Clases esenciales: Nuevo Testamento

Nuevo Testamento – Clase 4: Mateo: El Rey prometido

Artículo
27.06.2018

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Clase esencial
Panorama del Nuevo Testamento
Clase 4: Mateo: El Rey prometido


Introducción

Mahoma,  Buda, Confucio, Abraham, Moisés… Cuando la gente piensa en fundadores religiosos estos son los nombres que vienen a la mente. Otro nombre que viene a la mente es Jesús. ¿Aglomeras a Jesús dentro de esa categoría de inventores religiosos? ¿Eso es lo que él era?

Interesante pregunta. Actualmente, muchas personas en el mundo creen que la respuesta sin duda es «sí». Sea que creas en él o no, ciertamente fundó una de las religiones más grandes a nivel mundial. Sin embargo, una de las cosas más sorprendentes que vemos en  el Evangelio de Mateo, nuestro tema en la mañana de hoy, es que aunque Jesús en verdad dijo algunas cosas que nadie había dicho anteriormente, él no fue el autor de una nueva religión. Como ha escrito nuestro pastor, Mark Dever: «Jesús no fue un innovador, sino la respuesta. No fue un inventor, sino el cumplimiento. En Mateo, Jesús se presenta como la clave para comprender las Escrituras del Antiguo Testamento. Él es el intérprete autoritativo de los escritos y tradiciones religiosas de Israel. Los explica. Desde Génesis hasta Malaquías, desde la enseñanza acerca del matrimonio y el divorcio hasta los Diez Mandamientos y el amor, Jesús cita el Antiguo Testamento y nos dice qué significa».

De esto trata Mateo. Al entrar al primer libro del Nuevo Testamento, debemos entender la continuidad con el Antiguo. Israel había estado esperando a su rey durante 400 años. Se encontraban bajo el yugo del dominio y la opresión romana. Muchos falsos Cristos y profetas estaban surgiendo y afirmaban ser el Mesías que traería la libertad política del pueblo. Pero todos fallaron. ¿Quién sería el rey? ¿Cómo lo reconocerían? ¿Cómo llegaría?

Para examinar estas preguntas y las circunstancias que rodean la llegada del Rey, vamos esta mañana al Evangelio de Mateo. Mateo presenta a Cristo a través del lente del Antiguo Testamento. El traza el linaje de Cristo desde Abraham. El Mesías había venido para cumplir lo que se esperaba desde hace mucho tiempo.

Contexto

Casi no se cuestiona que el apóstol Mateo (también llamado Leví en los relatos de Marcos y Lucas) sea el autor del Evangelio que lleva su nombre. Sabemos que era judío, recolector de impuestos y uno de los doce discípulos/apóstoles del Señor. Eso hace que su experiencia como testigo presencial de la vida y el ministerio de Jesús sea una mayor fuente de información para el Evangelio. Después de todo, al menos un 42% del Evangelio de Mateo contiene información completamente única de este Evangelio. Y 60% de este libro está compuesto de citas de Jesús; algo que Mateo (como recolector de impuestos o «escriba») habría sido capaz de registrar fielmente.

Mateo escribió su Evangelio en las décadas inmediatamente posteriores al tiempo de Cristo en la tierra. Dado su estilo de redacción, Mateo parece estar escribiendo a una gran audiencia judía. Supone la familiaridad del lector con muchas tradiciones judías, tradiciones que otros autores de los Evangelios explican cuidadosamente. Además, emplea extensamente material del Antiguo Testamento, particularmente pasajes proféticos, y parece ser el más directo en abordar los errores de los fariseos y saduceos. Estas cualidades hacen que Mateo sea un gran libro que recomendar a cualquier amigo judío que de manera honesta está dispuesto a explorar las declaraciones de Cristo. Y es un recurso increíble para comprender cómo debemos entender y usar el Antiguo Testamento como cristianos en la actualidad.

