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Antiguo Testamento – Clase 9: Josué y Jueces

Artículo
21.03.2018

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Clase esencial
Panorama del Antiguo Testamento
Clase 9: Josué y Jueces


Bienvenido. El día de hoy, continuamos en el Antiguo Testamento, en las narrativas de Josué y Jueces. Los libros de Moisés, los primeros cinco libros han sido completados. Así que ahora pasamos de la «Torá» o el «Pentateuco» a los libros históricos.

Oremos.

Antes de estudiar cuidadosamente Josué y Jueces, empecemos con algo de contexto. El libro de Josué fue escrito probablemente por el propio Josué dentro de los primeros 15 años del siglo XIV a. C. En el inicio del libro, como recordarás, la nación de Israel está fuera de la tierra de Canaán, hacia el este sobre el río Jordán. Pero al final del libro ya habrán tomado y poseído la tierra (como puedes ver en el mapa del folleto). Podemos resumir Josué diciendo: Josué trata acerca de la conquista. Los israelitas entran en la tierra, toman la tierra, poseen la tierra y descansan.

El libro de Jueces empieza donde Josué termina. Israel ha tomado la tierra, pero ahora el problema es si serán capaces o no de mantenerla. Como muestra el segundo mapa, el pueblo de Dios está bajo presión de varias naciones vecinas. Los acontecimientos narrados en Jueces ocurren durante un período de aproximadamente 350 años, desde el momento que murió Josué hasta la llegada del primer rey de Israel. No sabemos quién es el autor de Jueces, pero creemos que fue escrito poco después de que se registraran los últimos eventos, en algún lugar a mediados o finales del siglo XII a. C.

Comencemos previsualizando algunos de los temas principales en estos dos libros:

  • Ahora, como es de esperarse, la tierra es una gran tema en ambos libros: Josué se enfoca en cómo tomarla, y Jueces en cómo mantenerla.
  • Estrechamente relacionado a ese tema está la idea del descanso. Descansar es el objetivo para el pueblo de Dios. Josué termina positivamente de esta manera, con los enemigos de Dios a raya y el pueblo de Dios disfrutando de su comunión con él. Jueces, sin embargo, es casi lo opuesto: el pueblo de Dios comienza descansando, pero eso cambia rápidamente.
  • Ambos libros también tratan acerca de la confianza. En Josué, el pueblo debe confiar en Josué, su líder salvador, si quieren tomar la tierra y disfrutar del descanso en ella. Igualmente, en Jueces, será evidente que el pueblo de Dios necesita confiar en un salvador si quieren mantener lo que Dios les ha dado.

Consecuentemente nuestras dos oraciones temáticas son las siguientes:

Para Josué tenemos…

CONFIANZA en un salvador FIEL para guiar al pueblo de Dios a la tierra y al descanso.

Mientras que en Jueces tenemos…

NECESIDAD de un salvador PERFECTO para MANTENER esta tierra y el descanso.

Hagamos una pausa por un momento. ¿Cuáles son algunos de los paralelismos que existen entre lo que enfrentaba el pueblo de Israel durante estos primeros años en la Tierra Prometida y lo que enfrentamos en nuestras vidas como cristianos? 

Bueno, con estos temas en mente, empecemos nuestro estudio de Josué con un panorama acerca de todo el libro. El libro de Josué se divide precisamente en cuatro secciones cronológicas, de cuatro períodos de confianza para los israelitas. Al recorrer rápidamente estas secciones, puedes hojear tu Biblia para mirar los títulos de los capítulos y seguirme.

En los capítulos 1-5, descubrimos que los israelitas deben confiar en Dios al ENTRAR en la Tierra Prometida. Los israelitas empiezan (capítulo 1) con seguridad confiando en Dios en las llanuras de Moab, pero deben depender de Dios al espiar la tierra (capítulo 2), y luego finalmente  cuando cruzan el Jordán (al estilo de Éxodo en los capítulos 3 y 4).

