Clases esenciales: Viviendo Como Una Iglesia

Viviendo como una iglesia – Clase 12: La adoración corporativa

Artículo
19.06.2019

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Clase esencial
Viviendo como una iglesia
Clase 12: La adoración corporativa


1. Introducción
Uno de los hermosos aspectos de la obra de Dios al salvar a su iglesia es que él llama a toda clase de personas a la comunión. Personas con trasfondos formales y tradicionales y personas con una tendencia un poco más informal. Gente que creció escuchando a Bach, samba brasileña, a los Beatles, o a Beggie, todos ellos unidos a Jesús.

Esto puede generar algunos desafíos cuando nos reunimos para adorar. Déjame preguntarte: ¿De qué manera afecta la adoración corporativa a nuestra unidad?

No solo hoy la adoración tiene el potencial para causar división. Cuando Jesús conoció a la mujer samaritana en el pozo en el Evangelio según San Juan, capítulo 4, ella lo invitó a debatir acerca de la adoración, ¿debería el pueblo de Dios adorar en Jerusalén o en los montes gemelos Gerizim y Ebal en Samaria? Jesús responde enseñándole lo que es la adoración. Dice que Dios está buscando adoradores que le adoren en Espíritu y en verdad (vv. 23-24).

¿Entonces, cuál es nuestra meta el día de hoy? No podemos abordar todo lo que hay que decir acerca de la adoración. Pero a medida que nos acercamos al final de nuestro seminario del tema de nuestra vida juntos como iglesia y de la importancia de nuestra unidad, deberíamos considerar cómo podemos ayudarnos unos a otros hacia este objetivo final de adorar a Cristo. De muchas maneras, la adoración que glorifica a Dios es uno de los frutos más dulces y valiosos de la unidad de la que hemos estado discutiendo. Y al mismo tiempo, la adoración verdadera fomentará naturalmente la unidad.

Comenzaremos definiendo qué es la adoración y la adoración corporativa, y luego veremos cuatro formas en las que dicha adoración tiene un rol único que desempeñar en nuestra vida como congregación.

2. Definición de la adoración
Primero veamos una definición de la adoración. La adoración es un concepto amplio en la Biblia, no existe una palabra griega principal que corresponda a nuestra palabra en español para «adoración», pero hay muchos términos diferentes. Cuando examinamos el Nuevo Testamento en específico, queda claro que la adoración implica mucho más que ir a la iglesia un domingo por la mañana, ciertamente mucho más que la alabanza en forma de canto. Como escribe Pablo en 1 Corintio 10:31: «Si, pues, coméis o bebéis, o hacéis otra cosa, hacedlo todo para la gloria de Dios». A los romanos, escribe: «Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional» (12:1). Cristo, el cordero perfecto, es el único sacrificio suficiente para nosotros. De manera que los sacrificios que ofrecemos en el nuevo pacto no son ofrendas quemadas, como en el Antiguo Testamento, sino la sumisión de cada aspecto de nuestras vidas para la gloria de Dios.

Por tanto, ¿cómo podríamos definir la adoración? D. A. Carson tiene una extensa definición de la adoración, la cual se encuentra en el reverso de tu folleto. Sería útil leerla luego, pero por ahora, veamos la definición menos detallada de David Peterson: Adorar es «comprometerse con Dios en los términos que él propone y en la forma que solo él hace posible». Eso abarca todo tipo de adoración: nuestros afectos, nuestras acciones, nuestra obediencia, nuestras relaciones, y eso incluye nuestra adoración corporativamente, nuestros tiempos de adoración a Dios y de mutua edificación.

La adoración se centra en Dios. Es la respuesta correcta a la majestad del carácter de Dios, un Dios que es digno de adoración. La adoración implica mucho más que solo saber intelectualmente cómo es Dios, y se deleita en la perfección de sus atributos.

