🎤 Entre Pastores
«Entre pastores» Episodio 2: Congregacionalismo
Alejandro Molero: Bienvenidos una vez más a Entre Pastores, el pódcast de Nueve Marcas en español. Les habla su servidor, Alejandro Molero, desde Washington D.C., y nos acompaña…
Sugel Michelén: Sugel Michelén, también desde Washington, aunque no vivo aquí. Con mucho gusto de estar aquí, Alejandro, de verdad.
Alejandro Molero: Ya eres de la casa. Bienvenidos una vez más. Estamos tratando de hacer este pódcast para ayudar a las iglesias a crecer en salud, para edificar iglesias saludables. Gracias por acompañarnos, gracias por visitar nuestros contenidos, por comentar y compartir. Hoy tenemos un tema interesante: el congregacionalismo. Vamos a tratar de definirlo para comenzar. Sugel, ¿cómo pudieras definir el congregacionalismo? ¿Por qué piensas que, entre todos los sistemas de gobierno eclesial, el congregacionalismo es el modelo más bíblico?
Sugel Michelén: Quizás la respuesta más corta es porque Jesucristo es el Señor de la Iglesia. ¿Y eso qué implica? Implica que la autoridad de lo que se hace y no se hace en la Iglesia recae en el Señor, y él ha delegado eso en la Iglesia como un todo, no solamente en un pastor o en un grupo de pastores u oficiales, sino que toda la Iglesia tiene la responsabilidad del gobierno de la Iglesia.
Eso lo vemos en varios pasajes del Nuevo Testamento. En Mateo 18, vemos claramente que es la Iglesia, no solamente los pastores, la que debe confirmar la profesión de fe de un individuo. O si llega un momento en que esa profesión de fe debe ser quitada, cuando dice: «Dilo a la Iglesia y, si no, tenle por gentil y publicano». Están excluyendo de la membresía a alguien, pero ¿cómo puedo excluir a alguien que no ha sido previamente incluido? Entonces, ¿quién incluye? ¿Quién excluye? Según Mateo 18, la Iglesia.
Lo vemos en 1 Corintios 5, en Hechos 6. Hay una cantidad de textos en el Nuevo Testamento que muestran a Cristo gobernando a través de su pueblo, a través de su Iglesia.
Alejandro Molero: Cristo como la cabeza, el cuerpo, la Iglesia, siendo responsable de las decisiones. En otras palabras, el congregacionalismo es un sistema de gobierno de la iglesia local que entiende que la congregación es la autoridad final en los asuntos de esta iglesia local. No que venga un sínodo o una autoridad exterior a la Iglesia, el gobierno o cualquier otro presbiterio, a querer gobernar los asuntos internos de la iglesia local.
Sugel Michelén: Cada Iglesia es autónoma. No me gusta usar la palabra «independiente», porque, si bien es cierto que somos una iglesia local, también pertenecemos a una Iglesia universal, y debemos tener conexión con esa Iglesia. Pero somos una Iglesia autónoma. La palabra «autonomía» significa autogobierno.
No necesitamos ningún agente externo que venga a imponer sobre la Iglesia quién va a ser pastor, quién va a ser esto y quién va a ser aquello, sino que es la Iglesia como un todo la que decide eso. Es la Iglesia la que elige pastores, diáconos; es la Iglesia la que decide aun qué van a creer, cómo van a definir el Evangelio.
Fíjate que Pablo, cuando la Iglesia de Galacia se estaba desviando, no les escribe una carta a los pastores diciendo: «Ustedes son responsables». Les dice a los gálatas: «¿Quién os fascinó? Y si alguno predicara un evangelio diferente», incluyendo el mismo Pablo.
Alejandro Molero: «O yo o un ángel del cielo».
Sugel Michelén: Exactamente. ¿Quién tenía la responsabilidad de velar para que nadie introdujera —ni un ángel del cielo ni un supuesto apóstol— otro evangelio en la Iglesia? La Iglesia. Porque es a ellos a quienes Pablo les envía la carta.
Hay una concepción equivocada del congregacionalismo que debemos aclarar aquí, Alejandro, porque el congregacionalismo tiene mala fama. Yo me convertí en una iglesia donde cada decisión que se iba a tomar, la Iglesia tenía que votar por esa decisión.
Alejandro Molero: ¿Son azules o son rojas?
