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Reseña del libro: La Predicación en el Nuevo Testamento, de Jonathan I. Griffiths

Review
25.10.2019

En algunos círculos evangélicos, está de moda en estos días tener una alta visión de la predicación. Sin embargo, Jonathan I. Griffits, el autor de La Predicación en el Nuevo Testamento: un estudio exegético y bíblico-teológico, identificó una situación difícil: muchos campeones de la predicación luchan para articular una definición básica de ello. Este libro es un paso hacia una solución.

Aunque no existe una falta de libros sobre la predicación, como el autor reconoce, pocos hablan de sus fundamentos exegéticos y teológicos. Sin embargo, Griffits habla de ellos de forma directa. Mientras que otros manuales excelentes sobre la predicación pueden equipar a los predicadores con herramientas prácticas, técnicas de ayuda, y métodos valiosos, este libro aborda de manera intencional las preguntas más difíciles y básicas. La Predicación en el Nuevo Testamento es primeramente un estudio inductivo de la Escritura. Y aunque los argumentos sobre la primacía de la predicación pueden estar basados en la historia o el pragmatismo, Griffiths nos recuerda que, «la historia tiene mucho que enseñarnos, y los asuntos pragmáticos no son irrelevantes, tampoco se debe permitir que la historia ni el pragmatismo controlen la teología. Lo más importante es lo que la Escritura dice sobre este asunto».

En el libro, Griffiths aborda dos preguntas específicas: Primero, ¿existe una categoría bíblica diferente para la predicación que sea distinta de los demás ministerios de la palabra como la consejería y dirigir un estudio bíblico? Segundo, ¿cuál es la relación existente entre la profecía del Antiguo Testamento, la predicación apostólica y la predicación de nuestros días? Para responder a estas preguntas, y otras, Griffiths define una teología bíblica de la Palabra de Dios, desarrolla un estudio extenso de los verbos griegos utilizados en el Nuevo Testamento para referirse a la predicación, y hace una exégesis de pasajes claves del Nuevo Testamento. Es posible que algunos puedan ser tentados a ignorar la Predicación en el Nuevo Testamento por algo que parece ser más práctico. Después de todo, los estudios de la Palabra pueden no parecer aplicables de forma inmediata para un sermón de domingo en la mañana. Eso sería un error. Aunque los aspectos del método de Griffiths parecen ser inicialmente esotéricos, él establece un caso convincente sobre la importancia de este enfoque: en medio de una cultura cambiante, debate sobre los roles de los géneros en la iglesia, y la necesidad de ministerios fieles al evangelio, los predicadores no pueden darse el lujo de dejar sus preguntas sin respuesta.

LA PREDICACIÓN ES DIFERENTE

En su estudio, Griffiths comienza con la Palabra de Dios: «si la predicación es un ministerio de la Palabra», escribe él, «su carácter debe ser formado fundamentalmente por la naturaleza misma de la Palabra» (9). Mientras lleva al lector hacia un breve tour a través de la Escritura, Griffiths muestra que Dios habla, actúa y se encuentra con su pueblo a través de su Palabra (16). Y aunque estas conclusiones no se relacionan solamente con la predicación, proveen un fundamento para el resto del argumento. El enfoque del estudio de Griffiths es su análisis cuidadoso de tres verbos griegos: euangelizomai, katangello, y kerysso (19). Él escogió estas tres palabras porque su significado refleja grandemente la definición del trabajo de la predicación: «la predicación es una proclamación pública de la Palabra de Dios» (17). Siguiendo la labor de otro erudito, Claire Smith, Griffiths declara que estas funcionan como términos «semi-técnicos» para la predicación (17). Para probar este punto, él analiza cada situación de estos verbos en el Nuevo Testamento. Él presenta la evidencia en tablas para que los lectores las examinen (20-24).

Aunque estos tres verbos no son sinónimos y tienen características únicas, comparten puntos en común que son importantes: «según se utilizan en el Nuevo Testamento», escribe Griffiths, «los verbos mayormente se refieren al acto de hacer una proclamación pública; el agente es generalmente una persona de autoridad reconocida; y la sustancia de la proclamación es regularmente algún aspecto de la persona y obra de Cristo, las implicaciones del evangelio, o alguna otra verdad de la Palabra de Dios» (33). Según Griffiths, estas observaciones sugieren que la predicación es una actividad diferente en el Nuevo Testamento y forma el fundamento de una definición más completa de la predicación.

Dejando a un lado el microscopio, Griffiths también considera que los ministerios de la Palabra van más allá de la predicación. Él declara de manera significativa que, «en ninguna parte del Nuevo Testamento se llama o instruye a los creyentes a ‘predicar’ como un grupo». Cuando es añadido a la evidencia lexical, este silencio sugiere que los autores del Nuevo Testamento consideran la predicación como algo diferente de los demás ministerios de la Palabra.

