Thabiti Anyabwile's picture

Llevando a los asistentes a ser miembros

Traducido por Alejandro Molero

Uno de los desafíos prácticos que nosotros, como pastores enfrentamos es la manera de animar a un asistente a la iglesia hacia la membresía activa en la iglesia. ¿Cómo deberíamos ayudar a los individuos a entender la necesidad y la alegría de pertenecer a una asamblea local de creyentes? He aquí seis sugerencias.

SEIS SUGERENCIAS PARA CONVERTIR A LOS ASISTENTES EN MIEMBROS

Aquí tenemos seis sugerencias. Las cuatro primeras tienen por objeto crear un entorno donde la membresía es valorada y entendida. Las dos últimas implican el cuidado de personas concretas que necesitan hacer la transición desde la simple asistencia a la membresía activa.

1. Conoce a los miembros actuales.
Antes de que podamos trasladar de manera efectiva a las personas asistentes a la iglesia a ser miembros de la iglesia, tenemos que conocer a nuestros miembros actuales. De lo contrario, la idea de membresía, sigue siendo amorfa hasta para el pastor que la promueve.

Imagínate invitar a un visitante a cenar contigo y tu familia en la tarde del sábado. El visitante llega, esperando encontrarse con tu esposa e hijos, pero luego le llevas por toda la casa preguntándole a todo el mundo su nombre, sin importar si son visitantes también o si viven allí. La supuesta “presentación” a tu familia demuestra completamente la falsedad de tu derecho a llamarte familia de alguien que tú no conoces.

Del mismo modo, cuando hablamos de pertenecer a una iglesia local, debemos tener en cuenta que pertenecemos a una familia particular de gente real, conocida y amada. Estamos invitando a un asistente a formar parte de esta familia real y viviente. Nuestra invitación tiene rostros y nombres. Si conocemos las caras, nombres y vidas, entonces estaremos en mejores condiciones para presentar al asistente a la familia.

2. Expresa verdadero aprecio por los miembros actuales.
Francamente, yo perdí esta oportunidad cuando me convertí en Pastor de la Primera Iglesia Bautista de Gran Caimán. Llegué lleno de celo y dispuesto a poner el hombro en el arado. Yo esperaba amar y servir a la gente, pero fallé en reconocer suficientemente algo: la gente de la Primera Iglesia Bautista había estado aquí mucho antes de mi llegada. Ya estaban sirviendo al Señor en innumerables maneras. Y ellos no sólo necesitaban el tipo de amor que yo quería dar. Ellos necesitaban el tipo de amor que aflojaba la marcha para apreciar el servicio que ellos estaban prestando, el tipo de amor que expresa una acción de gracias genuina por la gracia de Dios que ya había en ellos.

En cambio, la congregación a menudo me oía ofrecer sugerencias para mejoras e ideas para nuevos proyectos. Esto comunicó insatisfacción y falta de aprecio. Herí a algunas personas y le quité las ganas a otras. Algunos me mostraron muchísima misericordia, suponiendo que yo tenía buenas intenciones. Y lo hice. Pero la mejor manera de expresar esas buenas intenciones pudiera haber sido expresar mi gratitud y mi aprecio por todo lo positivo que había visto.

Ojalá hubiera pasado los primeros dos a cuatro años de mi ministerio animando específica, genuina y repetidamente, dando gracias, y apreciando las muchas personas maravillosas y actos de servicio de la iglesia. Tenemos maestros de Escuela Dominical que han servido veinte años consecutivos, personas que han asistido en silencio a las madres solteras pobres, líderes que han resistido tormentas difíciles a lo largo de años de liderazgo, supervivientes de cáncer que han luchado contra la enfermedad con fe verdadera, esposas y esposos que han permanecido fieles a cónyuges no creyentes y, a veces desagradables, miembros que han ofrendado con alegría y sacrificio, y muchos otros que han modelado sus vidas como la de Cristo.

Si yo hubiera tenido el cuidado de conocer a la congregación y de observar su fe en acción, habría tenido años dignos de ilustraciones de sermones, oportunidades de escribir notas de aliento, y oportunidades para alabar a Dios por Su obra. Y si hubiera usado esas ilustraciones, escrito esas notas, y dado esa alabanza pública y personal, habría tenido un tono lleno de ánimo ánimo, gracia, y agradecimiento. Esto habría edificado a los miembros actuales y hubiera hecho atractiva la membresía para el asistente. La gente quiere pertenecer a grupos que animan y edifican. Las iglesias y los pastores deben ser los mejores haciendo eso.

