Discipulado

Orando en las Relaciones de Discipulado entre Hermanas

Artículo
10.09.2018

«¡Oraré por ti!»

Muchas veces lanzamos esta declaración a los amigos, pero ¿qué tan frecuentemente realmente oramos por ellos? Mientras considero mis relaciones de la iglesia, anhelo ser una hermana en Cristo que está comprometida con la oración. Si definimos el discipulado como «deliberadamente hacer un bien espiritual a alguien para que él o ella sea más como Cristo»,  entonces ciertamente la oración juega un papel crítico en nuestras relaciones de discipulado. Así que, mientras influenciamos y discipulamos mujeres, sería sabio considerar como incorporar la oración a nuestras interacciones diarias.

Comprométete a orar en tus relaciones de discipulado

¿Qué distingue tus relaciones cristianas de tus otras amistades? Tengo muchos amigos no creyentes que están «pensando en mí» y «enviándome buenos deseos»,  pero lo que tiene más valor en mi vida son esas mujeres que se que están comprometidas a orar por mí. Anhelo ser ese tipo de amigo en mis propias relaciones de discipulado en la iglesia.

En nuestro pacto de iglesia, cada miembro de mi iglesia hace un compromiso para «caminar juntos en el amor cristiano, ejerciendo un cuidado afectuoso y cuidando unos por otros… orando unos por otros». Esto significa que, ante Dios, es nuestro deber orar unos por otros, especialmente por aquellos que estamos discipulando.

El compañerismo cristiano no es simplemente «andar con otros cristianos»—y discipular no es sólo hablar y escuchar. Cuando discipulamos a otros, tenemos el privilegio de ayudarles a seguir a Jesús, y dos herramientas críticas para ello son la Palabra de Dios y la oración. Sin este poderoso par, no soy más que un oído que escucha, y cualquier influencia espiritual que tenga será mínima. De hecho, he dejado muchas reuniones preguntándome si lo que dije fue de edificación. Pero nunca he cuestionado eso cuando nuestras reuniones incluyen la oración y el estudio de las Escrituras. Mis palabras y consejo pueden en ocasiones ser insuficientes, pero acercarnos al trono de Dios a favor unos de otros siempre traerá bendición.

Ora la biblia

Orar la Palabra de Dios es una herramienta poderosa en lucha por la santidad. Cuando nuestros corazones son propensos a vagar, y somos tentados a seguir nuestras emociones, es una bendición tener una compañera cristiana que desee orar las Escrituras contigo. Ha habido muchas ocasiones cuando no sé exactamente cómo orar por alguien, pero afortunadamente las Escrituras son suficientes. Algunas veces, la mejor manera de comenzar es clamando «¡no sabemos qué hacer, pero nuestros ojos están en ti!» (2 Crónicas 20:12).

Recordatorios útiles

Mientras oramos por hermanas en Cristo, a continuación algunos recordatorios útiles:

  1.  Ora por los atributos de Dios.

Recuérdense unos a otros con frecuencia quien es Dios; alábenle por ser soberano, que no cambia, santo, que lo sabe todo, etc.

  1.  Ora las promesas del evangelio.

Recuerda el don precioso de Dios de la salvación por medio de Cristo. Tenemos una herencia incorruptible en los cielos para nosotros, y Dios recuerda ya no recuerda nuestras transgresiones. Él nos ha dado todo lo que necesitamos para la vida y la piedad.

  1.   Mientras oras, recuerda quien Dios nos ha llamado a ser en Cristo.

Somos propensos a olvidar que somos hijos, escogidos, redimidos y perdonados.

  1.   Ora a través de pasajes específicos por esa persona.

¡Abre esa concordancia y deja que la Palabra viva y activa de Dios hable! Las epístolas son un buen lugar para orar unos por otros.

