Clases esenciales: Sufrimiento

Sufrimiento – Clase 5: Reacciones no bíblicas ante el sufrimiento

Artículo
18.10.2018

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Clase esencial
Sufrimiento
Clase 5: Reacciones no bíblicas ante el sufrimiento


Las tentaciones de encontrar esperanza en lo pasajero

Introducción

¿Cuántos de nosotros alguna vez hemos hecho ciclismo de montaña de recorrido único? De acuerdo, imagina que estás corriendo por la ladera de una montaña por un camino de tierra tan ancho como tu bicicleta. ¿Qué estrategia crees que funciona mejor: ¿Mantener la vista en todas las rocas y barrancos que debes esquivar? ¿O mantener la vista en la meta que te espera?

Correcto. La meta. Y lo mismo es cierto en tiempos de sufrimiento. Funcionamos mejor cuando fijamos nuestras mentes en la meta, no en los obstáculos. Al igual que Jesús «el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz…».

Pero la clase de hoy no trata realmente acerca de la meta; sino de las rocas a los lados. Porque aunque nuestras mentes no deberían enfocarse en ellas, sigue siendo importante saber qué rocas están allá afuera. La razón por la que tenemos todo un seminario básico acerca del sufrimiento que glorifica a Dios es la facilidad con la que podemos sufrir incorrectamente. Así que hoy, pasaremos tiempo reflexionando sobre algunas de las maneras más comunes en que podemos sufrir mal. Las piedras al lado de camino, por así decirlo.

El sufrimiento tiene una forma de tentarnos para hacernos perder de vista cómo es Dios realmente, para minimizar uno o más de los atributos de Dios. Sufrir mal, en su raíz, implica una visión deficiente de quién es Dios. Incluso las personas cuya teología está correctamente formada pueden sufrir mal debido a su teología práctica, la visión de Dios que realmente impulsa sus esperanzas, miedos y acciones es falsa. En su carta a un grupo de cristianos que se encontraban bajo presión, Pedro les exhorta: «Sed sobrios, y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar» (1 P. 5:8).  Una manera de velar es conocer las respuestas no bíblicas al sufrimiento. Mientras más lo hagamos, estaremos más preparados para responder de una manera que honre a Dios. Entonces, durante el resto de la clase veremos: cinco reacciones no bíblicas ante el sufrimiento.

Ahora bien, cinco es un número grande. Al igual que cuando estudiamos ocho razones para el sufrimiento en la Biblia. Reduciré un poco tu tarea. Escúchalas todas, y escoge una o dos en las cuales vas a reflexionar la siguiente semana. Y recuerda que no se trata de buscar lagunas en la teología que profesas con tu boca, aunque puede que existan algunas de ellas, sino de buscar lagunas en la teología que muestras en tu vida. ¿Dónde están las lagunas en la teología práctica que te harán tropezar cuando lleguen los tiempos de sufrimiento?

  1. 1. Actitud impasible – Dios no existe

Nuestra primera respuesta no bíblica es la respuesta atea. Y quizá, sorprendentemente, es extremadamente común entre los cristianos, tal vez especialmente común entre los cristianos. Es la estrategia que consiste en «sonreír y soportar» para lidiar con el sufrimiento, una actitud impasible. ¿Ves por qué es la estrategia del ateo? Esta estrategia dice en un tiempo de gran aflicción: Saldré adelante por mi cuenta, como si Dios no existiera. Voy a decirle a la gente que estoy bien, porque no soy la clase de persona que pide ayuda. Mi estrategia consiste en lo que yo haré… y en esos momentos me convierto en un ateo práctico. Por tomar un ejemplo realmente mundano, probablemente todos hemos estado en al auto cuando el chofer (generalmente el hombre) está perdido, pero se niega a detenerse y pedir instrucciones. Todos quedan tristes… ¿y por qué? Él es orgulloso. Hay algo acerca de pedir ayuda que es humillante, y desde que Adán y Eva cedieron ante la tentación de pensar que podían estar mejor si fueran Dios[1] (independientes, autosuficientes, con el poder de decidir lo bueno)… desde ese momento, la humanidad ha sido infectada con una negación a admitir que necesitamos ayuda. Incluso cuando estamos sufriendo, hay veces en que preferimos sonreír y soportar el problema que pedir ayuda y ser vistos como débiles.

