Clases esenciales: Antiguo Testamento

Antiguo Testamento – Clase 17: Oseas y Joel

Artículo
21.03.2018

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Clase esencial
Panorama del Antiguo Testamento
Clase 17: Oseas y Joel


Introducción

¿Tiene la historia un significado? De ser así, ¿de qué manera aprendemos sus lecciones? Hace dos semanas, examinamos casi 400 años de historia en los libros de 1 y 2 Reyes. Bueno, los profetas son el comentario de Dios acerca de la historia. Tanto la historia que hemos visto como la historia que está por venir. Así que mientras continuamos con los profetas en las siguientes semanas, nuestro objetivo será revelar el significado de la historia que vemos en los libros de Reyes.

De hecho, dirígete a la tabla de contenidos en tu Biblia. ¿Ves dónde está Isaías? De Isaías en adelante, encontramos a los llamados Profetas. Los Profetas, a su vez, se dividen en dos secciones. Los Profetas Mayores, desde Isaías hasta Daniel. Y los Profetas Menores, los cuales empezamos a estudiarlos el día de hoy, desde Oseas hasta Malaquías. Ahora bien, la razón por la que algunos se llaman «Mayores» y otros «Menores» es simplemente porque los Profetas Mayores son, en términos generales, más extensos y los Menores más cortos. Tan cortos, en realidad, que los Profetas Menores tradicionalmente fueron colocados juntos en un solo rollo, conocido como un libro llamado el «Libro de los Doce».

Este Libro de los Doce es sorprendente en su mensaje único, a pesar de la diversidad de sus autores humanos. Podrías decir que su impulso general es el pecado, el juicio, la misericordia y la esperanza. Estos profetas condenan el pecado y la hipocresía que tanto vimos en el reino del norte como en el del sur. Pronuncian juicio actual y futuro. Declaran misericordia al pueblo de Dios a través de las promesas de un rey venidero como David. Y proclaman la esperanza de una futura restauración donde los redimidos habitarán para siempre en la presencia de Dios.

Hoy: Oseas y Joel.

OSEAS 

Contexto

Oseas 1:1 nos indica el autor: Oseas. Y también nos señala el período de tiempo: Oseas predicó desde el reinado de Uzías hasta el tiempo de Ezequías, reyes en el sur. Esto hace que Oseas sea contemporáneo con Isaías. Pero a diferencia de Isaías, que ministraba en el reino del sur de Judá, Oseas profetizó al reino del norte de Israel. Era una época de gran prosperidad económica, y en su comodidad, el pueblo adoraba a dioses extranjeros en lugar de a Yahveh.

Bosquejo

En términos de un bosquejo, el libro de Oseas aborda el problema central de la idolatría en dos grandes secciones. Los primeros tres capítulos son una parábola extendida acerca de la vida de Oseas, usando su matrimonio con una esposa infiel para representar la relación de Israel con Yahveh. Y esta imagen de un matrimonio roto provee un marco general que corre a lo largo del Libro de los Doce. Israel ha abandonado su pacto con el Señor, pero, como un esposo fiel, Dios recuperará a su verdadero pueblo y los restaurará.

Luego, los capítulos 4 al 14 contienen mensajes de Dios para su pueblo. Con todo el lenguaje poético y apocalíptico, es muy fácil perderse. Pero si miras el bosquejo en el reverso de tu folleto, verás que hay un ciclo básico triple que se repite tres veces. Acusación en la que Dios recita y condena el pecado del pueblo; amenaza de juicio si no se arrepienten; y finalmente misericordia cuando Dios redime a su pueblo del pacto. Saber dónde te encuentras en estos ciclos puede ayudarte a seguir la dirección general de la profecía de Oseas.

¿Cómo podemos resumir mejor los temas de Oseas? Debido a que la conmovedora historia del matrimonio de Oseas proporciona la analogía de la relación rota del pueblo con Dios, es más útil ver a Oseas como una profecía acerca del amor. El amor, incluso el amor de Dios, es muy incomprendido en la actualidad. Así que echemos un vistazo a Oseas y veamos qué nos enseña acerca de cómo es realmente el amor de Dios.

Aunque antes de comenzar, vamos a recopilar lo que ya sabemos desde Génesis hasta Isaías. ¿Qué nos enseñan estos libros que hemos estudiado hasta ahora acerca del amor de Dios?