Sugel Michelén: Se van a comprar veinticinco sillas o cincuenta, ¿son de plástico o de madera? Obviamente, cuando se ve el congregacionalismo desde ese punto de vista, yo no quiero ese tipo de gobierno en la Iglesia. Porque entonces, ¿cuál es la autoridad que tienen los pastores?
El problema para definir el congregacionalismo está precisamente aquí. Cristo le ha dado autoridad a la Iglesia para ciertas cosas, y Cristo les da autoridad a los pastores para ciertas cosas. Nosotros tenemos que ver cómo funcionan estas dos cosas al mismo tiempo. Pero no hay duda en el Nuevo Testamento de que Cristo responsabiliza a su Iglesia para que confirmen la profesión de fe de los que quieren unirse a la Iglesia, para que excluyan a aquellos que no están andando conforme a esa profesión de fe, para que elijan a sus pastores.
Alejandro Molero: Es cierto, como comentas, que la congregación en pleno no debe alegar ser una iglesia congregacional para tomar hasta la más insignificante de las decisiones en la vida de la iglesia. No se va a debatir qué marca de lápiz comprar para la escuela dominical.
Sugel Michelén: No, para eso tenemos diáconos, para eso tenemos cabezas de ministerio.
Alejandro Molero: Entonces, ¿cuáles serían las materias en las cuales la Iglesia tiene que decidir, votar o ejercer un mecanismo de inclusión de toda la congregación en asamblea?
Sugel Michelén: Hace años escuché a Jonathan Leeman decir algo que me encantó. Decía: «La Iglesia gobierna el qué, mientras que los pastores gobiernan el cómo». Creo que eso ayuda a entender. El «qué» del Evangelio: quién define cuáles son las doctrinas fundamentales que la Iglesia cree.
Recuerdo que cuando nosotros, hace años, queríamos implementar la Confesión de Fe de Londres de 1689 como nuestra confesión de fe, enseñamos la confesión por más de setenta domingos a la congregación en la escuela dominical. Luego reunimos a la Iglesia y preguntamos: «¿Ustedes creen que lo que está plasmado en esta confesión de fe histórica es lo que nosotros creemos como Iglesia?». Y la Iglesia votó unánimemente; aceptó esa confesión como nuestra confesión de fe.
No es que los pastores somos los que mandamos y lo que nosotros decidimos, eso es. Los pastores no gobiernan eso. Pablo, en Romanos 16, dice que si alguno se aparta de las enseñanzas que ustedes han creído, «a ese señaladlo». «Os rogamos, hermanos», dice Pablo, que ustedes vigilen la doctrina de la Iglesia. Es una responsabilidad de los hermanos. En ese sentido, la Iglesia decide estas cosas.
Pero ¿qué se va a predicar los domingos? ¿A qué hora va a ser el culto? ¿Cómo vamos a organizar el culto? ¿Se van a cantar tres himnos o cuatro? Para eso los pastores pueden decidir. No obstante, las decisiones trascendentales, aun siendo responsabilidades pastorales, deben ser consultadas con la Iglesia por prudencia y sabiduría.
Pero Dios les dio autoridad a los pastores para que decidan esas cosas y para que lideren persuadiendo a la congregación a través de la Palabra.
Un texto que yo siempre he dicho que es el texto favorito de los pastores que abusan de su autoridad es Hebreos 13:17:
«Obedeced a vuestros pastores y sujetaos a ellos, porque ellos velan por vuestras almas».
Lo que significa la palabra «sujetaos» allí es «déjate persuadir». No es la idea del individuo que llega y, simplemente porque tiene el oficio pastoral, obliga a la congregación a hacer lo que él quiere. Yo tengo que persuadirte a través de la enseñanza de las Escrituras de que lo que te estoy diciendo es lo que Cristo, la cabeza de la Iglesia, quiere para esta Iglesia. Si te estoy demostrando a través de una exégesis cuidadosa del pasaje bíblico, déjate persuadir. Nosotros gobernamos enseñando. Lideramos a través de la enseñanza, no imponiendo nuestra voluntad.
Alejandro Molero: ¿Qué otros asuntos debe decidir la Iglesia aparte de doctrina? Porque es verdad, creo que has conocido de reuniones de la congregación —que a veces llaman «reuniones de negocios de la Iglesia»— que terminan en una tragedia, en divisiones, en ofensas. Y la gente no quiere ir a esas reuniones porque es una tragedia. Entonces, aparte de doctrina, ¿cuáles son otros asuntos que la Iglesia debería votar? Por ejemplo, finanzas, quién lidera, quién es incluido, quién es excluido.