Dos consideraciones para escapar de esta respuesta no bíblica:

A. Sé humilde. La autosuficiencia es una forma de orgullo. Y, como es de esperar, el remedio de la Escritura para el orgullo es la humildad. Piensa en las palabras de Pedro a los cristianos que se hallaban sufriendo: «Humillaos, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que él os exalte cuando fuere tiempo» (1 Pedro 5:6-7).

Este versículo nos dice tres cosas. Primero, reconoce la autosuficiencia como orgullo, lo cual debería confesarse como pecado. Segundo, reconoce que Dios es el Salvador poderoso y no tú. Y tercero, demuestra que la humildad consiste en echar tus cargas sobre él[2]. ¿Tienes todo bajo control? ¡No! Esa es la declaración que hiciste cuando te convertiste en cristiano. ¿La tentacion es difícil? ¡Sí! Jesús también lo pensaba así. ¿Mostramos la gloria de Dios cuando intentamos solucionar tercamente las cosas por nuestra cuenta? ¡No! No lo hacemos. Y con mucha frecuencia también terminamos destrozados.

B. Considera los objetivos de Dios para tu sufrimiento. En ocasiones puede ser bastante difícil depender de Dios y ser responsable. Digamos que tienes la espalda lesionada. Hay muchas cosas que puedes y deberías hacer, ¿cierto? Ir al doctor, ir a terapia, evitar levantar cosas pesadas…

Y al hacerlas, podrías preguntar qué significa realmente depender de Dios. Algo que puede ayudar es considerar los objetivos de Dios en este sufrimiento. Piensa en las palabras de Pedro acerca de las pruebas: «para que sometida a prueba vuestra fe, mucho más preciosa que el oro, el cual aunque perecedero se prueba con fuego, sea hallada en alabanza, gloria y honra cuando sea manifestado Jesucristo». Ahora bien, puedes hacer muchas cosas que ayuden a que tu espalda mejore. ¿Pero puedes probar tu propia fe? ¿Puedes asegurarte de que tu fe perdure hasta el final? ¿Puedes asegurarte de que tu fe resulte en alabanza a Dios? ¡Por supuesto que no! Cada vez que damos un paso atrás y vemos los objetivos de Dios para nuestras pruebas, reconocemos cuán incapaces  somos de lograrlos, sin importar cuántas cosas temporales parezcan estar bajo nuestro control. Considerar los objetivos de Dios para nuestro sufrimiento es una forma de salir de la autosuficiencia. Por tanto, sé responsable. ¡Ponle hielo a tu espalda! Pero recuerda cuán poco control tienes sobre las cosas que realmente importan en esta prueba. Y atesora la promesa de Dios de que él cumplirá todas esas cosas que son importantes y que están fuera de tu alcance.

  1.  Escapar – Correr a dioses falsos

La siguiente reacción no bíblica ante el sufrimiento es escapar. Volvernos a algo que no sea Dios para encontrar alivio. Por un momento, parece que hemos «escapado» de nuestros problemas. Luego, nos tranquilizamos, nos damos cuenta que nada ha cambiado y el ciclo continúa. ¿Cómo escapamos? Algunas veces literalmente huimos. Huimos del sufrimiento y recurrimos a las drogas y el alcohol. Huimos de un mal matrimonio por medio de un divorcio, de una relación difícil a través del tratamiento silencioso. En ocasiones, intentamos escapar por medio de una distracción: nuestros trabajos, el sexo, ir de compras, la comida, el entretenimiento, nuestra apariencia física. Algunas veces es simplemente fantasía, cuando creamos un mundo en nuestras cabezas donde todo marcha como queremos. En todos estos escapes, lo que inicialmente creemos es una «excursión inofensiva» se apodera de nuestras vidas. Hemos invertido en las promesas vacías de estos dioses falsos en los que confiamos. Y así, evitamos confiar en el Dios verdadero. Es lo que la Biblia llama idolatría.

