Pastoreo

Reformulando «el llamado»: Palabras para iglesias y aspirantes a pastores

Artículo
27.07.2019

Te has encontrado a ti mismo al final de una serie en la que estoy tratando de reformular la manera en que pensamos acerca del «llamado al ministerio».

En mi primera publicación mencioné que el lenguaje del «llamado» conlleva una doble hipótesis. Estás diciendo que piensas que lo eres o que pronto lo serás, (1) calificado para ser un anciano y (2) lo suficientemente dotado en el ministerio como para exigir que la iglesia te pague para hacerlo. Y en mi segunda publicación profundicé sobre esos dos puntos, ser anciano y la economía. Decir que eres llamado es decir que deseas servir como anciano y que quieres hacerlo como un trabajo a tiempo completo.

Pero está en las manos de Dios y de la iglesia local decidir si algunas de esas dos cosas sucederá. Por tanto, yo sugiero que, a la luz de 1 Timoteo 3:1, «un aspirante a pastor» pueda servir como una estructura más bíblica según nuestro pensamiento y aún nuestra forma de hablar. En esta publicación final aplicaré rápidamente esta perspectiva a la manera en que las iglesias y los aspirantes al ministerio deberían evaluar las aspiración a pastor.

EXHORTACIÓN A LAS IGLESIAS

Comenzaré con algunas exhortaciones para las iglesias. Algunas de estas aplican para todos los cristianos, y otras especialmente para los pastores. Primero, no trates el sentido de «llamado» de alguien como una tercera tabla del Sinaí. Un sentido subjetivo del llamado de su parte no constituye una obligación a reconocer ese llamado de tu parte. En lugar de eso, equipa, motiva, evalúa, y se paciente con aquellos que aspiran al ministerio pastoral.

  • Equipa. Pastores, creen ambientes de entrenamiento en su iglesia para desarrollar más maestros. La escuela dominical para adultos y los sermones de domingo en la noche más cortos pueden ser buenos contextos para esto. Y piensa sobre cómo puedes tu personalmente discipular a hombres que aspiren al ministerio.
  • Motiva. Miembros y pastores, regocíjense del ministerio de los demás y de su crecimiento en el ministerio. Deléitense del fruto que otros tienen para el reino. Estimulen los buenos esfuerzos de los hombres jóvenes que aspiran al ministerio, independientemente de lo inestable e imperfecto que sean esos esfuerzos.
  • Evalúa. Miembros de iglesia, especialmente pastores, retroalimenten a sus ministros aspirantes honestamente y con gracia. Ancianos, no teman aconsejar a un hombre para que haga una pausa—o hasta para que se detenga—de sus planes vocacionales de ministerio.
  • Se paciente. Dale a tus hombres tiempo para crecer y dar fruto. Se paciente con la enseñanza fiel pero torpe. ¿Quién sabe? Tu disposición a escuchar a un maestro en desarrollo podría bendecir a tu propia iglesia o a otros durante las décadas por venir.

Finalmente, destaca y celebra a los «ancianos laicos»—es decir, a los pastores que tienen un trabajo a tiempo completo. Ciertamente, las iglesias deberían pagarle a cuantos de sus pastores puedan de manera razonable. Pero no creo que los dones de Cristo para su iglesia (Efesios 4:11) están limitados a aquellos que pueden salir completamente de otro trabajo (Hechos 20:34-35).

Así que, no sólo tengas ancianos, destácalos. «Pastores principales», motiven a sus ancianos laicos a enseñar pública y regularmente. Busquen maneras de empoderar a sus ancianos laicos, de delegar alguna parte de su autoridad para que ellos tengan más cosas que hacer. Miembros, busquen a los ancianos laicos y no sólo a los pastores a tiempo completo, para consejería, bodas, funerales. Un pastor es un pastor independientemente de si pasa su semana en la oficina de la iglesia o en una oficina de seguros.

Pienso que una de las hipótesis más dañinas que se ha dispersado entre los evangélicos modernos, es que el verdadero ministerio sólo es llevado a cabo por aquellos que lo hacen a tiempo completo. Eso no podría estar más errado. En un sentido fundamental, todos los cristianos están llamados al ministerio: hablar la verdad en amor, hacer discípulos, ofrecer nuestros cuerpos como sacrificio vivo. Y como vimos en la publicación anterior, todos los ancianos están llamados a pastorear.

Si las iglesias destacaran y celebraran a sus ancianos laicos, y si los ancianos laicos fueran equipados y motivados a pastorear, sería quitado un peso de las espaldas de muchos hombres. Ellos se darían cuenta de que, en realidad, no tienen que escoger entre una carrera y hacer «ministerio». Claro que hay sólo unas cuantas horas en el día, y la vida de un pastor a tiempo completo es muy diferente a la de un abogado. Y claro que algunos hombres deberían buscar el pastorado a tiempo completo, pero la categoría principal de la Biblia para el pastor es «anciano». La manera en que inviertes tu sueldo es otra cosa, basado en tus dones y deseos y en las necesidades y recursos de una iglesia.

