Pastoreo

Discípula a otros

Artículo
26.10.2021

Durante ocho años en el ministerio pastoral, pocas cosas me han sorprendido más que presenciar la conversión. Ver a alguien que una vez estuvo espiritualmente muerto cobrar vida, apartarse de su pecado y volverse a Cristo con fe, ¡es un milagro para observar! Pero otra maravilla que me encanta ver es la transformación gradual de un creyente, como él o ella, vienen a ser más como Jesús por el poder del Espíritu Santo (2 Co. 3:18).

Este proceso de santificación continúa hasta que veamos a Jesús cara a cara, y esto es frecuentemente impulsado por las relaciones de discipulado. Discipulado es una de esas palabras que se usa mucho. Pero simplemente significa ayudarse deliberadamente los unos a otros a crecer en conformidad con Jesús. El discipulado es deliberado porque busca ayudar a individuos específicos a crecer de maneras específicas hacia la piedad. El discipulado es mutuo porque no es una calle de un solo sentido con un sabio en una esquina y un estudiante en la otra. Cada cristiano necesita formación espiritual, y todo cristiano está equipado por el Espíritu para edificarse unos a otros (Judas 1:20; Efesios 4:12; 1 Pedro 2: 5). Entonces, discipularnos unos a otros debería ser algo normal.

Ahora, dediquemos un poco de tiempo a pensar en el por qué, el quién y el cómo.

¿EL PORQUÉ?

Elegiré tres razones y daré más detalles sobre una.

Razón # 1: Deberíamos discipularnos unos a otros simplemente porque Jesús lo ordena. Jesús comisionó a la iglesia a hacer discípulos en Mateo 28. Esa sola respuesta debería ser suficiente.

Razón # 2: Deberíamos discipularnos unos a otros porque nos preocupamos por la santidad personal. Los cristianos son nuevas criaturas con viejos hábitos. Necesitamos ayudarnos unos a otros a romper los viejos hábitos de nuestro viejo hombre y adquirir nuevos hábitos que coincidan con nuestra nueva identidad como hijos de Dios. Discipularse unos a otros es un medio eficaz para ese fin.

Razón # 3: Deberíamos discipularnos unos a otros porque nos preocupamos por nuestro testimonio ante el mundo. En otras palabras, ¡nuestro discipulado está realmente conectado con el avance global del evangelio!

Toda autoridad en el cielo y en la tierra es dada al Rey Jesús para que cada nación pueda escuchar las buenas nuevas del evangelio y someterse al Rey (Mateo 28:18-20). Eso es lo que queremos: que las naciones se sometan al Rey Jesús a través de la fe en el Rey Jesús.

¿Cuál es el plan de juego de Jesús para esto? No es «Id, por tanto, y conviértete»; eso es un evento único. Es «Id, pues, y haced discípulos»; ¡Eso es un proceso de por vida! Ese es el tiempo que lleva enseñar a estos conversos cómo observar todo lo que el Señor ha mandado a su pueblo. La propagación del evangelio por todo el mundo ocurrirá a medida que obedezcamos este llamado a «hacer discípulos».

¿EL QUÍEN?

En teoría, cualquier creyente profesante es un candidato para el discipulado. Nosotros no podemos discipular a los incrédulos porque no tienen el Espíritu Santo (1 Corintios 2:14). Deberíamos evangelizar a esas personas.

Pero observa que dije, «en teoría». Si bien cualquier creyente profesante es un candidato para el discipulado, todos somos criaturas limitadas. Solo podemos estar en un lugar a la vez, y no se puede esperar que discipulemos al mundo entero, ni siquiera a toda tu iglesia.

Hablando de la iglesia, ahí es donde el discipulado se vuelve específico. Tú y tus compañeros miembros de la iglesia han acordado la misma doctrina, se están sometiendo al mismo proceso de formación espiritual (predicación y pastoreo) y se han comprometido a amar y caminar con las mismas personas.