La adoración se centra en Cristo. Nuestra adoración a Dios solo es posible gracias a la muerte y resurrección de Cristo. Sin el sacrificio de Jesús en nuestro lugar no podríamos entrar en la presencia de Dios y, por tanto, no podríamos esperar la imagen que tenemos del cielo en la Biblia. Vemos esta adoración «Cristocéntrica» muy claramente en Apocalipsis 5. Dios está sentado en el trono, sosteniendo un libro que está sellado. Solo el León de la tribu de Judá, que también es el cordero, puede abrir ese libro; solo él es digno. Y leemos que él (Cristo) estaba de pie en medio del trono, siendo uno con Dios (v. 6). Entonces Cristo es alabado como el que fue inmolado, quien es digno de tomar el libro y de abrir sus sellos. Desde ese punto en el libro de Apocalipsis, la adoración se dirige «al que está sentado en el trono, y al Cordero».

Y la adoración es empoderada por el Espíritu Santo. Antes de enseñarnos a cantar unos a otros, a agradecer en nuestros corazones a Dios, Pablo nos llama en Efesios 5:18 a ser llenos del Espíritu. Jesús enseña que el ministerio del Espíritu entre nosotros es uno que lo glorifica, Juan 16:14: «Él Espíritu me glorificará; porque tomará de lo mío, y os lo hará saber».

Así que, ¿qué es un entendimiento bíblico de la adoración? Permíteme sugerir tres cosas en resumen:

A. Es la respuesta correcta a Dios. La adoración es algo que se ordena a todos, y es una reacción natural y correcta a la gloria de Dios.
B. Abarca toda nuestra vida. No es solo cantar una alabanza a Dios. Implica tanto nuestra adoración como nuestras acciones. La adoración no termina con lo que decimos, sino que incluye lo que hacemos.
C. Se deleita en la belleza de Dios y de Cristo. No se deleita en la experiencia de la adoración. En nuestra cultura evangélica, la adoración a menudo se refiere a las emociones que experimentamos al (quizá) cerrar nuestros ojos y cantar a Dios, y podemos quedar más atrapados en esa experiencia que en el Dios que se supone es el origen de esa experiencia. En cambio, deberíamos enfocar nuestros corazones y nuestras mentes en Dios y en Cristo cuando adoramos. Por tanto, si la adoración tiene mucha pasión, pero no hay un pensamiento genuino entonces no es verdadera adoración. Lo contrario también es cierto, si la adoración solo se trata de pensar en las cosas correctas, sin la intención de provocar afectos hacia Dios, también es demasiado falsa.

3. Definición de la adoración corporativa
Entonces, ya hablamos algo acerca de lo que es y no es la adoración. ¿Y la adoración corporativa, —el tiempo en el que nos reunimos como congregación públicamente con el fin de alabar a Dios? En base a lo que acabo de describir como adoración, podrías pensar que nuestro picnic como iglesia forma parte de la adoración corporativa, al fin y al cabo, hacemos todas las cosas para la gloria de Dios, y las hacemos juntos como congregación. Pero claramente hay algo más para la adoración como cuerpo que solo eso.

Afortunadamente, Dios nos ha orientado a través de la Escritura acerca de lo que pasa cuando una congregación se reúne en público con el propósito de adorar a Dios. En el Nuevo Testamento, vemos que se ordena a la iglesia que ore (Colosenses 4:2-4, 1 Timoteo 2:1-2), que lea la Palabra públicamente (1 Timoteo 4:13; Colosenses 4:15, 16), que escuche la predicación y la enseñanza (Hechos 2:42, 1 Timoteo 4:13), que bautice a los creyentes (Mateo 28:19) y que comparta la Cena del Señor (Hechos 2:42; 1 Corintios 11); se le ordena a animarse entre sí y alabar a Dios con cánticos (Efesios 5:19, Hebreos 13:15), y que dé de sus finanzas (1 Corintios 16:1-2). 1 Corintios 14:26 es claro: cada una de estas cosas que hacemos juntos, deben hacerse «para edificación de la iglesia».

