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Paternidad – Clase 6: ¿Qué hacer cuando no puedes llegar al corazón?

Artículo
23.11.2018

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Clase esencial
Paternidad
Clase 6: ¿Qué hacer cuando no puedes llegar al corazón?


Introducción

¿Qué hemos estado aprendiendo?

La semana pasada… La comunicación bíblica. Somos almas vivas hechas a imagen de Dios. Nuestros hijos también lo son. Así que hacemos más de lo que podemos para afirmarlos. Nos relacionamos con ellos y les comunicamos la verdad de Dios.

¿Cómo nos comunicamos? Al criarlos, a menudo nos limitamos solo a las reglas, la corrección y el castigo. Sin embargo, la Biblia nos da una rica selección de formas de comunicarnos con nuestros hijos: Estimulo; Reprimenda; Ruego; Instrucción; Advertencia; y Oración. Debemos usar todas esas formas de comunicación, o de lo contrario limitaremos nuestra capacidad de comunicar el evangelio a nuestros hijos.

¿Cuándo y dónde? Todo el tiempo y en todas partes: «Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón; y las repetirás a tus hijos, y hablarás de ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte, y cuando te levantes. Y las atarás como una señal en tu mano, y estarán como frontales entre tus ojos; y las escribirás en los postes de tu casa, y en tus puertas» (Deuteronomio 6:4-9).

¿Qué comunicamos? Fundamentalmente: Las Escrituras.

  • Salmo 119:105: «Lámpara es a mis pies tu palabra, y lumbrera a mi camino».
  • Hebreos 4:12: «Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón».

Y dijimos que significa no solo «citar la Biblia», sino también comunicar constantemente las verdades de la Palabra de Dios y aplicarlas a todo el espectro de la vida en cada oportunidad.

Luego, hace dos semanas: ¿Cuál es el objetivo de nuestra comunicación? Llegar al corazón (es decir, prepararlos e instruirlos al nivel de las actitudes de sus corazones, no solo su conformidad externa).

La Escritura enseña que el corazón es el centro de control para la vida. La vida de una persona es un reflejo de su corazón. Proverbios 4:23: «Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón; porque de él mana la vida». No queremos que nuestros hijos simplemente actúen como cristianos.

Pero tampoco podemos cambiar los corazones de nuestros hijos. Podemos instruirlos, rogarles, mostrarles, pero no cambiarlos (eso es obra del Espíritu Santo).

Mientras tanto, nuestros hijos están ocupados «comportándose», y debemos lidiar con eso, incluso si las actitudes de sus corazones siguen siendo una obra en progreso…

La obediencia

El seguimiento de los corazones de nuestros hijos debería ser nuestro principal enfoque al criarlos. Sin embargo, todavía tenemos que lidiar con la conducta. No podemos simplemente ignorar un mal comportamiento solo porque sabemos que nace de un corazón malo. (Un doctor debe tratar la causa subyacente, pero no simplemente ignorar los síntomas. Debemos recordarles a nuestros hijos las exigencias de la ley de Dios, y cómo vivir en el mundo). En la vida, enfrentarás muchas situaciones donde la necedad de tu hijo se combinará con circunstancias difíciles o extrañas, y te verás forzado a dejar a un lado temporalmente el enfoque en el corazón para enfocarte en la conducta.

Esto podría ser debido a:

Una situación urgente en particular: Tu hijo de 3 años de edad está parado en medio de la calle y un automóvil viene hacia él. ¿Tienes tiempo para llegar al corazón? ¿Para ayudarle a entender la locura de pararse en la calle y desear sabiduría? ¡No! Necesitas que obedezca de inmediato mientras gritas: «¡Sal de la calle ahora mismo!».

Las etapas del desarrollo: Los niños de 2 años de edad (24 meses) dicen aproximadamente 250 palabras. Los niños de 3 años de edad (36 meses) dicen cerca de 1000 palabras. [Generalmente…]. Ese es un salto de cuatro veces su capacidad de comunicarse. A fin de revelar sus corazones, nuestros hijos tienen que ser capaces de explicar por lo que están pasando. Como dijimos en nuestra clase acerca de la comunicación: la paternidad es tanto un monólogo como un diálogo. Pero cuando un hijo está limitado a 250 palabras o menos, no hay mucho que pueda decir para transmitir lo que hay en su corazón. ¿Qué significa eso? Significa que como padres de niños menores de 2 años de edad (y a veces de 3 años de edad) tendremos que lidiar principalmente con la obediencia, porque el vocabulario del niño es limitado y no tiene tantas palabras para expresar lo que está atravesando [Aunque a menudo entienden más de lo que pueden decir…].

