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Teología Sistemática – Clase 7: Doctrina de la Providencia – Parte 1

Artículo
31.08.2018

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Clase esencial
Teología Sistemática
Clase 7: Doctrina de la Providencia – Parte 1


Oremos.

  1. Introducción: Repaso

Las últimas dos semanas, hemos estudiado la doctrina de la creación. Vimos que la Biblia enseña que Dios creó el universo de la nada, por su palabra. Dios es el autor de todas las cosas, visibles e invisibles, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra. Él hizo todo bueno y creó todas las cosas para su gloria.

Esta mañana, cambiamos nuestra atención de la doctrina de la creación a la doctrina de la providencia. Este es el plan: esta semana consideraremos fundamentalmente dos cosas:

  1. Qué es la doctrina de la providencia, y;
  2. Las diferentes implicaciones de la doctrina de la providencia para nuestras vidas.

La próxima semana, estudiaremos varias preguntas frecuentes que surgen de este doctrina. Por ejemplo: ¿de qué manera la soberanía de Dios en la providencia se relaciona con nuestras decisiones y responsabilidad humana?; o, ¿de qué manera la soberanía de Dios en la providencia se cruza con el pecado, el mal y el sufrimiento en el mundo?

  1. ¿Qué es la providencia? La continua relación de Dios con la creación

Catecismo de Heidelberg: «Es el poder de Dios omnipotente y presente en todo lugar [1], por el cual sustenta y gobierna el cielo, la tierra y todas sus criaturas de tal manera [2], que todo lo que la tierra produce, la lluvia y la sequía, la fertilidad y la esterilidad, la comida y la bebida, la salud y la enfermedad, riquezas y pobrezas [3], y finalmente todas las cosas no acontecen sin razón alguna como por azar [4], sino por su consejo y voluntad paternal[5]»[1].

En otras palabras, la providencia es la creencia de que Dios, en su bondad y poder, preserva, acompaña, sostiene, dirige y gobierna a todas las criaturas, todas las acciones y todas las cosas, desde la estrella más grande en la galaxia hasta el gorrión más pequeño en un árbol. Dios el Creador y Rey gobierna todo para alabanza de su gloria, de su sabiduría, poder, justicia, bondad y misericordia.

Vemos a lo largo de la Biblia la enseñanza de que Dios es quien da vida, renueva, ve, vigila, observa, salva, protege, preserva, dirige, enseña, gobierna, trabaja, sostiene y cuida de toda su creación, y especialmente de su pueblo.

Lee el Salmo 104:

«Bendice, alma mía, a Jehová. Jehová Dios mío, mucho te has engrandecido; Te has vestido de gloria y de magnificencia. El que se cubre de luz como de vestidura, que extiende los cielos como una cortina, que establece sus aposentos entre las aguas, el que pone las nubes por su carroza, el que anda sobre las alas del viento; El que hace a los vientos sus mensajeros, y a las flamas de fuego sus ministros. El fundó la tierra sobre sus cimientos; No será jamás removida. Con el abismo, como con vestido, la cubriste; Sobre los montes estaban las aguas. A tu reprensión huyeron; al sonido de tu trueno se apresuraron; Subieron los montes, descendieron los valles, al lugar que tú les fundaste. Les pusiste término, el cual no traspasarán, ni volverán a cubrir la tierra. 10  eres el que envía las fuentes por los arroyos; Van entre los montes; 11 Dan de beber a todas las bestias del campo; Mitigan su sed los asnos monteses. 12 A sus orillas habitan las aves de los cielos; Cantan entre las ramas. 13 El riega los montes desde sus aposentos; Del fruto de sus obras se sacia la tierra. 14 El hace producir el heno para las bestias, y la hierba para el servicio del hombre, sacando el pan de la tierra, 15 y el vino que alegra el corazón del hombre, el aceite que hace brillar el rostro, y el pan que sustenta la vida del hombre. 16 Se llenan de savia los árboles de Jehová, los cedros del Líbano que él plantó. 17 Allí anidan las aves; En las hayas hace su casa la cigüeña. 18 Los montes altos para las cabras monteses; Las peñas, madrigueras para los conejos. 19 Hizo la luna para los tiempos; El sol conoce su ocaso. 20 Pones las tinieblas, y es la noche; En ella corretean todas las bestias de la selva. 21 Los leoncillos rugen tras la presa, y para buscar de Dios su comida. 22 Sale el sol, se recogen, y se echan en sus cuevas. 23 Sale el hombre a su labor, y a su labranza hasta la tarde. 24 ¡Cuán innumerables son tus obras, oh Jehová! Hiciste todas ellas con sabiduría; La tierra está llena de tus beneficios. 25 He allí el grande y anchuroso mar, en donde se mueven seres innumerables, seres pequeños y grandes. 26 Allí andan las naves; Allí este leviatán que hiciste para que jugase en él. 27 Todos ellos esperan en ti, para que les des su comida a su tiempo. 28 Les das, recogen; Abres tu mano, se sacian de bien. 29 Escondes tu rostro, se turban; Les quitas el hálito, dejan de ser, y vuelven al polvo. 30 Envías tu Espíritu, son creados, y renuevas la faz de la tierra. 31 Sea la gloria de Jehová para siempre; Alégrese Jehová en sus obras. 32 El mira a la tierra, y ella tiembla; Toca los montes, y humean. 33 A Jehová cantaré en mi vida; A mi Dios cantaré salmos mientras viva. 34 Dulce será mi meditación en él; Yo me regocijaré en Jehová. 35 Sean consumidos de la tierra los pecadores, y los impíos dejen de ser. Bendice, alma mía, a Jehová. Aleluya» (Salmo 104:1–35 RVR60).