El pueblo de Dios en el Antiguo Testamento hizo exactamente esto cuando puso su confianza en Egipto en lugar de Dios para protegerlos del poderoso ejército asirio. Pero su elección fue devastadora:

«¡Ay de los hijos que se apartan, dice Jehová, para tomar consejo, y no de mí; para cobijarse con cubierta, y no de mi espíritu, añadiendo pecado a pecado! Que se apartan para descender a Egipto, y no han preguntado de mi boca; para fortalecerse con la fuerza de Faraón, y poner su esperanza en la sombra de Egipto. Pero la fuerza de Faraón se os cambiará en vergüenza, y el amparo en la sombra de Egipto en confusión… Ciertamente Egipto en vano e inútilmente dará ayuda» (Is. 30:1-3, 7a).

Como lo hace a menudo, Dios promete que en su misericordia destruirá a este falso salvador Egipto para que su pueblo aprenda a confiar en él. Creo que una forma de probar y ver si algo es una diversión útil o un escape pecaminoso, es mirar nuestra respuesta cuando ha acabado. ¿Tus vacaciones te dieron espacio para descansar y pensar para estar preparado para buscar los propósitos de Dios en una prueba difícil en casa? ¿O estás enojado con Dios ahora que tienes que regresar al caos de tu vida? ¿Temes tener que cerrar tu juego multijugador masivo en línea porque la vida real es tan desordenada? Entonces, probablemente tu diversión se ha convertido en un ídolo.

¿Cuál es la respuesta correcta? Usa los placeres de este mundo, una salida a cenar, un masaje, unas vacaciones, no para escapar de tu necesidad de confiar en Dios, sino como un tiempo de refugio para ayudarte a confiar en Dios. Enfrenta la realidad, por muy difícil que sea, y confía en el Dios todopoderoso y misericordioso que te está guiando. Como dice Pablo en 1 Corintios 7: «Pero esto digo… los que disfrutan de este mundo [deberían vivir], como si no lo disfrutasen; porque la apariencia de este mundo se pasa» (v. 29-31). La maravillosa noticia es que la sólida y gloriosa realidad que está por amanecer en el cielo nuevo y la tierra nueva es mucho mejor que cualquier escape que podrás experimentar.

  1. Merezco algo mejor que esto – Dios recompensa al justo

Esta es otra respuesta a la cual los cristianos somos propensos. Merezco algo mejor que esto. Lo que produce  enojo o desesperación. ¿Por qué enojo? Porque sentimos que Dios nos ha traicionado. «Tengo un problema con Dios. He mantenido una conducta impecable, lo he obedecido, y él debería darme una vida agradable y cómoda. Se supone que a la gente mala le pasan cosas malas. No a mí. Nosotros somos los buenos». Y esto fácilmente puede conducir a la desesperación por que el sufrimiento nos hace preguntarnos si no somos lo suficientemente buenos para Dios. Podrías llamar a esto el problema del «por qué a mí».

Por supuesto, puedes ver una mala teología en todo esto. Mientras pienso que Dios es injusto por hacerme esto, en realidad lo que sucedió es que Dios ha decidido que mis planes —para una vida agradable y cómoda— no fueran lo suficientemente grandes. Considera al Israel del Antiguo Testamento como un ejemplo. Ellos querían una vida agradable y cómoda como el pueblo especial de Dios. Pero Dios tenía otros planes. Isaías 49:6: «Poco es para mí que tú seas mi siervo para levantar las tribus de Jacob, y para que restaures el remanente de Israel; también te di por luz de las naciones, para que seas mi salvación hasta lo postrero de la tierra». Y considera cómo esos planes mucho más grandes y mejores de Dios fueron tan perjudiciales para la comodidad de Israel. Implicaban la disciplina purificadora de Dios que leemos a través de los profetas. Los planes más grandes de Dios sometieron a Israel a la dominación romana para que el pueblo de Israel se mudara a cada parte del imperio, de modo que en Pentecostés, cuando se proclamó el evangelio por primera vez, leemos que «moraban en Jerusalén judíos, varones piadosos, de todas las naciones bajo el cielo». Los planes de Dios desgarraron a la nación judía a medida que la secta de los cristianos emergentes abrazaba a sus hermanos y hermanas gentiles. Dios tenía planes mucho más grandes que Israel, e Israel sufrió como resultado. ¿Pero no diríamos que valió la pena?

