Clases esenciales: Paternidad

Paternidad – Clase 13: La paternidad espiritual ferviente

Artículo
22.11.2018

  Descargar Manuscrito en formato Word
  Descargar Folleto del Alumno en formato Word

 

Clase esencial
Paternidad
Clase 13: La paternidad espiritual ferviente


Introducción

¡Hemos recorrido un largo camino! En las últimas semanas, hemos visto que:

  • Entre otras cosas, el propósito de Dios para la familia es representar una serie de retratos de sí mismo (la relación entre Padre e Hijo en la Trinidad), su plan de salvación (somos adoptados como sus hijos), y su iglesia (somos hermanos y hermanas en Cristo).
  • Edificar familias es, por tanto, una forma vital de ministerio, tanto para la iglesia como para el mundo. Una familia bien ordenada es un testimonio poderoso, universal y dado por Dios a la iglesia de lo que ésta debería ser y es una base de operaciones evangelística.
  • Dios quiere que le adoremos sirviéndole con una actitud de adoración de asombro y admiración, y alentamos esta clase de adoración en nuestros hogares de manera informal (al hacer de la Palabra de Dios un tema de conversación constante) y formal (al leer, orar y cantar juntos).
  • Al criar adoradores, debemos recordar que criar hijos bien portados no es lo mismo que criar hijos cristianos; más bien, Dios quiere que lleguemos al corazón de su conducta, mostrándoles su pecado y llevándoles al Salvador, quien es el único que puede cambiar su conducta desde el corazón.
  • Llegar al corazón requiere de mucha disciplina formativa, especialmente palabras de todo tipo, incluyendo oraciones, estímulos, advertencias, súplicas sinceras y, a veces, reprimendas.
  • No siempre seremos capaces de llegar al corazón, y necesitaremos complementar, y en ocasiones incluso dejaremos de lado, la capacitación del corazón para exigir obediencia sin desafío, demoras ni quejas.
  • Bíblicamente, capacitar a nuestros hijos para que obedezcan normalmente requiere responder a los actos de desafío con una disciplina calmada y moderada, que proporciona una demostración táctil e inmediata de la insensatez de la desobediencia y hace que el hijo vuelva a adoptar una postura de obediencia.
  • En todo esto, recordamos que Dios no hizo a los hijos y a las hijas, ni a los padres y a las madres, intercambiables. En cambio, Dios quiere proyectar su imagen de de maneras diferentes, pero complementarias en hombres y mujeres que son creados igualmente a su imagen. Esto significa que los padres (y las madres) deberían capacitar a sus hijos para que edifiquen sus hogares al liderar, proveer y proteger; y que las madres (y los padres) deberían capacitar a sus hijas para que edifiquen sus hogares ayudando y fomentando.
  • Una influencia poderosa en esta clase de capacitación y la vida familiar es la tecnología y las redes sociales, que presentan grandes oportunidades y una serie de desafíos profundos para estar: presentes, alertas; ser transformados, sabios, pacientes; estar contentos; ser humildes y buenos administradores.
  • Finalmente, para criar o cuidar bien a nuestros hijos, necesitamos una inmensa sabiduría, gran parte de la cual la encontramos en Proverbios, que nos muestra cómo enseñar a nuestros hijos a: temer a su Dios; guardar sus mentes; obedecer a sus padres; escoger sus amistades; controlar sus lujurias; disfrutar de sus cónyuges; cuidar sus palabras; procurar ser trabajadores; administrar su dinero; y amar a sus prójimos.

Vaya. Somos ambiciosos, ¿no es así? ¡Y ni siquiera hemos mencionado obtener buenas calificaciones o tocar el piano! La Biblia establece un gran llamado para los padres, ¿no?

