Clases esenciales: Antiguo Testamento

Antiguo Testamento – Clase 18: Amós y Abdías

Artículo
21.03.2018

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Clase esencial
Panorama del Antiguo Testamento
Clase 18: Amós y Abdías


Introducción

¡Bienvenido! Hoy continuaremos con los siguientes dos Profetas Menores. ¿Por qué se les llama «Profetas menores»? No es porque sean menos importantes que los «Profetas Mayores». Es solo que son más cortos que otros libros proféticos. La semana pasada vimos Oseas y Joel. Aprendimos a través de su simbolismo acerca del juicio de Dios. Pero también su promesa de extender gracia, misericordia y esperanza. El día de hoy, avanzaremos hacia Amós y Abdías, y veremos si podemos ampliar lo que ya hemos aprendido.

AMÓS

En Amós 1:1, Amós nos dice que él es del reino del sur, pero su predicación se centra en el reino del norte. También nos dice que estuvo predicando durante el reinado de Uzías en Judá y en días de Jeroboam II, rey de Israel. Esto sitúa a Amós, y la escritura de este libro, aproximadamente a mediados del siglo VIII a. C. Solo unas pocas décadas antes de la caída del norte y poco antes de que Isaías emprendiera su ministerio. Este fue un momento de gran prosperidad económica, expansión y seguridad para ambos reinos.

Así que Amós profetiza después de que la nación ha sido dividida, pero antes de que haya alguna amenaza asiria en el cuadro. Tanto el norte como el sur están de pie, y de pie con fuerza y confianza. Así como Joel usó una plaga de langostas, Amós también utiliza un acontecimiento histórico para enfatizar su mensaje. Él menciona en el capítulo 1, versículo 1, que profetizó dos años antes del «terremoto». Bueno, aparentemente este fue un gran terremoto. Tan grande, que un profeta incluso tan tardío como Zacarías lo menciona, en Zacarías 14:5. Hablaremos más acerca eso en solo unos minutos.

Tema

Esta es una oración sumaria para Amós:

Yahveh está enojado porque su pueblo se está enriqueciendo oprimiendo a sus propios parientes y despreciando a los justos y su palabra.

Al igual que en los últimos profetas que vimos, veremos estos temas recurrentes. La ira de Yahveh a causa de los pecados y el llamado al arrepentimiento para que no se desate en ira. En este libro, Yahveh está enojado por dos cosas. En primer lugar, su propio pueblo está actuando corruptamente, tratando de hacerse rico oprimiendo a sus parientes. Y en segundo lugar, está enojado porque su pueblo desprecia a los que son justos, y desprecian la Palabra de Yahveh. Lo que Amós está diciendo con el terremoto es que si el pueblo no se arrepiente de sus prácticas económicas pecaminosas, Yahveh vendrá en juicio y sacudirá la tierra a diferencia de cualquier terremoto que se haya experimentado alguna vez. Puedes imaginar lo impopular que esto hizo a Amós. Y solo una generación después, el reino del norte fue barrido por completo por los asirios. Fue una caída rápida desde un lugar muy elevado para Israel.

Pasemos al mensaje de Amós.

  1. Dios juzga a las naciones

Lo primero que vemos es que Dios juzga a las naciones. Aunque el enfoque está en Israel en este libro, los primeros capítulos de Amós son profecías contra las naciones vecinas. Puedes ver en Amós 1:3 que la atención está sobre Damasco, en 1:6 Gaza, 1:9 Tiro, 1:11 Edom, 1:13 Amón y 2:1 Moab. Esas son algunas de las naciones gentiles en tiempos de Amós.

Observa por qué Dios las juzga. Él juzgó a Damasco «porque trillaron a Galaad con trillos de hierro». Es decir, porque saqueó, robó y dejó a Galaad estéril. Dios juzga a Gaza porque «llevó cautivo a todo un pueblo para entregarlo a Edom». Dios juzgó a Edom porque «persiguió a espada a su hermano, y violó todo afecto natural». Juzgó a Amón porque «para ensanchar sus tierras, abrieron a las mujeres en Galaad que estaban en cita». Estos son pecados de crueldad, opresión, esclavitud y asesinato. Son grandes y obvios, crímenes de guerra a gran escala. Aunque las naciones gentiles no habían recibido la ley revelada de Dios ni se les habían dado tablas con los Diez Mandamientos, no podían alegar ignorancia de su ley moral. Las naciones gentiles no pueden escapar del juicio de Dios.

