Discipulado

La inevitabilidad de la influencia

Artículo
02.03.2021

Las características o «atributos» de Dios nos dicen cómo es Dios. Y los teólogos dividen sus atributos en dos categorías: comunicables e incomunicables. Los atributos comunicables pueden ser comunicados —o compartidos— con nosotros. Piensa en el amor o en la santidad de Dios. Nosotros, también, podemos ser amorosos y santos. Sus atributos incomunicables, sin embargo, son aquellas cualidades que solo él posee. Piensa en su omnipresencia (él está en todo lugar) u omnisciencia (él lo sabe todo). Uno de los atributos incomunicables de Dios es que él es inmutable. Él no cambia. Nosotros cambiamos. Él no.

SOMOS CRIATURAS CAMBIANTES

Tal vez estás pensando, «¡No sabes qué criatura de hábito es mi marido!». Es verdad. No lo sé. Sin embargo, te prometo que, sea cual sea la profundidad de los hábitos que haya en la vida de tu esposo, nosotros los humanos siempre estamos cambiando.

Nacemos, crecemos, envejecemos, morimos. Todo esto es cambio. Aprendemos cosas que no sabíamos, y olvidamos cosas que sí sabíamos. Nos hacemos más piadosos, o menos. Todo esto, también, es cambio. Y, por supuesto, las circunstancias nos afectan; algunas veces para bien, otras para mal.

Dios no cambia; nosotros sí. Somos por naturaleza criaturas cambiantes.

Además de esto, vivimos en un mundo marcado por serios conflictos espirituales. Pedro sabía que el mundo presionaba a sus lectores: «A éstos les parece cosa extraña que vosotros no corráis con ellos en el mismo desenfreno de disolución, y os ultrajan» (1 P. 4:4). Pablo observó que el príncipe de la potestad del aire «ahora opera» en los desobedientes (Ef. 2:2). Es por esto que él nos exhorta a no conformarnos a los patrones de este mundo, sino ser transformados a través de la renovación de nuestras mentes (Ro. 12:2).

Agustín, el pastor africano del siglo quinto, describió este conflicto espiritual como un choque entre dos ciudades, la Ciudad del Hombre y la Ciudad de Dios. Y ambas ciudades quieren reclutarnos para su trabajo. La realidad subyacente aquí es que los humanos pueden ser cambiados; positiva o negativamente.

Justo el otro día caminé hacia mi banco; el mismo banco que mi amigo Matt me recomendó cuando me mudé a mi vecindario hace veinte años. Entonces caminé desde allí hasta el lugar donde me cortan el pelo; el mismo lugar que Matt me recomendó cuando me mudé a mi vecindario hace veinte años. Matt me mostró lo que él hacía, así que empecé a hacer lo mismo. Matt me discipuló acerca de cómo vivir en nuestro vecindario. Aquí estoy, veinte años después, pudiendo encontrar mi propio camino hacia el banco y al lugar donde te cortan el pelo. Recuerda lo que Jesús dijo: cuando un discípulo esté completamente entrenado, será como su maestro (Lc. 6:40).

De hecho, quiero llevar esto un paso más allá: todos nosotros seremos inevitablemente influenciados por otros, y a la vez también influenciaremos a otros. «Las malas conversaciones corrompen las buenas costumbres», dice Pablo (1 Co. 15:33), y «un poco de levadura leuda toda la masa» (5:6). Las personas a tu alrededor te influenciarán, para bien o para mal. Y para bien o para mal tú a la vez afectarás a las personas a tu alrededor. Un padre ausente influye en sus hijos incluso con su ausencia. Ninguno de nosotros es una isla.

¿DE QUÉ MANERA USARÁS TU INFLUENCIA?

La única pregunta que queda para ti es, ¿cómo usarás tu influencia? Tal vez nunca pensaste en ti mismo como alguien que tiene influencia, ¡pero la tienes! Fuiste creado a la imagen de Dios, y Dios tiene tanto peso que incluso la impronta de su imagen tiene peso. Tu vida impacta a las personas de tu alrededor, aun cuando no seas muy importante, o no te sientas respetado por las personas de tu entorno.

Considera cómo Pedro instruye a los siervos de amos injustos o a las esposas de hombres no creyentes (1 P. 2:18-20; 3:1). Él sabe que ambos poseen influencia por su fidelidad. Las esposas de hombres no creyentes, dice Pedro, pueden ganar a esos esposos «sin palabra por la conducta» de sus vidas. Y el ejemplo para cada uno es Jesucristo. A través de su sufrimiento, él trajo sanidad y vida (2:21-25).

En otras palabras, tendrás influencia a través de los dones que Dios te ha dado en la creación. Pero más que eso, puedes tener influencia en cuanto al evangelio y, sorprendentemente, el tener un impacto en cuanto al evangelio en las vidas de las personas no solo se da mediante tus fortalezas, sino también mediante tu debilidad.

Dios hace esto para que su poder sea manifestado a través de nuestra debilidad, para que así él reciba toda la gloria (véase 2 Co. 12:9). Así que, una vez más, tú tienes influencia. ¿Cómo la usarás? Cuando salgas del pasillo de esta vida y entres en la sala de la eternidad, ¿qué habrás dejado atrás en las vidas de los otros? Según la Biblia, un discípulo de Cristo discipula a otros ayudándoles a seguir a Cristo. ¿Es así como estás ejerciendo tu influencia?


Este artículo fue tomado del libro

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