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Paternidad – Clase 9: Las chicas y la maternidad

Artículo
23.11.2018

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Clase esencial
Paternidad
Clase 9: Las chicas y la maternidad


Oremos antes de iniciar. 

Introducción

Esta es parte de la letra de un comercial que quizá hayas visto: «Puedo traer el tocino, freírlo en un pan  y nunca, nunca, nunca dejarte olvidar que eres un hombre… porque yo soy una mujer». El producto siendo vendido era algo llamado perfume «Enjoli». El comercial celebraba que la mujer podía tenerlo todo: trabajar, dirigir el hogar y ser atractiva. Al parecer, las letras son de una canción que añadían un brillo extra. Especialmente la última línea de uno de los versos: «Puedo superarte, hombre».

Bueno, quizá el comercial sea de la década de los 70s, pero este mensaje de indignación, sexualidad, competitividad e incluso superioridad es muy 2018. Hoy día, la mujer óptima parece ser un híbrido de masculinidad y femineidad. Desde «Lara Croft: Tomb Raider» o «La chica del dragón tatuado», hasta libros populares como la serie «Los juegos del hambre», se nos enseña que debemos admirar a la mujer guerrera.

Por supuesto, la vida no es una canción o una película. Ve al Washington Post o a la revista Slate y podrás escuchar cómo las mujeres batallan con los sacrificios y las dudas que implica «tenerlo todo». Tal vez has luchado con saber si ser mujer es diferente a ser hombre; o si criar a una hija es diferente a criar a un hijo. Quizá como esposo te has cuestionado cómo animar a tu esposa e hijas a invertir sus vidas. A lo mejor eres un hombre soltero que se pregunta qué busca en una esposa. No podemos responder todas estas preguntas en la mañana de hoy, pero podemos comenzar considerando el plan de Dios para las mujeres en sus roles como madres e hijas.

Antes de empezar, quiero reconocer mis límites. Como habrás notado, soy un hombre. Mis experiencias (y hasta cierto punto, mis cromosomas) no me han preparado para educarte, como lo expresa C.J. Mahaney, «acerca de los puntos más sutiles de la femineidad bíblica». Esto, enseña la Escritura, es la tarea de mujeres ancianas; y la próxima semana esperamos tener un panel donde puedas exponer algunas de esas preguntas más prácticas. Pero la mayoría de los puntos de la femineidad bíblica se encuentran en la Escritura. Dios mismo establece una visión para las mujeres. Hoy nos estaremos enfocando en esta amplia visión —en estos grandes puntos— inspirada por el Espíritu Santo para las mujeres y los hombres.

  1. Fundamento bíblico 

A. El gran panorama respecto al género 

Comenzamos rápidamente recordando el gran panorama de Dios respecto al género. Decimos que Dios quiere reflejar su imagen de manera diferente a través de los hombres y las mujeres, quienes son creados igualmente a esa imagen. «Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó» (Génesis 1:27). Por tanto, deberíamos tratar tanto a los hombres como a las mujeres con igual dignidad, sabiendo que los hombres y las mujeres tienen el mismo valor. Al mismo tiempo, los hombres y las mujeres no son intercambiables. Más bien, la idea bíblica es que los hombres y las mujeres se complementan mutuamente: se completan y sirven como la contraparte del otro. Dios nos dio estos roles complementarios para que podamos representar la relación de Cristo con su novia, la iglesia. Así es como nuestras vidas deben reflejar el evangelio.

A menudo este diseño complementario es debatido en términos de liderazgo y sumisión; pero en la Biblia, también está representado en sus actividades o roles. Como ya hemos visto, estos roles son parte del diseño original de Dios. Los diferentes roles entre los hombres y las mujeres no son el resultado de la Caída. El abuso de esos roles ciertamente lo es. Pero nuestros roles únicos, y nuestro diseño para adaptarnos a dichos roles, es el perfecto plan de Dios en la creación.

