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Paternidad – Clase 4: Cómo llegar al corazón de la conducta

Artículo
23.11.2018

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Clase esencial
Paternidad
Clase 4: Cómo llegar al corazón de la conducta


  1. Introducción

Hasta ahora hemos visto que el cristianismo es inherentemente familiar. La relación esencial en la primera y segunda persona de la Trinidad como Padre e Hijo. La principal forma en que nos relacionamos con Dios es como hijos adoptados. Y la principal relación entre nosotros en la iglesia es la de hermanos y hermanas. La familia es donde se forman estás categorías bíblicas. Nuestros hogares contienen una pequeña ilustración de Dios, el evangelio y la iglesia, la cual formamos positivamente, en buenos hogares, o por el contrario, cuando nuestros hogares no están a la altura de estas categorías.

Una implicación es el hecho de que al criar a nuestros hijos queremos que nuestras relaciones reflejen al mundo nuestra relación con Dios. Obviamente queremos hacer esto solo de la manera correcta, ¡no queremos que nuestros hijos nos adoren! Pero la paternidad de Dios es nuestro modelo para entender cómo ser padres. Como padres, deberíamos imitar a Dios.

¿Qué quiere decir eso? Entre muchas otras cosas, esto quiere decir que los hijos necesitan aprender a ser personas bajo autoridad. Así como nosotros vivimos bajo la autoridad de Dios como sus hijos, de igual forma nuestros hijos necesitan vivir bajo nuestra autoridad. Por tanto, en términos prácticos, nuestra meta con las edades de 0 a 5 años es establecer nuestra autoridad; enseñarles a obedecer. También significa que, en amor, queremos que sean cada vez más como Cristo, que es el plan amoroso de Dios para nosotros. Nuestra meta con las edades de 6 a 12 años es ayudarles a crecer en carácter [¡Anota esto! Es valioso].  Al final, queremos que nuestros hijos se conviertan en adoradores de Dios, que por la gracia de Dios, sirvan junto a nosotros como adultos en la iglesia.

Pero, ¿cómo capacitamos a nuestros hijos para hacer esto? ¿Podemos capacitar a nuestros hijos para hacer esto? Finalmente, la salvación es obra de Dios. Sin embargo, Dios nos ha dado un rol.

Al describir el enfoque que los padres usualmente le dan a su trabajo, el autor Tedd Tripp, en su excelente libro «Cómo pastorear el corazón de tu hijo», da en el clavo cuando dice que a menudo nos enfocamos demasiado en una conducta externa, usualmente reaccionando para detener lo que no nos gusta (Por ejemplo: «¡Deja de hacer eso!» «¡Juega bien!»). Esto tiene sentido debido a que la conducta es lo que atrajo nuestra atención. (Un ejemplo del que estaba convencido: Por lo general, ¿cuándo enseño a mis hijos acerca de «la regla de oro»? ¡Cuando no la están siguiendo!).

Así que, ¡por supuesto que queremos corregir lo que vimos! Y para algunos de nosotros, al enfocarnos en la conducta, quizá también estamos copiado el mismo estilo de crianza que nosotros recibimos.

Pero si nuestro objetivo es representar la adopción como hijos de Dios, observa que este enfoque, por sí mismo, obviamente se queda corto. ¿A Dios solamente le preocupa nuestra conducta externa? Absolutamente no. ¿Qué es lo que más le preocupa? El corazón. Asimismo, a nosotros debería preocuparnos no solo el qué de la conducta, sino el por qué. Si no nos enfocamos en el por qué, de dónde proviene la conducta, pasaremos por alto los ídolos del corazón y, en última instancia, el evangelio. Lo  que por supuesto, no nos llevará a glorificar a Dios al representar nuestra adopción, y no llevará a nuestros hijos a la fe.

Así que, esta mañana queremos:

  • Hablar acerca de la importancia del corazón;
  • Ofrecer ejemplos de cómo llegar al corazón; y luego
  • Lidiar con algunas de las preguntas más comunes acerca de la crianza de los hijos centrada en el corazón.
  1. La importancia del corazón.

