Pastoreo

Sal y Luz en la Capital de la Nación: Una Perspectiva Pastoral

Artículo
27.11.2019

Cuando miro por la ventana de nuestra iglesia, veo el friso de mármol de la Suprema Corte y la enorme cúpula del edificio del Capitolio que se levanta justo detrás del mismo. Como pastor asociado de una iglesia que se encuentra simplemente a cinco cuadras del asiento del poder legislativo y judicial en América, constantemente recuerdo la necesidad de equipar a los miembros de la iglesia bautista Capitol Hill para que sean sal y luz para Reino de Dios en medio de la ciudad del hombre por excelencia. ¿Cómo hacemos esa tarea? A continuación cuatro pasos que hemos tomado.

Ciudadanos del Cielo

Primero, cada domingo nos reunimos como ciudadanos del cielo, no América. Las buenas nuevas del evangelio es que la pared divisoria de separación entre los griegos y judíos fue derribada y en Cristo cualquiera de nosotros puede convertirse en un ciudadano del cielo. (Efesios 2:14-22). Y así rompiendo con décadas de tradición en CHBC, hemos removido la bandera americana, no sólo de la plataforma sino del edificio. Al ser un gran destino turístico, cada domingo tenemos visitantes de alrededor del mundo. Pero no es sólo por nuestros visitantes que nos preocupamos por no confundir. Nuestra membresía incluye personas del Reino Unido, Irlanda, Singapur, Benin, China, Eritrea, Corea, El Salvador, Bolivia, Egipto, Moldavia, Rusia, Ucrania, y más. No todos nuestros miembros están de acuerdo con las políticas de América en el extranjero, políticas representadas en parte por esa bandera, pero todos estamos de acuerdo con que nuestras reuniones del domingo en la mañana son un anticipo a ese día cuando hombres y mujeres «de toda nación, tribu, lengua y nación» alabará al Cordero que está sentado en el trono (Apocalipsis 7:9-10).

Por extensión, no celebramos públicamente las exhibiciones patrióticas del 4 de julio o el día de Memorial, aunque tenemos el cuidado de orar por nuestra nación durante esos días en particular. No cantamos el himno nacional, o cualquier otra canción patriótica de la religión civil, como God Bless America o My Country ‘Tis of Thee. En cambio, todo lo que hacemos en nuestra adoración pública está diseñado para destacar que es nuestro compañerismo común en Cristo, y no nuestro origen nacional común, lo que nos une y reúne juntos.

La Prioridad de la Oración

Segundo, tomamos seriamente el mandato de Pablo de orar por «los reyes y por todos los que están en eminencia, para que vivamos quieta y reposadamente en toda piedad y honestidad.» (1 Timoteo 2:2) Y así cada domingo en la mañana, durante la oración pastoral, oramos por nuestro gobierno, independientemente de quien sea el presidente. Esto es también una oportunidad para enseñar a nuestra congregación como orar, y como pensar en aquellos que ejercen la autoridad tanto gubernamental como no gubernamental en nuestro país. Y así no sólo oramos por las diferentes ramas de nuestro gobierno y burocracia federal, sino que también oramos por los líderes de aquellas instituciones de nuestra sociedad que forman nuestros valores y prioridades culturales ̶ por los educadores y científicos y ejecutivos de los medios, sólo para mencionar algunos. ¿Qué oramos por estas autoridades? Oramos para que en su trabajo, promuevan la verdad en lugar de la falsedad, la justicia en lugar de la injusticia. Le pedimos a Dios para que le de sabiduría a estos líderes, y así puedan ejercer su autoridad bien en nombre de nuestra nación.

Y después de haber orado por nuestra nación, entonces luego oramos por el mundo. Cada domingo, oramos no sólo por la expansión del evangelio, sino que oramos por el bien de la gracia común de países específicos, presentando sus líderes por nombre si los conocemos. Al inicio de nuestras preocupaciones estará la promoción de la libertad religiosa y la libertad para convertir, pero también oraremos por la promoción de la alfabetización, la provisión de agua limpia y por el ejercicio de la justicia, sólo para mencionar algunos, porque sabemos que estas cosas también son importantes si el evangelio es difundido y los creyentes deben vivir vidas tranquilas en toda piedad y santidad.

La Plaza Pública

Tercero, equipamos a nuestros miembros para que sean sal y luz asegurándonos de que en nuestros sermones, la aplicación se extienda más allá de su propia vida personal como cristianos hacia las implicaciones públicas del evangelio. Cada semana en la preparación de nuestro sermón, los pastores trabajan a través de una cuadrícula de aplicaciones. Para cada punto del sermón, preguntamos, «¿qué significa esto para el individuo cristiano? ¿Para el individuo no cristiano? ¿Para nuestra iglesia? ¿Para nuestro entendimiento de Cristo? ¿Para nuestra sociedad?» Ahora, ¡no toda aplicación producida por esta cuadrícula estará en el sermón! Pero si asegura que como pastores, estamos buscando comprender y aplicar el texto bíblico que está más allá de su significado para el individuo cristiano. Eso ha resultado en nosotros pensar audiblemente con la congregación en la importancia del matrimonio para la sociedad, el papel fundamental de la libertad religiosa en la seguridad de todas las demás libertades civiles, la naturaleza corrupta del poder político y la importancia de buenas leyes, sólo para mencionar algunos.

Principios vs. Políticas

Finalmente, una distinción importante que mantenemos mientras tratamos de aplicar la Palabra de Dios a la esfera pública es la diferencia entre principio y política.

En nuestra iglesia, como probablemente sucede en la tuya, hay miembros de ambos lados del espectro político. No tienes que ser un miembro de cierto partido político para ser un miembro de la iglesia de Cristo, pero tienes que someterte a la Palabra de Dios. Es la Palabra de Dios y no la plataforma del partido que buscamos predicar cada semana, para que nuestros miembros puedan tomar esa Palabra e introducirla en los pasillos del Congreso, o en los corredores de la Ala Oeste, o los salones de conferencia del Departamento de Estado, o las salas de situación del Pentágono. Habiendo sido enseñados fielmente en la Palabra de Dios en todas sus implicaciones, nuestros miembros pueden y deben aplicar cada palabra a cada voto o decisión política específica que Dios les ha confiado en su llamado.

Tú puedes ser tentado a pensar que estos cuatro pasos sólo son importantes para una iglesia que está en la capital de la nación. Pero el hecho es, que estas cosas son importantes dondequiera que Dios te ha llamado, desde los campos de granos del medio-oriente hasta los pueblos rurales del sur, hasta los grandes centros urbanos a través de nuestra nación. Como cristianos, somos sal y luz cuando vivimos primeramente como ciudadanos del cielo, cuando somos fieles a orar para que el Rey de reyes supervise a los gobernantes de los hombres, cuando la Palabra de Dios forma nuestro entendimiento del mundo en que nos ha puesto, y cuando aplicamos su Palabra a las responsabilidades que nos ha confiado como mayordomos en la ciudad del hombre.