3. Pinta una visión bíblica de la vida cristiana saludable.
Una cosa que podemos suponer acerca del cristiano que asiste regularmente a la iglesia pero no se une a la iglesia, es que su punto de vista de la vida cristiana es defectuoso en alguna parte.

¿Podemos suponer esto? Podemos, porque las Escrituras dicen que la iglesia local es el plan de Dios para nuestro discipulado y madurez espiritual (Efesios 4:11-16; Mt 28:18-20). Como seres sociales, necesitamos comunidad. Dios provee esto en la iglesia local, donde nos alegramos con los que se alegran, y lloramos con los que lloran, y mostramos la misma preocupación por los demás (1 Cor. 12:12-27).

Por razones que requerirán investigación pastoral, el asistente a la iglesia no ha abrazado totalmente la visión de la vida cristiana centrada en la iglesia. Nuestra tarea como pastores es predicar y enseñar de una manera que transmitamos una visión bíblica de la iglesia local, haciendo a la iglesia local bella y deseable para el pueblo de Dios.

Tenemos que ayudar a los asistentes y a los que ya son miembros a entender lo que significa estar en la iglesia y por qué estar fuera de la iglesia no es saludable. Si no lo hacemos, los dejamos con sus ideas incompletas acerca de la iglesia. Peor aún, podemos dejarles pensar que el único beneficio de la membresía es la disciplina y su desagrado.

Podríamos responder a esta necesidad con la predicación de una serie temática sobre la iglesia o la comunión espiritual. O, podríamos dar un paseo a través de cartas como Efesios o 1 Timoteo, donde la Biblia presenta imágenes convincentes de la vida eclesial. O, en el curso de la exposición de otros libros de la Biblia, podemos hacer aplicaciones a la membresía siempre que sea legítima, para que los miembros y asistentes vean el hilo de pertenencia y comunidad a través de la Biblia. En todo esto, debemos mostrar una visión alta y atractiva de la iglesia local en toda su gloria y desorden.

4. Refuerza las fronteras de la iglesia.
Una consecuencia de enseñar a la gente los dentros y fueras de la membresía es el fortalecimiento de las fronteras entre la Iglesia y el mundo mediante la restricción de ciertas actividades sólo para los miembros.

A lo largo de las Escrituras, la comunidad del pacto de Dios se separa del mundo. Y Él les da ciertas actividades como la circuncisión o la Pascua, que junto con sus otros fines, les distingue del resto del mundo. Las fronteras entre Israel y el mundo tenían que ser marcadas profundamente, y pertenecer a la comunidad del pacto adquirió forma y significado definido. Era una cosa terrible estar alejados de la ciudadanía de Israel y ser ajenos a los pactos de la promesa, sin esperanza y sin Dios en el mundo (Efesios 2:12).

Incluso las organizaciones seculares y las empresas tienen normas para los que están dentro y los que están afuera. En Diciembre, uno de mis ancianos asistió a una fiesta de Navidad en un restaurante. Se dio cuenta de una mesa de clientes con bebidas. De vez en cuando, uno de los clientes pasaba una taza por la ventana del restaurante a otro hombre que estaba afuera. Más tarde se enteró de que al hombre de afuera no se le permitió entrar en el restaurante debido a su conducta rebelde en el pasado. Mi compañero anciano se rió a carcajadas, reconociendo que incluso las personas mundanas tienen estándares de pertenencia y de reserva de ciertos beneficios para los que están dentro.

De la misma manera, para que los asistentes sientan la importancia de la membresía, y para que aquellos fuera de la fe también puedan ver que están separados de Cristo, las fronteras entre la Iglesia y el mundo necesitan ser fortalecidas. Con este fin, los pastores y congregaciones deben identificar las actividades y oportunidades que están restringidas a los miembros solamente. ¿Puede uno que no sea miembro de la iglesia enseñar en la escuela dominical? ¿Puede unirse al coro? ¿Puede unirse a grupos pequeños o salir de viaje con los equipos misioneros? ¿Va a invitar a los cristianos profesantes que no son miembros de ninguna iglesia local para participar en la Cena del Señor? Decidir cuáles privilegios y responsabilidades pertenecen solamente a los miembros de la iglesia ayuda a demostrar por qué estar dentro importa y lo que la gente perderá por quedarse fuera de la membresía de la iglesia.

