Clases esenciales: Unidad y Diversidad en la iglesia local

Unidad y Diversidad en la iglesia local – Clase 1: ¿Diversidad? ¿Unidad? ¡Por amor a Dios!

Artículo
04.10.2019

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Clase esencial
Unidad y Diversidad en la iglesia local
Clase 1: ¿Diversidad? ¿Unidad? ¡Por amor a Dios!


  1. Introducción

¿Cuántos de ustedes conocen a Bill y Claudia Anderson? [Una pareja de ancianos de nuestra congregación que vive en la Calle E, NE]. ¿Cuántos conocen el testimonio de Bill? Bill comenzó a visitar CHBC a los 60 años. No era cristiano. En esa época, enseñaba una clase en la Universidad de Harvard titulada: «La locura de las multitudes». La clase estudiaba conceptos de psicología de masas a través del análisis de cosas tales como la casería de brujas de New England, leyendas urbanas y pánicos financieros. Sin embargo, una carrera estudiando a las multitudes no lo preparó para la iglesia local. La diversidad de la congregación lo impresionó. Pero más allá de eso: la autenticidad de una hermandad tan diversa lo impresionó. Según sus propias palabras: «Quedé anonado desde el primer momento en que crucé la puerta. No había duda de que algo especial estaba sucediendo. Las relaciones no parecían tan poco naturales como poco comunes. Así, conocí la idea de una iglesia sana: concepto que antes había eludido». El poder de este testimonio colectivo lo atrajo. Eso fue parte de lo que Dios usó para conducirlo a Cristo; para que se uniera a nuestra iglesia y, eventualmente, se casara con Claudia, quien había sido la primera en invitarlo.

¿De dónde vino este testimonio colectivo? Vino del evangelio. Cuando te conviertes en cristiano, experimentas un cambio de identidad completo. Ahora, eres una nueva criatura (2 Co. 5:17); eres parte de la familia de Dios (Gá. 4:5); estás unido a Jesús (Ro. 6:1-8). Ser cristiano es más fundamental para tu identidad que tu familia, tu etnicidad, tu trabajo, tu nacionalidad, tu sexualidad, tu personalidad, o cualquier otra forma en que el mundo defina la identidad. Así, la unidad que compartes con cualquier otro cristiano es más profunda que cualquier otro vínculo concebible. Eso significa que donde quiera que exista el evangelio, también debería haber diversidad dado que toda clase de personas pueden ser salvas. La diversidad es una consecuencia natural del evangelio.

Por tanto, es probable que la diversidad sea más importante, y al mismo tiempo menos importante, de lo que hayas pensado. Es más importante porque, tal como lo descubrió Bill, cuando personas sin lazos o conexiones terrenales se aman unas a otras sacrificialmente en la iglesia, es un anuncio gigantesco de que algo sobrenatural está sucediendo. Jesús dice: «En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros» (Juan 13:35).

Es posible que la gente pregunte: «¿Por qué es tan importante la raza?». Jesús nos dice que lejos de ser «algo bueno que tener», la unidad y la diversidad deberían ser algunas de las características sobrenaturales más evidentes de una iglesia local.

Pero al mismo tiempo, la diversidad también podría ser menos importante de lo que has pensado, ya que no es un fin en sí. Y es fácil para las personas o iglesias enteras considerarlo así. Además, se puede ser una iglesia diversa, pero una iglesia no saludable que carece de unidad, amor y evangelio. A la gente le encanta hablar de lo diverso que es el cielo, y con toda razón, pero no debemos olvidar que el infierno también es diverso. La clase de diversidad que fue tan atrayente para Bill fue atrayente precisamente porque resaltaba la unidad del evangelio. De manera que, la diversidad en una iglesia local importa muy poco en sí misma. E importa muchísimo en la medida que refleja una realidad más profunda de la unidad del evangelio que se cree y se vive.

