Clases esenciales: Cristianos en el lugar de trabajo

Cristianos en el lugar de trabajo – Clase 2: El problema con el trabajo

Artículo
26.02.2019

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Clase esencial
Cristianos en el lugar de trabajo
Clase 2: El problema con el trabajo


Oremos antes de iniciar.

La semana pasada estudiamos la historia del trabajo: la Creación, la Caída, la Redención y la Restauración. Esta mañana queremos mirar más de cerca esa segunda parte: cómo la Caída ha afectado el trabajo. En eso consiste nuestras vidas actualmente, trabajar en un mundo caído. Luego, en las próximas tres semanas, veremos la tercera parte: la Redención.

Así que el tema de hoy es el problema con el trabajo.

Como discutimos la semana pasada, trabajar en un mundo caído no es fácil. En lugar de sentir la satisfacción de poner orden en medio del caos, sentimos la frustración de un lugar de trabajo caótico. En lugar de ver nuestro trabajo como un acto de adoración, sentimos la tentación de adorar nuestros trabajos. ¿Por qué nuestros trabajos de hoy no se ven como el cuadro de Génesis 1 y 2?

La respuesta corta es Génesis 3. Adán y Eva decidieron trabajar para sí, priorizaron lo que ellos pensaron era mejor por encima de lo que Dios pensaba que era mejor. En vez de representar a Dios al cultivar el mundo como él quería, usaron el mundo para sus propósitos.

El trabajo nunca ha sido el mismo desde entonces. El trabajo en este mundo puede ser fatigoso, doloroso y tedioso. También puede ser fútil: cortas el césped hoy y crece mañana. Trabajas duro para aprobar leyes este año, y el próximo año, vienen otros y deshacen lo que hiciste. El pecado hace mella en nuestro trabajo, y nuestro trabajo está limitado a lo que puede lograr, a cuánto tiempo puede durar, y a la satisfacción que podemos obtener de él. «Vanidad de vanidades» fue como Salomón lo describió.

Así que antes de avanzar en la clase, hablemos acerca de esto. ¿Cuáles son algunos de los problemas de trabajar en un mundo caído?

Quizá más que cualquier otra cosa, el problema de trabajar en un mundo caído es que es demasiado fácil para nosotros fracasar en cumplir los planes de Dios para nuestro trabajo. Así que esta mañana veremos dos categorías básicas de fracaso. Primero, podemos hacer de nuestro trabajo un ídolo. Y segundo, podemos estar inactivos en el trabajo. Los peligros del lugar de trabajo. Nuestro enfoque el día de hoy.

LA ÍDOLATRÍA

[Inserta una historia de cómo convertiste tu trabajo en un ídolo. Aquí hay un ejemplo de Sebastián, de cuando originalmente escribió esta clase]. Recuerdo la primera vez que me di cuenta de que el trabajo se había convertido en un ídolo para mí. El momento llegó justo después de un momento importante en mi trayectoria profesional. Un amigo y yo habíamos empezado una compañía, y durante los últimos años nos habíamos volcado con todo, corazón, cuerpo y alma, y la compañía iba bien. Tras cinco años en la empresa, por todo tipo de razones, decidimos que había llegado el momento de vender la empresa. 

Todavía recuerdo el cierre. ¡Fue un gran día! También fue el comienzo de una nueva etapa en mi vida. Dios estaba a punto de enseñarme algo nuevo acerca de mí y acerca de la forma en que abordaba mi trabajo. Una vez que el polvo se había asentado con la venta, me enfrenté a una nueva realidad: tenía que encontrar algo más que hacer. Ansioso, optimista y emocionado de ver a dónde me llevaría Dios en mi vida profesional, comencé a buscar nuevas oportunidades. 

¿Cómo pasó esto? ¿Por qué experimenté un cambio tan profundo de mis emociones y esperanzas? ¿Por qué mi fe fue sacudida tan profundamente? Mirando en retrospectiva, puedo ver por qué. Mis esperanzas no estaban arraigadas en Dios; habían estado arraigados en mis circunstancias, en mi éxito profesional y en mi capacidad de controlar el futuro. El trabajo se había convertido en un ídolo para mí. Mi sensación de bienestar, mi propia identidad como persona, estaba envuelta en mi éxito profesional. Una vez que se fue, quedé devastado. Mi dios había sido arrancado. Y caí duro.