El problema del «por qué a mí» ciertamente tiene una mala teología de raíz. Pero de ninguna manera significa que aquellos con una teología profesada muerta no puedan luchar  contra ello. De hecho, a veces es porque saben que su teología es mucho mejor que la de otros, que son propensos a esto. Pero esta falsa estrategia durante el sufrimiento está basada en una visión falsa de las promesas de Dios, ¿no es así?

En su carta a un grupo de cristianos que se encontraban sufriendo, Pedro escribe: «Amados, no os sorprendáis del fuego de prueba que os ha sobrevenido, como si alguna cosa extraña os aconteciese» (1 P. 4:12). Así es cómo puedes diagnosticarte en esta categoría. ¿Esperas sufrir? ¿Te sorprendería si una década transcurriera y nada malo te pasara? ¿O básicamente asumes que la vida continuará como hasta ahora? Si lo haces, sospecho que tienes algunos problemas en tu teología práctica.

No deberíamos sorprendernos cuando nos topemos con el sufrimiento. No porque seamos pesimistas, sino porque el sufrimiento es parte de seguir a Jesús. En lugar de estar sorprendidos, Pedro dice: «sino gozaos por cuanto sois participantes de los padecimientos de Cristo, para que también en la revelación de su gloria os gocéis con gran alegría» (1 P. 4:13). No es natural para nosotros alegrarnos cuando enfrentamos aflicciones como cristianos. Pero cuando comprendemos que el sufrimiento ha llegado porque los planes de Dios son mayores y mejores que los nuestros, Dios nos da la gracia para alegrarnos porque no estamos avergonzados de ser conocidos como seguidores de Jesús.

  1. Miedo – Dios no puede evitarlo

La siguiente respuesta es: Dios no puede  evitarlo. Hizo lo mejor que pudo, pero esto está más allá de su control. Una idea que recorrió el evangelismo hace unos años. Y muchas veces antes de eso. Es lo que se ha llamado la «apertura de Dios». Nos liberamos de Dios al negar que él conoce todos los acontecimientos futuros. Se cree que de esta manera, la libertad humana y la bondad de Dios se preservan. Escucha lo que señala uno de esos teólogos:

«Las decisiones que aún no se toman no existen en ninguna parte para que ni Dios las conozca. Son potenciales, aún por realizarse pero aún no son reales. Dios puede predecir gran  parte de lo que escogeremos hacer, pero no todo, porque parte de ello permanece oculto en el misterio de la libertad humana… El Dios de la Biblia muestra una apertura al futuro que la visión tradicional de la omnisciencia simplemente no puede acomodar»[3].

Negar el conocimiento de Dios de los acontecimientos futuros está destinado a ofrecer consuelo a aquellos que cuestionan la bondad de Dios, pero termina haciendo lo opuesto. Nos quedamos con un Dios que espera que las cosas salgan como él había planeado, pero no está seguro[4], y nos quedamos sintiendo una terrible soledad en medio de la tragedia. Pero la Biblia es bastante clara en cuanto a que Dios es completamente soberano, y él conoce todas las cosas, incluso antes de que sucedan:

  • Is. 46:9b-10: «Yo soy Dios, y no hay otro Dios, y nada hay semejante a mí, que anuncio lo por venir desde el principio, y desde la antigüedad lo que aún no era hecho; que digo: Mi consejo permanecerá, y haré todo lo que quiero».
  • Sal. 139:4: «Pues aún no está la Palabra en mi lengua, y he aquí, oh Jehová, tú la sabes toda».

Ahora, por supuesto, incluso las personas cuya teología formal es mejor que esta pueden pensar de esta manera. Cuando sufrimos, no es raro cuestionar si Dios sabe lo que está haciendo. Pero él lo hace, ¿cierto? Él es bueno, está en control y cuida de nosotros.

