Pastoreo

Pequeños comienzos: C.H. Spurgeon en Waterbeach

Artículo
20.11.2020

Antes de ser el pastor de la iglesia más grande de Londres, presidente del Pastor’s College, fundador de un orfanato y de docenas de otras instituciones de caridad, y un autor prolífico, C. H. Spurgeon pastoreó una pequeña iglesia bautista en el pueblo de Waterbeach, a unos 8 kilómetros fuera de Cambridge. Al mismo tiempo, pocos podrían haber previsto lo que estaba por venir. Sin embargo, Dios usó su fiel ministerio para llevar a cabo la transformación en ese pueblo durante su corto tiempo allí.

Cuando Spurgeon llegó, Waterbeach era conocido por su conexión con un alambique ilícito, que resultó en una embriaguez desenfrenada.

¿Alguna vez recorriste un pueblo conocido por su embriaguez y profanidad? ¿Alguna vez viste a pobres seres miserables, que una vez fueron hombres, de pie, o recostados contra los postes de la cervecería, o vagando por la calle? ¿Has mirado en las casas de las personas y las has visto como guaridas de iniquidad ante las cuales tu alma quedó horrorizada? ¿Has visto la pobreza, degradación y miseria de los habitantes y te has quejado de ello? [1].

Lejos de un escenario campestre idílico, Waterbeach colocó a Spurgeon en las trincheras del ministerio pastoral donde veía la realidad del sufrimiento y del pecado. ¿Cuál fue el enfoque de Spurgeon al inicio de su ministerio?

LA PREDICACIÓN DEL EVANGELIO

Desde el principio, Spurgeon buscó hacer del evangelio el tema central de su ministerio de predicación. Su primer sermón como pastor en Waterbeach fue de Mateo 1:21: «Y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS, porque él salvará a su pueblo de sus pecados» [2]. Cada sermón, sin importar el texto que fuera a predicar, Spurgeon buscaba dejar en claro la obra salvadora de Cristo a su congregación, llamándolos al arrepentimiento y la fe. Aunque muchos en su congregación se consideraban cristianos, Spurgeon no se conformaba con una fe nominal, sino que deseaba ver una conversión genuina en los corazones de su iglesia. Spurgeon tampoco se contentaba simplemente con predicar sermones que gratificaran a su congregación. Quería ser usado por Dios sobrenaturalmente en la salvación de los pecadores.

Cuando yo comencé a predicar en la pequeña capilla con techo de paja en Waterbeach, mi primera preocupación era: «¿Salvaría Dios a alguno por medio de mí?»…Después de haber predicado por algo de tiempo, pensaba: «Este evangelio me ha salvado, pero en ese entonces alguien más lo predicó; ¿salvará a alguien más ahora que lo predico yo?».

Algunos domingos pasaban, y solía decir a los diáconos: «¿Han escuchado a alguien encontrar al Señor bajo mi ministerio? ¿Conocen a alguien que haya llegado a Cristo por medio de mi predicación?» Mi viejo y buen amigo, y diácono dijo: «Estoy seguro de que alguien ha de haber recibido al Salvador; estoy bastante seguro de eso». «¡Oh!», respondí, «pero quiero saberlo, quiero demostrar que es así» [3].

No sería hasta su sermón número 100 que Spurgeon registró su primera convertida [4]. Reflexionando sobre este acontecimiento, Spurgeon comparó su alegría con la de un niño «que se acaba de ganar su primera guinea» o la de un buzo «que ha bajado a las profundidades del mar, y ha sacado una perla excepcional» [5]. Spurgeon continuó viendo a muchos más convertidos bajo su predicación en Waterbeach. Uno de los primeros biógrafos escribe: «El pastor no estaba satisfecho con atraer a una multitud. Quería conversiones y dentro del año de su trabajo, la iglesia pasó de 40 a 100 personas» [6]. Pero él nunca se olvidó del gozo de esa primera convertida: «Recuerdo bien que fue recibida en la iglesia, y que murió y fue al cielo. Ella fue el primer sello de mi ministerio, y uno muy precioso».

EL CUIDADO PASTORAL

El ministerio de Spurgeon no estaba limitado a la predicación.  Como el pastor, buscaba conocer a su congregación y aconsejarlos en privado sobre sus luchas. Debido a que la iglesia no estaba en capacidad de pagarle un salario completo, Spurgeon siguió viviendo en Cambridge como tutor, y caminaba 8 kilómetros hasta Waterbeach los fines de semana. No obstante, Spurgeon aprovechó esta situación, y se propuso viajar los sábados y quedarse en una casa diferente cada fin de semana. «Las personas fueron hospitalarias y generosas más allá de sus medios. Durante 52 sábados, tuve 56 hogares» [7].

