Pastoreo

Un llamado a los pastores a orar por su pueblo

Artículo
08.12.2018

Si has sido llamado por Dios para ser pastor, entonces estoy seguro de que deseas orar por tu gente. Lamentablemente, el deseo nunca es suficiente.

Cuando nuestro Señor le pidió a su círculo íntimo de discípulos que «se quedaran y velaran con él», estoy seguro de que tenían un deseo de orar y velar fielmente con el Único que amaban. Desafortunadamente, ese deseo no era suficiente. En su lugar, se convirtieron en ilustraciones memorables de una verdad dolorosa que todo pastor ha experimentado en lo que se refiere a la oración: «el espíritu en realidad está dispuesto, pero la carne es débil» (Mateo 26:41). ¿Cuántas veces has tomado la firme de decisión de orar por tu gente solo para encontrarte durmiendo porque tus «ojos estaban pesados» (Mateo 26:43)?

El objetivo de este artículo es luchar contra nuestros ojos cansados con las verdades de las oraciones vigorizantes de la Palabra de Dios. Espero que estas meditaciones hagan que tu alma se eleve con el clamor apostólico «nos dedicaremos a la oración» (Hechos 6:4a). Para ese fin, ofrezco seis verdades bíblicas que espero sacudan nuestro letargo de falta de oración.

  1. No orar por tu gente es pecado.

La falta de oración es pecado. Necesitamos ser honestos acerca de esto. Un pastor que se descuida en la oración por su gente es antibíblico al igual que un pastor que rehusa predicar la Palabra de Dios. Una de las realidades más agradables de ser cristiano es que ahora somos «esclavos de justicia» (Romanos 6:18). A pesar de los «deseos de la carne» que nos llevan hacia el pecado (Gálatas 5:16), los creyentes aun tenemos un deseo incesante de hacer lo que es correcto. Debido a que Dios ha escrito su ley en nuestra mente y nuestros corazones (Jeremías 31:33; Hebreos 8:10), por eso deseamos amar la justicia y odiar la maldad (Salmo 45:7; Hebreos 1:9). El Espíritu nunca permite que los cristianos toleren el pecado en sus vidas. Al igual que los congregantes a los que sirven, los pastores nunca pueden sentirse bien tolerando la falta de oración en su vida porque la falta de oración es pecado.

El profeta Samuel aclaró esto mucho cuando prometió al pueblo de Israel que oraría por ellos diciendo: «lejos sea de mí que peque yo contra Jehová cesando de rogar por vosotros» (1 Samuel 12:23). Samuel reconoció que un descuido en la oración por el pueblo de Dios era un pecado contra Dios. Samuel era un líder en el pueblo de Dios. ¿Cómo podía él decir que cuidaba de ellos si no llevaba sus necesidades ante Jehová Jireh, el único que podía suplir esas necesidades? ¿Y cómo Samuel podía decir que dirigía al pueblo de Dios si no los dirigía a buscar al Señor en oración? dejar al pueblo sin oración es dejarlos sin cuidado, sin provisión y sin dirección: «como ovejas que no tienen pastor» (Mateo 9:36). Como pastores, estamos llamados a huir del pecado y buscar la justicia. Debemos aprender a huir del pecado de la falta de oración y dedicarnos al hábito maravilloso y justo de orar por nuestra gente.

  1.      Orar por tu gente glorifica a Dios.

Uno de mis versículos favoritos sobre la oración es el Salmo 50:15: «E invócame en el día de la angustia; te libraré, y tú me honrarás». Cada día de problema es un día donde tenemos la oportunidad y el privilegio de glorificar a Dios. Al consolar al enfermo, discipular a los nuevos convertidos y aconsejar en situaciones difíciles, podemos muchas veces sentir como si estuviéramos distraídos de nuestro verdadero llamado, pero esto es un error.

Cada problema que llega a nuestra vida es una oportunidad para honrar a Dios al clamar a él por ayuda, ¡y él lo hace! Cuando él responde nuestras oraciones y obra en la vida de las personas por las que oramos, él recibe la gloria. Cuando él consuela al enfermo o arregla asuntos de logística que hemos estado teniendo, él recibe la gloria porque él hizo la obra. Debemos seguir la advertencia de John Newton (1725-1807) en uno de sus himnos:

 

Ven, alma mía, prepara tu traje;

él mismo te ha pedido orar,

Por tanto no dirá que no;

Por tanto no dirá que no;

Te estás acercando a un Rey,

Trae contigo las grandes peticiones;

Por su gracia y su poder,

Nadie nunca pedirá mucho;

Nadie nunca pedirá mucho.