Sugel Michelén: Una iglesia puede tener y debe tener un equipo económico de personas que sean sabias en el manejo de los recursos de la Iglesia. Pero a la hora de hacer el presupuesto del año, nosotros tenemos una asamblea todos los años, desde que nuestra Iglesia nació hace cuarenta y siete años. Desde el primer año hicimos una asamblea y una de las cosas que se ve en esa asamblea es el presupuesto del año que viene, y la Iglesia debe aprobar ese presupuesto.
Ahora, debe haber una confianza ganada de parte de la membresía en lo que se está presentando. Esto no es un campo de batalla.
Sé que algunos pastores pueden tenerle mucho temor al tema del congregacionalismo, precisamente por esas batallas campales que se arman en las reuniones de la Iglesia. A estos pastores quiero decirles dos cosas para quitarles el temor. En primer lugar, nosotros tenemos reuniones cada tres meses con la Iglesia, donde tratamos los asuntos de familia, y una asamblea anual donde se examina qué fue lo que pasó el año pasado, hacia dónde vamos este año, presupuesto y todo lo demás. Y te puedo decir, Alejandro, que no recuerdo en muchos años reuniones traumáticas con la Iglesia.
Una de las cosas que uno tiene que hacer como pastor es entrenar a la Iglesia, discipular a la Iglesia para que los hermanos sigan madurando, y eso les permita ser agentes responsables del cuidado general de la Iglesia. Cuando eso pasa, el congregacionalismo no debería ser traumático.
Sin embargo, aun cuando en ocasiones la vida familiar en el congregacionalismo puede verse un tanto caótica, también está bien. Porque esa es la vida de este lado del cielo. Eso nos ayuda a ver dónde se necesita traer enseñanza, dónde se necesita madurez. Es evidente que hay una debilidad, pero no por eso les quites a los miembros de la Iglesia la autoridad que Jesucristo les dio como congregación.
De hecho, la vida familiar a veces es un poco caótica también. ¿Y qué hacemos con eso?
Alejandro Molero: No dejamos de ser familia por eso.
Sugel Michelén: Ni necesitamos un papá que sea un dictador.
Alejandro Molero: Normalmente, la congregación sigue el consejo de sus ancianos. Los ancianos deberían traer propuestas previamente analizadas en cuanto a doctrina, finanzas, membresía y disciplina: quién entra y quién sale de la Iglesia. Los ancianos proponen a la congregación incluir al hermano o a la hermana en la membresía de la Iglesia y la congregación vota. O los ancianos proponen excluir a alguien de la lista de membresía por inasistencia o por alguna razón, y la congregación también vota. ¿No robustece eso la vida de la Iglesia, en el sentido de que no es un pastor que se antoja, sino un grupo de pastores que propone, y la fortaleza de la decisión congregacional le da credibilidad al asunto?
Sugel Michelén: Alejandro, tú tienes dos hijos. Y sabes muy bien que si tomas todas las decisiones por ellos, aun cuando van creciendo y madurando, nunca van a madurar, nunca van a ser responsables. Ese es el problema con las iglesias que están centralizadas en el pastor o en los pastores, que no están permitiendo que los hermanos sean responsables del cuidado de la Iglesia.
El quién entra y quién sale es parte de la responsabilidad de la Iglesia. El cómo lo haces, yo te puedo decir cómo lo hacemos nosotros, pero no estoy canonizando ese sistema como el único.
El principio general es el siguiente: la Iglesia debe velar porque las personas que entran en su membresía entiendan el Evangelio y den testimonio en su vida de que el Evangelio ciertamente los ha transformado. ¿Cómo hacemos eso en nuestra Iglesia? Una persona llega, se convierte, hace profesión de fe, toma una clase de membresía donde enseñamos qué somos como Iglesia. Luego de esa clase, si la persona dice: «Yo quiero ser miembro de esta congregación», va a tener una entrevista con uno de los pastores. Ese pastor va a preguntar por las cosas que acabo de mencionar: «Dime qué entiendes por el Evangelio». «Si te mueres hoy, ¿a dónde irías?» «Al cielo». «¿Y por qué crees eso?»
Alejandro Molero: ¿Y cómo está tan seguro?