¿QUÉ ES UN ÍDOLO?

¿Qué significa cuando decimos que una persona ha hecho de su trabajo un ídolo? ¿Quiere decir simplemente que él/ella trabaja demasiado? ¿Es idólatra disfrutar lo que hacemos, encontrar placer en nuestro trabajo? ¿Qué hay de disfrutar lo que hacemos mucho? ¿Está mal querer dejar nuestra huella en el mundo (como dijo Steve Jobs una vez)? Estas pueden ser todas motivaciones perfectamente buenas para nuestro trabajo, y ninguna de ellas está necesariamente errada. El problema comienza cuando nuestra búsqueda de disfrute o influencia o estatus en nuestro trabajo empieza a hacer de nuestro trabajo la fuente de máxima satisfacción o importancia para nosotros. Cuando eso ocurre, nuestro trabajo se ha convertido en nuestro dios.

La Biblia nos dice que nuestros corazones son desesperadamente propensos a adorar ídolos. Somos adoradores por nuestra naturaleza como seres humanos. Encontraremos algo ante lo cual inclinarnos, algo a lo cual entregar nuestras vidas y devoción. Adoraremos algo. Centraremos nuestras vidas alrededor de algo.

¡Nuestra compulsión de adorar no es algo malo! Dios nos creó para adorar. La adoración es algo muy bueno siempre y cuando el objeto de nuestra adoración sea digno de nuestra adoración. Entonces, ¿cuál es el objeto digno de recibir nuestra adoración? Solo Dios. Jesús una vez dijo: «Al Señor tu Dios adorarás, y a él solo servirás» (Lucas 4:8). Nuestra adoración debería estar reservada para Dios. Solo él debería dirigir nuestra máxima devoción, y solo alrededor de él deberíamos centrar y organizar nuestras vidas. Cuando ese lugar de orgullo se dirige a cualquier otra persona o cosa, hemos inclinado nuestras rodillas ante un ídolo.

En el Antiguo Testamento, los ídolos eran justo como los imaginarías, las pequeñas estatuas que Indiana Jones robó del Templo del Destino. En la actualidad, se han vuelto más sofisticados, pero nuestra tendencia de adorar otras cosas en lugar de Dios sigue siendo tan fuerte como siempre. Para muchos hoy día, su pasión es su trabajo y todas las cosas que éste puede proveerles: dinero, estatus, identidad, placer y propósito. Quizá no estemos dispuestos a admitirlo, pero adoramos nuestros trabajos.

Lucas 18:18-29 nos ayuda a comprender mejor lo que significa dejar que algo se convierta en un ídolo para nosotros. Un joven rico se acerca a Jesús para aprender lo que se necesita para heredar la vida eterna. Cuando Jesús le responde, ¡el hombre entusiasmado dice que eso es exactamente lo que él ha hecho toda su vida! Pero entonces Jesús investiga el área de su vida que el joven quiere conservar para sí. «Aún te falta una cosa», dice Jesús. «Vende todo lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven, sígueme». La Biblia dice que cuando el joven escuchó esto «se puso muy triste, porque era muy rico». De este modo, Jesús reveló el ídolo del hombre: su amor por el dinero y la seguridad y el estatus que le proporcionaba. Su ídolo le impidió seguir a Jesús.

¿Ves el punto de esta historia? Nos brinda una de las ilustraciones más claras y simples de la idolatría en toda la Biblia. Un ídolo es siempre algo que deseas más de lo que deseas a Jesús.

¿HACES DE TU TRABAJO UN ÍDOLO?

Es fácil hacer de tu trabajo un ídolo. Nuestra cultura nos impulsa a ser exitosos, pero el éxito se define típicamente de maneras específicas. Piensa en las conversaciones que tienes cuando conoces a alguien nuevo. Una de las primeras preguntas que probablemente haces es: «¿A qué te dedicas?». En este punto, la presión está en convencer a la otra persona de que lo que hacemos es importante y de que somos buenos en ello. Las señales sociales que nos rodean nos llevan a encontrar nuestra identidad en nuestros trabajos, en las cosas que hacemos.