PALABRAS PARA LOS ASPIRANTES A PASTORES

A continuación algunas palabras para los aspirantes a pastores. Anteriormente dije pero vale la pena repetirlo: que trates tu sentido de llamado como una aspiración y no como un mandato divino infalible. Con esto no estoy diciendo que la guianza subjetiva no puede jugar ningún papel, sino que es más que suficiente. Pablo no dice que «si alguien se siente llamado al ministerio, una iglesia está atada a Dios a llamarlo». En lugar de eso dice que si alguien desea la labor del obispado, desea algo bueno (1 Timoteo 3:1). Y luego, para beneficio del anciano aspirante y la congregación, él expone los requisitos del oficio. Así que enfócate en ellos. Dale prioridad. Por la gracia de Dios, construye tu vida a partir de las cosas que Pablo dice que está hecho un anciano. Preocúpate más de los requerimientos de Dios para el oficio que de lo que una iglesia puede querer en un currículo.

Además, piensa en el ministerio pastoral más como un espectro que como un interruptor de encendido y apagado. Los pastores no son super cristianos, y tener un trabajo a tiempo completo diferente al ministerio no es un fracaso. Dios no nos hizo a todos boca, y el pie no debería sentirse culpable por serlo. Si vemos los otros llamados como algo inferior al pastorado, mentimos acerca del cuerpo de Cristo y cuestionamos el diseño sabio de Dios al ordenar los miembros de la manera en que lo hace (1 Corintios 12:12-26).

Otro aporte: yo sugeriría que algunos hombres que piensan que están llamados al ministerio deberían en lugar de ello aspirar a ser ancianos laicos. O por lo menos, aspirar a ser ancianos y dejar que Dios haga el resto. Si quieres enseñar la Palabra y ayudar a los cristianos a crecer espiritualmente, ¡eso es grandioso! ¡Parece que quieres ser un anciano! Si no tienes el deseo, los dones o la oportunidad de hacerlo a tiempo completo, ¿qué sucede? No todo el que quiere hacer ministerio debería cambiar su carrera. No todo el que disfruta enseñar la Biblia debería renunciar a su trabajo y moverse al seminario. Tu responsabilidad de proveer para los tuyos y las necesidades de tu familia es un don divino (1 Timoteo 5:8). Eso no sólo lo harás pastoreando.

¿Cómo entonces deberías evaluar un «llamado» al ministerio? Cada hombre es diferente, y también cada situación. Pero en breve te motivaré a evaluar tus deseos, oportunidades, habilidades y carácter, todos filtrados a través de la iglesia local. ¿Deseas el trabajo (1 Timoteo 3:1)? ¿Qué tan fuerte y duradero es ese deseo? ¿Tu deseo es comparable con la labor actual de ministerio que tus propios pastores hacen, o sólo la diversión y las partes brillantes? ¿Quieres hacer el trabajo del ministerio, o disfrutar el respeto del ministerio?

Considera tus oportunidades. ¿Cuáles oportunidades pastorales tienes actualmente? ¿Qué está disponible para ser tomado? ¿Eres del tipo de persona que crea oportunidades pastorales independientemente de que alguien te las otorga? ¿Tu iglesia ha considerado oportuno darte alguna oportunidad?

¿Y las habilidades? ¿Estás dispuesto a enseñar? ¿A dirigir? ¿A pastorear? No necesariamente estás buscando algún fruto floreciente, pero deberías por lo menos ver semillas y árboles jóvenes.

Y considera tu carácter. ¿Qué tan bien personificas los requerimientos de carácter de 1 Timoteo 3 y Tito 1? ¿Cuáles son los pecados que te dominan, y qué tan difícil es tu lucha con ellos? ¿Son los frutos del Espíritu evidentes en tu vida? ¿Existe alguna manifestación visible de su ausencia?

En lo que se refiere especialmente a tus habilidades y carácter, permite que la iglesia lo exprese públicamente. Considera permitir que la evaluación de otros supere la tuya, especialmente si esa evaluación es de los ancianos o de la iglesia como un todo. Disponte a escuchar cosas duras. Si alguna vez has sido pastor, escuchar cosas más duras. Haz todo lo posible por buscar la afirmación significativa de una iglesia local antes de irte al seminario o redirigir tu carrera. Trabaja tan duro como puedas para no presentarte como un auto-evaluado, auto-afirmado, auto-enviado pastor en espera. Lo que menciono aquí no siempre es posible, pero el objetivo mismo hace que tu corazón tome la dirección correcta.

VOLVIENDO A LA IGLESIA—A ESCUCHAR

En esta serie he escrito a partir de una preocupación de que el lenguaje del «llamado al ministerio» como los evangélicos lo llaman comúnmente, tiende a ocultar algunas hipótesis cruciales. Y, por lo menos en las manos equivocadas, puede llevar a un enfoque peligrosamente individualista y subjetivo para evaluar una aspiración al ministerio.

No estoy seguro de si es necesario o posible anular completamente el lenguaje del «llamado» de nuestro vocabulario. Así que en lugar de eliminar el término, traté simplemente de redirigir nuestra atención hacia una categoría de aspirante a anciano que pueda ser más demostrable bíblicamente. Si eres un pastor, aspirante a pastor, tratando de buscar ser un pastor, o simplemente un «viejo» miembro de iglesia, espero que hayas encontrado algo útil aquí. Levantar pastores es el trabajo de la iglesia, de toda la iglesia. Así que si algo espero, es que esta serie envíe a aspirantes a pastores de vuelta a la iglesia: no sólo para servir o hablar sino para escuchar.