Predicación expositiva

Predícale al no creyente, al creyente y al miembro de iglesia

Artículo
17.03.2019

¿A quiénes predican los predicadores? Recientemente tomé del estante varios libros acerca de la predicación y descubrí que esta pregunta es abordada pocas veces. Los predicadores se preocupan más por mejorar su estilo.

Aun así, algunos pastores están prestando atención a la audiencia y tienden a enfocarse en dos segmentos de la población: lo que no tienen iglesia y los posmodernos. El presidente de Gordon-Conwell, James Emery White, pastor de la iglesia Mecklenbur Community Church de Charlotte, Carolina del Norte dijo una vez que se dirige específicamente a los no creyentes. Él lo expresa de esta manera en una entrevista del año 1999:

Mecklenburg es una iglesia enfocada en buscar que comenzó [a]… enfocarse en alcanzar a las personas que no tienen iglesia. Con esto de enfocada en buscar obviamente quiero decir que los puntos de entrada de la iglesia están diseñados para las personas que no tienen iglesia. De alguna manera o forma, podemos aprovechar cuando se encuentran buscando o tratamos de ayudarles a convertirse en buscadores activos, porque no todos lo que no tienen iglesias son buscadores[2].

Debido a que el sermón es uno de estos «puntos de entrada», White ha sido el modelo de hombres como Bill Hybels, Bob Russell y Rick Warren quienes se han separado de otros predicadores por su habilidad para hablarle a los que no tienen iglesias[2].

Otro grupo de escritores enfatiza la importancia de la predicación a la mentalidad posmoderna. El ex pastor Brian McLaren dijo que el reflejo de la aversión posmoderna del exhibicionismo y el análisis detallado junto a su inclinación hacia la autenticidad y la narrativa comenzó a afectar su predicación en el año 2001. Ahora, la narrativa y autenticidad son el enfoque de su predicación[3].

Estos dos ejemplos ponen nerviosos a algunos de nosotros. Cuando un predicador llega muy lejos en adaptarse a su audiencia, el mensaje mismo es comprometido como ha sido el caso de las iglesias sensibles a los buscadores y emergentes. Sin embargo, los predicadores le predican a personas verdaderas, personas que no tienen iglesia, posmodernas y todo lo que pueda venir a nuestra mente. El desafío es pensar en todos los tipos de personas que se sientan en la congregación. Este artículo intenta hacer justamente eso de manera humilde. Sugiero que los pastores prediquen con tres tipos de personas en mente:

PREDÍCALE AL INCONVERSO

Siempre es bueno reconocer a los no creyentes en un sermón del domingo en la mañana aun si tu iglesia es pequeña y no están presentes no creyentes. Mi iglesia no es grande pero aun así asumo que algunas de las personas que están sentadas en las bancas no conocen a Cristo. Algunos de ellos son cristianos nominales que pueden haber profesado a Cristo y estado en iglesias por años, pero aun así necesitan que el nuevo nacimiento produzca en ellos vida verdadera. Otros son no creyentes profesantes que nuestros miembros han invitado. Otros han entrado de la calle en respuesta a una tarjeta de la iglesia, un boletín, la página web o el edificio mismo. En otras palabras, los no creyentes vendrán. ¿Entonces qué?

Haz que el evangelio sea claro

Es responsabilidad del predicador hacer que el evangelio sea claro mientras expone la Palabra de Dios. Pablo escribió:« Si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo. Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación» (Romanos 10:9-10).

Después de todo, somos ministros del evangelio. El evangelio no tiene que sonar de la misma manera en todos los sermones, pero independientemente de la manera en que sea explicado el pastor debe preguntar al pasaje: «¿de qué forma apunta hacia el evangelio?» Hasta los no creyentes pueden reconocer la diferencia entre un sermón que no está enfocado en el evangelio y uno donde el evangelio es enfocado hasta el final.

