Clases esenciales: Evangelismo

Evangelismo – Clase 1: El Propósito de Dios

Artículo
05.05.2018

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Clase esencial
Evangelismo
Clase 1: El Propósito de Dios


Bienvenido al seminario básico «Evangelismo». Oremos antes de comenzar. 

Introducción

Esta mañana iniciamos un estudio de 13 semanas acerca de uno de los principales propósitos de nuestra vida: proclamar el evangelio de Jesucristo. En Mateo 28:18-20 leemos:

«18 Y Jesús se acercó y les habló diciendo: Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra. 19 Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; 20 enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo».

De eso trata toda esta clase. Queremos prepararte, animarte y exhortarte a ser un hacedor de discípulos.

La Biblia será nuestro texto clave durante las siguientes 13 semanas. Se han escrito infinidades de libros acerca del evangelismo, y señalaremos algunos de ellos ocasionalmente, pero creemos que Dios nos ha hablado en su palabra y que ella nos prepara para toda buena obra, incluyendo el evangelismo (2 Ti. 3:16-17).

Antes de pasar a ver las lecciones que estaremos cubriendo, quiero dejar algo muy en claro. Este curso no está dirigido a personas que simplemente quieren aprender acerca de cómo compartir su fe. En otras palabras, si tu intención es venir aquí, tomar algunas notas y guardarlas en un escritorio para acumular polvo… Por favor, no tomes este curso.

La Biblia es muy clara en que somos responsables de lo que conocemos. Lo último que quiero es enseñarte más lecciones de las cuales serás responsable ante Cristo en el día del juicio. Este curso no está diseñado para expertos o evangelistas profesionales… Este curso está diseñado para personas que desean, por la gracia de Dios, aprender cómo hablar mejor a otros acerca del Salvador que vino a rescatar a los pecadores de la ira de Dios. Este curso está diseñado para ser puesto en práctica.

Ahora bien, no digo esto para asustarte, pero si eres como yo, necesitas recordar la difícil realidad de que la que estamos hablando. El evangelismo tiene que ver con personas reales que necesitan un verdadero salvador. En esta clase estamos hablando acerca de la vida y la muerte, el cielo y el infierno. Estamos hablando acerca de personas siendo salvadas de la furia de la ira de Dios mediante la persona y obra de un salvador santo, Jesucristo. ¡Esto es serio!

Para la mayoría de nosotros, siendo honestos, el evangelismo es intimidante. Creo, no obstante, que Dios puede y nos dará gracia en abundancia para ser fieles al hablarles a otros acerca de su Hijo.

En la clase de hoy, esperamos hacer tres cosas:

En primer lugar, queremos dar una breve reseña de los temas de la clase a fin de que puedas conocer lo que estaremos cubriendo en las próximas semanas.

En segundo lugar, iremos desde Génesis hasta Apocalipsis para obtener  el panorama general de lo que Dios está haciendo en la historia (Pasaremos la mayor parte del tiempo en Génesis).

En tercer lugar, resaltaremos varias implicaciones acerca del evangelismo que revisitaremos a lo largo del semestre.

1. Reseña

Cuando abordamos el tema del evangelismo, hay numerosas áreas que podríamos discutir, pero en esta clase hemos seleccionado lecciones que consideramos más importantes y también algunas más prácticas en la segunda mitad, ¡con quizá un profesor invitado o dos!

Títulos y descripción

1. ¿Te interesa lo que a Dios le interesa? El evangelismo y el propósito de Dios en la historia.
2. ¿Cuál es nuestro papel en el evangelismo? La soberanía de Dios y la responsabilidad del hombre.
3. ¿Qué es el evangelio? La definición de la verdad que salva a los pecadores.
4. ¿Y a ti qué te pasó? Aprende cómo compartir el evangelio a través de tu testimonio.
5. ¿Ellos también creen esto? La iglesia local y el poder del testimonio corporativo.
6. ¿Cómo puedo hacer que otros participen? El discipulado de otros en el evangelismo.
7. ¿Y si me rechazan? Rechazo, seguimiento y el miedo del hombre.
8. Pero, ¿y si preguntan…? Respuestas a objeciones contra el evangelio.
9. ¿Cómo puedo empezar? Sé intencional y estratégico en el evangelismo.
10. ¿Cómo puedo compartir el evangelio con mis familiares, amigos y compañeros de trabajo?
11. ¿Cómo puedo compartir el evangelio con católicos?
12. ¿Cómo puedo compartir el evangelio con judíos?
13. ¿Cómo puedo compartir el evangelio con musulmanes?