Idolatrar tu trabajo, sin embargo, es más que solo una mala idea; es un peligro espiritual letal. Si tu búsqueda de gozo, satisfacción y significado se centra en «lo que haces» y en «lo que estás logrando», no encontrarás más que vacío al final de ese camino. La satisfacción profunda y duradera solo puede encontrarse cuando nuestra adoración está dirigida al único que la merece: Jesucristo.

¿Cuáles son algunas de las señales de advertencia de que esto está sucediendo? He aquí algunas de las maneras más comunes en que podemos idolatrar nuestros trabajos. Ve si alguna de ellas te describe.

  1. Tu trabajo es la fuente principal de tu satisfacción. Es fácil buscar satisfacción en tu trabajo, encontrar tu gran propósito en el desempeño laboral y el éxito en el lugar de trabajo. Para algunos, este tipo de idolatría toma la sutil forma de insistir en que harán solo lo que fueron «hecho para hacer» y se niegan a hacer, o a hacer bien, otra cosa que no sea lo que les apasiona. Para otros, esto puede tomar la forma de una frustración constante y persistente, una sensación de que su trabajo no es completamente satisfactorio. Para otros, es lo opuesto: una autosatisfacción profunda en lo que ya han logrado.

Pero el problema es que, ¡Dios no creó nuestros trabajos para hacer esto! Es como el niño que se enoja porque su bicicleta no puede volar. Bueno… ¡no se supone que haga eso! Lo mismo aplica para nuestros trabajos. Nuestros trabajos nunca fueron creados para llevar el peso de proporcionarnos satisfacción profunda y duradera. Y cuando intentamos hacer que lleven esa carga, terminamos decepcionados rápidamente.

  1. Tu trabajo consiste en hacerte un nombre. No hay nada inherentemente malo con trabajar duro y hacer bien tu trabajo. De hecho, ¡eso es algo que Dios nos demanda! El problema está en nuestro deseo de ser reconocidos por ser buenos en algo. Esto puede convertirse fácilmente en un ídolo. Queremos dar una buena impresión. Queremos que la gente nos vea y alabe por nuestras capacidades. A menudo, esto se revela como una mentalidad incorrectamente competitiva. No solo queremos un buen trabajo, queremos ser vistos como mejores que otros. Finalmente, lo que estamos buscando es la gloria.
  1. Tu trabajo consiste principalmente en hacer una diferencia en el mundo. Otra manera en la que nuestro trabajo se convierte en un ídolo es cuando pensamos que el propósito final de nuestro trabajo es brindar algún beneficio a las personas que nos rodean. Hay algo profundamente correcto acerca de un deseo por querer hacer una diferencia en el mundo en el que vivimos. Pero ese deseo también puede elevarse hasta convertirse en un ídolo si creemos que el valor de nuestro trabajo está determinado finalmente por su impacto en el mundo.

¿De qué manera? Bueno, nuestro trabajo nos llena de orgullo, tomamos el crédito de las cosas que nuestro trabajo logra en lugar de reconocer estos logros como regalos de Dios. Hacer una diferencia o trabajar para «cambiar el mundo» puede llevarnos a olvidar otras responsabilidades que Dios nos ha dado. Justificamos nuestra negligencia porque estamos haciendo algo bueno: servir a los demás. Entonces, si nuestros esfuerzos no producen los resultados que queremos ver, nos desanimamos y nos enojamos; nos frustramos y pensamos que nuestro trabajo fue simplemente una pérdida de tiempo.

ENTONCES, ¿CUÁL ES LA SOLUCIÓN PARA LA IDOLATRÍA DEL TRABAJO?

La verdad fundamental de todo esto es que no vale la pena vivir para este mundo. Oh, ¡el mundo afirma que sí! Y hace toda clase de promesas acerca de lo bueno que puede darnos si tan solo desgastamos nuestras vidas a su servicio. Pero Dios es el único por quien verdaderamente vale la pena vivir. Solo él puede brindar satisfacción real y duradera.