En estas estadías, Spurgeon tuvo muchas oportunidades de visitar junto a su congregación a: madres jóvenes, diáconos, granjeros y muchos otros. En estas conversaciones, Spurgeon aconsejaba pastoralmente a su iglesia sobre sus tentaciones, paternidad, preguntas teológicas, trabajo, y lo más importante, sobre su fe en Cristo.

Pero no aconsejaba de manera genérica. Spurgeon buscaba conocer a su congregación y sus luchas particulares. Su cuidado pastoral podía verse en su descripción de un miembro de la iglesia, a quién llamaba la «Sra. Mucho Miedo»:

Ella era bastante regular en su asistencia a la casa de Dios, y era una oyente maravillosamente buena. Solía beber el evangelio; pero, aun así, siempre estaba dudando, temiendo y temblando por su condición espiritual. Creo que había sido creyente en Cristo durante 50 años, pero siempre se mantuvo en ese estado tímido, temeroso y ansioso. Era un alma amable, siempre dispuesta a ayudar a sus vecinos, o llevar una palabra a los inconversos; me parecía que tenía suficiente gracia para dos personas, sin embargo, a su entender, no tenía ni la mitad de gracia para una sola [8].

Lejos de ser un predicador aislado, Spurgeon se imaginaba como el Sr. Greatheart en El progreso del peregrino, guiando gentilmente a su congregación en «recorridos al cielo guiados personalmente» [9].

PROMOVER LA SANTIDAD

Predicar el evangelio siempre implicará lidiar con el error. Spurgeon fue conocido a lo largo de su ministerio por su disposición a entrar en controversias, y esto comenzó en estos primeros días. Waterbeach estaba ubicado en Anglia Oriental, una región donde los bautistas hipercalvinistas tenían su mayor influencia. Sus enseñanzas a menudo producían un antinomianismo que Spurgeon detestaba. Al predicar el evangelio, Spurgeon se rehusaba a diluir la necesidad del arrepentimiento, en cambio, llamaba a su congregación a la santidad.

En mi primer pastorado, tuve que batallar a menudo con los antinomianistas, es decir, personas que sostenían que, debido a que creían ser elegidos, podían vivir como quisieran. Espero que esa herejía haya desaparecido en gran manera, pero lamentablemente prevaleció en mis primeros días ministeriales… Desde el fondo de mi alma, detesto todo lo que en lo más mínimo tenga el sabor del antinomianismo que lleva a la gente a parlotear acerca de estar seguros en Cristo mientras viven en pecado. No podemos ser salvos por nuestras buenas obras ni para ellas, tampoco podemos ser salvos sin buenas obras. Cristo nunca salvará a ninguno de su pueblo en sus pecados; él salva a su pueblo de sus pecados [10].

Los primeros sermones de Spurgeon se caracterizan por sus repetitivos llamados a la fe en Cristo y a vivir una vida santa, refutando las declaraciones de los antinomianistas.

Este llamado a la santidad no solo era llevado a cabo en su predicación, sino también en la disciplina de la iglesia. Spurgeon respaldaba su enseñanza contra el antinomianismo al mantener cuidadosamente en la membresía de la iglesia a aquellos que daban una profesión de fe creíble. Spurgeon registra al menos dos casos de disciplina de la iglesia durante su tiempo en Waterbeach.

Un caso fue de un joven que participó en la fiesta de borrachos del pueblo.

Cuando era pastor en Waterbeach, cierto joven se unió a la iglesia. Pensábamos que era de un carácter transformado, pero solía haber en el pueblo, una vez al año, una gran tentación en forma de fiesta, y cuando llegaba la fiesta, este tonto estaba allí en muy mala compañía. Estaba en la gran habitación de una taberna, en la noche, y cuando me enteré de lo que sucedía, sentí una intensa gratitud hacia la casera de ese lugar. Cuando entró, y lo vio allí, dijo: «Hola, Jack fulano de tal, ¿estás aquí? Vaya, eres uno más de Spurgeon, pero estás aquí; deberías estar avergonzado de ti mismo. Esta no es una compañía adecuada para ti. Sáquenlo por la ventana, muchachos». Ellos lo sacaron por la ventana el viernes por la noche, y nosotros lo echamos por la puerta el domingo, y quitamos su nombre de nuestra membresía [11].

El otro caso es la desgarradora historia del Sr. Charles [12]. Él era «un cabecilla en todo lo que era malo…el terror del vecindario», pero bajo la predicación de Spurgeon, profesó convertirse. Inicialmente mostró signos de una conversión dramática y trabajó con alegría por el evangelio durante algún tiempo. Pero finalmente, «la risa a la que estuvo expuesto, los abucheos y las burlas de sus viejos compañeros (aunque al principio los soportaba como un hombre) se volvieron demasiado para él», y se apartó de la fe, para gran vergüenza y dolor de la iglesia. Este fue un caso que causó a Spurgeon «muchas lágrimas amargas» [13].

