Membresía

¿Quién puede acceder a la membresía de la iglesia?

Artículo
18.02.2015

Uno de los privilegios que he disfrutado mientras he servido como anciano en diferentes iglesias ha sido la oportunidad de llevar a cabo entrevistas de membresía. Podríamos decir que es como permanecer a la puerta del redil de las ovejas y supervisar qué tipo de animales entran en él. Quieres que entren ovejas y no lobos.

Basándome en lo que la persona dice en la entrevista puedo recomendarla a los otros ancianos quienes —a su vez— la recomendarán a toda la congregación. Debido a que Jesús otorga el poder de las llaves a la iglesia local, creemos que la decisión final depende de la iglesia, no de los ancianos.

¿Quién puede acceder a la membresía? Aquí tienes una respuesta súper sencilla: los cristianos.

O lo que es lo mismo: los requisitos para acceder a la membresía de la iglesia no deben ser ni más altos ni más bajos que los requisitos para ser cristiano; con una sola excepción (a la cual llegaremos en un momento). Lo que pretendemos es confirmar a las que son ovejas.

La membresía eclesial empieza cuando la iglesia local confirma la profesión cristiana de fe de la persona. Como Jesús hizo con Pedro, le preguntamos a la persona quién es Jesús. Como Pedro hizo con Jesús, la persona responde diciendo que Jesús es el Cristo, el Hijo del Dios viviente (y la persona debe entender lo que estas palabras significan). Dicho de otra manera: la gente necesita entender el evangelio y creer en él para unirse a la iglesia.

Las personas no siempre saben explicar bien el evangelio, pero de una manera u otra deben ser capaces de explicarlo. Deben ser capaces de decir a quién representan antes de que las llamemos oficialmente representantes de Jesús. Recuerdo una entrevista que tuve con una mujer cuya lengua materna no era el inglés. Cuando le pregunté qué era el evangelio, me miró sorprendida y dijo: “¿El evangelio?”, como si nunca antes hubiera escuchado esa palabra. Mi contestación fue: “Las buenas noticias de Jesucristo”. Esta definición encendió un interruptor mental en la mujer y me explicó el evangelio correctamente. Nuestra iglesia empezó a llamarla miembro. Hacer esto es como enviar un comunicado de prensa: “A las naciones: ahora podéis mirar a esta mujer para saber cómo es Jesús, porque es una representante oficial suya”.

En otras ocasiones, he entrevistado a personas que no podían explicar el evangelio. Recuerdo a otra mujer que me dijo que ser cristiano significaba “hacer las cosas lo mejor posible”. Intenté abordar el asunto haciendo preguntas desde perspectivas diferentes, pensando que tal vez podría obtener una respuesta mejor. Pero no la obtuve. Cuando finalmente le expliqué que no podíamos proceder con la membresía, empezó a llorar. Yo también quise llorar. Si hubieras escuchado la dura historia de su vida te habrías sentido de la misma manera. Pero no le habría mostrado amor ni a ella ni a la iglesia si hubiera procedido con la solicitud.

Lo que hice fue invitarla a reunirse con una mujer de la iglesia para estudiar el Evangelio según Marcos en seis sesiones. Ella aceptó. Se reunió con la mujer. Unas semanas más tarde nos volvimos a sentar juntos y empezamos de nuevo. Esta vez explicó el evangelio maravillosamente y se unió a nuestra iglesia. “A las naciones: ¡Mirad aquí! ¡Otra representante!”.

Supongo que podrías describir lo que le pedí hacer a esta mujer como esfuerzos y malabarismos extraordinarios. Espero que, en su lugar, lo llames pastorearla y ayudarla a asegurarse de que conocía el evangelio y de que estaba convertida; sin mencionar que lo que hice fue cuidar de la iglesia y de la reputación de Cristo.

Jonathan Leeman, miembro de Capitol Hill Baptist Church, es el director editorial de 9Marks y el autor de la Membresía de la iglesia: Cómo sabe el mundo quién representa a Jesús y La disciplina de la iglesia: Cómo protege la iglesia el nombre de Jesús. Puedes seguir a Jonathan en Twitter @jonathandleeman