Estas son cosas que el Nuevo Testamento nos enseña que hagamos cuando nos reunimos, ya sea por mandato o por ejemplo. ¿Pero qué hay de otras cosas? Podrías encontrar que hacer una larga caminata en las montañas puede ser una excelente forma de animar a tu corazón y tu mente para que alaben a Dios. ¿Qué pasa si cada dos semanas decidiéramos como iglesia ir a caminar el domingo por la mañana en lugar de reunirnos en el edificio? Nos estaríamos congregando, como se nos ordena en Hebreos 10, versículo 25, y estaríamos adorando a Dios. ¿Sería eso adorar corporativamente? Ciertamente no encajaría en el típico patrón de lo que la Biblia presenta para definir lo que la iglesia hace en el tiempo único en el que nos reunimos para adorar.

Esto nos lleva a un importante tema en la Escritura que vale la pena mencionar: Dios ha definido cómo deberíamos acercarnos a él corporativamente, por lo que es posible ofrecer adoración erróneamente.

Dios es infinito, sabio, omnisciente; nosotros somos finitos y pecaminosamente interesados en nuestra propia gloria. No podemos conocerle a menos que él se revele a nosotros, y no podemos entender qué tipo de adoración le complacerá a menos que él nos los dé a conocer.

Así, la Biblia deja muy en claro cómo debemos adorar a Dios, específicamente cuando lo adoramos juntos en público. Por ejemplo, en el segundo mandamiento (Éxodo 20:4), Dios prohíbe la adoración a través de imágenes, dejando claro que solo él reglamenta la forma en que se le servirá. Las consecuencias de este principio se aclaran cuando las personas construyen y adoran al becerro de oro, probablemente pensado como una representación de Dios, pero obviamente sin agradarle al Señor. Y luego, cuando Nadab y Abiú ofrecieron «fuego extraño» al Señor, un tipo de devoción «que él nunca les mandó», Dios los mató (Levítico 10:1-3). Jesús rechaza la adoración de los fariseos, citando de Isaías: «En vano me honran, enseñando con doctrinas mandamientos de hombre» (Marcos 7:7).

La Escritura es clara acerca de las maneras en que debemos acercarnos a él cuando nos reunimos públicamente. Dios así lo ha establecido para que nuestra adoración no se confunda con otras religiones y dioses; lo hace para que seamos bendecidos, ya que él sabe lo que es mejor para nosotros.

Todo esto para decir, cuando consideramos la adoración corporativa, debemos entender que la Biblia no nos da libertad para que improvisemos, sino que regula los elementos de la adoración y el contenido de nuestra adoración. Por supuesto, las formas de esos elementos de adoración pueden cambiar con el tiempo; en una generación es posible que cantemos a cappella; en otra podemos cantar con una guitarra y un retroproyector. Otro punto a destacar: la adoración corporativa es adoración pública. Es el tiempo en el que toda la iglesia se reúne, los inconversos son invitados y bienvenidos para aprendan acerca del verdadero Dios como vemos en 1 Corintios 14. A través de su adoración corporativa, una congregación proclama a Dios ante un mundo que le observa.

Entonces, en resumen, la adoración corporativa consiste en reunirnos públicamente como iglesia para acercarnos a Dios de acuerdo a sus instrucciones en la Escritura.

Una implicación clave de esto es que en el centro de nuestra adoración corporativa está la predicación expositiva. ¿Por qué? Porque la Palabra de Dios, y comprender lo que ella dice, es la cúspide de relacionarnos con Dios mientras él se da a conocer a su pueblo. El canto es, sin duda, parte de nuestra adoración, y es útil para enfocar nuestros pensamientos y conectar nuestras emociones. Pero la exposición de la Palabra de Dios es el centro de las reuniones de la iglesia.