¿Y qué me dices de ti? ¿De qué manera has estado buscando demasiado gozo, felicidad, satisfacción o propósito en tu trabajo? ¿Te has encontrado anhelando el bien que tu trabajo promete más de lo que has deseado a Jesús? ¿Has hecho de tu trabajo un ídolo? Si es así, la solución es sencilla, aunque difícil: ¡Necesitas arrepentirte! ¡Tienes que apartarte de ese pensamiento trivial y erróneo, reconocer tu idolatría del trabajo por lo que es, y reenfocar tu mente en el trabajo como un acto de adoración a Dios. Cuando hagas eso, encontrarás con gran alegría que los objetivos dejan de moverse. Porque estás cimentando tu vida, gozo y satisfacción en Dios, no hay un «¿Qué sigue?». Pasaremos las próximas tres semanas estudiando en qué consiste el arrepentimiento. De modo que no pretendo darte alguna solución ahora. Pero así es cómo aprovecharás al máximo las próximas tres semanas. Aparta algo de tiempo esta semana para reflexionar en lo que acabo de decir e identifica 2 o 3 maneras en que tu trabajo se ha convertido en un ídolo para ti. De ese modo, podrás recordarlo en las siguientes semanas.

LA INACTIVIDAD

[De nuevo: no uses esta historia, inserta la tuya acerca de estar inactivo en el trabajo]. Empecé mi primer negocio en la secundaria. Un amigo de la familia me preguntó un día si estaba interesado en que me pagaran por sellar su  cubierta. Fui a la ferretería y recibí lecciones sobre cómo usar todas las herramientas necesarias para hacer el trabajo: lavadoras, manchas, sellos, técnicas, todo lo necesario. Hice el trabajo para él, y mientras trabajaba, la inspiración me impactó. En lugar de simplemente disfrutar del botín del trabajo de una tarde, decidí imprimir volantes y llenar el vecindario con ellos. «¡Sellado profesional de cubiertas!» En un día, había conseguido dos trabajos más. Mi inicio incipiente estaba despegando del suelo.

Mi objetivo principal en este negocio no era brindar un servicio superior, ni siquiera embellecer el vecindario, y mucho menos glorificar a Dios a través de un trabajo bien hecho. Mi objetivo era sellar tantas cubiertas como fuera posible, en el menor tiempo posible, con la mayor cantidad de dinero posible y con el menor esfuerzo posible. El final de esta historia no es bueno. Mi enfoque maníaco en la velocidad, el costo y la facilidad produjo un trabajo bastante mal hecho. No pensaba que era necesario mover plantas en macetas, por ejemplo, antes de sellar las cubiertas. Así que algunos de mis clientes descubrieron círculos sin sellar en sus cubiertas cuando movieron sus macetas en otoño. Elegí no proteger los lados de las casas tampoco, por lo que terminé dejando una brillante veta en la base del ladrillo. Para mi vergüenza, más de un cliente tuvo que pedirme que rehiciera el trabajo, ¡y advertirme que limpiara mi desorden cuando terminara!

Por supuesto, en el nivel más básico, esto no era más que una mala práctica comercial. Como estaba haciendo un trabajo tan terrible, mi negocio iba a sufrir inevitablemente. Sin embargo, por desaconsejable que pueda ser el desorden en el trabajo desde una perspectiva puramente empresarial, el tema más importante era mi corazón. Creía que el trabajo mediocre estaba bien. La calidad de mi trabajo realmente no significaba nada para mí. Era simplemente un medio para un fin, una forma de obtener dinero y cubrir mis propias necesidades y deseos egoístas.

La semana pasada, vimos que Dios creó el trabajo como un acto de adoración hacia él. Tu trabajo importa principalmente porque lo que haces dice algo acerca de Dios. Cuando eres creativo, reflejas su creatividad. Cuando eres honesto, demuestras que confías en su mandato de hablar con la verdad. Cuando trabajas duro incluso cuando nadie lo nota, demuestras el trabajo de la santificación que él ha hecho en tu vida. De todas estas maneras, tu trabajo es un acto de adoración.

El trabajo como un ídolo destruye esto al adorar lo equivocado. Lo investimos con la importancia incorrecta. Pero hay otro peligro en el cual podemos caer: podemos llegar a estar inactivos en el trabajo. En otras palabras, no le damos ninguna importancia. Pero como lo sugiere la definición de inactividad, estar inactivos puede ser mucho más sutil que simplemente no hacer nada. Así que, ¿qué es exactamente la inactividad?