Por supuesto, las personas del mundo también tienen ambiciones para sus hijos. Quizá hayas escuchado de la autodenominada «madre tigre», Amy Chua. En un destacado artículo publicado en el Wall Street Journal en el año 2011 titulado: «Por qué las madres chinas son superiores», la Sra. Chua, una profesora de la Facultad de Derecho en la Universidad de Yale, señaló lo siguiente:

Mucha gente se pregunta cómo los padres chinos se apañan para criar típicos niños exitosos. Se preguntan qué hacen estos padres para producir tantos genios matemáticos y prodigios musicales, cómo son sus familias internamente y si ellos también podrían hacerlo también. Bueno, puedo decirles, porque lo he hecho. Estas son algunas de las cosas que a mis hijas, Sophia y Louisa, nunca se les permitió hacer: asistir a pijamadas ni ir a otras casas a jugar, participar en obras de teatro escolares, quejarse por no participar en obras de teatro escolares, ver televisión o jugar videojuegos, escoger sus propias actividades extracurriculares, obtener calificaciones por debajo del sobresaliente, no ser las mejores estudiantes en todas las materias, excepto gimnasio y teatro, tocar cualquier instrumento que no fuese el piano o el violín, no tocar el piano o el violín.

[Incluso] cuando los padres occidentales piensan que están siendo estrictos, usualmente no están ni cerca de ser como las madres chinas. Por ejemplo, mis amigos occidentales quienes se consideran padres estrictos hacen que sus hijos practiquen sus instrumentos 30 minutos todos los días. Una hora como máximo. Para una madre china, la primera hora es la parte fácil. Son necesarias al menos 2 o 3 horas […].

Lo que los padres chinos entienden es que nada es divertido hasta que eres bueno en ello. Para ser bueno en algo tienes que trabajar, y los hijos por sí solos nunca quieren trabajar, por lo que es crucial anular sus preferencias. Esto a menudo requiere fortaleza por parte de los padres porque los hijos se resistirán…

El artículo de Chua fue publicado para promocionar su libro: Himno de batalla de la madre tigre, lleno de más consejos parentales chinos. (Ahora, ella y su esposo, Jed Rubenfeld, también profesor de la Facultad de Derecho en la Universidad de Yale, publicaron otro libro: The Tripple-Package [El paquete triple], en el que intentan explicar por qué algunos grupos de personas, incluidos los chinos, tienden a tener éxito en los Estados Unidos: Pista: ¡Tienen el «paquete triple»!).

Es posible que algunos de nosotros hayamos sido criados en un hogar así, tal vez incluso algunos de nosotros tengamos familiares chinos. Pero independientemente de nuestro trasfondo étnico, muchos de nosotros sentimos la presión, a nuestra manera, de ser «padres tigres».

Nosotros en CHBC no estamos exentos. De hecho, tengo la sensación de que, en una iglesia como la nuestra, muchos de nosotros nos esforzamos por ser padres tigres espirituales. ¡Mira el resumen que acabo de darte sobre este seminario! Como dijimos, la Escritura establece un gran llamado para los padres. Como dice Proverbios: «Instruye al niño en su camino, y aun cuando fuere viejo no se apartará de él» (22:6). Con razón, entonces, hemos prometido en nuestro pacto eclesiástico criar a nuestros hijos en la disciplina y amonestación del Señor. Como hemos señalado en repetidas ocasiones, Deuteronomio nos enseña: «Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón; y las repetirás a tus hijos, y hablarás de ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte, y cuando te levantes. Y las atarás como una señal en tu mano, y estarán como frontales entre tus ojos; y las escribirás en los postes de tu casa, y en tus puertas» (Dt. 6:6-9).

¡Parece que la paternidad bíblica es un trabajo completo y de gran peso! Moisés se encuentra con Amy Chua. Amy Chua se encuentra con Moisés.

Pregunta: ¿Estoy en lo cierto? ¿Sientes esta clase de presión? ¿Ser un padre cristiano es un «peso» para ti?