Por medio de la providencia de Dios vemos a Dios activamente involucrado en su creación a cada momento. Dios no abandonó a su creación después de haberla creado; en cambio, la cuida y sostiene por su eterno poder e infinita sabiduría. La providencia de Dios hace que continúe lo que ya ha cobrado vida, y lo hace (1) sosteniéndolo; (2) trabajando en y a través de él; y (3) dirigiéndolo para sus buenos propósitos. Estas tres avenidas se llaman (1) preservación, (2) concurrencia y (3) gobierno. Veamos cada una más detalladamente.

«Porque de él…»

A. Preservación: Dios mantiene y sostiene todas las cosas

(Hebreos 1:3; Colosenses 1:17; Nehemías 9:6; Job 34:14-15)

«Preservación» es el término empleado para decir que Dios hace que todas las cosas creadas sigan existiendo y conservando las propiedades con las cuales fueron hechas. Él preserva su creación. Dios, al preservar todas las cosas que ha hecho, también hace que mantengan las propiedades con las cuales fueron creadas. Así, Dios preserva el agua a fin de que ésta continúe actuando como agua. Él hace que el césped siga actuando como césped, con todas sus características distintivas.

Por ejemplo, vemos que Dios preserva un pulpito hecho de madera para que mantenga las mismas características que la madera posee. Es tieso y duro. No esperamos que se disuelva espontáneamente en agua. Un pulpito de madera conserva sus propiedades hasta que otra parte de la creación actúe sobre él, como el fuego, hasta que se convierte en cenizas.

Sin embargo, no deberíamos pensar en la creación como una nueva creación continua: él no crea átomos y moléculas nuevos cada segundo para cada cosa existente. Más bien, preserva lo que ya ha sido creado.

Ve conmigo algunos versículos que hablan acerca de esto…

Colosenses 1:15-17: «15 Él (Cristo) es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación. 16 Porque en él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de él y para él. 17 Y él es antes de todas las cosas, y todas las cosas en él subsisten».

Hebreos 1:1-4: «1Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo; el cual, siendo el resplandor de su gloria, y la imagen misma de su sustancia, y quien (Cristo) sustenta todas las cosas con la palabra de su poder, habiendo efectuado la purificación de nuestros pecados por medio de sí mismo, se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas, hecho tanto superior a los ángeles, cuanto heredó más excelente nombre que ellos».

Aplicación: Ambos versículos indican que si Cristo tuviese que detener su continua actividad de sostener todas las cosas en el universo, entonces todo, salvo el Dios trino, dejaría de existir instantáneamente. Esto es lo que Pablo dice en Hechos 17:28 cuando dice: «Porque en él vivimos, y nos movemos, y somos; como algunos de vuestros propios poetas también han dicho: Porque linaje suyo somos».

Sin Cristo, nada existiría, esa es la doctrina de la creación.

