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La cultura digital, la cultura de la cancelación y su impacto en la vida de la iglesia

Por Carlos E. Llambés

Carlos Llambés es misionero junto a su esposa, por más de 20 años, con la International Mission Board (IMB). Tiene una Maestría en Estudios Teológicos de Southern Baptist Theological Seminary, cursando estudios de doctorado en evangelismo y misiones en SWBTS. Escribe en múltiples plataformas y es el autor del libro 7 disciplinas espirituales para el hombre. Ha estado casado por más de 30 años con su mejor amiga Liliana Llambés, es padre de 4 hijos adultos y abuelo de 9 nietos. Actualmente reside en Panamá, donde es pastor de la nueva plantación Iglesia Bautista Ciudad de Gracia y misionero catalizador para el Caribe. Puedes seguirlo en Facebook como @carlosllambés y en X como @llambesCarlosE.
Artículo
14.12.2025

El siglo XXI está marcado por una revolución tecnológica que ha transformado la manera en que vives, te comunicas e incluso el cómo piensas. La cultura digital—formada por el dominio del internet, los teléfonos inteligentes y las redes sociales—ha creado un nuevo ambiente donde la información se difunde al instante, las voces se amplifican y la opinión pública se moldea en tiempo real. Junto con esto, ha surgido la cultura de la cancelación, un fenómeno poderoso y controvertido en el que individuos, grupos o instituciones enfrentan condena colectiva, exclusión por palabras o acciones ofensivas, impopulares o incluso malinterpretadas.

Tanto la cultura digital como la cultura de la cancelación afectan en forma profunda la vida cotidiana e inevitablemente influyen en la iglesia. Comprender estas dinámicas a la luz de la Escritura es crítico si como creyente deseas navegar estos tiempos de manera fiel y redentora.

EL AUGE DE LA CULTURA DIGITAL

La cultura digital pone su énfasis en la rapidez, la conectividad y la visibilidad. Las noticias son difundidas en segundos, las vidas personales se transmiten públicamente y la identidad se ata cada vez más a la presencia en línea. Aunque las herramientas digitales pueden ser una bendición—permiten la difusión del evangelio de manera amplia, facilitan el discipulado a distancia y conectan a los creyentes alrededor del mundo—también generan grandes retos.

El mundo digital suele recompensar el sensacionalismo, a expensas de la verdad. En una cultura donde los clics, las vistas y los «me gusta» establecen tu influencia, la reflexión cuidadosa es sacrificada. Proverbios 18:13 advierte: «Al que responde palabra antes de oír, le es fatuidad y oprobio». Sin embargo, la cultura digital te presiona a reaccionar al instante, muchas veces sin escuchar ni discernir. Esto fomenta un compromiso superficial y distorsiona el testimonio cristiano, cuando los creyentes participan acríticamente en debates ruidosos en línea.

Además, la cultura digital crea la ilusión de comunidad. Las conexiones en línea imitan la comunión, pero muchas veces hay una falta de profundidad, responsabilidad y presencia activa, elementos esenciales de la comunidad bíblica. Hebreos 10:24–25 exhorta a los creyentes a «considerarnos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras; no dejando de congregarnos». Sí, las herramientas digitales pueden complementar la comunión, pero no pueden reemplazan la realidad encarnacional de vivir juntos como el cuerpo de Cristo.

LA DINÁMICA DE LA CULTURA DE LA CANCELACIÓN

La cultura de la cancelación, nacida del poder amplificador de la cultura digital, refleja el intento de esta sociedad por imponer normas morales o sociales mediante la vergüenza, el boicot o la exclusión.

Hay un lugar legítimo para la rendición de cuentas, las Escrituras afirman la necesidad de confrontar el pecado y proteger a la comunidad del comportamiento destructivo (Mt. 18:15–17; 1 Co. 5:11–13). Pero la cultura de la cancelación sustituye el debido proceso por el juicio de masas, la venganza por la justicia y la humillación por la restauración.

En su esencia, la cultura de la cancelación prospera al exponer públicamente las faltas de las personas. Jesús advirtió contra este espíritu cuando dijo: «¿Por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano, y no echas de ver la viga que está en tu propio ojo?» (Mateo 7:3). La cultura de la cancelación pasa por alto la humildad personal y la posibilidad del perdón. Exalta el juicio humano por encima de la misericordia divina, creando un ambiente donde el arrepentimiento rara vez se reconoce y la redención de la persona es casi imposible.

También revela el anhelo de justicia en la sociedad, pero al mismo tiempo rechaza el estándar de Dios. Romanos 3:23 nos recuerda que «todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios». En lugar de buscar reconciliación por medio del evangelio, la cultura de la cancelación busca silenciar y destruir al ser humano.

