Clases esenciales: Unidad y Diversidad en la iglesia local

Unidad y Diversidad en la iglesia local – Clase 3: La imagen de Dios en nuestra unidad y diversidad

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04.10.2019

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Clase esencial
Unidad y Diversidad en la iglesia local
Clase 3: La imagen de Dios en nuestra unidad y diversidad


  1. Introducción

¿Ser creado a imagen de Dios te hace muy feliz? Si no es así, me pregunto si eres tan feliz como podrías serlo cuando intentas amar a otras personas en nuestra iglesia, especialmente a personas que no son como tú.

Incluso como cristianos, a veces no estamos demasiado seguros de por qué deberíamos amar a los demás. Rechinando los dientes, asumimos que debemos amar porque Dios lo ordena. Pero esa razón no es suficiente para ayudarnos a amarnos felizmente unos a otros. No me malinterpretes, por lo general, obedecer por deber es algo bueno y da testimonio de nuestra fe. Pero esforcémonos por algo mejor: esforcémonos por obedecer con alegría como la persona bienaventurada del Salmo 1. Como cristianos debemos hacer todas las cosas sin murmuraciones ni contiendas como dice Filipenses 2, y eso incluye nuestra obediencia. Hermanos y hermanas, la obediencia alegre hace a Dios muy, muy, feliz, y a nosotros muy, muy felices.

Así que el día de hoy, hablaremos acerca de la imagen de Dios, lo que a veces se conoce como la imago Dei, para que nuestro deber se convierta en deleite, y para que podamos amarnos más gozosamente. Permíteme hacer esta bonita y provocativa declaración por adelantado, para enmarcar nuestro tiempo y explicar por qué esta doctrina es más importante de lo que podrías haber creído: Sin la imago Dei, no podemos encontrar una motivación duradera para amar a quienes son diferentes a nosotros. Pensemos en algunas razones alternativas para amar a los demás, y veamos por qué no son suficientes:

  1. Deberíamos amar a las personas por su contribución a la sociedad. Bien, ¿qué pasa con aquellos que no? Es el tipo de lógica que conduce a la eugenesia o incluso a la Alemana nazi; los nazis consideraban que cierta clase de personas no eran valiosas para la sociedad. O piensa en Frank Stephens, el hombre con síndrome de Down, que recientemente llegó a Capitol Hill. Vino para argumentar en contra de la legislación que fomentaría los abortos de bebés con síndrome de Down. Dada la forma en que nuestra sociedad opera, las razones por las que Frank alegó que debería permitirse a las personas con síndrome de Down vivir estaban todas centradas en la utilidad de las personas con síndrome de Down para la sociedad. ¿No es trágico que Frank sintiera que tenía que declarar su utilidad para defender su derecho a la vida?
  2. Deberíamos amar a las personas porque es lo mejor para nosotros. Jennifer López dice: «ama a las personas porque eso es lo que hace que ‘el mundo gire’». Bueno, eso es un amor reactivo, no un amor proactivo. Y si ese es el caso, realmente no amamos a la gente; simplemente amamos que el mundo gire. Las personas son simples medios para obtener lo que deseamos, ¿pero qué pasa con aquellos que no nos dan lo que queremos? ¿Los amamos? Al fin y al cabo, ¿qué pasa si no es lo mejor para nosotros amar a alguien? ¿Qué motivo tenemos entonces? Hace algunas semanas en la Conferencia Bautista del Sur, el personal pastoral cenó con un autor que escribió acerca de la unidad en la iglesia. En uno de sus libros, señaló que si solo amamos a las personas porque es lo mejor para nosotros y para aquellos que son como nosotros, no existe una verdadera razón para que cambiemos el status quo si ese cambio no es lo mejor para nosotros[1]. Alabado sea Dios porque Jesús nos amó cuando definitivamente no era lo mejor para él.
  3. Entonces, deberíamos amar a las personas porque… ¡se supone que debemos hacerlo! Pablo dice en Colosenses 2, que esa clase de «amor» no tiene poder para restringir nuestros deseos pecaminosos. Simplemente conocer las reglas nunca motivó a nadie a amar a alguien.
  4. ¿Amamos a las personas porque simplemente nos identificamos con ellas? Muchas veces, ese es el caso; amamos a las personas que comprendemos, a quienes son como nosotros. Pero como discutimos la semana pasada, incluso las personas que no son cristianas aman a personas que son como ellos, y esa clase de amor no dice nada acerca del valor de las personas que no son como nosotros.