  1. El fundamento bíblico para la obediencia

¿Cuál es el fundamento bíblico para la obediencia? Pensemos en Efesios 6:1: «Hijos, obedeced en el Señor a vuestros padres, porque esto es justo».

¿A quién se dirige Pablo? Está hablando a los hijos, aquellos que son descendientes de un padre. [El contexto aquí, incluyendo varias de las otras relaciones familiares que describe, indica que se dirige a los hijos que se encuentran en el hogar, bajo el cuidado y la dirección diaria de sus padres].

¿Qué dice Pablo? Les ordena a los hijos a ser obedientes a sus padres.

Pablo adjunta dos declaraciones calificativas a esta oración:

  • «en el Señor»: Pablo les escribe a cristianos y está considerando en esta sección de la Escritura (5:22-6:9) que la obediencia es el medio de Dios para ordenar las relaciones en el hogar (maridos y mujeres; padres e hijos; esclavos y amos). No está considerando la obediencia solo por el bien de la obediencia, sino que está considerando específicamente la obediencia que debería ser en «en el Señor». Enseña que la obediencia debería ser consistente con nuestra fe; lo que significa que las ordenes de los padres deberían reflejar valores bíblicos y cristianos que preparen a los hijos para la piedad. Ciertamente, nuestras órdenes nunca deberían entrar en conflicto con la ley de Dios.
  • «porque esto es justo»: ¿sobre qué fundamento Pablo dice que esto es justo o malo? Él nos da una parte de ese fundamento en el versículo 2 donde cita un mandamiento del Antiguo Testamento. Obedecemos a nuestros padres porque Dios nos ha ordenado que honremos a nuestros padres. Nuestra obediencia está arraigada en la ley de Dios.

Efesios 6:2: «Honra a tu padre y a tu madre, que es el primer mandamiento con promesa; para que te vaya bien, y seas de larga vida sobre la tierra».

Hay una promesa de bendición para aquellos que honran a sus padres. El principal mandamiento de la Escritura para los hijos es: «obedece y honra».

Observa también que este pasaje en Efesios está seguido inmediatamente de un mandamiento para que los padres no exasperen a sus hijos. Luego hablaremos un poco más al respecto…

  1. Definición de la obediencia

La obediencia es la sumisión voluntaria de una persona a la autoridad de otra. Esa sumisión se manifiesta esencialmente de dos maneras:

  • Mi hijo hace lo que le digo que haga (Por ejemplo: «saca la basura»).
  • Mi hijo se abstiene de hacer lo que le digo que no haga (Por ejemplo: «No toques la estufa»). 

Para el hijo, la obediencia es más que solo hacer lo que se le dice. Significa hacer lo que se le dice:

  • Sin desafío o excusas
  • Sin demora
  • Sin quejas o de mala gana

O, como dicen los padres aquí: «completamente, inmediatamente, con un corazón feliz» [independientemente de si su corazón está exactamente «feliz» tiene que haber la actitud correcta, de nuevo, los hijos están llamados a honrar a sus padres…].

Veamos estos tres puntos de manera individual.

A. La obediencia sin desafío o excusas. Cuando tu orden choca con comentarios sobre imparcialidad, con excusas o explicaciones, o con planes alternativos, o berrinches, tu hijo no te está obedeciendo. Dices: «Recoge tus juguetes», pero tu hijo responde: «Pero papá, quiero jugar…». O cuando anuncias que es hora de ir a la cama, y él responde: «¿Por qué siempre tengo que ir a la cama tan temprano?».

La obediencia tiene que ser sin desafío o excusas, o de lo contrario tu hijo no te está obedeciendo, y necesita tener una consecuencia por su comportamiento.