Bosquejo de Mateo

Una de las cosas que debemos notar al comenzar a estudiar el libro de Mateo es cuán altamente estructurado se encuentra. Encontrarás que esto es más cierto para algunos libros del Nuevo Testamento que para otros, pero cuando lo es, entender esa estructura es fundamental para comprender el contexto dentro del libro. Por tanto, ¿cuál es la estructura de Mateo? Ve el capítulo 7, versículos 28  y 29, al final del Sermón del Monte. «Y cuando terminó Jesús estas palabras, la gente se admiraba de su doctrina; porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas». Ve a Mateo 11:1: «Cuando Jesús terminó de dar instrucciones a sus doce discípulos, se fue de allí a enseñar y a predicar en las ciudades de ellos». Y de nuevo al 13:53: «Aconteció que cuando terminó Jesús estas parábolas, se fue de allí». ¿Ves el patrón? Cuando terminó… Cuando terminó… Cuando terminó. Vemos que esa fórmula se repite cinco veces en Mateo. Cada vez aparece al final de una larga sección de enseñanza, que a su vez sigue a una sección narrativa. Y esas distintas secciones en el libro —hay siete en total, incluyendo la introducción que precede al Sermón del Monte—, construyen la historia que Mateo está contando, por así decirlo. Sintetizaré brevemente estas siete secciones, y luego, entraremos y seguiremos el relato de Mateo de principio a fin.

Los primeros cuatro capítulos cubren asuntos introductorios: la genealogía de Cristo, su nacimiento, bautismo y preparación para el ministerio. Los tres últimos capítulos del libro, la séptima sección, narran sus últimas horas, la crucifixión y la resurrección.

En el medio se encuentran cinco secciones de narrativa y enseñanza que prácticamente se asemejan a los cinco libros de la ley en el Antiguo Testamento. Los capítulos 5-7 comprenden casi en su totalidad el Sermón del Monte. Más adelante, los capítulos 8-10, demuestran los milagros de Jesús, seguidos de una enseñanza acerca de la persecución cuando envía a los 12 discípulos. Los capítulos 11-13 registran la creciente oposición al ministerio de Jesús, junto a parábolas acerca de la verdadera naturaleza del Reino de Dios. El tercer grupo de estas dobles enseñanzas/narrativas, los capítulos 14-18, sirven como punto crítico del libro. La narrativa muestra la creciente polarización entre Jesús y el mundo, acentuada por la confesión de Pedro de Jesús como el Cristo y la transfiguración. Luego, Jesús procede a enseñar acerca de la iglesia. El último de los cinco grupos, los capítulos 19-25, se centran en la semana de Jesús en Jerusalén hasta la cruz y su enseñanza acerca del fin de los tiempos.

Habiendo establecido esa estructura, analicemos cada una de estas partes para poder mostrar cómo éstas crean un crescendo hasta la cruz.

Secciones 1 y 2: Nacimiento y  primeras enseñanzas

Comenzaremos uniendo las dos primeras secciones de Mateo: desde la genealogía en el capítulo 1 hasta el final del Sermón del Monte en el capítulo 7. Puesto que ambas tienen el propósito de demostrar fundamentalmente que Jesús es quien conecta todos los aspectos de la profecía y tipología del Antiguo Testamento, y plantean la pregunta de qué significa eso para nosotros.

Permíteme mostrarte a qué me refiero. Nuevamente, la pregunta: ¿quién es Jesús? ¿Y la respuesta? Él es el cumplimiento de todo en el Antiguo Testamento. Él es judío y, sin embargo, algo nuevo.

El comienzo de este Evangelio se enfoca en la identidad judía de Jesús, y su posición en el linaje real de David. «Libro de la genealogía de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abraham». No hay duda de que Jesús era Aquel a quien el pueblo judío había estado esperando, independientemente de que lo hayan visto o no. El Evangelio de Mateo fue escrito en una época importante para los judíos. Luego de la destrucción del templo, solo sobrevivirían dos corrientes del judaísmo: el judaísmo rabínico y el cristianismo judío. Qué hacer con la herencia judía era una consideración importante para aquellos judíos que se habían convertido en cristianos, como también veremos más adelante en el libro. De manera que, el hecho de que Mateo demuestra que Jesús es el cumplimiento de todo lo que es judío, es crucial; señalaba qué hacer con esta herencia.

Y no solo vemos esto en la genealogía, sino también en la narrativa del nacimiento. Jesús es el cumplimiento de la antigua profecía acerca del Mesías. Vemos la profecía de Isaías de una virgen dando a luz en el capítulo 1, y la profecía de Miqueas acerca del niño Cristo traído desde Belén en el capítulo 2. Pero Jesús no solo cumple las profecías del Antiguo Testamento; de hecho, cumple la visión de Dios para el pueblo. Él es el nuevo Israel. Y obedece perfectamente donde Israel había fallado.