Más adelante, en los capítulos 6-13, descubrimos que esta confianza debe extenderse a la guerra cuando empiezan a TOMAR la Tierra Prometida. En el capítulo 6, los muros de Jericó caen célebremente al sonar de las trompetas. Después, los israelitas marchan hacia el sur por la tierra, conquistando nación tras nación. Luego en el capítulo 11, el pueblo se mueve hacia el norte y derrota  a todas las tribus cananeas del norte. El capítulo 12 termina esta sección al revisar el terreno tomado.

Después, con la tierra tomada, es tiempo de DISTRIBUIR la Tierra Prometida en los capítulos 13 al 21. La tierra para ser compartida por las 12 tribus se revisa en los capítulos 13 y 14. Y luego su distribución abarca los capítulos 15 al 21.

Finalmente, a medida que el libro de Josué llega a su fin, en los capítulos 22-24, vemos la necesidad de que Israel permanezca fiel mientras LOGRAN el descanso prometido. Y así, en estos últimos tres capítulos, el pueblo de Dios reflexiona sobre cómo deben disfrutar este descanso. Es decir, descansar de la guerra, de las peregrinaciones y de sus enemigos.

¿Preguntas?

De acuerdo,  con ese panorama en mente, volvamos a nuestra oración temática para Josué: «Confianza en un salvador fiel para guiar al pueblo de Dios a la tierra y al descanso». Hay cuatro ideas que fluyen de esa oración clave en las que quiero enfocarnos esta mañana.

La primera, como verás en tu folleto, es confiando como pueblo de Dios. Ve conmigo al capítulo 1, versículo 5:

«Nadie te podrá hacer frente en todos los días de tu vida; como estuve con Moisés, estaré contigo; no te dejaré, ni te desampararé».

Entonces, aquí están: El pueblo de Dios en las afueras de la Tierra Prometida, y el llamado es a ser fuertes y valientes. ¿Es eso autoconfianza? No, es la confianza en que el mismo Dios que estuvo con Moisés estará con su pueblo prometido nuevamente.

Esta idea de confiar en el hecho de que son el pueblo de Dios destaca mucho más cuando son circuncidados en el capítulo 5, para diferenciarlos de las otras naciones. Y se reitera en el capítulo 8, cuando el pueblo renueva su pacto con Dios.

Ahora bien, el pueblo no era merecedor de este derecho. De hecho, estos dos acontecimientos ocurrieron antes de haberse disputado una sola batalla. Se les recuerda su estatus como pueblo de Dios, y eso les da confianza de que pueden tomar la tierra.

Y, por supuesto, estamos en la misma posición, ¿no es así? Como cristianos, somos el pueblo de Dios. No porque hayamos hecho algo para merecerlo, sino únicamente por su gracia. Y porque somos el pueblo de Dios, podemos tener la seguridad de que entraremos en la tierra que él nos ha prometido: el cielo.

El segundo tema que quiero extraer en esta sección es el hecho de aunque los israelitas deben confiar en Dios, lo hacen al confiar en Dios como su fiel salvador.

¿Notaste en ese primer versículo que leímos cuán vinculado está el éxito de la nación con la fidelidad y el liderazgo de Josué? Son el pueblo de Dios, pero es Josué quien los guiará a la tierra. Él debe meditar en la Palabra de Dios día y noche, y hacer conforme a todo lo que en ella está escrito (versículo 8). Y por esa razón, el pueblo de Dios debe confiar en él. Y maravillosamente, ¡lo hacen! Ve conmigo los versículos 16-17 del capítulo 1:

«Entonces respondieron a Josué, diciendo: Nosotros haremos todas las cosas que nos has mandado, e iremos adondequiera que nos mandes. De la manera que obedecimos a Moisés en todas las cosas, así te obedeceremos a ti; solamente que Jehová tu Dios esté contigo, como estuvo con Moisés».

Y así, porque Josué y los israelitas confiaron y obedecieron, Josué fue capaz de conducirlos a la tierra. De hecho, en contraste con Moisés y toda la desobediencia que ocurrió en el desierto, esta nueva generación del pueblo de Dios obedece a Josué. Confían en él como un salvador que obedecerá al Señor. 