Asaf se dio cuenta de esto mientras luchaba por confiar en Dios en el Salmo 73. El impío prosperaba mientras que el piadoso sufría, y comenzó a preguntarse si había confiado en Dios en vano. Quizá los malvados tenían razón. «¿Cómo sabe Dios? ¿Y hay conocimiento en el Altísimo?» (Salmo 73:11). Entonces, algo cambió: «Cuando pensé para saber esto, fue duro trabajo para mí, hasta que entrando en el santuario de Dios, comprendí el fin de ellos» (Salmo 73:16-17). Desde una perspectiva humana limitada, no podía darle sentido, pero cuando lo miró desde la perspectiva de Dios ([v. 17] cuando entró en el santuario de Dios) y vio su final, tuvo paz. Comparado con un Dios sabio, declara: «Tan torpe era yo, que no entendía; Era como una bestia delante de ti» (Sal. 73:22b).

Frecuentemente habrá momentos en los que no podremos entender por qué Dios permitió que algo sucediera. En esos momentos, simplemente tenemos que confiar en Él y seguir obedeciendo sus sabios mandatos para nuestras vidas.

  1. Dios está empecinado conmigo – Dios no es bueno para mí

A veces sabemos que Dios es bueno; sabemos que él está en control. Supongo que la pregunta con la que luchamos es: «¿Dios es bueno para ?». Creo que esta pregunta puede tomar dos formas. La primera es la pregunta de culpabilidad. ¿Me está castigando por algo? En otras palabras, ¿está actuando en mi bien a través de este sufrimiento, o castigándome por algo que hice? La segunda forma en que podemos dudar de la bondad de Dios es en la pregunta de sus propósitos. Quizá no quiero lo que Dios está haciendo en esta prueba. Quizá no quiero ser un engranaje en su rueda. Pero mi teología es demasiado buena como para pensar que puedo salir de ella. Así que, solo me siento y me pongo de mal humor. Algunas veces por mucho tiempo. Me convierto en el sirviente obediente de Dios, pero renuente. El ejemplo de Jonás viene a la mente.

Algunas consideraciones aquí. Primero, abordemos la cuestión de la culpa. ¿Dios te está castigando por algo? Veamos Hebreos 12:5-8:

«Y habéis ya olvidado la exhortación que como a hijos se os dirige, diciendo: Hijo mío, no menosprecies la disciplina del Señor, ni desmayes cuando eres reprendido por él; Porque el Señor al que ama, disciplina, y azota a todo el que recibe por hijo. Si soportáis la disciplina, Dios os trata como a hijos; porque ¿qué hijo es aquel a quien el padre no disciplina? Pero si se os deja sin disciplina, de la cual todos han sido participantes, entonces sois bastardos, y no hijos».

Algunas observaciones acerca de estos versículos[5]:

A. La disciplina es una «exhortación» (12:5). Esto tiene sentido si el deseo del cristiano es agradar al Padre celestial.

B. Dios nos disciplina por nuestro bien. Los padres que han disciplinado a sus hijos por amor a ellos entienden esto. El escritor hace esta conexión en Hebreos 12:9; si podemos someternos a la disciplina de nuestros padres, que son pecadores, ¡cuánto más a la disciplina de un Dios bueno! Y así, incluso la idea del castigo que vemos en esa frase: «y azota a todo el que recibe por hijo», no debe tomarse en un sentido judicial. Romanos 8 nos dice que no hay condenación para aquellos que están en Cristo Jesús. Más bien, este castigo es el tipo de disciplina que les damos a nuestros hijos. Por su bien. Porque los amamos.

C. La disciplina amorosa de Dios nos demuestra que somos hijos legítimos (12:8). No disciplinamos a los hijos de los vecinos, ¡porque no son nuestros! Disciplinamos a nuestros propios hijos.