Sospecho que la mayor presión que podemos sentir está en cómo podemos llegar a los corazones de nuestros hijos. Autores como Tedd Tripp y Fitzpatrick nos instan a seguir adelante. ¡Cuidado! dicen. No queremos presentar a nuestros hijos solo la ley y obtener una simple conformidad externa. Eso es la cinta caminadora; puede hacer que los hijos luzcan en forma, pero nos los cambiará finalmente. Necesitamos aplicar el evangelio a sus corazones. El «principio fundamental» de Cómo pastorear el corazón de tu hijo, escribe Tripp, es éste: «El corazón es la fuente de la vida. Por tanto, la paternidad se ocupa de pastorear el corazón. Debes aprender a trabajar partiendo de la conducta que ves, de regreso al corazón, y exponer los problemas del corazón a tus hijos. En resumen, debes aprender a involucrarlos, no solo reprobarlos. Ayúdales a ver las maneras en que intentan calmar la sed de sus almas con cosas que no podrán saciarlos. Debes ayudar a tus hijos a tener un claro enfoque de la cruz de Cristo».

Fitzpatrick insta lo mismo. Cuando escribe en Give them Grace [Dales gracia], que no debemos darle a nuestros hijos «más leyes, incluso si parecen producir hijos organizados o educados. Los hijos cristianos (y sus padres) no necesitan aprender a ser ‘buenos’. Necesitan la muerte y la resurrección y un Salvador que los precede como un sumo sacerdote fiel, que fue un hijo, y que vivió y murió perfectamente en su lugar… Los hijos no pueden usar la ley más que nosotros… No la obedecerán de corazón, porque no pueden. Es por eso que Jesús tuvo que morir». Lo que necesitamos, dice Fitzpatrick, es darles gracia.

***

Si eres como yo, honestamente, ¡este consejo casi  parece empeorar la presión! De acuerdo, necesito ir más allá de la disciplina; necesito pastorear sus corazones. No solo debo darles una nalgada; debo darles gracia.  Necesito meterme debajo de estas conductas y descubrir los afectos idólatras, ayudar a los hijos as a verlos y luego aplicar el evangelio.

Creía que Amy Chua era dura, pero en realidad quizá tenga el método más fácil. Puedo hacer lo que ella hace: Pon a tu hija en el piano, haz que permanezca allí hasta que aprenda la pieza, y si comienza a quejarse, amenázala con quemar sus peluches. David Brooks, columnista del New York Times, escribió una columna llamada «Amy Chua es una cobarde», alegando que ella evita los problemas difíciles, lo que para él significa ayudar a los niños a aprender a llevarse bien con los demás.

Pero si crees que ella puede estar en lo cierto, y sumas a esto el trabajo de resolver los problemas del corazón, puede comenzar a parecer demasiado. Tanto Tripp como Fitzpatrick insisten en que no están ofreciendo ninguna fórmula. Pero a veces puede sentirse así. En un momento dado, Fitzpatrick proporciona un monólogo de muestra para un intranquilo niño llamado Benny que no puede quedarse quieto en los devocionales, y tiene dos párrafos de largo: ¡15 oraciones! Para mostrarnos cómo se hace, Tedd Tripp ofrece algunas ilustraciones de intercambios verbales con niños que solo han sido comparados unas cuantas veces en mi hogar.

El pastor y bloguero Kevin DeYoung, concuerda y rechaza. «Nunca resulta como en el libro», alega. «Es posible que mis hijos probablemente no estén tan locos como yo creo (al menos eso es lo que siempre me digo), pero si alguna vez escribo un libro acerca de la crianza de los hijos lo llamaré ‘Los reclusos están manejando el asilo’. Ya hay muchos libros sobre la crianza de los hijos, muchos de ellos bastante buenos. He leído varios de ellos y he aprendido mucho. Realmente creo en la paternidad impulsada por el evangelio y en pastorear el corazón de mis hijos».