4. La unidad en la adoración corporativa
Habiendo definido la adoración corporativa, pasemos al punto #4 y consideremos esta pregunta: ¿Cómo mantenemos la unidad en la adoración corporativa a pesar de nuestras distintas preferencias? Filipenses 2:2 nos dice que como iglesia debemos tener: «un mismo parecer, un mismo amor, unidos en alma y pensamiento» (NVI).
Entonces, ¿cómo abordamos la adoración corporativa cuando cada uno de nosotros tiene sus preferencias, gustos y aversiones con respecto a las formas de adoración corporativa como la música o el estilo del servicio? Continuando en Filipenses 2:3-4, leemos: «No hagan nada por egoísmo o vanidad; más bien, con humildad consideren a los demás como superiores a ustedes mismos. Cada uno debe velar no solo por sus propios intereses, sino también por los intereses de los demás» (NVI). Estamos llamados a someternos unos a otros por amor a Cristo, a amarnos unos a otros y servirnos mutuamente de esta manera, como lo hacemos en muchos otros aspectos de la vida de la iglesia.

La razón por la que hago hincapié en este punto es porque a muy menudo hoy, encontramos una extraña contradicción. La adoración corporativa es el único tiempo en el que centramos más conscientemente nuestra atención como un cuerpo en la gloria de Dios. Y, sin embargo, con mucha frecuencia la adoración corporativa es el aspecto de la vida de la iglesia que provoca mayor egoísmo.

¡Ese no debería ser el caso! Si piensas en la adoración corporativa como algo que solo involucra a Jesús y a ti, entonces ciertamente estarás decepcionado si no es tu estilo preferido. Necesitamos pensar en la adoración corporativa como algo que hacemos juntos como una familia, por amor los unos a los otros y hacia Dios. ¿Cómo aprendemos a pensar de esa manera?

Algo que puede ayudar es ver el domingo por la mañana como un sentido de nuestra desesperada necesidad por él. La adoración no se trata fundamentalmente acerca de nosotros; se trata de ver y disfrutar a Dios junto con la comunidad de la fe. Dejemos de lado el hambre porque nuestras preferencias personales sean suplidas, en cambio, anhelemos una conexión más profunda con nuestra congregación y un entendimiento de nuestro gran Dios.

Cuatro perspectivas de cómo podría verse esto:

A. Primero, el sacrificio. La adoración corporativa glorifica a Dios porque lo hacemos unidos, y esto implica sacrificio, al igual que muchas otras áreas de nuestra vida como iglesia.

B. Segundo, el crecimiento. Necesitamos recordar que en amor, podemos aprender a usar estilos y tradiciones de adoración que al principio pueden parecer extraños, para luego crecer en nuestro aprecio por ellos

C. Tercero, ser considerados. Debemos tener presente la importancia de no hacer cosas que distraerían a los demás en la congregación de adorar. Eso implica todo desde lo que usamos hasta cómo hablamos de las canciones con otros. Significa no burlarse de las canciones de una manera que impida que otros las usen para adorar; ¡eso significa que quienes escogen las canciones deben tener cuidado de no elegir canciones que sean fáciles de burlar!

D. Cuarto, la honestidad. Solo puede ayudar a nuestra unidad si somos honestos acerca de un par de cosas. Por un lado, nuestra iglesia tiene una cultura en particular. No puedes escapar de eso. Adoramos en castellano. Hemos tratado de dar prioridad al acompañamiento simple, para que el sonido de las voces de las personas sea lo más prominente. Valoramos las canciones con buen contenido de muchos siglos diferentes, por lo que gran parte de nuestra música se siente anticuada para algunos. Es bueno ser sinceros al respecto. También es bueno reconocer honestamente que esto significa que a algunas personas les costará adaptarse a la forma en que adoramos aquí. Para otros se siente cómoda, como la iglesia de la abuela; pero para otros se siente como una iglesia en Marte. Nos amamos bien si somos conscientes de que algunas personas pueden tener que sacrificar más sus preferencias, y si les escuchamos mientras lidian con eso y oramos por ellos en eso.