Este es el tema de nuestra clase, hoy y durante las próximas seis semanas. ¿De dónde provienen esta unidad y esta diversidad? ¿Cómo podemos nosotros, cristianos que forman parte de la minoría y de la mayoría, vivirla? ¿Cómo se ve esto de manera práctica en la vida real? ¿Y qué logra para Dios y para el evangelio? Hoy quiero comenzar nuestra exploración haciendo una pregunta bastante simple: «¿Por qué a Dios le importa la unidad y diversidad en la iglesia local?». Tenemos toda clase de razones por las que estas virtudes son importantes, pero a veces nuestros motivos son diferentes a los motivos de Dios, y eso puede meternos en problemas. Comenzaremos trazando el tema de la unidad en la diversidad a través de las Escrituras de principio a fin. Hablaremos de las razones por las que a nosotros nos importan estas cosas, las cuales pueden diferir de los propósitos de Dios. Finalmente, intentaremos explicar con exactitud por qué la diversidad y la unidad son importantes para Dios.

Primero, permíteme explorar esto en forma de pregunta: ¿Por qué son importantes la unidad y la diversidad en una iglesia? Responderemos esto en nuestro segundo punto en la parte frontal de tu folleto.

  1. La unidad y la diversidad en la Biblia

La historia de una comunidad en la Biblia inicia con Dios. Génesis 1:26: «Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza». ¿El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, en perfecta comunión desde la eternidad, crearon solamente al hombre? No, versículo 27: «Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó». Crearon al hombre y a la mujer, leemos en el capítulo 2, que la mujer debía ser «ayuda idónea» para el hombre. Ella le correspondía y lo complementaba. Era diferente a él. Sin embargo, versículo 23, sería una sola carne con él. El hombre y la mujer no simplemente nos señalan a Dios por la manera en que representan el amor de Cristo para con su Iglesia en Efesios 5. Ellos reflejan a Dios en su diversidad y unidad. Desde el comienzo de la existencia del hombre es la comunidad, incluso esta comunidad de dos, la que refleja a Dios. Dios mismo, tres personas diferentes que funcionan en perfecta armonía como un solo Dios; existe una unidad poderosa que tú y yo podemos demostrar. ¿No es eso maravilloso?

Y eso es solo el inicio. Dios llama a Abraham y le dice que su plan será crear a una nación entera de sus descendientes, y que estos descendientes serán judíos. Pero es irónico, ¿no? El primer judío, Abraham, era técnicamente gentil. Y efectivamente, en Éxodo 4:23, cuando Dios crea a la nación de Israel, los llama «mi hijo». Le dice a Faraón: «Ya te he dicho que dejes ir a mi hijo, para que me sirva». ¿Por qué Dios llama a Israel «mi hijo»? Aquí tienes una razón: Los hijos se parecen a sus padres. Reflejan a sus padres. La tarea de representar al Dios trino ahora cae sobre toda una nación, de toda clase de personas; hay una representación colectiva. No obstante, estas personas no reflejan muy bien a Dios, ¿cierto? Así que, en Ezequiel 36, Dios explica que los expulsó fuera de la tierra porque en lugar de proclamar su nombre, lo difamaron. En cierto sentido, fue una repetición a mayor escala de lo que ocurrió en Edén: Adán y Eva, recuerda nuestra pequeña, unida y diversa comunidad de dos que portaba la imagen de Dios, difamaron la imagen de Dios y fue desterrados de Edén; y ahora, cientos de años después; con cientos de miles de descendientes, existe el mismo problema.

Pero luego Jesús entra en escena. Cuando se apertura el Evangelio según Mateo, Jesús sale de Egipto. Mateo 2:15: «De Egipto llamé a mi Hijo» Es llevado al desierto, al igual que Israel. Es tentado, al igual que Israel, aunque él confió perfectamente en la Palabra de su Padre. Y así en su bautizo, ¿qué dice Dios el Padre?: «Este es mi hijo amado, en quien tengo complacencia». Jesús refleja perfectamente al Padre. ¿Qué dice Colosenses 1:15? «[Cristo] Él es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación». Cumple finalmente el mandato de Dios a la creación de portar su imagen intachablemente.

Pero él es solo un hombre, ¿no? Y así continúa el plan Dios. Por medio de su muerte y resurrección, Jesús inaugura a la Iglesia. Sus seguidores ahora tienen un deber especial: darlo a conocer al mundo, y como ya cité de Juan 13, una de las formas más poderosas en las que pueden hacerlo es demostrando su amor los unos a otros.

