Clases esenciales: Antiguo Testamento

Antiguo Testamento – Clase 11: Job

Artículo
21.03.2018

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Clase esencial
Panorama del Antiguo Testamento
Clase 11: Job


Introducción a la literatura sapiencial

¡Bienvenido! Hoy estaremos estudiando el libro de Job. Ahora bien, si has estado asistiendo fielmente a las clases estas diez últimas semanas, estoy seguro de que te estarás preguntando: «¿Qué?». Rut, Samuel y luego… ¿Job? Sí. Permíteme explicarte.

Echa un vistazo a tu folleto: «El Antiguo Testamento en el orden histórico redentor». Puedes ver un agrupamiento temático de los libros del Antiguo Testamento, moviéndose desde la creación del pueblo de Dios en el Pentateuco hasta el establecimiento del pueblo de Dios en la tierra, y la coronación del rey de Dios que vimos la semana pasada con Rut y 1 y 2 Samuel. El siguiente libro en tu Biblia, 1 Reyes, comienza el proceso de dar marcha atrás a todo eso con la desobediencia de los reyes de Dios. Esa es una historia contada en Reyes y anunciada por los profetas. Luego, el exilio, o la desestructuración del pueblo de Dios, y finalmente la recreación del pueblo de Dios.

Ahora, en el medio, al establecerse la monarquía, tenemos la sabiduría y la alabanza del rey de Dios. Porque si piensas en ello, la a menudo llamada «literatura sapiencial» en el medio de tu Biblia está bastante relacionada con el rey de Dios. Muchos de los salmos fueron escritos por David. Proverbios, Eclesiastés y Cantar de los Cantares se acreditan o vinculan estrechamente al hijo de David, Salomón. Estos libros eran sabiduría para gobernar bien como el rey de Dios, incluso más de lo que fueron destinados para el pueblo de Dios.

Así que vamos a hacer una pausa en la historia de los reyes de Israel a fin de mirar la sabiduría de Dios para los reyes.

Introducción a Job

Por supuesto, irónicamente, al ir a Job puede que olvides casi todo lo que acabo de decir. Porque Job no fue escrito por ningún rey. Entonces, ¿por qué estamos estudiando Job? Bueno… básicamente porque es literatura sapiencial y le estamos haciendo un hueco con el resto de la literatura sapiencial que encaja aquí. Job es intemporal en su sabiduría. Parece establecerse en el tiempo de Abraham (o incluso antes) sobre la base de cómo vive Job, cómo mide sus riquezas y así sucesivamente. Pero el uso del término del pacto «Yahveh» para Dios por el narrador sugiere que esta historia se recopiló después de Éxodo cuando Dios da a su pueblo su nombre del pacto. Entonces, es un libro que no necesitamos encajar perfectamente en una cronología de acontecimientos externos. Es interesante que cuando los personajes hablan, casi siempre usan el término genérico «Dios». Pero cuando el narrador habla, usa «Yahveh», que aparecerá en tu Biblia como «Jehová» o «el Señor». Por tanto, quien sea que haya recopilado este libro, conocía mucho más acerca de Dios que Job.

Entonces, ¿de qué trata Job? Fundamentalmente, en el libro de Job se registran algunas de las preguntas más difíciles de la vida.

¿Por qué los justos sufren de la misma manera que los injustos? Los malvados parecen quedar impunes, y muchas personas rectas sufren. ¿Cómo explicamos eso? Y, quizá, lo más importante, ¿cómo deberían comportarse  los justos cuando sufren?

Puedes decir que se suponen dos cosas aquí. (1) Que Dios es soberano, ordenando todo lo que va a suceder; y (2) que Dios es bueno, amando lo bueno y aborreciendo lo que es malo. El libro de Job, al igual que el libro de Rut que vimos la semana pasada y el libro de Habacuc al que llegaremos en la segunda mitad del curso, abordan la brecha entre lo que nuestras circunstancias parecen decir acerca de Dios y la realidad en su Palabra de su bondad y soberanía. Cuando miramos la vida que nos rodea, pareciera que Dios no estuviera en control, o que realmente no se preocupara por lo que es bueno. Job trata acerca de entender cómo podemos confiar en un Dios bueno y soberano en medio de un sufrimiento inexplicado.

