Predicación expositiva

Un enfoque narrativo

Artículo
25.10.2014

La predicación narrativa es una de las últimas atractivas y vanguardistas tendencias en la predicación de hoy. La predicación narrativa está de moda y la predicación proposicional está desfasada, dicen. “Sé un buen contador de historias”.

Entonces, ¿qué hacemos con la predicación narrativa?

CONTRAS

Tengo una serie de problemas con la predicación narrativa. En primer lugar, tal predicación no emana ni de las iglesias, ni de los seminarios, ni de los teólogos que sostienen la doctrina de la infalibilidad y que tienen un alto concepto de la predicación y de la enseñanza. Más bien, tiende a proceder de las iglesias más liberales, y fundamentalmente, de iglesias con una baja visión de la Biblia y de Jesús.

En segundo lugar, la convocatoria a la predicación narrativa puede indicar un alejamiento de la verdad proposicional en favor del relativismo y del perspectivismo, como si la transformación fuese posible sin la información.

La tendencia actual está lejos de la verdad proposicional: “No necesitamos la verdad proposicional. Necesitamos la verdad narrativa y la verdad encarnada”. En realidad, si vamos a ser personas de perspectiva múltiple, necesitamos todo eso.

La verdad proposicional me dice quién es Dios, quién soy yo, por qué estoy aquí, cómo he caído, quién es Jesús, y lo que él ha hecho. No puedo tener una cristología buena con solo una pincelada. Tienes que decirme algo. Alguien podría decir: “He leído a Wittgenstein, y dijo que hay límites en el lenguaje y en las palabras”. Entendido, pero Dios ha escogido hablar a través de su Palabra y el mismo Espíritu Santo que inspiró las palabras que fueron escritas, ilumina la comprensión de los hijos de Dios. No estamos atrapados en el callejón sin salida de Wittgenstein. El Espíritu Santo es la gran variable que hace que la Palabra de Dios sea conocida por el pueblo de Dios. Creemos en los milagros. No somos solo un pueblo natural que depende de un cerebro caído para clarificar la revelación. También tenemos a Dios que nos ama. Y como dijo Juan Calvino, Dios está dispuesto a agacharse y a hablar como un niño, de modo que podamos entender quién es él y lo que está tratando de decir.

Eso no quiere decir que seamos modernistas puros que creamos que todo está claro como el agua. Pablo dice que podemos ver en parte y en parte conocemos. Deuteronomio dice que las cosas secretas pertenecen al Señor. Isaías dice que los pensamientos de Dios son más altos que nuestros pensamientos. La cuestión no es que no sepamos, la cuestión es que no sabemos aparte de la fe. Esa es nuestra epistemología. No somos modernos o postmodernos, ¡somos cristianos! Creemos que Dios revela, el Espíritu Santo ilumina, y por fe nosotros creemos. Esto es una epistemología cristiana.

Aquellos que creen en una epistemología moderna o postmoderna le hacen mucho daño a la Biblia. Los modernistas asumen únicamente la verdad proposicional y no la verdad encarnada ni la verdad narrativa. Los postmodernistas tienden a ser exclusivamente comunitarios, participativos, narrativos, y de diálogo, pero no abordan la naturaleza de la verdad proposicional. Pero si quieres una verdad de perspectiva múltiple, podemos decir que necesitas de todo. Esto quiere decir que tu teología conduce a tu doxología, que se traduce en tu biografía. Lo que tú crees (teología) permite tu adoración (doxología), y a través de la adoración, te conviertes en lo que adoras (biografía). Se va de la proposición, a la adoración, y de ahí a la transformación. Tú tienes la oportunidad de saber quién es Dios. Le adoras. Entonces llegas a ser como aquello que amas.

En tercer lugar, una de las esencias de la postmodernidad es que no hay una historia general que gobierne sobre todos los tiempos, culturas, historias y personas. Todo depende de la cultura y la perspectiva. Así que la predicación narrativa de la Biblia puede convertirse en otra serie de historias. Estará en algún lugar entre las fábulas de Esopo y los mitos de Joseph Campbell.

Pero los cristianos no creemos eso. Creemos que la Biblia es la metanarrativa. Es la historia general en virtud de la cual toda la historia ha de ser entendida e interpretada. Rechazamos la reducción de la Biblia a otra buena historia. Es la historia de quién es Dios, de lo que Dios ha hecho, de lo que hemos hecho, y de lo que Dios ha hecho para salvarnos. Rechazamos el rechazo de cualquier narración autoritativa.

En cuarto lugar, la predicación narrativa es reduccionista. Dice que todo en la Biblia es una historia y debe ser enseñado como una historia. Pero hay libros que son en gran medida proposicionales. Desafío a cualquiera a predicar Proverbios narrativamente. ¡Buena suerte! Hay narraciones intercaladas en Proverbios, pero el libro no es una narración. ¿Dónde está el héroe? ¿Dónde está el antagonista? ¿Dónde están el conflicto y la resolución? Libros como Romanos, también, son en gran medida proposicionales. Aquellos que dicen que la predicación debe ser narrativa están esencialmente diciendo: «Impón a la Biblia una forma que la Biblia misma no posee». Yo creo que cuando vamos a la Biblia no andamos buscando pruebas de la verdad de las declaraciones del texto, pero debemos respetar el género de la literatura, si se trata de un libro profético, una carta, o una narración. No solo son las palabras y los conceptos inspirados, sino que la forma literaria es inspirada también. El medio es a veces el mensaje, y si no haces caso del medio, deformarás el mensaje. Así Cantar de los Cantares es bello, es una poética historia de amor, es una gran narrativa. Pero Romanos no lo es. Y la manera de enseñar estos dos libros es diferente.

