed: Escribí un libro de estudio titulado Cross Roads, que va dirigido a aquellos que están luchando en contra de alguna adicción. Proverbios nos presenta una ilustración donde la sabiduría va a los lugares más bajos. Llega a los lugares más difíciles. Mi deseo fue escribir algo que presente la Palabra de Dios de una manera accesible, atractiva y persuasiva para la gente que está luchando en contra de las adicciones, aquellos que viven en lugares bajos y que tal vez ni siquiera son cristianos. Lo bueno de las adicciones es que, para bien o para mal, la gente lo considera un problema espiritual. Cada persona puede definir la palabra espiritual de diferentes maneras, pero al menos la gente asume que Dios va a estar incluido en la conversación.

Anticipo que éste tratado va a hacer posible una conversación entre alguien que profesa ser cristiano y alguien que no. Todo lo que necesitan es estar dispuestos a escuchar. También he incluido una guía para aquellos que van caminando junto a esas personas.

El objetivo es que el contenido esté presentado de manera clara, accesible, persuasiva, hermosa, optimista y que el evangelio irradie a través de éste.