2. El panorama general de la Escritura

Ve conmigo a Génesis 1:1: «En el principio creó Dios los cielos y la tierra».

¿Alguna vez te has preguntado por qué Dios estaba solo?

¿Estaba Dios aburrido?

¿Necesitaba Dios a la creación y al hombre porque le faltaba algo?

En una ocasión escuché a un predicador explicar que «un día Dios se sintió solo, por eso creó al hombre para poder tener a alguien a quien amar». Eso es realmente triste, ¿no?…  pobre Dios. Pero, ¿es eso cierto?

Pienso que una de las mejores formas de responder a la pregunta de por qué Dios creó, es hacer la pregunta «quién». ¿Quién es este Dios que creó? Entonces, dime, cuando leemos la Biblia, ¿a quién vemos que Dios se revela?

¿Cuáles son las características de Dios? Las citas serían muy útiles[1].

Una de las cosas más increíbles que vemos acerca de Dios como se ha revelado es que él es la Trinidad. Dios el Padre, Dios el Hijo y Dios el Espíritu Santo son las personas divinas distintivas que han existido eternamente como el único Dios verdadero. Aunque podríamos hablar durante siglos de lo que significa que Dios sea trino, quiero que consideremos un aspecto en particular de esta realidad. Que Dios sea la Trinidad resalta el hecho de que él es capaz de amar. El Padre ha amado eternamente al Hijo y el Hijo ha amado eternamente al Espíritu, han habitado desde siempre en una perfecta relación de amor y gloria.

Es importante que hablemos acerca de esto porque nos ayuda a entender que cuando Dios creó el universo y las personas que en él viven, no lo hizo porque necesitara algo. Dios no estaba solo ni aburrido. Siempre ha sido y seguirá siendo perfecto y completo en quien él es.

Al contrario, Dios creó por amor, por el deseo de compartir su gloria. Lo más amoroso que Dios puede hacer es compartir quién es él. Y por esa razón, la Biblia dice que Dios creó todas las cosas para reflejar su gloria en toda su plenitud y permitirnos compartir su amor junto con otros seres (Is. 43:7).

Ve conmigo a Génesis 1:26 y 2:7-9. En estos versículos observamos que Dios creó al hombre a su imagen y semejanza. Esto quiere decir, en cierto sentido, que Dios nos hizo para ser como él. Dios nos ha creado para plasmar su carácter, para gobernar su creación como sus administradores y para tener una relación con él. Dios nos creó para conocerlo, para reflejarlo y amarlo.

Sin embargo, la relación de Adán y Eva con Dios no era un concepto abstracto. Más bien, era una relación de bendiciones y límites. Lee Génesis 2:16-17 conmigo.

¿Qué vemos en estos versículos?

Primero, quiero que notes la libertad que Dios les da a Adán y Eva… «De todo árbol del huerto podrás comer».

¿Lo viste? «¡Es todo suyo! ¡Lo hice para ustedes! ¡Disfrútenlo! ¡Coman de esos árboles y con cada mordida recuerden que yo se los di para su deleite!». Dios creó al mundo bueno y lo creó para nuestro disfrute… y eso da gloria a Dios.

El disfrute, no obstante, debe ser cuidado por la verdad de Dios. A la luz de esto, nuestra segunda observación debería ser la restricción. Dios da un mandato y una consecuencia en el versículo 17: «mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de él comieres, ciertamente morirás». 

Dios es santo, él es santo, santo, santo. Si el hombre se revelara contra él, él lo juzgaría. El hombre fue creado para conocerlo, disfrutarlo y adorar a Dios. Al hacer esto, el hombre glorifica a Dios.

Antes de avanzar, quiero que leas Génesis 2:25.

¿Puedes imaginar eso? Un mundo perfecto. Sin miedo. Sin celos. Sin recuerdos inquietantes. Sin corazones endurecidos. Sin lamentos. Sin culpa. Sin vergüenza. No conocían otra cosa que la vida, el amor, el gozo, la libertad y la perfecta santidad. Para eso fuimos creados.