Pero la doctrina de la imagen de Dios habla de ese valor, y si no estudiamos la imagen de Dios, somos propensos a olvidar los horribles peligros que resultan de no entender correctamente esta doctrina, y tal vez incluso pensar que nunca podríamos caer en esos peligros. Pero los cristianos fueron algunos de los mayores defensores de la esclavitud de Chattel. Y no es como si la imagen de Dios no hubiese sido mal interpretada en el pasado. Desde el tráfico sexual en callejones oscuros hasta revistas inapropiadas en los pasillos de los supermercados, la nuestra es una era que valora la devaluación de las personas. La forma en que consideramos a los pobres o al creciente número de abortos debería recordarnos que aunque esta doctrina suene bastante abstracta y académica, la imago Dei literalmente tiene implicaciones vitales para todas las personas en cualquier lugar. Y sé que he mencionado algunos ejemplos extremos, pero estas implicaciones se derivan incluso de cómo nos vemos unos a otros en la iglesia, y llegaremos a eso en unos minutos.

Pero primero deberíamos tener en cuenta que no estudiamos la imagen de Dios simplemente para evitar los peligros. Sino positivamente, ya que cuando las implicaciones de la imagen de Dios se aplican adecuadamente, no solo cuidan la preservación humana; promueven el crecimiento humano. Por tanto, dado estos grandes riesgos, voy a sugerir que para entender la imagen de Dios, debemos amar a las personas, especialmente a las que percibimos como diferentes a nosotros, porque Dios ha creado a todos los seres humanos a su imagen y semejanza para que reflejen su gloria. Y respaldaré eso con la Biblia. Recorreremos la historia de la Biblia: el Gran Panorama de Dios; examinaremos la Creación, la Caída, la Redención y la Consumación. Observaremos la imagen de Dios en cada capítulo de esta historia y extraeremos algunas implicaciones de cómo debemos amar a nuestro prójimo.

  1. La imagen de Dios y la Creación (Génesis 1:26-28)

En la clase anterior, hablamos acerca de cómo Dios es el principal creador de la unidad. Pero la fuente de esa unidad no solo se remonta al calvario; se remonta a la creación. Y en cierto sentido, esto no es nuevo para la gran mayoría de nosotros. En la escuela secundaria, muchos de nosotros aprendimos estas famosas palabras: «Sostenemos como evidentes estas verdades, que todos los hombres son creados iguales, que son dotados por su Creador de ciertos derechos inalienables…». Pregunta: ¿De qué documento son esas palabras? (La Declaración de Independencia). Pero un documento aun mejor para nuestros fines es la Escritura.

Leemos en Génesis 1:26 que en el principio, Dios dijo: «Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza… Y  creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó. Y los bendijo Dios, y les dijo: Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra…».  Estamos en el comienzo de nuestra historia, y quiero asegurarme de que no perdamos de vista lo que está sucediendo: Así como los reyes en la antigüedad levantaban estatuas o «imágenes» en los picos más altos para mostrar su fama y gobierno, nosotros estamos diseñados para apuntar por encima de nosotros mismos a nuestro Creador.

Esto significa que nuestras identidades están intrínsecamente unidas a Dios y provienen de él. También quiere decir que nuestro trabajo es representar a Dios, ser como Dios, en la tierra. El cristianismo ha enseñado consistentemente que sea lo que signifique ser creado a imagen de Dios, al menos implica que Dios creó al hombre de una manera única. Por tanto, «la imagen de Dios no es un extra añadido, como si fuésemos mamíferos ligeramente avanzados. Se trata de quiénes somos fundamentalmente, no de unos pocos atributos que podamos poseer»[2].

En tu folleto encontrarás nuestra definición de lo que es la imagen de Dios: la fundación de nuestra identidad y nuestra principal descripción de trabajo, y ambas realidades significan que debemos amar a Dios y a otras personas. La imagen de Dios es tanto un sustantivo (identidad) como un verbo (descripción de trabajo, una tarea). Entonces, ¿cuáles son algunas implicaciones de esa verdad para nuestra iglesia y más allá?

