Reseñas

“Gracia sobre gracia” – Instrucción, ánimo y guía para el florecimiento de más iglesias sanas en América Latina

Review
07.04.2015

Reseña del libro “Gracia sobre gracia – La nueva reforma en el mundo hispano”. Autores del libro: J. Sánchez, G. Montemayor, M. Núñez, S. Michelén, A. Pino, C. Contreras, F. Cabrera y E. Aponte. Poiema Publicaciones (2015).

Recuerdo la charla de Miguel Núñez “Por qué Latinoamérica necesita ser ‘re-evangelizada’” —véase artículo relacionado aquí—, ofrecida en la conferencia de The Gospel Coalition en Orlando (abril de 2013). El mensaje fue que a pesar de las diversas corrientes relacionadas con el cristianismo que han pasado por el continente latinoamericano en diferentes épocas, hoy sigue existiendo una gran necesidad del verdadero evangelio en la región. Salí de esa sala edificado por la enseñanza pero triste por la realidad mostrada.

Dos años después recibo con entusiasmo el libro “Gracia sobre gracia”, una valiosa obra que no solo nos muestra en más detalle esa gran necesidad de reforma que expuso Miguel en Orlando, sino que también nos capacita, nos alienta y nos orienta para ser partícipes de este ilusionante movimiento de despertar evangélico que el libro denomina la “Nueva Reforma”, haciendo referencia al hecho de que en años recientes más y más personas están descubriendo las verdades históricas del evangelio.

Tras un análisis histórico del cristianismo en América Latina (cap. 1), los autores empiezan definiéndonos las hermosas doctrinas del evangelio de la gracia (cap. 2), prosiguen ilustrándonos a través de testimonios cómo estas doctrinas son experimentadas de forma personal (cap. 3-9), y terminan guiándonos en la actitud y en la visión que deberíamos tener al involucrarnos en la reforma de la iglesia allá donde estemos (cap. 10-12).

“Gracia sobre gracia” es un libro emocionante por su temática y útil por la amplitud de su enfoque. Los autores han acertado al combinar enseñanza bíblica, experiencia personal y aplicación ministerial en torno a “las doctrinas de la gracia”, produciendo así un volumen de gran provecho espiritual para el pueblo de Dios.

A continuación quisiera compartir algunos de los aspectos del libro que me han parecido especialmente destacables.

Parte 1: Las doctrinas de la gracia definidas

Miguel Núñez inicia el libro estableciendo el contexto histórico del cristianismo en Latinoamérica y argumentando de forma convincente la necesidad de una Nueva Reforma en el continente. Partiendo de la llegada del catolicismo español en 1492, Miguel repasa los principales movimientos que han influenciado la región, incluyendo el protestantismo misionero de la segunda mitad del siglo XIX, el movimiento fundamentalista de finales del siglo XIX y principios del siglo XX, el pentecostalismo que tuvo su auge a partir de la década de los 60, y el efecto de la teología de la liberación, entre otros. Haciendo un balance general, y sin desmerecer la obra que Dios ha hecho a través de los años, Miguel afirma que “cuando nos fijamos en la historia de los últimos 500 años, es notable ver cómo la Reforma Protestante pasó por alto el continente latinoamericano; es casi como si no hubiese ocurrido. Si a esto le sumamos el hecho de que el evangelio muchas veces ha sido negociado, llevándolo a un reduccionismo o a una distorsión, veremos con mayor facilidad cuán grandes son las deficiencias que tenemos en Latinoamérica. Por tanto, tenemos la convicción de que nuestro continente necesita ser re-evangelizado” [31]. También se enfatiza con acierto la necesidad de retomar “la predicación fiel del evangelio porque la mayor parte del evangelio que se oye hoy en nuestros púlpitos, en las estaciones de radio y televisión y en determinados círculos eclesiásticos es el evangelio de la prosperidad o la doctrina del ‘Proclámalo y Recíbelo’” [32]. Concluyendo este primer capítulo, Miguel propone “una nueva estrategia para re-evangelizar a América Latina que es tan antigua como el evangelio: predicar todo el consejo de Dios de manera expositiva. Esta predicación expositiva es una práctica muy ocasional en nuestra región. En su mayor parte, la predicación se hace más bien por temas, de manera pragmática, y basada más en opiniones que en la exégesis del texto. Este ‘nuevo enfoque’ requerirá capacitación y re-capacitación de los líderes de nuestra región” [33]. De esta forma Miguel no solo nos muestra el problema generalizado en Latinoamérica, sino que nos apunta a la única solución: traer de vuelta la exposición fiel de la Biblia al centro de la vida de la iglesia. Al enfocarse en la predicación expositiva de toda la Palabra de Dios, considero que Miguel toca la clave de este asunto, y deberíamos adoptar el alto concepto que él tiene de las Escrituras, si es que queremos ver mejores días en las iglesias latinoamericanas.