Cuando le pedimos a Dios que obre en medio de nuestros problemas, le damos la gloria que merece.

  1.   Estamos llamados a imitar a los líderes que oran por su gente.

Hebreos 13:7 nos dice que pensemos acerca de nuestros líderes de iglesia: «Acordaos de vuestros pastores, que os hablaron la palabra de Dios; considerad cuál haya sido el resultado de su conducta, e imitad su fe». Si encuestas a grandes líderes de la iglesia cristiana, te darás cuenta que una cosa que tienen en común es que están comprometidos con la oración. Vemos esto en la vida del apóstol Pablo que le dijo a los colosenses que él y sus compañeros de ministerio no habían «dejado de orar por» ellos desde el día que escucharon acerca de ellos (Colosenses 1:9).

¡Qué ejemplo de perseverancia! Oración sin cesar desde el primer día que tuvo conocimiento acerca de las ovejas de Colosas. Consideren eso hermanos e imiten su forma de vida. Consideren también el ejemplo de Epafras, «el cual es uno de vosotros, siervo de Cristo, siempre rogando encarecidamente por vosotros en sus oraciones, para que estéis firmes, perfectos y completos en todo lo que Dios quiere» (Colosenses 4:12). Recuerda el ejemplo de hombres piadosos como Pablo y Epafras, hombres de oración.

  1.   Orar por tu gente refleja la prioridad de las iglesias del Nuevo Testamento.

El derramamiento del Espíritu Santo en Pentecostés fue una respuesta a la oración. Los primeros líderes cristianos, junto a más de 100 seguidores de Cristo, estaban orando y esperando a que Dios se moviera de repente con poder (Hechos 1-2). Los primeros cristianos se dedicaron a «las oraciones» (Hechos 2:42) y mientras la iglesia crecía y las demandas de liderazgo aumentaban, los líderes de las iglesias se dieron cuenta que necesitaban reordenar sus prioridades (Hechos 6). El descuido de algunas viudas de la iglesia les había ayudado a reconocer que no podían hacerlo todo.

¿Pero cuál debía ser su enfoque? ¿Debía su enfoque ser la benevolencia o la administración? Estas eran opciones buenas y espirituales (Romanos 12:6-8), pero los líderes de la iglesia primitiva sabían algo que era mejor. Bajo el liderazgo del Espíritu Santo ellos proclamaron: «No es justo que nosotros dejemos la palabra de Dios, para servir a las mesas. Buscad, pues, hermanos, de entre vosotros a siete varones de buen testimonio, llenos del Espíritu Santo y de sabiduría, a quienes encarguemos de este trabajo. Y nosotros persistiremos en la oración y en el ministerio de la palabra» (Hechos 6:2-4).

¿Te fijaste en lo que hizo que los apóstoles mencionaran lo que tenían que hacer? El estudio y la enseñanza de la Palabra y la oración. Por supuesto, el cuerpo de la iglesia no podía dejar que las viudas se murieran de hambre, pero los líderes se dieron cuenta de que perderían todo si dejaban la oración. Toda la generosidad requerida para cuidar las viudas se habría secado si los líderes no hubieran continuado sumergiendo sus cubos en el pozo de la misericordia de Dios orando por el pueblo de Dios. Si queremos tener ministerios como los del Nuevo Testamento, entonces debemos entender y practicar la oración del Nuevo Testamento.

  1.   Orar por el pueblo de Dios los llevará a cambiar.

Como pastores, anhelamos ver a nuestra gente crecer a la imagen de Cristo y preparamos sermones porque creemos en el poder transformador de vidas de la Biblia. Establecemos un ejemplo para el rebaño porque sabemos que las personas siguen a sus líderes. ¿Pero por qué oramos? Para ser claros, necesitamos oportunidades para aconsejar, predicar y entrenar. Pero todas son inútiles sin el poder de Dios que emana a través de la oración. El apóstol Pablo vio la oración como un medio importante para promover la santificación del pueblo de Dios y por eso oró a Dios pidiendo que «seáis llenos del conocimiento de su voluntad en toda sabiduría e inteligencia espiritual, para que andéis como es digno del Señor, agradándole en todo, llevando fruto en toda buena obra, y creciendo en el conocimiento de Dios; fortalecidos con todo poder, conforme a la potencia de su gloria, para toda paciencia y longanimidad» (Colosenses 1:9-11).