Pero escribe: «¿Podría ser que nosotros hemos hecho que la paternidad sea demasiado complicada? ¿Acaso no importa más lo que somos como padres que lo que hacemos?… Mientras más crio a mis hijos más quiero enfocarme en hacer un par de cosas realmente bien, y no apasionarme demasiado por el resto. Quiero pasar tiempo con mis hijos, enseñarles la Biblia, llevarlos a la iglesia, reír con ellos, llorar con ellos, disciplinarlos cuando desobedecen, decir lo siento cuando me equivoco, y orar sin cesar. Quiero que miren atrás y piensen: ‘No estoy seguro de lo que estaban haciendo mis padres o incluso si ellos sabían lo que estaban haciendo. Pero siempre supe que mis padres me amaban y amaban a Jesús. Quizá no es tan complicado después de todo».

Aplicación

Bien. ¿Quiénes somos para hacer todo esto? ¿Ser padres cristianos es un trabajo tremendamente importante, completo, a menudo difícil que requiere gran resolución, disciplina y sacrificio personal, o estamos ejerciendo demasiada presión sobre nosotros mismos? Respuesta: Es una elección falsa. Es un trabajo tremendamente importante, difícil y completo que requiere una gran resolución, disciplina y sacrificio personal, y probablemente estemos ejerciendo demasiada presión sobre nosotros mismos.

¿Cómo pueden ser ambas? Recuerda que la Escritura describe nuestra santificación como una paradoja: «Ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor, porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer por su buena voluntad» (Fil. 2:12-13). La paternidad es un área, una tarea, en la cual Dios nos ha llamado a ocuparnos de nuestra salvación, y él ha prometido producir en nosotros el querer como el hacer por su buena voluntad. «Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe. Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas» (Efesios 2:-8-10).

¿Ves que ambos lados importan? La paternidad es una de las tareas que Dios nos ha dado. Es una tarea que implica un trabajo enorme, y que expone nuestro pecado tal vez más completamente que cualquier otra tarea, y donde se nos ordena en las Escrituras que debemos ser dedicados. Y con todo respeto a Kevin DeYoung, no debemos perder de vista eso. Pero, y este es el punto fundamental, Dios está trabajando para producir en nosotros «así el querer como el hacer por su buena voluntad». Observa que no dije que está trabajando, o trabajará, salvíficamente en nuestros hijos. Eso no lo sabemos. La paternidad parece ser una de las maneras en que Dios a menudo trabaja para difundir el evangelio. Pero estamos llamados a ser fieles en este gran encargo, y a confiarle nuestros hijos a él, siempre recordando que: «Si Jehová no edificare la casa, en vano trabajan los que la edifican» (Sal. 127:1).

Como padres y cuidadores, trabajamos con todo nuestro corazón, pero al final descansamos en la paternidad perfecta y soberana de Dios. 

Entonces mi pregunta es: ¿Dónde te encuentras esta mañana? ¿Sientes la presión de ser un padre tigre espiritual y necesitas estimulo? ¿O necesitas un recordatorio esta mañana para que redobles tus esfuerzos de instrucción y disciplina? Probablemente todos nosotros necesitamos ambos tanto en un área como en la otra.

Sin embargo, mi conjetura es que en Washington, DC, en esta iglesia, la mayoría de nosotros debemos tener en cuenta la segunda parte de las declaraciones de Pablo: «Dios es el que en vosotros produce»; Él ha «preparado de antemano» nuestras obras para nosotros.  Gracias a lo que Cristo ha logrado, trabajamos en la crianza de los hijos (como dice Tim Keller) desde un lugar de descanso.

Así que en lugar de cargarte con una lista de cosas que hacer, quiero liberarte de las cargas que no necesitas llevar. Para ello, aquí hay siete cosas que espero te ayuden a ver cómo descansar en la paternidad de Dios mientras trabajas en la crianza de tus hijos.

