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Paternidad – Clase 12: Los hijos, la tecnología y las redes sociales

Artículo
22.11.2018

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Clase esencial
Paternidad
Clase 12: Los hijos, la tecnología y las redes sociales


Introducción

«Narcótico electrónico».

«Niñera portátil».

Estos son algunos de los sinónimos para nuestros teléfonos inteligentes, tablets y otros dispositivos.

De escribir a «amigos», hasta conocer las últimas noticias casi de manera inmediata, ver videos divertidos, hablar con nuestros cónyuges,  o reunir a todos en el centro comercial, escuchar música, o un sermón durante nuestros viajes, enviar correos, ordenar tareas, agendar… [¿necesito continuar?]. La tecnología forma parte de nuestras vidas. Está en todos lados. Tenemos un internet de cosas.

¿Es eso un problema? ¿Es un problema para ti? ¿Qué hay de tus hijos? Al Mohler destacó un estudio realizado por la fundación Kaiser Family al respecto, diciendo:

Como lo puede atestiguar cualquiera que haya conocido a un adolescente o joven, los medios de comunicación se encuentran entre las fuerzas más poderosas en la vida de los jóvenes de hoy. Niños de 8 hasta los 18 años pasan más tiempo en las redes sociales que en cualquier otra actividad además de (tal vez) dormir, y un promedio de más de 7 horas y media al día, 7 días a la semana.

Así que la tecnología habita entre nosotros. Y sea bueno o malo, algo es seguro: la tecnología nos está afectando y está afectando a nuestros hijos. Y debido a que se ha convertido literalmente en una parte de la vida cotidiana, la mayoría de nosotros no pensamos mucho sobre esto en el día a día. Es como el aire que respiramos.

En general, es probable que veamos a la tecnología y a las redes sociales como neutrales, como los libros o las películas: Está bien si se usa apropiadamente. Dicho eso, sin embargo, queremos detenernos aquí y ofrecer un llamado de atención: incluso una advertencia. Ciertas tecnologías pueden contener peligros que son inherentes a ellas. John MacArthur lo expresó de la siguiente manara en una entrevista de 9Marks con Mark Dever:

«Ahora las personas tienen en sus manos lo que es esencialmente un arma mortal, la herramienta más poderosa para destruir la vida que jamás se haya puesto en la mano del hombre. En la historia había sido posible traer la tentación a ese nivel, visualmente, audiblemente, con esa disponibilidad. Puedes contaminarte más rápido y más extensamente que nunca».

Por tanto, es imperativo que hagamos una pausa y meditemos en esto, y hasta los que no forman parte de la iglesia lo entienden. Neil Postman, un humanista secular, escribió en su libro Technopoly [Tecnopolio]:

Una familia que no puede controlar el entorno de información de sus hijos es apenas una familia, y puede reclamar su nombre solo en virtud del hecho de que sus miembros comparten información biológica a través del ADN…. Que la familia ya no puede hacer esto es, creo, obvio para todos[1].

[Interesantemente, Postman escribió esto en 1992 – hace 26 años. Murió en el año 2003].

Discusión

¿Está Postman en lo correcto? ¿Las familias han perdido la batalla? ¿Cómo lo sabemos? ¿Nos da la Biblia alguna directriz, especialmente como padres, en el área de la tecnología y las redes sociales? 

Para ayudarnos a responder eso, quiero ofrecer diez preguntas que espero nos ayuden a corroborar, partiendo de las Escrituras, el efecto de la tecnología en nuestras vidas y hogares, especialmente como padres. Nuestra meta no es trazar líneas: puedo hacer esto; no puedo hacer aquello, sino alentarnos a reflexionar juntos sobre este importante tema. Como dijo el apóstol Pedro: «Cada uno es esclavo de aquello que lo ha dominado» (2 P. 2:19) (NBV).

Para nuestros propósitos de hoy, cuando mencione la palabra «tecnología», hago referencia a la tecnología informática, que incluye al internet, los ordenadores portátiles y los iPads, los teléfonos inteligentes, dispositivos de comunicación y entretenimiento tales como televisores, iPods y videojuegos. Y por redes sociales me refiero a las redes sociales: Facebook, Google+, Twitter, Instagram, WhatsApp, iMessage, Pheed, KiK, SnapChat, Vine, Tumblr, Ask.fm, Pinterest, Wanelo, Reddit, LinkedIn, Telegram, entre otras. Y en cuanto a todas estas herramientas, creo que la Palabra de Dios tiene mucho que decir.

