Pastoreo

Cinco lecciones que aprendí luego de pastorear 30 Años en Zambia

Artículo
06.07.2019

Las cabras comiendo pasto en las laderas son una vista muy familiar aquí en África. Las cabras se concentran en una hoja de hierba a la vez y nunca están conscientes de lo lejos que han llegado hasta cuando el sol se pone. Esa ha sido mi experiencia como pastor de la Iglesia Bautista Kabwata. Nunca he estado consciente de los años que tengo por delante o detrás de mí. Simplemente me concentré en el trabajo que tengo a mano. Así que, cuando miré hacia el final del mes de agosto de este año y vi multitudes de personas animándome por el maratón de 30 años, fue entonces cuando me di cuenta de que había viajado muy lejos.

CINCO REFLEXIONES LUEGO DE 30 AÑOS

Es bueno reflexionar sobre mis 30 años de ministerio aquí en la Iglesia Bautista Kabwata. Como todas las áreas de la vida, esta ha sido una jornada de altas y bajas. Cuando miro hacia atrás, veo períodos cuando las lágrimas eran mi experiencia diaria, y otros períodos cuando no podía encontrar palabras para expresar mi emoción y éxtasis. Lo que se destaca mientras reflexiono sobre estos 30 años son primeramente las cosas positivas por las cuales agradezco a Dios.

  1. Observando un crecimiento gradual cuantitativo.

Para comenzar, me siento agradecido del crecimiento cuantitativo estable de nuestra iglesia. Cuando llegué a la Iglesia Bautista Kabwata, la iglesia había sido constituida hacía un año y medio con una membresía de alrededor de 35 individuos. Las únicas propiedades que la iglesia tenía eran algunos himnarios y un sello de la iglesia. De esos 35 miembros, sólo dos habían permanecido durante los últimos 30 años. Aunque habíamos tenido cristianos de otras ciudades e iglesias que se habían unido a nosotros a través de los años, mientras encuestaba a los individuos que estaban sentados en las bancas, me siento agradecido de que muchos de ellos son el fruto de nuestros esfuerzos consistentes en el evangelio.

Nuestra membresía actual es de más de 400, y hemos tenido el privilegio de plantar alrededor de 30 iglesias, seis de ellas en nuestra ciudad. Hemos levantado un edificio de iglesia y recientemente comenzamos a romper paredes para acomodar a la congregación que crece. Debido a que nuestra adoración no tiene las modernas «campanas y silbatos», sólo puedo atribuir este crecimiento a la gracia de Dios acompañada de la predicación de Su Palabra (como hizo Pablo en 1 Corintios 2:1-5). Alabo a Dios porque hay muchos hombres que conozco cuyos zapatos no soy digno de desatar que no han tenido un crecimiento cuantitativo como este.

  1. Viendo el fruto de reformas anteriores.

Agradezco a Dios haber tenido la oportunidad de ver el fruto de las reformas que me he sentido obligado a instituir durante años anteriores. Cuando llegué a la Iglesia Bautista Kabwata, era una iglesia ampliamente evangélica y conservadora. Las verdades reformadas eran celebradas por algunos de los líderes, pero la iglesia misma no había sido llevada a adoptar esta posición.

Con los nuevos vientos carismáticos que habían comenzado a soplar a través de Zambia, me sentí en la necesidad de mover a la iglesia hacia una posición reformada clara o fracasaríamos en resistir los vientos mientras de convertían en un torbellino de viento destructivo. Con un liderazgo teológicamente mixto, mover la iglesia hacia una posición unificada no era fácil. Pero luego de cinco años de tensión, sudor y sangre, vino el progreso y la Iglesia Bautista Kabwata pudo tomar su posición en la histórica tradición bautista reformada.

Desde entonces, la importación africana del torbellino carismático ha barrido la tierra haciendo estragos, pero nos ha dejado ampliamente ilesos porque no éramos niños doctrinales, como aquellos a los que Pablo se refirió en Efesios 4:14. En lugar de eso, nos hemos convertido en parte de un fuerte epicentro de reforma en Sudáfrica del Sahara. No todo pastor ha tenido este privilegio. Muchos tratan de introducir la reforma durante los primeros años de su pastorado, pero en el proceso son expulsados de la iglesia. Así fue como sucedió con Jonathan Edwards, a pesar de hecho de que era posiblemente el teólogo más grande de América.

  1. Viendo bebés convertirse en adultos jóvenes.

He tenido la oportunidad de ver bebés que nacieron durante los primeros años de mi ministerio venir a Cristo a su debido tiempo, convertirse en miembros de la iglesia, terminar la universidad, comenzar a trabajar, y aún hasta casarse. La última boda que llevé a cabo hace algunas semanas está en este grupo. El papá de la novia se convirtió durante los primeros años de mi ministerio, sólo algunos años antes del nacimiento de la novia. Ese hombre ahora es mi compañero anciano. ¡Me siento como Pablo en 2 Timoteo 1:5 cuando habla sobre la fe de su abuela Loida, mamá Eunice e hijo Timoteo! Si algo alguna vez valida el poder del evangelio, es cuando uno ve este tipo de fruto generacional y estable. El poder de permanencia del evangelio es emocionante.

  1. Viendo autenticarse la crianza bíblica.

Hace 30 años, mi matrimonio y vida de familia ha sido el motivo del escrutinio y las oraciones de una congregación. Me casé con Felistas durante los primeros cuatro meses de mi pastorado, y tuvimos nuestro primer hijo nueve meses más tarde. En los años transcurridos, he enseñado a la congregación lo que significa levantar una familia de manera piadosa.

Inicialmente, todo esto era pura teoría, especialmente porque muy pocos individuos de nuestra iglesia habían sido criados en hogares cristianos. Ahora, por la gracia de Dios, nuestros hijos son jóvenes adultos que trabajan, aman y sirven al Señor. Por la gracia de Dios, el legado de fidelidad de nuestra familia ha recorrido un largo camino para validar lo que he enseñado en el púlpito. Los miembros han visto la administración doméstica bíblica dar el fruto de Tito 1:6 con sus propios ojos.

  1. Viendo la iglesia que crece conmigo.

En varias ocasiones me han preguntado cómo he permanecido por 30 años en el mismo pastorado. Estoy seguro de que hay muchas respuestas a esa pregunta. Sin embargo, luego de una reflexión, una de las razones principales es que la Iglesia Bautista Kabwata ha crecido conmigo. Este crecimiento no siempre ha sido fácil. He experimentado suficientes desafíos mientras maduro como pastor. Sin embargo, este crecimiento también ha experimentado la ayuda suficiente dentro de la iglesia. Mientras mi ministerio ha crecido, la iglesia en su gracia proveyó el tiempo y los recursos—tanto humanos como financieros—para sostener este crecimiento. Como resultado, nunca he sentido lo que Pablo sintió en Romanos 15:23 que su obra había terminado en una región en particular. Tampoco me he sentido sub-utilizado y sobrecargado. Tampoco estoy aburrido o agotado. Sólo estoy agradecido.

EN CONCLUSIÓN

¿Estoy esperando otros 30 años en la misma iglesia? No lo sé. Como la cabra de las colinas africanas, iré comiendo una hoja de hierba a la vez hasta que el Gran Pastor me llevé a otro campo o hasta que el sol de ponga en el tiempo de Dios.