En nuestras iglesias, nos recordamos mutuamente que nuestro directorio de miembros es el segundo libro más importante después de la Biblia. La Biblia nos dice cómo discipularnos unos a otros, pero el directorio de la membresía nos recuerda a quién deberíamos discipular deliberadamente. Los miembros de tu propia iglesia local deberían ser los principales beneficiarios de tu esfuerzo de discipulado, así como tú deberías ser el destinatario principal de ellos, en su esfuerzo de discipulado.

Cuando cada miembro está buscando crecer en gracia juntos, vivimos la realidad de lo que Pablo dice en Efesios 4:

Sino que, siguiendo la verdad en amor, crezcamos en todo en aquel que es la cabeza, esto es Cristo, de quien todo el cuerpo, bien concertado y unido entre sí por todas las coyunturas que se ayudan mutuamente, según la actividad propia de cada miembro, recibe su crecimiento para ir edificándose en amor (Efesios 4: 15-16).

No quiero decir que no se pueda discipular a personas que van a otra iglesia. Simplemente quiero decir que las mejores y más naturales relaciones de discipulado sucederán dentro de la iglesia local.

¿EL CÓMO?

Antes de que digas que discipular es demasiado difícil, quiero dejarte con cinco consejos rápidos y prácticos.

1. Ora. Para que Dios te dé un corazón receptivo y valiente. Ora para que Dios te lleve a la persona o personas con las que deberías crecer intencionalmente en este tiempo.

2. Sé intencional (parte 1). No sufras de análisis de parálisis. Elije una persona o dos del mismo sexo, pregúnteles si podrían reunirse con regularidad para leer la Palabra de Dios, orar juntos y hacerse responsables mutuamente de lo que están leyendo.

3. Sé intencional (parte 2). A veces, tendremos relaciones de discipulado con personas en etapas o experiencias similares de la vida. Esta bien. Pero no   busques solo personas como tú. El evangelio une a personas radicalmente diferentes en un solo cuerpo, y nuestras relaciones de discipulado deberían reflejar el poder del evangelio para unir a personas radicalmente diferentes. Los hombres más jóvenes y los hombres mayores deberían formar parejas, igual va para las mujeres jóvenes y mayores. Los negros y los blancos y todo lo demás deberían formar parejas. Busquen entrar en la vida de los demás, especialmente de aquellos que no son como ustedes.

4. Aprende la historia de los demás. Al comenzar una relación de discipulado, asegúrate de conocer a las personas alrededor de la mesa. Reconoce sus historias. Sé un buen oyente. Y sé tan honesto acerca de ti mismo como lo permita la sabiduría. El discipulado requiere decir la verdad en amor, pero decir la verdad en amor requiere que dos personas se conozcan lo suficiente como para ser precisos y se amen lo suficiente como para ser genuinos.

5. Vivan la vida juntos. El discipulado no se trata solo de los libros que leemos o las veces que oramos. El discipulado también se trata de las batallas que libramos. Así que sirvan juntos al Señor. Si eres soltero, incorpora a otros a tu vida. Si estás casado, incorpora a otras parejas o solteros a tu vida. Pasen tiempo juntos. Cuando lo hagas, encontrarás muchas oportunidades para experimentar los altibajos de la vida.

Aquí está la idea principal: vivan la vida juntos y mantengan la Palabra de Dios en el centro. No relegues el discipulado a una llamada de Zoom de una hora. En cambio, sigan a Jesús en tiempo real como familia. Puede haber momentos en los que reunirse una vez a la semana durante una hora funcione mejor. Puede haber tiempos en los que el único margen que tienes es incluir a alguien en las rutinas de tu vida (estoy pensando en las madres jóvenes). La meta no es que desarrollemos un sistema hermético. El propósito es amarse los unos a los otros, mientras apuntan juntos hacia a la Palabra de Dios y el poder del evangelio. La meta, en una palabra, es la semejanza a Cristo.

CONCLUSIÓN

Tú no necesitas ser un gurú que hace discípulos. Solo necesitas estar disponible. No necesitas ser un teólogo. Solo necesitas ser un medio de gracia para otros discípulos. El hacer discípulos es para cada día, para los seguidores imperfectos de Jesús, comprados con sangre. ¡Así que, cristiano, comprometámonos a discipularnos los unos a otros!

Traducido por Renso Bello