Proceso de apelación: Una vez que tus hijos entienden que deben obedecer sin desafiarte, puedes comenzar a enseñarles cómo apelar respetuosamente a sus autoridades. Esto es una «válvula de seguridad» para tus hijos. Saben que tiene permiso para apelar la orden, y saben que mamá y papá la reconsiderarán honestamente y la anularán si es bueno para el individuo o la familia.

Ejemplo: Digamos que entras en la habitación a las 7 de la noche, que es la hora en que Junior normalmente guarda sus juguetes y va a la cama, y le pides a Junior que recoja sus juguetes y se aliste para dormir. Supongamos que mamá justo le dijo (antes de que entrases) que podía tener un tiempo extra de 10 minutos para jugar antes de acostarse. Junio podría respetuosamente apelar, lo que de nuestro hijo saldría con las palabras: «Papá, ¿puedo decirte algo? (y luego explica lo que su madre dijo). El proceso de apelación está reconociendo el hecho de que los padres son pecadores, que no lo saben todo, y pueden tener puntos ciegos. A menos que tenga una buena razón, no quiero ir por encima de la orden anterior de mamá… Y algunas veces tus hijos pueden simplemente tener una petición legítima».

Nota 1: Solo da lugar a la apelación una vez que hayas establecido primero que la obediencia ocurre sin desafío ni demora.

Nota 2: ¡Este es un excelente método para ayudarte a obedecer (Efesios 6:4 / Col. 3:21)!

B. La obediencia sin demora. La obediencia tiene que ser inmediata. Cuando tu hijo se rehúsa a responder de inmediato, no está obedeciendo.

Ejemplo: Tu hijo está jugando con legos y le pides que recoja sus juguetes. En lugar de responder inmediatamente, dice: «Lo haré después de que termine de construir esta torre». O le pides que venga a ti, y en vez de ir de inmediato, se toma un minuto para terminar de colorear su libro.

La obediencia tiene que ser inmediata, o de lo contrario no te está obedeciendo. [¿Qué tan «inmediata»? No necesitas sacar un cronómetro. Tu hijo simplemente necesita, cuando recibe una orden, comenzar a obedecer tu mandato y dejar de procurar su propia voluntad].

¿Por qué? Porque nuestro objetivo es enseñarles a someter su voluntad a la autoridad de otra persona y la demora amenaza con disminuir o prevenir este tipo de obediencia.

C. La obediencia sin quejas o de mala gana. La obediencia tiene que ser con una actitud correcta. Cuando tu hijo sigue la orden y, sin embargo, se queja todo el tiempo, no está obedeciendo. Filipenses 2:14: «Haced todo sin murmuraciones y contiendas».

Como padre, estás estableciendo un estándar de cómo debería ser la sumisión a la autoridad: Pides obediencia sin excusas, demora ni quejas. Si aceptas cualquier otra respuesta, estás entrenando a tus hijos para que desobedezcan (para que tengan un CORAZÓN desobediente).

Un consejo práctico: Trae a tu hijo (físicamente) antes de darle una orden. Esto ayuda por varias razones:

  • Puedes hablarle cara a cara en lugar de gritar una orden desde el otro lado de la habitación.
  • Puedes enseñarle a hacer contacto visual.
  • Puedes asegurarte de que ha escuchado tu orden antes de castigarlo por demorarse. Una respuesta como: «Sí, papá», afirma que ha escuchado y que obedecerá. Los hijos no vendrán naturalmente a ti cuando les pidas que lo hagan, especialmente si están a mitad de algo. (Recuerda, incluso nosotros podemos «no escuchar» si estamos en involucrados en una tarea…). Así que, enséñales a venir a ti, y comienza a capacitarlos para que hagan esto desde una temprana edad.

Si tienes hijos mayores y nos has establecido estas tres cosas (completamente, inmediatamente, sin quejas) ¡no significa que no puedas trabajar en ello! Pero tendrás que invertir tiempo en el diálogo y la instrucción para ayudar a tus hijos a comprender la importancia de lo que intentas establecer.

  1. La obediencia – desde la perspectiva de los padres 

A. Un llamado a la consistencia. Debes ser consistente en la crianza de tus hijos. Directrices claras y un refuerzo constante son esenciales para que la obediencia funcione bien. Es dañino para tus hijos que des una orden, y no la lleves a cabo. Aprenderán a no tomar en serio tus órdenes. Verán tus palabras como amenazas que no tienen consecuencias, en lugar de órdenes con consecuencias reales.