Mateo se esfuerza por demostrarnos eso a medida que llegamos al final de la narrativa del nacimiento. Ve Mateo 2:15: «para que se cumpliese lo que dijo el Señor por medio del profeta, cuando dijo: De Egipto llamé a mi Hijo». El contexto aquí es María, José y Jesús obligados a huir a Egipto para escapar de la ira asesina del rey Herodes. Interesante, pareciera que porque Jesús va a Egipto, Mateo dice que está cumpliendo la profecía: «De Egipto llamé a mi Hijo». Sin embargo, si volvieras a esa profecía, en Oseas 11, entenderías lo que realmente ocurre. El «hijo» de esta profecía es la nación de Israel. Habían sido rescatados de la tierra de Egipto. Pero ahora, ¿qué sucede? Este nuevo Israel está siendo rescatado nuevamente, pero esta vez la tierra de la idolatría y la opresión es, de hecho, la tierra de Israel. Y así, de ese Egipto espiritual, Dios llama a su nuevo hijo.

¿Y qué sucede cuando este nuevo Israel, este hijo inicia su ministerio? Bien, aunque la nación de Israel deambuló por el desierto durante 40 años de desobediencia, Jesús ayuna durante 40 días en el desierto y, sin embargo, permanece en obediencia pese a grandes tentaciones. En lugar de quejarse por pan, vive por cada palabra que proviene de la boca de su Dios. Jesús cumplió todo el potencial que la nación de Israel señalaba.

Podría seguir, Demostrando cómo cada cita del Antiguo Testamento en Mateo conecta otro aspecto del Antiguo Testamento en Jesús, pero entiendes el punto. Todo esto, las profecías, incluso el pueblo, encuentra su cumplimento en Jesucristo.

Y eso nos lleva al Sermón del Monte. Casi al principio de su sermón, Jesús declara, muy increíblemente: «No penséis que he venido para abrogar la ley o los profetas; no he venido para abrogar, sino para cumplir» (5:17).  De manera que, él no solo cumple la profecía o la tipología, sino la mismísima ley de Dios.

Jesús no vino para destruir el judaísmo, sino para llevarlo a su propósito final. Enseñó por qué existían la ley, los profetas, el templo, el sistema sacrificial y las costumbres. Todo apuntaba hacia él. Y donde Abraham, Jacob, Moisés y David resultaron deficientes, Jesús fue el Hijo obediente, la perfección de la ley y el Rey eterno.

Entonces, ¿Jesús era judío? Desde luego. Tan consumadamente judío como alguna vez lo hubo. No obstante, incluso aquí en el Sermón del Monte, vemos que también apunta hacia algo nuevo. Este sermón tiene la intención de ilustrar lo que él dice en Mateo 5:20: «si vuestra justicia no fuere mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos». Y luego procede con una exposición absolutamente fulminante de la ley de Dios, demostrando que incluso las miradas lujuriosas son adulterio y que el odio es asesinato. ¿El punto? Nadie tiene una justicia que sea suficiente para entrar al Reino de los cielos. Y así, incluso cuando Mateo demuestra cuán perfectamente Jesús cumple todo el Antiguo Testamento, señala algo nuevo. Que él sería el sacrificio final necesario por el pecado. Su obra en la cruz, con las implicaciones para el templo y el sacerdocio significaría: «que el reino de Dios será quitado de vosotros, y será dado a gente que produzca los frutos de él» (21:43). Así, el Evangelio de Mateo cierra con la amonestación de Jesús de predicar el evangelio a «todas las naciones».

Después de la Caída, ¿por qué crees que Dios escogió proveer todo el Antiguo Testamento y permitir que transcurrieran miles de años de historia antes de la llegada de Cristo? Tu respuesta a esta pregunta no debería ser… Buen punto, ¿por qué Eva no solo dio a luz a Cristo? Bueno, la intención de Dios es revelarse a su pueblo. Enseñar a su pueblo quiénes son, su necesidad de él y su necesidad de un salvador que proporcionara la reconciliación. Él usó todo el Antiguo Testamento para preparar a su pueblo para el Mesías venidero, estableciendo su necesidad de un salvador durante miles de años de pecado.

Sección 3: Milagros y persecución

Al final del Sermón del Monte, llegamos al capítulo 7, versículo 28, el primero de esos conectores que mencioné anteriormente, y a medida que llegamos a los capítulos 8-10, vemos que estas estupendas declaraciones de los primeros siete capítulos se confirman.