  • Significa que cuando vemos diferencias en los demás, deberíamos alabar a Dios por ellas. ¿Cuál fue la primera respuesta de Adán cuando vio a Eva, alguien que era diferente a él, pero otra portadora de la imagen? ¡Alabar! Nuestras diferencias reflejan la creatividad de Dios y lo multifacético que Dios debe ser. Existen 7 mil millones de personas en el planeta que se ven diferentes (diversidad), sin embargo, todas portan la imagen de Dios (unidad). Aunque los llamados individuales pueden diferir, reflejar a Dios es el llamado central de la humanidad. Esto es, dijo C. S. Lewis: «lo que Dios quiso que fuera la humanidad; como músicos de una misma banda»[3]. Amados, debería sorprendernos el hecho de que el ser humano es la única creación que Dios hizo semejante a él. Muchas veces, nos vemos a distancia, como a través de un telescopio. Comprender la imagen de Dios es más como mirar por un caleidoscopio. No inspeccionas tanto, sino que te asombra la variedad de colores y formas.
  • Asimismo, observa en Génesis 1 que nuestra identidad se establece antes que nuestra descripción de trabajo. Por tanto, quiénes somos es más importante que lo que hacemos, y quiénes somos no depende de lo que hacemos. Además, como todos compartimos esta identidad común, tenemos más cosas en común entre nosotros en el nivel más básico de lo que podríamos pensar. Esta increíble identidad que compartimos es más grande que nuestras diferencias. Hermanos y hermanas, la Biblia habla más de lo que nos une que de lo que nos divide.

A la luz de esta verdad, deberíamos tener en cuenta que en Génesis 1-2, Adán y Eva son étnicamente genéricos. No son hebreos, no son egipcios; se presentan como no étnicos y no nacionales porque son la madre y el padre de todas las etnias y de todas las naciones. Esto quiere decir, que no existe etnia en la tierra que refleje la imagen de Dios mejor o más que otra. Entonces, no es solo la dignidad de todos los seres humanos lo que la Escritura remonta a la creación; también es la igualdad de todos los seres humanos.

En resumen: la imagen de Dios significa que todas las personas merecen ser amadas porque cada persona es una imagen y un embajador de Dios, razón por la cual, como lo expresó un teólogo: «quien intente ver a la persona humana, sin considerar su relación con Dios, siempre fallará en verla como realmente es»[4]. O dicho positiva y poéticamente, en palabras del novelista ruso Fyodor Dostoyevsky: «Amar a alguien significa verlo como Dios lo tenía pensado». Sin embargo, a menudo no nos vemos como Dios lo hace, ¿cierto ¿A qué se debe eso? ¡Se debe al pecado! Génesis 3, la siguiente gran escena en el Gran Panorama de Dios, añadirá una dolorosa capa de complejidad a esta imagen que todos portamos.

  1. La imagen de Dios y la Caída (Génesis 3-4)

Dejando el sustantivo y pasando al verbo, vemos que no transcurre mucho tiempo antes de que nuestros primeros padres, Adán y Eva, fallen en cumplir con nuestra descripción de trabajo; en lugar de glorificar a Dios, pecan contra él. En lugar de representar al Rey, intentaron ser el Rey. Y aquí hay algo fascinante: Satanás tentó a Eva diciéndole que podía ser como Dios. ¿La tragedia? Eva ya había sido creada a semejanza de Dios, porque había sido creada a su imagen.

¿Alguna vez has visto un teléfono inteligente con la pantalla rota? No sé tú, pero cada vez que mi pantalla se rompe, pienso: «¡Ugh! ¿Cómo puedo usar esto ahora?». De la misma forma, en la creación éramos como teléfonos inteligentes nuevos, creados para transmitir y mostrar el mensaje de la gloria de Dios. Pero ahora estamos rotos; tenemos pantallas rotas.

Ahora bien, para ser claros: la Caída no significa que hemos perdido la imagen de Dios; no, todavía portamos la identidad y la descripción de trabajo. Y el hecho de que podemos reflejar a Dios incluso de forma distorsionada en un mundo caído, habla de la gracia de Dios. Él todavía nos permite tomar decisiones, comunicarnos y trabajar. Todavía, aunque imperfectamente, reflejamos a Dios.

Por lo que, incluso después de la Caída, Dios dice que el hombre no debe asesinar a otras personas, porque el ser humano ha sido creado a su imagen (Génesis 9:6). ¿Pero qué vemos rápidamente luego de la Caída en Génesis 4? Vemos el primer homicidio. A causa del pecado, naturalmente, distorsionamos la imagen de Dios de maneras terribles, y eso no solo afecta nuestra relación con Dios, también afecta las relaciones entre nosotros. ¿De qué manera se manifiestan los efectos del pecado en nuestras vidas?