Y aunque Griffiths declara fuertemente que la predicación es una tarea diferente dada a hombres líderes que son comisionados en la iglesia, no minimiza otros ministerios de la Palabra como la consejería o dirigir un estudio de la Biblia. En lugar de eso, él destaca la relación simbiótica existente entre los diferentes ministerios de la Palabra de la iglesia. Él escribe, «todos en el pueblo de Dios son ministros de su Palabra, y una iglesia sana será una iglesia donde todos los tipos de ministerios de la Palabra (formales e informales) florecen y abundan». La prioridad de la predicación, según Griffiths, no elimina los otros ministerios de la Palabra de la iglesia local; sino que los empodera. Por esta razón, el libro La Predicación en el Nuevo Testamento no es sólo para predicadores. Es un libro para líderes de estudio bíblico, consejeros, y cualquiera que se encuentre involucrado en diferentes ministerios de la Palabra de la iglesia local.

UN ARGUMENTO EMERGENTE

Moviéndonos hacia una exégesis de pasajes específicos del Nuevo Testamento, Griffith aparta 2 Timoteo 3-4, Romanos 10, 1 Corintios, 2 Corintios 2-6, 1 Tesalonicenses 1-2, y el libros de los Hebreos. Y aunque Griffiths seleccionó textos de diferentes tamaños, todos fueron cuidadosamente seleccionados por tener una relación directa con la predicación. Luego de examinar estos pasajes, él aborda algunas conclusiones que incluyen esta: «el Nuevo Testamento presenta a Dios como si estuviera hablando a través de la predicación».

Debido a que el libro La Predicación en el Nuevo Testamento es principalmente un estudio inductivo, el argumento no emerge totalmente hasta llegar a la conclusión. Luego de un esfuerzo, Griffiths declara, «la proclamación pública de la Palabra de Dios en la reunión cristiana tiene un mandato claro de la Escritura y ocupa un lugar de mucha importancia en la vida de la iglesia local». Al expandir su definición de la predicación, Griffiths concluye que la predicación es la proclamación pública de la Palabra de Dios a través de líderes comisionados.

UNA RECOMENDACIÓN

En resumen, el libro de Griffiths es excelente. Al lidiar con temas bíblicos-teológicos, datos léxicos y pasajes específicos del Nuevo Testamento, Griffiths da lugar a un argumento convincente. Más allá de esto, dos breves discusiones—una sobre Filipenses 1:14-18, y otra sobre la relación de la profecía del Antiguo Testamento y la predicación del Nuevo Testamento—diversifican y fortalecen su argumento.

Por un lado, las conclusiones de Griffiths son modestas, y los lectores que buscan declaraciones provocativas pueden ser decepcionados. Él reconoce las limitaciones de los estudios de la Palabra, el alcance limitado de su propia investigación, y la necesidad de más estudios. Por el otro lado, los lectores notarán rápidamente las implicaciones dramáticas y de gran alcance de sus declaraciones. Mayormente, Griffiths se dirige a una audiencia diversa, y alcanza una. Al presentar su evidencia en tablas claras, explicando términos técnicos, y resumiendo de manera simple sus hallazgos, él abre su investigación hacia muchos lectores. Además, la brevedad de su libro será atractiva para los pastores ocupados que pueden no tener tiempo para trabajos académicos exhaustivos.

Al mismo tiempo, Griffiths no baja su estándar. Marcado por una investigación extensa y un análisis cuidadoso, su estudio desafiará y educará a los lectores. Por ejemplo, él introduce y explica claramente el concepto del rango semántico y lucha con la interpretación de pasajes difíciles. Y aunque no es desagradable, sus notas a pie y bibliografía son evidencias de un trabajo significativo. A pesar de que los académicos no consideran que su trabajo es exhaustivo, la conversación avanza.

TAMBIÉN ES PRÁCTICO

Aunque la mayor parte del trabajo de Griffiths es exégesis y teología, él saca conclusiones para predicadores e iglesias. A nivel práctico, su investigación informa y desafía de manera directa el discurso cristiano. A la luz de sus conclusiones, los cristianos en general, aunque son llamados al ministerio de la Palabra unos con otros, no son llamados a predicar. Además, los predicadores no son exactamente profetas, aunque están en la posición siguiente. Estas conclusiones desafían a los cristianos, especialmente a los pastores, a pensar cuidadosamente en el vocabulario utilizado para describir los diferentes ministerios de la Palabra. 

CONCLUSIÓN

A pesar de que Griffiths ofrece muchas respuestas, también deja muchas preguntas sin responder. Por ejemplo, aunque el declara que la predicación debe ser llevada a cabo por líderes comisionados, no describe un proceso especial de comisionado. Los líderes curiosos pueden preguntarse si la comisión de los predicadores debería ser llevada a cabo a través de un proceso de ordenación formal. Sin embargo, el objetivo de Griffiths no es responder todas las preguntas, sino abordar las preguntas fundamentales sobre el compromiso con la predicación y responderlas.

Considerando que la predicación, por lo menos en algunos círculos cristianos, está de moda, el libro La Predicación en el Nuevo Testamento es oportuno. Para los pastores que ya están comprometidos con la primacía de la predicación, la investigación de Griffiths fortalecerá sus convicciones. Para los cristianos que no tienen una alta visión de la predicación, los llevará a enfrentarse cara a cara con la enseñanza de la Escritura sobre la proclamación de la Palabra de Dios. Por otra parte, la iglesia no puede darse el lujo de abandonar las preguntas que Griffiths deja sin responder.