Estas son las diez preguntas para probar el uso de la tecnología en nuestros hogares:

  1. ¿Nos está ayudando a estar presentes en nuestras familias? 

Esto puede parecer una pregunta extraña. ¿Acaso no nos ayudan la tecnología y las redes sociales a estar presentes en todas partes? ¡Esa es la belleza de tener un blog o una cuenta de Twitter!

Bueno, no exactamente. Cuando me refiero a «estar presentes», pienso en Deuteronomio, capítulo 6:

«Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón; y las repetirás a tus hijos, y hablarás de ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte, y cuando te levantes. Y las atarás como una señal en tu mano, y estarán como frontales entre tus ojos; y las escribirás en los postes de tu casa, y en tus puertas» (Dt. 6:6-9).

Como dijimos cuando discutimos acerca de la adoración familiar, la Palabra de Dios debería ser el tema constante en nuestras conversaciones, algo que repitamos a nuestros hijos «estando en casa», y «andando por el camino», al «acostarnos» y cuando «nos levantemos».

¿Ves el punto aquí? Al igual que la televisión cuando yo era niño, el teléfono se ha convertido en un padre sustituto electrónico. No deberíamos delegar nuestro trabajo de influenciar a nuestros hijos al celular o a la tablet. Y no solo me refiero a la tecnología, porque la tecnología es simplemente la puerta a otras personas, incluyendo a los amigos que no lo son. ¡Es nuestro privilegio y responsabilidad hablar con ellos cuando se levanten y al acostarse sobre los mandamientos de Dios!

En nuestra casa, nuestros hijos aprovechan la tecnología para aprender y jugar. Pero su «tiempo en línea» está estrictamente limitado y monitoreado, no pueden utilizar los dispositivos a solas en sus habitaciones, por ejemplo.

Padres y madres, éste también es un consejo para nosotros: Necesitamos apagar los celulares. Estar presentes como una familia. Los correos esperarán. El blog puede leerse más tarde. Y a nadie le interesa la foto de tu comida.

Por otro lado, la tecnología puede ayudarnos a estar presentes. Algunos de nosotros pueden trabajar desde el hogar de vez en cuando. Facetime, Skype, y Google-chat pueden ser útiles si realmente tienes que irte lejos, por ejemplo, desplegado en el extranjero con el ejército (numerosos soldados han visto a sus recién nacidos a través de Skype). También considera la bendición de dejar un sin fin de correos electrónicos cargados de las Escrituras o incluso videos a tus hijos después de haberte ido. Una caricatura del New Yorker  mostró recientemente a una niña preguntando dónde estaba su abuelo; su madre le contestó: «está en la nube» (en referencia al Email Cloud). Sin embargo, en serio, considera la bendición de almacenar fácilmente mensajes para tus hijos.

¿La tecnología te está ayudando o impidiendo que estés presente?

  1. ¿Nos está ayudando a estar alertas?

¿Alguna vez has notado cuántas veces la Escritura nos ordena que permanezcamos «alertas» (por ejemplo, Mr. 13:33, Ef. 6:18, 1 Ts. 5:6, 1 P. 5:8), «listos» (Col. 4:2) y «despiertos» (Ap. 16:15), y con qué facilidad la tecnología y las redes sociales pueden dejarnos confundidos, adormecidos y distraídos por nuestro deseo de conocer la siguiente noticia? Piensa en el pobre chicho que se estrella contra un poste de luz mientras envía un mensaje de texto, una metáfora perfecta para nuestra cultura, y para muchos de nosotros y nuestros hijos. ¡Levanta la cabeza y mira por dónde vas!

Hermanos y hermanas, el juicio final se acerca. La vida avanza y nosotros estamos ocupados enviando mensajes de texto. ¿Estamos procurando oportunidades para servir o nos encontramos jugando Angry Birds? En cierto sentido, lo entiendo: hemos tenido un largo día, estamos cansados, queremos tomar un par de minutos para despejarnos. Pero quizá estamos demasiado listos con esa excusa. Richard Neuhaus habla de la apatía de: «…las incontables noches borradas por la televisión, noches ni de entretenimiento ni de educación, sino de la defensa narcotizada contra el tiempo y el deber»[2].