Ahora bien, vimos que la diversidad del plan de Dios se expande de una diversidad de dos en Génesis 1 (Adán y Eva) a una nación en Éxodo. Entonces, ¿qué vemos en la Gran Comisión de Mateo 28? Que la Iglesia incluirá a discípulos de todas las naciones. Como Dios había dicho a través del profeta Isaías (49:6): «Poco es para mí que tú seas mi siervo para levantar las tribus de Jacob, y para que restaures el remanente de Israel; también te di por luz de las naciones, para que seas mi salvación hasta lo postrero de la tierra».

Eso es exactamente lo que vemos cuando los gentiles, Cornelio y su familia entran en lo que en ese momento era una iglesia cristiana judía en Hechos 10. Y luego vemos la intención de Dios para un pueblo diverso unido en Jesús, establecida en la carta de Pablo a los efesios. Él describe el evangelio en el capítulo 2, versículos 1-10. Y su primera implicación del evangelio, capítulo 2, versículo 11, es que los gentiles serán miembros de la nueva familia de Dios al igual que los judíos, así como Israel. Versículo 13: «Pero ahora en Cristo Jesús, vosotros que en otro tiempo estabais lejos, habéis sido hechos cercanos por la sangre de Cristo.  Porque él es nuestra paz, que de ambos pueblos hizo uno, derribando la pared intermedia de separación».

¿Por qué es tan importante esta diversidad? Porque judíos y gentiles habían sido enemigos durante siglos teológicamente, políticamente y étnicamente, es difícil imaginar dos grupos con menos cosas en común o más cosas en contra. Pero cuando Pablo describe su unidad, aborda los vínculos más comprometidos que conocemos: la etnicidad y la familia. Llama tantos a judíos como gentiles UN nuevo hombre (versículo 15) y UNA nueva familia (versículo 19). Esta unidad en Cristo es, capítulo 3, versículo 20, lo que es «mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos, según el poder que actúa en nosotros». Hablando en términos humanos, ¡es imposible la unión de pueblos tan distintos! Sin embargo, para Dios todo es posible.

¿Pero por qué? ¿Por qué Dios crea la unidad entre judíos y gentiles en la iglesia local? Capítulo 3, versículo 10: «para que la multiforme sabiduría de Dios sea ahora dada a conocer por medio de la iglesia a los principados y potestades en los lugares celestiales». En otras palabras: para mostrar la gloria de Dios, para reflejar a Dios.

A través de su deslumbrante diversidad y unidad sobrenatural, la Iglesia refleja a Dios de una manera que Adán y Eva no pudieron. De una manera que Israel no pudo. Increíblemente, incluso de una manera que Jesús por sí solo no pudo.

¿Y cuál es la pieza central de la gloria de Dios en el cielo? Es, Apocalipsis 7:9-10:

«Después de esto miré, y he aquí una gran multitud, la cual nadie podía contar, de todas naciones y tribus y pueblos y lenguas, que estaban delante del trono y en la presencia del Cordero, vestidos de ropas blancas, y con palmas en las manos y clamaban a gran voz, diciendo: La salvación pertenece a nuestro Dios que está sentado en el trono, y al Cordero».

Observa que hay personas de todas las naciones, hay diversidad, y todas están vestidas de ropas blancas, lo cual representa la justicia de Cristo, hay unidad. Unidad en medio de la diversidad. Todas estas diferentes personas, a una voz, alaban a su Señor resucitado. La unidad y la diversidad importan porque es la forma en que reflejamos a Dios. Porque son factores cruciales de su plan, de principio a fin, desde la creación hasta la consumación, para que su pueblo demuestre su gloria a su universo.

Entonces, ¿para qué vale la pena vivir según la Biblia? ¿Por el evangelio? Efesios 4 dice que para que una iglesia local proteja la integridad del evangelio, necesitamos la completa diversidad de hermanos y hermanas que él les ha dado. ¿Por la Gran Comisión? Juan 13 dice que nuestro amor mutuo —y en Efesios 3 vemos que se trata especialmente del amor que traspasa los límites de la diversidad—, es la evidencia de Dios para la fe del no creyente. ¿Por el cielo? El cielo es la diversidad, unida alrededor del trono de Dios. ¿Por la gloria de Dios? Es el amor en una iglesia diversa lo que hace que incluso los principados y potestades en los lugares celestiales se maravillen ante su sabiduría. Recuerdo que un domingo por la noche, una hermana de piel blanca mayor y una hermana de piel oscura mayor estaban sentadas una al lado de la otra, y Mark las llamó para orar. Pensé dentro de mí: «¿No es esto asombroso? Dos hermanas diferentes, que crecieron en una cultura que legalizó la separación, están sentadas juntas entre la iglesia, ante el trono de Dios, unidas». Creo que las potestades celestiales estaban diciendo: «¡Dios, tú eres tan sabio!».

