Pastoreo

Cómo pastorear cuando la santificación se vuelve ilegal

Artículo
14.10.2021

Donde vivo y soy pastor algunos aspectos de la santificación son ahora ilegales.

Una decisión reciente en mi estado natal de Victoria, en Australia, busca anular el trabajo de la gracia de Dios. El Parlamento de Victoria ha adoptado el Proyecto de Ley de Prohibición de Prácticas de Cambio o Supresión (Conversión) 2020.

Entre otras cosas, dicho proyecto de ley penaliza cualquier oración o conversación en los que un individuo busque persuadir a otra de que procurar cierta actividad sexual no es el mejor curso de acción. No solo es ilegal orar o hablar con una persona acerca de cambiar su orientación sexual o identidad de género —a menos que, por supuesto, este cambio signifique aceptar un estilo de vida LGBTIQ—, la ley establece que la supresión también es ilegal. «Supresión» incluye las oraciones por el celibato, y todo consejo que comunique la fidelidad sexual al cónyuge es un asunto de santidad.

Estas nuevas leyes atacan el ministerio a las personas (por ejemplo, la consejería pastoral); no atacan grupos (por ejemplo, un sermón en la iglesia). Sin embargo, el gobierno de Victoria ya ha señalado que está preparado para expandir la lista de prohibiciones para incluir a los sermones en el futuro.

Bajo estas nuevas leyes, una denuncia anónima puede hacer que una persona u organización sea investigada y llevada ante un tribunal civil (VCAT). El tribunal tiene facultades; por ejemplo, puede condenar a una persona para que sea internada en un programa de reeducación. Cuando alguien alega un perjuicio como resultado de una oración o conversación, se pueden presentar cargos penales. Esto puede suponer una pena de prisión de hasta 10 años y una multa de 200 000 dólares.

A simple vista, esta Ley busca proteger a los victorianos de las prácticas que se consideran perjudiciales para los que no se identifican como heterosexuales o los que creen que viven en el cuerpo equivocado. Lamentablemente, algunas organizaciones religiosas han actuado de manera insensata y errónea con esas personas; nadie dice lo contrario. Sin embargo, la investigación del gobierno sobre el asunto solo reveló un puñado de historias de «prácticas de conversión». Sin duda, estos pocos relatos son horribles. En los casos en los que se ha perpetrado el mal, debe haber arrepentimiento. Pero esta Ley parlamentaria no es una solución justa. Es volar un edificio para atrapar una rata.

¿QUÉ HACEN LOS CRISTIANOS?

¿Qué debemos hacer los cristianos australianos?

Por un lado, por supuesto, estamos llamados por Dios a someternos a las autoridades gubernamentales, a orar por ellas y obedecerlas. Deberíamos continuar haciéndolo. ¿Pero qué ocurre cuando el gobierno sobrepasa su jurisdicción y exige una lealtad mayor que la que debemos a Cristo?

Las iglesias y organizaciones religiosas tienen que preparar a sus miembros para que entiendan las muchas implicaciones de estas nuevas leyes. Los pastores, directores y padres deberían educar a sus congregaciones, empleados y familiares para que todos puedan discernir cómo vivir fielmente en este ambiente.

Por supuesto, los no cristianos también expresaron su preocupación por este proyecto de ley. La Asociación Médica Australiana y la Asociación Nacional de Psiquiatras Practicantes se pronunciaron en contra. Los principales expertos jurídicos manifestaron sus inquietudes. Incluso grupos feministas y de la comunidad LGBT plantearon importantes preocupaciones por la manera en que este proyecto de ley perjudicará a los victorianos vulnerables. No obstante, el gobierno se encogió de hombros ante todas estas inquietudes.

A lo largo del debate, tanto los medios de comunicación como los políticos por igual ignoraron cualquier contra argumentación plausible. Ignoraron las decenas de personas a las que las iglesias realmente ayudaron. Ignoraron el hecho de que la gran mayoría de niños que luchan contra la disforia de género ya no lo hacen cuando llegan a la adultez. Ignoraron a quienes dijeron que su orientación sexual había cambiado. En todos los ejemplos, los contraejemplos fueron descartados como imposibilidades ilógicas.

Menciono la amplitud de la coalición afectada por el proyecto de ley porque destaca la naturaleza autoritaria de los movimientos sociopolíticos dominantes del presente. El escuchar ha sido reemplazado por insultos. A los hechos se les llama ficción.