Padre, madre: En base a tus hábitos con la tecnología, ¿enseñas a tus hijos a estar contentos con «nadar en las aguas poco profundas y pasar su tiempo pasando el tiempo»? (DeYoung, Don’t Let the Screen Strangle Your Soul [No dejes que la pantalla estrangule tu alma], Parte II). Si tu familia a veces pareciera estar confundida por la tecnología, considera memorizar este versículo: «Y esto, conociendo el tiempo, que es ya hora de levantarnos del sueño, porque ahora está más cerca de nosotros nuestra salvación que cuando creímos» (Romanos 13:8).

¿La tecnología te está ayudando o impidiendo que estés alerta?

  1. ¿Nos está ayudando a ser transformados? 

Dios nos ordena: «No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento…» (Romanos 12:2). Hay un patrón en cómo este mundo piensa. Ese patrón nos presiona, obligándonos, si es posible, a conformarnos a este siglo. Seguramente el interminable bombardeo de información de la tecnología y las redes sociales es un sistema de entrega de mundanidad inigualable en la historia humana.

Nicholas Car en su libro The Shallows: What the Internet is Doing to Our Brains [La superficialidad: Lo que el internet le hace a nuestros cerebros], recopila una impresionante variedad de investigaciones que demuestran que nuestros cerebros son como el plástico, y lo que almacenamos en ellos crea canales profundos que son difíciles de eliminar. Piénsalo. La tecnología realmente da forma a tu cerebro. Eso respalda científicamente lo que Pablo escribió hace 2000 años.        Que el mundo te conformaría; sé transformado por la Palabra de Dios. Talla canales bíblicos en tu cerebro.

Aquí, la tecnología también puede ser bastante útil. Nunca ha sido más fácil leer, escuchar, ver, memorizar, compartir, estudiar y entender las Escrituras, gracias a la tecnología. Sin embargo, recordemos que nuestras mentes están siendo conformadas a algo y debemos ser conscientes de lo que nos está moldeando.

También debemos hacer la pregunta: Si nuestros cerebros son como el plástico, ¿cómo es el cerebro de nuestros hijos? ¿Qué canales estás tallando en el cerebro de tus hijos? Llénalos de la Palabra de Dios día y noche. Ayúdales a ser transformados por toda la Biblia, meditándola con ellos todo el tiempo. Y sí, aprovecha la tecnología para ayudarte con esto.

¿La tecnología te está ayudando o impidiendo ser transformado a la imagen de Cristo?

  1. ¿Nos está ayudando a crecer en sabiduría? 

La tecnología informática puede desdibujar la diferencia entre conocimiento y sabiduría. Debemos recordar que, bíblicamente, lo nuevo no siempre es mejor y más no siempre es lo mejor. El último blog puede ser menos valioso que algo escrito hace 500 años, de hecho, probablemente sea menos valioso ya que el blog no ha durado 500 años.

Necesitamos ayudar a nuestros hijos a ver que viven en un pantano de información a menudo totalmente inútil, y enseñarles a cómo encontrar fuentes de verdadera sabiduría. Esto puede simplemente significar apagar los videojuegos y los medios de comunicación y entregarles libros, especialmente viejos. Para nosotros, entre otras cosas, esto significa animar a nuestros hijos a leer libros reales y físicos no solo nuevos.

¿La tecnología te está ayudando o impidiendo que crezcas en sabiduría?

  1. ¿Nos está ayudando a ser pacientes?

Tocaré brevemente este punto. El nombre del juego en la tecnología es velocidad: procesadores más rápidos, más bandas anchas, descargas más rápidas. Pero en repetidas ocasiones las Escrituras nos enseñan que el hombre sabio es paciente, paciente para esperar que su cosecha dé fruto, paciente ante las faltas de otros, paciente al esperar la venida del Señor. Esto significa que debemos ser capaces de centrarnos y de fijar nuestra atención en el panorama general de las cosas, y de no siempre estar buscando la siguiente noticia en nuestra página de Facebook o Twitter.

Un psiquiatra cristiano señaló que uno de los grandes problemas con la tecnología y las redes sociales que ve en los niños, y en todos nosotros, es que nos enseña a querer todo de inmediato. No aprendemos a ser resilientes y perseverantes, digamos, con un libro o con un problema difícil. Esto es cierto tanto para adultos como niños.