Sugel Michelén: «Porque leo mi Biblia todos los días, porque vengo a la Iglesia todos los domingos». Entonces, ya sabes que esa persona no entendió el Evangelio. Tiene que volver de nuevo, hasta que pueda articular con sencillez el Evangelio y que uno vea testimonio de que esa persona ha cambiado.
Sin embargo, sabes muy bien, Alejandro, que puedes tener una persona en tu oficina que hable muy bien y que parezca ser un buen creyente. Pero una mejor manera de asegurarte es presentar a esta persona ante toda una congregación y decir: «Estamos considerando al hermano Juan, a la hermana Minerva, para la membresía de esta Iglesia. Cualquiera que tenga una objeción, que por favor se acerque y hable con esta persona o con nosotros». Entonces, toda la Iglesia es responsable a la hora de aceptar ese nuevo miembro. De esa manera, los pastores hicieron su trabajo, pero la Iglesia está haciendo su parte, velando para que los que entren sean verdaderamente creyentes.
Alejandro Molero: De igual manera aplicaría el liderazgo. En nuestra Iglesia tenemos un proceso largo y cuidadoso, no solamente para la inclusión y exclusión de miembros, sino para las decisiones respecto a quiénes van a ser los líderes: diáconos o ancianos. Normalmente es un proceso que incluye meses de entrenamiento, revisión de la idoneidad, del perfil de 1 Timoteo 3, y sobre todo, el involucramiento de la congregación en la selección y afirmación de la vocación, del llamado y de la capacitación de aquellos que nos van a servir liderándonos. Podemos concluir, entonces, que la congregación en pleno debe estar involucrada en las decisiones de doctrina, finanzas, liderazgo, membresía y disciplina.
Sugel Michelén: Fíjate que en Hechos 6, los pastores eran los apóstoles, nada más y nada menos que los apóstoles. Tenían una autoridad que ninguno de nosotros tiene. ¿Qué hacen ellos cuando surge el problema con las viudas de los griegos que estaban siendo desatendidas? Reúnen a la Iglesia y les dicen: «Buscad entre vosotros varones que se encarguen de esto». Y luego ellos impusieron las manos, lo que quiere decir que aprobaron.
Alejandro Molero: Y me encanta lo que dice ahí: «Le pareció bien a la congregación».
Sugel Michelén: Aquí no tenemos a los apóstoles diciendo: «Tú, tú, tú y tú van a ser los encargados de resolver este problema».
Hay otro texto en Hechos 14:23, donde dice que Pablo y Bernabé, cuando regresaban del segundo viaje misionero, establecieron ancianos. La palabra «establecieron», literalmente en el original, significa «mano alzada». Y muchos exégetas creen que se refiere a una elección a mano alzada.
No fue simplemente que Pablo y Bernabé dijeron: «Tú, tú y tú van a ser pastores». Acepto que, exegéticamente hablando, también pudiera ser un término técnico que no signifique elección a mano alzada. Quiero ser justo con el pasaje. Sin embargo, no deja de llamarme la atención el hecho de que Pablo y Bernabé establecieran ancianos y que no consultaran a la Iglesia para saber quiénes eran esos hombres y si tenían realmente testimonio. Me parece muy extraño. Creo que la evidencia apunta más a una decisión que fue tomada en conjunto con la Iglesia.
De hecho, en el caso de Timoteo, en Hechos 16, cuando Pablo llega a Listra, dice que los hermanos daban buen testimonio de él. Y luego, en una de las cartas, dice que Timoteo fue ordenado al ministerio cuando el presbiterio puso sus manos sobre él. Aquí tenemos el buen testimonio de los hermanos y a los pastores de la Iglesia que impusieron sus manos sobre Timoteo.
Entonces, veo un triángulo aquí que debemos tomar en cuenta. El sistema que use cada Iglesia, el cómo, puede variar. Pero hay tres elementos que entran en juego a la hora de elegir un pastor. Primero, «el que anhela obispado, buena obra desea». Hay un anhelo del individuo. Sin embargo, Pablo dice que eso no es suficiente, pero es necesario. Toma en cuenta, Alejandro, que la palabra «necesario» allí es la misma que se usa en Juan 3, cuando dice: «Para entrar al reino de los cielos es necesario nacer de nuevo». Así como no puedes entrar en el reino de los cielos sin nacer de nuevo, no deberías entrar en el ministerio sin tener las características que Pablo enlista allí: marido de una sola mujer, sobrio, prudente, decoroso, hospedador, apto para enseñar.