B. Un llamado al mismo estándar. Tu cónyuge y tú deben reforzar los mismos estándares para la obediencia. Ejemplo de Sally tocando los libros: Papá lo permitió; mamá no; el pobre Junior se confundió. Es responsabilidad de los padres asegurarse de reforzar el mismo conjunto de reglas, lo que significa que ambos necesitan hablar regularmente acerca de la obediencia. Cuando un padre instituye una regla, él o ella debería informarla rápidamente a su cónyuge. [Esto también enseñará a tus hijos desde temprana edad que no pueden usar a un padre en contra del otro]. 

C. Un llamado a la capacitación. ¿Pasas todo tu tiempo corrigiendo la conducta deficiente, o intentas intencionalmente capacitar a tus hijos en medio de eso? ¿Tienes una idea de cuánto quieres que crezcan en obediencia?

Posibles ejemplos de capacitación para hijos pequeños (0 a 5 años de edad):

  • Ayudar a los hijos a aprender dominio propio. Enséñale a tus niños a sentarse tranquilamente haciendo que se sienten en tu regazo por unos minutos cada día.
  • Ayudar a los hijos a aprender límites. Haz que tus hijos jueguen sobre una manta todos los días y enséñales a permanecer dentro de los parámetros.
  • Ayudar a los hijos a aprender buenos modales. Enséñales a no interrumpir cuando estás hablando con otro adulto, sino a esperar hasta que hayas terminado de hablar.

Ninguna de estas técnicas aparece en la Biblia (aunque hay buenos principios bíblicos detrás de cada una). Son cuestiones de prudencia. El punto es: piensa en lo que tus hijos deberían aprender; luego sé intencional y ayúdales a aprender estas cosas.

Toma tiempo y energía. Pero pregúntate: ¿Es tu casa una vitrina o un lugar de capacitación?

Debido a que pasamos tanto tiempo corrigiendo a nuestros hijos, es fácil dejar que el estímulo desaparezca, ¡especialmente si estás frustrado! La disciplina restringe el mal comportamiento. El estímulo refuerza una buena conducta. ¡No quieres pasar todo tu tiempo solo corrigiendo! Los hijos crecen en obediencia cuando escuchan palabras de aliento. Sé intencional al estimular a tus hijos. ¡Fíjate cuando hagan algo bueno!

E. Un llamado al discernimiento. Usa la sabiduría y la prudencia al criar a tus hijos. Como padres prudentes, queremos seguir las directrices de la Escritura, pero tenemos que reconocer que si miramos los detalles más finos en cada familia, habrá algunas diferencias. Dios ha creado a cada hijo de manera diferente, así que debemos tomar en cuenta esas diferencias como padres. (Por cierto, esa la razón por la que debemos dedicar tiempo para conocer a nuestros hijos). Ejemplo: Quizá uno de tus hijos necesita un poco de tiempo para «calmarse» antes de recibir una instrucción extensa, mientras que otro puede ser capaz de escucharla efectivamente en el momento.

F. Un llamado a la bondad. ¿Cuán paciente es Cristo contigo? ¿Cuán tierno es al cuidarte? ¿       Qué exigencias te hace? ¿Cómo responde a tu pecado? Sé amable con tus hijos. Cuando les pidas que obedezcan, considera lo que le estás pidiendo.

Por ejemplo: Junior pasó toda la tarde construyendo un barco de legos, pero todavía no ha terminado. Y ya es tiempo de limpiar la habitación. Puedes permitirle dejar el barco, junto con algunas partes «clave» que serán instaladas al día siguiente. O, si los ves fascinados con un proyecto y sabes que será el momento de irse pronto, puedes darles una «advertencia de 5 minutos».

La mayoría de nosotros no seremos intencionalmente malos con nuestros hijos. Sin embargo, en medio de días ocupados, y especialmente cuando estás apurado, algunas veces puedes pedirle a tus hijos que sean obedientes sin ningún tipo de consideración respecto de lo que están haciendo. Por tanto, sé considerado y bondadoso cuando le pidas a tus hijos que obedezcan.