Observa que no dije que Job explica por qué estas cosas suceden. El libro es útil en parte porque explica por qué a Job le suceden cosas malas. Pero Job nunca descubre eso. En cambio, el libro trata acerca de cómo podemos confiar en un Dios bueno y soberano a pesar de la naturaleza de nuestras circunstancias. Job es un libro sobre la confianza. No sobre una perfecta explicación. Trata acerca de la acumulación de evidencias a fin de que podamos tomar un salto de fe intelectualmente honesto para confiar en Dios en circunstancias difíciles. Incluso cuando nunca descubramos de este lado del cielo por qué se dieron esas circunstancias.

Así que podemos resumir el libro de Job con una simple declaración temática:

Dios es completamente soberano sobre todos los asuntos de su universo, para su gloria. Pero a menudo sus motivos, razones y objetivos detrás de lo que hace no nos son revelados. Sin embargo, encontramos en su carácter, y en nuestro Redentor, una razón para confiar en su cuidado. 

Este no es un tipo de teología sistemática del Nuevo Testamento que se lee en la literatura antigua. En cambio, este es el mensaje de Job. Job se enfrenta a problemas gigantescos. Y no nos da una respuesta simplista y cliché. No hay correspondencia uno a uno entre el mal y el sufrimiento, o entre la justicia y la recompensa, en este lado del cielo. Las cosas son complicadas y difíciles. Y la lucha de Job con esto es genuina y realista. Estos problemas deben ser tratados con seriedad, sobriedad, humildad y reverencia. Pero estos problemas se tratan. Hay un sufrimiento verdadero en el libro de Job. E intentos fallidos de responder a la pregunta de por qué Dios permite que ese sufrimiento ocurra. Pero finalmente, la voz de Dios aclara todo.

Esta mañana, vamos a dividir el libro en tres grandes partes. Primero, observaremos que a menudo sufrimos. Luego, que algunas veces entendemos. Y por último, que siempre podemos confiar[1].

Entonces, a menudo sufrimos. Algunas veces entendemos. Pero siempre podemos confiar. Comencemos.

A menudo sufrimos

Cuando nos topamos por primera vez con Job, vemos que es un hombre justo. Capítulo 1, versículo 1: «Hubo en tierra de Uz un varón llamado Job; y era este hombre perfecto y recto, temeroso de Dios y apartado del mal». No solo era Job justo, también era rico, versículos 2 y 3. Y sabio, como vemos en el versículo 5. En todo, como vemos en el versículo tres, Job era «aquel varón más grande que todos los orientales».

Sin embargo, lo más conocido de Job no es todo esto. Es lo que él pierde. Ocho versículos registran su descenso a la ruina total. Primero, pierde sus riquezas, versículo 13:

«13 Y un día aconteció que sus hijos e hijas comían y bebían vino en casa de su hermano el primogénito, 14 y vino un mensajero a Job, y le dijo: Estaban arando los bueyes, y las asnas paciendo cerca de ellos, 15 y acometieron los sabeos y los tomaron, y mataron a los criados a filo de espada; solamente escapé yo para darte la noticia. 16 Aún estaba éste hablando, cuando vino otro que dijo: Fuego de Dios cayó del cielo, que quemó las ovejas y a los pastores, y los consumió; solamente escapé yo para darte la noticia. 17 Todavía estaba éste hablando, y vino otro que dijo: Los caldeos hicieron tres escuadrones, y arremetieron contra los camellos y se los llevaron, y mataron a los criados a filo de espada; y solamente escapé yo para darte la noticia. 18 Entre tanto que éste hablaba, vino otro que dijo: Tus hijos y tus hijas estaban comiendo y bebiendo vino en casa de su hermano el primogénito; 19 y un gran viento vino del lado del desierto y azotó las cuatro esquinas de la casa, la cual cayó sobre los jóvenes, y murieron; y solamente escapé yo para darte la noticia».

Para completar, Job pierde su salud. Capítulo 2, versículo7. Job pierde todo esto en un momento.

Pasando de Job a nosotros, vale la pena señalar que aunque Job probablemente sufrió más repentinamente que nosotros, no sufrió más exhaustivamente de lo que nosotros sufriremos. Como dijo sir Walter Scott: «llegue lento o llegue rápido, es la muerte la que finalmente llega».