De nuevo,  los paralelismos del Nuevo Testamento para nosotros no deberían ser tan difíciles de hacer. Josué (al igual que Moisés) prefigura la venida del supremo y fiel salvador de Dios. Jesucristo obedece perfectamente la ley de Dios. Así que él es quien nos lleva a los Cielos Nuevos y la Nueva Tierra, si le obedecemos.

El tema principal en el libro de Josué, y el tercer tema, que fluye de nuestra oración temática, es la necesidad de confiar en Dios por la tierra. Esto es importante, como podrás imaginar. Ahora, solo para aclarar, la importancia de la tierra es un concepto que debemos comprender. Porque Canaán es mucho más que una simple propiedad física. Es una imagen de lo que era el huerto del Edén, y de lo que serán los Cielos Nuevos y la Nueva Tierra.

Para ver cómo se concreta este paralelismo de la tierra, ve conmigo a un texto fascinante en el capítulo 5:13-15. Mientras lo haces, permíteme establecer brevemente el contexto. El pueblo de Dios acaba de cruzar el Jordán, y el pueblo de Dios está a punto de entrar por primera vez en el lugar de Dios.

Sin embargo, esto no es tarea fácil, recordarás cómo terminó Edén en Génesis 3, con un ángel con una espada encendida bloqueando la entrada para siempre. Y, ¿qué es lo que ve Josué cuando se acerca al lugar prometido de Dios? Versículo 13:

«13 Estando Josué cerca de Jericó, alzó sus ojos y vio un varón que estaba delante de él, el cual tenía una espada desenvainada en su mano. Y Josué, yendo hacia él, le dijo: ¿Eres de los nuestros, o de nuestros enemigos? 14 El respondió: No; mas como Príncipe del ejército de Jehová he venido ahora. Entonces Josué, postrándose sobre su rostro en tierra, le adoró; y le dijo: ¿Qué dice mi Señor a su siervo? 15 Y el Príncipe del ejército de Jehová respondió a Josué: Quita el calzado de tus pies, porque el lugar donde estás es santo. Y Josué así lo hizo».

Entonces, la tierra de Canaán es lugar santo, nos recuerda que Dios está allí, y por causa del pecado, las personas pecaminosas no pueden estar en él. Por eso la espada de un ángel los encontró en Canaán. Pero ahora, justo como se promete en Éxodo 23, está un ángel del Señor. Pero en esta ocasión, el ángel no bloquea el camino al lugar de Dios. Al contrario, él ayuda al pueblo de Dios a tomar la tierra activamente.

Ahora, el pueblo confía en Dios por la tierra. Dios envía su ángel delante de ellos. Y… bueno, no es sorpresa: ¡ellos ganan! Josué 21:43-35 nos da la cúspide de la historia redentora hasta ahora:

«43 De esta manera dio Jehová a Israel toda la tierra que había jurado dar a sus padres, y la poseyeron y habitaron en ella. 44 Y Jehová les dio reposo alrededor, conforme a todo lo que había jurado a sus padres; y ninguno de todos sus enemigos pudo hacerles frente, porque Jehová entregó en sus manos a todos sus enemigos. 45 No faltó palabra de todas las buenas promesas que Jehová había hecho a la casa de Israel; todo se cumplió».

Ni una sola palabra ha fallado. El pueblo está en posesión del lugar de Dios, a salvo con él. Así como podremos decir cuando estemos delante de él en el cielo.

Pero no podemos evitar ser perturbados por los brutales y sangrientos capítulos entre la llegada del ángel en el capítulo 5 y esta promesa maravillosamente cumplida en el capítulo 21. De hecho, realmente Josué trata en gran parte acerca de esto.

Así leemos Josué 6:21 de Jericó: «Y destruyeron a filo de espada todo lo que en la ciudad había; hombres y mujeres, jóvenes y viejos, hasta los bueyes, las ovejas, y los asnos».