Pero esta idea es despreciada en nuestra cultura. Incluso al solo insinuarlo es probable que te tilden de «hater» o incluso peor. Esto no es algo nuevo. Hace casi 50 años, Betty Friedan ayudó a lanzar un movimiento para liberar a las mujeres de lo que ella veía como un estereotipo de la esclavitud. Esta «mística de la femineidad», según ella, encerraba a las mujeres en sus hogares, a los que llamaba «cómodos campamentos de concentración». La mística de la femineidad  (1983), p. 307. Como ya hemos dicho, el movimiento feminista fue en muchos aspectos una reacción a la abdicación masculina. Y no hay excusas para eso.

Pero como cristianos sabemos que solo la verdad puede hacernos libres, puede liberarnos. Así como estamos convencidos de que la Palabra de Dios es la verdad, estamos convencidos de que solo ella nos liberará. Elizabeth Elliot expresa este punto maravillosamente: 

«Debemos y condenamos los estereotipos que caricaturizan las distinciones divinas [entre hombres y mujeres]. Condenamos los abusos perpetrados por los hombres en contra de las mujeres… Pero, ¿acaso hemos olvidado los arquetipos? La palabra «estereotipo», por lo general, se emplea para denotar desfavorablemente un concepto o patrón establecido o convencional. Un arquetipo es el patrón o modelo original… No estoy aquí para defender los estereotipos del feminismo, sino para intentar enfocarme en el Modelo Original. 

La primera mujer fue creada específicamente para el primer hombre, como una ayuda, para unirse a él, para responderle, para someterse a él y  para complementarlo… Pero Eva, al negarse a aceptar la voluntad de Dios, rechazó su femineidad; Adán, en su rendición a la sugerencia que ella le hizo, abdicó su responsabilidad masculina por ella. Esta fue la primera ocasión en que vemos lo que ahora reconoceríamos como la «inversión en los roles». Esta desafiante desobediencia arruinó el modelo original y las cosas han estado en un horrible caos desde entonces». BMW, p. 397. 

Y luego, como si se tratase de una respuesta directa a Friedan, Elliot cierra con esto:

«El mundo busca felicidad a través de la afirmación personal. El cristiano sabe que su gozo se encuentra en la renuncia al yo». [Y, por supuesto, Jesús dijo: «El que halla su vida la perderá, pero el que pierde su vida por causa de mí, la hallará». Mateo 10:39].

Hermanos y hermanas, esta batalla entre los Friedans y Elliots del mundo, llámese la «batalla de las Bettys» bien podría ser el problema determinante al criar a nuestras hijas. Echa un vistazo a la cultura. Está intensamente interesada en contestar el clamor de los corazones de nuestras hijas: «¿Quién soy?». Y ofrece la misma respuesta que hizo que Eva tropezara. Pero Dios ofrece una «magnanimidad de vida no soñada por los libertadores del mundo» que se encuentra al celebrar las diferencias entre los sexos. En las Escrituras, vemos que para las mujeres, la libertad significa ser para lo que fueron creadas: mujeres. 

B. La suficiencia de las Escrituras 

Si vamos a hablar fielmente acerca de la femineidad, necesitamos apoyarnos en la Biblia. Sin embargo, como lo señalan Carolyn Mahaney y sus hijas en su excelente libro «Girl Talk» [Charla de chicas], el lenguaje bíblico está muriendo. ¿Ayudante? ¿Controlada? ¿Afable y apacible? ¿Sumisa? ¿Madre? ¿Estás hablando en serio?

¡Sí!

En primer lugar, es lo que la Biblia dice. Y cuando comenzamos a ver el diseño de Dios, es sorprendente lo mucho que Él tiene que decir. Ya sea Génesis 2, Proverbios 31, Efesios 5, Tito 2, 1 Timoteo 2 y 5, o 1 Pedro 3, se nos dice el propósito para el cual fue creada la mujer, el contexto en el que normalmente cumplirá ese propósito, y los rasgos que deberían caracterizarla… (No quedamos sin respuesta ante la burla del mundo. Si la resistente oposición del mundo a la femineidad bíblica es un océano embravecido, la Biblia no es una barca que se abre camino en medio de la tormenta, ¡es una roca inmensa con el faro!).