Ahora, ¿quién decide eso? ¿Quién evalúa eso? ¿Es la persona misma que llega y dice: «Yo soy ese individuo que Pablo pinta allí»? ¿O debe haber alguien que evalúe eso? Nosotros creemos que entra en juego no solamente el anhelo del hombre, sino también la evaluación de la Iglesia y la evaluación de sus pastores. Porque los pastores pueden conocer algo de este hombre que la Iglesia en pleno no sepa, porque ellos pastorean a este hombre muy de cerca.
Cuando se conjugan estos tres elementos, estás cerrando la puerta del ministerio pastoral, no tanto como para que nadie pueda entrar, sino lo suficiente para que no entre una persona que no debería entrar.
Alejandro Molero: También le estás dando la oportunidad a la congregación para votar, opinar, elegir, para evitar que la Iglesia sea gobernada por alguien que no es bíblicamente calificado, porque hay una confirmación objetiva de un llamamiento subjetivo. Eso es muy importante, porque tristemente hemos visto imposiciones de liderazgo, incluso por linaje, por tradición, porque no había más nadie o porque nadie lo quería hacer. «Vamos a poner a fulanito como pastor», y a veces como pastor singular de una Iglesia, ni siquiera integrando un cuerpo de pastores. Tristemente, conocemos historias desgarradoras de iglesias que han sido maltratadas, mal gobernadas, mal nutridas por pastores que no deberían estar pastoreando.
Sugel Michelén: Un hombre que sea marido de una sola mujer, sobrio, prudente, decoroso, hospedador, apto para enseñar, no dado al vino, no pendenciero: esa persona no puede ser invisible a la Iglesia. Los pastores deben entender que es la Iglesia la que conoce a este hombre en el día a día. Y, por lo tanto, deben participar en esa elección. No solo eso: amarra la conciencia de la Iglesia cuando votan por este hombre y dicen: «Sí, creo que este hombre es un don de Cristo para nuestra Iglesia como pastor o como diácono». De ahí la importancia de que la Iglesia participe en esto activamente. El cómo puede variar.
En nuestra Iglesia, luego de que el hombre ha sido presentado a la congregación y les decimos: «Hermanos, estamos evaluando a fulano de tal como pastor de esta Iglesia», damos un tiempo prudente para que los hermanos se acerquen, si tienen una objeción, hablen con el individuo y, si no lo pueden solucionar, que vengan a nosotros. Pueden incluso acercarse a él y hacerle preguntas incómodas.
Luego hacemos una evaluación con 1 Timoteo 3 y Tito 1. El hermano sale de la congregación con su esposa y nosotros vamos a través de todas las cualificaciones. Los hermanos se levantan y dan testimonio: «Yo he visto a este hombre en su hogar, sé que es marido de una sola mujer, no tiene ojos para otra mujer que para su esposa. Veo cómo se conduce con sus hijos. Es hospitalario: yo estaba en una situación de necesidad y este hombre me abrió las puertas de su casa».
En una iglesia de cierto tamaño, cuando los hermanos escuchan estos testimonios, puede ser que alguien diga: «Yo no conozco a este hermano tan íntimamente como para saber si debo votar por él o no». Pero al escuchar los testimonios dice: «Ellos sí lo conocen y este es el testimonio que dan. Puedo votar con una limpia conciencia».
La verdad es que eso ha sido muy hermoso, porque cada vez que se hace una evaluación de estas en nuestra Iglesia, la gente sale muy edificada.
Alejandro Molero: Sin duda, el congregacionalismo es el sistema de gobierno más apegado a las Escrituras, pero seguramente hay alguien que nos está escuchando que puede estar pensando: «El congregacionalismo es un sistema que funciona solamente en Estados Unidos». O: «En mi iglesia sería bonito tener eso, pero hay mucho pecado para dejarle tomar decisiones a cualquiera». O pudiera haber algún pastor que diga: «En mi iglesia los hermanos no son tan firmes en la fe ni tan conocedores de la Escritura para tomar decisiones basadas en ella». O: «Este modelo de gobierno congregacional erosiona la autoridad de los pastores». ¿Qué pudiéramos decirles a los consiervos, a los pastores de iglesias locales en cualquier parte del mundo hispanohablante que estén buscando excusas para no caminar hacia el congregacionalismo?