¿QUÉ DICE LA BIBLIA ACERCA DELA INACTIVIDAD?

Al escribir a los creyentes en Tesalónica, Pablo enseña clara e inequívocamente que la forma más dramática de inactividad nunca debería caracterizar a los cristianos. «Si alguno no quiere trabajar, tampoco coma» (2 Tesalonicenses 3:10). Esa es una verdad estimulante y un buen recordatorio para todos nosotros.

Pero la Biblia nos advierte contra más que simplemente «no hacer nada». Solo porque estés ocupado no significa que no haya problemas. Mira Colosenses 3:22-24:

«Siervos, obedeced en todo a vuestros amos terrenales, no sirviendo al ojo, como los que quieren agradar a los hombres, sino con corazón sincero, temiendo a Dios. Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres; sabiendo que del Señor recibiréis la recompensa de la herencia, porque a Cristo el Señor servís».

¿Ves lo que Pablo está diciendo aquí? Él comienza con una advertencia acerca de no hacer nada. Incluso si eres un siervo, obedece a tu amo en todo. Solo hazlo, les dice. Pero va un paso más allá. No basta con «solo hacerlo». Trabaja y sirve «con corazón sincero, temiendo a Dios». Haz tu trabajo de todo corazón, «como para el Señor y no para los hombres».

Pablo está haciendo un completo ataque frontal contra una mentalidad de inactividad en nuestro trabajo. Ya que, ¿para quién estamos trabajamos realmente?  Estamos trabajando para Jesús. Sin importar cuán ocupado tu jefe terrenal piense que estés, si no estás trabajando para el Señor, estás siendo inactivo desde la perspectiva de Dios.

¿ERES INACTIVO EN TU TRABAJO?

¿Cómo sabes cuando te has permitido volverte inactivo en tu trabajo? Estas son algunas de las maneras más comunes en que las personas dejan que el pensamiento de la inactividad entre en sus trabajos. Ve si alguna de ellas te describe.

  1. Tu trabajo es simplemente un medio para un fin, un lugar para servir tus propias necesidades. Algunas veces esta clase de pensamiento puede ser deliberado y obvio. Trabajo, dicen algunas personas, para poder disfrutar. Estoy en esto por el dinero y las cosas que el dinero puede comprar. Alguien que piensa así no se preocupa mucho por su trabajo. Solo le interesan las otras cosas que su trabajo puede brindarle.

¿Qué hay de malo con esta clase de pensamiento? Ignora el hecho de que Dios tiene propósitos para nosotros en el trabajo. Nuestros trabajos son más que simples medios para un fin. Sin embargo, aunque sea de poca importancia, aunque no coincida con nuestros intereses, nuestros trabajos son una de las formas clave en que Dios se glorifica y nos permite madurar como cristianos. Dios tiene un propósito para tu trabajo.

  1. Tu trabajo te frustra totalmente. El trabajo siempre conllevará cierto nivel de frustración; así es la vida en un mundo caído. No obstante, algunas veces nos extralimitamos con nuestras frustraciones y perdemos de vista los objetivos de Dios para nosotros en nuestros trabajos. Por el contrario, la inevitable frustración que sentimos con el trabajo en un mundo caído debería dirigir nuestra mirada a Dios. Debería recordarnos que él es soberano y no nuestros trabajos, para que nuestros trabajos puedan ser actos de adoración a él.
  1. Tu trabajo está separado de tu discipulado cristiano. Más que unos pocos cristianos piensan en sus trabajos como algo que hacen de 8 de la mañana a 5 de la tarde, de lunes a domingo, para poder hacer el verdadero trabajo de ser cristianos en las noches o en los fines de semanas. Una especie de versión «cristianizada» del problema #1. Si esto te describe, lee Colosenses 3 de nuevo. Nuestro trabajo no es algo que hacemos además de seguir a Cristo. No, es en sí mismo una expresión de nuestra fe cristiana. Cuando estás escribiendo una nota para tu jefe, estás adorando a Dios y siguiendo a Jesús.

¿POR QUÉ LA INACTIVIDAD NO ES UNA OPCIÓN?