De hecho, el sufrimiento es universal. No obstante, a veces los cristianos evitamos admitir la duda, el miedo, el fracaso, la ira o el conflicto que el sufrimiento puede ocasionar. Nos gusta que los servicios de nuestra iglesia sean como reuniones motivacionales. Pero si queremos tener una comprensión realista de lo que significa ser un seguidor del Crucificado, si queremos vivir en el mundo real, debemos reconocer que, aunque podemos ser capaces de mentalizarnos por algo de tiempo con una versión color rosa del cristianismo, no podremos convencer a muchas personas a nuestro alrededor. Y tampoco lidiaremos honestamente con nosotros mismos. Job es un buen ejemplo de alguien que sufre y aborda honestamente sus sufrimientos.

Eso es lo primero que vemos en este libro: a menudo sufrimos.

¿Preguntas?

Solo entendemos algunas veces

La segunda declaración que resume el mensaje de nosotros para nosotros es: algunas veces entendemos. De esto trata la mayor parte del libro.

Permíteme darte una breve descripción general del resto del libro. Verás esto en un bosquejo en el reverso de tu folleto.

Al final del capítulo 2, tres de los amigos de Job vienen a consolarlo, y se sientan con él en silencio durante toda una semana. Muy sabio de su parte. Finalmente, en el capítulo 3, Job rompe el silencio. Se queja a gritos.

Luego, los capítulos 4-41 —todos  menos el último capítulo— son  una serie de diálogos.

Los capítulos 4-31 contienen tres ciclos de diálogos entre Job y sus tres amigos, Elifaz, Bildad y Zofar. En los ciclos uno y dos, Elifaz habla y Job responde. Luego, Bildad habla y Job responde. Después, Zofar habla y Job responde. En realidad, cada uno de los oradores comenta lo mismo. Los amigos de Job: Estás sufriendo porque has pecado. Job: ¡No es así! ¡Soy inocente! Al final del tercer ciclo, Job hace su última protesta. Casi exige que Dios aparezca y explique su sufrimiento.

En lugar de Dios, escuchamos a un joven llamado Eliú, que aparece en el capítulo 32 y habla detenidamente hasta el capítulo 37. Eliú dice que ha estado escuchando durante un tiempo, pero que no ha dicho nada porque es más joven y no quiere faltarle el respeto a sus mayores. Pero Eliú no está feliz con nadie. Cree que han perdido mucho tiempo contemplando y señalando a Job, y no mirando a Dios lo suficiente. Entonces, da cuatro monólogos acerca de la grandeza de la justicia y misericordia de Dios que están por encima del entendimiento humano. Desafía a Job a considerar cuáles de sus sufrimientos podrían de alguna manera ser actos deliberados de un Dios amoroso. Y concluye, 37: 23-24 diciendo:

«23 El es Todopoderoso, al cual no alcanzamos, grande en poder; y en juicio y en multitud de justicia no afligirá. 24 Lo temerán por tanto los hombres; él no estima a ninguno que cree en su propio corazón ser sabio».

Finalmente, en el capítulo 38, Dios mismo entra en la discusión y critica a aquellos que «oscurecen el consejo» con «palabras sin sabiduría» (38:2). En uno de los pasajes más destacados de la Biblia, Dios evoca la imagen a Job y a los demás de su poder único y soberano. Como dice en un momento: «¿Quién puso la sabiduría en el corazón? ¿O quién dio al espíritu inteligencia?» (38:36). Dios mira el mundo natural y considera las muchas cosas que ha hecho, desde los mares hasta las estrellas, desde avestruces hasta bueyes.

Luego, en el capítulo 40, Dios le pregunta a Job directamente: «¿Es sabiduría contender con el Omnipotente? El que disputa con Dios, responda a esto» (40:2).

A lo que la respuesta de Job es simple: «He aquí que yo soy vil; ¿qué te responderé? Mi mano pongo sobre mi boca. Una vez hablé, mas no responderé; Aun dos veces, mas no volveré a hablar» (40: 4-5).

Dios responde:

«¿Invalidarás tú también mi juicio? ¿Me condenarás a mí, para justificarte tú? ¿Tienes tú un brazo como el de Dios? ¿Y truenas con voz como la suya? 10 Adórnate ahora de majestad y de alteza, Y vístete de honra y de hermosura. 11 Derrama el ardor de tu ira; Mira a todo altivo, y abátelo» (40:8-11).