1. No te lo pierdas. Sé que estás estresado. Es posible que ya hayas pasado por esto: estás trabajando todo el tiempo y, sin embargo, el trabajo se acumula aún más. Acuestas a los niños y caes en la cama, exhausto. No quieres sentirte así, pero sientes que capacitar y disciplinar a tus hijos es, en gran parte, solo trabajo duro.

Pero haz una pausa, levanta la cabeza y escúchame. Relájate y disfruta de tus hijos.

Sin importar sus edades, disfruta de trabajar con tus hijos. Estás equipado para esto. Dios ha preparado estas buenas obras para ti. ¡No te pierdas estos años! Son una bendición. Estos hijos, con todas sus tendencias desconcertantes, son una bendición. Deléitate en ellos. Cultiva tus relaciones con ellos. Dales amor. Este es tu ministerio para con ellos. Es una manera de ayudarles a ver a Dios. «Mirad cuál amor nos ha dado el Padre para que seamos llamados hijos de Dios» (1 Jn. 3:1).

Un ejemplo: Padres, asuman la responsabilidad de establecer y atender las tradiciones de sus familias, y asegúrense de incluir muchas celebraciones. Ésta es un área en la que las madres a menudo llevan la batuta, pero hace toda la diferencia del mundo que los padres tomen la iniciativa.

Muchos padres se preguntan cómo liderar en sus hogares. Considera con cuáles tradiciones agradables y que honren a Dios puedes comenzar. El enfoque, por supuesto, no es la perfección absoluta de estas tradiciones. Son tus hijos. Están creciendo. No te lo pierdas. Disfruta a tus hijos.

2.  No seas hipócrita. Como padres, es tentador solo ver lo malo y señalarlo. Tu cabello no está peinado; estás encorvado en la mesa; tus zapatos están afuera. Nuestros hijos deben ser capacitados, sí, pero nosotros no somos el Espíritu Santo. Debemos ser fieles y consistentes  en comunicarles la Palabra de Dios, y hacer nuestro mejor esfuerzo por pastorear sus corazones. Pero no somos capaces de cambiar el corazón de nuestros hijos. Piensa en cómo es Dios con nosotros, piensa en las tantas cosas que él no nos señala. Tu relación con tus hijos es una imagen de eso: «Como el padre se compadece de los hijos, se compadece Jehová de los que le temen». Capacítalos, sí; demanda obediencia, absolutamente; pero no seas hipócrita. Dios no así es con nosotros.

3.  No te sorprendas ante la desobediencia. Esta es otra implicación del evangelio. Todavía me sorprendo con regularidad cuando mis hijos son egoístas, cuando no están dispuestos a servir, cuando no son emprendedores. Si se les da la opción, solo quieren ver televisión. ¿Por qué me sorprendo? Son niños, primero que todo, y por encima de eso son pecadores, al igual que nosotros. Nosotros somos hechura de Dios. Pero antes de que fuésemos hechura de Dios, ¡éramos una obra! Eso es lo que son nuestros hijos. Una obra. Desobedecerán. Esto no debería complacernos, pero tampoco debería sorprendernos. Éramos igual que ellos, y de muchas maneras todavía lo somos.

4.  No asumas que sabes cómo terminarán. Somos hechura de Dios, y si nuestros hijos serán salvos, también necesitan ser hechura suya, y es posible que no percibamos cómo o cuando él comience esta obra.

Amigos, realmente no sabemos el final de la historia. No deberíamos descartar a ningún hijo, porque cuando Dios obra, puede hacer lo que sea. No te rindas; persevera en estas buenas obras que Dios nos ha dado.

Al mismo tiempo, no deberíamos asumir que estamos viendo la obra de Dios. Los hijos que respetan la ley pueden estar muertos espiritualmente. Esto no significa que no debemos hablar con ellos como si fueran cristianos, si dicen que lo son. Anímalos a cantar los himnos con gusto y a disfrutar de la plena seguridad de la salvación si muestran señales de arrepentimiento y fe. ¡Ser cristiano no es solo para adultos!