Mi iglesia se encuentra cerca de un seminario y tenemos muchos hombres entrenando para ser pastores que muchas veces hacen la pregunta: «¿es que el evangelio necesita estar presente en todos los sermones?» La respuesta es «sí» por lo menos por dos razones. Primero, porque el evangelio da sentido a cada texto de la Escritura desde Génesis hasta Apocalipsis. Segundo, porque el inconverso necesita conocer lo que significa «confesar con su boca que Jesús es el Señor y creer en su corazón que Dios lo levantó de la muerte». Los cristianos también necesitan escucharlo una y otra vez, ¡para crecer en la fe!

Aun cuando el incrédulo haya escuchado el evangelio docenas de veces, Dios lo trajo ante mí hoy como el predicador. Por tanto, quiero que el evangelio desafíe una vez más su entendimiento del mundo, el pecado y la salvación. Hacer que el evangelio sea claro es una de las cosas más importantes que puedo hacer como pastor.

Predica de manera expositiva

Los pastores que son sensibles a la presencia de los no creyentes les servirán mejor predicando expositivamente. Los no creyentes quieren saber porque creemos lo que creemos, y debido a que nuestra doctrina y vida está fundamentada en la Palabra de Dios servimos mejor a los que no tienen iglesia guiándoles honesta, fiel y claramente hacia la Escritura de la manera que lo hacemos con los cristianos.

Un movimiento de escritores y líderes de iglesias de hoy dicen que la mente posmoderna, los que tienen iglesia y los que no tienen, responde mejor a la «predicación narrativa». Ellos declaran que las personas quieren historias, y está bien, a mí me gustan las historias. La predicación expositiva debe ofrecer al que no tiene iglesia la historia de la Biblia que a su vez ofrece una historia para sus propias vidas. Los pastores deben no solo trabajar a través de la Escritura cuando predican expositivamente, sino que deben hacerlo con la mentalidad de darle a sus oyentes una «gran imagen de Dios». ¡Esta es la predicación que le agrada al buscador! [4].

El mismo movimiento dice que la mente posmoderna valora la autenticidad. Está bien, a mí también me gusta la autenticidad y es una excusa perfecta para predicar expositivamente. Enfoquémonos menos en la envoltura y más en el mensaje: ¿Qué dijo Jesús? ¿Qué profetizó Isaías? ¿Qué escribió Pablo? ¿Y qué tienen que ver las respuestas a estas preguntas con nosotros hoy en día? Eso es lo que quiere el inconverso que se presenta en nuestras iglesias, una verdad bíblica honesta. Si finalmente están de acuerdo con esa verdad es un asunto entre ellos y Dios; pero lo que predicamos no es un juego[5].

Alcanza a los inconversos

Existen varias cosas que podemos hacer para que nuestros sermones sean evangelísticos. Identificar los números grandes y pequeños como divisiones de capítulos y versículos es útil para los que no tienen iglesia, y también decirles que utilicen el índice de la Biblia. ¡Qué palabra tan confortadora para el visitante inconverso es cuando todos los que están a su alrededor parecen encontrar a Abdías rápidamente!

La presentación de sermones provocativos también ayuda a construir un puente para el no creyente al explicar la relevancia del texto que está a punto de ser expuesto. Por ejemplo, el último domingo de pascua prediqué sobre Luchas 5:33-39 donde los fariseos se sorprendieron de que los discípulos de Jesús no ayunaban. Jesús responde diciendo que los invitados a la boda no ayunan cuando el novio está presente, y luego les cuenta la parábola que habla acerca de poner el vino nuevo en odres viejos.

Yo titulé el sermón: «¿es que los cristianos son más felices?» Esta introducción fue una oportunidad para explicar que el gozo verdadero, duradero y que cambia las vidas es estar en la presencia del novio resucitado: Jesucristo. ¿Es que los cristianos fueron ayudados con la introducción? Eso espero, pero vi esos dos o tres minutos como una oportunidad especial para alcanzar a los inconversos que pudieran necesitar alguna guianza adicional acerca de porque nos reunimos en torno a la Palabra de Dios. Todas estas pequeñas prácticas tienen también un efecto acumulativo en la congregación. Cuando los creyentes reconocen que el púlpito es amigable para los inconversos, están más dispuestos a llevar a sus amigos no creyentes. Es un error pensar que estar enfocado en el evangelio significa que nadie puede ser sensible a los buscadores.