En segundo lugar, Dios es así. Siempre me sorprende que muchos cristianos estén listos para alegar que, para que los hombres y las mujeres sean iguales, deben ser intercambiables. Sin embargo, piensa en la Trinidad. ¿Son iguales el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo? ¡En todos los sentidos! Eso está en el corazón de la doctrina. ¿Son intercambiables? ¡No! Cada uno cumple un rol particular. Explícale a tus hijas que, para Cristo, nuestro Señor y Salvador, eso significó humillación y muerte. Él dijo constantemente: «Yo hago la voluntad de mi Padre». Y, sin embargo, recibe toda la gloria junto al Padre y el Espíritu. El género en sí es un hermoso reflejo de la naturaleza de Dios y el evangelio.

En tercer lugar, esto no es nuevo. No estoy diciendo que, en nuestra vida, los ataques hacia la femineidad bíblica no se han tornado extremadamente fuertes. La reciente guerra contra ella es feroz, y necesitamos tomarla en serio. Pero recuerda que esto no es nada nuevo en la historia, no es algo que haya tomado a Dios y a la Biblia por sorpresa. La Biblia tiene todo lo que necesitamos saber acerca de cómo vivir y cómo responder al mundo.

  1. ¿Qué es la femineidad bíblica, y cómo la enseñamos? 

A. Definición: 

Entonces, ¿cómo es este reflejo femenino de la imagen de Dios y el evangelio?   Aunque cualquier definición estará inevitablemente incompleta, John Piper la define útilmente de la siguiente forma:

«En el corazón de una femineidad madura hay una libre disposición para afirmar, recibir y nutrir la fortaleza y el liderazgo de hombres dignos de formas que sean apropiadas en las diferentes relaciones de la mujer». BMW, 46. 

Al igual que en la definición de la masculinidad, encontramos la palabra «madura». Yo agregaría «bíblica». No queremos cualquier femineidad para nuestras chicas. El mundo ofrece muchas versiones. Una versión popular en la actualidad se parece mucho a la masculinidad: es independiente, asertiva y vocal. Otra versión se parece a la prostituta de Proverbios. (Solo pregúntale a cualquier madre de una chica en sus años de adolescencia (o incluso a las «preadolescentes») cuán fácil es encontrar, no solo ropa modesta, sino actualizada). Otras versiones son un híbrido de estas. TODAS animan a las mujeres a enfocarse en sí mismas: a promoverse en sus profesiones y placeres, y a autoadorarse al usar sus cuerpos para ejercer poder sobre los hombres.

Pero Tito 2 ilustra a una mujer cristiana madura. «Las ancianas», escribe Pablo a Tito: «enseñen a las mujeres jóvenes a amar a sus maridos y a sus hijos, a ser prudentes, castas, cuidadosas de su casa, buenas, sujetas a sus maridos, para que la palabra de Dios no sea blasfemada» (Tito 2:3-5). Ésta es una mujer que se centra en los demás y que busca glorificar a Dios, no a ella misma. Ama a su esposo y a sus hijos, y su principal enfoque no es su desarrollo individual. Es prudente, controla sus emociones y su boca, y no al revés. Es casta, no consume novelas románticas ni se viste para seducir. Es cuidadosa de su casa, saca provecho a su hogar como su lugar principal de ministerio fructífero para su esposo, sus hijos, la iglesia y el mundo. Es buena, cuida de otros. Y se sujeta a su marido, retratando la amorosa sumisión de la iglesia a Cristo.

Por favor, observa que aunque hemos mencionado a un esposo e hijos, la femineidad bíblica es para todas las mujeres en todos los tiempos. La femineidad bíblica comienza cuando un bebé nace siendo mujer. Y una mujer no tiene que estar casada para vivir una vida fiel bíblicamente. Sea que Dios haya ordenado que nuestras hijas se casen o estén solteras, queremos ayudar a capacitar sus ambiciones con la Escritura y brindarles las habilidades para vivir dichas ambiciones bíblicas. Y madres, recuerden que sus hijas son las «mujeres jóvenes» que deberían recibir su atención y capacitación, hay cosas específicas que Él quiere que les enseñes.