Oseas 1-3 

La extraña historia de amor

Primero, la extraña historia de amor. El libro de Oseas comienza con dos imágenes que capturan el mensaje de todos los profetas menores.

Primero: el matrimonio de Oseas con una mujer infiel llamada Gomer. Leamos Oseas: 1:2-3:

«El principio de la palabra de Jehová por medio de Oseas. Dijo Jehová a Oseas: Ve, tómate una mujer fornicaria, e hijos de fornicación; porque la tierra fornica apartándose de Jehová. Fue, pues, y tomó a Gomer hija de Diblaim, la cual concibió y le dio a luz un hijo».

La rebelión del pueblo de Dios es tan horrible, y tan personal, que Oseas la describe con la imagen desgarradora del adulterio. Y no cualquier tipo de adulterio; Oseas utiliza la imagen de la prostitución. Ve 3:1-3:

«1Me dijo otra vez Jehová: Ve, ama a una mujer amada de su compañero, aunque adúltera, como el amor de Jehová para con los hijos de Israel, los cuales miran a dioses ajenos, y aman tortas de pasas.La compré entonces para mí por quince siclos de plata y un homer y medio de cebada. Y le dije: Tú serás mía durante muchos días; no fornicarás, ni tomarás otro varón; lo mismo haré yo contigo».

A pesar de que Gomer cometió adulterio, Oseas la recibió. Y eso simboliza lo que ha estado ocurriendo durante generaciones en una escala mucho mayor. Israel ha estado jugando a la ramera al adorar a otros dioses, pero Yahveh siempre ha sido un esposo fiel y perdonador.

Pero las cosas están a punto de cambiar: es hora de que Israel sufra las maldiciones prometidas al final del Deuteronomio para quienes quebranten el pacto. El hecho de que Dios sea amoroso no significa que ignore el mal (2:13).

¿Este castigo durará para siempre? Dios sería justo si lo hiciera. Pero el increíble mensaje de Oseas es que Dios mostrará misericordia a su pueblo. Mira Oseas 2:19-20:

«19 Y te desposaré conmigo para siempre; te desposaré conmigo en justicia, juicio, benignidad y misericordia. 20 Y te desposaré conmigo en fidelidad, y conocerás a Jehová».

El amor de Dios no se gana. ¡No lo recibimos por ser demasiado encantadores! No, nuestro rol en esta historia no es el de Oseas, el esposo amoroso y virtuoso. No, interpretamos el rol de Gomer. Y eso significa que para nosotros, el hecho de que el amor de Dios sea libre y misericordioso es una buena noticia. Algo que podrías hacer para reflexionar sobre esta historia, incluso esta semana, sería meditar sobre cómo el pecado en tu vida es infidelidad conyugal a Dios. Y luego regocíjate en lo él que ha hecho para rescatarte.

Pero hay otra imagen aquí que retrata el amor de Dios, y son los nombres que Dios da a los hijos de Oseas. En 1:4, el primer hijo de Oseas se llama Jezreel, el nombre del sitio de una terrible masacre que despertó la ira de Dios contra Israel. En 1:6, la hija de Gomer se llama Lo-ruhama, que significa «no amada». En 1:9, el segundo hijo de Gomer se llama «Lo-ammi», que significa «no es mi pueblo». Los nombres se vuelven cada vez más preocupantes, ¡y el punto trágico aquí es que Dios está desechando a Israel como su pueblo! El juicio está llegando. ¿Pero qué sucederá después de eso? Oseas 2:23 da la respuesta: «Tendré misericordia de Lo-ruhama; y diré a Lo-ammi: Tú eres pueblo mío, y él dirá: Dios mío». Ahora, ¡estos temibles nombres están invertidos! ¡Dios muestra misericordia! ¿Quién recibirá esta misericordia? Oseas 3:5 dice que serán los que volverán y buscarán al Señor su Dios y a David su rey.

Este es un versículo fascinante, porque como vimos anteriormente, ¡Oseas profetizó durante los reinados de los reyes que vivieron doscientos años después de David! Entonces cuando él dice que el pueblo buscará a «David» su rey, está hablando del rey que gobernaría al pueblo de Dios en los últimos días, el rey que sería un hijo de David, el Mesías. Cuando Pablo explica en Romanos 9:25 que tanto gentiles como judíos conocerían la salvación por medio de Cristo, cita el versículo de Oseas 2:23 acerca de la reversión de los nombres de los niños. Nos está mostrando que no solo Israel, sino todos nosotros, estamos separados de Dios por nuestros pecados, y todos merecemos ser expulsados ​​de su presencia por la eternidad. Pero Jesucristo ha soportado la ira de Dios y nos regresa a la comunión con él.