Confío en que entiendes el punto. Los niños necesitan aprender a ser perseverantes. Limitar su tiempo ante la pantalla puede ser de ayuda.

¿La tecnología te está ayudando o impidiendo que seas paciente?

  1. ¿Nos está ayudando a estar contentos?

Muchos de nosotros somos glotones visuales. Siempre «necesitamos» más información. Carecemos de dominio propio. Estamos esclavizados al continuo deseo (Efesios 4:19) por más contenido cognitivo, más novedad.

El autor Nicholar Carr escribe que descubrió que ya no podía concentrarse en su trabajo sin detenerse para revisar la web:

«Al principio pensé que el problema era un síntoma de la podredumbre mental en la mediana edad. Pero mi cerebro, me di cuenta, no solo estaba a la deriva. Estaba hambriento. Exigía ser alimentado de la forma en que la red lo alimentaba, y cuanto más se alimentaba, más hambre tenía. Incluso cuando estaba lejos de mi computadora, deseaba revisar el correo electrónico, hacer clic en los enlaces, navegar. Yo quería estar conectado»[3].

Ciertamente una descripción de esto es «¡correr tras el viento!» (Ec. 1:14) (NVI). Como nos dijo el escritor de Eclesiastés, «no hay fin de hacer muchos libros» (Ec. 12:12), y eso fue miles de años antes de que se inventara la imprenta.

Una pregunta importante: ¿Pueden tu hijo y tú tomarse uno o dos días libres de Facebook o del celular? ¿Puedes evitar tu perfil de Twitter por un día? ¿Puedes tomarte una tarde libre de correos? ¿Podrías evitar los videojuegos por una semana?

¿Dices que tu respuesta a todas esas preguntas es sí? Genial. Pero, ¿lo harás? ¿Cómo sería para tu familia realizar un ayuno de tecnología? ¿Por qué no averiguarlo?

¿La tecnología te está ayudando o impidiendo que estés más contento?

  1. ¿Nos está ayudando a ser reales?

El evangelio no es un juego. El amor de Jesús no le costó su vida virtual. Él realmente tomó forma humana, contendió con un Satanás real, demostró una valentía real, sintió un dolor real, fue clavado en una cruz real, y experimentó una resurrección corporal real.

Por favor, no me malinterpretes. Si la literatura y los juegos de fantasía en línea inspiran la esperanza del cielo y la motivación para realizar hazañas reales, puede que valgan la pena. Pero si estas fuentes, en cambio, juegan al engañador: haciéndote sentir una verdadera impresión de valentía y logros, o una conexión romántica real, cuando no has logrado nada en el mundo real y físico, entonces son falsas. Jesús nos llama a amar a familias reales y miembros de la iglesia reales, con pecados reales y dificultades reales, que conducen a la verdadera alegría.

Aquí llegamos a un punto muy importante para todos los padres, pero especialmente (por ahora) para los padres de hijos varones. Le entregaré el micrófono a Russ Moore:

La pornografía promete orgasmo [placer] sin intimidad. Los videojuegos de guerra prometen adrenalina sin peligro. La excitación que hace que éstos sean tan atractivos es, en última instancia, espiritual hasta el fondo…

Esta es una generación sumida en amores falsos y guerras falsas, y eso es peligroso. Un hombre que aprende a ser un amante a través de la pornografía amará simultáneamente a todas y a nadie a la vez. Un hombre obsesionado con los videojuegos violentos puede aprender a luchar contra todos y contra nadie a la vez.

La respuesta a ambas adicciones es combatir fuego con fuego. Establezcamos la visión del evangelio de un Cristo que ama a su novia y que lucha por salvarla. Y luego, capacitemos a nuestros jóvenes a seguir a Cristo aprendiendo a amar a una mujer real, a veces luchando contra sus propios deseos y los seres espirituales que lo devorarían. Enseñemos a nuestros hombres a amar y luchar… de verdad[4].

En resumen, nuestros hijos necesitan coraje para amar y luchar, para criar, proteger y trabajar en el mundo real.

¿Cómo podemos alentar esto? Por supuesto, comienza poniendo límites: establece límites de tiempo, coloca cosas fuera de los límites, instala filtros. Pero también deberíamos enseñarles cómo responder cuando se encuentren con algo que no deberían tener. Incluso los proveedores de filtros dirán: ¡No confíes en el filtro! Un filtro no ayuda cuando un amigo le entrega un teléfono con una imagen pornográfica en la pantalla a tu hijo. Asume que tus hijos verán cosas que no deberían y enséñales cómo responder cuando lo hagan, es decir, a huir y, si es necesario, a arrepentirse.

