Conversión

Seis maneras de darle a tu gente una certidumbre falsa

Artículo
24.10.2014

Como pastor, me relaciono con un montón de personas que luchan por tener confianza en la autenticidad de su conversión. En sus mentes su pecado está muy aferrado y sus caídas siempre están a la vuelta de la esquina. La mayor parte del tiempo, me doy cuenta de que son hermanos y hermanas fieles que necesitan consuelo y confianza.

Pero hay otro grupo de personas en muchas de nuestras iglesias que son mucho más preocupantes: aquellas con una creencia firme pero infundada de que son convertidos de manera genuina. Tal vez conozcas a este tipo de personas. Conocen las palabras adecuadas. Se mantienen alejados de pecados públicos escandalosos. Y son personas morales. Pero no tienen fruto verdadero. No tienen evidencias de que el Espíritu de Dios que produce la conversión está obrando en ellos. Y muchas veces existe en ellos un área de pecado secreto sin tratar.

SEIS MANERAS EN QUE LOS PASTORES FOMENTAN UNA FALSA CERTIDUMBRE

Estas personas son difíciles de alcanzar (es como si hubieran sido inmunizadas al evangelio). Piensan que ya tienen lo que más necesitan, ¡y por tanto no están buscando nada más! Y si hay un área de pecado escondido, hace ya tiempo que lo han asumido.

Tristemente, nuestras iglesias son culpables, al menos en parte, por la presencia de estas personas en medio de nosotros. Déjame que te sugiera seis maneras en que nosotros los pastores podemos ayudar inadvertidamente a fomentar una falsa certidumbre en personas como estas.

1. Da por hecho el evangelio

Es fácil dar por hecho que las personas en nuestras iglesias entienden y creen el evangelio. Después de todo, están en la iglesia el domingo por la mañana. Pero el hecho es que, muchas de nuestras iglesias han dado por sentado el mensaje y el entendimiento que la congregación tiene de él. Como resultado, nuestras iglesias están llenas de personas que pueden tal vez entender algunas de las implicaciones del evangelio (por ejemplo, cómo ser un mejor marido; cómo manejar tu ira), pero viven vidas morales sin apropiarse del evangelio para sí mismas.

Esto es espiritualmente letal porque las vidas morales pueden ser la evidencia de la fe en el evangelio de una persona, pero también pueden ser la evidencia de la autojustificación y el fariseísmo. Sin duda es correcto enfatizar que la fe que justifica nunca está sola, que las obras siempre acompañan a la verdadera fe. Pero debemos enfatizar primero que somos justificados por la fe sola, y enfatizar esto una y otra vez, no sea que las obras que uno vea no sean las obras de una justificación salvadora. Cuando el evangelio no se explica con claridad, cuando el predicador no señala con claridad el camino al cielo y la autopista al infierno, entonces la gente asumirá que su moralidad o su asistencia a la iglesia le da fundamentos para la certeza.

En resumen, no prediques moralismo. Jamás. Predica el evangelio cada semana. Y luego, con los indicativos del evangelio firmemente en su sitio, predica los imperativos que se derivan necesariamente.

2. Dales una perspectiva superficial del pecado

La Biblia nos enseña que el pecado no es simplemente algo que hacemos, es lo que somos en nuestro estado caído. Las Escrituras nos enseñan que todos estamos espiritualmente muertos (Ef. 2:1-2), que somos esclavos del pecado (Jn. 8:34), que somos culpables de quebrantar enteramente la ley de Dios (Stg. 2:10), y que estamos condenados a experimentar la justa ira de Dios (Ro. 1:18). Somos pecadores hasta la médula.

Las personas que tienen una certidumbre sin fundamento con frecuencia no entienden el pecado. Si el pecado es meramente un asunto de comportamientos externos observables, entonces con algo de esfuerzo y disciplina pueden resolver sus propios problemas. Pero si nosotros podemos inducirles a enfrentar regularmente la enseñanza bíblica sobre su pecado, entonces se verán forzados a ver su necesidad de un nuevo nacimiento y una salvación que viene de fuera de su propia persona.