Pero más importante que nosotros, ¿por qué a Dios le importa la unidad y la diversidad en la iglesia local? Porque así es cómo él pretende mostrar su gloria en este tiempo.

Él es el ser más hermoso, más satisfactorio y más encantador de toda la existencia. Él es la fuente y definición de todas esas palabras. Y lo más amoroso que puede hacer, el mayor bien que puede lograr, es dejar que su creación lo conozca. ¿Cómo sucede eso? ¿Por medio de las grandes vistas montañosas, del increíble diseño del cuerpo humano, de los actos de altruismo extremo, de los quásares explosivos o de ideas brillantes? Sí, un poco. Pero mucho más que eso, mucho más que eso, a través de iglesias como la nuestra. Y en particular, mediante su unidad y diversidad, las cuales demuestran el vínculo sobrenatural de comunión en Cristo Jesús y el poder de su evangelio. Esa es la razón por la que a Dios le importan estas cosas. Y es la razón por la que a nosotros deberían importarnos.

  1. Por qué a nosotros nos importa la unidad y la diversidad

El problema es, que a menudo nos preocupamos por la unidad y la diversidad por razones menos importantes de las que a Dios le importa. En ocasiones no pasada nada, ya sabes, a Pablo le alegraba que Cristo fuera predicado incluso si los predicadores tenían diversas motivaciones. No obstante, a veces, se vuelve un desastre. Lo que quiero hacer ahora es hablar acerca de esto juntos. Te daré un par de razones diferentes, quizá sorprendentes, de por qué valoramos la unidad y la diversidad. Y luego quiero que me digas qué está mal con cada una de ellas, y cuáles podrían ser las consecuencias si nos aferramos demasiado a ellas.

Razones inferiores para valorar la unidad en la iglesia local

  • La unidad implica que tenemos menos conflictos [pero tememos agitar las aguas cuando es necesario. Es la unidad la que gira en torno al evangelio, lo que significa que cuando el evangelio está en riesgo, estamos dispuestos a destruir la unidad para protegerlo].
  • La unidad se ve bien ante los ojos del mundo [esto es bueno en un sentido como el de Juan 13:35, pero puede hacer que sintamos temor de hacer lo que no es popular; el temor al hombre].

Razones inferiores para valorar la diversidad en la iglesia local

  • La diversidad significa que cualquier persona independientemente de su trasfondo puede sentirse cómoda aquí [aunque esas identidades son importantes, somos propensos a idolatrarlas; ¡podemos incluir a cualquiera! El punto de la iglesia local es que son secundarias. De hecho, bastante secundarias para nuestra identidad en Cristo].
  • La diversidad hace que nuestra iglesia sea atractiva a los de afuera [podemos sentirnos orgullosos de algo que Dios hizo, y la tentación de fabricarla por nuestra cuenta. Esto puede llevar al descontento con el nivel de diversidad que Dios le ha dado a la iglesia].

Algo de lo que hablaremos en esta clase es la diferencia entre la unidad y la diversidad creada por el hombre, y la unidad y la diversidad creada por Dios. El gran propósito de Dios para la iglesia local solo funciona cuando nuestra identidad y  nuestra diversidad obviamente no son el resultado de nuestro arduo trabajo y capacidades. Eso es lo que Bill Anderson notó cuando visitó CHBC por primera vez. Como experto en cómo funcionan las multitudes, estaba sorprendido de ver a personas con tan poco en común preocuparse profundamente por los demás con tan poco interés personal en juego. Eso debía significar que había algo debajo de la superficie que los mantenía unidos. ¿Y qué era eso? Jesús. El objetivo de nuestra unidad y de nuestra diversidad es apuntar a la realidad y al poder de Jesús.