En el segundo capítulo, Sugel Michelén nos instruye sobre la teología de la Reforma Protestante, considerándola como el combustible de la Nueva Reforma en Latinoamérica. Sugel nos insta a redescubrir las doctrinas de la gracia —la depravación total, la elección incondicional, la expiación limitada, la gracia irresistible y la perseverancia de los santos—, pues “nos muestran claramente la impotencia del hombre para salvarse a sí mismo, así como la maravilla de la bondad y la misericordia de Dios al dispensar Su gracia soberanamente sobre pecadores que no merecen ser salvados. En otras palabras, estas doctrinas constituyen la esencia misma del evangelio de Cristo” [36]. Sugel usa la Biblia para respaldar con solidez las doctrinas de la gracia y nos anima a abrazarlas y a recobrar “el gozo, la gratitud, la pasión, la adoración la obediencia y la humildad que debe producir la gracia” [61]. El capítulo cierra diciendo: “la Reforma que necesitamos es integral; debe impactar nuestra teología, nuestros ministerios, nuestra adoración y toda nuestra vida. Tener un correcto entendimiento de la gracia es el inicio; la meta es colocar todas las esferas de nuestra vida bajo el señorío de Cristo para la gloria de Dios” [61]. Valoro mucho que Sugel no se haya limitado a escribir un mero “tratado de teología” en un sentido puramente teórico o intelectual, sino que con un corazón pastoral se ha propuesto remarcarnos que no hay nada más práctico que la teología. La buena teología debe transformar toda nuestra vida y este es un énfasis crucial que el libro nos presenta para nuestro bien.

Parte 2: Las doctrinas de la gracia experimentadas

La segunda parte del libro nos ilustra cómo la Nueva Reforma está afectando al mundo hispano, a través de una serie de testimonios personales de hermanos que han venido a conocer las doctrinas de la gracia. Este segundo bloque me ha parecido original y me ha sorprendido gratamente porque pienso que los testimonios descritos van a ser de mucha ayuda para personas que se encuentran en diferentes etapas de su vida, con respecto a las verdades del evangelio. Estoy seguro de que muchos se sentirán identificados con las experiencias de los autores, y otros recibirán consuelo y orientación al ver que no están solos en algunos de los desafíos que las doctrinas de la gracia nos plantean a nivel personal.

Destaco el capítulo 4 de Albert Pino —“Cuando el Señor nos llama”— en el que el autor describe cómo fue influenciado por la enseñanza del Dr. R. C. Sproul y cómo la teología reformada le afectó personalmente: “El primer efecto de la gracia de Dios en mi vida es gratitud y humildad. Efesios 2:1-9 me informa que tengo mucho que agradecer y mucho por lo cual ser humilde” [84]. También añade: “La teología reformada me ayuda a mantener los pies en la tierra, recordando que yo no hice nada para ganar el favor de Dios y que mi gloria está solamente en el Señor” [85]. Además, Albert menciona cómo la elección incondicional impulsa la evangelización ya que esta enseñanza le “da fe, esperanza y confianza para reconocer que, aunque mi responsabilidad es declarar el evangelio, es Dios quien salva. En vez de producir pasividad en lo que respecta a compartir el evangelio, me motiva a compartirlo, porque sé que Dios tiene a Sus escogidos en todo lugar y que Él los salvará según Su voluntad, utilizando Su palabra en nuestras bocas” [86]. Con estas palabras Albert ahuyenta el mito de que la elección divina neutraliza la evangelización, y en su lugar nos anima a ser evangelistas activos. Con este punto, el libro hace una labor correctiva muy necesaria que nos sacude, nos activa y nos deja sin excusas en la proclamación de la buena noticia.

Carlos Contreras —capítulo 6— hace también una valiosa contribución describiendo su sentir ante la doctrina de la elección: “La podía entender en mi mente, pero la carne siempre se opone a renunciar al concepto de la soberanía humana en su libre albedrío. Me di cuenta que la asimilación de las verdades de la aplicación de la gracia de Dios a toda mi vida era un proceso que tendría que caminar y repasar a lo largo de mi existencia. Hasta el día de hoy sigo luchando con mi tendencia natural a caer en el engaño de que mucho aún depende de mi esfuerzo. Aún quiero tener méritos delante de Dios, aún quiero ganar su aprecio” [105]. Carlos nos aporta realismo describiendo las tensiones que pueden surgir en nuestro interior al considerar las doctrinas de la gracia. Somos instados a reconocer cómo nuestra naturaleza pecaminosa tenderá a resistirse a la verdad de Dios. Pienso que este tipo de testimonios nos hace bien porque nos lleva a conocernos mejor a nosotros mismos y a saber manejar mejor conflictos internos que podemos experimentar cuando profundizamos en la teología reformada, haciéndonos al mismo tiempo más dependientes del Señor, para que él vaya ayudándonos en la asimilación de su verdad. Esto también nos ayuda a ser más comprensivos y pacientes con aquellas personas que encuentran dificultades al comprender las doctrinas del evangelio.