Y esa es la extraña historia de amor: una historia acerca de un Dios fiel que llama de vuelta a su pueblo pesar de su infidelidad. Y a medida que analicemos el resto del libro de Oseas, veremos cómo se mostrará el amor de Dios a una novia tan rebelde. Y hay tres temas específicos que recorren estos capítulos.

Oseas 4-14

El desafío del amor: El pecado

Primero en esta sección, vemos el desafío del amor: el pecado del pueblo de Dios que desafió su amor. Mira Oseas 4:1-2:

«Oíd palabra de Jehová, hijos de Israel, porque Jehová contiende con los moradores de la tierra; porque no hay verdad, ni misericordia, ni conocimiento de Dios en la tierra. Perjurar, mentir, matar, hurtar y adulterar prevalecen, y homicidio tras homicidio se suceden».

¿Por qué tanta maldad? El diagnóstico de Oseas: una falsa adoración. La idolatría. Esa es la razón de la imagen del adulterio en los primeros capítulos del libro, porque la idolatría es, en realidad, adulterio espiritual.

Oseas no usa términos dóciles para hablar acerca del pecado. Nosotros tampoco deberíamos. Desobedecer al Señor no es algo pequeño e insignificante como a menudo pretendemos. ¡Es adulterio! Y por causa del pecado del pueblo, Dios dice que los juzgará. Y gran parte de estos capítulos están llenos de ese juicio.

La recuperación del amor: El arrepentimiento

Entonces, si el pecado es el problema y ocasiona juicio, ¿cuál es el camino de regreso a Dios? Oseas dice que la recuperación del amor se consigue a través del arrepentimiento. Donde encontramos misericordia en medio del juicio. Escucha esta apelación que el profeta da en Oseas 6:1-2:

«1 Venid y volvamos a Jehová; porque él arrebató, y nos curará; hirió, y nos vendará. 2 Nos dará vida después de dos días; en el tercer día nos resucitará, y viviremos delante de él».

El pecado luce bien en la oscuridad; el arrepentimiento trae el pecado a la luz. Debemos exponer nuestro pecado, a través de la reflexión, la oración, la confesión y la meditación en la Palabra de Dios.

Bueno, resulta que, Israel ignoró este llamado al arrepentimiento. Entonces, como Oseas profetizó, el Imperio asirio vino y destruyó el reino de Israel pocos años después de su ministerio. Pero las promesas y la esperanza ofrecidas en este libro todavía permanecían. Muchas de estas promesas de misericordia descritas se desarrollaron en el tiempo de Cristo, y algunas aún se desarrollarán. Esa es nuestra máxima esperanza: la restauración.

La esperanza del amor: La restauración

El pecado desafía al amor. El arrepentimiento ofrece recuperación. Y entonces la esperanza de aquellos a quienes Dios ama es la restauración, la restauración de la perfecta comunión con Dios. Como vimos anteriormente, Oseas redimió a su esposa. Él literalmente la compró, recuperándola de su prostitución en el capítulo 3. Dios haría lo mismo. Aunque juzgaría todo el pecado de Israel, compraría la vida de su verdadero pueblo y los devolvería a su presencia. Eso es lo que se describe en Oseas 13:14: «De la mano del Seol los redimiré, los libraré de la muerte. Oh muerte, yo seré tu muerte; y seré tu destrucción, oh Seol; la compasión será escondida de mi vista». ¿Te suenan familiares esas palabras? ¡Pablo cita exactamente este versículo en 1 Corintios 15 donde explica la resurrección de Jesús! Puesto que Jesús se levantó de la tumba, la muerte no tiene poder sobre los que creen. Dios paga el rescate que su propia justicia requiere sacrificando a su Hijo, y nosotros, los creyentes, somos libres.

