Predicación expositiva

¿Tiene tu predicación sordera tonal?

Artículo
11.08.2015

Como esposo y padre he aprendido esta lección a las malas: mi tono realmente importa. No es suficiente con decir las palabras adecuadas. Tengo que ser muy consciente de cómo digo las cosas. Hace varios años, mi esposa estaba compartiendo conmigo una pesada carga. Después de escucharle un poco, rápidamente me puse a darle consejos sobre lo que debería hacer. Sin embargo, ella me miró, descorazonada.

—¿Qué pasa?— le pregunté.

—¿Quién eres en este momento? —ella respondió— ¿Mi esposo o mi consejero?— Esa fue la primera pista de que me fallaba algo.

Rápidamente descubrí que mientras mis soluciones podían haber estado en lo cierto, no eran útiles. ¿Por qué? Se trataba de mi tono. La forma en la que estaba hablando en realidad minaba mi mensaje. Aunque correcto, mi tono era un estorbo.

¿No sucede lo mismo con respecto a la manera como predicamos? ¿Es posible que el cómo decimos las cosas en la predicación y en la enseñanza sea tan importante para un sermón como lo es para el matrimonio, la paternidad, o cualquier otro tipo de forma de comunicación? Sugiero que el tono en la predicación es mucho más importante de lo que pensamos. Philip Brooks (1835-1893) dijo la famosa frase de que la predicación encuentra veracidad a través de la personalidad. Yo añadiría que la predicación también encuentra veracidad a través del tono.

ALGUNAS SUGERENCIAS

Permitidme ofrecer algunas sugerencias al pensar no sólo en qué decir, sino cómo decirlo:

Lee la Biblia siendo consciente de su tono

El primer paso es simplemente leer las Escrituras siendo conscientes de su tono. La Biblia es más que una colección de declaraciones proposicionales. Es verdad acompañada de tono. Y hay muchos diferentes tonos: consuelo (2 Co. 1), brusquedad (Stg. 4: 4), lamento (Sal. 13:1-2), maravilla (Ap. 4), sarcasmo (2 Co. 11:19), enseñanza (Ro. 12),  alegría (Éx. 15), cuestionamiento (Sal. 22:1), lucha (Lm. 3), sabiduría (Pr. 1), y descanso (Sal. 23), por nombrar algunos. La belleza de la Biblia se encuentra, en parte, en su variedad de tonos.

Haz exégesis del tono del texto

Para los que estamos comprometidos con la exégesis reflexiva —que es algo de esperar en todos— haríamos bien en examinar cuidadosamente la forma en que el autor comunica su mensaje. Entender el tono nunca debe reemplazar un cuidadoso examen de lo que dice la Biblia, pero si fallamos en entender cómo se dice algo, esto dificultará enormemente la comunicación de todo el mensaje. Ponte en el asiento de los oyentes. ¿Cómo recibirían ellos este mensaje? ¿Qué iban a escuchar? Aquí es donde la lectura de la Biblia en voz alta es muy útil. Nos puede ayudar a escuchar algo que perdemos cuando sólo leemos las palabras y las estudiamos.

Por ejemplo, la ternura del Salmo 23 es muy diferente a la tensión de lamento del Salmo 13. El tono de celebración del Cántico de Moisés en Éxodo 15 es un mundo aparte con respecto a la entrega sombría de los Diez Mandamientos en Éxodo 20. La soberanía divina es personal en Juan 6, mientras que en Romanos 9 al 11 es vertiginosa e intrincada. El género y el tono son vitales para el mensaje y la aplicación de cada texto.

Conoce tu propio tono, y trabaja para equilibrarlo

Puesto que el tono tiene que utilizarse en su contexto, es importante tener en cuenta tu tono “normal”. Algunos maestros y predicadores son más intensos que otros. Algunos comunicadores son muy académicos, mientras que otros son muy personales. Sabiendo esto acerca de ti mismo, podrás encontrar el equilibrio con el tono adecuado. Los predicadores intensos necesitan asegurarse de que proporcionan comodidad y gracia. Los comunicadores de orientación académica tienen que ser más agradables. Los maestros conversacionales tienen que ser más declarativos. Conocerte a ti mismo te permitirá tanto utilizar el tono adecuado como encontrar un equilibrio tonal en tu predicación y enseñanza. Un predicador que siempre utiliza el sarcasmo o la brusquedad puede llegar a ser desagradable o incluso hacer sentir mal a los oyentes. Y un predicador que siempre es reconfortante o animoso, cuando el texto tenga que ser más enérgico, carecerá de autoridad. Por tanto, oremos para encontrar maneras de equilibrar el tono del texto con el tono con el que más naturalmente puedas transmitirlo.

Conoce a tu congregación

Entender la historia y los desafíos de tu congregación es vital para encontrar el tono adecuado. Una iglesia que ha sido herida por líderes arrogantes necesitará, por una temporada, un pastor que predique la verdad con mucha gracia. Una iglesia que tiende hacia el orgullo espiritual necesitará una palabra contundente o directa con el fin de romper, a través de ella, sus tendencias hipócritas. Otras iglesias necesitan oír lucha y lamento en el tono del sermón porque esto da voz a sus experiencias dolorosas. Un pastor sabio conocerá su texto, su tono de voz y a su congregación para que pueda aplicar fielmente la Palabra de Dios a ellos de manera que la oigan y la reciban.

Utiliza un tono para conseguir entrar en el texto

Usar el tono adecuado requiere una gran cantidad de sabiduría. Pero si se usa bien, éste invitará a la gente a una mayor comprensión del pasaje y ofrecerá nuevas posibilidades de aplicarlo. Predicar con el tono adecuado ayudará a que las personas sientan el peso de lo que se está diciendo. Esto hace que el pasaje cobre vida en nuevas formas. Puede abrir el corazón a verdades que se podían haber omitido sin el tono adecuado. Utilizar el tono correcto ayudará a la gente a oír la verdad de la Palabra de Dios. Transmitir la verdad a través del tono es una manera poderosa —tanto para el pastor como para la congregación— de caminar juntos en lo que dice la Biblia y un tono adecuado permite que una persona no sólo aprenda lo que hay en un pasaje en particular, sino que también lo sienta.

CONCLUSIÓN

Un tono adecuado abre una puerta y añade carne y forma a un mensaje. El tono adecuado puede hacer la verdad vívida y profundamente sentida. Por otro lado, el tono equivocado puede ofender innecesariamente a las personas, oscurecer el significado y obstaculizar la aplicación del texto. Es más, al usar de manera constante el mismo tono al margen del pasaje, con el tiempo, harás tan plana la Biblia para la congregación, que ellos mismos cerrarán sus oídos e, inevitablemente, tendrán algún tipo de deficiencia espiritual.

La predicación y la enseñanza no son diferentes de otras formas de comunicación que requieren una cuidadosa atención al tono. Pongamos atención en cómo predicamos y cómo declaramos la verdad de los asuntos de la Palabra de Dios. Por tanto, la predicación eficaz no tiene sordera tonal*, más bien, es la verdad de la Palabra acompañada de un tono adecuado.

*Nota del traductor: La sordera tonal es la ausencia de oído relativo, o la incapacidad para distinguir entre diferentes notas musicales, por causas que no tienen que ver con la falta de entrenamiento o de educación musical. La sordera tonal también se refiere en ocasiones como amusia, aunque este último es un término menos específico.

Traductor / Revisor: Edmundo Hernández / David Goodman