Sin embargo, las cosas cambian. Mira Génesis 3:1-6.

Un nuevo personaje aparece en escena. Un mentiroso, un tentador, un impostor, la Biblia dice que su nombre es Satanás. ¿Qué hace Satanás aquí? Él tienta a Eva. Le dice: «¡Dios te está conteniendo! ¿Quieres verdadera libertad? ¿Verdadera felicidad? ¿Verdadera emoción? Confía en mí, toma un bocado. Dios no sabe qué es lo mejor, ¡las cosas mejorarán si tan solo satisfaces tus deseos!». ¿Acaso suena familiar? El mismo viejo cuento. Eva lo escuchó y Adán también.

Comieron lo que Dios les había prohibido. Rechazaron a Dios. Se rebelaron contra el Señor de gloria y siguieron su propio camino.

¿Y qué sucedió? ¿Las cosas mejoraron? No. De hecho, tal y como Dios lo prometió, murieron. El pecado entró y cada aspecto de su mundo fue quebrantado. Lee Génesis 3:7.

El pecado destruyó su conocimiento de quiénes eran. Una vez fueron libres, ahora están llenos de vergüenza, miedo y culpa. Entonces, ¿qué hicieron? Se remendaron con hojas de higuera. Cualquier cosa para quitar el dolor. ¿Suena familiar? Es lo mismo que vemos en nuestro mundo hoy. El pecado nos ha confundido y ahora nos escabullimos con hojas de higuera que se parecen a carros, relaciones pecaminosas, logros, portafolios, cualquier cosa… cualquier cosa para adormecer el dolor. Pero la destrucción del pecado no para ahí.

Lee conmigo Génesis 3:8-11. Estos son algunos de los versículos más tristes en la Biblia. Dios y el hombre solían caminar juntos en las horas frescas del día (¡hablando de tiempos tranquilos!) Ya no más. Ahora se esconde de él por miedo. ¿Qué hace Dios? ¿Qué dice Dios? Esta es la primera pregunta en la Biblia: «¿Dónde estás?». ¿Por qué Dios preguntó esto? ¿Estaba confundido? No. ¿Qué estaba haciendo? ¿Qué quería de ellos? Quería una confesión. Quería que salieran y dijeran… Lo hice. Pequé. Comí. No confié en ti. No creí que tus caminos eran justos o que tú eras bueno. Pequé. En cambio, se escondieron. Y eso es lo que hemos estado haciendo desde entonces. Nos escondemos. Inventamos excusas, desarrollamos filosofías, evocamos falsas religiones, hacemos lo que sea para justificarnos. Nos escondemos. Pero la pregunta de Dios es la misma… «¿Dónde estás?». Esta pregunta, por cierto, es parte del evangelismo. En nombre del Señor vamos y les pedimos a las personas que sean honestas acerca de dónde están con Dios.

Finalmente, observa que el pecado también destruye su relación entre sí. Lee Génesis 3:12. ¿Qué ha pasado con su relación perfecta? Ahora está llena de resentimiento, culpa y amargura. Adán culpa a Eva y a Dios. Esto es lo que hace el hombre pecaminoso. El pecado odia ser expuesto y hará lo que sea para evitarlo, especialmente culpando a otros.

Entonces, ¿qué debería haber hecho Dios aquí? Debería haberlos aplastado. Porque él es santo, debería haberlos destruido, juzgado y expulsado para siempre bajo su ira en el infierno. Eso es lo que Dios haría si fuera justo. Pero en cambio… Dios promete destruir a otro. Dios promete juzgar a otro. Dios promete derramar su ira sobre otro.

Mira Génesis 3:14-19. En estos versículos Dios responde a la rebelión del hombre proclamando una maldición triple sobre Satanás, la mujer y el hombre. A Satanás: sobre tu vientre andarás. A la mujer: dolor en el parto y lucha en tu rol. Al hombre: dolor en el trabajo. Espinas y cardos producirá la tierra. A toda la humanidad: morirás.

Sin embargo, observa que Dios no solo los maldice. También les da una promesa… una promesa que guiará el curso de la historia y la esperanza del mundo.

Ve nuevamente Génesis 3:15. Cuando maldice a la serpiente, Dios dice esto: «Y pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; ésta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar». 