Esto es algo en lo que nosotros también debemos reflexionar, ya que el mundo de las redes sociales nos permite crear un mundo totalmente privado que alimenta el egoísmo y el orgullo: y milita contra la verdadera comunión. Por un lado, podemos consumir y disfrutar lo que sea que nosotros queramos. Estamos acostumbrados a escuchar o ver lo que queremos, cuando queremos, donde queremos.

Creamos nuestros propios mundos privados, que con mucha frecuencia otros desconocen. Como lo expresó MacArthur en la entrevista que mencioné anteriormente, ahora puede ser que: «Tú no conoces mi mundo; no te diré acerca de mi mundo, porque mi mundo ahora está infectado con cosas que no puedo decirte, que no quiero que sepas…». Más que eso, controlamos lo que otros ven de nosotros. «Yo no solamente creo mi mundo, me creo a mí mismo… El único yo que conocerás es el yo que estoy dispuesto a publicar en las redes; el único yo que conocerás es el yo que quiero que pienses que soy…».

Esto puede hacer que sea un desafío ayudar a nuestros hijos a crecer siendo honestos, auténticos, solidarios, humildes, genuinos. Si EN SERIO los ayudamos a ser esas cosas, y no son tan hábiles para comunicarse en el ámbito virtual, estarán bien.

Un último consejo para «mantener real al internet»: Haz que tus hijos usen la tecnología para enseñarles a hacer cosas reales. Le enseñamos a nuestros hijos a usar aplicaciones en sus iPads. Regularmente nos referimos a YouTube para toda clase de instrucciones como construir edificios, sembrar, arreglar juguetes, etc.

Considera esto también: ¿Están tus hijos usando la tecnología y las redes sociales para seleccionar a sus «amigos» y pasar por alto a sus verdaderos vecinos?

¿La tecnología te está ayudando o impidiendo que seas real?

  1. ¿Nos está ayudando a orar?

Cuando Jesús se enfrentaba a multitudes abrumadoras, iba a «lugares desiertos» a orar (Lucas 5:16). ¿Conocen tus hijos y tú cómo encontrar lugares desiertos? ¿Puedes calmar tu mente lo suficiente para orar, recordar un pasaje y orar otra vez a Dios? ¿Puedes sostener una línea de pensamiento mientras hablas con Dios acerca de un problema en tu vida o en tu familia? ¿Ven tus hijos y tú las noticias como oportunidades para orar? ¿Oras por los correos que recibes? «Mas el fin de todas las cosas se acerca. Sed, pues, sobrios, y velad en oración» (1 Pedro 4:7).

El desafío aquí no es simplemente que la tecnología distrae; promete su propio escape del estrés, una alternativa divina. Los videojuegos, las películas, los sitios de noticias nos harán dejar nuestros problemas y entrar en otro mundo. ¡Pero Dios quiere ser nuestro refugio! (Sal. 46:1). Frente a un momento de estrés, ¿preferirían tu hijo y tú concentrarse en el internet u orar? Haz un hábito de orar en todo momento con tus hijos, especialmente cuando sientes la tentación de ceder ante la ansiedad. Capacítalos para que no corran a la pantalla sino a Jesús.

¿La tecnología te está ayudando o impidiendo que ores?

  1. ¿Nos está ayudando a ser humildes? 

Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes (Stg. 4:6). ¿Las redes sociales te permiten vivir una vida de orgullo bien cuidado, cultivando tu rostro público, tu larga lista de «amigos»? ¿Consideras tus razones cuando «compartes» un logro (o el éxito de tus hijos) en Facebook? ¿Te inspira envidia? Enséñale a tus hijos acerca de la tentación del miedo al hombre, de compararse pecaminosamente con los demás, y cómo el orgullo puede estar detrás (o ser alimentado por) lo que publicamos, especialmente a través de herramientas como Facebook, Instagram y Twitter.

¿La tecnología te está ayudando o impidiendo que seas humilde?

  1. ¿Nos está ayudando a ser administradores? 

Hemos sido advertidos muchas veces que debemos multiplicar nuestros talentos y evitar la disipación. «Mirad, pues, con diligencia cómo andéis, no como necios sino como sabios, aprovechando bien el tiempo» (Efesios 5:15-16).