El juicio de Dios sobre las naciones gentiles demuestra su reinado universal. Dios hizo que Israel fuera su pueblo especial, pero Dios es el soberano legítimo sobre todos los pueblos y todas las naciones bajo el cielo. Vemos aquí en su juicio de las naciones que él hará que todos rindan cuentas y den a conocer su soberanía universal. Ya sea que hayas escuchado el evangelio o no, eres responsable de tus acciones y un día responderás a Dios por tus pecados. 

¿Preguntas?

  1. Dios juzga a su pueblo

Dios no se detiene al juzgar a las naciones; él juzga especialmente a su pueblo. En el capítulo 2 comienza una profecía contra Judá. Y en el capítulo 2, versículo 6, Amós comienza una larga profecía contra Israel. Con esas primeras profecías, el pueblo del pacto habría aplaudido a Amós, porque esas naciones habían sido durante mucho tiempo los enemigos de Israel y Judá. Pero entonces Amós dice: «no tan rápido Israel y Judá». Tus pecados tampoco son pasados por alto. «De hecho, los profetas a menudo son mucho más críticos y condenan al pueblo del pacto por esa misma razón». Han pactado con Yahveh, y deben saberlo mejor que los gentiles. Mira el capítulo 3, versículo 2:

«A vosotros solamente he conocido de todas las familias de la tierra; por tanto, os castigaré por todas vuestras maldades».

Se suponía que debían ser luces para los gentiles, reflejando las glorias del único Dios verdadero, Yahveh. Pero, en cambio, se comportaron igual de corruptos e inmorales que ellos, y algunas veces incluso peor. Hay dos grandes categorías de pecados por los cuales Israel es juzgado. Primero, hay pecados de injusticia social y política. Segundo, hay pecados religiosos, pecados de idolatría, negligencia en la Palabra de Dios y falta de fe en su pacto.

Primero, Israel estaba experimentando un breve período de lujo y paz. En su abundancia, estaban llenos de injusticia social y política. Dios dice en Amós 2:6-7: «Vendieron por dinero al justo, y al pobre por un par de zapatos… Pisotean en el polvo de la tierra las cabezas de los desvalidos, y tuercen el camino de los humildes». En el capítulo 4, versículo 1, anuncia su palabra a ustedes, las mujeres «que oprimís a los pobres y quebrantáis a los menesterosos». En Amós 5:10 y 5:12 dice: «Ellos aborrecieron al reprensor en la puerta de la ciudad, y al que hablaba lo recto abominaron… afligís al justo, y recibís cohecho, y en los tribunales hacéis perder su causa a los pobres».

Israel era culpable de la esclavitud, la corrupción, el soborno y el favoritismo hacia los ricos y de la explotación de los pobres. Precisamente lo opuesto a la voluntad de Dios para ellos. Dios había mostrado una preocupación específica por los pobres en su ley. Él dijo a Israel: «No pervertirás el derecho de tu mendigo en su pleito», en Éxodo 23:6. Dijo que: No faltarán menesterosos en medio de la tierra; por eso yo te mando, diciendo: Abrirás tu mano a tu hermano, al pobre y al menesteroso en tu tierra» (Deuteronomio 15:11). Israel en los tiempos de Amós se burló de la preocupación de Dios por los pobres.

Espero que lo mismo no sea cierto para nosotros. Dios tiene claro que responsabilizará a su pueblo por cómo actúen y traten a los demás en esta vida. Recuerda que Jesús en Mateo 25 dijo que cuando regrese para juzgar al mundo, ese juicio se basará en la forma en que tratamos a otras personas, particularmente a aquellas que el mundo ha pisoteado. Santiago hace eco del mismo punto cuando dice: «La religión pura y sin mácula delante de Dios el Padre es esta: Visitar a los huérfanos y a las viudas en sus tribulaciones, y guardarse sin mancha del mundo» (1:27).