5. Haz el trabajo personal de responder a las objeciones y anima a la gente a unirse.
Después de trabajar durante un par de años para crear un ambiente donde la membresía es valorada y significativa, podemos hacer el trabajo personal mucho más eficaz con nuestros asistentes. De hecho, esperamos que, después de haber levantado el aprecio de la iglesia local, la congregación hará la mayor parte del trabajo personal. Este trabajo personal implica por lo menos dos cosas:

  1. El desarrollo de una forma de identificar y conocer a los asistentes.
  2. El responder a la objeciones de los visitantes para unirse a la iglesia.

Cuando trabajaba en la promoción de políticas, utilizábamos una herramienta simple llamada gráfico de movimiento. Ese gráfico era una hoja de cálculo de Excel en la que figuraban responsables de las políticas clave en una columna a la izquierda y su posición actual sobre un tema de política en la parte superior. En una planilla sencilla, etiquetábamos sus posiciones como “fuerte oposición,” “Neutro” y “Apoyo Fuerte”. Y mientras trabajamos con los políticos, nos dábamos cuenta de su movimiento a lo largo de la campaña.

Sin importar si los pastores crean un gráfico de movimiento en papel o en sus cabezas, ellos necesitan una manera de identificar si los asistentes están fuertemente opuestos, nunca piensan en ello, o planean unirse a la iglesia la próxima semana. Seguramente la predicación y la comunidad van a hacer el trabajo personal en muchos casos, especialmente entre los asistentes que ya están motivados a unirse. Pero entre los asistentes con preguntas y dudas, es necesaria más dedicación.

Aquí es donde el mandato de mostrar hospitalidad (Romanos 12:13; 1 Pedro 4:9) obtiene dividendos en ayudar a la gente a comprometerse. Los hogares abiertos tienden a producir corazones abiertos, ¡o al menos bocas abiertas! Podemos pasar de conversaciones que son consecuencia de los cultos de la iglesia a discusiones más intencionales durante las comidas. Si somos pacientes y reflexivos en esas conversaciones, es posible que pastoreemos a los asistentes desde dolores, decepciones, dudas y temores hacia el compromiso a pertenecer. El objetivo no es ganar un argumento para la membresía, sino amar en la práctica a la persona de palabra y hecho hasta que el Señor le conceda luz y amor.

6. Anima a los asistentes a establecerse en otra iglesia si no le gusta la tuya.

Por último, debemos recordar que el Señor tiene otros pastores y congregaciones fieles. Debemos alegrarnos de este hecho. No estamos en competencia con las iglesias, sino que somos partícipes con ellos en el evangelio.

De vez en cuando podemos encontrar un asistente cuyas objeciones para unirse a nuestra iglesia parecen insuperables. Tal vez no está de acuerdo con nosotros sobre alguna doctrina o práctica importante. O tal vez vive más cerca de otra congregación fiel y puede participar más activamente allí. En esos casos, ayudar a la gente a dejar de ser un mero asistente para llegar a ser un miembro activo podría implicar ayudarles a unirse a una iglesia local que no sea la nuestra.

Esto puede ser triste para algunas personas, especialmente para aquellas que han desarrollado un apego a la iglesia pero nunca se han unido. Estas situaciones requieren paciencia y empatía pastoral. Pero lo hacemos por el bien del asistente, deseando lo que sabemos que Dios exige de él o de ella, es decir, que sean miembros activos, lo cual es muchísimo mejor. Estamos tratando de promover el evangelio, no nuestras propias iglesias. Estamos tratando de aumentar los cristianos, no nuestra lista de miembros. A veces eso significa ayudar a que la gente se una en otros lugares, mientras seguimos apacentando la grey de Dios que ha puesto bajo nuestro cuidado (1 Ped. 5:1-4).

CONCLUSIÓN
Es tentador para los pastores sentir molestias causadas por los creyentes que asisten pero que parece que nunca van a unirse a la iglesia. Podemos frustrarnos cuando las cosas que parecen básicas para nosotros son olvidadas por otros. Tenemos que cuidar nuestros corazones de la impaciencia y la justicia propia. Mientras que damos la mayor parte de nuestro tiempo a nuestros miembros ya que somos responsables ante ellos en primera instancia, los asistentes a la iglesia también necesitan nuestro ministerio. Pasar a la gente desde la asistencia a la membresía es una oportunidad para el amor. En un sentido real, esto es el ministerio.


Thabiti Anyabwile es el pastor principal de la Primera Iglesia Bautista de Gran Caimán, Islas Caimán y el autor de ¿Cómo es un miembro provechoso de la iglesia? (Crossway).