LOS EFECTOS EN LA VIDA COTIDIANA

La cultura digital y la cultura de la cancelación influyen en la manera en que las personas viven hoy:

1. La formación de una identidad. Muchos definen su valor por su presencia en línea. Esta identidad digital, cuidadosamente filtrada, suele estar desconectada de la realidad. En lugar de encontrar identidad en Cristo, las personas buscan validación en sus seguidores y el «me gusta». Pablo recuerda en Gálatas 2:20: «Ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí».

2. El temor a la exposición. La cultura de la cancelación genera la ansiedad de ser malinterpretado, mal citado o juzgado severamente por errores pasados. Este temor puede paralizar a los cristianos de hablar en forma valiente. Pero, 2 Timoteo 1:7–8 nos llama a proclamar el evangelio sin temor.

3. La polarización y la división. Las plataformas digitales recompensan la indignación y la división. La cultura de la cancelación intensifica esto al clasificar a las personas en «aceptables» e «inaceptables», generando hostilidad y fragmentación. En contraste, Jesús nos llama a ser pacificadores (Mateo 5:9), a que seamos embajadores de la reconciliación (2 Corintios 5:18–20).

4. La justicia superficial. La cancelación reduce la justicia a la vergüenza pública. Pero el profeta Miqueas hace recordar que Dios demanda el «hacer justicia, amar misericordia y humillarte con tu Dios» (6:8). La justicia bíblica busca la restauración, no la destrucción.

EL IMPACTO SOBRE LA IGLESIA

La iglesia no es inmune a estas dinámicas culturales. Al contrario, enfrenta tanto peligros como oportunidades:

1. Una comunión distorsionada. Si la vida de iglesia se limita a interacciones digitales, el discipulado se vuelve superficial y la rendición de cuentas muy débil.

Hechos 2:42 te muestra cómo la iglesia primitiva perseveraba en la enseñanza, la comunión y la oración—cosas imposibles de reducir a un simple «chat» en línea.

2. Un testimonio poco valiente. La cultura de la cancelación presiona a los pastores y a las iglesias locales a guardar silencio en temas bíblicos impopulares por miedo a ser malinterpretados o rechazados. Sin embargo, los apóstoles respondieron con valentía: «Es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres» (Hechos 5:29).

3. La oportunidad para el evangelio. Esta cultura muestra la sed del mundo por justicia y redención, necesidades que solo el evangelio satisface. La iglesia puede modelar el perdón y la reconciliación en contraste con la dureza de la actual sociedad. En su carta a los efesios el apóstol Pablo les exhorta: «Sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó en Cristo» (4:32)

4. El llamado al discernimiento. El flujo acelerado de la información exige que la iglesia cultive la sabiduría y la prudencia. Es un llamado a probarlo todo (1 Ts. 5:21). Es un llamado a resistir la conformidad con los patrones de este mundo (Ro.12:2).

UNA RESPUESTA BÍBLICA

¿Cómo debe responder bíblicamente la iglesia a estas culturas?

1. Afirmar su identidad en Cristo. En lugar de buscar validación digital, los creyentes deben descansar en su identidad como hijos de Dios (1 Juan 3:1).

2. Practicar la gracia y el perdón. En un mundo que cancela a los seres humanos con suma rapidez, la iglesia debe reflejar la gracia de Cristo. En la carta a los Gálatas se establece un llamado a los cristianos a restaurar al caído con espíritu de mansedumbre (6:1).

3. Usar con sabiduría las herramientas digitales. El creyente debería edificar y no destruir en línea a las demás personas (Efesios 4:29). Tus palabras expresadas en el mundo digital deben reflejar el carácter de Cristo.

4. Proclamar la verdad con valentía y fidelidad. Pablo exhortó a Timoteo: «Predica la palabra; insiste a tiempo y fuera de tiempo» (2 Ti. 4:2). Aunque la cancelación puede intimidar, la iglesia es llamada a predicar la Palabra de Dios de manera valiente y fiel.

5. Cultivar una comunidad encarnada. La iglesia debe priorizar las reuniones presenciales. El ejemplo de Cristo encarnado (Jn1:14) recuerda la importancia de la presencia física en la vida de una comunidad llamada iglesia local.

Palabras finales,

La cultura digital y la cultura de la cancelación moldean profundamente la identidad, la comunidad y la visión de la justicia en nuestra sociedad. Aunque presentan grandes desafíos, también ofrecen oportunidades para un testimonio fiel del evangelio. En un mundo rápido para condenar, pero lento para perdonar a las personas, la iglesia es llamada a impactar como una comunidad de gracia, verdad y restauración.

La Cruz es el recordatorio permanente para la iglesia que, mientras el mundo cancela al ser humano, Dios lo salva. Si la cultura lo avergüenza, Cristo lo restaura; y mientras la sociedad divide, el evangelio reconcilia al hombre con Dios.

Al afirmar nuestra identidad en Cristo, vivir en gracia, y hablar la verdad con amor, la iglesia puede navegar fielmente en la era digital para la gloria de Dios.

 

Editado por Renso Bello

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