Entonces, deberíamos preguntarnos: ¿Cómo es la actitud de nuestro corazón hacia el dinero? ¿Lo deseamos para nosotros, o lo acogemos como una herramienta que Dios nos ha prestado para la vida y el ministerio? ¿Cómo es nuestra actitud hacia el diezmo? ¿Damos con resentimiento o con alegría? ¿Cómo nos preocupamos por los pobres? En CHBC, nuestro fondo de benevolencia ayuda a quienes lo necesitan. ¿Nos encontramos internamente pensando que el fondo de benevolencia es un derroche de los diezmos arduamente ganados, o deseamos verlo crecer durante tiempos económicos difíciles? ¿Hemos contactado a nuestros hermanos y hermanas desempleados para conocer sus necesidades, o gravitamos inconscientemente hacia los prósperos porque ellos no necesitan tanto y pueden ayudarnos? ¿Eres tentado a ser orgulloso o arrogante?

Segundo, el pueblo de Dios es juzgado por pecados religiosos. Y aquí es donde se les juzga de manera diferente a sus vecinos gentiles. Judá es condenado porque «menospreciaron la ley de Jehová, y no guardaron sus ordenanzas, y les hicieron errar sus mentiras» (2:4). Israel ordenó a los profetas: «No profeticéis» (2:12). Aparentemente practicaban la prostitución de culto, a lo que Amós alude cuando dice: «el hijo y su padre se llegan a la misma joven, profanando mi santo nombre. Sobre las ropas empeñadas se acuestan junto a cualquier altar; y el vino de los multados beben en la casa de sus dioses» (2:7-8). Y menospreciaron a Dios y los votos del pueblo para con él, haciendo que los nazareos bebieran vino, algo que un nazareo había jurado no hacer (2:12).

Lo que aprendemos aquí es que la elección de Dios no es un cheque en blanco para la irresponsabilidad, los estándares morales flexibles y la presunción. Por el contrario, la elección de Dios en realidad aumenta nuestra responsabilidad de vivir rectamente ante el Señor. Algunas personas rechazan la doctrina de la elección porque dicen que socava la responsabilidad del cristiano de vivir una vida santa. Bueno, los profetas no piensan así. Consideran la elección como algo que debería pesar profundamente en las mentes de las personas, como para decirles continuamente: «¡Oye! Has sido llamado. Has sido apartado. Apartado para un propósito especial: vivir una vida santa en el temor de Yahveh, demostrando tu santidad a todos los que te rodean. ¡Cumple tu gran y privilegiado llamamiento! ¡Sé quién especialmente eres  llamado a ser!». La elección nunca conduce a la presunción, sino a una gran responsabilidad. Al pueblo de Dios se le ha dado su voluntad revelada y, por tanto, es capaz de cometer un pecado mayor: descuidar la Palabra de Dios. Nuevamente, en Amós 3:2: «A vosotros solamente he conocido de todas las familias de la tierra; por tanto, os castigaré por todas vuestras maldades».

De hecho, esto es lo mismo que vemos en el Nuevo Testamento. Pedro nos dice lo mismo en 1 Pedro 1:15: «como aquel que os llamó es santo, sed también vosotros santos en toda vuestra manera de vivir». Y en 1 Pedro 2:9 dice: «Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable». Pablo también nos dice que el fin previsto de la predestinación es la santidad en Efesios 1: «según nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él» (vv.3f). 

¿Preguntas?

  1. Dios juzga con justicia y certeza

Dios juzgará a las naciones y juzgará a su pueblo. Amós también habla acerca del carácter y la causa del juicio de Dios. En Amós 7 al 9 vemos que Dios juzgará con certeza y justicia. Dios le da a Amós una serie de visiones acerca de su juicio. Veamos una de ellas en Amós 7:7-9.

«7Me enseñó así: He aquí el Señor estaba sobre un muro hecho a plomo, y en su mano una plomada de albañil. Jehová entonces me dijo: ¿Qué ves, Amós? Y dije: Una plomada de albañil. Y el Señor dijo: He aquí, yo pongo plomada de albañil en medio de mi pueblo Israel; no lo toleraré más. Los lugares altos de Isaac serán destruidos, y los santuarios de Israel serán asolados, y me levantaré con espada sobre la casa de Jeroboam».

Una plomada es un cable con un peso en el extremo. Un artesano o un ingeniero sostiene un extremo del cordón; el peso asegura que el cable cuelgue hacia arriba y hacia abajo. Es una herramienta empleada para determinar la verdadera verticalidad, que se usa para medir qué tan bien está construida una pared. Dicho de otro modo, una plomada es un estándar perfecto. En esta visión, Dios está midiendo a Israel contra su estándar perfecto, y los encuentra deficientes. El enfoque está en la perfección y la precisión de su juicio.