PREDÍCALE AL CONVERTIDO

A pesar de lo importante que es predicarle a los inconversos, la tarea principal del predicador el día del Señor está dirigida a los cristianos. Él está para edificar la iglesia local y la iglesia está para escuchar y estar lista y dispuesta a someterse a Cristo como la cabeza de la iglesia. Esta es nuestra «audiencia» principal. Por consiguiente, en mi propia preparación del sermón lo primero que tengo en mente es al convertido. ¿Cómo entonces debe el predicador dirigirse al cristiano?

Amonesta y corrige a los cristianos

Sabemos de Juan que el pecado permanece en la vida del creyente: «si decimos que no hemos pecado, le hacemos a él mentiroso, y su palabra no está en nosotros» (1 Juan 1:10). Hay un poco de aguijón en este versículo, como si Juan supiera que los creyentes son tentados a minimizar su pecado, aumentar su santificación y negar al Señor. Además, Pablo escribió: «Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia» (2 Timoteo 3:16). En consecuencia, cuando un pastor está predicándole a los cristianos, la verdad de la Palabra de Dios necesariamente amonestará y corregirá.

Ningún pastor quiere ser conocido por derribar a los cristianos. Sin embargo, la fidelidad a la Escritura requiere que un hombre ofrezca amonestación en su tiempo. Esta una de las razones por las que el llamado a predicar no debe ser aceptado ligeramente. Ser fieles a esta tarea requiere que le preguntemos a cada texto que predicamos: «¿cómo es que este pasaje amonesta o desafía a los cristianos?» ¿Está desafiando la falta de oración, el chisme y la idolatría? La respuesta puede ser extraída de la congregación local de un pastor o de lo que aplica a todos los cristianos. En cualquier caso, la predicación sin amonestación y corrección no puede ser una predicación totalmente bíblica.

Sostiene y motiva a los cristianos

Afortunadamente, predicarle a los convertidos significa más que amonestar y corregir. Significa trabajar para sostener y motivar a los creyentes con la Palabra de Dios. El creyente es totalmente dependiente de la Palabra. Como dijo Jesús: «No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios» (Mateo 4:4; Deuteronomio 8:3). Esto significa que cuando un cristiano llega al sermón está llegando para ser alimentado por palabras de vida.

Por supuesto, el creyente puede ser alimentado por la Palabra de Dios durante otros momentos de la semana, pero la predicación juega un papel importante en su sostenimiento. Considera a Tito 1:1-3 donde Pablo describe la manera como la vida eterna se manifiesta en la Palabra de Dios a través de la Predicación. Los cristianos son alimentados y sostenidos por los sermones. Una pregunta que debemos hacer de cada texto es: «¿Cómo es que esto sostiene, defiende y motiva al cristiano?».

Pocas cosas me motivan más en mi propio ministerio de predicación que esto: la iglesia está reunida porque necesita la vida que es otorgada a través de la palabra predicada, ¡y no solo porque me necesitan a mí! Esto simplemente es la tarea que me han encomendado, el alimento espiritual que me han encargado preparar. ¡Qué privilegio es ser usado por Dios para sostener, alimentar, construir y edificar a su pueblo con su Palabra!

Santifica y fortalece a los cristianos

El Hijo oró para que los hijos del Padre fueran santificados y hechos más a la imagen de Cristo. Jesús sabía que sus seguidores enfrentarían todo tipo de sufrimientos y desprecios porque recibieron su palabra (Juan 17:14), pero él no oró para que fueran removidos del mundo sino para que fueran santificados. ¿Cómo es que los cristianos pueden ser más santificados? Jesús oró: «santifícalos en tu verdad; tu Palabra es verdad» (Juan 17:17). El mensaje de Dios santificaría a los hijos de Dios. Los cristianos son santificados cuando aprenden y aplican las buenas nuevas y toda la Escritura a sus vidas (comparar con 2 Timoteo 3:17). Una palabra santa hace que un pueblo sea santo.