¿Cuál es el costo de oportunidad con la tecnología? Mantén un registro de las horas. Proverbios llama a los jóvenes a trabajar diligentemente. La mujer de Proverbios 31 no estaba leyendo novelas románticas; estaba casada con un hombre real, tenía hijos reales, dirigía a una familia real hasta muy tarde y se levantaba muy temprano. Sí, me doy cuenta que era una persona compuesta; ¡pero es una ilustración de cómo nuestras chicas deben aspirar a un verdadero logro!

Sí, la tecnología puede ser un multiplicador. Puedo quedar atrapado en eventos clave en el mundo que afectan mi trabajo, en los primeros 30 minutos del día (¡o puedo perder los primeros 30 minutos navegando por los titulares en lugar de orar!) Nuestra familia ha aprendido todo tipo de cosas acerca de la creación de Dios a medida que buscamos en Google alguna pregunta interesante que surgió en la conversación. Los blogs y sitios de sermones evangélicos pueden ser útiles. Pero aún debemos preguntarnos: ¿La tecnología nos está ayudando o impidiendo que seamos buenos administradores de nuestro tiempo?

¡Pregunta bonus (porque 11 es mejor que 10)! ¿La tecnología me está ayudando a ser santo?

Santiago 1:27 dice claramente: «La religión pura y sin mácula delante de Dios el Padre es ésta: Visitar a los huérfanos y a las viudas en sus tribulaciones, y guardarse sin mancha del pecado».

Asimismo, Hebreos 12:14 señala: «Seguid la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor». Y 1 Pedro 1:15-16: «sino, como aquel que os llamó es santo, sed también vosotros santos en toda vuestra manera de vivir, porque escrito está: Sed santos, porque yo soy santo». Pablo dijo a Timoteo: «Huye también de las pasiones juveniles» (2 Ti. 2:22).

Recuerda el comentario de MacArthur que citamos anteriormente: «La herramienta más poderosa para destruir la vida que jamás se haya puesto en la mano del hombre». Ya sea la tentación a la pornografía, la fornicación emocional o el orgullo, debemos ser honestos acerca de si nuestro uso de la tecnología nos está permitiendo pensar en «todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre…» (Fil. 4:8). ¡Puede ser esa clase de ayuda! Si no es así, debemos confesarlo, y buscar la ayuda de nuestros hermanos y hermanas en Cristo para que incluso nuestro uso de los teléfonos inteligentes esté bajo el señorío de Cristo. Y luego enseñar y ayudar a nuestros hijos a hacer lo mismo.

Conclusión

El punto final  a contemplar es el siguiente: ¿La tecnología nos está ayudando o imposibilitando? ¿La estamos dominando, o ella nos está dominando a nosotros? Que Dios nos de la gracia para usar la tecnología solo para su gloria.

Ejemplos de «límites digitales»:

  • No revisar mi teléfono celular hasta después de mi devocional matutino.
  • Apagar las notificaciones.
  • Intentar finalizar mi día digital a las 9 de la noche.
  • No revisar mi teléfono celular cuando almuerce o cene con un amigo, o dejar el teléfono en el auto.
  • Practicar un ayuno digital cada domingo (o comenzarlo cada domingo por la tarde).
  • No usar dispositivos electrónicos a la hora de comer.
  • Limitar revisar los correos y los mensajes de textos a una vez por hora.
  • Intentar no hablar por teléfono con personas virtuales cuando tenga a personas reales frente a mí.
  • Orar diariamente a Dios para que me ayude a ser un buen administrador de mi vida virtual.

[1] Neil Postman, Technopoly [Tecnopolio], Capítulo 5.

[2]DeYoung, Don’t Let the Screen Strangle Your Soul [No dejes que la pantalla estrangule tu alma], Parte II  (citando a Neuhaus, J., Freedom for Ministry 227).

[3]What the Internet is Doing to Our Brains [Lo que el internet le hace a nuestros cerebros].

[4]Russ Moore, Fake Love, Fake War: Why So Many Men Are Addicted to Internet Porn and Video Games [Amor falso, guerra falsa: Por qué tantos hombres son adictos a la pornografía y a los videojuegos en internet]  (http://www.desiringgod.org/blog/posts/fake-love-fake-war-why-so-many-men-are-addicted-to-internet-porn-and-video-games).