  • Para empezar, el pecado nos hace naturalmente orgullosos. Esta es la razón por la que Pablo, en Romanos 12:16, nos ordena que no seamos altivos si queremos llevarnos bien. Naturalmente, pensamos que la forma en que nos vemos, la forma en que hacemos las cosas está bien. Y que todo el que no se vea como nosotros o haga las cosas que nosotros hacemos está mal; en el mejor de los casos, creemos que los demás son desconocidos y, en el peor de los casos, creemos que son una amenaza.
  • Además, el pecado nos hace valorar y juzgar a las personas por como lucen o por lo que vemos que hacen por nosotros. Ya sea que se trate de un pensamiento lujurioso, o de que nos estemos comparando a nosotros o a nuestras posesiones con alguien más, nuestra tendencia natural no es considerar a los demás como mejores que nosotros; no es mirar sus necesidades como Filipenses 2 nos ordena. En cambio, nuestra tendencia es ver a las personas como simples medios para cubrir nuestras necesidades. En lugar de poner a las personas creadas a imagen de Dios primero, nos ponemos a nosotros primero.
  • Anteriormente hablamos acerca de alabar a Dios por nuestras diferencias. El pecado hace que nuestro reflejo natural sea despreciar nuestras diferencias, no apreciarlas. Lógicamente, tememos lo que desconocemos. Pero Proverbios dice que el temor al hombre es un lazo (Proverbios 29:25). Así que habiendo dicho eso, ¿con quién prefieres hablar justo después de que termina el servicio? ¿A quién buscas invitar a la iglesia? ¿Es siempre personas que lucen como tú? La similitud es algo bueno, y hablaremos de eso la siguiente semana. Pero incluso si te acercas a alguien diferente, ¿es porque lo ves como un proyecto que merece tu condescendencia, o como un igual que merece tu amor porque ha sido creado a imagen de Dios?
  • Otra implicación: En Mateo 5, Jesús dijo que si nos enojamos injustamente con alguien, somos responsables del juicio que enfrentaría un homicida. Ya hemos visto lo que el homicidio dice de nuestro amor por la imagen de Dios y sus portadores. Piensa incluso en cómo destrozamos a las personas con palabras, tal vez murmurando cosas a sus espaldas (1 Timoteo 5:13). ¿Estamos involuntariamente desfigurando a los portadores de la imagen de Dios? Advirtiéndonos acerca de esto, Santiago 3:7-10 dice:

«Porque toda naturaleza de bestias, y de aves, y de serpientes, y de seres del mar, se doma y ha sido domada por la naturaleza humana; pero ningún hombre puede domar la lengua, que es un mal que no puede ser refrenado, llena de veneno mortal. Con ella bendecimos al Dios y Padre, y con ella maldecimos a los hombres, que están hechos a la semejanza de Dios. De una misma boca proceden bendición y maldición. Hermanos míos, esto no debe ser así».

La calumnia es una forma de vandalismo cósmico. Recuerda que dijimos que la Escritura no solo remonta la dignidad de todas las personas a nuestra creación, sino también la igualdad de todas las personas. Por esta razón, el racismo no es simples malos modales. El racismo es una afrenta a Dios, es un ataque a su carácter, creatividad, sabiduría y gloria. Proverbios 14:31: «El que oprime al pobre afrenta a su Hacedor». Proverbios 17:5: «El que escarnece al pobre afrenta a su Hacedor».

El clasismo, el racismo y cualquier forma de ismo que eleve a un grupo de personas por encima de otro, o degrade a un grupo por debajo de otro, no es un simple error social. Oprimir a otro portador o a otros portadores de la imagen de Dios es abominable ante los ojos del Señor, lo que equivale a mirarlo a él y a quienes él ha creado a su semejanza y darles la espalda.

Así, si alguien irrumpe en tu casa y destruye todas tus fotos, no dirías: «Esa persona tiene un problema con las fotos». Dirías: «Esa persona tiene un problema conmigo».