Como diría Jesús en el sermón del monte: «Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto» (Mateo 5:48). Debido a que el estándar de Dios es la perfección, Dios nos encuentra justificadamente deficientes y, en consecuencia, nos juzga. En un pasaje posterior (Mateo 19), los discípulos de Jesús se desesperaron con razón acerca de la posibilidad de la salvación, entendiendo que debido a que el estándar de Dios es la perfección, la salvación es simplemente imposible para personas pecaminosas. Entonces, ¿de qué manera podemos ser salvos? 

  1. Dios juzga con misericordia

Porque, finalmente, vemos que Dios juzga con misericordia. ¿Recuerdas la semana pasada cómo hablamos del patrón común de acusación, juicio, el llamado al arrepentimiento y luego la misericordia que los profetas a menudo usan? Tal como vimos la semana pasada, los profetas siempre terminan en gracia y misericordia. No importa cuánto tiempo duren las acusaciones y los pronunciamientos del juicio, independientemente de cuán larga sea la lista de las naciones infractoras, los profetas siempre terminan su mensaje con la promesa de salvación.

Amós presagia su conclusión al principio del libro. Comunica al pueblo cómo pueden escapar del juicio venidero. Y esa vía de escape es a través del arrepentimiento. Mira Amós 5:14-15:

«Buscad lo bueno, y no lo malo, para que viváis; porque así Jehová Dios de los ejércitos estará con vosotros, como decís. Aborreced el mal, y amad el bien, y estableced la justicia en juicio; quizá Jehová Dios de los ejércitos tendrá piedad del remanente de José».

Dios incluso muestra su misericordia en acción. En el capítulo 7, Dios le da a Amós dos visiones de juicio: fuego y una plaga de langostas. Ambas veces Amós clama y suplica el perdón de Dios. Y las dos veces, el Señor cede.

Amós regresa a la promesa de misericordia y salvación al final del libro. Él profetiza acerca del día del juicio venidero, el día del Señor. Dios dice en el capítulo 9, versículo 11: «En aquel día yo levantaré el tabernáculo caído de David, y cerraré sus portillos y levantaré sus ruinas, y lo edificaré como en el tiempo pasado». Este día es un día de juicio, pero este «día» también verá la restauración de «la tienda caída de David» (la división del reino y el exilio). Yahveh recordará sus antiguas promesas, y el pueblo volverá a experimentar el amor del pacto de Yahveh. Él continúa en los versículos 14-15:

«Y traeré del cautiverio a mi pueblo Israel, y edificarán ellos las ciudades asoladas, y las habitarán; plantarán viñas, y beberán el vino de ellas, y harán huertos, y comerán el fruto de ellos. Pues los plantaré sobre su tierra, y nunca más serán arrancados de su tierra que yo les di, ha dicho Jehová Dios tuyo».

Esta es una imagen de la nueva creación después del juicio final de Dios y el regreso de Cristo, un retorno al paraíso que Dios siempre tuvo la intención que disfrutáramos.

Observa cómo estos últimos versículos son una inversión de un juicio anterior en Amós 5:11. Allí, Dios dijo:

«Por tanto, puesto que vejáis al pobre y recibís de él carga de trigo, edificasteis casas de piedra labrada, mas no las habitaréis; plantasteis hermosas viñas, mas no beberéis el vino de ellas».

Amós está diciendo aquí que los que desean ser ricos deben procurar la justicia, hacer justicia y poner su esperanza en Cristo para obtener la recompensa en el mundo venidero y no en este. Ese es un tema que Jesús luego retoma cuando les dice a sus seguidores que acumulen tesoros en el cielo y que den a los pobres los tesoros de la tierra.

Finalmente, vemos que la misericordia de Dios se extiende a todo el pueblo de Dios, incluyendo los gentiles. En Amós 9:12, Dios invita a las naciones a unirse a su bendición. Promete que el Israel restaurado «tomará posesión del remanente de Edom y de todas las naciones donde se invoca [su]  nombre» (LBLA) (un eco de Números 24:18, en el que Balaam hace una profecía similar). Ahora bien, ¿es esa «toma de posesión» algo bueno para las naciones? Es decir, ¿pueden compartir la bendición de Israel? ¿O hace referencia a una conquista? Bien, en Hechos 15, Santiago está hablando al Concilio de Jerusalén que está tratando de descubrir qué hacer con todos los gentiles que se vuelven en fe hacia el Señor Jesucristo. Sorprendentemente, Santiago cita este pasaje de Amós. Santiago dice que con la muerte y la resurrección de Jesucristo, la casa de David se reconstruye y puede ser un hogar para judíos y gentiles por igual. Y ahora todos los que se arrepienten (así como Amós predicaba) y ponen su fe en Jesús están incluidos en esta salvación escatológica.