B. Sé modelo… MÁS 

Para comenzar, madres: dedíquense a entender estas cosas. Reconozcan que la batalla aquí es por su mente, ¿se amoldará al patrón de este mundo? Estos asuntos requieren reflexión y estudio. Lee libros como Feminine Appeal [Atractivo femenino] y Radical Womanhood [Femienidad radical]. Comprende firmemente que la igualdad no implica intercambiabilidad, como sucede en la propia Trinidad. Obtén una imagen compuesta de una mujer madura y piadosa para ti.

Luego, a medida que entiendas y abraces estos rasgos, modélalos. Deja que tu hija(s) te vea sirviendo en el hogar y a los demás. Deja que vea tu confianza en el liderazgo de tu esposo (no significa que estés siempre de acuerdo, después de todo, eres ayuda idónea. Pero muestra respeto y confianza durante y después de la decisión).

Si estás soltera, y no crees tener el don de la soltería, ¿aspiras a un matrimonio en el que tu esposo y tú desempeñen roles bíblicos complementarios? ¿Aprovechas tu vida de soltera para servir a otros? ¿Te sometes al liderazgo masculino apropiado en tu vida actualmente (por ejemplo, a tus pastores)?

Padres, nosotros, también, debemos entender el ataque cultural que enfrentan nuestras esposas e hijas. Estudia este problema, lee libros, y decide adoptar estas prioridades bíblicas para las mujeres en tu familia, y provee la clase de liderazgo fuerte bajo el cual puedan prosperar.

Pero ser de ejemplo no es suficiente. La oposición cultural es demasiado fuerte. Nuestras hijas también necesitan: instrucción, oraciones, capacitación práctica y amor.

  1. Instrucción. Y comencemos dejando en claro que consideramos que nuestras hijas no son intercambiables con nuestros hijos, y que nuestras metas para ellas son diferentes. Recuérdales a tus hijas que Dios las hizo maravillosamente femeninas. Ayúdales a entender que ser mujer implica mucho más que tener el cabello largo y usar vestidos; son mujeres en su interior.

Madres, enséñenles que ser mujer y vivir el diseño de Dios para las mujeres es un gran llamado, al igual que su diseño para los hombres. Enséñale a tu hija lo que hablamos anteriormente: a cómo mostrar el carácter de Cristo; que no eres esclava de la tradición, sino que vives libremente a imagen de Dios bajo la autoridad de su Palabra. Considera especialmente cómo estás entrenando los amores, anhelos y ambiciones de su corazón. ¿Qué metas y esperanzas tienes para ella? ¿Se encuentran en algún lugar de la Palabra de Dios?

Padres, para reforzar esto, sugiero que tomemos una página del libro de uno de nuestros antiguos miembros, y recordemos constantemente a nuestros hijos que nuestras esposas son increíbles. Su esposa decía que sus hijos pensaban que ella era una súper mujer, por las cosas que su esposo decía de ella. Elógiala frente a ellos. Es maravilloso que nuestros hijos vean a sus madres de esta manera, y esto también establece una visión para nuestras hijas.

  1. Oraciones. En nuestras oraciones por ellas, queremos dejar en claro que no solo queremos a una hija que ame Cristo, queremos a una mujer que ame a Cristo. También debemos usar estos términos bíblicos: «Padre, haz de [____] una mujer piadosa. Ayúdala a ser prudente. Hazla pura y gentil así como Jesús, nuestro buen Pastor, es gentil… Prepárala para ser una ayudante fuerte y hermosa. Dale la belleza de un espíritu afable y apacible…». Y así sucesivamente. Ora la Biblia, y pídele a Dios que haga de estas cosas el anhelo de su corazón.
  1. Capacitación. También recuerda que nuestras hijas necesitan capacitación práctica. Muéstrales y enséñales cómo mantener un hogar. Señala las cosas específicas que haces para mostrar amor a su padre. ¡No subestimes lo práctico! Muchas mujeres llegan al matrimonio solo para darse cuenta que recibieron entrenamiento para muchas cosas, pero no para ser una esposa y una madre, para ser femeninas bíblicamente. [Solteras, pueden continuar preparándose compartiendo con mujeres casadas y pidiéndoles que expresen sus consejos…].

