Pastoreo

Gozo para las esposas de pastores sin alegría

Artículo
06.05.2020

La esposa de un joven pastor se sentó frente a mí llorando, preguntándose cómo se podía asociar con su esposo en el ministerio con tres pequeños a cuestas. Ella tenía una cabeza para la teología y un corazón para las mujeres, pero dos bebés la habían frenado en los últimos años y ahora estaba en su tercer embarazo.

Puedo recordar los días en que quería asociarme con mi esposo, mientras corría detrás de algunos pequeños. Cuando era la esposa de un joven pastor asistente, le pregunté a una mujer de mayor edad y más sabia cómo tener conversaciones espiritualmente alentadoras después de la iglesia, con niños cansados ​​y hambrientos apegados a mí. Su respuesta no estaba llena con el consejo practico que yo esperaba. Me dijo: «A veces solo tienes que irte a tu casa».

frecuentemente, las esposas de los pastores sentimos que lo que hacemos es trivial en comparación con el trabajo eternamente significativo de nuestros esposos. No son solo los niños pequeños los que retrasan a las esposas del ministerio. El dolor crónico, los adolescentes rebeldes o los padres enfermos pueden agotar el tiempo y la energía. O podemos ser simplemente mujeres introvertidas que necesitan tiempo a solas con sus pensamientos. Nuestros esposos trabajan a tiempo completo: estudian la Biblia y la teología, predican, discipulan, comparten el evangelio y otras actividades, ¿y qué hacemos nosotras? Puede que no haya mucho en nuestra lista de tareas pendientes que se vean muy importantes.

Hace varios años, mi familia pasó una semana en las Highlands [Las Tierras Altas]de Escocia. Hicimos un largo viaje en auto a través de colinas en nuestro recorrido hacia la costa oeste. El paisaje habría sido impresionante, pero no pudimos verlo a través de la niebla. Con tres niños inquietos y hambrientos en la parte trasera del vehículo, pensamos que el viaje nunca terminaría. ¿Cuántas veces se pueden escuchar las luciérnagas de Owl City en medio de quejas y discusiones? Entonces, repentinamente, cuando llegamos a la cima de una colina, la niebla se despejó y vimos dos grandes montañas esmeraldas bordeando un lago azul profundo.

Los exuberantes acantilados estaban decorados con diferentes tonos de verde, resaltados por un esplendoroso brezo morado y cardo. Detuvimos el auto y nos quedamos boquiabiertos ante la escena, ahuyentando las picaduras de mosquitos, y luego nos alejamos disfrutando del arte de la creación de Dios. Solo teníamos que llegar al punto donde pudiéramos ver.

La vida de la esposa del pastor puede ser así. Tenemos visión de túnel. No podemos ver cómo el Señor está usando nuestros esfuerzos diarios. Nuestro ministerio es menos «directo», a menudo desapercibido, a veces no apreciado. Debemos caminar a través de la niebla y llegar a una altura donde podamos ver el panorama general. Lejos de ser triviales, nos asociamos diariamente con nuestros esposos para hacer la gloriosa obra del ministerio.

La Biblia describe el matrimonio como una sociedad conjunta. Desde el principio, Dios creó al hombre y a la mujer para difundir su imagen sobre la tierra, cuidando juntos su creación (Génesis 1: 27–28). Mucho más que cualquier acuerdo de negocios, el esposo y la esposa «ya no son dos sino una sola carne» (Mateo 19: 6).

Por supuesto, los pastores tienen responsabilidades únicas que sus esposas no pueden cumplir. Los pastores están llamados a velar por la iglesia de Dios y a predicar y enseñar la Biblia a los creyentes bajo su cuidado. Pero si tu esposo está llamado a ser pastor, tú estás llamada a ser la esposa de un pastor. Si bien no hay una descripción bíblica de la función de la esposa de un pastor, estás llamada a ser una «ayuda idónea para él» (Génesis 2:18).

Cuando le sirves la comida, tomas el cuidado del hogar y de los niños, lo estás ayudando a llevar a cabo la obra del ministerio. Pablo enseñó: «Pero en el Señor, ni el varón es sin la mujer, ni la mujer sin el varón» (1 Corintios 11:11). Tu esposo no predica y enseña independientemente de ti. Y cuando él levanta líderes, cuando comparte el evangelio con los incrédulos, mientras cuida a los creyentes, tú eres su socia completa en todo lo que él hace.

Entonces, si estás confundida y no puede ver la importancia de tu ministerio, sube a la cima de la colina y examina el trabajo de tu esposo. El fruto que él lleva es el fruto de tu ministerio también.

LA PREDICACIÓN DE LA PALABRA DE DIOS

Mañana me sentaré bajo la predicación de mi esposo, fortaleciéndome en la adoración, regocijándome en la proclamación de la Palabra de Dios. A medida que el evangelio es expuesto, no solo me sostiene a mí, sino a todos los santos. ¿Qué puede ser más emocionante que la Palabra de Dios que fortalece a la iglesia, «columna y baluarte de la verdad» (1 Timoteo 3:15)?