Y las ciudades del norte de Canaán en el capítulo 11, versículo 20: «Porque esto vino de Jehová, que endurecía el corazón de ellos para que resistiesen con guerra a Israel, para destruirlos, y que no les fuese hecha misericordia, sino que fuesen desarraigados, como Jehová lo había mandado a Moisés».

¿Qué debemos suponer de tanta violencia? ¿Y del Dios que parece estar detrás de esto? ¿Qué sucede aquí?

Ahora, no podemos pasar mucho tiempo aquí, pero permíteme hacer algunos comentarios que espero sean de ayuda.

Primero, es importante aclarar que Dios no está aprobando la guerra santa aquí ni está diciéndoles a los cristianos que deberían participar en las cruzadas del Medio Oriente. En cambio, la campaña militar de Josué debe entenderse como un acontecimiento único que fue ordenado por Dios en un momento específico de la historia redentora. En el tiempo de Josué, la tierra física era considerada santa. Por tanto, era para el pueblo santo de Dios, un pueblo que debía ser justo, amoroso y bueno. No era para los cananeos, que según Deuteronomio 9 y Génesis 15, eran un pueblo malvado, con quien Dios había sido extremadamente paciente.

Más allá de eso, como discutimos anteriormente, la tierra física pierde su importancia una vez que llega Jesús. Actualmente, el pueblo de Dios no es un pueblo étnico y nacional. Está conformado por personas de todas partes del mundo con una sola ciudadanía: la celestial.

Entonces, ¿cómo deberíamos pensar acerca de estos terribles acontecimientos? Bueno, Deuteronomio 9:4 nos dice que los cananeos estaban siendo juzgados por su maldad. Por su idolatría, crueldad, sacrificio de niños, entre otras cosas. Lo cual debería ser bastante grave para nosotros. Porque significa que esta campaña militar en específico de completa destrucción en Josué es simplemente un presagio de algo más. El único y terrible juicio que todos enfrentaremos cuando Jesús regrese.

De ninguna forma deberíamos pensar que somos mejores que los cananeos. Y debemos recordar que la conquista de Canaán es una comparación sin comparación del gran y horroroso día de la venida del juicio para todos. Así que deberíamos estar más que agradecidos de nuestra salvación en Jesús, la salvación de un juicio verdadero.

Bueno, al concluir Josué,  quiero que miremos un último aspecto, esa última palabra en tu oración temática: descanso. Confiando en Dios por el descanso.

Ve conmigo una vez más a Josué 21:43-44: 

«43 De esta manera dio Jehová a Israel toda la tierra que había jurado dar a sus padres, y la poseyeron y habitaron en ella. 44 Y Jehová les dio reposo alrededor, conforme a todo lo que había jurado a sus padres; y ninguno de todos sus enemigos pudo hacerles frente, porque Jehová entregó en sus manos a todos sus enemigos».

Observa aquí en estos versículos climáticos cuánto se hace de esta idea de «descanso». El versículo 43 dice que Dios les dio la tierra. Y el versículo 44 dice que les dio descanso. Ambos, la tierra y el descanso, son casi sinónimos.

Pero, obviamente, ese descanso fue tenue, ¿no? Estaba garantizado sólo mientras el pueblo mantuviera su parte del pacto, lo cual sabían que no harían. Así que Hebreos 4 toma esta idea de la Tierra Prometida como descanso y explica que este tenue reposo apuntaba hacia el descanso perfecto de comunión inquebrantable con Dios. Versículo 8:

«Porque si Josué les hubiera dado el reposo, no hablaría después de otro día. Por tanto, queda un reposo para el pueblo de Dios. Porque el que ha entrado en su reposo, también ha reposado de sus obras, como Dios de las suyas».

A medida que lees Josué, entonces toma todo ese anhelo de descanso y aplícalo en tu propia vida. Desea junto con estas personas el descanso de tus propias obras, mientras confías en la obra perfecta de Jesucristo en su lugar. Como Jesús dijo en Mateo 11:28:

«Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar».