Dios da la promesa de que un hombre vendrá, será herido o lastimado por la serpiente, pero que al final, él aplastará su cabeza. Dios promete enviar un libertador. Uno que hará frente al enemigo y lo derrotará pero que en el proceso él mismo será herido. ¿Suena familiar? Esto es llamado el protoevangelio: la primera proclamación del evangelio.

Después de esta promesa Dios les da una imagen para ayudarles a recordar la promesa. Ve conmigo Génesis 3:21. ¿Qué ha hecho Dios allí? Dios les hizo túnicas de pieles. ¿Cómo consigues túnicas de pieles? Algo tiene que morir. La sangre de un animal inocente es derramada y ahora Dios quita las hojas de higuera de Adán y Eva y los viste con las túnicas inocentes de uno que murió en su lugar. ¿Suena familiar? Esta es una ilustración de lo que Dios hace por aquellos que confían en Cristo.

En Génesis 3:24, Dios expulsa a Adán y Eva del huerto, pone un querubín con una espada encendida para impedir el acceso al árbol de la vida… y comienza la espera.

¿Quién será la simiente de la mujer?
¿Cómo será?      
¿Cómo lo reconoceremos? 

De esto trata el resto del Antiguo Testamento, expectativa, ¡alguien viene! ¡Viene un libertador  que derrotará a Satanás, que los vestirá con inocencia y los restaurará para Dios!

Pero, ¿quién vendrá?
¿Quién será este cordero inocente? 

Génesis 5 enumera nombre tras nombre como una agenda telefónica hasta un hombre llamado Noé, cuyo nombre significa «descanso». Entonces, el lector se pregunta: ¿Será Noé quien dará descanso al mundo manchado de pecado? No en forma definitiva, pero recibimos otra representación de Cristo. Dios prometió que se avecinaba un diluvio y que cualquiera que entrara al arca con fe pasaría por el juicio y sería llevado a un mundo nuevo. ¿Suena familiar?

Después del diluvio, la rebelión del hombre continuó y construyeron una torre donde buscaban exaltarse hasta los cielos para su propia gloria. ¿Qué hizo Dios? Los juzgó y los esparció confundidos y sin dirección. Pero en medio de esa oscuridad, Dios llamó a un hombre llamado Abraham por medio del cual nacería la nación de Israel. Él prometió a Abraham que sería bendecido y que a través de sus descendientes todo el mundo también lo sería. De aquí podemos entender que la simiente de la mujer, la simiente prometida, sería un descendiente de Abraham.

Desde ese momento la historia de Israel es así… se mudan a Egipto por causa de una hambruna de la cual Dios los liberó. Se convierten en esclavos bajo las órdenes de un malvado faraón del cual Dios los libera por medio de un hombre llamado Moisés. Uno de los últimos actos de liberación llegó cuando Dios llamó a la nación a derramar la sangre de un cordero inocente y untarla en los marcos de sus puertas como testimonio de su fe en la promesa de Dios de pasar por alto sus pecados y no juzgarlos. Quienes lo hicieron, vivieron, y quienes no, perdieron a su primogénito en el juicio.

Seguido de esto, Dios milagrosamente los guió a través del mar Rojo y hasta un lugar llamado monte Sinaí. Allí Dios dio su ley a su pueblo para que conocieran quién es él y cómo él exige que ellos vivan. En vista de que Dios sabía que no cumplirían su ley perfectamente, proveyó un sistema sacrificial mediante el cual un sacerdote ofrecía un cordero inocente como un acto de fe de que Dios pasaría por alto sus pecados. Ahora bien, sabemos por el Nuevo Testamento (Hebreos 9-10) que estas ofrendas eran simples sombras que apuntaban a un sacrificio superior que habría de venir… tenían la intención de causar anticipación. Año tras año… animales y sangre… ofrendas y oraciones.

En el transcurso, Israel se rebelaba constantemente y Dios trataba con ellos por su pecado, pero nunca los olvidó ni abandonó. En cambio, les hizo más promesas y les dio más de su misericordia. En los días de Samuel, pidieron un rey para ser igual al resto de las naciones (1 S. 8). Luego de haber recibido a un rey malvado, Dios promete levantar a un rey conforme a su corazón. Promete que sería un rey del linaje de Dios quien tendría una casa, un trono y un reino que nunca acabarían (2 S. 7:12-13).