Me he asociado con mi esposo en este glorioso trabajo. Le preparo el desayuno, el almuerzo y la cena. Llevo a mi hijo de ida y vuelta a la escuela, y en el intervalo hago las compras en el supermercado. Corro a intervenir cuando la gente viene a nuestra puerta y trato con preguntas que él no tiene tiempo para responder. Incluso lavé, doblé y planché su ropa. Todos los detalles mundanos de la vida, pero alguien tenía que hacerlos. Todo este tiempo, él preparó su sermón. La predicación es el trabajo más importante de un pastor. Escucha las instrucciones de Pablo a Timoteo:

Te encarezco delante de Dios y del Señor Jesucristo, que juzgará a los vivos y a los muertos, en su manifestación y en su reino, que prediques la palabra; que instes a tiempo y fuera de tiempo, redarguye, reprende, exhorta con toda paciencia y doctrina (2 Timoteo 4: 1–2).

Nota la urgencia en el cargo de Pablo. Invoca la presencia de Dios y de Cristo, el juez venidero. Es el reino de Cristo en que los predicadores están trabajando para su avance, mientras esperan su regreso. La predicación es lo primero en la lista de Pablo, mientras se está preparado, redarguyendo, reprendiendo, exhortando y enseñando pacientemente. Estos son componentes necesarios en la tarea principal de Timoteo. ¡Qué incomparable labor!

Entonces, mi hermana, regocíjate en la predicación de tu esposo. ¡Ora por él! Cuida felizmente de los niños, intervén, dale tiempo y equípalo físicamente para el trabajo de «usar bien la palabra de verdad» (2 Timoteo 2:15).

Y, sobre todo, ¡anímalo! Dile cómo te alegraste mientras él iluminaba con la luz del evangelio. Hazle saber específicamente, cómo te benefició esa aplicación que hizo. Alentar a nuestros esposos los estimula a continuar en la difícil tarea del ministerio. Podemos ser como esa persona parada en la carretera cuando pasa el corredor del maratón, entregándole un poco de agua fresca y lo alentamos.

LEVANTANDO LÍDERES

Susana Spurgeon era la esposa de un pastor que se alegró en la predicación de su esposo. Ella también se regocijó cuando él levantó líderes. CH Spurgeon había influido en innumerables pastores y estudiantes de teología. Fundó una universidad para pastores y supervisó la capacitación de cientos de estudiantes, dando los discursos del viernes por la tarde que se convirtieron en el libro Discursos a mis estudiantes Susana estaba tan entusiasmada con el ministerio de capacitación de su esposo que ahorró dinero del presupuesto familiar para comprar las conferencias para pastores muy pobres, que no podían pagar los libros.

Su «Fondo de libros» eventualmente se expandió para recaudar miles de libras, a fin de enviar libros y publicaciones periódicas, teológicamente sólidas, por toda Inglaterra y más allá. A través del trabajo de Susana, los pastores estaban mejor equipados para predicar la Palabra de Dios. Todo se inició al ella alegrarse, por la capacitación de su esposo de hombres para el ministerio, y terminó con dejar un largo legado de enseñanza bíblica y teología sólida en la iglesia.

Las esposas de los pastores necesitan una visión a largo plazo de la iglesia. El objetivo final de cada pastor debe ser dejar una iglesia sana con líderes capaces que elegirán un pastor bíblico calificado para reemplazarlo. Las iglesias no pueden florecer espiritualmente sin los ancianos que sean «retenedor de la palabra fiel tal como ha sido enseñada» (Tito 1: 9). Los ancianos fieles ayudan a nuestros esposos a guardar el evangelio, no solo para nuestra generación sino también para la próxima generación.

Pero levantar ancianos calificados lleva su tiempo: cafés, almuerzos, tiempo libre recreativo por la noche. Un pastor debe hacer todo esto, junto con otras reuniones, visitas y asesoramiento. Eso significa tiempo lejos de ti como esposa. Puedes resentirte por la apretada agenda de tu esposo, o puede subir a bordo y comenzar a apoyarlo, como lo hizo Susana.

Cuando nuestra iglesia reconoce a los nuevos ancianos, a menudo tengo lágrimas en los ojos. Recuerdo cuando ese hombre comenzó a interesarse por la teología y a influenciar con la predicación de la Palabra de Dios. Recuerdo cuando mi esposo comenzó a reunirse, a leer libros con él, y vi que el ministerio de ese hombre crecía en madurez y amplitud. ¡Qué alegría es ver a la iglesia reconocer los dones de Dios en los nuevos ancianos! Y pensar que tenía un pequeño papel en apoyar a mi esposo para esto.

No podemos casarnos con Spurgeon. Pero como Susana, podemos alegrarnos en los líderes que nuestros esposos levantan. Podemos mostrarles hospitalidad; podemos orar por sus familias y alentar a sus esposas, viendo cómo se expande el reino a medida que realizan la obra del ministerio.

También podemos usar el tiempo que nuestros maridos están lejos. Conozco a la esposa de un pastor que aprovechó el tiempo que su esposo estuvo fuera para las reuniones con los ancianos. En lugar de aceptar a regañadientes una noche más sin él, ella acostó a sus niños e hizo que una joven soltera fuera a su casa para discipularla.

