Membresía

Por qué las iglesias deberían excomulgar a los que tienen mucho tiempo sin asistir

Artículo
16.04.2018

Algunos años atrás, escuché sobre una iglesia cuya preocupación había crecido acerca de su abultada lista de membresía. Luego de años de rendición de cuentas negligente, el número se había convertido en algo insoportable, y hasta falso. Su membresía «oficial» contabilizaba el doble del promedio de la asistencia—aumentada indudablemente por el miembro muerto, el miembro abandonado y el miembro con buenas intenciones,  pero que nunca está presente. Esta discrepancia oscurecía la identidad de la iglesia.

Por tanto, se les ocurrió una idea: pongamos la membresía en cero y, con el tiempo,  dejemos que aquellos que aún están presentes renueven su compromiso y vuelvan a hacerse miembros de la iglesia. Ellos pensaron que esto eliminaría a dos gigantes con la misma piedra lisa:

Primero, esto haría que la iglesia se acercara a todos los que están en su lista y,  con algo de suerte, les animaría a que volvieran a reunirse con Dios y su pueblo. Segundo, finalmente conocerían a los que tienen que cuidar, aquellas personas por los que un día rendirán cuentas.

Así que, durante algunos meses, contactaron a todos y les dieron una fecha cercana donde todos los que estaban dispuestos entregarían nuevamente su supervisión espiritual a esta iglesia en particular.  Para muchos esto era simple, porque nunca dejaron de asistir. Para otros, Dios utilizó la correspondencia para sacarlos de su apatía y volverlos a los asientos. Pero para algunos, las cartas fueron devueltas (o ignoradas), los correos rebotados (o ignorados), y las invitaciones a las reuniones cayeron en oídos sordos, si es que alguna vez cayeron en algún oído.

Y así, en poco tiempo, su pacto con esta iglesia fue eliminado como un golpe de teclado.

LAS BUENAS NUEVAS

Aunque estuvo llena de buenas intenciones, concluyo que lo que sucedió en la iglesia mencionada anteriormente fue una mala práctica pastoral. Cambia la parábola de la «Oveja Perdida» de Mateo 18 completamente así: «si un hombre tiene 100 ovejas, y 99 de ellas vuelven, ¿es que él se queda con las 99 y deja la que queda sola?».

Es bueno tener una lista más precisa de los miembros. Pero es mejor buscar a estos que no asisten con un fin específico: removerlos de la lista si están asistiendo a otra iglesia que predica el evangelio, restaurarlos si están felices de regresar, excomulgarlos si no quieren asistir a otra iglesia o no pueden ser localizados.

De hecho, quiero elevar un poco la oferta: buscar a los que tienen mucho tiempo que no asisten—no me refiero a los asistente inconsistentes, sino a aquellos que han estado totalmente ausentes por varios meses o años—y excomulgar a aquellos que no pueden hallar es una marca de una iglesia sana. Por supuestos, todo esto puede ser hecho con mano dura y muy mal. Pero debido a este abuso, debemos ser prudentes y cuidadosos, al no estar convencidos de que lo mejor es no hacer nada.

Esta práctica está totalmente de acuerdo con la enseñanza de la Biblia sobre lo que es una iglesia, lo que es un pastor y lo que es el amor bíblico. incluso si la persona que no asiste no tiene idea de que se está llevando a cabo una disciplina eventual o seguimiento, la iglesia actúa advirtiendo apropiadamente a aquellos que están presentes sobre los peligros de continuar la vida cristiana fuera de la iglesia local.

PRECEDENTE BÍBLICO

Con el ánimo bien alborotado, permítanme proveer un fundamento bíblico.

Texto #1: Mateo 18:10-35

Es importante entender el contexto de la enseñanza fundamental de Jesús sobre la disciplina de Mateo 18:15-20. Como un pastor lo expresó, «en la Biblia, la disciplina de iglesia es una operación de rescate».

Lo que precede toda esta enseñanza es la parábola de la oveja perdida. Jesús quiere ponernos en los zapatos de un pastor con 100 ovejas, para ilustrar el amor de Dios por su pueblo. Y sin embargo, la parábola plantea una pregunta: ¿qué hacemos si una oveja terca rehúsa volver?