Y Oseas no solo nos habla de la nueva vida que Dios le concede a aquellos a quienes ama, también nos cuenta de qué manera esos creyentes son restaurados a la amorosa presencia de Dios. Dios desterró al Israel pecador de la tierra. Pero a través de Oseas, Dios proclamó la esperanza para todos los que quisieran escuchar. Oseas 11:8-11:

«¿Cómo podré abandonarte, oh Efraín? ¿Te entregaré yo, Israel? ¿Cómo podré yo hacerte como Adma, o ponerte como a Zeboim? Mi corazón se conmueve dentro de mí, se inflama toda mi compasión. No ejecutaré el ardor de mi ira, ni volveré para destruir a Efraín; porque Dios soy, y no hombre, el Santo en medio de ti; y no entraré en la ciudad. 10 En pos de Jehová caminarán; él rugirá como león; rugirá, y los hijos vendrán temblando desde el occidente. 11 Como ave acudirán velozmente de Egipto, y de la tierra de Asiria como paloma; y los haré habitar en sus casas, dice Jehová».

¡Qué imagen tan increíble! ¡Qué esperanza! ¡Quién dice que los profetas solo hablan acerca de juicio! Por supuesto, como dijimos antes, el reino del Antiguo Pacto de Israel fue destruido, pero el verdadero pueblo de Dios no lo fue. Cuando Pablo cita los pasajes de restauración de Oseas en Romanos, nos demuestra que la profecía de Oseas no se cumpliría en algún estado-nación del Medio Oriente, sino en la Iglesia.

Y si luchas con creer el mensaje de esperanza de Oseas, recuerda que es Jesús quien asegura la restauración que este libro predice. Cuando concluyamos nuestra lectura de este libro, consideremos lo que dice Oseas en 11:1: «Cuando Israel era muchacho, yo lo amé, y de Egipto llamé a mi hijo». Dios está hablando de cómo rescató a Israel de la esclavitud, incluso llamando a la nación su hijo porque la relación era muy íntima. Pero Israel desafió el amor de Dios con su pecado. No recuperarían el amor de Dios a través del arrepentimiento, como dijo Oseas. ¿De dónde podría venir la esperanza de esos pecadores? Procedería de un Hijo mejor, un Israel perfecto. Por esa razón, en una sorprendente demostración de la inspiración de Dios en las Escrituras, Mateo cita ese mismo versículo de Oseas en el capítulo 2, versículo 15: «Para que se cumpliese lo que dijo el Señor por medio del profeta, cuando dijo: De Egipto llamé a mi Hijo». Ahora, ¿cuál es el cumplimiento? No Israel como el hijo de Dios, sino el niño Jesús, cuando regresa de su escondite en Egipto. En otras palabras, Jesús es el hijo que Israel nunca fue. Él cumpliría perfectamente el pacto de Dios como Israel nunca lo hizo. Él fue el verdadero israelita. Y aunque todos nosotros hemos cometido adulterio espiritual contra Dios, Jesús nunca lo hizo. Él siempre fue fiel. Entonces es mediante la muerte y resurrección de Jesús que somos reconciliados con Dios. Y ese es un buen lugar para que nosotros cerremos este panorama de Oseas como un libro acerca del amor.

¿Preguntas? 

JOEL 

Contexto y Tema

Bueno, el tema de la restauración, donde concluimos Oseas, es una transición apropiada a la siguiente sección del Libro de los Doce: el libro de Joel. Voltea la última página de Oseas y deberías estar allí. El autor es el profeta Joel. Oseas introdujo la noción de la restauración en los últimos días, y ahora Joel explica más acerca de cómo será el final de la historia. Él describe, para usar su término, el próximo «día del Señor». A diferencia de Oseas, Joel profetiza al reino del sur, Judá. No sabemos con exactitud cuándo profetizó Joel[1]. Pero sí sabemos que la profecía de Joel estuvo motivada por un hecho histórico: una plaga de langostas. Al igual que Oseas usó el matrimonio como símbolo de algo mayor, Joel señala esta invasión de langostas como un anticipo del juicio de Dios si el pueblo de Dios no se arrepiente. Si el pueblo no se rinde ante Dios, el «día del Señor» será un día de horror; si regresan al Señor, será un día de celebración y bendición.

Esa idea, que el juicio futuro debería afectar la forma en que vivimos hoy, también es importante para nosotros. Entonces, antes de seguir avanzando en Joel, pensemos en eso por un momento. ¿Cómo debería el juicio venidero afectar nuestra vida hoy?

Como puedes ver, el libro de Joel contiene solamente tres capítulos, y se encuentra en un esquema bastante pulcro, el cual puedes ver en tu folleto. Vamos a sumergirnos y recorrer el libro, sin perder de vista cómo Joel responde la pregunta que acabo de hacer. 

