Clases esenciales: Nuevo Testamento

Nuevo Testamento – Clase 24: 1 Tesalonicenses: La consumación del Reino

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27.06.2018

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Clase esencial
Panorama del Nuevo Testamento
Clase 24: 1 Tesalonicenses: La consumación del Reino


1. Introducción

En Mateo 6, Jesús nos enseña cómo orar usando estas palabras: «Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra». Todos estamos bastante familiarizados con ellas; pero ¿crees que alguna vez pasará? ¿Crees que alguna vez habrá un tiempo en que la voluntad de Dios se haga en la tierra como en el cielo? Al acercarnos al final de nuestro estudio del Nuevo Testamento, llegamos a los libros de 1 y 2 Tesalonicenses. Las últimas semanas hemos estado viendo las cartas en el Nuevo Testamento que se han escrito acerca de los falsos maestros. Cómo detectarlos. Qué hacer con ellos. Ahora, cuando volvamos a las cartas de Pablo a los Tesalonicenses, seguiremos teniendo en mente varios errores en la iglesia, pero también consideraremos el énfasis de Pablo en la segunda venida de Jesús, cuando todas las cosas que son falsas serán eliminadas para siempre y la luz verdadera de la gloria de Cristo brillará por la eternidad.

2. Propósito y trasfondo

Leamos 1 Ts. 1:4-6, donde veremos el contexto que llevó a Pablo a escribir esta carta: «Porque conocemos, hermanos amados de Dios, vuestra elección; pues nuestro evangelio no llegó a vosotros en palabras solamente, sino también en poder, en el Espíritu Santo y en plena certidumbre, como bien sabéis cuáles fuimos entre vosotros por amor de vosotros.  Y vosotros vinisteis a ser imitadores de nosotros y del Señor, recibiendo la palabra en medio de gran tribulación, con gozo del Espíritu Santo». Pablo había predicado estas buenas noticias en la gran ciudad de Tesalónica, y fundó allí una iglesia durante su segundo viaje misionero, como se relata en Hechos 17. Solo pasó unas pocas semanas allí, pero su visita fue exitosa; leemos en Hechos 17:4: «Y algunos de ellos creyeron, y se juntaron con Pablo y con Silas; y de los griegos piadosos gran número, y mujeres nobles no pocas».

Pero después de eso, surgió una feroz persecución y los creyentes contrabandearon a Pablo fuera de la ciudad de noche. Debido a que Pablo se fue abruptamente y sin haber pasado mucho tiempo entre ellos, no había terminado de enseñar los asuntos básicos del cristianismo, y los cimientos de la iglesia no estaban completos y sólidos. Varios problemas extraños habían surgido después de su partida prematura. Aparentemente, algunas personas en Tesalónica se opoonían a esta nueva religión al acusar a Pablo de ser un promotor autodestructivo. Tan pronto como las circunstancias se volvieron difíciles, dijeron, escapó de la ciudad. También hubo dificultades doctrinales. Principalmente, a los tesalonicenses les preocupaba que si un cristiano moría antes de que Cristo regresara, se perdería para siempre. Por ello, Pablo envía a Timoteo para averiguar cómo se encontraba la iglesia de Tesalónica, para saber si seguían aceptando la palabra que habían escuchado de él. Timoteo regresa con un buen informe, por lo que Pablo escribe esta carta alrededor del año 51 d. C. para defender su ministerio entre ellos, aclarar la doctrina básica acerca de la muerte y la segunda venida, y tranquilizar a los tesalonicenses con esperanza.

3. Bosquejo

Para ver cómo lo hizo, veamos un bosquejo de la carta y veamos cómo está estructurada. Como verás en tu folleto, 1 Tesalonicenses se divide en dos partes. En los capítulos 1-3, el propósito principal de Pablo es la defensa de su ministerio. Comienza la carta, orando por los tesalonicenses (1:2-3) y expresa confianza en su salvación; eso es 1 Ts. 1:4-1:10. A continuación, describe su ministerio entre ellos, lo defiende contra las falsas acusaciones, reitera su deseo de visitarlos nuevamente y relata el buen informe de Timoteo: eso es 1 Ts. 2:1-3:10. Concluye esta sección con otra oración en 1 Ts. 3:11-13.

Luego, de acuerdo con sus afirmaciones de amarlos, avanza en los capítulos 4-5 para exhortarlos y enseñarles en respuesta a sus debilidades y fallas específicas. Primero, les recuerda la necesidad de vivir vidas agradables a Dios en 1 Ts. 4:1-12. Después, pasa un capítulo, 1 Ts. 4:13-5:11, abordando la principal exposición doctrinal por la cual la carta es conocida: la muerte, la segunda venida de Jesús y el juicio final. Su propósito en todo esto es simplemente alentar a los creyentes. Como escribe en el medio de esta sección, en 1 Ts. 4:18: «Por tanto, alentaos los unos a los otros con estas palabras» (4:18). Y finalmente concluye, como en muchas de sus cartas, con instrucciones y saludos en 1 Ts. 5:12-28.

Esa es la estructura básica. A medida que nos acercamos para considerar estas palabras con más cuidado, veremos tres temas principales. Primero, comenzaremos en la primera parte de la carta, observando el ministerio pastoral de Pablo entre los tesalonicenses. Luego, veremos dos temas en la segunda mitad: primero, las exhortaciones de Pablo a los tesalonicenses acerca de las señales básicas de la vida cristiana, y finalmente, su enseñanza acerca de la segunda venida de Cristo. Y en todo esto, nuestro enfoque debería estar en entender mejor cómo deberían ser nuestras vidas a la luz del regreso pronto y seguro de Jesús.