En el resto de los capítulos 40 y 41, Dios continúa instruyendo a Job y a los demás acerca de quién es él: «¿Quién, pues, podrá estar delante de mí? 11 ¿Quién me ha dado a mí primero, para que yo restituya? Todo lo que hay debajo del cielo es mío» (41: 10b-11).

En el capítulo 42, el último capítulo, Job hace su confesión final:

«De oídas te había oído; Mas ahora mis ojos te ven. Por tanto me aborrezco, y me arrepiento en polvo y ceniza» (42:5-6).

La historia termina aquí en el capítulo 42 con Dios diciéndole a Elifaz, Bildad y Zofar que han estado equivocados. Él dice que lo que Job dijo acerca de Dios es verdad. (42:7) Entonces, él bendice a Job. Hay algunas cosas interesantes que Dios no dice, las cuales veremos en un momento. Esto es un resumen del libro.

Ahora, regresemos a un tema principal que se extiende a través de estos capítulos: Algunas veces entendemos.

Los amigos de Job sostuvieron que siempre podemos entender por qué sufrimos. Sus argumentos se pueden resumir básicamente de esta manera: «Job, lo que te pasó es realmente malo. Debes haber pecado extraordinariamente, porque Dios es justo. Y aunque niegues haber pecado, sabemos que debes haberlo hecho. No puede haber otra explicación».

Y cada vez que Job básicamente respondía: «Oh, no, esto no puede ser por mi pecado», no es que él considerara que nunca había pecado, sino que no creía que en su vida hubiese un pecado tan grande y oculto que mereciese semejante calamidad.

Los amigos de Job seguían volviendo al principio básico: «Obtienes lo que mereces». Realmente, su respuesta es como la respuesta de los discípulos de Jesús en Juan 9: «Rabí, ¿quién pecó, éste o sus padres, para que haya nacido ciego?». Eran tan justos como los discípulos.

Y podemos identificarnos con ellos. Querían saber por qué le había sucedido esto a su amigo Job. No negaron la realidad del mundo material como el científico cristiano o el budista que dice, en esencia, «el sufrimiento no es real». Y no podían abandonar su ortodoxia rechazando la justicia de Dios o su soberanía. Entonces, esto es lo que les quedaba. ¿Cómo puede un inocente Job sufrir en el mundo de un Dios que soberano y justo? Lógicamente algo tiene que ceder, y la inocencia parece ser la primera en desaparecer. Ahora, en nuestro mundo la gente renuncia a tres de estos pilares. Algunos niegan la realidad del sufrimiento, como acabo de mencionar. Algunos creen que Dios tiene buenas intenciones, pero que no es capaz de protegernos. Otros niegan su bondad o su justicia. Pero solo la religión de la Biblia tiene la audacia de mantener que todos estos pilares pueden ser verdaderos. El sufrimiento. El control absoluto de Dios. La bondad de Dios. Y también la inocencia de Job.

Todos tenemos tendencias similares. Todos suponemos, en cierto modo, que tenemos el derecho de entender lo que Dios hace a través del sufrimiento. Entonces, cuando preguntamos «por qué» en el sufrimiento, no lo hacemos humildemente. Lo hacemos con enojo: ¿Cómo se atreve Dios a hacernos esto si le hemos seguido con tanta fidelidad? O desesperadamente: Creo que mi confianza en Dios no funcionó después de todo. Pero, ¿por qué esperamos esta clase de conocimiento?

Ese es el objetivo de Job. Quizá más que cualquier otra cosa, Job nos enseña que no conocemos toda la información. En un momento, veremos el intercambio entre Dios y Satanás que responde por qué Job sufrió. Pero Job nunca lo supo, ¿cierto? Y Dios nunca se lo explica. Dios no dice: «Oh Job, lamento los problemas que has estado teniendo. Déjame contarte lo que pasó. Satanás vino. Y dijo… entonces yo dije… y luego, ya ves…». No, nada de eso. Job queda a oscuras.

Así que… Los amigos de Job no entendieron por qué Job sufrió. Job no entendió por qué sufrió. Nosotros entendemos, pero solo porque Dios nos lo dijo. Entonces, el libro de Job no trata acerca de comprender por qué sucede el mal. Más bien, simplemente nos está diciendo que solo algunas veces lo entendemos. Solo algunas veces.