Joel 1:1-2:11 – El llamado al lamento

Veamos Joel 1:2-4.

«Oíd esto, ancianos, y escuchad, todos los moradores de la tierra. ¿Ha acontecido esto en vuestros días, o en los días de vuestros padres? De esto contaréis a vuestros hijos, y vuestros hijos a sus hijos, y sus hijos a la otra generación».

¿Puedes imaginar una plaga de semejante magnitud? Destrucción total. ¿Cómo debería responder el pueblo a esas nefastas noticias? Mira Joel 1:14-15:

«14 Proclamad ayuno, convocad a asamblea; congregad a los ancianos y a todos los moradores de la tierra en la casa de Jehová vuestro Dios, y clamad a Jehová. 15 ¡Ay del día! porque cercano está el día de Jehová, y vendrá como destrucción por el Todopoderoso».

¡Hay un propósito para esta plaga! Es un anticipo ordenado divinamente de un día futuro, un día que será mucho peor. Este versículo es el primero de muchas referencias al día del Señor en los Profetas Menores. A estos profetas les preocupa que el pueblo sufrirá desastres como estos, y de que incluso así no se arrepentirán. Y entonces deben ser advertidos de que si continúan ignorando a Dios, experimentarán su ira aún más completa. Nosotros también necesitamos escuchar esta advertencia, un recordatorio de que un día, Dios pondrá fin a la historia y como dice Romanos 14:12: «De manera que cada uno de nosotros dará a Dios cuenta de sí». Si la plaga de langostas es como un poderoso ejército, como Joel lo describe al principio del capítulo 2, entonces el ejército de Dios es mucho más poderoso, como se dice en Joel 2:11:

«Y Jehová dará su orden delante de su ejército; porque muy grande es su campamento; fuerte es el que ejecuta su orden; porque grande es el día de Jehová, y muy terrible; ¿quién podrá soportarlo?».

Joel 2:12-17 – El llamado al arrepentimiento

Ese versículo debería hacernos preguntar: ¿hay alguna esperanza para escapar de este juicio del final de los tiempos, de esta catástrofe cataclísmica? Sí. Mira nuestra próxima sección: Joel 2:12-13:

«12 Por eso pues, ahora, dice Jehová, convertíos a mí con todo vuestro corazón, con ayuno y lloro y lamento. 13 Rasgad vuestro corazón, y no vuestros vestidos, y convertíos a Jehová vuestro Dios; porque misericordioso es y clemente, tardo para la ira y grande en misericordia, y que se duele del castigo».

Al igual que en Oseas, la vía de escape es el arrepentimiento. El pueblo debe regresar a Yahveh. ¿No es interesante? ¡Yahveh es el que trae la destrucción, pero también es su única esperanza de seguridad! ¿Quién más puede protegerse de la ira de Dios sino Dios?

Una vez más, se nos recuerda el evangelio. Solo Jesucristo, quien es completamente hombre y completamente Dios, puede salvar a los pecadores de la propia ira de Dios. Como se pregunta en Joel 2:11: «Porque grande es el día de Jehová, y muy terrible; ¿quién podrá soportarlo?». ¡La respuesta a esa pregunta es Jesús! Solo Jesús, Dios encarnado, podría soportar la ira de Dios y surgir como un Salvador.

Joel 2:18-32 – La promesa de salvación

Este llamado al arrepentimiento ahora es seguido en nuestra próxima sección de una promesa de salvación para el pueblo de Dios. Y es interesante ver el motivo del Señor para saber por qué los salva. Mira el versículo 17, el último versículo de la sección anterior: «¿Por qué han de decir entre los pueblos: Dónde está su Dios?

La preocupación de Joel es que las naciones se burlarán del Señor si su pueblo es destruido. Por tanto,  a fin de vindicar su propia gloria, observa el siguiente versículo: «Y Jehová, solícito por su tierra, perdonará a su pueblo». Por su nombre, fama y reputación mundial, Yahveh salva a su pueblo. Así, el universo entero sabrá sin la más mínima sombra de duda que él es su Dios, como dice en el versículo 27: «Y conoceréis que en medio de Israel estoy yo, y que yo soy Jehová vuestro Dios, y no hay otro; y mi pueblo nunca jamás será avergonzado».

Entonces, lo que estamos viendo es que para aquellos que se rebelan contra Yahveh, el día del Señor es un tiempo de ajuste de cuentas y justicia. Pero para aquellos que se arrepienten y se someten con gusto a él, es un día de misericordia y alegría.