La capacitación práctica también se extiende a las cosas espirituales. Por ejemplo:

  • Pureza. Puedes enseñarle a tu hija a ser modesta desde muy joven. Explícale que nuestros cuerpos no fueron creados para llamar la atención y no son un objeto que deba ser perfeccionado. Gracias a American Idol y High School Musical, las chicas aprenderán rápidamente a vestirse y mover sus cuerpos para ejercer poder sobre los hombres. Enséñale cómo luce un vestido modesto, y que la modestia es en realidad más hermosa.
  • Bondad. Cultiva la bondad animándola a expresarse correctamente, a no ser chismosa ni altanera. Conversa con tu hija acerca de la belleza del corazón, la belleza «de un espíritu afable y apacible, que es de gran estima delante de Dios». Incluso a temprana edad (5, 6, 7 años), puedes ver el espíritu de una niña que, si no se corrige con amor y firmeza, crecerá para ser una esposa mandona, quisquillosa y maliciosa que intentará usurpar la autoridad de su marido y gobernar sobre él.
  1. Amor. Finalmente, nuestras hijas necesitan amor. Tito 2 dice «amen» a sus hijos. ¿Cómo? Rápidamente, he aquí seis recomendaciones de Carolyn Mahaney: Ora, interésate, escucha atentamente, anima, expresa afecto, crea recuerdos (de Girl Talk).

Veamos ahora algunos aspectos de la definición de la femineidad que dimos anteriormente:

C. La femineidad bíblica es una «libre disposición». 

Recuerda lo que dijo Elizabeth Elliott:

«El mundo busca felicidad a través de la afirmación personal. El cristiano sabe que su gozo se encuentra en la renuncia al yo. La verdadera libertad de una mujer cristiana se encuentra al otro lado de una puerta muy pequeña –la obediencia humilde–, pero esa puerta lleva a magnanimidad de vida no soñada por los libertadores del mundo…».

¡Nuestro Padre sabe que esto es un desafío! Considera 1 Pedro 3:5,6 donde él exhorta a las mujeres a «esperar en Dios…. Sin temer ninguna amenaza». Ánimo, hermanas. La cultura las despreciará. Pero en Cristo, las mujeres no son esclavas del temor. Enséñenles a sus hijas que pueden confiar en el diseño de Dios, porque pueden confiar en Dios. Él las bendecirá en este rol que les ha dado.

Madres/señoritas: ¿Están convencidas de que esto es la libertad? Deben estarlo, y disfrutar su rol. ¡Están en el centro de la voluntad de Dios! Mujeres solteras, exploren lo que significa que Dios las ha hecho mujeres. Consideren formas en las que pueden haber adoptado el pensamiento mundano y podrían haber rechazado el diseño de Dios. ¿Están tomando sus señales del mundo o de las Escrituras?

Para sus hijas: Enséñenles que serán más felices haciendo los que Dios las ha llamado a hacer (…¡y muéstrenles cómo!). Hablen acerca de la femineidad bíblica como un lugar de bendición y seguridad. No es una vida de dones desperdiciados y oportunidades perdidas, sino una vida bien usada para la gloria de Dios. Muéstrenles cómo son como Cristo cuando asumen este rol; Dios toma este rol. Anímenlas a confiar en Dios con sus vidas, a no ceder ante el miedo, y a cultivar la belleza interna de un espíritu afable y apacible, y no de adornos externos.