Dios también promete a su pueblo que este rey eterno nacería de una virgen (Is. 7:14), en Belén (Mi. 5:2) que haría milagros (Is. 35:5-6) y que finalmente sería un siervo sufriente que «sería herido por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados» (Is. 52:12-53:12). Dios anunció todo esto para despertar la fe en su pueblo para que confiaran en que él traería a esta simiente de la mujer que aplastaría la cabeza de la serpiente.

Ese es básicamente el Antiguo Testamento en pocas palabras, Dios dando pacientemente promesas a sus hijos para que esperaran con expectativa su cumplimiento. 

¿Dónde está nuestro salvador?
¿Dónde está el nacido de una mujer?
¿Dónde está el nacido de Abraham?
¿Dónde está el rey nacido de David?
¿Dónde está nuestro sumo sacerdote?
¿Dónde está el último cordero? 

Bueno, entonces, en la plenitud de los tiempos, Dios entregó el nacimiento de su Hijo Jesús a la virgen María en la ciudad de Belén. Miles de años de promesas habían hecho eco de ese fatídico día en el huerto del Edén, y finalmente se cumplieron. Jesús vino y vivió una vida perfecta, realizó grandes milagros, proclamó el reino de Dios y la esperanza para aquellos que se arrepintieran y creyeran en él. Pero en lugar de abrazar a Jesús como su Señor, los líderes religiosos de la época ordenaron que fuera ejecutado. Y así fue.

Jesús, el santo Hijo de Dios, fue abandonado por aquellos a los que él vino a salvar. Fue traicionado, arrestado, burlado, golpeado… y fue crucificado. En ese momento, toda la historia quedó totalmente clara. Años atrás en un huerto, la humanidad había fallado porque le había dado la espalda a Dios para probar de un árbol… y ahora… después de muchos días bajo el reinado del pecado… ese mismo Dios fue abandonado otra vez… pero esta vez por su bien. Jesús fue clavado a un madero para recibir la maldición, la vergüenza y el juicio que nosotros, humanos pecaminosos, merecíamos. ¿Recuerdas cuando Dios maldijo la tierra tras la caída de Adán? ¿Recuerdas lo que surgió del suelo? Espinas y cardos. Ese día, en la cruz, Jesús llevaba una corona de espinas… no una corona de oro, plata o joyas, más bien… la gloria de nuestro rey era llevar nuestra maldición sobre su cabeza. La ira y la furia de Dios por el pecado se derramaron sobre el santo Hijo de Dios. Antes de morir, gritó: «¡Consumado es!»…y así fue. Había venido a morir por los pecadores y a satisfacer la ira de Dios… todo había terminado.

¿Recuerdas que sucedió después de que Jesús murió? El velo del templo se rasgó en dos (Mt. 27:51). El velo fue creado para impedir que el hombre pecador se acercara al Dios santo. ¿Sabes qué estaba bordado en el velo del templo? Éxodo 26:31 nos dice que eran querubines. ¿Recuerdas cuando Adán y Eva fueron expulsados del huerto, lo que Dios puso para apartarlos del árbol de la vida? Un querubín con una espada. A través de la muerte de Cristo, ahora tenemos acceso al lugar donde está Dios. A través de su muerte, se rompe el velo, se quita la espada y nuevamente podemos conocer a nuestro Creador.

Luego de que Jesús murió lo colocaron en una tumba. Y durante tres días permaneció muerto. Hasta esa fatídica mañana cuando Dios removió la piedra, ¡y el mundo vio que Jesús había resucitado de los muertos! ¡Él está vivo! ¡El Hijo de Dios derrotó al pecado, a Satanás y a la muerte! Después de su resurrección, apareció durante 40 días a muchos y les dijo a sus discípulos que se iba a ir. Pero mientras él no está, les ha dejado la mayor de las tareas: Mateo 28:18-20 Jesús dice: «Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra. Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo». Después de decir estas palabras (que son paralelas a las de Hechos 1:8) ascendió a la diestra del Padre, donde ahora intercede por nosotros.