¿Preguntas?

Eso fue Josué. Ahora vayamos a Jueces. ¿Cuán tenue es este descanso? En realidad bastante tenue, ya veremos.  Hagamos un breve panorama de todo el libro, y luego veremos algunos temas específicos.

En el capítulo 1, la historia comienza bastante sombría: cinco palabras y Josué ya murió. No solo eso, sino que en el resto del capítulo descubrimos que Israel ha fallado en su misión de destruir a ciertas tribus.

El resultado de esto es que Israel desciende a un ciclo repetido de rebelión, seguido de sufrimiento, seguido de un clamor a Dios, seguido por Dios levantando un salvador, un juez que los rescata de sus enemigos. Seguido por más rebelión.

Este ciclo se repite nueve veces a lo largo de catorce capítulos. Pero es importante que notemos que este ciclo no es el mismo cada vez. Es una espiral descendente. De hecho, la victoria de cada juez es cada vez más elusiva a medida que el libro continúa. Otoniel, en el capítulo 3, logra una victoria completa… pero Aod, su sucesor, obtiene la victoria solo por medio del engaño. En el capítulo 4, Débora consigue la victoria, pero algunas de las tribus están malditas. Gedeón obtiene la victoria, en los capítulos 6-8, pero finalmente tenemos una guerra civil. Jefté, en los capítulos 10-12, logra la victoria, pero está oscurecida por la tragedia de su hija, y nuevamente las cosas finalmente se convierten en una guerra civil. Y a pesar de que ocasiona un gran daño, Sansón, el último y más famoso juez de todos, en realidad nunca derrota a los filisteos, en los capítulos 13-16.

Entonces, cuando llegamos al capítulo 17, Israel se encuentra sumergido en su pecado. Los capítulos 17-18 revelan su corrupción religiosa, mientras que los capítulos 19-21 revelan su corrupción moral y social. Cuando el libro concluye, el autor reflexiona tristemente sobre la difícil situación de los israelitas y su desesperada necesidad de un salvador perfecto y de un verdadero descanso en la tierra.

De acuerdo. Regresemos a nuestra oración temática para Jueces: «Necesidad de un salvador perfecto para mantener esta tierra y el descanso». De aquí desarrollaremos tres ideas claves y puntos de aplicación.

Primero que todo, es importante observar que a lo largo del libro de Jueces los israelitas necesitan desesperadamente ser separados como pueblo de Dios. ¿A qué me refiero con esto? Mira conmigo dónde se encuentra la raíz de los problemas en Jueces. Capítulo 1:27-29:

«27 Tampoco Manasés arrojó a los de Bet-seán, ni a los de sus aldeas, ni a los de Taanac y sus aldeas, ni a los de Dor y sus aldeas, ni a los habitantes de Ibleam y sus aldeas, ni a los que habitan en Meguido y en sus aldeas; y el cananeo persistía en habitar en aquella tierra. 28 Pero cuando Israel se sintió fuerte hizo al cananeo tributario, mas no lo arrojó. 29 Tampoco Efraín arrojó al cananeo que habitaba en Gezer, sino que habitó el cananeo en medio de ellos en Gezer».

Y así continúa…

Ves que el núcleo del problema de los israelitas es que olvidaron que debían vivir separados del resto de las naciones. Debían ser santos, apartados del mundo. Habían recibido la orden de eliminar a los enemigos de Dios de la tierra y vivir vidas santas. Pero, como lamentablemente señala el versículo 10 del capítulo 2, esta nueva generación «no conocía a Jehová, ni la obra que él había hecho por Israel». Vivieron con los cananeos, y luego vivieron como ellos. Ese es uno de los principales puntos del libro. Desde el primer relato, en el capítulo 1, versículos 1-7, de cómo tratan a un rey cautivo como lo harían los cananeos, en lugar de cómo Dios les había dicho que lo hicieran. A la repugnante historia de violación, mutilación y asesinato al final del libro. Cuando un israelita pasó por un pueblo cananeo para refugiarse en un pueblo hebreo, y actuó, y fue tratado, mucho peor de lo que los cananeos habrían hecho alguna vez.