D. La femineidad bíblica afirma y recibe la fortaleza y el liderazgo de hombres dignos.

Las mujeres afirman activamente el liderazgo de los hombres cuando viven alegremente bajo la autoridad de sus esposos, padres o ancianos de la iglesia. Esto aplica en cada temporada de la vida. Independientemente de que sean jóvenes o ancianas, casadas o solteras, las mujeres pueden expresar su femineidad al afirmar el liderazgo piadoso de hermanos dignos en Cristo. De hecho, John Piper escribe: «Una mujer madura se alegra cuando un hombre respetuoso, atento y recto ofrece una fuerza sensible y provee un patrón de iniciativas apropiadas en su relación. Ella no quiere invertir estos roles. Se alegra cuando él no es pasivo. Se siente mejorada, honrada y libre por su cuidado y liderazgo servicial». BMW, 48.

La mujer cristiana madura recibe la provisión y autoridad de su esposo como una rica bendición, no como una provocación. Si está soltera, no compite con los hombres para demostrar que es tan buena como ellos, en cambio, se alegra en sus diferencias y se apoya en sus fortalezas.

Madres: ¡Aspiren ser lo opuesto a la esposa peleona! ¿Debilitan su liderazgo al quejarse de sus esposos con otras personas? ¿O en persona, por llegar tarde del trabajo o por alguna decisión familiar tomada? (Esto, por supuesto, no significa que no deben hablar acerca de esas cosas; es una cuestión de cuándo y cómo). ¿O están enseñando acerca de la bondad del liderazgo de sus esposos? Deben decir cosas como: «Es bueno que tu papá dirija nuestra casa. Dios le dio esa responsabilidad y seguiremos su liderazgo». Solteras, ¿trabajan de manera apropiada para afirmar el liderazgo de los hombres dignos o designados por Dios en sus vidas?

Para sus hijas: Animen a sus hijas a afirmar el liderazgo de sus padres. Aunque no es una analogía exacta, será una buena práctica para la vida en la iglesia y, si Dios quiere, para el matrimonio. Ayúdenlas a entender que así es como deben vivir bajo la autoridad de Dios.

Enseña a tu hija a disfrutar y pedir el consejo y la ayuda de su padre. Por ejemplo, considera hacer que le muestre a su padre la ropa nueva que compró para un control  de modestia. No estamos diciendo (en respuesta a las objeciones del mundo) que nuestras hijas no deberían ser sabias, capaces y competentes… ¡al contrario! Pero el deseo de sus corazones debe ser prosperar bajo el liderazgo, la protección y la provisión de hombres dignos que expresen su sabiduría, capacidades y competencias.

Padres, ¿están cultivando su relación con sus hijas para que ellas sientan la bendición de vivir bajo el liderazgo de un hombre benevolente y piadoso? Sé un refugio para tus hijas. Esto les enseñará algo acerca de su amoroso Padre celestial y las preparará para buscar un esposo cariñoso semejante a Cristo. Y cultiva tu relación con tu esposa, para que ella sienta eso y pueda afirmarlo con gusto a sus hijas.

E. La femineidad bíblica nutre. 

Es una libre disposición para nutrir la fortalezca y el liderazgo de hombres dignos. Aquí nos basamos en el llamado central de la mujer descrito en Génesis: ella debía ser «una ayuda idónea» para el hombre (Génesis 2:18). Dios dijo que no era bueno que el hombre estuviese solo; así que le proveyó una ayudante. Como lo expresa un antiguo pastor de CHBC, el problema de Adán no era la soledad, él estaba en perfecta comunión con Dios, el problema era la incompetencia. ¡Necesitaba ayuda! Aquí llegamos a una parte clave de la visión de Dios para la mujer: ser ayuda idónea para el hombre.

¿Qué significa ser una «ayudante»? Nuestra reacción ante esta palabra, especialmente para las mujeres, puede ser temblar. Tenemos la imagen de «la pequeña ayudante de mamá, una persona innecesaria, tal vez incluso un obstáculo, alguien que dejas que te «ayude» para su beneficio, ¡pero no para el tuyo!». Pero ser ayudante en la Escritura es una palabra fuerte. La gran mayoría de las veces se usa en referencia a Dios: Dios es el «ayudador» de Israel. En el Nuevo Testamento, Cristo llama al Espíritu Santo «el Ayudador». Las mujeres no ayudan desde una perspectiva de debilidad; ¡ayudan porque tienen una fuerza tremenda ordenada por Dios para hacerlo!