¿Preguntas?

ABDÍAS 

Contexto

Vimos cómo Amós 9:12 profetiza que Israel ejercerá soberanía sobre Edom. Bueno, todo el libro de Abdías es una extensión de ese versículo. Abdías es único en el sentido de que es el único profeta que hemos estudiado hasta ahora que no se dirige ni al reino del norte ni al reino del sur. En cambio, la profecía de Abdías se dirige directamente hacia la nación gentil de Edom. Edom es significativo porque su relación con el pueblo del pacto se remonta hace mucho tiempo atrás. Los edomitas eran los descendientes de Esaú, que era el hermano de Jacob. Edom, es el primo nacional de Israel y Judá. Pero lo más importante es que Edom ha sido un primo y vecino opresivo[1]. Entonces, este libro trata acerca del compromiso del pacto de Yahveh por defender y vindicar a los enemigos de su pueblo. Podríamos simplemente resumir el mensaje de Abdías así:

Yahveh juzgará a aquellos que maltratan arrogantemente a su pueblo.

Edom tenía una larga historia de maltratar arrogantemente al pueblo del pacto. Puedes leer acerco de esto en Génesis 27:40f, Números 20:14-21, 1 Samuel 14 y 2 Samuel 8. Y ahora, la paciencia de Yahveh para con ellos ha llegado a su fin. Además, (y aquí es donde obtendremos nuestra aplicación), el día del Señor, que es un día de rendición de cuentas para todas las naciones, también está a la vista aquí (v.15). Esto hace que Edom sea un prototipo que apunta a todas las naciones de los últimos días, especialmente a aquellos que maltratan arrogantemente al pueblo de Dios. 

Abdías 1-9. La sentencia: La destrucción venidera

Dios promete juzgar a Edom repetidamente a lo largo de los primeros nueve versículos. «He aquí, te haré pequeño entre las naciones; despreciado eres en gran manera» (v.2). «Te derribaré» (v.4). «¡Cómo fueron escudriñadas las cosas de Esaú! Sus tesoros escondidos fueron buscados» (v.6). «¿No haré que perezcan en aquel día, dice Jehová, los sabios de Edom, y la prudencia del monte de Esaú?» (v.8). Por sus pecados, Dios juzgará a las naciones en el día del Señor. «Porque cercano está el día de Jehová sobre todas las naciones; como tú hiciste se hará contigo; tu recompensa volverá sobre tu cabeza» (v.15). Abdías hace eco del mensaje que Amós tuvo para todas las naciones que rodean a Israel en Amós 1. Todas las naciones y los pueblos son responsables ante Dios por sus acciones.

Esto es especialmente relevante en la actualidad. Abdías anunciaba juicio contra personas que no conocían a Dios, que no lo reconocieron y que no le asignaron un lugar en sus vidas. En otras palabras, personas muy parecidas a nuestros vecinos y compañeros de trabajo no cristianos. Si bien es posible que no deseemos comenzar a compartir el evangelio leyendo a Abdías, esta advertencia debería retumbar en nuestros oídos y estimular el celo en nuestro evangelismo. Este es el juicio que les espera a nuestros amigos que no conocen al Dios viviente.

Abdías 10-14: La acusación: La opresión al pueblo de Dios

¿Por qué Dios juzgaba a Edom? ¿Cuáles fueron sus pecados? Al principio del libro, Dios acusa a los edomitas específicamente por su orgullo. El versículo 3 menciona específicamente su soberbia, y luego también su vida «en las hendiduras de las peñas», en una «altísima morada». Vivían en las montañas y su capital, Petra, era virtualmente inaccesible. Por tanto, creían que eran invencibles. Y se burlaban diciendo: «¿Quién me derribará a tierra?» Bueno, en el versículo 4, Yahveh dice que los derribará, precisamente porque tenían un alto concepto de sí mismos[2].