LA PERSEVERANCIA

La experiencia del dolor pastoral se vio agravada por otros desafíos. Como pastor bivocacional, Spurgeon comenzó con un escaso salario de 25 libras al año. Esto significaba que tenía que continuar con su trabajo en Cambridge durante la semana para poder pagar sus gastos diarios. Cuando la iglesia creció, fue capaz de aumentar su salario a 50 libras al año, lo que llegó a unos 19 chelines semanales, lo que, con la ayuda de su congregación, le permitió concentrarse más en su trabajo pastoral.

Pagaba doce chelines a la semana por mis habitaciones en Cambridge, y dejaba siete chelines para todos los demás gastos. Pero la congregación, siempre que venía al pueblo, traía papas, nabos, coles, manzanas y, a veces, un poco de carne y así me las arreglaba para vivir [14].

A medida que Spurgeon crecía en popularidad y su ministerio se hacía conocido, comenzó a experimentar la oposición de otros pastores que despreciaban a este joven de 18 años que predicaba. En la reunión anual de la Cambridge Sunday School Union, después de que Spurgeon predicó, un ministro comentó públicamente que «era una lástima que los muchachos no adoptaran la práctica bíblica de quedarse en Jericó hasta que les creciera la barba antes de intentar instruir a sus mayores» [15]. En otra ocasión, fue invitado a predicar un sermón de aniversario para un ministro anciano, que nunca lo había conocido, pero había oído de su creciente popularidad. Al ver a Spurgeon por primera vez, se sintió disgustado y expresó su descontento con «los muchachos que van de un lado a otro del país predicando, antes de que la leche materna salga de sus bocas» [16].

En estas situaciones, Spurgeon no retrocedió ante estas críticas, sino que perseveró en hacer lo mejor que pudo, buscando la bendición de Dios y no la del hombre. Y Dios bendijo su predicación más de lo que podría haber imaginado. Al reflexionar en lo que Dios logró durante sus dos cortos años, Spurgeon escribe:

En poco tiempo, la pequeña capilla con techo de paja se abarrotó, los mayores vagabundos del pueblo lloraban a mares, y los que habían sido la maldición de la parroquia se convirtieron en su bendición. Donde había robos y villanías de todo tipo, por todo el vecindario, no los había, porque los hombres que solían hacer el daño estaban ellos mismos en la casa de Dios, gozosos de escuchar de Jesús crucificado. No estoy contando una historia exagerada, ni una cosa que no sepa, porque fue mi deleite trabajar para el Señor en ese pueblo. Era algo agradable caminar por ese lugar, cuando la embriaguez casi había cesado, cuando el libertinaje en el caso de muchos había muerto, cuando hombres y mujeres salían a trabajar con corazones alegres, cantando las alabanzas del Dios eterno [17].

Y fue en esa reunión de la Cambridge Sunday School Union que George pudo escuchar a Spurgeon predicar y lo dijo a su amigo Thomas Olney, un diácono en la histórica Capilla de New Park Street en Londres.

Para muchos pastores jóvenes, los primeros años del ministerio pastoral pueden llegar a ser desalentadores. Sin embargo, estos puntos destacados del primer pastorado de Spurgeon brindan una guía para las áreas a priorizar en estos primeros años. Si bien el resultado queda en manos de Dios, la vida de Spurgeon nos recuerda que no debemos menospreciar estos pequeños comienzos (Zc. 4:10), sino procurar un fiel ministerio del evangelio donde sea que Dios nos coloque.


Traducido por Nazareth Bello

[1] C. H. Spurgeon, Autobiography, Vol. 1 (London: Passmore & Alabaster, 1897), 227.

[2] Este sermón puede encontrarse en The Lost Sermons of C. H. Spurgeon, Vol. 1 (Nashville: B&H Academic, 2016), 231.

[3] Autobiography, 232.

[4] Lost Sermons, Vol. 1, 116-118. También, véase: https://www.spurgeon.org/resource-library/blog-entries/spurgeons-first-convert-and-the-one-that-got-away.

[5] Autobiography, 232.

[6] H. L. Wayland, Charles H. Spurgeon: His Faith and Works (Philadelphia: American Baptist Publication Society, 1892), 26.

[7] Ibid., 28.

[8] Autobiography, 239.

[9] C. H. Spurgeon, Autobiography, vol. 2 (London: Passmore and Alabaster, 1898), 131.

[10] Autobiography, 258.

[11] Autobiography, 260.

[12] Véase Lost Sermons, Vol. 1, 339-341.

[13] Autobiography, 238-239.

[14] H. L. Wayland, Charles H. Spurgeon, 27.

[15] Autobiography, 298.

[16] G. H. Pike, Charles Haddon Spurgeon, Preacher, Author, Philanthropist (Toronto: S. R. Briggs, 1886), 48.

[17] Autobiography, 227.