Pastoreo

Golpeando a los lobos

Artículo
23.12.2020

Recibí una llamada telefónica un día de un plantador de iglesia local. La esencia de la conversación fue algo como esto: «Hola Juan. Espero que estés bien. Mira, acabo de conocer a un sujeto. O será un gran futuro anciano o es un lobo. No estoy seguro de cuál es, así que te lo envió a tu manera».

Comprendí su falta de disposición para tomar ese riesgo. La iglesia estaba todavía en su infancia, así que, como puedes imaginar, todavía era frágil. Como una iglesia más establecida con procesos para identificar futuros ancianos, estábamos en una mejor posición para resistir la posible desestabilización de un lobo solitario. Afortunadamente, esa llamada telefónica fue suficiente para alertarnos a estar en guardia.

No siempre recibiremos tales advertencias preventivas. Entonces, ¿cómo debemos enfrentar el problema de los lobos en la iglesia? A veces, debemos proteger a las ovejas golpeando a los lobos con la vara de pastor. Sin embargo, para que no nos apresuremos a golpearlos, tomemos nuestras indicaciones de cómo manejar a los lobos del apóstol Pablo.

Presten cuidadosa atención a ustedes mismos (Hechos 20:28)

Los lobos tienden a surgir entre aquellos reconocidos como maestros en la iglesia. Pablo lo reconoció cuando advirtió a los ancianos de Éfeso que «de vosotros mismos se levantarán hombres que hablen cosas perversas para arrastrar tras sí a los discípulos» (Hechos 20:30). Lastimosamente, para el momento en que Pablo escribió 1 y 2 Timoteo, parece que sus preocupaciones se habían materializado (1 Ti. 1: 3-7).

Hay algún número de razones por las que surgen los lobos: amor al dinero (1 Ti. 6:2-10); confusión doctrinal que conduce al legalismo o al libertinaje (1 Ti. 4: 1-5); poder para arrastrar a los discípulos tras ellos mismos (Hechos 20:30). Puesto que todos los pastores enfrentan estas mismas tentaciones, Pablo llamó a los ancianos de Efeso a «mirad por vosotros» (Hechos 20:28).

Si vamos a proteger a las ovejas de los lobos, debemos cuidar nuestro propio corazón y prestar atención a nuestra propia doctrina (1 Ti. 4:16). El patrón en el Nuevo Testamento de una pluralidad de ancianos en las congregaciones locales es tanto bíblico como sabio. Nos ayuda a cuidar el corazón de los demás y a observar la doctrina de los demás.

Hermanos, ¿Qué pasos están tomando para prestar cuidadosa atención a ustedes mismos?

Presta cuidadosa atención a todo el rebaño (Hechos 20:28)

También debemos prestar cuidadosa atención al rebaño. ¡Ese es el trabajo! El Espíritu Santo nos apartó para cuidar (pastorear) la iglesia de Dios (Hechos 20:28). Si bien hay muchas maneras en que protegemos al rebaño de los lobos, permítanme destacar solo tres: identificar a las ovejas, identificar a los pastores e identificar a los lobos.

Una de las maneras más importantes en que protegemos a la iglesia de los lobos es identificar a las ovejas. Y una de las formas en que podemos identificar a las ovejas es a través de un proceso de membresía significativo.

Sin embargo, es igualmente importante identificar a los pastores. Después de todo, si los lobos tienden a surgir de los maestros en la iglesia, debemos tener cuidado sobre a quién presentamos a la iglesia como maestros y ancianos. Hermanos, ¿tiene tu iglesia un proceso para identificar a los miembros regenerados? ¿Tiene un proceso para identificar a hombres fieles que también pueden enseñar a otros (2 Ti. 2:2)? ¿Un proceso que es bíblico y cuidadoso, donde los candidatos a ancianos son observados a través del tiempo (1 Ti. 5:19-25)?

Está alerta (Hechos 20:31)

No obstante, incluso con tales procesos, los lobos intentarán escabullirse dentro del rebaño. En consecuencia, debemos estar alerta. También debemos preparar a las ovejas para que estén alerta guiándolas a alimentarse de los verdes pastos de la Palabra de Dios, porque ella muestra la verdad y la belleza de Cristo y su evangelio (Hechos 20:27, 31). Una vez que las ovejas hayan probado y visto que el Señor es bueno, no querrán alimentarse de las «cosas perversas» que ofrecen los lobos demoníacos (Hechos 20:30). Un ministerio de exposición fiel protegerá al rebaño de los lobos tanto dentro como fuera de la iglesia.

Como pastores, también es nuestra responsabilidad identificar a los lobos. Nuevamente, Pablo es una guía útil. Escribiendo a Timoteo, lo animó a ser bondadoso en lugar de pendenciero, «que con mansedumbre corrija a los que se oponen» (2 Ti. 2: 24-25). Pablo sabía que algunas veces las ovejas pueden ser atrapadas por el diablo y parecer lobos (2 Ti. 2:26). Para no disparar a tales ovejas, Pablo animó a Timoteo a confrontar a sus oponentes con la esperanza de arrepentimiento (2 Ti. 2: 25-26).

Pero no todos se arrepienten, ¿verdad? Entonces, para identificar a los oponentes peligrosos, Pablo describió algunas de sus características (2 Ti. 3:1-7). Una diferencia clave entre las ovejas atrapadas y los lobos peligrosos es que Dios les concede a las ovejas «el arrepentimiento que conduce al conocimiento de la verdad» (2 Ti. 2:25), mientras que los lobos «siempre están aprendiendo y nunca pueden llegar al conocimiento de la verdad» (2 Timoteo 3: 5, 7). Los lobos son imposibles de enseñar. Se niegan a arrepentirse de su falsa doctrina. Pablo advierte, «a éstos evita» (2 Ti. 3:5).

¡Golpea a los lobos o evita a esas personas (2 Tim. 3:5)!

Considero que el encargo de Pablo de «evitar a esas personas» es una exhortación a excomulgar a los lobos. Después de todo, ¿Cómo evitas a esas personas en la iglesia? Los eliminas. Eso es lo que significa golpear a los lobos.

Tomemos a Himeneo y Alejandro. Ellos «naufragaron en cuanto a su fe», por lo que Pablo los entregó a Satanás «para que aprenda a no blasfemar» (1 Ti. 1:20). Ese es el lenguaje de la disciplina de la iglesia (1 Co.5:5). Himeneo es nuevamente nombrado en 2 Timoteo 2:17, esta vez con Fileto.

Invocando el lenguaje de la rebelión de Coré, Pablo exhortó a Timoteo a «apartarse de la iniquidad» (2 Ti. 2:19). Eso significaba que Timoteo debía separarse de estos lobos para no dejarse llevar por el juicio de Dios sobre ellos.

Hermanos, si queremos ser vasos útiles en la casa de Dios, nos limpiaremos nosotros mismos huyendo de las pasiones juveniles, persiguiendo la justicia, la fe, el amor y la paz (2 Ti. 2: 20–22). Y cuando identificamos, entre nosotros, a los lobos que no se arrepienten ni son enseñables, debemos proteger al rebaño separando a las ovejas de ellos, mediante la excomunión para que puedan ser entregadas al reino de Satanás, mientras esperan el juicio final de Dios.


Traducido por Renso Bello