La respuesta a esta pregunta está en el próximo bloque de enseñanza: lo buscamos, y si insiste en irse, entonces lo expulsamos, tratándolo como un pagano y un recaudador de impuestos. En otras palabras, nuestra relación con la persona que se va cambia. Excomulgar a alguien que ha dejado de asistir completamente, es en efecto, darle lo que pide. Es soltar la cuerda que están tratando de coger de nuestras manos. No es forzarlos a quedarse atados donde no quieren estar. Al mismo tiempo, es también rehusar a que ellos nos fuercen a declararlos «cristianos en buena posición» cuando en realidad no pensamos que podemos hacerlo.

Para aquellos que leen de cerca, esto plantea otra pregunta: ¿qué sucede si la oveja vuelve? Jesús parece responder esa pregunta con otra parábola, esta se refiere a un siervo implacable (18:21-35). El punto aquí es simple: perdonamos a aquellos que han pecado contra nosotros. ¿Por qué? Porque hemos sido perdonados por Dios contra el cual hemos pecado, una ofensa mucho más severa que cualquier desaire que hemos enfrentado.

En otras palabras, pastores—no en otras palabras, iglesias—perdonamos rápidamente, con gozo y totalmente a las ovejas que vuelven y se arrepienten porque sabemos que nosotros también hemos fallado, si no fuera por nuestra relación con Dios, fallaríamos una y otra vez, y hasta peor. Reflejando a David en el Salmo 23, este himno nos describe a todos:

Perverso y necio a veces me desvié,

Pero aún así él me buscó con amor,

Y en su hombre me recosté suavemente,

Y me llevó a casa gozoso.

« The King of love my shepherd is [El Rey del amor es mi pastor]» (Henry Williams Baker, 1868).

En resumen, Mateo 18 nos enseña el fundamento y la trayectoria de la disciplina de iglesia: buscamos a los miembros que fallan porque Dios busca a sus ovejas perdidas, incluso si es «sólo» 1 ó 99. Tristemente, esto a veces tiene como resultado la exclusión, porque alguna oveja perdida tiene la intención de permanecer perdida. Le damos lo que piden y la dejamos ir, pero insistiremos en hablarle honestamente cómo lo hacen. Sin embargo y afortunadamente, las ovejas perdidas tienen un camino para volver y cuando lo hacen debemos perdonarlas rápida y completamente, porque Dios en Cristo nos ha perdonado rápida y completamente.

Texto #2: Hebreos 10:23-25  [1]

A continuación los versículos en cuestión:

Mantengamos firme, sin fluctuar, la profesión de nuestra esperanza, porque fiel es el que prometió. Y considerémonos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras; no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos; y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca.

El autor de Hebreos tiene dos mandatos para nosotros. El primero está en el versículo 23: mantengamos, firme, sin fluctuar, la profesión de nuestra esperanza, una confesión que él explicó al destacar lo que Cristo cumplió por nosotros como nuestro sumo sacerdote. El mandato está fundamentado en la fidelidad de Dios (versículo 23).

Afortunadamente, el segundo mandato—estimularnos al amor y a las buenas obras—está acompañado de una aplicación inmediata. ¿Cómo hacemos esto? Simple: nos mantenemos reuniéndonos. ¿Por qué? Porque no podemos estimular a alguien que nunca vemos. Una vez más, el autor fundamenta su mandato y su aplicación en una promesa: nos reunimos y estimulamos porque vemos que el día del juicio se acerca, cuando nuestro Dios fiel y cumplidor de promesas regresará y nos reuniremos con Él para siempre. Aunque él escribió esto hace dos mil años, el autor de Hebreos parece conocer la situación moderna. ¿Te diste cuenta? «No dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre».

Ciertamente esta es la costumbre de algunos cristianos, descuidan congregarse. Al hacerlo,  pierden la motivación, se pierden el ser estimulados al amor y las buenas obras. Y eso no es todo: la ventaja en ver la obra de Dios en la vida cristiana se reduce, su confianza en su confesión de la esperanza se reduce, el recordatorio de un Dios que mantiene sus promesas se desvanece, y su visión, una vez clara, del día del Señor se oscurece.