Al discipular a otros, puedo decirle alguien que se vuelva del pecado, pero el mayor quebrantamiento surge cuando oramos Colosenses 3 juntos. Puedo decir palabras de consuelo a alguien que lucha con la ansiedad, pero orar 1 Pedro 5:6-7 generalmente produce un mayor consuelo. Cuando una amiga está cuestionando si el plan de Dios para su vida es bueno, Romanos 8 tiene una palabra de mucho valor.

Mientras hacemos oraciones de alabanza y acción de gracias, mientras clamamos por provisión y misericordia, llenando nuestras palabras con fundamentos de las Escrituras y nuestros corazones con la verdad, esto nos lleva a tener una fe más profunda en Cristo.

Ora por la unidad y el amor

No es sorpresa que crecemos en el amor cristiano por aquellos que oramos. Aún en las comunidades más cerradas, podemos encontrarnos lidiando con la comparación y la envidia. Es fácil caminar hacia la iglesia, mirar a las mujeres que están en los alrededores, y creer las mentiras que nos decimos a nosotras mismas—sus vidas deben estar libres de luchas, sus matrimonios y familias deben ser perfectas, seguro que no pueden relacionarse conmigo.

Pero mientras discipulamos y somos discipuladas por otras, somos recordadas de que no somos las únicas que luchan con el temor y la ansiedad, nos impacientamos con nuestros hijos, o dudamos de la bondad de Dios. Cuando invertimos en las vidas de otros miembros de la iglesia y nos comprometemos a orar por ellos, creceremos en unidad. Las oraciones derriban las paredes de la inseguridad y el temor y nos permiten unirnos a otros cristianos mientras luchamos juntos para seguir a Jesús.

Hace algunos años atrás, una mujer que conocí compartió algo sobre una situación con la que ella estaba luchando con relación al plan de Dios para su vida. Su disposición a compartir abiertamente me ayudó a orar por ella, y orar por ella me llevó a amarla, ¡aún cuando no la conocía!

Aunque es verdad que oras por aquellos a quienes amas, también es verdad que creces en amor por aquellos por quienes oras.

Ora cuando no es conveniente

La oración no tiene que ser larga o perfectamente planificada. Puede ser ruidosa, interrumpida, con niños alrededor. Nunca olvidaré una reunión con una mentora años atrás cuando no tenía hijos y ella tenía tres. Acababa de ir a hacer algunas cosas con ella y hablar sobre la vida. Cuando nos detuvimos en la entrada de su casa, ella dijo «simplemente oramos aquí en el carro antes de entrar al caos».

Cuando comenzamos a orar, una pelota de basquetbol chocó su ventana. Ella bajó el cristal y le dijo al que tenía la pelota: «estoy orando y terminaré en unos minutos». Luego ella cerró nuevamente el cristal para terminar de orar.

Su ejemplo se quedó grabado en mí. A veces pienso equivocadamente que el discipulado tiene que ser con Biblias abiertas y muchos tiempos de quietud dedicados a orar, pero esa no es la realidad de la mayoría de las personas.

A continuación algunas sugerencias prácticas para incluir la oración en tus relaciones de discipulado:

  • Ora mientras estás caminando.
  • Ora en el carro después del almuerzo o café.
  • Ora en el teléfono mientras conduces hacia la casa.
  • Asegúrate de preguntar cómo puedes orar por ellas durante la semana.
  • Sé lo suficientemente vulnerable como para pedir oración por ti.
  • Envía un mensaje de texto a una amiga para dejarle saber que estás orando por ella.

¡Simplemente ora!

Frecuentemente abandono mi tiempo con hermanas en Cristo deseando haber orado con ellas o por ellas. Orar no siempre es fácil, y no siempre es conveniente o práctico. Sin embargo, siempre es bueno, y siempre seremos bendecidas al hacerlo.

Así que, mientras nos reunimos como mujeres—compartiendo sobre nuestros matrimonios, nuestra crianza, nuestras luchas espirituales—hagamos el compromiso de orar unas por otras. Abandonemos nuestro tiempo juntas, confiadas en que nos hemos hecho un bien espiritual unas a otras.


Traducido por Samantha Paz, República Dominicana.