Por supuesto, la santificación es principalmente una obra de Dios. Él es quien opera en la vida del creyente (Filipenses 2:13; Hebreos 13:20-21) y quien asegura que los cristianos tengan todo lo que necesitan para darle a él honor y gloria. Esto es exactamente lo que ocurre cuando él atrae a los santos para que se reúnan y escuchen las verdades de su Palabra. No es una sorpresa que sean motivados al «amor y las buenas obras» (Hebreos 10:24).

Los predicadores tienen la gloriosa oportunidad de ser usados en la vida de los pecadores con el fin de fortalecerlos para la tarea de caminar la verdadera vida cristiana. En el Salmo 1, el hombre bendecido que se deleita en la ley de Dios es como un árbol plantado junto a corrientes de aguas, un árbol que es fructífero y fuerte. La analogía no es difícil de entender. El cristiano es fructífero y fuerte cuando es alimentado y se deleita en la ley del Señor. Los sermones tienen una función en dirigir al cristiano a meditar en la ley de Dios. Aunque el predicador no puede hacer que los hombres sean bendecidos (¡afortunadamente depende de Dios y de su Espíritu hacer eso!), se le otorga el gran privilegio de alimentar al pueblo de Dios de la Palabra de Dios. El predicador puede ser como esas corrientes de agua, comunicando fielmente la Palabra de Dios y fortaleciendo ese árbol semana tras semana, mes tras mes y año tras año.

A diferencia del contable que observa el balance los libros a fin de mes, o el CEO que observa cómo la compañía cambia, quien sabe si el predicador alguna vez verá el fruto que es producido, las vidas que son cambiadas, ¡los corazones que son tocados! La mejor labor del pastor no puede ser medida de este lado del cielo. Dicho fruto no puede ser colectado en canastas. Sin embargo, el fruto está allí. La Palabra de Dios predicada, por su gracia, santifica y fortalece al pecador y lo prepara para su propia obra de gracia.

Desafía y haz crecer a los cristianos

Los discípulos necesitan crecer en su entendimiento e interpretación de la Escritura. Ellos tienden a ser muy descuidados con su ingestión de sermones. Al igual que esos bereanos de Hechos 17 que examinaban lo que escuchaban para ver si era verdad, la predicación expositiva sólida desafiará al discípulo otorgándole algo para pensar y examinar. Criticando la predicación superficial, James W. Alexander dijo una vez:

En estos sermones encontramos muchas verdades escriturales valiosas, muchas ilustraciones originales y conmovedoras, mucho argumento sano, exhortación penetrante y mucha unción. Considerándose a sí mismos y vistos como oraciones del púlpito, parecían abiertos a apenas una objeción, ya que como exposiciones de la Escritura son literalmente nada. No aclaraban ninguna dificultad en el argumento de los escritores inspirados y no otorgaban amplios prospectos del campo donde se encuentran sus asuntos, puede que sean repetidos por toda una vida sin tender en el menor grado a educar la congregación en hábitos de interpretación sana[6].

Los sermones que desafían y hacen crecer a los cristianos no tienen que ser fuertes o difíciles de entender (¡de todas maneras dicha predicación sería infiel e inútil!). Sin embargo, los sermones que desafían y ayudan a crecer a los cristianos son sermones predicados por hombres que se han volcado hacia el texto. Un pastor que toma tiempo para preparar el sermón casi no tiene que preguntarle al texto: «¿cómo es que este pasaje desafía o hace crecer al cristiano?», porque la Palabra de Dios está muy orientada a cumplir el propósito de ello (Isaías 54:10-11). Este esfuerzo llevará fruto mientras la congregación cosecha la recompensa de su diligencia.

En mi iglesia luchamos por ser fieles a la Escritura ya sea que estemos predicando algunos versículos o todo un libro a través algunos sermones, como hice recientemente con el libro de Job. Por primera vez en años, los estudiantes universitarios se están uniendo a la iglesia porque la predicación los desafía a crecer.