Y una de las razones por las que debemos hablar acerca de la imago Dei y de cómo este tipo de problemas pueden aparecer en nuestra iglesia no se debe solo a que la imagen de Dios lo exige (aunque es así), no se debe solo a que el carácter de Dios lo exige (aunque es así), no se debe solo a que la gloria de Dios lo exige (aunque es así), no se debe solo a que la historia bíblica lo exige… se debe a que estamos hablando de la imagen de Dios porque la historia estadounidense lo exige (y nosotros somos una iglesia en Estados Unidos, una iglesia estadounidense), y dado que la historia evangélica lo exige (y nosotros somos una iglesia evangélica), y dado que la historia bautista del sur lo exige (y nosotros somos una iglesia bautista del sur). Y en la historia estadounidense, la historia evangélica y la historia de la Convención Bautista del Sur, la imagen de Dios en las personas de piel oscura en particular, ha sido atacada por motivos explícitamente teológicos. Los argumentos que defienden la esclavitud y la jerarquía racial de Chattel se enmarcaban en términos teológicos (Génesis 4: la marca de Caín; Génesis 9: la maldición de Cam).

Y no digo esto para intimidarnos. Digo esto porque como evangélicos y bautistas sureños no haremos las cosas bien, si no somos honestos acerca de donde hemos fallado.

  1. La imagen de Dios y la Redención (Romanos 8:29)

Es posible que esto parezca un sacrilegio, pero todo lo que he dicho hasta ahora en relación a la imagen de Dios, se puede decir aparte de los que han creído en Jesucristo. Todas las personas son creadas a imagen de Dios. Todas las personas reflejan su imagen fracturadamente. Pero nosotros somos cristianos, en una iglesia cristiana, por tanto, ¡hablemos de Cristo!

Alabamos a Jesús porque él vivió, murió y resucitó como sustituto de los rotos portadores de la imagen. Romanos 8:29 dice que Dios predestinó a su pueblo para que fuese conformado a la imagen de su Hijo. Jesús vino para que nosotros podamos ser como él.

¡Alabado sea Jesús! Él cumplió perfectamente la tarea de reflejar a Dios. ¡Colosenses 1 nos dice que Jesús es la imagen de su Padre (Col. 1:15, 19; He. 1:3 cf. 2 Co. 4:4)! ¡La Biblia dice que los hombres que vieron a Jesucristo, vieron a Dios (Juan 12:45, 14:9)! De manera que, cuando nos volvemos a Jesús y creemos en él, recibimos su reputación perfecta como portadores de la imagen de Dios. Por tanto, nuestro valor no está en lo que hacemos como cristianos, sino en lo que Cristo ha hecho. Jamie dice que a menudo pensamos que ser cristiano implica dejar de hacer cosas para nosotros mismos, para hacer cosas para Dios. No, aunque nuestras acciones importan y glorifican a Dios, en el mejor de los casos, todo eso es secundario. Finalmente, la vida trata acerca de la gloria de Dios a través de lo que Cristo ha hecho y hará.

Nosotros, los que confiamos en que Cristo ha hecho, somos nuevas criaturas (2 Co. 5:16-21). Jesús, por encima de todo es nuestra nueva identidad, y vivir como él es nuestra nueva descripción de trabajo. Pablo describe esta nueva identidad y descripción de trabajo en Colosenses 3. Dice que debido a que estamos siendo renovados a imagen de Cristo, debemos desechar la ira y las calumnias. Debemos procurar el bien de otros antes que el nuestro, suponer lo mejor de los demás, y todo eso forma parte de amarnos los unos a los otros. Y sé que amar a tu prójimo puede sonar obvio. Pero esa es la realidad de la vida cristiana: los mandamientos de Dios no son difíciles de encontrar, son difíciles de obedecer.

Y sabemos esto por experiencia propia. Hagamos esto bastante práctico. Digamos que entras en el pasillo principal. De un lado de los bancos están aquellos que creemos son como nosotros. Del otro lado, están aquellos que creemos son diferentes. Entonces, inmediatamente, a la velocidad de la luz, comenzamos a calcular. Pensamos el primer lado se parece «a mí, por tanto, es seguro; seguro, por tanto, hay algo que ganar…», y el otro lado no «no es como yo, por tanto, son desconocidos; desconocidos, por tanto, hay potencial de daño y pérdida; como hay potencial de daño y pérdida, los ignoraré…». Entender nuestra unidad en la imagen de Dios en la creación nos ayuda a decir al supuestamente lado diferente: «¡Espera! Ellos han sido creados a imagen de Dios, como yo; un descendiente de Adán como yo; un  pecador caído como yo, con potencial para ser salvo, como yo…». Y en Cristo decimos: «¡Aleluya! Ellos han sido salvados milagrosamente, ¡como yo! Comprados por la sangre de Cristo, ¡como yo! Llenos del Espíritu Santo, ¡como yo! Parte de la familia de Dios, ¡como yo!». Sinclair Ferguson lo expresa maravillosamente cuando dice: «Nuestra realidad no es que solo compartimos el linaje de Adán; la sangre de Cristo crea un linaje más profundo que nuestros genes».