Este gran problema, al que a menudo se hace referencia en los comentarios, como «canaanización» debería ser una dura advertencia para nosotros como pueblo de Dios en el mundo de hoy. No importa cuán seguros pensemos que somos como cristianos, no debemos olvidar que la apostasía puede estar a la vuelta de la esquina. Los israelitas estaban disfrutando del descanso de «Josué» cuando todo se fue cuesta abajo. Y se fue cuesta abajo tan rápido.

Por encima de eso, deberíamos tomar buena nota de lo que causó su caída. El pueblo de Dios olvidó quiénes eran, a diferencia de la generación anterior, que siempre lo recordaba mediante la lectura de la Palabra de Dios, las Pascuas y la circuncisión. Se comportaron como las naciones vecinas. Se mezclaron y casaron con ellos, y rápidamente fueron atraídos al pecado. Como cristianos, ciertamente vivimos en el mundo, pero debemos cuidar cómo vivimos en él, porque no debemos ser para nada como él.

El segundo punto es el castigo de Dios que lleva al arrepentimiento, que se repite a través de los nueve ciclos de Jueces. Para ayudarnos a ver esta idea un poco mejor, sigamos un ciclo, el ciclo del primer juez, Otoniel, en el capítulo 3.

El ciclo inicia en el capítulo 3, versículo 7, con Israel olvidando a Dios y sirviendo a otros dioses. Como consecuencia, Dios está justamente enojado, versículo 8, y esto ocasiona el castigo de Dios. En el versículo 8, puedes ver que este castigo específico es la esclavitud. Pero en el versículo 9, los israelitas claman a Dios. Entonces Dios provee un salvador, versículo 9, quien va a la guerra, versículo 10, y, versículo 11, restaura la paz. Pero en el versículo 12, el ciclo comienza nuevamente.

Como dije, puedes buscar ese patrón de acontecimientos en el resto de las historias en Jueces. El objetivo es siempre poner en relieve la constante necedad y el pecado de Israel, y la gran justicia de Yahveh seguida luego de su gran misericordia. Tristemente, el pueblo de Dios requiere continuamente del juicio de Dios. De hecho, continuamente son oprimidos por enemigos extranjeros, enviados por Dios para llevarlos al arrepentimiento.

Ahora bien, necesitamos ser muy cuidadosos con la manera en que aplicamos esto, en este lado del Nuevo Testamento. Pero, en cierto sentido, creo que a menudo vemos al Espíritu de Dios actuar así. Algunas veces es solo al ver las consecuencias de la vida sin Dios —en  la total decadencia del mundo que nos rodea—, que podemos darnos cuenta de nuestra necesidad de Dios. Lo que nos lleva a gritar de arrepentimiento.

Sin embargo, siguiendo esta idea, debemos ver el tema principal en todo el libro de Jueces es la necesidad de un salvador perfecto que conduzca al verdadero descanso.

Verás, cada ciclo en Jueces nos recuerda que el pueblo de Dios necesita un salvador. Anteriormente, el pueblo de Dios tenía a Josué, pero Josué muere. Después de él vienen estos jueces, que son tipos de Cristo. Pero no son eternos ni fieles. Sí, los salvan brevemente, pero estos jueces no son los mejores modelos éticos, ni tienen un gobierno duradero. Lo que se necesita es una monarquía, una línea de reyes salvadores perfectos, que guíen al pueblo de Dios a obedecer perfectamente su palabra.

Lo interesante es que en Jueces, justo en el centro del libro, en el centro de este oscuro libro, el pueblo de Dios consigue un rey. No es Saúl ni David, sino Abimelec. Ve conmigo Jueces 9:6: «Entonces se juntaron todos los de Siquem con toda la casa de Milo, y fueron y eligieron a Abimelec por rey, cerca de la llanura del pilar que estaba en Siquem».