Entonces, si no obtenemos lo que queremos —lo que Job quería—, una explicación, ¿cómo podemos continuar viviendo vidas fieles? Eso nos lleva a nuestro tercer punto. A menudo sufrimos. Algunas veces entendemos. Pero siempre podemos confiar.

¿Preguntas?

Siempre podemos confiar

La fe existe porque el conocimiento no. Si insistimos en vivir según nuestro propio conocimiento y completamente apartados de la confianza, entonces no podemos ser cristianos. Tenemos que saber cómo confiar.

La buena noticia es que tenemos una base para esa confianza: ¡el poder de Dios! En alguna de las poesías más bellas que jamás leerás, el libro de Job muestra el poder de Dios. En el que estamos llamados a confiar. Al igual que los otros grandes libros del Antiguo Testamento que lidian con el problema del sufrimiento, nunca encontramos una explicación. Pero entendemos más acerca de quién es Dios. Y en ese conocimiento de nuestro Señor, encontramos la evidencia que necesitamos sobre la cual basar nuestra confianza. Vemos su creación de todas las cosas. Consideramos su poder y su competencia. Observamos su providencia en el cuidado de todo lo que ha creado, especialmente su cuidado por nosotros. Y sabemos que podemos confiar en él.

Como dije, Job nunca entiende por qué sufrió. En cambio, recibe conocimiento acerca de Dios. ¡Y Job confió en ese Dios!

Pero nosotros somos mucho más afortunados, ¿no es así? Porque Dios nos comparte los detrás de escenas para que podemos comprender por qué Job sufrió. Esa es la escena de la corte celestial en el capítulo 1. Ahora, en esa escena, Satanás estaba equivocado, lo sabes. Satanás acusa a Job de servir a Dios por sus propios fines egoístas (1:9-11). Dice que Job sirve a Dios porque es rico. Dios sabe que Satanás miente, pero permite que Satanás tome las riquezas de Job. ¿Y adivina qué? Aun así, Job continúa adorando a Dios. Satanás estaba equivocado.

Pero Satanás nunca ha sido de dejarse amedrentar solo por estar equivocado. Así que acusa a Job de servir a Dios solo porque se mantiene sano. «Claro», dice Satanás, «puedes quitarle a un hombre todo lo que tiene, pero si tocas su cuerpo, descubrirás lo que realmente le importa. Entonces, te maldecirá en tu cara». Una vez más, Dios deja que Satanás haga lo que pide, quitándole la salud de Job. ¿Y adivina qué? Incluso cuando el cuerpo de Job se desgasta, él sigue adorando a Dios.

Las circunstancias cambiantes de Job revelan que, por muy rico que sea, Job no adora a Dios por sus riquezas. Por muy sano que esté, Job no adora a Dios por su salud. La verdadera adoración a Dios no depende de nuestras circunstancias. Ciertamente podemos darle gracias por las buenas circunstancias. Pero la verdadera adoración es una respuesta a quién es Dios, independientemente de nuestras circunstancias.

De hecho, eso nos lleva a una de las principales ironías de este libro. Espero que la hayas notado. Gran parte del libro consiste en que los amigos de Job le dicen: «Oye, Job, sé que te ves virtuoso, pero debe haber algo de pecado aquí». Pero estaban tan equivocados que alguien podría haberles dicho: «Elifaz, Zofar, Bildad, ¡este sufrimiento podría haber venido sobre ustedes si hubieran sido más virtuosos! ¡Job enfrentó este sufrimiento no por sus vicios, sino por su virtud! Por esa razón, de todas las cosas de las que Dios pudo haberse jactado ante Satanás, eligió a Job.

¿Qué nos quiere decir esto? Quiere decir que no confiamos en Dios porque somos muy listos o santos, sino porque su carácter es confiable. Esa fue la única base de confianza que Job alguna vez recibió. Él nunca leyó el capítulo 1 de Job. Solo se le mostró el carácter de Dios. Básicamente, Dios dice: «Job: mira por la ventana la belleza de mi creación. Y deja que eso sea suficiente información acerca de mi bondad y poder para permitirte confiar en mí mientras destrozo tu mundo». ¡Y Job confió!