Jesús realiza milagro tras milagro, sana a un leproso, resucita a los muertos, hace que un cojo camine, sana a los ciegos, incluso calma una tormenta. Así, cuando Juan el Bautista pregunta al inicio del capítulo 11 (v.4b-5) quién es Jesús, Jesús puede responder: «Id, y haced saber a Juan las cosas que oís y veis. Los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos son limpiados, los sordos oyen, los muertos son resucitados, y a los pobres es anunciado el evangelio». Todas esas cosas ya han sucedido en estos cortos capítulos. Jesús es el cumplimiento de todo lo que el Antiguo Testamento apunta, y lo confirma con su ministerio. Por tanto, la enseñanza que cierra esta sección se centra en Jesús enviando a sus discípulos al mundo a predicar el Reino de Dios. Sí, enfrentaran persecución y oposición, pero el poder Dios va con ellos.

Ahora bien, hasta este punto en el Evangelio, todo va bien. Mateo ha demostrado magistralmente cómo Jesús es el cumplimiento de todo el Antiguo Testamento, lo ha confirmado con los milagros de Jesús e incluso ha demostrado cómo Jesús apunta a cosas mejores, que él es Aquel con autoridad para perdonar el pecado. Todo se ve bien. Pero cualquier esperanza de que las cosas alcanzaran el clímax hasta la consumación del Reino se ve tristemente alterada cuando pasamos a otro versículo de transición y entramos en nuestra próxima sección, los capítulos 11-13.

Sección 4: La creciente oposición

Jesús comienza pronunciando infortunios a las ciudades dónde había estado trabajando, y se mete en problemas con los líderes religiosos cuando insiste en corregir su compresión errada y opresiva del día de reposo.

Mateo traza una comparación entre Jesús y Jonás cuando escribe: «Entonces respondieron algunos de los escribas y de los fariseos, diciendo: Maestro, deseamos ver de ti señal.  El respondió y les dijo: La generación mala y adúltera demanda señal; pero señal no le será dada, sino la señal del profeta Jonás. Porque como estuvo Jonás en el vientre del gran pez tres días y tres noches, así estará el Hijo del Hombre en el corazón de la tierra tres días y tres noches. Los hombres de Nínive se levantarán en el juicio con esta generación, y la condenarán; porque ellos se arrepintieron a la predicación de Jonás, y he aquí más que Jonás en este lugar» (12:38-41). El pueblo de Nínive se arrepintió al escuchar al profeta de Dios, y ahora los hombres de Nínive sirven como acusación para aquellos que rechazan a Jesús, el más grande de los profetas.

De hecho, Jesús se vio como superior a cualquiera de estos en el Antiguo Testamento. Mateo escribe: «En aquel tiempo iba Jesús por los sembrados en un día de reposo; y sus discípulos tuvieron hambre, y comenzaron a arrancar espigas y a comer.  Viéndolo los fariseos, le dijeron: He aquí tus discípulos hacen lo que no es lícito hacer en el día de reposo. Pero él les dijo: ¿No habéis leído lo que hizo David, cuando él y los que con él estaban tuvieron hambre; cómo entró en la casa de Dios, y comió los panes de la proposición, que no les era lícito comer ni a él ni a los que con él estaban, sino solamente a los sacerdotes? ¿O no habéis leído en la ley, cómo en el día de reposo los sacerdotes en el templo profanan el día de reposo,  y son sin culpa? Pues os digo que uno mayor que el templo está aquí» (12:1-6).

¿Crees que exista alguien superior a Cristo? Quizá no estás comparando a Jesús con las figuras del Antiguo Testamento como probablemente lo hubiese hecho la audiencia judía de Mateo. ¿Qué personas, cosas o logros nos vemos tentados a elevar por encima de Cristo? Nada ni nadie está por encima de él, así como estas figuras del Antiguo Testamento apuntaban a Jesús, todos los acontecimientos de nuestro mundo y vidas individuales están destinados a apuntar hacia Jesús. ¡Él debe ser seguido porque cumplió la ley perfectamente y se entregó para que todos los que no habían obedecido la ley pudieran ser reconciliados con Dios!

Jesús se ve en aprietos por su insistencia en usar la autoridad que ha afirmado, y nuestra imagen optimista del Reino mesiánico que viene a la tierra está siendo revocada. Así, Jesús termina esta sección con una serie de parábolas, en el capítulo 13, que muestran la verdadera naturaleza de su Reino. No todos responderán bien, o incluso claramente, como enseña la parábola del sembrador. Y todavía no juzgará a sus enemigos, sino que los dejará crecer junto a su iglesia, como vemos en la parábola de las semillas. De hecho, en lugar de un reino inaugurado con una gran batalla o una toma del poder mundial, Jesús dice que su Reino comenzará como la semilla más pequeña.