Sin Cristo, nada continuaría existiendo; esa es la doctrina de la preservación.

Como parte de la creación de Dios, podemos agradecer a Dios por preservar nuestras vidas.

Eliú, en su sabiduría, dice esto acerca de Dios: «Si él pusiese sobre el hombre su corazón, y recogiese así su espíritu y su aliento, toda carne perecería juntamente, y el hombre volvería al polvo» (Job 34:14).

Entonces, #1… Dios «preserva» o… mantiene y sostiene todas las cosas.

«… y por él…»

B. Concurrencia: Dios obra en y a través de todas las cosas

(Génesis 45:5; Efesios 1:11; Job 37:6-13; Proverbios 16:9, 33; Job 14:5; Filipenses 2:13)

La concurrencia es el aspecto de la providencia divina que describe cómo Dios trabaja EN y A TRAVÉS DE TODAS LAS COSAS, particularmente las acciones de las criaturas de Dios. En la concurrencia vemos que la agencia divina y la agencia humana se ejecutan juntas o una junto a la otra en acciones específicas.

«Concurrencia» significa básicamente que Dios coopera con las cosas creadas en cada acción. Él dirige sus propiedades distintivas para hacer que actúen como lo hacen. En otras, las cosas que suceden son, primero y principal, acontecimientos que Dios ocasiona, no obstante, Dios trabaja a través de las diferentes propiedades de cada cosa creada, para que éstas produzcan los resultados que vemos.

Esto es lo que conocemos como causas «primarias» y «secundarias».

  • Causas primarias y secundarias:
    • La causa divina de cada acontecimiento trabaja como una causa invisible, detrás de escenas, que dirige y, por tanto, puede ser llamada «causa primaria» que planifica e inicia todo lo que sucede.
    • Pero lo creado produce acciones de formas consistentes con las propiedades propias de la criatura, formas que a menudo pueden ser descritas por nosotros o por científicos profesionales que observan el proceso cuidadosamente. Por tanto, estos factores y propiedades de las criaturas pueden denominarse causas «secundarias» de todo lo que sucede, incluso si son causas evidentes para nosotros mediante la observación.

Vemos esto claramente en las Escrituras…

«El corazón del hombre piensa su camino, mas Jehová endereza sus pasos» (Proverbios 16:9).

Da un vistazo a Hechos 14:15-17…

«15 y diciendo: Varones, ¿por qué hacéis esto? Nosotros también somos hombres semejantes a vosotros, que os anunciamos que de estas vanidades os convirtáis al Dios vivo, que hizo el cielo y la tierra, el mar, y todo lo que en ellos hay. 16 En las edades pasadas él ha dejado a todas las gentes andar en sus propios caminos; 17 si bien no se dejó a sí mismo sin testimonio, haciendo bien, dándonos lluvias del cielo y tiempos fructíferos, llenando de sustento y de alegría nuestros corazones».

Observa el versículo 17: La causa secundaria del incremento del sustento y alegría de sus corazones eran las lluvias del cielo y los tiempos fructíferos. La lluvia hizo que el sustento aumentara y los tiempos fructíferos alegraron sus corazones. Pero detrás de esas causas secundarias, hay una causa primara, Dios. ÉL hizo bien al dar las lluvias y los tiempos fructíferos.

Mira Hechos 17:24-28: «24 El Dios que hizo el mundo y todas las cosas que en él hay, siendo Señor del cielo y de la tierra, no habita en templos hechos por manos humanas, 25 ni es honrado por manos de hombres, como si necesitase de algo; pues él es quien da a todos vida y aliento y todas las cosas. 26 Y de una sangre ha hecho todo el linaje de los hombres, para que habiten sobre toda la faz de la tierra; y les ha prefijado el orden de los tiempos, y los límites de su habitación; 27 para que busquen a Dios, si en alguna manera, palpando, puedan hallarle, aunque ciertamente no está lejos de cada uno de nosotros. 28 Porque en él vivimos, y nos movemos, y somos; como algunos de vuestros propios poetas también han dicho: Porque linaje suyo somos».