No obstante, incluso cuando escuchamos verdades profundas como esas, cuando se trata de codearnos con personas diferentes a nosotros semana tras semana, amarlas puede ser difícil, ¿cierto? ¿A qué se debe eso? Esto es lo que 2 Corintios 3:18 dice: «Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor». Ese versículo quiere decir que estamos creciendo (tiempo presente) en la imagen de Cristo hasta el día final. Eso significa que ninguno de nosotros aquí somos productos terminados; todos somos obras en progreso. Nos equivocaremos. Nuestra naturaleza pecaminosa va a estallar, por eso Pablo nos ordena, en Colosenses 3, que como nuevas criaturas nos soportemos unos a otros. ¿Cómo podemos soportarnos felizmente los unos a los otros?

En El significado del matrimonio, Tim Keller habla de cómo el día de su boda, él y su esposa se veían geniales. Y ahora, cuando oficia bodas, siente la tentación de bromear con los novios diciendo: «Disfrútenlo ahora, porque es todo cuesta abajo desde aquí». Y es fácil creer eso. Pero en la gloria, tendremos la mejor imagen que hará que nuestra imagen terrenal parezca harapos. Así, una forma de mantenernos motivados para amar a otra persona es imaginar que ella finalmente será perfeccionada. En otras palabras, podemos recordar que Dios está obrando en esa persona. Al igual que Pablo, podemos regocijarnos de que Dios nos está usando para preparar a alguien más para su más glorioso día. Y quiero hablar de ese glorioso día final en el punto…

  1. La imagen de Dios y la Consumación (1 Juan 3:2)

Hasta ahora hemos hablado acerca de la imagen de Dios en el hombre en Génesis 1, cuando el hombre fue creado. Hablamos de cómo el hombre fracturó esa imagen en Génesis 3, y de cómo el Dios-hombre encarnado en Colosenses 1 es la imagen perfecta de Dios, que nos está restaurando cada vez más a su semejanza.

Sin embargo, no podemos pasar por alto la última parte de la historia de Dios porque nos dirigimos a esto, esto es lo que nos da esperanza: que Cristo viene otra vez. 1 Juan 3:2 nos dice: «Amados, ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él es». ¡Seremos como Dios! De una manera incluso más gloriosa que Adán y Eva. De esto trata el Gran Panorama: de la gloria de Dios. Él nos creó para reflejar su gloria. Nosotros fallamos. Él castigó a su propio Hijo, quien reflejó perfectamente su imagen, para que nosotros podamos reflejarla otra vez, y de una forma mucho más brillante. Y él nos preservará hasta que veamos a su hijo, hasta que seamos completamente como él.

¿Esperas esto? Ese grandioso día es el acontecimiento principal. La iglesia local es un ensayo para ese día. Pablo escribe a la iglesia en Éfeso, acerca de otro ensayo, dice en Efesios 1:15: «Por esta causa también yo, habiendo oído de vuestra fe en el Señor Jesús, y de vuestro amor para con todos los santos, no ceso de dar gracias por vosotros, haciendo memoria de vosotros en mis oraciones…». Creo que lo que hizo que la noticia de la fe de la iglesia en Éfeso se propagara fue su amor para con TODOS los santos. Los cristianos judíos amaban a los cristianos gentiles y viceversa. Era una sola familia,

Esta unidad, adquirida por la sangre de Cristo, era la prueba que le dio a Pablo confianza en la fe de los efesios. Y él respondió alabando a Dios. Hermanos, alabo a Dios por el amor unificador que veo desarrollarse aquí en CHBCH entre los portadores de su imagen. Creo que si Pablo viera la vida de muchos de ustedes, alabaría a Dios por su amor por todos los santos. Y un día, todos los santos se reunirán ante Jesús, seremos completamente como Jesús, y seremos muy, muy felices.

Qué gran historia. Oremos.

[1]George Yancey, Transcending Racial Barriers (Trascendiendo las barreras raciales), Oxford University Press (p. 46).

[2]Mark Meynell

[3] Lewis, C.S. Mero cristianismo. San Francisco: Harper Collins: 2001 (p. 164-165).

[4]Anthony Hoekema, Creados a imagen de Dios.