Pero Dios promete juicio principalmente porque Edom oprimió al pueblo de Dios. Esta es una adición interesante a los mensajes de los profetas. Vimos en Amós que las naciones paganas fueron juzgadas por su crueldad general y que el pueblo de Dios es juzgado por apostasía. Ahora tenemos un libro completo de la Biblia especial y específicamente escrito para anunciar el juicio sobre una nación pagana por su trato con el pueblo de Dios. El mensaje es que Dios se preocupa por los suyos. Mira los versículos 10-11: «Por la injuria a tu hermano Jacob te cubrirá vergüenza, y serás cortado para siempre. El día que estando tú delante, llevaban extraños cautivo su ejército, y extraños entraban por sus puertas, y echaban suertes sobre Jerusalén, tú también eras como uno de ellos». Y continúa en otros versículos hablando acerca de cómo Edom permanecía pasivamente, mientras que otros oprimían al pueblo de Dios, o participaba activamente en la opresión. Como acabo de mencionar, hay una serie de ejemplos de la violencia de Edom contra el pueblo del pacto, por lo que es difícil decir a qué se refiere exactamente aquí[3]. Pero en realidad no importa. Lo que importa es que Dios se preocupa por su pueblo. Él los protegerá. Él vendrá en su ayuda y los vindicará. Para el opresor, el día del juicio está por llegar. No pueden maltratar para siempre al pueblo de Yahveh.

¿Alguna vez has sido perseguido? ¿Has estado desanimado? ¿Se han burlado de tu fe? ¿Has vivido en un país donde predicar la palabra de Dios era ilegal? ¿Te rechazó tu familia cuando te convertiste y pusiste tu confianza en Cristo? Dios sabe esto, y le importa, y él te vindicará al final. Él es tu protector.

Abdías 17-21: El resultado: El establecimiento del pueblo de Dios

Vemos esto más claramente cuando el libro termina. Es un día de salvación y vindicación para el pueblo de Dios que alguna vez fue perseguido. Abdías profetiza que la tierra de Edom será poblada por el pueblo de Dios y la tierra se convertirá en parte del reino de Dios. «Y los del Neguev poseerán el monte de Esaú» (v.19), «Y subirán salvadores al monte de Sion para juzgar al monte de Esaú; y el reino será de Jehová» (v.21). Al final, el pueblo de Dios es vindicado; Dios triunfa; y la salvación de su pueblo se completa.

Vuelvo a recordar las enseñanzas del Nuevo Testamento acerca del regreso de Cristo, el último día del Señor. El libro de Apocalipsis, por ejemplo, es una visión sostenida del reinado universal de Cristo y la victoria final de Dios sobre el pecado, la muerte y el infierno. En 2 Tesalonicenses 1:6-9 leemos: «Porque es justo delante de Dios pagar con tribulación a los que os atribulan, y a vosotros que sois atribulados, daros reposo con nosotros, cuando se manifieste el Señor Jesús desde el cielo con los ángeles de su poder, en llama de fuego, para dar retribución a los que no conocieron a Dios, ni obedecen al evangelio de nuestro Señor Jesucristo,  los cuales sufrirán pena de eterna perdición, excluidos de la presencia del Señor y de la gloria de su poder».

Hasta ese día, sin embargo, Jesús también nos da instrucciones acerca de cómo lidiar con nuestros perseguidores y enemigos. En Mateo 5:44-45 leemos: «Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen, para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y que hace llover sobre justos e injustos».

Conclusión

Una vez más, hemos aprendido mucho de los Profetas Menores. Hemos aprendido acerca del pecado, de la ira y  de la redención. Hemos aprendido acerca del día del Señor, acerca de la primera y segunda venida de Cristo. Y hemos aprendido sobre nuestras responsabilidades aquí entre esos dos advenimientos. La próxima semana, aprenderemos aun más de Jonás y Miqueas.

Oremos.

 

[1] Canónicamente hablando, también es interesante señalar que Amós termina con la salvación del remanente de Edom, y Abdías es una profecía contra Edom. Eso puede explicar por qué Abdías sigue a Amós en el canon hebreo.

[2] El uso de la palabra «despreciado» en el versículo 2 es un ejemplo de una justicia irónica a luz de Génesis 25:34. Allí Esaú «despreció» su primogenitura, y al hacerlo despreció el pacto. «Despreció» a Yahveh, y así Yahveh hará que su descendencia sea «despreciada».