Ilustración: Aguarda un momento… Podrías estar pensando: «¿Acaso mis padres no decidieron dónde y cuándo nací?». Bueno, sí, lo hicieron. Pero este texto dice que detrás de la causa secundaria de tus padres dándote vida y decidiendo dónde nacerías, había una causa primaria, Dios. Él da la vida y decide cuándo y dónde habitas en esta tierra. En Dios vives, te mueves y eres.

Aplicación: Esto quiere decir que deberíamos estar agradecidos por todo lo que Dios hace en y a través de nosotros. Y no solo por medio de nosotros, sino por medio de las cosas que nos rodean. Si llueve, deberíamos agradecer a Dios. Si los cultivos crecen, deberíamos agradecer a Dios.

Además, deberíamos ser capaces de disfrutar la inmensidad de Dios al pensar en esta doctrina. Cuán grande es Dios que ni siquiera la nieve puede caer sin que su mano intervenga. Ni si quiera el llanto de un animal pude darse sin que Dios lo supervise. Todo, incluso los objetos inanimados trabajan en cooperación con Dios. Mira lo que dice Job 37:6-13: 

«Porque a la nieve dice: Desciende a la tierra; También a la llovizna, y a los aguaceros torrenciales. Así hace retirarse a todo hombre, para que los hombres todos reconozcan su obra. Las bestias entran en su escondrijo, y se están en sus moradas. Del sur viene el torbellino, y el frío de los vientos del norte. 10 Por el soplo de Dios se da el hielo, y las anchas aguas se congelan. 11 Regando también llega a disipar la densa nube, y con su luz esparce la niebla. 12 Asimismo por sus designios se revuelven las nubes en derredor, para hacer sobre la faz del mundo, en la tierra, lo que él les mande. 13 Unas veces por azote, otras por causa de su tierra, otras por misericordia las hará venir».

Amigo, Dios está detrás de todo, incluso de la nieve, el hielo y todo lo que vemos o no vemos. Eso debería darnos una gran seguridad y también permitirnos maravillarnos ante la enormidad del Dios a quien servimos.

«…y para él, son todas las cosas. A él sea la gloria por los siglos. Amén». 

C. Gobierno: Dios gobierna y dirige todas las cosas

(Daniel 4:35; Romanos 8:28; Salmo 103:19)

El tercer aspecto de la providencia de Dios que enseña la Escritura es el gobierno. Dios gobierna el mundo dirige todas las cosas a su determinado propósito. En otras palabras, el mundo y todo lo que en él habita no es gobernado por el azar o el destino, sino por Dios, quien dirige la historia y la creación hacia un objetivo final. La Escritura sintetiza todo esto maravillosamente al hablar de Dios repetidas veces como el Creador-Rey que gobierna todas las cosas.

«Jehová estableció en los cielos su trono, y su reino domina sobre todos» (Salmo 103:119).

«Mas al fin del tiempo yo Nabucodonosor alcé mis ojos al cielo, y mi razón me fue devuelta; y bendije al Altísimo, y alabé y glorifiqué al que vive para siempre, cuyo dominio es sempiterno, y su reino por todas las edades.  Todos los habitantes de la tierra son considerados como nada; y él hace según su voluntad en el ejército del cielo, y en los habitantes de la tierra, y no hay quien detenga su mano, y le diga: ¿Qué haces?» (Daniel 4:34-35).

Dios es quien conduce el barco de esta historia. Hay un destino, y el propósito de Cristo de llevar al mundo hacia ese objetivo sucederá. Pablo dice en Romanos 8:38: «Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados».

Efesios 1:7-12: «en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados según las riquezas de su gracia, que hizo sobreabundar para con nosotros en toda sabiduría e inteligencia, dándonos a conocer el misterio de su voluntad, según su beneplácito, el cual se había propuesto en sí mismo, 10 de reunir todas las cosas en Cristo, en la dispensación del cumplimiento de los tiempos, así las que están en los cielos, como las que están en la tierra. 11 En él asimismo tuvimos herencia, habiendo sido predestinados conforme al propósito del que hace todas las cosas según el designio de su voluntad, 12 a fin de que seamos para alabanza de su gloria, nosotros los que primeramente esperábamos en Cristo».

Observa en estos versículos algunos aspectos diferentes acerca del gobierno divino de Dios.

Primero, la actividad gubernamental de Dios es universal no se extiende simplemente a su pueblo. Se extiende a todas las materias y a todos los hombres… a lo que es malo y a lo que no. Efesios 1:11 dice que él «hace todas las cosas según el designio de su voluntad».

