¿Cuál es el problema más fundamental al que el evangelio se refiere?

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04.12.2018

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¿Es el Evangelio fundamentalmente acerca de satisfacer nuestras necesidades? ¿Llenar nuestro deseo de significado? ¿Transformar la sociedad? ¿Enseñarnos a vivir mejores vidas? ¿Ayudar a los pobres? ¿Hacernos ricos y saludables?

Todas estas ideas se aferran a un problema percibido y dicen: “¡De eso se trata el evangelio!” Pero, ¿es acerca de alguna de esas cosas de lo que trata el evangelio? ¿Es alguna de esas cosas el problema fundamental a lo que el evangelio se refiere?

La Biblia dice: “No, ninguno de ellos”. La Biblia enseña claramente que el problema fundamental de la humanidad es nuestro pecado y la ira de Dios contra nosotros por causa de nuestro pecado. La ira de Dios contra nuestro pecado es el problema fundamental al que el evangelio se refiere. Jesús murió en la cruz como una propiciación, un sacrificio que aleja la ira de Dios (Ro. 3:25; 1 Jn. 2:2, 4:10) para ser salvos por medio de la fe en él.

“¿Quién permanecerá delante de su ira? ¿y quién quedará en pie en el ardor de su enojo?

  •         Su ira se derrama como fuego, y por él se hienden las peñas.” (Nahum 1:6)
  •         “Porque la ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres” (Ro. 1:18).
  •         “Nadie os engañe con palabras vanas, porque por estas cosas viene la ira de Dios sobre los hijos de desobediencia.” (Ef. 5:6).
  •         “Y los reyes de la tierra, y los grandes, los ricos, los capitanes, los poderosos, y todo siervo y todo libre, se escondieron en las cuevas y entre las peñas de los montes; y decían a los montes y a las peñas: Caed sobre nosotros, y escondednos del rostro de aquel que está sentado sobre el trono, y de la ira del Cordero; porque el gran día de su ira ha llegado; ¿y quién podrá sostenerse en pie?” (Apocalipsis 6:15-17).

La ira de Dios contra nuestro pecado es el problema fundamental al que el evangelio se refiere. Jesús murió en la cruz como una propiciación, un sacrificio que aleja la ira de Dios (Ro. 3:25; 1 Jn. 2:2, 4:10) para ser salvos por medio de la fe en él.


Traducido por Kevin Lara