Evangelio

Cantémonos los unos a los otros

Artículo
04.11.2021

Algunos de mis primeros recuerdos incluyen cantar en la iglesia. Todavía puedo ver a mi padre de pie en la primera fila antes de pasar a predicar. Rebotando un poco sobre sus pies mientras cantaba a viva voz y las cejas levantadas. Todavía puedo ver a mi madre, encaramada en el coro con alegría en su rostro. Recuerdo a los santos mayores mientras se unían en los grandes himnos de nuestra fe.

En resumen, el canto congregacional ha desempeñado un papel formativo en mi vida tanto teológicamente como espiritualmente. Los himnos que cantábamos me ayudaron a conocer y entonar las verdades que tanto apreciamos.

Las Escrituras resuenan con cánticos. Hay más de 50 mandatos directos para que cantemos, y el canto se menciona unas 400 veces en la Biblia. El canto no desempeña simplemente un función unidimensional en la vida de la iglesia; tiene un papel multifacético e invaluable cuando adoramos a Dios. Da forma a nuestro discipulado y a nuestra declaración al mundo.

El Salmo 96:1-3 funciona como un microcosmos que nos ayuda a ver esto claramente. Destaca tres razones por las que cantamos.

1. Cantamos como un acto de adoración

Cantar, ante todo, es un acto de adoración a Dios. El Salmo 96:1-2a enfatiza la importancia de que Dios sea la primera audiencia de nuestro cántico. «Cantad al Señor un cántico nuevo;
cantad al Señor, toda la tierra. Cantad al Señor, bendecid su nombre».

Observa el énfasis triple en el Señor. Don Carson define la adoración como «la respuesta correcta de todos los seres morales y sensibles a Dios, atribuyéndole todo el honor y la honra a su Creador-Dios precisamente porque es maravillosamente digno». En esta definición, vemos una conexión entre la bendición del Señor y el canto. Cuando los cristianos cantan a Dios —bien sea solos, con nuestra familia o en la iglesia— es un acto de grata adoración.

2. Cantamos para discipularnos mutuamente

Para usar el lenguaje del Salmo 96:2, cuando cantamos, deberíamos «[proclamar] de día en día las buenas nuevas de su salvación». Observa el contenido de este cántico: la salvación de Dios.

La buena noticia del evangelio nos edifica, por tanto, debemos cantarla entre nosotros. Así, nos ayudamos mutuamente a crecer como cristianos. Pablo comunica esta idea en su carta a los colosenses: «Que la palabra de Cristo habite en abundancia en vosotros, con toda sabiduría enseñándoos y amonestándoos unos a otros con salmos, himnos y canciones espirituales, cantando a Dios con acción de gracias en vuestros corazones» (Col. 3:16). Pablo subraya que el canto es un medio para hacer discípulos.

3. Cantamos como una declaración al mundo.

Considera el Salmo 96:3: «Contad su gloria entre las naciones, sus maravillas entre todos los pueblos». Los himnos que cantamos como iglesia deben estar saturados de las maravillosas obras de Dios. Son pequeños mensajeros de las verdades que creemos; los cantamos a los amigos inconversos. Nuestro canto es también una declaración maravillosa al mundo de nuestra unidad en Cristo. Juan 13:35 dice que el mundo sabrá que somos cristianos por nuestro amor. Por tanto, nuestro canto congregacional es en sí mismo una apología de nuestra salvación compartida a un mundo que nos observa.

En este próximo día del Señor, espero que cantes desde el fondo de tu corazón con gratitud al Señor como un acto de adoración. Oro para que cantes a tus hermanos y hermanas en Cristo mientras prestas tu voz para edificarse unos a otros como discípulos. Oro para que mientras cantemos, el Señor añada a nuestras reuniones personas a las que podamos declarar audazmente la salvación de nuestro Dios.

Traducido por Nazareth Bello