DOS PALABRAS DE ALIENTO

Como pastor, he querido animar a mi congregación al entrar en este mundo aparentemente nuevo. Aquí tienes dos palabras de aliente que he encontrado en 1 Pedro. Oro para que también puedan alentarte a ti y a tu iglesia.

1. Cristiano, este mundo no es tu hogar.

Pedro escribe que somos extranjeros en la tierra y ciudadanos del cielo.

Me encanta ser australiano y vivir en Melbourne. Mi iglesia está llena de cristianos que sirven con alegría a sus compatriotas victorianos y les desean el bien.

Sin embargo, tenemos que aprender la lección que tantos creyentes han comprendido en otras partes del mundo. Debemos aferrarnos menos a las cosas de la tierra y más a Cristo y su iglesia. Esto dirigirá nuestros sentimientos y moldeará nuestra esperanza.

2. Cristiano, elige ser fiel y sigue haciendo el bien.

Si bien podemos ser arrojados fuero de los corredores de la sociedad y amenazados con un guante de Thanos al estilo victoriano, Pedro recuerda a los cristianos que quienes confían en Cristo nunca serán avergonzados.

Por esa razón, Pedro puede decir: «Mantengan entre los incrédulos una conducta tan ejemplar que, aunque los acusen de hacer el mal, ellos observen las buenas obras de ustedes y glorifiquen a Dios en el día de la salvación» (1 Pedro 2:12).

Unos versículos más tarde, dirige nuestra atención a Jesús: «Cuando proferían insultos contra él, no replicaba con insultos; cuando padecía, no amenazaba, sino que se entregaba a aquel que juzga con justicia» (2:23).

No dejemos de hacer el bien fielmente. ¿Deberíamos dejar de amar a los demás por causa de leyes injustas? ¡No!

UN MENSAJE PARA LOS PASTORES

Finalmente, un breve mensaje para los pastores: Necesitas establecer un ejemplo para tu congregación en todo esto. Pedro también nos enseña esto. Esto es lo que escribe acerca de pastores como nosotros:

«A los ancianos que están entre ustedes, yo, que soy anciano como ellos, testigo de los sufrimientos de Cristo y partícipe con ellos de la gloria que se ha de revelar, les ruego esto: cuiden como pastores el rebaño de Dios que está a su cargo, no por obligación ni por ambición de dinero, sino con afán de servir, como Dios quiere. No sean tiranos con los que están a su cuidado, sino sean ejemplos para el rebaño. Así, cuando aparezca el Pastor supremo, ustedes recibirán la inmarcesible corona de gloria» (1 P. 5:1-4).

Si los pastores no lideramos con el ejemplo, ¿entonces cómo podemos esperar que nuestras iglesias sigan confiando y siguiendo a Cristo?

He escuchado a muchas personas que tienen miedo del futuro. Algunos se sienten atraídos por el mismo sexo, pero quieren seguir a Jesús. Sienten la carga innecesaria de un Estado que los presiona para que abandonen el consuelo que han encontrado en la comunidad cristiana y en Cristo. Esta es una situación terrible para ellos. Oro para que las iglesias los apoyen.

Pastores, cuando suceden cosas así, la gente se alarma. ¡Y con justa razón! Tu trabajo es mostrarles cómo es perseverar fielmente.

CONCLUSIÓN

Es cierto: ahora vivo y soy pastor en un Estado en el que, dentro de poco, la conversión genuina a Cristo —y la vida de santidad que conlleva— puede ser considerada ilegal. Según esta Ley, el discipulado, la consejería, la membresía y la disciplina pueden llegar a estar bajo escrutinio.

Pero para el cristiano, nuestra santificación está asegurada, incluso cuando es ilegal. Después de todo, es mucho más que nuestra conducta. Es un estado que todos los cristianos tenemos en Cristo. Está a salvo y segura de todo mal.

¿Qué sigue? Mucha oración. Oro para que Dios use este tiempo para refinar nuestros corazones y reformar nuestras iglesias. Oro para que los victorianos, tanto cristianos como inconversos, sean protegidos del mal. Oro para que, a pesar de estas leyes injustas, la buena noticia de Jesucristo siga siendo escuchada y aceptada como nunca antes.

Traducido por Nazareth Bello