Sugel Michelén: Lo primero es que este sistema de gobierno no nació en Norteamérica; nació en el Nuevo Testamento. Ya citamos textos como Mateo 18, Gálatas 1, 1 Corintios 5. Ahora, 1 Corintios 5 es un pasaje interesante por una razón. En primer lugar, porque trata del espinoso tema de la disciplina eclesiástica. Pero, en segundo lugar, porque si había una iglesia inmadura en el Nuevo Testamento, era la Iglesia de Corinto.
Y, sin embargo, ¿qué hace Pablo? Primero los reprende por no haber sido responsables en cuidar la membresía. Pablo no reprendió a los pastores; reprendió a la Iglesia: «En efecto, se oye que entre ustedes hay inmoralidad». Y todavía se mostraban arrogantes.
¿Qué dice Pablo?
«Pues yo, por mi parte, aunque ausente en cuerpo, pero presente en espíritu, como si estuviera presente, ya he juzgado al que cometió tal acción. En el nombre de nuestro Señor Jesús, cuando estén reunidos y yo con ustedes en espíritu, con el poder de nuestro Señor Jesús, entreguen a ese tal a Satanás para la destrucción de su carne».
¿Quiénes deben hacer eso? Pablo dice que la Iglesia. Fíjate: ellos habían sido arrogantes y no por eso Pablo les quitó su autoridad, sino que los hizo responsables y les dio directrices de cómo debían aplicar la disciplina eclesiástica.
Así que, en primer lugar, el congregacionalismo no nació en Estados Unidos. En segundo lugar, el congregacionalismo sí asume que las iglesias que lo van a practicar no son iglesias del todo maduras. Pero la práctica del congregacionalismo, más la instrucción de los pastores, es lo que va a ayudar a esas iglesias a madurar en el tiempo.
Sí va a haber enredos, sí va a haber problemas, pero eso es parte del crecimiento. La palabra «crisis» es una palabra latina que significa «crecer». No hay crecimiento sin crisis. Aceptemos eso.
Alejandro Molero: Definitivamente, el caso del congregacionalismo es convincente. Podríamos recomendarles en la página web es.ninemarks.org varios artículos, especialmente uno de Blake White que se llama «Transición al congregacionalismo», un artículo que ayuda a los pastores o líderes de la Iglesia a caminar desde una iglesia tradicional hacia modelos congregacionales. También está el libro La autoridad de la congregación, de Jonathan Leeman, disponible en español e incluso en PDF.
Están siempre disponibles las clases esenciales. Pueden buscar en Google «clases esenciales Nueve Marcas» y, específicamente, la clase cinco, «La teología de la Iglesia», que habla acerca del congregacionalismo y los ancianos.
Si alguna congregación necesita ayuda para caminar hacia el congregacionalismo, estaríamos honrados de poder servirles en cualquier capacidad: enviarles algún video, algún material o alguna videollamada con los ancianos para ayudarles a contestar preguntas prácticas. A lo largo y ancho del mundo hispanohablante, quisiéramos estar con ustedes en este trayecto.
Hermano, ¿qué pudiéramos llevarnos de esta conversación para cerrar este episodio?
Sugel Michelén: Antes de terminar, Alejandro, quería añadir que este congregacionalismo en el que creemos tiene apellido: es un congregacionalismo liderado por pastores. No estamos quitándoles a los pastores la autoridad que Cristo también les dio a ellos.
Pablo dice claramente:
«El que no puede gobernar su casa, ¿cómo gobernará la Iglesia del Señor?»
Evidentemente, los pastores tienen autoridad. Pero, primero, es una autoridad delegada por Cristo, no por la Iglesia. Es una autoridad delegada por Jesús para hacer su voluntad en la Iglesia, pero respaldada por la congregación que los escogió, que se deja persuadir y es liderada en amor por la enseñanza de la Palabra.
Por eso digo que tiene apellido: es congregacionalismo liderado por ancianos o por pastores, dependiendo de la nomenclatura que quieran usar para sus líderes. Les diría: vayan al Nuevo Testamento, examinen con cuidado los textos que hemos mencionado aquí y preguntémonos cuál es el gobierno de la Iglesia que mejor encaja con estos pasajes del Nuevo Testamento.
Alejandro Molero: Sin duda, el congregacionalismo con liderazgo de ancianos es lo que más se acerca al modelo bíblico para gobierno y administración de la iglesia local. Ha sido un placer estar con ustedes el día de hoy. Nos vemos en el próximo episodio. Que el Señor les bendiga.
Compartir