El conocimiento, la sabiduría, el entendimiento, el cambio de vida, dar fruto, la fortaleza, el poder, la perseverancia y la paciencia, ¡qué más puedes pedir! Para el apóstol Pablo, todo esto se manifestaba en el pueblo de Dios a través de la oración. Y una vez más, en el libro de Filipenses, Pablo ora, «que vuestro amor abunde aun más y más en ciencia y en todo conocimiento, para que aprobéis lo mejor, a fin de que seáis sinceros e irreprensibles para el día de Cristo, llenos de frutos de justicia que son por medio de Jesucristo, para gloria y alabanza de Dios» (Filipenses 1:9-11).

El amor, el conocimiento, la profundidad de conocimiento, el discernimiento, la pureza, ser intachable, el fruto de justicia, para la alabanza y gloria de Dios; una vez más, todas estas bendiciones surgen a partir de la oración. ¿Es que las congregaciones que servimos manifiestan estas características? Tal vez no lo hacen porque «no lo pedimos» (Santiago 4:2). ¡Oh Señor, muévenos a orar!

  1.      Orar es la manera como los hombres ordinarios hacen cosas extraordinarias para Dios.

Por años, los ancianos de mi iglesia han buscado ser obedientes al llamado de Dios a orar por los enfermos según Santiago 5:14. Cada vez que nos reunimos con uno de los santos de Dios que sufren para pedirle al Señor que lo sane, soy motivado por un solo versículo de la carta  de Santiago, en el que nos recuerda: «Elías era hombre sujeto a pasiones semejantes a las nuestras, y oró fervientemente para que no lloviese, y no llovió sobre la tierra por tres años y seis meses» (Santiago 5:17). Siempre he sentido que fue una tierna misericordia de Dios colocar este versículo cerca del final del versículo 5.

Piensa en esto. Santiago le acababa de decir a los enfermos que llamaran a los ancianos de la iglesia para que oraran por una persona enferma con la esperanza de que sería sanada. Él parece creer que la sanidad no llega solo a través de una luna azul y eso es algo que debemos esperar que Dios haga en la vida ordinaria de la iglesia. Él escribe: «Y la oración de fe salvará al enfermo, y el Señor lo levantará». ¡Qué promesa! Los ancianos le están pidiendo a Dios que haga un milagro. Santiago sabe como pensará el pastor promedio: «¿Yo? ¡Solo soy un hombre ordinario!». Santiago anticipa esta objeción concluyendo con la historia de Elías: «Y otra vez oró, y el cielo dio lluvia, y la tierra produjo su fruto» (Santiago 5:18).

Santiago está diciendo: «Miren ancianos ustedes son como Elías, a quien Dios usó para cambiar el esquema del clima por tres años y medio. Seguramente Dios puede usar a un hombre promedio como tú para hacer cosas extraordinarias». ¡Qué motivación! No necesitamos ser extraordinarios para que Dios haga cosas extraordinarias a través de nuestro ministerio. En cambio, debemos abrazar total y gozosamente lo ordinario de nosotros y lanzarnos hacia las promesas extraordinarias de Dios.

Hermanos, espero que estas seis razones formen su conciencia y muevan su corazón hacia una pasión más profunda y la resolución para orar. Entrégate a la oración por tu gente. ¿Por qué no pedirle a Dios que los dirija hacia algunas resoluciones frescas para la oración ahora mismo? Permitan que el fruto de la obediencia fluya de una mente que es transformada por la Palabra de Dios (Romanos 12:1-2). La oración le da gloria a Dios, sigue el ejemplo de grandes hombres del pasado, refleja la prioridad de la iglesia primitiva, cambia nuestra gente y es utilizada por Dios para permitir que los hombres extraordinarios hagan cosas extraordinarias. ¡Qué Dios nos ayude a orar!