Proverbios 31 es una ilustración maravillosa de esta mujer trabajadora, hábil y experimentada que usa sus habilidades e inteligencia para servir a su familia, hogar y comunidad. Ella personifica los rasgos de Tito 2. Uniendo estos pasajes, obtenemos una imagen compuesta de la femineidad bíblica desde tres ángulos. Las mujeres ayudan a sus esposos, a sus iglesias y al mundo.

  1. Las mujeres ayudan a sus esposos. Esto comienza con la orientación misma de las mujeres: Ellas ayudan a sus esposos al ser orientadas por ellos, y no principalmente por ellas mismas. (Como vimos anteriormente, esto no significa que un esposo debe orientarse a sí mismo: debe ser orientado por Dios y guiar a su familia para que sirva a Dios).

Una manera básica en que las mujeres ayudan a sus esposos es teniendo y criando hijos. Como vimos en las clases anteriores, vemos desde Génesis 1 que Dios ha querido propagar su imagen en el mundo en parte a través de la procreación. El Salmo 127 nos enseña que los hijos son una bendición y que son «saetas en manos del valiente».

Mujeres, Dios les ha dado un don especial y un llamado a tener hijos. Dios las ha hecho proveedoras de  vida. Queremos cultivar el amor por la vida y el amor por los hijos en nuestras hijas cuando son jóvenes y a medida que crecen. Muchos en nuestra cultura menosprecian a los hijos como obstáculos para la realización personal. Queremos capacitar a nuestras hijas para que comprendan que los hijos son una bendición y ayudarlas a aprender a cuidar de ellos. Hermanas solteras, consideren su disposición hacia los niños y cómo podrían, si no lo han hecho, cultivar una preocupación y habilidad para cuidar de ellos. Tal vez tengas sobrinas o sobrinos. Ciertamente tienes muchos sobrinos y sobrinas espirituales aquí en CHBC. Considera adoptar una familia y conocer a los niños. [Jen Lam llevó al hijo de Nichols, Curtis, y luego a los 2, a unas «citas» en Starbucks].

Las mujeres también cumplen su trabajo de crianza de los hijos y ayudan a sus esposos al ser, como dice Pablo, «cuidadosas de su casa» (Tito 2:5, véase también 1 Ti. 5:14). Interpretando los textos del Nuevo Testamento acerca de este punto, Andreas Kostenberger, autor de God, Marriage, & the Familiy [Dios, el matrimonio y la familia], escribe: «Las mujeres deben dedicarse principalmente al hogar, a supervisar sus casas con discreción y trabajo». Principalmente. Así no es como la cultura les dice a las mujeres que piensen sobre el hogar. Pero es como la Escritura dice que deberían pensar. En esto consisten Proverbios 31 y Tito 2. Eres la administradora y supervisora de tu hogar; eres la directora de operaciones de una empresa con un lugar de negocios específico: el hogar.

En su excelente libro acerca de la crianza de los hijos, John MacArthur indica sabiamente que esto no quiere decir que una mujer no puede trabajar fuera del hogar.        Pero si ella no se dedica principalmente al hogar, no puede darles técnicas de crianza que compensen esa supervisión estructural. John Piper ora para que las mujeres:

No solo se planteen la pregunta: ¿profesión o ama de casa a tiempo completo?, sino que en cambio se planteen seriamente: ¿profesión a tiempo completo o libertad para el ministerio? ¿Qué será mejor para el reino: trabajar para alguien que te diga lo que debes hacer para hacer que su negocio prospere o ser la agente libre de Dios soñando acerca de cómo tu tiempo, tu hogar y tu creatividad podrían hacer que el negocio de Dios prospere? BMW, p. 56.