Una pareja mayor me dijo recientemente que le gustaba visitarnos porque podían tener discusiones espirituales acerca del sermón durante el almuerzo. No creo que nadie diría que hacemos un trabajo maravilloso comunicándonos con el mundo, ni que la predicación es emocionante, pero por la gracia de Dios estamos abriendo la Palabra de Dios ¡y eso es emocionante y cambia vidas!

Los cristianos buscan predicaciones que sean fieles a la Escritura y eso significa una predicación que incluya amonestación y corrección, sostenimiento y motivación, santificación y fortaleza, desafío y crecimiento. Ahora que hemos cubierto la predicación a los no creyentes y los creyentes, esto pudiera parecer un lugar normal donde detenernos, pero los predicadores necesitan ser sensibles a una categoría más: los miembros de la iglesia.

PREDÍCALE A LOS MIEMBROS DE LA IGLESIA COMO CUERPO CORPORATIVO

Para la mayoría de las iglesias, el mayor segmento de la congregación incluye hombres y mujeres que se han comprometido con ese lugar, ese ministerio y unos con otros. ¿Debería eso preocuparte mientras predicas? Pienso que sí.

Pablo describió la congregación de los santos en Colosas como «y no asiéndose de la Cabeza, en virtud de quien todo el cuerpo, nutriéndose y uniéndose por las coyunturas y ligamentos, crece con el crecimiento que da Dios» (Colosenses 2:19). Estos no eran simplemente discípulos, sino que estaban arraigados en la iglesia de Colosas y creciendo con un crecimiento que proviene de Dios. En Colosenses 3:15-16, Pablo continuó diciendo: «y la paz de Dios gobierne en vuestros corazones, a la que asimismo fuisteis llamados en un solo cuerpo; y sed agradecidos. La palabra de Cristo more en abundancia en vosotros, enseñándoos y exhortándoos unos a otros en toda sabiduría, cantando con gracia en vuestros corazones al Señor con salmos e himnos y cánticos espirituales». Observa que Pablo se dirigió a esta iglesia local como un cuerpo y les recordó que estarían unidos por la Palabra de Cristo. Esto sucedería mientras se reúnen a cantar la Escritura y escuchar la Escritura predicada.

Pablo aquí no se dirige a los cristianos como personas individuales sino como miembros de una iglesia en particular. Su reunión trajo unidad no porque estaban geográficamente más cerca sino porque la Palabra de Cristo vino a morar en ellos mientras compartían la misma enseñanza y la misma amonestación. Estaban bajo la misma autoridad porque reconocían a Cristo como su cabeza.

Lo mismo sucede en la iglesia local de hoy, y una de las razones que produce la unidad en los miembros es a través de la predicación de la Palabra de Dios. Juan Calvino habló de esto cuando describió el oficio del predicador. El predicador es alguien que produce unidad en el cuerpo. Comentando sobre la esperanza, Señor, fe y bautismo de la iglesia en Efesios 4, Calvino escribió:

En estas palabras Pablo muestra que el ministerio de los hombres que Dios usa al ordenar la iglesia es un vínculo vital para unir a los creyentes en un cuerpo… La manera en que él [Dios] opera es esta: Él distribuye sus dones a la iglesia a través de sus ministros y así se manifiesta allí ejerciendo la energía de su Espíritu y evitando que se convierta en algo inútil y sin fruto. De esta manera los santos son renovados y el cuerpo de Cristo es edificado, crecemos en todas las cosas para aquel que es la Cabeza y nos une unos con otros, somos todos llevados a la unidad de Cristo y mientras la profecía florece damos la bienvenida a sus siervos y no despreciamos su doctrina. Quien intenta eliminar este modelo de iglesia o lo desprecia como si tuviera poca importancia, está conspirando para arruinar la iglesia[7].

¿Por qué darle importancia a los miembros de la iglesia como cuerpo corporativo cuando tantas iglesias están creciendo dándole importancia a los que no son miembros? Porque la Biblia le da importancia a esas personas que son parte de la iglesia local como vemos en las epístolas del Nuevo Testamento. El cristianismo era vivido en el contexto de personas de diferentes orígenes que comparten el evangelio, eso era la iglesia. Y esto tuvo implicaciones radicales. Como lo escribiría Pablo: «de manera que si un miembro padece, todos los miembros se duelen con él, y si un miembro recibe honra, todos los miembros con él se gozan» (1 Corintios 12:26). Esto significa enrollarse las mangas e involucrarse en la comunidad de la vida de los demás.