Además, no asumas que sabes lo que son. Reserva amorosamente el juicio. No asumas que sabes cómo terminarán. Ya sea que estés viendo señales prometedoras o no, esto está en las manos de Dios.

5. No temas. Dios está obrando en ti; produciendo el querer como el hacer por su buena voluntad. Confía en él. Este es quizá el lugar más difícil para ejercitar nuestra fe. Carolyn Mahaney ha escrito que, si tuviera que cambiar una cosa acerca de la crianza de sus hijos, sería no estar tan ansiosa.

El pastor inglés del siglo XIX, Charles Spurgeon, tiene una buena palabra para nosotros aquí:

Los hijos son un precioso regalo de Dios, pero los acompaña una gran ansiedad. Pueden ser una gran alegría o una gran amargura para sus padres; pueden estar llenos del Espíritu de Dios o poseídos por el espíritu del mal. En ambos casos, la Palabra de Dios nos da la prescripción para curar todas sus enfermedades: «Traédmelo» (Mr. 9:19). …Los hijos impíos, cuando nos muestran nuestra propia impotencia contra la depravación de sus corazones, hacen que a acudamos al Fuerte para pedir fortaleza, y esto es una gran bendición para nosotros.

No temas; acude al Fuerte para pedir fortaleza. Él está obrando en nosotros, produciendo el querer como el hacer por su buena voluntad.

6.  No finjas que tienes todo bajo control. Seguimos siendo obras en progreso. Confiesa delante de tus hijos tus pecados y debilidades. Arrepiéntete de tu hipocresía. Diles que oras para que Dios los haga mejores padres de lo que eres. Ora frente a tus hijos pidiendo a Dios que te haga un mejor padre. Pídeles que oren por ti. En muchas ocasiones nuestros hijos han orado por mí y mi trabajo. Es conmovedor… mis hijos todavía piensan que soy un superhéroe. Es bueno que ellos aprendan que no es así.

7.  No solo seas «trascendente». Como cristianos, sabemos que Dios es trascendente (por encima de nosotros) e inmanente (entre nosotros). Los padres deben modelar tanto la trascendencia como la inmanencia de Dios. Pero algunos padres parecen modelar solo la trascendencia, viven por encima de sus hijos, en un mundo adulto, distraídos, indiferentes, sin llegar a conocer nunca a sus hijos o ver el mundo desde su perspectiva.

Uno de los propósitos de la familia es modelar a Dios. Pero, ¿cuánto de este de Dios estamos modelando? Él está sobre nosotros y se ha convertido en uno de nosotros. Está en el cielo, y ha querido habitar entre nosotros. Dios está obrando en ti. ¿Entras tú en el mundo de tus hijos? Procura conocer sus corazones. El evangelio nos libera de nuestras vidas autoimportantes, autoindulgentes y egocéntricas. Seamos humildes en la cruz para relacionarnos con nuestros hijos. Esto nos ayudará a entender solo un poco de lo que Dios ha hecho por nosotros.

Conclusión

En una conversación con el periódico alemán Die Zeit, Amy Chua dijo acerca de su libro: «Jamás quemaría los peluches de mis hijas, eso era una hipérbole, una exageración. He intensificado muchas situaciones para aclarar mi posición». Y luego añade esta confesión: «Nosotros, los padres, incluyéndome, estamos muy ansiosos por saber si estamos haciendo lo correcto. Nunca puedes saber los resultados. Es esta ansiedad latente».

Amigos, ¿conocen esta «ansiedad latente»? La Biblia también lo hace y aquí está la prescripción de la Palabra de Dios: «Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias». ¿Por qué? Porque «Jehová está en medio de ti, poderoso, él salvará; se gozará sobre ti con alegría, callará de amor, se regocijará sobre ti con cánticos».