Jesús frustra a todos. Se mete en problemas con los líderes religiosos por afirmar su autoridad divina y, sin embargo, decepciona a sus seguidores con su insistencia de un ministerio de sufrimiento y oposición. Cuando todos estos aspectos del Antiguo Testamento se conectan, Mateo nos muestra, que el resultado no es lo que esperábamos. 

Sección 5: Jesús es el Hijo de David

Y eso nos lleva al punto crucial y central de libro en los capítulos 14-18. A medida que el ministerio de Jesús continúa,  la oposición se torna más fuerte, y Jesús demuestra que su Reino se extenderá más allá de los judíos, al alabar a una mujer cananea por su fe y al alimentar a 4000 en el capítulo 15.

Ahora  bien, hasta este punto en el libro, Mateo ha estado demostrando claramente que Jesús es el Mesías. Él es quien cumple la promesa de Dios hecha a David en 2 Samuel 7 (v.11).

«Asimismo Jehová te hace saber que él te hará casa. Y cuando tus días sean cumplidos, y duermas con tus padres, yo levantaré después de ti a uno de tu linaje, el cual procederá de tus entrañas, y afirmaré su reino».

Esa es la afirmación que se ha hecho, pero hasta ahora, pocos lo han reconocido. Y así llegamos a Mateo 16, donde Pedro proporciona la declaración que será el punto crucial de Mateo. Jesús pregunta: «¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre? Ellos dijeron: Unos, Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, Jeremías, o alguno de los profetas. El les dijo: Y vosotros, ¿quién decís que soy yo? Respondiendo Simón Pedro, dijo: Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente. Entonces le respondió Jesús: Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos» (16:13-17).

Jesús es el Cristo. ¿Cómo determinas quién es Jesús? ¿De quién es la autoridad que escuchas? ¿Te atribuyes la manera en que la prensa describe a Jesús, un buen maestro, líder religioso, mártir, leyenda? ¿Ves varias tradiciones religiosas? El islam dice que es un profeta, el mormonismo dice que es un dios como podemos serlo nosotros, algunas de las denominadas iglesias cristianas dicen que es principalmente un hombre de justicia social.

Bien, si vas a entender a Jesús por quien él es, necesitarás recurrir a aquellos que se toparon personalmente con él, hombres como Mateo. Y es alrededor de este versículo, que Mateo ha estructurado todo su Evangelio.

Pedro confiesa que Jesús es el Cristo, y como leemos en el versículo 21: «Desde entonces comenzó Jesús a declarar a sus discípulos que le era necesario ir a Jerusalén y padecer mucho de los ancianos, de los principales sacerdotes y de los escribas; y ser muerto, y resucitar al tercer día». Más adelante, la transfiguración en este capítulo confirmó lo dicho por Pedro, pero este nuevo aspecto de la enseñanza predominará el resto del libro, ya que el Mesías que ha venido todavía no es un rey triunfante. Por esta vez será un siervo sufriente.

Entonces, ¿no es interesante que la porción de enseñanza de esta sección, que consta del capítulo 18, se centre en la vida de la iglesia? Aprendemos sobre disciplina eclesiástica, perdonar a otros, el divorcio, vivir juntos en amor. Es en este punto en Mateo, que Jesús deja en claro que no está listo para comenzar su reinado final, aunque su Reino ha empezado. Los discípulos están atascados entre las dos venidas de Jesús, y también nosotros. Por tanto, en su bondad y misericordia, en el preciso momento en que señala que el Reino todavía no será finalmente consumado, que estaremos atrapados entre estas dos venidas, él enseña acerca de la iglesia. Enseñar eso en ese punto de la historia casi no tendría sentido, pero en el tiempo sería tan trascendental. Su cuerpo manifiesto en la tierra hasta que regrese nuevamente. Y tiene sentido que haya comenzado esta sección, que termina con la iglesia, demostrando que su Reino no sería únicamente para los judíos, sino para las naciones.

Sección 6: Los últimos días

Y así, siguiendo esa lógica, la última sección antes de la pasión de Jesús se centra en la enseñanza de la segunda venida. La narrativa que precede esa enseñanza está llena de actividad, incluyendo la entrada triunfal. Y más que en cualquier otro lugar en Mateo, responde en definitiva la pregunta sobre la realeza de Jesús. Él es, de hecho, el Hijo de David como lo afirmaba su genealogía, él es el Rey. Por tanto, vendrá nuevamente como rey a juzgar.