Hablando de esto, ¿notaste lo severa que es esta advertencia? ¿El día del juicio? Entonces explícame, cómo es que remover a alguien de la membresía es algo tan severo. Imagina a que un miembro que no asiste a la iglesia llega al día del juicio y se le dice que el juicio eterno le espera. En ese momento, ¿Qué tan «amorosa» se verá esa iglesia que no hizo nada o quien borró su nombre de una computadora de forma discreta? ¿No tendría él toda la razón para estar molesto con esa iglesia: por qué no me advertiste?».

De hecho, nuestras imágenes tridimensionales de remoción actual puede ser lo más amoroso que podemos hacer porque advierten a las personas de la realidad potencial permanente de la remoción futura. Estos versículos de los Hebreos nos permiten buscar a los miembros que no asisten con nuestra Biblia abierta en un capítulo y un versículo, en lugar de una lista de sugerencias bien intencionadas y bien pensadas. Podemos señalar no sólo una violación a un mandato bíblico, sino también los beneficios ordenados por Dios que se están perdiendo.

Texto #3: Hebreos 13:17 (Hechos 20:28)

A medida que se acerca a la coda [2] de su correspondencia, el autor de los Hebreos exhorta a su audiencia:

Obedeced a vuestros pastores, y sujetaos a ellos; porque ellos velan por vuestras almas, como quienes han de dar cuenta; para que lo hagan con alegría, y no quejándose, porque esto no os es provechoso.

 Algunos versículos anteriores, específicamente el versículo 7, estos líderes son descritos como aquellos que «te hablaron la Palabra de Dios». Allí se nos dice que imitemos la fe de estos líderes, y consideremos el resultado de su forma de vida. Una implicación de estos versículos es que los líderes de iglesia (pastores, ancianos, etc.) deben vivir entre su pueblo de tal manera que las formas y resultados de sus vidas puedan ser consideradas y por tanto imitadas. Cualquier anciano que vive en una torre de marfil, por encima y fuera de su gente, está viviendo por debajo de su posición. Tronando ordenanzas y exhortaciones desde las nubes, este supuesto anciano no se da cuenta de que su gente no puede ni siquiera escucharlo. Él se está hablando a sí mismo.

Esto debe ser algo instructivo. Un miembro de iglesia que sólo escucha de sus pastores cuando ha hecho algo equivocado—como por ejemplo, no asistir a la iglesia durante un año—ofrece una objeción razonable (aunque no muy probable) cuando preguntan, «Bueno, ¿dónde estabas cuando sucedió lo que hizo que me fuera?». Es mucho más fácil y efectivo pastorear a alguien en su camino hacia la puerta que alguien que ya se ha ido.

Y aunque lo anterior es importante, centrémonos en el mandato que dice que obedezcamos a nuestros líderes y el porqué se nos dice esto. Debemos obedecer a nuestros líderes—asumiendo que están gozosos y no quejándose, calificados y en medio de su gente—porque un día ellos darán cuenta de nosotros.

 Este es un llamado único de un anciano. En el día final, darán cuenta de cada miembro puesto bajo su cuidado. Establecer las especificaciones de lo que esto significa sería demasiado; simplemente no sabemos. Pero por lo menos, si eres un anciano en una iglesia cuya lista de miembros es muy diferente de la realidad, entonces debes preguntarte qué significa esto para ti. Si estás dirigiendo una iglesia que le ha asegurado, a través del bautismo y/o membresía, a cientos o aún miles de personas que pasarán la eternidad con Jesús, pero no tienes ninguna idea dónde están, entonces debes por lo menos preguntarte qué significa esto para ti. Tal vez debes también comenzar a preocuparte.

Las palabras de Pablo a los ancianos de Efesios me vienen a la mente: «Por tanto, mirad por vosotros, y por todo el rebaño en que el Espíritu Santo os ha puesto por obispos, para apacentar la iglesia del Señor, la cual él ganó por su propia sangre» (Hechos 20:28). No existe ningún momento en que un anciano puede decir lo siguiente de un miembro de iglesia: oh, ¿él ya no es mi responsabilidad. ¿Por qué? Porque nuestro Señor los encarga de prestar un cuidado especial a todo el rebaño, ya sea que estén presentes o no, o deseen ser cuidados o no.

Cada miembro de cualquier iglesia local debe ser algo de mucho valor para sus líderes, porque lo es para Dios. No debemos sorprendernos de esto. Después de todo, observa su precio de compra.