En el capítulo 8 —“Mis cadenas destruyó”— Félix Cabrera ofrece unos datos a tener en cuenta sobre la realidad hispana en Estados Unidos: “En Estados Unidos hay cerca de 54 millones de hispanos, es decir, uno de cada seis individuos en esta nación es de origen hispano. Entre el año 2000 y el 2010 los hispanos crecieron un 56%. En Oklahoma el 9% de la población general es de origen hispano, siendo el grupo minoritario con mayor crecimiento. En el norte de Oklahoma City, donde nuestra iglesia está ubicada, la población hispana es aún mayor, con casi el 20%” [127]. Félix también nos introduce a la obra de la RED 1:8, un ministerio que trabaja en la plantación de iglesias hispanas en Estados Unidos. Según Félix: “La iglesia hispana en Estados Unidos, en términos generales, es una iglesia donde predomina el evangelio de la prosperidad y donde escasea la sana doctrina. Quizás el mayor agravante que tenemos es la falta de preparación teológica y de recursos de sana doctrina en español para aquellos que aspiran a comenzar nuevas obras. Aunque es una realidad latente, puedo decir que, hoy en día, en algunos seminarios y ministerios existe una conciencia mayor hacia el trabajo conjunto para proveer y equipar a quienes tienen el llamado a iniciar obras en el campo hispano, brindándoles todo lo necesario para poder proclamar el evangelio” [129]. Esta sección nos revela que la necesidad de iglesias sanas se extiende más allá de México, y que las comunidades hispanas de Estados Unidos deberían estar muy presentes en nuestras oraciones. También deberíamos ser conscientes de la necesidad de buenos recursos formativos en español, lo cual debería impulsarnos a apoyar como podamos los esfuerzos de los seminarios, ministerios y editoriales que están trabajando en esta dirección.

Finalmente en este bloque, en el capítulo 9 —“De la política a la fe”— considero muy relevante la reflexión de Édgar Aponte sobre la dificultad que él encontró para reconciliar lo que la Biblia enseña sobre la soberanía de Dios y la responsabilidad del hombre: “En ese momento no lograba entender esa tensión que la Biblia presenta. Pero con el tiempo, a través de la lectura natural de la Biblia y algunos libros, pude entender esa gran verdad: la soberanía de Dios en la salvación no exime la responsabilidad del pecado del hombre, a quien Dios creó como un ente moral” [138]. Édgar comenta cómo John Owen y Herman Bavinck le ayudaron a refinar su conocimiento teológico. Sobre el asunto de la gracia irresistible, Édgar cita a Bavinck: “esta gracia es irresistible; penetra en la voluntad humana de una forma inexorable e insuperable. No puede ser rechazada sin importar la dureza del corazón, ya que la gracia de Dios arrasa con el corazón de piedra y, en su lugar, deja un corazón de carne” [139]. Édgar observa “Y no es que la gracia de Dios destruya la voluntad humana, lo que hace es liberarla de la esclavitud del pecado en la cual se encuentra en su estado natural” [140]. Una compresión sana de la soberanía de Dios y la responsabilidad del hombre, y un manejo adecuado de estos dos aspectos en la predicación, es algo muy importante por sus múltiples implicaciones prácticas. El desequilibrio puede aparecer rápidamente en este tema. Es por ello que el refinamiento teológico que Édgar nos trae hará mucho bien a los creyentes en general y a los predicadores jóvenes en particular.

Parte 3: Las doctrinas de la gracia aplicadas

La última parte del libro profundiza aún más en el terreno práctico y nos guía sobre la actitud y la visión que deberíamos tener como líderes y miembros de iglesia.