Hermanos y hermanas, ¿quieren establecer grandes metas para sus hijas? Enséñenles la alegría de usar su tiempo, hogar y creatividad para «hacer que el negocio de Dios prospere». Enséñenles a no seguir tendencias seculares o expectativas de estilos de vida, sino a fortalecer a sus familias y promover el avance de la causa de Cristo. Mujeres solteras, establezcan esta visión para sus hogares. Por supuesto,  en sus trabajos, sirvan allí con todo su corazón, ¡como si estuviesen sirviendo a Cristo! Pero, ¿cómo pueden usar sus hogares para construir el reino de Dios?

  1. Las mujeres ayudan a sus iglesias. Madres, preparen a sus hijas para una vida de servicio no solo en sus casas, sino también en la «casa de Dios», la iglesia. Déjenles ver la importancia de la iglesia en la vida de sus familias, y ayúdenles a ver que la femineidad bíblica no solo la adorna a ella o a su familia, sino también al cuerpo de Cristo. Pídanles que trabajen con ustedes donde puedan (llevando comidas a las nuevas madres o ayudando a un miembro anciano, por ejemplo). E incluso cuando las mujeres no están casadas, pueden emplear sus talentos en la iglesia. Nuestra iglesia está llena de tales mujeres. Si no estás casada, considera cómo puedes empeñarte «en hacer buenas obras» (Tito 3:14), y servir para ayudar al pueblo de Dios.
  1. Las mujeres ayudan al mundo. La familia piadosa edifica a la iglesia. La iglesia representa visiblemente a Cristo a un mundo expectante (de igual manera la familia…). Señoritas, su diligente servicio en sus hogares, levantar a una generación piadosa que edifique el cuerpo de Cristo, ¡es un medio poderoso para hacer avanzar el reino de Dios! Proverbios 31 habla de esta sabia mujer que alarga su mano al pobre. La vemos usar su hogar para servir al menesteroso. Las mujeres bíblicamente femeninas no son insulares. No, ¡sus hogares son puestos de avanzada del evangelio! Su amor siempre está tratando de hacer bien a otros en la iglesia y en el mundo.

Madres: Consideren el peso, la magnitud, el impacto de lo que Dios las ha llamado a hacer. Tu ayuda a menudo puede parecer mundana. Esfuérzate por recordar a quién sirves realmente, ¡y las poderosas manos en las que tu trabajo es un instrumento!

Para sus hijas: Al pensar en su educación y metas, ¿qué las estás animando a hacer? ¿Animas a tus hijas a ser mujeres profesionales para su realización personal, o para usar su diseño de ayudantes, en cualquier temporada o situación que se encuentre? Enséñales a quién sirven realmente, y ¡y las poderosas manos en las que su trabajo es un instrumento!

También queremos alentar a nuestras hijas a que no caigan en una visión demasiado romántica del matrimonio. Sí, se trata del hombre. En sí misma, esa es una visión egocéntrica del romance, no una visión bíblica de la feminidad. Por todos los medios, debemos afirmar el deseo de nuestras hijas por el romance. Cantar de Cantares está en la Biblia. El movimiento de «las princesas» puede no ser del todo malo. (Lo escuchaste aquí primero). Pero las hijas bíblicas del Rey normalmente no solo van a los bailes; ¡Son trabajadoras! Enséñeles que el matrimonio es, en parte, una vocación que viene con un lugar de trabajo y deberes.

Conclusión

Para finalizar, mientras capacitamos a nuestras hijas, cultivémoslas para que sean mujeres abnegadas, que busquen glorificar a Dios, y que aspiren a los rasgos y la vida que Dios les da en las Escrituras. Hermanas, gracias por lo bien que lo hacen muchas de ustedes en una cultura que a menudo desprecia lo que hacen. Anímense porque al vivir vidas bíblicamente femeninas están en el centro de la voluntad de Dios, en su lugar de máximo ministerio; y, si tienen hijas, tienen la oportunidad de moldear a la próxima generación de hijas para que la imagen de Dios se muestre al mundo de manera más completa y bella.