PASOS PRÁCTICOS

El caso bíblico es claro. Buscamos los miembros ausentes de la iglesia por lo menos por tres razones:

  • Dios busca a la oveja descarriada.
  • Se nos dice que no dejemos de congregarnos con nuestros hermanos y hermanas. Este mandato no es opcional.
  • Nuestros ancianos darán cuenta a Dios por cada persona puesta bajo su cuidado. No hay excepciones.

Pero, ¿a quién le preocupa lo que la Biblia dice, si no hay nada en la vida de una iglesia que haga que su forma de actuar sea creíble? En un esfuerzo por arreglar esto, más abajo menciono algunos pasos para edificar la credibilidad.

  1. En tu pacto de iglesia, agrega una línea o dos que mencione lo que los miembros deben hacer cuando dejan de congregarse.

Mi iglesia anterior utilizaba esto: «nos uniremos, cuando nos movamos de este lugar, tan pronto como sea posible, a algunas otras iglesias cuando cumplamos el espíritu de este pacto y los principios de la Palabra de Dios». Ese debe ser el objetivo, breve, en general y en el punto. Por supuesto, las palabras de tu pacto de iglesia no son importantes si sólo acumulan polvo. Así que úsalas: en las clases de membresía, cuando tomas la cena del Señor, antes de comenzar las reuniones de miembros, periódicamente en la aplicación de tu sermón.

  1. Enseña a tus miembros sobre la autoridad y responsabilidad otorgada por Dios.

La disciplina de iglesia comienza y termina con los miembros de iglesia que ejercen su autoridad y responsabilidad otorgada por Dios. Afortunadamente, el proceso usualmente se detiene después del Paso #1, cuando el miembro A gentilmente confronta al miembro B y el miembro B responde con gratitud y arrepentimiento.

Pero durante esas ocasiones desafortunadas donde un miembro que peca permanece sin arrepentimiento, es importante destacar el involucramiento de toda la iglesia. Una dieta continua de enseñanza sobre esto, ayudará a las personas a ver que también aquí no hay razón para que ellos le digan a un miembro de iglesia que ya no es de su preocupación. La reclamación de un miembro ausente es un proyecto congregacional, no sólo para aquellos que son pagados o elegidos para cuidar.

  1. No seas territorial.

Frecuentemente he escuchado que excomulgar a los miembros que dejan de asistir es algo espiritualmente abusivo, que evidencia una impiedad y lujuria territorial por el controlar el mercado. Tal vez esto es verdad en algunos casos, pero no necesariamente.

De hecho, un cargo como este, simplemente no aplica para iglesias y pastores que son conocidos por su gran corazón. [3] Por tanto, envía regularmente a miembros a ayudar a otras iglesias. Comparte tu púlpito. Planta iglesias sin tu nombre o licencia eclesiástica. Ora por otras iglesias públicamente. No seas un cómplice denominacional. Construye amistades cooperadoras en los círculos raciales y teológicos.

  1. Olvida las buenas intenciones, depende específicamente de las políticas y procesos.

Como dijo una vez Don Carson, «nadie se desplaza hacia la santidad». Igualmente, ninguna iglesia se dirige hacia la salud. Por eso es que necesitamos estructuras y procesos extra-bíblicos que busquen reflejar y promover la enseñanza bíblica. Las clases de membresía, listas de miembros, un tiempo definido de ausencia antes de que alguien sea buscado, ninguna de estas cosas está en la Biblia. Pero, son esfuerzos para extraer la sabiduría de la Biblia en los procesos prudenciales.

No importa lo mucho que te preocupes sobre esto en lo más profundo de tu corazón, si no existen prácticas que apoyen tu convicción. En el ministerio pastoral, siempre habrá algo más urgente que, «buscar el miembro X que no hemos visto en seis meses». Estos asuntos son categóricamente no urgentes, pero eso no significa que no son importantes. Así que piensa en estas políticas y prácticas que ayudarán en este esfuerzo. Modifícalas para que se ajusten a tu contexto, y confía que el Señor bendecirá tu preparación.

  1. Enseña sobre la autoridad derivada de la iglesia.

Tu iglesia y sus miembros son reales, la autoridad otorgada por Dios, lo cual significa que debemos ejercerla con sobriedad y cuidado. Pasajes como Mateo 18:15-20 y 1 Corintios 5 son claros: las decisiones que tomamos cuando nos reunimos significan algo.