¡Piensa en cuánto más sabemos acerca del carácter de Dios que incluso Job! Cuánta más evidencia tenemos para confiar en Dios. Salta de su punto de vista al nuestro. En los Evangelios, leemos acerca de la mayor injusticia jamás ejecutada en la historia del universo: el asesinato del inocente hijo de Dios. Y vemos cómo Dios lo usó para el mayor bien jamás concebido: su gloria por la salvación de la humanidad de sus pecados. Así, las declaraciones acerca del sufrimiento en el Nuevo Testamento pueden señalar este acontecimiento fundamental. Si Dios puede usar incluso esto para lo mejor, ¿cuánto más confianza tenemos en sus buenos propósitos en nuestro propio sufrimiento? «El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con él todas las cosas?» (Romanos 8:32).

El patrón establecido en Job es lo que obtenemos a lo largo de la Biblia. ¿Cómo puede el sufrimiento del pueblo de Dios mezclarse con su soberanía y misericordia? No hay explicación, sino un llamado a confiar. Y, sin embargo, a través de los siglos, combinando más y más evidencia sobre la cual basar esa confianza, culminamos en el sufrimiento de Cristo y su gloria.

En ocasiones, Dios misericordiosamente nos permite ver cómo ha utilizado una situación difícil para nuestro bien. Y ciertamente deberíamos agradecerle por el consuelo que tales momentos de comprensión proporcionan. Pero existe el peligro de suponer que él debe darnos dicha comprensión. Lo que seguirá es un fideicomiso falso, una confianza en nuestras propias destrezas para descubrir todos los propósitos de Dios en cualquier prueba en particular. En lugar de confiar en Dios y en su carácter como finalmente lo ha revelado en Jesucristo en la cruz. El único que es digno de nuestra confianza no somos nosotros mismos; ni es nuestra propia habilidad ingeniosa para resolver las preguntas complicadas de la vida; es Dios mismo. Podemos confiar en Dios porque, como dijo Job: «Yo sé que mi Redentor vive, y al fin se levantará sobre el polvo» (19:25). ¿Cómo redimiría el redentor de Job? Viviendo con la mayor rectitud y perfección de lo que Job podría hacerlo, y asumiendo más sufrimiento de lo que Job jamás conoció. La paciencia de Job en medio del sufrimiento, verás, finalmente tenía por objeto señalar la rectitud genuinamente perfecta y el sufrimiento totalmente inmerecido de Jesucristo en la cruz. Por medio de su muerte en la cruz y su resurrección al tercer día, Cristo vencería los poderes del pecado y la muerte. Dios promete perdonar a todos los que se arrepientan de sus pecados y confíen en Cristo. Y ellos también, junto con Job, estarán con su Redentor al final.

Conclusión

Mencioné previamente la historia de los discípulos preguntándole a Jesús acerca de un hombre ciego, «¿quién pecó, éste o sus padres, para que haya nacido ciego?». Aparentemente estaban haciendo la pregunta incorrecta: «Respondió Jesús: No es que pecó éste, ni sus padres, sino para que las obras de Dios se manifiesten en él» (Juan 9: 3).

Dios tiene la intención de mostrar su gloria en tu vida y en las vidas de los que te rodean. Puedes estar seguro de esto. Ahora, cómo específicamente tiene la intención de hacer esto nos llevaría a otros libros de la Biblia. Pero dentro del contexto de Job, podemos ver muy claramente que él tiene la intención de mostrar su gloria en la vida de sus hijos mientras continúan sirviéndole en medio de las pruebas de la vida. Y si eres hijo de Dios, reconciliado con él por medio de Cristo, entiende que tu propio sufrimiento puede mostrar exquisitamente la gloria de Dios mientras sirves y le adoras de una manera que desafíe la comprensión y las habilidades del mundo. Si tú, cristiano, te encuentras viviendo actualmente una temporada de sufrimiento, es posible que Dios esté sentado en el cielo en este momento y hablando a la hueste celestial acerca de ti: «¿Has considerado a mi siervo?». ¿Podría ser que un día verás como Dios muestra a toda la creación las glorias no reveladas en el presente de lo que ha hecho al hacerte a su imagen y luego al rehacerte como a su hijo?

A menudo sufrimos. Solo algunas veces lo entendemos. Y por la gracia de Dios, siempre podemos confiar.

 

[1] El resto de esta clase se toma casi en su totalidad del capítulo de Mark Dever sobre Job en libro, «The Message of the Old Testament: Promises Made».