Ya hemos visto evidencia de que es el Hijo de David en cada una de las tres secciones anteriores. Dos hombres ciegos dicen: «Ten misericordia de nosotros, Hijo de David!» en el capítulo 9. Y en el capítulo 12, después de haber sanado a un hombre ciego y mudo, la gente se preguntaba: «¿Será éste aquel Hijo de David?». La madre cananea de una hija poseída por un demonio clama al «Hijo de David» en el capítulo 15. Y finalmente, en la entrada triunfal a Jerusalén, las multitudes lo saludan como el Rey venidero: «¡Hosanna al Hijo de David!» (21:9).

Bien, en estos días previos a la crucifixión de Jesús, con la tensión aumentando entre los líderes religiosos de Jerusalén, los fariseos debaten con Jesús acerca de este mismo título. Mateo registra: «Y estando juntos los fariseos, Jesús les preguntó, diciendo: ¿Qué pensáis del Cristo? ¿De quién es hijo? Le dijeron: De David. El les dijo: ¿Pues cómo David en el Espíritu le llama Señor, diciendo:  Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi derecha, Hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies? Pues si David le llama Señor, ¿cómo es su hijo? Y nadie le podía responder palabra; ni osó alguno desde aquel día preguntarle más» (22:41-46).

Y con este intercambio, Jesús silenció a los fariseos. Conocían su Antiguo Testamento, sabían que Jesús estaba citando el Salmo 110:1, un almo de David. Sabían que el Cristo sería llamado el Hijo de David, sabían que Jesús estaba siendo llamado Hijo de David. Lo que no querían admitir era que por las propias palabras de David, el Cristo en realidad era Dios, y por implicación eso era quien era Jesús. Sin importar lo que dijeran, se habrían acusado a sí mismos y, sin embargo, la afirmación de Jesús de ser el Rey era cada vez más evidente.

Y con esa clara realeza, Cristo pasa los capítulos 24 y 25 preparándonos para su próxima venida, cuando regresará no como el siervo sufriente, sino como el Rey que viene a reclamar lo que es legítimamente suyo, con autoridad para juzgar. 

Sección 7: La narrativa de la Pasión

Y ese es el final del ministerio de enseñanza de Jesús. El capítulo 26, nos presenta el complot para matar a Jesús, y para el capítulo 27, es asesinado y enterrado. El capítulo 28 registra la magnificencia de su resurrección, y reuniendo su autoridad real y el claro llamado de este Evangelio a las naciones, Mateo nos lleva a su fin con la gran comisión. «Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén» (28:19-20).

¿Cómo respondieron las personas a Jesús?

Por supuesto, no todos han seguido a Jesús hasta el final del libro. Desde el punto crucial de la confesión de Pedro, las respuestas de las personas ha llegado a una vista más nítida. Algunos aceptan el mensaje y al Rey en fe (los cojos, las mujeres, los discapacitados, incluso gentiles: los de afuera).

Otros aceptaron el mensaje y al Rey, pero con algo de confusión. Esto aplica a los discípulos; Pedro, por su parte, contradice a Cristo inmediatamente después de haberlo llamado el Cristo. En su camino hacia la cruz, los discípulos discuten acerca de cuál de ellos era el más importante. Esto debería darnos confianza en la credibilidad de los relatos de los Evangelios, ¿por qué alguien incluiría estos detalles desordenados si estuviera inventando todo? Esto también deberían animarnos al discipular a otros y al ser discípulos, el crecimiento cristiano no sucede necesariamente de la noche a la mañana, y ciertamente no completamente en esta vida.

Otros rechazaron directamente el mensaje y al Rey (los fariseos, saduceos, Pilato). Para ellos, la llegada del Rey no fue bienvenida ni considerada «buenas» noticias. ¿No es por esto que hombres y mujeres rechazan a Cristo actualmente? No porque no puedan confiar en los relatos de los Evangelios, sino porque principalmente no quieren someterse a Aquel presentado en estos relatos.

¿Cómo responderás a Jesús?

Hombre y mujeres a lo largo de los años han aceptado o rechazado a Jesucristo; nunca ha habido una opción intermedia. El libro de Mateo demuestra con inmaculada precisión que Jesús es realmente el Cristo, el cumplimiento de todo el Antiguo Testamento, y nuestro Rey legítimo. Oro para que su reinado sea cada vez más evidente en tu vida, mientras tomas en serio el mensaje de este relato de Jesucristo.