5. La adoración corporativa como una plataforma para la unidad
Ya hemos hablado acerca de cómo podemos trabajar en pro de la unidad en nuestra adoración corporativa; teniendo en cuenta nuestro tiempo, me gustaría discutir cuatro formas en las que nuestra adoración corporativa ayuda a nuestra unidad y a nuestro testimonio.

A. La adoración corporativa refleja nuestra unidad que glorifica a Dios.
Primero, la adoración corporativa es una oportunidad para reflejar la unidad que tenemos en Cristo. Es maravilloso cuando podemos estar solos en la mañana y adorar a Dios por alguna faceta de su carácter durante nuestros tiempos devocionales. ¡Pero hay algo especial cuando nos reunimos públicamente y adoramos a Dios juntos! Como nos recuerda Pedro, esta es una de las razones por las que Dios unió a judíos y a gentiles en la iglesia: ahora, dice: «Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable» (1 Pedro 2:9).

Esta es la razón por la que Jesús insiste tanto en que lidiemos con las áreas de desunión antes de la adoración. Dice en el Sermón del Monte: «Por tanto, si traes tu ofrenda al altar, y allí te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti, deja allí tu ofrenda delante del altar, y anda, reconcíliate primero con tu hermano, y entonces ven y presenta tu ofrenda» (Mateo 5:23-24).

Pablo hace eco de esta enseñanza cuando habla acerca de la Cena del Señor. Dice: «Porque el que come y bebe indignamente, sin discernir el cuerpo del Señor, juicio come y bebe para sí» (1 Corintios 11:29). ¿Qué significa no discernir el cuerpo del Señor? Pablo estaba hablando acerca de cómo los corintios celebraban la Cena del Señor en desunión, humillando a los pobres entre ellos. El cuerpo de Cristo al que se refiere es la iglesia. La unidad debe estar presente si queremos ofrecer un sacrificio de alabanza agradable a Dios, y cuando la unidad está presente, la adoración corporativa es el precioso desborde de la gloria de Dios. Por tanto, debemos regularmente, no solo en preparación para la Cena del Señor, examinar nuestras relaciones con los demás, así como nuestra relación con Dios.

B. Nos ayudamos unos a otros a adorar
Una de las grandes ventajas que tenemos cuando adoramos juntos como iglesia es que podemos ayudarnos mutuamente a comprender la gloriosa hermosura de nuestro Dios, y ayudarnos a expresar nuestra respuesta en alabanzas y agradecimientos alegres. Así, la adoración corporativa brinda una plataforma en la que podemos servirnos unos a otros.

Esto sucede en la estructura de nuestros servicios de adoración, cuando los músicos nos ayudan a cantar; cuando predican hombres que han estudiado arduamente para preparar un mensaje de la Palabra de Dios, y cuando nuestras voces y expresiones nos animan mutuamente a lo largo del servicio. El autor de Hebreos nos dice: «Y considerémonos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras» (Hebreos 10:24). Eso ciertamente incluye ayudarnos unos a otros a adorar.

Ahora bien, además de lo que acabo de mencionar, ¿de qué manera podemos ayudarnos a adorar a Dios cuando nos reunimos como congregación? Lo diré en forma de pregunta: ¿Cómo ayudas a los demás a adorar?

Algunas posibles respuestas a considerar:

  • Podemos discutir el texto del sermón con otros en preparación al domingo por la mañana.
  • Podemos cantar en voz alta y con alegría.
  • Podemos asistir regularmente a la Cena del Señor, y participar de ella dignamente.
  • Podemos conversar acerca del sermón y del servicio como un todo después de la iglesia.
  • Podemos expresar nuestra alegría unos a otros durante el servicio.
  • Podemos dar la bienvenida a quienes no conocemos.
  • Podemos fomentar una cultura de oración al reflexionar sobre las oraciones de los domingos por la mañana con otros así como lo haríamos con el sermón.
  • Podemos apagar el teléfono, no conversar en voz alta durante el servicio, sentarnos en medio de la banca y hacia el frente, llegar temprano, salir tarde, escuchar a los servidores, agradecer a los voluntarios durante el servicio… etc.