Giancarlo Montemayor, en el capítulo 10 —“El oxímoron de la Nueva Reforma”— aborda un asunto de actitud muy importante que ha afectado y sigue afectando a personas que abrazan las doctrinas de la gracia, especialmente a los hombres jóvenes. Se trata de un problema que él mismo experimentó y que ahora observa mirando atrás una década: “Ahora que miro atrás, me doy cuenta de que mi cabeza abrazaba doctrinas teológicas con las que mi corazón apenas coqueteaba” [144]. Giancarlo describe la problemática de esta forma: “Hay una nueva ola en nuestra generación juvenil hoy en día, y creo que hay un elemento ausente en este abrazamiento teológico: a las doctrinas de la gracia les hace falta más gracia de nuestra parte. El oxímoron —o la contradicción en términos— de esta nueva ola de reformados es que hablamos de las doctrinas de la gracia con poca gracia. Lamentablemente, mucha gente —aun en nuestras propias iglesias locales— asocian el calvinismo con disputas y contiendas que traen división” [144]. Con humor, Giancarlo dice que “podríamos tomar Génesis 6:5 y extrapolarlo a nuestra situación porque creo que nos queda bastante bien, ya que llegamos al punto donde ‘todo designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el calvinismo’” [144]. Ante este problema, Giancarlo nos llama a ser como Pablo quien no rehuyó anunciar “todo el consejo de Dios” (Hch. 20:27). Es necesario que seamos retados por las palabras de este joven pastor mexicano: “Si nuestra religión solo trae disputas y enojo en nuestras iglesias, y si solo se trata de pensar cómo voy a ganar el siguiente argumento contra ‘este errado hijo de Arminio’, entonces creo que necesitamos reevaluar nuestra condición delante de Dios” [145]. Creo que hay poco que añadir a lo dicho. Solo rogar a Dios que reforme nuestras actitudes y nuestro corazón, y que su gracia siga liberándonos de las jaulas de un calvinismo agresivo, odioso y obcecado.

Juan Sánchez concluye el libro con dos capítulos llenos de sabios consejos para jóvenes pastores (¡aunque son aplicables para pastores no tan jóvenes también!). En el capítulo 11 —“¿Así que quieres ser pastor?”—, Juan nos exhorta a predicar a Cristo con un corazón puro y a vivir vidas irreprensibles en todos los ámbitos. También nos llama a amar a nuestra iglesia, primeramente como miembros: “¿Amas a Cristo? Entonces ama y sirve a Su iglesia. Comienza siendo un buen miembro de tu iglesia” [160], y a tener un corazón evangelístico: “Si tu deseo es ser pastor, entonces debes tener un amor por los que aún no adoran a Jesús” [160-161]. Al mismo tiempo, Juan nos habla sobre la importancia del llamado pastoral y de cómo debemos sujetarnos a nuestras iglesias locales para que exista una confirmación de ese llamado e incluso del área donde deberíamos servir: “La iglesia responsable de afirmar tu llamado también es responsable de discernir la ubicación donde seas más útil” [164].

Finalmente —capítulo 12— Juan ofrece a los pastores una valiosa guía para cuando se plantee la necesidad de reformar una iglesia local. Algunas de las razones para reformar una iglesia puede ser que esta se haya acomodado a la cultura, o que la iglesia sea “débil en la verdad y fuerte en el entretenimiento” [167]. “Para reformar una iglesia debemos centrar­nos en Dios y no en el hombre. Los pastores deben predicar toda la Biblia, diciéndole a la gente lo que necesita oír en vez de lo que quiere oír. Si queremos reformar iglesias enfermas (o aun muertas), entonces debemos construir la iglesia sobre el evangelio, debemos comprometernos a largo plazo a hacer la obra de Cristo y debemos orar para que la gracia de Dios nos sustente en el trayecto” [168]. Juan comenta que una vez a Mark Dever —pastor de Capitol Hill Baptist Church en Washington, D.C.— le preguntaron qué programa tenía para “hacer crecer a la iglesia”. Mark respondió que no tenía ningún plan, excepto cua­tro P: “predicar, pray (orar), relaciones personales y ser paciente” [168]. Entre algunos de los pasos prácticos que se deberían tomar para reformar una iglesia, Juan enumera comprender el gobierno de la iglesia, levantar nuevos líderes, integrar nuevos miembros responsablemente, renovar nuevos miembros responsablemente, y buscar ayuda de parte de otros pastores para una labor que no es nada sencilla.

Conclusión

“Gracia sobre gracia” es un libro que llega en abril como agua de mayo. Una de sus mayores virtudes es su enfoque integral sobre el tema de la Nueva Reforma en el mundo hispano, ya que no solo cubre aspectos históricos y doctrinales, sino que también enriquece, ayuda y encamina al lector con testimonios personales y consejos prácticos de gran sabiduría. Es un libro que nos enseña, nos anima y nos corrige. También destaco el espíritu humilde de esta obra que por encima de todo busca honrar a Dios. Solo puedo dar las gracias al Señor por cada uno de los autores, y por su deseo de ver el evangelio en el centro de nuestras vidas, de nuestras iglesias y de nuestros países. Quiera el Señor usar este granito de arena para el florecimiento de más iglesias sanas en Latinoamérica. Al Dios de toda gracia todo el reconocimiento sea dado.

Patricio Ledesma nació en Valparaíso de Chile y vive desde 1983 en España. Es miembro de la Iglesia Bautista Reformada de Palma de Mallorca, y actualmente sirve como coordinador de 9Marks en español. También se encarga del ministerio de predicación en un nuevo punto de misión en el Arenal, una población costera en la isla de Mallorca. Está casado y tiene dos hijos.