A FAVOR

Sin embargo, hay algunas cosas que creo que es bueno tener en cuenta con respecto a la predicación narrativa. Esto puede significar —en el mejor sentido— que la propia Biblia es una historia, y que todos los sermones que predicamos deben conectarse a esa gran historia. Si eso es lo que queremos decir con predicación narrativa, pues estoy totalmente de acuerdo. Estamos en peligro cada vez que nos lanzamos a una porción de la Biblia y no la conectamos con la historia de toda la Biblia.

Entonces la pregunta es: “¿cómo encaja el texto del sermón en la historia del Creador, la creación, el pecado, la maldición, el anhelo por el Mesías en la comunidad del pacto de Israel, la venida de Jesús y su muerte y resurrección?” De esta forma, cuando llegamos a las epístolas y a las instrucciones de Pablo sobre unir a la iglesia en 1ª Timoteo, la iglesia entiende que lo que Pablo dice es parte de una gran historia. Dios ha estado trabajando durante muchos años para llegar al punto donde los ancianos serán los pastores de las personas que han sido salvadas por el Señor Jesucristo.

La predicación narrativa también puede significar que el sermón no es tan predecible. Al oyente no se le pone frente a la tesis y se sigue luego con su defensa. Más bien, el oyente toma un viaje por la historia del texto a través del conflicto, la tensión y la eventual resolución. Esto suele ser más emocionante y memorable.

En su mejor sentido, la predicación narrativa significa que se está siguiendo la tradición de la buena teología bíblica reformada. Sé que la teología bíblica —como la predicación narrativa­­— sale de los cuarteles más liberales que no quiero apoyar de ninguna manera. Pero hay una corriente de la teología bíblica que da prioridad a la infalibilidad y es fuertemente reformada. Buenos ejemplos de esto son Geerhardus Vos, Graeme Goldsworthy, Clowney Edmund y Bryan Chapell. Un predicador debe informar a su pueblo de cómo la Biblia se complementa y debe hacerlo de una manera centrada en Cristo.

Si predicamos cada sermón de un modo que explica nuestro texto en términos de dónde encaja en la historia de la creación, de la maldición, del pacto, de Cristo, de la Iglesia, y de la consumación, si predicamos la Biblia como la historia metanarrativa que se mueve desde la creación hasta la nueva creación, entonces, ¿quién es el héroe de esa historia? Es una pregunta obvia, pero permíteme sostener que en la predicación muchas veces esto se pierde. En la predicación, Jesús debe ser el héroe, no solo de toda la historia, sino de cada capítulo, versículo y palabra, de todas las otras historias que forman parte de la gran historia. Debemos predicar a Jesús como el héroe y el Salvador. Sé que esto suena simple, pero muy a menudo la predicación se reduce a simple moralismo, y se nos llama a fortalecernos y a ser como él. Jesús se convierte en nada más que un buen ejemplo de lo que, mediante la determinación, la voluntad y el esfuerzo, podemos ser. Esto no es predicar el evangelio.

Ten en cuenta algunas de las cosas que Jesús dijo a los maestros de la Biblia: “Escudriñad las Escrituras, porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna, y ellas son las que dan testimonio de mí” (Jn. 5:39). Algunos de los fariseos a los que él estaba hablando habían aprendido de memoria, probablemente, el Pentateuco. Sin embargo, les dijo a estos chicos que ¡no conocían sus biblias! Puedes memorizar libros enteros de la Biblia, pero si no estás con Jesús, no eres bíblico.

Yo les enseño esto a mis hijos pequeños. Después de que Jesús se levanta de los muertos en el evangelio de Lucas, hay dos partes de la Biblia en las que él explica cómo todo en el Antiguo Testamento era acerca de él:

  • “Y comenzando desde Moisés, y siguiendo por todos los profetas, les declaraba en todas las Escrituras lo que de él decían” (Lc. 24:27).
  • “Y les dijo: Estas son las palabras que os hablé, estando aún con vosotros: que era necesario que se cumpliese todo lo que está escrito de mí en la ley de Moisés, en los profetas y en los salmos. Entonces les abrió el entendimiento, para que comprendiesen las Escrituras” (Lc. 24:44-45).

Predicador, permíteme decirte esto: se supone que tus sermones son acerca de Jesús. Cuando predicas acerca de la victoria, lo que se predica, ¿es sobre la victoria de Jesús o la de la congregación? Uno de los plantadores de iglesias de nuestro grupo Acts 29, hace poco visitó una iglesia muy grande y se sentó a escuchar el sermón. Quería darle el beneficio de la duda al predicador. Sin embargo, en un sermón de 25 minutos, el predicador ni una sola vez dijo el nombre de Jesús, y nunca dijo nada que estuviese cerca del evangelio. Y al final, el predicador dijo: “Si quieres ir al cielo y tener una vida mejor, acércate ahora”. No les dijo nada acerca del pecado, de Jesús, de la cruz y ni de la resurrección. Solo les pidió que pasaran adelante y luego les dijo que todos eran cristianos. Esta predicación no es bíblica.

¿Has encontrado una manera de conectar todos los sermones con Jesús? ¿Lo vas a presentar como el Salvador? La predicación bíblica es enseñar a la gente que Jesús es el héroe, y que ellos no tienen que serlo.

Mark Driscoll es el pastor fundador de Mars Hill Church en Seattle, Washington, y el autor de Radical Reformission y Confessions of a Reformission Rev.