Ve a este chico:

Obviamente, alguien se divirtió un poco con el Photoshop aquí. Pero piensa en esta foto por un momento. Si vieras a esta chico caminando por la calle, dudo que tu primer pensamiento sea: «Wow, ese chico está en buena forma». Probablemente ni siquiera sería: «Wow, estoy realmente impresionado por tu físico. ¡Buen trabajo!». No, tu reacción sería más como: «¡Ay! Algo salió mal allí».

Sin embargo, cometemos el mismo error cuando pensamos en nuestros trabajos como simplemente medios para un fin. Cuando ignoramos los propósitos de Dios en nuestro trabajo y pensamos en él solo como una «ocupación». Estamos haciendo el equivalente de un conjunto rápido de cinco flexiones en nuestro brazo izquierdo para poder realizar la tarea realmente importante de ejercitar nuestro brazo derecho. Terminamos con un terrible desequilibrio en nuestra vida espiritual, un discipulado sólido con nuestra familia e iglesia, pero un discipulado débil y demacrado en nuestra vida laboral.

Creer que a Dios no le interesan nuestros trabajos puede conducirnos a la desobediencia y al pecado. Los cristianos se encuentran haciendo cosas en el trabajo que no harían en ningún otro lado: tratar a las personas con desprecio, perder el temperamento, robar tiempo o suministros, tomar atajos o manipular lo que está bien y lo que está mal. Cuando decidimos que a Dios no le importan nuestros trabajos, tenemos menos cuidado de mantener a Dios en el centro de nuestras mentes cuando estamos lidiando con otros. Nos encontramos, sin ni siquiera darnos cuenta, haciendo nuestro trabajo sin pensar en Jesús en absoluto.

«¿De qué manera cambiaría tu trabajo si comienzas a pensar en él como un escenario para la gloria de Dios y tu propio crecimiento y discipulado?». Lo cambia todo. Tu interacción con los clientes, jefes y empleados se convierten en oportunidades para mostrarles el amor y la bondad de Dios. Cada situación que normalmente te lleva a irritarte o frustrarte —plazos incumplidos, tensión en las relaciones con los compañeros de trabajo—, se convierte ahora en una oportunidad para hacer una pausa, orar y pensar: «De acuerdo, Dios ha traído esta situación a mi vida. ¿Qué quiere enseñarme con esto? ¿Cómo fortalecerá esto mi fe y lo glorificará a él?». Hacer estas preguntas, y luego actuar a la luz de ellas, es precisamente lo que significa luchar contra la inactividad en el trabajo y servir «de buena voluntad, como al Señor y no a los hombres» (Efesios 6:7).

¿CUÁL ES LA SOLUCIÓN PARA LA INACTIVIDAD EN EL TRABAJO?

Esta es la verdad fundamental: A Dios le importan nuestros trabajos. Él nos creó para trabajar, y aunque la frustración en el trabajo es un fruto inescapable del pecado, Dios todavía usa nuestros trabajos para glorificarse y mostrar su bondad en y a través de nuestras vidas. Entonces, ¿cuál es la solución para la inactividad? Arrepiéntete. Deja a un lado esa errada manera de pensar y reconoce que la inactividad en el trabajo es pecado, y comprométete con los propósitos de Dios para tu trabajo. Pasaremos las próximas tres semanas estudiando esto más detalladamente.

Conclusión

¿Con cuál de estas mentalidades luchas?

Siendo sincero, lucho con ambas. En ocasiones, caigo en el peligro de la idolatría del trabajo: a veces amo mi trabajo más de lo que amo a Jesús. Quiero ser exitoso en él más de lo que quiero ser fiel al llamado de Dios para mi vida.

Otras veces mi problema es la inactividad. Tengo un espíritu de queja que lucha contra un corazón contento y agradecido.

Y honestamente, a veces varío de una a otra. Trabajo demasiado, y cuando fallo, corro al otro extremo para sentirme mejor, actuando enojado  como si todo hubiese sido una pérdida de tiempo en primer lugar, como si yo fuese demasiado bueno para mi trabajo.

Oremos para que mientras el evangelio ataque ambos peligros, podamos ver que nuestros motivos equivocados son reemplazados por los que son buenos y correctos.