Hablaremos mucho más al respecto la próxima semana. Pero es importante afirmar desde el inicio, que los que nos interesa no es la unidad y la diversidad per se. Es la unidad y la diversidad que glorifican a Dios. Y gracias a Dios, es lo que él edifica en las iglesias todo el tiempo. Pasemos al cuarto punto:

  1. ¿Qué clase de unidad y de diversidad importan?

Es posible que hayas notado que esperé algo de tiempo para realmente definir qué es la unidad y qué es la diversidad para los fines de nuestra clase. Eso se debe a que en realidad necesitamos entender por qué son importantes y, especialmente, para Dios, antes de averiguar exactamente qué clase de unidad y de diversidad importa.

La unidad

Comencemos con la unidad. ¿Qué clase de unidad logrará todo lo que hemos hablado hasta ahora? Bien, es interesante que, cuando escuchamos llamados a la unidad en la iglesia, a menudo se trata de una unidad organizacional. La gente dice: «si tan solo no tuviésemos todas estas denominaciones, si los cristianos pudieran ponerse de acuerdo y trabajar juntos, entonces más personas serían salvas».

Pero aunque nos preocupa profundamente la unidad entre las iglesias, existen dos problemas con este enfoque en la unidad organizacional:

  1. La unidad que vemos en el Nuevo Testamento es la unidad entre verdaderos cristianos que creen en el evangelio. No todas las organizaciones que dicen ser cristianas tienen un entendimiento cristiano de las buenas nuevas. Y no podemos simplemente ocultar todo eso debajo de la alfombra; eso sería una negación del evangelio bíblico. Esto es un ejemplo de priorizar obedecer a Dios por encima de cómo podría verse nuestra unidad ante el mundo.
  2. La unidad que vemos en el Nuevo Testamento es fundamentalmente una unidad dentro de la iglesia local, y solo secundariamente entre la Iglesia universal. Se trata de la unidad más difícil de todas: es la unidad entre personas que se codean regularmente. Que tienen que soportar el pecado, las excentricidades y molestias de otros. Cuando el Nuevo Testamento habla acerca de la unidad, tiene en mente principalmente la unidad entre personas que comparten la vida juntas en una iglesia local. Sí, creemos que la unidad entre las iglesias es importante. Después de todo, solía trabajar para Juntos por el Evangelio. Pero eso no es principalmente en lo que deberíamos estar pensando.

Entonces, ¿cuál es la unidad que importa? Cuando valoramos el vínculo que compartimos en Cristo más que cualquier otra cosa que pueda dividirnos, esa es la unidad bíblica. Y se refleja como el amor entre verdaderos creyentes, lo cual debería confundir al mundo.

La diversidad

Los propósitos de Dios también deberían llevarnos a reflexionar cuidadosamente sobre nuestra definición de diversidad. Algunas veces, la «diversidad» es un sustituto para la «diversidad étnica (o racial)». Por lo general, evaluamos la «diversidad» de una iglesia local en base al número de colores que podemos contar de la piel de las personas en los bancos. Y ciertamente, existe una historia única en la iglesia evangélica estadounidense de división y hostilidad que surgió por el tema de la etnicidad, y no debemos minimizar eso ni pasarlo por alto. No es ningún secreto que, en ocasiones, la iglesia ha manejado mal este problema. No a causa de nuestro evangelio, sino por una mentalidad pecaminosa que fomentó herejías acerca de la raza y la dignidad humana e intentó separar esas cosas del evangelio y sus implicaciones.

Sin embargo, si solamente nos enfocamos en esa historia, podríamos tener una idea unidimensional de la diversidad, cuando la comprensión bíblica de la diversidad parece multifacética. Dios es complejo, y las personas que portan su imagen, son complejas. Entonces, ¿es la etnicidad todo lo que debería importarnos si tenemos los propósitos de Dios en mente para la diversidad?

No. La división entre judíos y gentiles de la iglesia en el Nuevo Testamento se trataba de una división de etnicidad, pero también de un trasfondo cultural y de educación y políticas religiosas. De la misma manera, queremos fomentar la unidad que traspase cualquier barrera que la sociedad haya establecido, pero que el evangelio haya derribado.