Entonces, ¿es mi sufrimiento la disciplina de Dios por un pecado específico? D. A. Carson señala útilmente:

«Es la incertidumbre de leer lo que está sucediendo lo que a veces engendra el dolor. ¿Es el golpe específico que estoy enfrentando la forma en que Dios me dice que cambie algo? ¿O es una forma de disciplina diseñada para endurecerme o suavizarme para hacerme más útil? ¿O es parte de la herencia de todos los hijos e hijas de Adán que viven de este lado de la parusía (el regreso de Cristo), sin relación con la disciplina sino parte de la misteriosa providencia de Dios en un mundo caído? ¿Pero debemos siempre decidir? Si un pequeño autoexamen nos muestra cómo mejorar, debemos mejorar. Pero hay momentos en que todo lo que el cristiano puede hacer responsablemente es confiar en su Padre celestial en medio de la oscuridad y el dolor[6]».

Dios usa a la iglesia local para ayudar en esta área. Podemos preguntarle a un amigo cercano para ver si, a la luz de la Escritura, hay algo que necesitamos cambiar. El amor de Dios por sus hijos es firme. Una vez demostrado que estamos dispuestos a seguir a Jesús, él será fiel para guiarnos[7] y corregirnos en el camino, eso es lo que hace un buen pastor.

¿Pero qué hay de la segunda pregunta acerca de los propósitos de Dios? ¿El ejemplo de Jonás que di anteriormente? Quizá sabes que Dios usa tu sufrimiento para sus buenos propósitos, simplemente no crees que esos propósitos sean buenos para ti. Siendo honestos, no estás interesado en sus propósitos si van a costar tanto. Algunas consideraciones para ti aquí:

A. Si realmente no confías en los planes de Dios para ti, si realmente no quieres ser hecho a semejanza de Jesús, creo que deberías considerar si eres cristiano o no. ¿Sigues a Cristo por Cristo? ¿O por alguna otra lista de beneficios sobre la cual crees tener derechos? Cristo siempre estará allí. Los otros beneficios no.

B. Pero este es un problema común para algunos cristianos. Si luchas con tener el control de tu vida. Si quieres tu vida de cierta manera, y Dios la quiere de otra. ¿Qué sucederá? Bueno, si eres Jonás, Dios te perseguirá hasta las profundidades del mar para hacer contigo como él quiere. Ese puede ser un prospecto aterrador. Él ganará. Te lo prometo. Sin embargo, también puedo asegurarte que los caminos de Dios son realmente buenos para ti. Él lo ha prometido. ¿Cómo luchar en medio de esto? Hablaremos más al respecto en las próximas dos semanas. Pero en resumen, ora por fe en la bondad de Dios. Sabes que él es bueno, pero como señala Jonathan Edwards, no has «comprobado» su bondad. No lo has experimentado satisfactoriamente como bueno para ti. Ora por fe en la bondad de Dios, invierte tiempo leyendo acerca de su bondad para contigo en su Palabra, y luego, habla con buenos amigos cristianos acerca de lo que es creer en la bondad de Dios para ti. Tu trabajo es someterte a él. No reluctantemente, sino con alegría. Sabiendo que él cuida de ti.

  1. Conclusión

Cinco reacciones no bíblicas ante el sufrimiento. ¿La alternativa? Confiar en el Dios verdadero como se revela en la Escritura. La manera en que hacemos eso es el tema de nuestra clase las próximas dos semanas mientras tratamos de desempacar la idea de luchar por la fe en la soberanía y bondad de Dios.

 

[1] Véase Gn. 3:5

[2] ¡Esto no quiere decir que no estamos llamados a perseverar en la vida cristiana, sí lo estamos (e.j. 2 Ti. 2:3)!  El punto es que nuestra perseverancia debe estar arraigada en la gracia y el poder de Dios, no en nosotros (e.j. 2 Ti. 2:1-2).

[3] The Grace of God, the Will of Man, de Clark H. Pinnock (ed.).

[4] Los teístas abiertos implican esencialmente que Dios comete errores debido a la incertidumbre del futuro. En otras palabras, él puede ‘predecir’ una cosa mientras sucede otra cosa. ¿Cómo podríamos confiar en un Dios que comete errores?

[5] Véase Hebreos 12:4: «Porque aún no habéis resistido hasta la sangre, combatiendo contra el pecado». El contexto trata acerca de cristianos luchando contra el pecado.

[6] How Long O Lord, de D.A. Carson.

[7] Véase Salmo 139:23-24