El día de Pentecostés llegó 10 días después de la ascensión de Jesús. En ese día, Dios dio el Espíritu Santo a sus discípulos. Después de esto, llevaron el evangelio a los confines de la tierra llamando a las personas a que se arrepintieran y creyeran en Jesús, el Señor prometido y el Salvador del mundo. Le dijeron al mundo que Jesús era un rey que vendría pronto a juzgar a sus enemigos, pero que también era un rey bondadoso que se deleitaba en extender misericordia. Se mantuvieron fieles al mensaje del evangelio y por él padecieron persecución, aflicción, sufrimiento y el gozo de ver a muchos confiar en Cristo.

Esto es lo que ha estado sucediendo durante los últimos 2000 años de historia. Los seguidores de Cristo han estado entregando sus vidas para proclamar las buenas noticias de que Dios salva a los pecadores que confían en Cristo. Por esa razón, estamos aquí esta mañana, porque creemos que Jesús es nuestro Señor y Salvador y que la única esperanza para el mundo es que crean en él.

Mientras proclamemos el Evangelio, tengamos en cuenta el hecho de que la misericordia de Dios no durará para siempre. Llegará un día en que Jesús regresará y llamará a todas las personas a rendir cuentas. Ve conmigo rápidamente a Apocalipsis 19:11-16 [lee]… Jesús viene a juzgar al mundo.  Apocalipsis 20:11-15 [lee]… viene un día de juicio. Pasa a Apocalipsis 21:1-6 [lee], ahora 22:1-4 [lee].

¿Puedes ver dónde terminamos? Estamos de vuelta en Edén. Un cielo nuevo y una tierra nueva. Un nuevo árbol de la vida y un nuevo río de agua de vida. No hay espinas en esta costa. No hay llanto en este huerto. Estamos una vez más frente a frente a nuestro creador.

Ahora que hemos ido desde Génesis hasta Apocalipsis, me gustaría concluir con algunos principios de este estudio a los cuales regresaremos durante nuestro tiempo juntos.

3. Lecciones que debemos recordar

A. El propósito de la historia es dar gloria a Dios (Is. 43:7; 1 Co. 10:31; Col. 1:16).

Esto significa que todo lo hacemos en la vida, incluyendo el evangelismo, finalmente es para reflejar al mundo que Dios es digno de todas nuestras vidas. Esto debería ser nuestra principal motivación al proclamar el evangelio. Como John Piper dice en su libro ¡Alégrense las naciones!: «Las misiones existen porque la adoración no existe». Eso quiere decir que la razón por la que proclamamos el evangelio, en casa o en el extranjero, es porque las personas no están adorando a Cristo correctamente. Deberíamos llamarles a adorarle para que él reciba la gloria que merece.

B. Dios es el evangelista, él se deleita en salvar a los pecadores (Lc. 19:10; 1 Ti. 1:15).

Debemos recordar que Dios es el único que tiene compasión por los perdidos y que él los está buscando y los está salvando. Nosotros simplemente nos unimos a él en su gran propósito. Nuestro propósito en la vida debe estar determinado por el propósito de Dios. Así como hemos visto su gran amor por los pecadores en nuestra propia salvación, debemos deleitarnos en unirnos a él para ayudar a que otros lleguen a conocerlo.

C. Se nos ha encomendado el honor y la responsabilidad de proclamar el evangelio (Mt. 4:19, 28:18-20; Hechos 1:7-8; 2 Co. 5:16-21; 2 Ti. 4:5).

El evangelismo no es una opción para el creyente. Es un mandato y una responsabilidad. También es un honor. Tenemos la privilegiada posición de presentar a las personas al rey de reyes.

4. Tarea

¿Tarea? Sí, tarea. Cada semana te daremos algunas asignaciones para ayudarte a crecer durante la semana y a prepararte mejor para ser un evangelista fiel.

A. Ora.
– Que Dios te de un corazón por los perdidos.
– Que Dios abra las puertas para compartir el evangelio.
– Que Dios te de tres personas con las cuales compartir el evangelio, ¡puede ser cualquiera creado a imagen de Dios!

B. Lee el folleto 2 Ways to Live.

Oremos.

 

 

[1]Espera escuchar cosas como soberano, misericordioso, celoso, colérico, santo, omnipresente, omnisciente, omnipotente, eterno, personal, amoroso. Recomiendo traducir los «omnis».