Por tanto, cuando pensemos en la diversidad, quiero darte un par de categorías diferentes a  considerar. Pero antes de hacer eso, quiero asegurarme de que esto sea más que un simple ejercicio académico. Quiero que cada uno de ustedes escriba los nombres de 10 de sus amigos más cercanos en la iglesia. Sé que es difícil pensar en 10 de tus amistades más íntimas. Así que solo escoge 10 que sean bastante cercanas. Luego, a medida que revisemos las categorías, marca cuál de esas amistades aplica al menos a una de ellas.

Tus amistades tienen una…

  1. ¿Diversidad de edad? ¿Cuál de esos 10 amigos que enumeraste es notablemente mayor o menor que tú?
  2. ¿Diversidad de afiliciación política?
  3. ¿Diversidad de trasfondo educacional? Quizá tú has obtenido un título universitario. ¿Alguno en tu lista sin uno? ¿O viceversa?
  4. ¿Diversidad de ingresos o nivel social? En esta ciudad, los ingresos no siempre son un gran indicador de la categoría social, pero creo que tenemos una idea de quién entra dónde.
  5.  ¿Diversidad de tipos de personalidad? ¿Puedes ver diversidad de tipos de personalidad dentro de tus amistades en la iglesia? ¿Alguno de tus amigos es extrovertido? ¿Introvertido? ¿Socialmente fluido? ¿Socialmente torpe?
  6.  ¿Diversidad de trasfondo cultural?
  7. ¿Diversidad de género?
  8. ¿Diversidad del lugar de crianza? Tal vez nacionalidad.
  9. Y, por supuesto, ¿diversidad étnica?

Debemos tener presente todas estas categorías cuando pensamos en la diversidad. En algunos escenarios, algunas clases de diversidad no pueden ser posibles dado a quién vive allí. En otros escenarios, algunas clases de diversidad pueden no ser particularmente notables dado la gracia en común de Dios en esa comunidad. Pero en cada escenario, la iglesia local debería caracterizarse por la unidad destacada por la diversidad; esto solo es posible debido al vínculo trascedente de fe en Cristo Jesús.

¿En qué categorías de diversidad crees que has visto la gracia de Dios obrar especialmente en CHBC? ¿Por qué lugares debemos orar para que Dios obre aún más?

  1. Conclusión

Permíteme cerrar nuestro tiempo juntos con una analogía del matrimonio que creo es útil. Al inicio de nuestra clase, mencioné cómo en el matrimonio el esposo y la esposa son diferentes según su diseño. Permíteme explicarme una vez más: son iguales en dignidad y valor, diferentes en rol. Están diseñados para complementarse mutuamente. De hecho, sus fortalezas están en sus diferencias. Si son exactamente iguales, ¿cuál es el punto? Recuerda, esa es la razón por la que Dios crea una ayuda idónea para Adán (Gn. 2:18). Como cualquiera que esté casado sabe muy bien, a veces esas diferencias pueden volvernos locos. Los hombres son de Marte, las mujeres son de Venus, ¿cierto? Nuestra tentación es creer: «si tan solo él/ella fuera más como yo, entonces no tendríamos que lidiar con este desastre». Y todos sabemos cuán inmaduro es eso. He estado casado 4 años, ¡y todavía siento la tentación de pensar de esa manera!

Y, sin embargo, no se trata solo de diferencias ¿verdad? La paradoja de Génesis es que el versículo 18, la fortaleza en la diferencia, debe encajar con el versículo 24, para que sean una sola carne. Todas las diferencias del marido y la mujer son solo conflictos y caos si no hay una unidad comprometida. Si no sentimos que somos uno. Así, en el matrimonio debemos buscar hacer ambas cosas bien. Proteger, apreciar y valor las diferencias, y procurar la unidad. Cuando hacemos ambas cosas, es algo hermoso. Y solo podemos hacerlo con la gracia de Dios.

Entonces, ¿cuánta más gracia necesitamos para nuestra iglesia? Somos un cuerpo compuesto por miles de partes diferentes, y cada parte es necesaria (Efesios 4:16). Nuestro trabajo es agradecer a Dios por esa diversidad, y trabajar en oración hacia la unidad que él nos ha dado a través de su Espíritu. Finalicemos nuestro tiempo orando por eso juntos, y déjame animarte esta semana a comprometerte a orar por esas áreas de crecimiento de las que hablamos anteriormente.