¿Por qué no es sabio enfocarnos simplemente en la conducta? Debido a  que, tomando prestado un término de la medicina, la conducta es solo un síntoma presente, no la enfermedad en sí. Para cambiar de metáfora, Tripp dice que es como tener un manzano en tu patio que solo produce manzanas destrozadas y torcidas; así que «arreglas» el árbol comprando nuevas manzanas y colgándolas con un sedal. No estás cambiando la naturaleza del árbol; ¡estás poniendo una farsa! La conducta de nuestros hijos nos dice algo acerca de sus corazones, porque todo comportamiento fluye del corazón.

A. El corazón es el centro de control de la conducta; por tanto, la conducta revela lo que hay en el corazón.

Proverbios 4:23 nos dice: «Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón; porque de él mana la vida». Nuestras vidas fluyen de nuestros corazones, ellos revelan lo que adoramos; lo que tememos; lo que creemos, lo que esperamos, lo que nos atrae. Jesús enseñó: «Porque de dentro, del corazón de los hombres salen los malos pensamientos, los adulterios, las fornicaciones, los homicidios, los hurtos, las avaricias, las maldades, el engaño, la lascivia, la envidia, la maledicencia, la soberbia, la insensatez» (Mr. 7:21). Por tanto, «lo que tus hijos hacen y dicen es un reflejo de lo que hay en sus corazones». «El hombre bueno, del buen tesoro de su corazón saca lo bueno; y el hombre malo, del mal tesoro de su corazón saca lo malo; porque de la abundancia del corazón habla la boca» (Lc. 6:45).

¿Ves la implicación aquí para la crianza de los hijos? ¡No debemos ver el mal comportamiento de nuestros hijos o el mal comportamiento de los hijos bajo nuestro cuidado, estrictamente como una inconveniencia para nosotros, o como el enemigo! Bueno, ciertamente puede ser una molestia. Y en cierto nivel, ciertamente es un enemigo. Dios dice que es pecado. Pero ese pecado externo te está dando una guía personal a sus corazones. ¿Estás leyendo esa guía?

B. Sin embargo, la crianza de nuestros hijos a menudo está diseñada para controlar la conducta.

Es decir, cuando un hijo bajo tu cuidado desobedece, ¿piensas acerca de lo que eso dice de su corazón, de lo que adora? Cada año, cuando revisamos este material, encuentro que a veces he caído en el conductismo: obtener conformidad externa. Este es lado peligroso. Dije al inicio que el evangelio está en riesgo. Eso es cierto. Tripp señala: «Un cambio en la conducta que no proviene de un cambio en el corazón no es encomiable; es condenable». Jesús en varias ocasiones reprendió a los fariseos por honrar  a Dios, mientras lo rechazaban en sus corazones. Cuando nos enfocamos solamente en la conducta externa, animamos a nuestros hijos a convertirse en fariseos.

¿Cómo se ve esto?

  • Soborno – «Si te portas bien en la tienda hoy, mamá te comprará un dulce». Cuelga una manzana.
  • Castigos casuales – «Muy bien, la próxima vez que digas ‘cállate’ vas a tener que poner un billete en este recipiente». Cuelga una manzana.
  • Culpa/manipulación – «Me entristezco mucho cuando desobedeces. Ahora has arruinado el día de mamá». Cuelga una manzana.
  • Miedo al hombre – «¡Se acabó! Suficiente. ¡Has estado haciendo esto todo el día, y no haces caso! Ahora verás…». Cuelga una manzana.
  • Simple obediencia forzada – «Di que lo lamentas»; «comparte el juguete». Cuelga una manzana.

C. Por supuesto, debemos controlar la conducta, pero esa no debe ser toda la historia.

En este punto, cualquier persona que cuida a niños tiende a hacer una pregunta muy sensata e importante: Si tengo a un niño frente a mí, y no puedo llegar al corazón, ¿no debo controlar su conducta? La respuesta a esto es tan importante que dedicaremos toda una clase la semana que viene, y otra clase a cómo hacerlo. Pero esta mañana quiero ofrecer un par de respuestas iniciales breves a dicha pregunta

Sí, debemos controlar el comportamiento. Somos la autoridad en la vida de nuestros hijos, y como representantes de Dios se nos ordena disciplinarlos por su bien, ¡para salvarlos de la muerte! No abogamos por simplemente pensar y razonar con nuestros hijos acerca de sus corazones. La conducta debe ser corregida. Lo que defendemos va más allá para determinar cuál es la razón de tal comportamiento y ayudarlos a ver que finalmente, la causa es un ídolo en sus corazones. Ted Tripp:

¿Qué debes hacer en la corrección y la disciplina? Debes exigir una conducta apropiada. La ley de Dios lo demanda. Sin embargo, no puedes conformarte con dejar el asunto allí. Debes ayudar a tu hijo a formular las preguntas que expongan la actitud del corazón que acabó en un mal comportamiento. ¿Cómo se desvió su corazón para producir este comportamiento? ¿De qué manera característica su incapacidad o negativa de conocer, confiar y obedecer a Dios resultaron en acciones y palabras equivocadas?

Así que sí, ciertamente queremos corregir la conducta. Pero para imitar fielmente a Dios a nuestros hijos, y llevarlos a Cristo, debemos ir más allá. Regresaremos a esta pregunta al final de la clase.

Bien, entonces ¿cómo podemos «llegar al corazón»? Veamos un par de ejemplo, y luego nos detendremos para hacer preguntas…

  1. Ejemplos de cómo llegar al corazón.

A. Jack, de 1 año de edad, se molesta por no poder jugar con un peligroso utensilio, y comienza a hacer una rabieta. Tú: ¿Le das al niño de 1 año de edad el peligroso utensilio (respuesta equivocada); intentas distraerlo con un juguete seguro (no es una mala idea en ocasiones con niños más pequeños); o lo disciplinas gentilmente y hablas acerca de su «corazón irritable»?, «Dios no quiere que tengamos corazones irritables». Este niño al igual que cualquier otro niño de 1 año de edad, en su corazón, lucha con el orgullo, la insubordinación y un impaciente espíritu quejumbroso. Incluso a esta edad necesitamos comenzar a hablar del corazón.

B. Christina, de 2 años de edad, deja caer la comida del plato [rodando un cereal de un lado a otro, en el borde del plato mientras te mira a los ojos…]. Tú: ¿Dejas de alimentarla (respuesta equivocada); te sientas y la alimentas con la mano para que no tenga nada que tirar o le das la comida que le gusta para que no la tire (enfoque conductista); o agradeces a Dios por darte la comida con tiempo de sobra, al momento en que la deja caer, la disciplinas; y luego explicas que Dios hizo la comida, y que Dios no quiere que desperdiciemos lo que él nos da? No queremos corazones descuidados e ingratos.

C. Sandra, de 4 años de edad, se rehúsa a compartir con su hermana, quien grita que el juguete es suyo. Tú: ¿Reprendes a la hija mayor y le dices que calme a su hermana menor? (esta es la solución de Bill Cosby: «¡¿Podrías darle eso a ella?!» ¡¿No la escuchas gritar?! Ella también tiene algunas de mis cosas. Si piensas que estás sola en esto, ¡estás loca!) (respuesta equivocada). ¿Le das a la hija menor un juguete diferente para hacerla feliz (es poco probable que funcione)? ¿O te sientas con ambas y hablas acerca de si su discusión está mostrando corazones de amor por Dios y por los demás o por ellas mismas (¡haz un montón de preguntas!), oras, y luego retiras el juguete como disciplina para ambas por pensar principalmente en ellas?

D. Michael, de 6 años de edad, está interrumpiendo en la mesa después de que se le dijo que no lo hiciera. Tú: ¿Haces que todos los otros hijos lo interrumpan para enseñarle lo que se siente? (respuesta equivocada). ¿Le quitas su helado? Quizá, no es una idea terrible, como consecuencia. ¿O le explicas que si continúa haciéndolo, será disciplinado, y le preguntas si su corazón está lleno de amor por sí mismo o por los demás cuando hace eso?

Podríamos seguir, ¿pero puedes ver el patrón? Si vamos a guiar a nuestros hijos hacia Cristo y a reflejar a Dios en sus vidas, no solo daremos pasos y reglas para corregir su conducta, como si su comportamiento fuera el problema principal. Desde los primeros años, veremos que la conducta es una evidencia directa de los problemas más profundos de sus corazones, ¡los cuales son problemas eternos!