3. Trata la membresía de la iglesia y la disciplina de manera informal

La membresía en una congregación local tiene el propósito de dar a los creyentes certidumbre de su salvación. Es un sello colectivo de aprobación sobre la afirmación de alguien de que es cristiano. Cuando una congregación examina la profesión de fe de una persona y su modo de vida, y luego bautiza a esa persona y la admite a la Mesa del Señor, la iglesia está diciendo: “Hasta donde podemos decir, y con el poder y la sabiduría que Cristo nos ha dado, tú eres uno de nosotros”. En el otro lado de la moneda, cuando una iglesia excomulga a alguien, le está quitando su sello de aprobación. La congregación le está diciendo a la persona que sus acciones han minado la credibilidad de su profesión de fe y la base de su certidumbre.

Pero cuando una iglesia es promiscua con su membresía, cuando permite que las personas que no asisten a la iglesia mantengan su membresía, está fomentando una falsa certidumbre. ¿Cuántas personas van al infierno porque su membresía en la iglesia supervisada de manera negligente les dio una falsa certidumbre?

4. Enséñales a basar su certidumbre sobre una acción externa del pasado

Como ya hemos observado, el evangelio demanda una respuesta de nosotros. Y las iglesias y los programas evangelísticos algunas veces han encontrado útil presentar algún método para que la gente exprese su recién estrenado compromiso con Cristo. Algunas le ofrecen a la gente la posibilidad de recitar la “oración del pecador”. Otros les ofrecen la posibilidad de ir andando hacia el púlpito un domingo o rellenar una tarjeta de respuesta. Y esas acciones externas pueden realmente ser una respuesta genuina a la obra de conversión del Espíritu.

Pero también pueden ser engañosas. Es posible pronunciar una oración, andar por el pasillo de la iglesia, y firmar una tarjeta y continuar completamente perdido en tus pecados. Así que, si animamos a la gente a tener certidumbre basada en algún tipo de actividad externa que se puede realizar aparte del nuevo nacimiento, estamos poniéndoles en un grave peligro espiritual. ¿Cuántas personas van por ahí completamente perdidas, pero seguras de que van camino al cielo porque pronunciaron una oración una vez cuando eran niños?

5. No relaciones la justificación con la santificación ante tu gente

En un esfuerzo bien intencionado por magnificar la gracia de Dios, es posible enseñar la verdad de la justificación por la fe sola por medio de Cristo solo sin conectar todos los puntos ante nuestros oyentes. Pero la enseñanza de la Escritura es que la obra justificadora de Cristo siempre produce el fruto de justicia en la vida de los creyentes, como dije anteriormente (por ver un solo ejemplo, considera la lógica de Ro. 6:1-14).
Una disociación entre la justificación y la santificación es muy peligrosa para los creyentes. Mina su entendimiento de la necesidad de la santidad personal y su motivación para amar a Dios con su obediencia. Pero es doblemente peligroso para aquellos que tienen una falsa certidumbre, porque los anima a pensar que es posible vivir en una rebelión abierta contra Dios y aun así ser justos ante él.

6. Enséñales a ignorar las advertencias de la Biblia

Las Escrituras están llenas de advertencias espantosas para aquellos que prefieren abrazar el pecado o dejar la fe (por ejemplo, Mt. 5:27-30; He. 6:1-6). En nuestros esfuerzos por enseñar el cuidado soberano de Dios por su pueblo, es posible socavar la fuerza de esas advertencias al dar la impresión de que no se aplican a los creyentes.

Pero esas advertencias están en las Escrituras con un propósito. Son verdad y son una de las maneras mediante la que Dios guarda a su pueblo de apartarse. Un pastor sabio hará énfasis en la gravedad del pecado y de la apostasía y llamará a sus oyentes a perseverar en la fe.

Mike McKinley es el pastor de Sterling Park Baptist Church, Virginia, y es el autor de ¿Soy realmente cristiano?