Levantar líderes no sucede de la noche a la mañana. Nuestros esposos pueden estar pastoreando iglesias pequeñas o inmaduras. Puede tomar años para que los ancianos potenciales se desarrollen. Alabado sea Dios por el paciente trabajo que hace tu esposo, que se vierte en la vida de los hombres. Recuerda que el crecimiento del reino es como una semilla de mostaza. Comienza pequeño, pero eventualmente se convierte en un gran árbol. Sé paciente y asóciate con tu esposo, buscando evidencias de gracia hasta que puedas disfrutar de la sombra.

EVANGELIZACIÓN

Uno de los trabajos más felices de un pastor es el evangelismo. Pablo exhorta a Timoteo a «obra de evangelista». Si tu esposo es como el mío, probablemente hayas aprendido mucho de él sobre el evangelismo. Se puede hacer en cualquier lugar: un taxi, una tienda de golosinas, a la puerta de un vecino, y todos necesitan escuchar las buenas noticias: el barrendero, el ejecutivo y, para nosotros, el musulmán que entra al edificio de la iglesia buscando información.

He estado en etapas mi vida cuando no estaba teniendo mucho contacto con el mundo exterior. Ha habido meses, tal vez incluso años, en los que no sentí que había tenido una conversación entusiasta con un incrédulo sobre el Señor. Pero el apóstol Pablo se regocijó en el evangelio que se proclamaba incluso por rivalidad y pretexto más que por la verdad (Filipenses 1: 16-18). ¿Cuánto más puedo alegrarme cuando mi propio esposo proclama las buenas nuevas de Cristo por buena voluntad y amor?

La predicación, la formación de líderes y la evangelización son solo algunas de las responsabilidades de nuestros esposos. Hay más cuando «apacientan la grey de Dios» (1 Pedro 5: 2). En todo su trabajo, estamos detrás del escenario, ayudándoles y permitiendo que ocurra el ministerio,

UNA VARIEDAD DE OPORTUNIDADES

Hace años hicimos un almuerzo para nuevos miembros de nuestra iglesia. Después de que todos se fueron, John estaba lleno de energía y me preguntó con entusiasmo si yo estaba alegre: «¿Conociste a la pareja de la India? ¿Tuviste alguna buena conversación?».

Miré mi cocina, con una pila grande de platos y suspiré. Dije: «Tuve una conversación rápida con la mujer de la India ¿cómo se llamaba? —, pero luego tuve que preparar el arroz».

Pasé la mayor parte de mi tiempo alimentando y entreteniendo a los niños, yendo y viniendo a la cocina para asegurarme de que todos tuvieran suficiente comida. De vez en cuando vislumbraba a John en una conversación profunda o dirigía una discusión sobre el sermón que había predicado esa mañana. Estaba limpiando mientras se realizaban todas las presentaciones, así que tendría que esperar la reunión de los próximos miembros para averiguar exactamente quién había estado en nuestro hogar.

Avance rápido 15 años. Recientemente tuvimos un grupo de 40 estudiantes universitarios para el almuerzo. Mis hijos ahora son mayores de edad, mi hijo menor tenía la edad suficiente para asistir como uno de los estudiantes. Me perdí las presentaciones (necesitábamos otra porción de arroz) pero esta vez pude sentarme y escuchar la discusión e incluso contribuir.

Cuando miro a lo largo de los años atrás, recuerdo pequeños fragmentos de ministerio que pude hacer incluso durante los ajetreados momentos familiares: estudiar el Evangelio de Marcos con no creyentes, escribir y dirigir estudios bíblicos, aconsejar a los recién casados. En realidad, hay tanto que podemos hacer que nuestros esposos no pueden: cargar con las cargas de otras mujeres, enseñarles a las mujeres lo que es bueno.

Conozco a la esposa de un pastor quien trazó un ministerio de niños completo a lo largo de los años, mientras estaba educando en casa a sus hijos. La esposa de otro pastor, una madre de cuatro hijos, discipula a las mujeres en su cocina mientras prepara la comida. Persistir en pequeños trozos de ministerio puede suponer un gran estímulo para nuestros esposos y nuestras iglesias con el tiempo.

Las situaciones de la vida cambian. El ministerio cambia. Nos asociamos con nuestros esposos durante algunas temporadas, más que en otras. Pero, ya sea que estemos ocupadas cambiando pañales, discipulando, evangelizando, enseñando o haciendo algo más, podemos alegrarnos en el trabajo de nuestro esposo.

Después de todo, es a través de la iglesia que «la multiforme sabiduría de Dios sea ahora dada a conocer…a los principados y potestades en los lugares celestiales» (Efesios 3:10). Estamos con nuestros esposos en la primera línea de dar a conocer la gloria de Dios. Y al final, somos «coherederas de la gracia de la vida» (1 Pedro 3: 7). Eso significa que tenemos el mismo destino celestial, una herencia en el reino de Dios que nunca se desvanecerá.


Traducido por Renso Bello

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