  1. Preguntas comunes acerca de la crianza de los hijos centrada en el corazón.

Por último, quiero abordar un par de preguntes que surgen comúnmente cuando enseñamos este material. Es decir…

A. ¿Cómo puedo esperar la obediencia del corazón? Después de todo, si mis hijos no son cristianos, no pueden seguir las reglas.

Esta es una pregunta excelente y seria, y tu presentación fiel del evangelio depende de dar con la respuesta correcta. Sí, debes esperar la obediencia del corazón, ese sigue siendo el estándar de Dios. Considera los «costos del evangelio» de adoptar un enfoque meramente conductista, en este ejemplo de Ted Tripp:

Los padres a veces dan a los hijos un estándar «posible». Piensan que si sus hijos no son cristianos, de igual manera no pueden obedecer a Dios de corazón. Por ejemplo, la Biblia dice que debemos hacer bien a quienes nos maltratan. Pero cuando los hijos son acosados en la escuela, los padres les dicen que ignoren al acosador. O peor aún, los padres les dicen que golpeen a otros si son golpeados en primer lugar.

Este consejo no bíblico, que simplemente llega al nivel de la conducta de tu hijo, lo aleja de la cruz. No hace falta la gracia de Dios para ignorar al opresor. No es necesaria la gracia sobrenatural para defender tus derechos. Sin embargo, hacer bien a los opresores, orar por los que te maltratan, encomendarte al Juez justo, requiere que tu hijo se encuentra cara a cara con la pobreza de su propio espíritu y su necesidad del poder transformador del evangelio.

La ley de Dios no es fácil para el hombre natural. Su estándar es alto y no puede ser alcanzado sin la gracia sobrenatural de Dios. La ley de Dios nos enseña nuestra necesidad de la gracia. Cuando no ofreces el estándar de Dios, robas a tu hijo la misericordia del evangelio.

Por tanto, llegar al corazón de la conducta es esencial para llegar al evangelio con nuestros hijos. ¡No los prives de la misericordia del evangelio solo dándoles reglas que pueden cumplir con una conformidad externa!

B. ¿Hago esto cada vez que desobedezcan? 

Esa es otra pregunta común. Y la respuesta es, mayormente, sí. Pero queremos dar una nota de realismo. Quizá te encuentres en un momento donde estás retrasado para ir a la iglesia y no hay tiempo, o ha habido mucha desobediencia y tu hijo ya entiende el problema del corazón y no necesita repasar todo el asunto otra vez.

Pero incluso en estas situaciones, queremos mencionar el corazón y el pecado revelado. «Vamos tarde a la iglesia, pero en el camino quiero leas Efesios 6:1, y me digas si mostraste un corazón honroso cuando me gritaste por tu vestimenta». «Cariño, ya te he disciplinado bastante por esto el día de hoy. Ese era un corazón irritable otra vez, ¿no es cierto? Entonces, ¿qué necesita hacer mamá respecto ese corazón irritable?» (No subestimes el poder de que los niños escuchen las cosas «una y otra vez…»).

C. Esto es trabajo duro, y estoy viendo muy poco fruto; ¿puedes animarme? 

Esto no sucederá naturalmente al principio. Te sentirás más cómodo a medida que practiques fielmente esto. Madres, probablemente se cansarán («probablemente» no, lo harán J). ¡No olviden el corazón! Quizá te encuentres disciplinando todo el día y cayendo en malos hábitos. Anímate a obedecer a Dios mientras capacitas sus corazones. Él sabe la tarea que te ha dado, y te dará la gracia para llevarla a cabo. Acude a tu esposo para buscar supervisión, guía y control de calidad. Maridos, ¡comprométanse…! Este es un largo camino. También hablaremos acerca de la disciplina correctiva, la cual Dios ha diseñado por el bien de nuestros hijos y es un complemento necesario para ello.

  1. Conclusión

¿Has notado lo que dice el conductismo acerca de nuestros corazones? ¡Nos inclinamos hacia el legalismo! ¡El evangelio corre superficialmente en nuestros corazones! Y adoptamos acríticamente los métodos de crianza de nuestros padres, o por conveniencia, sin darnos cuenta de que el evangelio revoluciona todo, incluida nuestra paternidad. Somos los agentes de Dios en la vida de nuestros hijos. Con la ayuda de Dios, lleguemos al corazón de su conducta, porque esto es lo que Dios hace por nosotros.