 Pero nunca debemos olvidar: nuestra autoridad, aunque depende del Señor, no es análoga a él. Perder esto significa cometer el error de la iglesia católico romana. En cambio, cuando enseñamos sobre la autoridad de la iglesia, debemos destacar lo que es real, que también es dependiente, limitado y errante.

Tal vez ese miembro que no puedes encontrar y del cual no has escuchado se mudó rápidamente, y como todos hacemos, olvidó decirlo a alguien. Tal vez estaban sirviendo felizmente en otra iglesia en otro lugar del país. He imaginado que estas situaciones serían la minoría, pero siempre suceden y por eso es que debemos enseñar constantemente a nosotros mismos y nuestra gente que excomulgar a alguien por no asistencia no es una declaración de que el miembro X ha sido eliminado del pueblo de Dios. Es simplemente una declaración de que, a pesar de nuestros esfuerzos, no sabemos donde él o ella están, y por tanto debemos retirar nuestra afirmación.

CONCLUSIÓN

Nunca he conocido a un cristiano maduro y en crecimiento que no haya asistido regularmente a una iglesia donde se predica el evangelio. Por el otro lado, he conocido docenas y docenas de cristianos profesantes que nunca (o escasamente) asisten a una iglesia. Sus vidas son un experimento en el cultivo de la subsistencia espiritual. No viven en inmoralidad abierta, pero su confianza en su profesión de fe se debilita cada día, debido a que la última vez que tuvieron comunión con Dios y estuvieron bajo la predicación de la Palabra flota más lejos. Probablemente nunca lo admitirán, pero se están convirtiendo en incrédulos aún de ellos mismos.

Supongo que pude haber dicho esto antes, pero solía ser miembro de la iglesia que mencioné en el principio. Años más tarde, permanezco estando muy agradecido de ello, ya que Dios me salvó allí y me discipuló bajo su fiel ministerio. Y sin embargo, lucho para no estar frustrado. Mientras escribo esto, muchas caras vienen a mi mente, caras de amigos que asistían a la iglesia conmigo. Fuimos juntos a grupos de jóvenes, campamentos de verano y grupos de rendición de cuentas. Éramos jóvenes, traviesos y necios, pero también estábamos tratando de convertirnos en cristianos serios, conscientes y genuinos.

Luego llegó la universidad, y nuestras vidas se separaron. Algunos fueron aquí; otros fueron allá; y otros no fueron a ningún lugar. Seguro que comenzaron en alguna iglesia, y luego en otra, y luego otra. Pero después de un tiempo, su compromiso errante se convirtió en una falta de compromiso, y su falta de compromiso en letargo, y su letargo en parálisis; y su parálisis finalmente, comenzó a parecerse a la muerte, ese destello de atención extinguida por la falta de atención bien intencionada. Con el paso de los años, desearé haber dicho más sobre esto a ellos.

Había una vez en que todos los nombres de estos amigos estuvieron en una lista que decían que pasarían la eternidad con Jesús. Más de una década después, este hecho puede parecer algo de poca importancia, separado de cualquier evidencia sustancial, descartable por un tecnicismo y por el estatus de las limitaciones. Pero eso está mal. Cada nombre fue escrito con un propósito, el resultado de una decisión seria de que Jesús es el Cristo, el Hijo del Dios Viviente, su Señor y Salvador. Esta decisión estuvo precedida por un bautismo en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

No sé si alguno de estos muchachos tiene una carta o un mensaje de correo electrónico, y si lo tienen, no sé si lo ignoraron. Pero lo que sí sé es que sucedió lo siguiente: su pacto fue borrado con  un click en un teclado. Oh, cómo deseo que alguien le haya advertido lo que significaban.

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[1] Sobre «reunirse juntos», vea Sam Allberry’s Why Why with Bother With Church? o la charla de Mark Dever «Razones para unirse a una iglesia», actualmente disponible en el sitio web de Ligonier.

[2] Período adicional con que se termina una pieza de música o poema. Hebreos es un escrito poético. Nota del editor.

[3] Todavía convencerá a aquellos que no desean estar no convencidos.