La predicación bíblica normalmente debe estar dirigida a los cristianos no solo como personas individuales sino como personas que se han comprometido unos con otros como cuerpo local particular. Pregunta a cada texto: «¿cómo es que este pasaje aplica a nuestra vida como comunidad de fe?» Puede parecer extraño dirigirse solo a los miembros de la iglesia, ¡pero qué visión tan convincente de la iglesia para los que no tienen iglesia y para aquellos cristianos que deciden coquetear con la iglesia en lugar de comprometerse de verdad con ella! El pastor muestra su aprecio por aquellos cristianos que se han unido a la iglesia, y más importante aun su amor por la Palabra de Dios hacia los miembros unidos de su iglesia, cuando se dirige a ellos directamente de forma corporativa a través de la predicación.

CONCLUSIÓN

Mientras medito en la pregunta: «a quién le predica el predicador», hago eco de las palabras de Peter Adam, vicario de St. Jude, Carlton en Australia, quien escribió: «si somos siervos de Dios, de Cristo y de su Palabra, entonces el llamado del predicador es también ser un siervo del pueblo de Dios»[8].

Sí, pienso que el predicador debe ser sensible a los que no tienen iglesia, pero si solo tenemos como objetivo a los que no tienen iglesia el mensaje puede perderse o diluirse de tal manera que el pueblo de Dios sea mal alimentado. Esta no es una visión hermosa. Es importante predicarle a los que no tienen iglesia, pero es más importante enfocarse principalmente en los cristianos y recordar el valor de hablarle regularmente a esos creyentes que se han comprometido con la iglesia local.                           


 Traducido por Samantha Paz

 

 

  1.  «Predicándole a los que no tienen iglesia: una entrevista con James Emery White» en Preaching with Power: Dynamic Insights from Twenty Top Communicators [Predicando con poder: ideas dinámicas para los mejores veinte comunicadores], ed. Michael Duduit (Grand Rapids, MI: Baker Books, 2006), 227
  2.    Ibid., 230.
  3.   «Predicándole a los posmodernos: una entrevista con Brian McLaren» en Preaching with Power: Dynamic Insights from Twenty Top Communicators [Predicando con poder: ideas dinámicas para los mejores veinte comunicadores], ed. Michael Duduit (Grand Rapids, MI: Baker Books, 2006), 126-27.
  4.   Para ayudar a exponer esta historia, los predicadores expositivos encontrarán útiles estos pequeños libros: The Symphony of Scripture: Making Sense of the Bible’s Many Themes [La sinfonía de la Escritura: dándole sentido a los diferentes temas de la Biblia] (1990) por Mark Strom; God’s Big Picture: Tracing the Storyline of the Bible [El gran panorama de Dios: trazando la historia de la Biblia] (2002) por Vaughan Roberts; y gospel and Kingdom [e evangelio y el reino] ahora disponible en The Goldsworthy Trilogy [La trilogía Godsworthy] (2000). Estas impresiones sobre teología bíblica pueden ayudarte a comunicar la unidad de la Escritura cuando te encuentres predicando a través de la Biblia.
  5.   Ver el capítulo sobre predicación expositiva en el libro de Mark Dever titulado Nueve marcas de una iglesia sana (Crossway, 2004).
  6.   J. W. Alexander, Thoughts on Preaching [Pensamientos sobre predicación] (Carlisle, PA: Banner of Truth, Date), 239.
  7.   Juan Calvino, The Institutes of the Christian Religion [Los institutos de la religión cristiana], ed. Toney Lane y Hilary Osborne (Grand Rapids, MI: Baker Book House, 1986), 245.
  8.   Peter Adam,Speaking God’s Words: A Practical Theology of Expository Preaching [Hablando las palabras de Dios: una teología práctica de la predicación expositiva] (Downers Grove, IL: InterVarsity Press, 1996), 130.