Pero este no es un rey fiel. Hace lo que él considera que está bien: tiene muchas esposas, asesina despiadadamente a sus propios hermanos, y lleva al pueblo de Dios a un infidelidad absoluta.

Así que para cuando llegamos al final del libro no es sorpresa leer la línea que sintetiza a todo Jueces: «En estos días no había rey en Israel; cada uno hacía lo que bien le parecía» (21:25).

Es como si el autor dijera: «Esta clase de cosas que hemos visto en Jueces, todo el pecado del pueblo y las invasiones de ejércitos extranjeros y la pérdida del descanso, ¡no hubiese sucedido si tuviésemos un rey fiel al pacto de Dios!».

Este es el impulso que empuja la narrativa hacia el resto del Antiguo Testamento. El pueblo necesita más que al profeta Moisés. Necesitan más que al sacerdote Aarón. Necesitan más que al salvador Josué, y definitivamente más que estos jueces salvadores. ¡Ellos necesitan un rey! ¿Pero qué tipo de rey? Cuando entremos en 1 y 2 Samuel, veremos que definitivamente no es un rey como Saúl. O incluso David o su hijo Salomón. Todas estas figuras se acercan a ese rey perfecto, pero todas se quedan cortas.

¿A quién nos señalan todos estos líderes? Como puedes adivinar, Jesús. Solamente él puede liberar perfectamente a su pueblo de todo su dolor. Y como vimos anteriormente, en Mateo 11, solo él brinda un «descanso» eterno. Solamente Cristo es capaz de resolver los problemas que estos jueces solo pudieron abordar temporalmente. Porque solo Cristo obedeció todas las leyes de Dios. Y solo Cristo es el rey perfecto sobre su pueblo. Pero me adelanto. Hablaremos más acerca de Cristo como nuestro gran rey la próxima semana. Por ahora, dejamos el libro de Jueces llamando, orando y esperando un rey.

¿Preguntas?

Oremos.           

Eliminado del punto acerca del descanso en Josué:

¿Qué significa para Israel tener «descanso», y qué significa eso en la escala del plan de Dios para todos los tiempos?

Bueno, en Josué encontramos algunas pistas de lo que eso podría significar. En el capítulo 11:23 leemos: «la tierra descansó de la guerra», y en el capítulo 23, versículo 1, escuchamos que a Israel se le da «reposo de todos sus enemigos alrededor». Así que el descanso se obtendrá mediante la eliminación de los enemigos de Dios.

Pero para responder a la pregunta de quiénes son los enemigos de Dios y el alcance del descanso de Dios a través de los tiempos, necesitamos ir a otro lado. Antes que nada, regresemos a Génesis 3. Aquí, si lo recuerdan, Adán y Eva se han rebelado contra Dios y están recibiendo su justo castigo. Pero en medio de eso escucha lo que Dios le dice a la serpiente…

«Y pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; ésta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar».

El gran enemigo del ser humano es la serpiente —es decir, Satanás— quien tienta al hombre para que arruinara la tierra de Dios, el que continuará atacando a la descendencia de la mujer.

No obstante, ese pasaje de Génesis también promete un tiempo en el que habrá una eliminación total de este enemigo de la tierra, cuando la cabeza de Satanás sea aplastada por el hombre.

Y en Josué tenemos una pequeña gloriosa muestra de esa tierra libre de enemigos y victoria para el pueblo de Dios. Mira Josué 10:24-26:

«24 Y cuando los hubieron llevado a Josué, llamó Josué a todos los varones de Israel, y dijo a los principales de la gente de guerra que habían venido con él: Acercaos, y poned vuestros PIES sobre los CUELLOS de estos reyes. Y ellos se acercaron y pusieron sus PIES sobre los CUELLOS de ellos. 25 Y Josué les dijo: No temáis, ni os atemoricéis; sed fuertes y valientes, porque así hará Jehová a todos vuestros enemigos contra los cuales peleáis. 26 Y después de esto Josué los hirió y los mató, y los hizo colgar en cinco maderos; y quedaron colgados en los maderos hasta caer la noche».