Segundo, Dios es bueno en su gobierno. Romanos 8:28 dice que Dios obra para el bien de aquellos que le aman. Ese bien que vemos en Romanos 8:28 se refiere al propósito de Dios de conformar a sus hijos a la imagen de su Hijo (versículo 29).

Tercero, Dios está personalmente preocupado por aquellos que son suyos. Nuevamente, Romanos 8:28 muestra que este gobierno por parte de Dios está particularmente preocupado por sus hijos.

Cuarto, Dios es soberano en su gobierno. Esto quiero decir que él, y únicamente él determina su plan y conoce el significado de cada una de sus acciones. Salmo 103: «Jehová estableció en los cielos su trono, y su reino domina sobre todos». O como dice Daniel: «…él hace según su voluntad en el ejército del cielo, y en los habitantes de la tierra, y no hay quien detenga su mano, y le diga: ¿Qué haces?». 

Aplicación:

¿Y por qué importa esto? ¿Por qué estudiamos esto? Bueno, porque significa todo. Significa todo para la nueva vida y fe en Cristo. Piensa en ello por un segundo…

CONFIANZA: Creer en la providencia de Dios significa que puedo confiar en Dios para todas las cosas porque él ya ha resuelto nuestro mayor problema… el pecado. La fe en Cristo nos permite como creyentes, a pesar de todos los enigmas que nos confunden, y pese a las  difíciles pruebas que van y vienen, como creyentes en Cristo nos aferramos a la convicción de que el Dios que gobierna el mundo es el mismo Padre amoroso y compasivo, quien gracias a Cristo nos ha perdonado de todos nuestros pecados, nos ha aceptado y adoptado como sus hijos, y quien nos recibirá con gozo en su gloriosa presencia para siempre. Así que en medio de nuestro sufrimiento y lágrimas, esperemos gozosamente el futuro con fe en la mano paternal de la providencia Dios. La providencia de Dios es precisamente una fuente de humildad y esperanza, de confianza, consuelo y valentía.

Puedes confiar en él tan completamente como para no tener dudas de que él te proveerá todas las cosas necesarias para el cuerpo y el alma [4], y también convertirá en bien cualquier adversidad que te envié en esta vida de sufrimiento [5]. Él puede hacer esto porque él es Dios todopoderoso [6], y está dispuesto a hacerlo porque es un Padre fiel.

PACIENCIA: La providencia de Dios también significa que podemos ser pacientes en la adversidad. Si sabemos que Dios está trabajando, y que él trabaja para nuestro bien, entonces podemos esperar sabiendo que él no nos ha olvidado. Tan lejos de olvidarnos, él ha ordenado todo en el universo para nosotros. ¡Qué Dios!

GRATITUD: Además, significa ser agradecidos cualquiera sea la circunstancia en la que nos encontremos. Ya sea prosperidad o pobreza, sabemos que Dios ha ordenado las cosas para el bien de aquellos que le aman, de manera que podemos estar agradecidos de que Dios conoce la circunstancia que atravesamos actualmente. Aunque no podamos comprender todos los motivos de la circunstancia, podemos saber que Dios sabe y que Dios está obrando en nuestras vidas incluso en este mismo instante para conformarnos cada vez más a la imagen de su Hijo. Por esa razón, Pablo puede decir a los Tesalonicenses en 1 Ts. 5:18: «Dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús».

ESPERANZA: Por último, con miras al futuro, la providencia de Dios significa que podemos tener una esperanza segura en nuestro Dios y Padre fiel de que nada nos separará de su amor. Romanos 8:28. Tenemos una esperanza que nadie más en el mundo tiene, porque hemos recibido una promesa que nadie más tiene: a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien. Y este Dios que nos ama y prepara todas las cosas para nuestro bien, nunca nos dejará, nunca nos olvidará, y nunca nos permitirá alejarnos de él. ¡Qué esperanza! ¡Qué salvador.

 

[1] [1] Jer. 23:23, 24; Hechos 17:24-28. [2] He. 1:3. [3] Jer. 5:24; Hechos 14:15-17; Juan 9:3; Pr. 22:2. [4] Pr. 16:33. [5] Mt. 10:29.