6. La adoración corporativa es edificante
Tercero, la adoración corporativa es una oportunidad para nosotros de edificarnos mutuamente. Te sorprendería descubrir en la Escritura que Dios no es el único a quien nos dirigimos durante los tiempos de adoración corporativa. Pablo escribe a los efesios, por ejemplo: «Anímense unos a otros con salmos, himnos y canciones espirituales. Canten y alaben al Señor con el corazón» (Efesios 5:19) (NVI).

Cuando cantamos el domingo por la mañana, o leemos la Palabra u oramos, no solo nos comunicamos con Dios, sino también entre nosotros. ¿Por qué es eso importante? Porque necesitamos que se nos recuerde las infinitas grandiosas verdades de la Escritura, temas a los que a menudo recurrimos en nuestros tiempos de adoración corporativa, que Dios nos creó, que él es perfectamente justo, que hemos pecado contra él, y que Jesús murió como nuestro sustituto en la cruz. Escuchamos estas verdades en el sermón, pero también ayuda a nuestros corazones escucharlas en las voces y en los rostros comprometidos de nuestros hermanos y hermanas a nuestro alrededor.

Así que, permíteme compartir algunas sugerencias específicamente en el área del canto acerca de cómo podemos usar nuestras canciones para edificarnos mutuamente:

A. Medita en el significado de las palabras cuando cantes, y piensa no solo en cómo esas verdades se aplican a ti, sino también a otros en la iglesia.
B. De manera natural y agradable para ti, y sin distraer a los demás, considera cómo tu lenguaje corporal puede animar a otros al cantar, quizá sonriendo en ciertas secciones, mirando a tu alrededor de vez en cuando.
C. Canta en voz alta junto con tus hermanos.
D. Esfuérzate por cantar como parte de un todo, incluso si no eres músico, escucha cómo cantan los demás, y combina tu voz con la de ellos. Escuchar a los demás es una excelente forma de aprender las canciones y de mejorar tu canto.
E. Si es posible, canta en partes. La riqueza y la llenura de la música emerge cuando las diferentes partes, que están impresas en el boletín, se cantan. Y quién sabe, podrías estar al lado de alguien que nunca ha sido lo suficientemente audaz para cantar una parte, y le ayudarás a dar ese paso.

7. La adoración corporativa brinda una probada del cielo
Finalmente, la adoración corporativa nos ofrece una probada de cómo será el cielo. El cielo es el lugar en el que toda la comunidad del pueblo de Dios morará junto a él eternamente, alabando su nombre y deleitándose en su gloria. Entonces, la adoración corporativa es una imagen de esa experiencia que podemos apreciar en esta vida. El autor de Hebreos pinta un hermoso cuadro en el capítulo 12: «Sino que os habéis acercado al monte de Sion, a la ciudad del Dios vivo, Jerusalén la celestial, a la compañía de muchos millares de ángeles, a la congregación de los primogénitos que están inscritos en los cielos, a Dios el Juez de todos, a los espíritus de los justos hechos perfectos, a Jesús el Mediador del nuevo pacto» (Hebreos 12:22-24).

Cuando nos reunimos para adorar el domingo por la mañana, obtenemos un destello de la gloria de esa congregación final en el cielo. Allí es cuando el cielo se siente más real y estimamos las cosas de Dios como valiosas. Necesitamos la imagen que la adoración corporativa brinda del cielo porque, a pesar de la corrupción de este mundo, el cielo es nuestro verdadero hogar. En el cielo, estaremos perfectamente unidos con Cristo. Por lo que la unidad que experimentamos cuando adoramos corporativamente en esta vida nos señala la unidad suprema que conoceremos en él en ese día.