Ser considerado también puede impedir que llegues a una situación de disciplina que se pueda evitar. ¡No des una orden que no pretendas que sea obedecida!

También deberíamos procurar la gracia no solo en nuestros juicios, sino también en nuestra actitud. Podemos demostrar preocupación por el pecado sin actuar «disgustados». Recordar que nuestra batalla es contra el PECADO, no contra nuestros hijos, puede ayudarnos a mantener el espíritu correcto como padres.

NOTA: Esta idea de bondad, y realmente todos los principios anteriores, son de gran ayuda para obedecer Efesios 6:4 que dice: «Y vosotros, padres, no provoquéis a ira a vuestros hijos, sino criadlos en disciplina y amonestación del Señor». Piensa en las cosas que te «provocarían» de un jefe. Uno que hace cumplir las reglas inconsistentemente o de acuerdo con su estado de ánimo. Uno que no se toma el tiempo para considerar tus limitaciones o aspiraciones. Que no te da ningún tipo de capacitación, pero espera que te desempeñes perfectamente. Que nunca tiene algo alentador que decir. No seas esta clase de autoridad.

  1. Desafío de despedida para los padres:
  • Objetivos al criar a nuestros hijos

La semana pasada hablamos de nuestras metas al criar a nuestros hijos, ¿por qué lo hacemos? Respondimos diciendo: «Como cristianos, queremos que nuestros hijos conozcan a Cristo y sean conformados a su imagen. Ese es nuestro PRINCIPAL deseo».

Aunque esto es ciertamente verdadero, no es el ÚNICO objetivo detrás de la crianza de los hijos.

Otra razón por la que lo hacemos es porque queremos que nuestros hijos aprendan a vivir bajo la gracia y la autoridad de Dios.

Como padres, Dios nos ha dado autoridad para criar a nuestros hijos. Esto prepara a nuestros hijos para vivir vidas bajo la autoridad de Dios. Si somos descuidados respecto de la obediencia, preparamos a nuestros hijos deficientemente para que obedezcan a Dios y permanezcan bajo su autoridad. Si enseñamos a nuestros hijos a obedecer, estarán mejor preparados para obedecer a Dios y permanecer bajo su autoridad. Esto tiene beneficios extremadamente prácticos, ya que los hijos deben aprender a estar bajo la autoridad de Dios para someterse a la autoridades terrenales que tendrán (gobierno, jefes, ancianos…).

  • Dos peligros

Los padres podrían desviarse en dos direcciones:

  • El legalismo. Pensamos: «Muy bien, ¡haremos cumplir este norma! ¡Esto funcionará si es lo último que hacemos! ¡Mantendremos a nuestros hijos en orden para que obedezcan todo esto! Sin misericordia». Y luego en el proceso olvidan que los hijos se cansan, lloran, que Dios amablemente nos advierte y retiene el castigo.
  • El Otros, por el contrario, escucharemos que lo que importa es enfocarnos en el corazón y no solo en la conducta externa. Debido a nuestras personalidades, nos volveremos demasiado consultivos, nos enfocaremos en la imparcialidad, permitiéndonos quedar atrapados en un «debate» sin exigir consistentemente la obediencia externa.

Solo entiende que ambas posiciones están erradas, y necesitamos protegernos de nuestras inclinaciones naturales de caer en un extremo o el otro. Los cónyuges pueden ser muy útiles en esto. Sin embargo, al protegernos, deberíamos recordar que nuestra cultura está presionando fuertemente contra la autoridad. (¡Y los hijos también lo hacen!) Así que, tal vez para la mayoría de nosotros el peligro es que seamos demasiados permisivos.

De cualquier manera, necesitamos ser las figuras de autoridad en sus vidas.

  • Estímulo 

Todo esto puede parecer abrumador y difícil de equilibrar, ¡incluso imposible! Si hago X, nunca tendré TIEMPO para Y… Podrías ver la conducta de tu hijo –y su actitud–, y pensar: «¡Estoy fallando por completo!».

No olvides  dar un paso atrás, los mandamientos de Dios para la paternidad no se contradicen entre sí. Más que eso, su gracia es igual de suficiente para ayudarte a ser padre como lo es para ayudarte en cualquier otra área, ¡como lo es para salvarte!

Y no olvides disfrutar a tus hijos…