Pero, ¿el día del Señor trata simplemente acerca del fin del mundo? Veamos otro pasaje juntos: Joel 2:28-31:

«28 Y después de esto derramaré mi Espíritu sobre toda carne, y profetizarán vuestros hijos y vuestras hijas; vuestros ancianos soñarán sueños, y vuestros jóvenes verán visiones. 29 Y también sobre los siervos y sobre las siervas derramaré mi Espíritu en aquellos días. 30 Y daré prodigios en el cielo y en la tierra, sangre, y fuego, y columnas de humo. 31 El sol se convertirá en tinieblas, y la luna en sangre, antes que venga el día grande y espantoso de Jehová».

El día del Señor. Pero es mucho más complejo que solo el final de los tiempos. De hecho, este pasaje es un buen ejemplo de cómo muchas profecías en el Antiguo Testamento se cumplen en múltiples etapas. Dos cosas se describen juntas, y no se menciona el intervalo de tiempo entre ellas. Como escribe un autor: «Es como mirar una cadena montañosa desde una gran distancia, donde todas las montañas parecen estar una al lado de la otra. Pero conduce hacia las montañas y encontrarás que las grandes distancias las separan»[2].

La primera «montaña» aquí es el derramamiento del Espíritu Santo de Dios. Ese sería el día de Pentecostés, cuando Pedro citó estos versículos para explicar lo que sucedía a su alrededor. Pero la segunda montaña es una que aún no hemos alcanzado, no se cumplirá hasta que Jesús regrese. Esa es la descripción de la descreación del cosmos representado aquí en las maravillas en el cielo, el oscurecimiento del sol, el cambio de la luna en sangre. El día del Señor ya está y todavía no. Ya amaneció en la primera visita de Jesús a la tierra, pero espera su finalización cuando venga nuevamente.

Joel 3:1-16 – La promesa de justicia

Y eso es lo que vemos cuando Joel concluye en el capítulo 3, con el profeta mirando hacia el cumplimiento final del día del Señor. Primero, Dios promete mostrar justicia a las naciones que han atormentado pecaminosamente a su pueblo. Mira Joel 3:1-2:

«Porque he aquí que en aquellos días, y en aquel tiempo en que haré volver la cautividad de Judá y de Jerusalén, reuniré a todas las naciones, y las haré descender al valle de Josafat, y allí entraré en juicio con ellas a causa de mi pueblo, y de Israel mi heredad…». 

Joel 3:17-21 – La promesa de restauración

Luego, los últimos versículos del libro prometen que Judá será restaurado en su relación con Yahveh, nunca más volverá a saborear los amargos frutos del pecado. Vemos en el capítulo 3, versículo 18, una imagen asombrosa de los nuevos cielos y la nueva tierra donde Dios morará con su pueblo:

«Sucederá en aquel tiempo, que los montes destilarán mosto, y los collados fluirán leche, y por todos los arroyos de Judá correrán aguas; y saldrá una fuente de la casa de Jehová, y regará el valle de Sitim».

Este lenguaje nos muestra que todo el universo será renovado. Esto debería recordarnos que la Biblia no describe meramente la salvación negativamente, como la liberación del castigo de Dios. Principalmente la describe positivamente, como la restauración de su pueblo para sí mismo y su propia presencia.

Conclusión

Muy bien, hoy hemos completado los primeros dos libros de los Profetas Menores. Espero que hayas visto que si la ilustración es un matrimonio roto o una invasión de langostas, la carga de este Libro de los Doce hace dos cosas. Revela la indignación del Señor contra el pecado. Y proclama misericordia y restauración a aquellos que, como dice Joe «rasguen sus corazones» en arrepentimiento (2:13), y pongan su fe en el perfecto Hijo de Dios profetizado en Oseas 11:1. Al confiar en Jesús, llegamos a conocer a Dios como un esposo misericordioso y esperamos con esperanza y fe el día del Señor cuando estemos con él para siempre.

Oremos.

 

[1] Los eruditos discrepan en la fecha de Joel – ve la Introducción al A.T. (Longman & Dillard) pp. 411-414. Su inclusión justo antes de Amós es probablemente un vínculo temático, más que cronológico. No es necesario mencionar esto durante la clase a menos que alguien tenga una pregunta muy específica al respecto.

[2]Dever, Message of the Old Testament, 710.