4. Temas Principales

La primera mitad de la carta de Pablo trata en gran parte acerca de su ministerio pastoral entre los tesalonicenses. Lo que me gustaría hacer es tomar una visión general de lo que dice e identificar de ella siete señales clave del ministerio de Pablo y, por ende, cualquier ministerio cristiano genuino. Pero estas no son solo cosas que debemos buscar en un pastor piadoso, sino señales que deberían caracterizar todas nuestras vidas como siervos de Cristo en su iglesia.

A. ¿La primera señal de un ministerio cristiano genuino?

1) La oración. Pablo ora por estos jóvenes cristianos. De hecho, sus oraciones constituyen uno de los aspectos más constantes y recurrentes de la carta. Agradece a Dios por lo que ya ha hecho en la iglesia, y le pide que haga aún más. Mira 1 Ts. 1:2-3 conmigo: «Damos siempre gracias a Dios por todos vosotros, haciendo memoria de vosotros en nuestras oraciones, acordándonos sin cesar delante del Dios y Padre nuestro de la obra de vuestra fe, del trabajo de vuestro amor y de vuestra constancia en la esperanza en nuestro Señor Jesucristo», menciona específicamente su «constancia en la esperanza en nuestro Señor Jesucristo» (1:2-3). Para otro ejemplo, ve a 1 Ts. 3:9-13: «Por lo cual, ¿qué acción de gracias podremos dar a Dios por vosotros, por todo el gozo con que nos gozamos a causa de vosotros delante de nuestro Dios, orando de noche y de día con gran insistencia, para que veamos vuestro rostro, y completemos lo que falte a vuestra fe? Mas el mismo Dios y Padre nuestro, y nuestro Señor Jesucristo, dirija nuestro camino a vosotros. Y el Señor os haga crecer y abundar en amor unos para con otros y para con todos, como también lo hacemos nosotros para con vosotros, para que sean afirmados vuestros corazones, irreprensibles en santidad delante de Dios nuestro Padre, en la venida de nuestro Señor Jesucristo con todos sus santos».

Observa cómo Pablo caracteriza su oración. Dice: «acordándonos sin cesar delante del Dios y Padre nuestro» (1:3) de su trabajo, su fe y su amor. Orar por otros es considerar evidencias de cómo el Espíritu de Dios ha estado obrando en ellos y agradecer a Dios; y es considerar sus necesidades y dirigir estas peticiones al Padre. Es sorprendente pensar que cuando nos reunimos con Dios individualmente, podemos presentarnos ante él e interceder por nuestros hermanos y hermanas en Cristo, que este libro nos enseña que es una manera desinteresada y generosa de pasar nuestro tiempo con el Señor. Y nota cómo Pablo ora por ellos a la luz de la segunda venida de Cristo. Ora para que sean santos y sin mancha delante de él en su venida. Deberíamos aprender de Pablo; él enfoca su oración en lo que es más importante, en lo que dura eternamente. El énfasis no está tanto en sus circunstancias, sino en su fe, amor y santidad, que es un gran modelo para nuestras oraciones.

2) Luego, una segunda característica de un ministerio genuino del evangelio: el autosacrificio. En sus viajes misioneros, y no menos importante en su viaje a Macedonia, Pablo demostró que estaba dispuesto a sacrificar su propia seguridad. No se beneficiaba de eso. Mira el capítulo 2, versículos 1-3: «Porque vosotros mismos sabéis, hermanos, que nuestra visita a vosotros no resultó vana; pues habiendo antes padecido y sido ultrajados en Filipos, como sabéis, tuvimos denuedo en nuestro Dios para anunciaros el evangelio de Dios en medio de gran oposición. Porque nuestra exhortación no procedió de error ni de impureza, ni fue por engaño» (2:1-3). Pablo no predicó el evangelio a los tesalonicenses con una preocupación egoísta y por su propio beneficio, sino con motivos puros, para agradar a Dios, no a los hombres. ¿Compartimos las buenas noticias con los demás cuando es conveniente? ¿Hablamos de Jesús solamente cuando confiamos en que no disminuirá nuestra reputación? ¿O estamos dispuestos a sacrificar nuestra posición y nuestra comodidad por el bien del evangelio como Pablo?

3) Tercero, el amor maternal. El amor maternal también es una señal de un ministerio genuino. Pablo escribe en 1 Ts. 2:7-8: «Antes fuimos tiernos entre vosotros, como la nodriza que cuida con ternura a sus propios hijos. Tan grande es nuestro afecto por vosotros, que hubiéramos querido entregaros no sólo el evangelio de Dios, sino también nuestras propias vidas; porque habéis llegado a sernos muy queridos». Pablo no era duro, sino gentil. No les quitó, sino que estuvo encantado de compartir con ellos.

4) Cuarto, la integridad y el aliento paternal. Más adelante, Pablo dice que exhibió un estilo de vida paternal entre ellos, y ahora los alienta con un consejo paternal. Vemos esto en 1 Ts. 2:10-12: «Vosotros sois testigos, y Dios también, de cuán santa, justa e irreprensiblemente nos comportamos con vosotros los creyentes; así como también sabéis de qué modo, como el padre a sus hijos, exhortábamos y consolábamos a cada uno de vosotros, y os encargábamos que anduvieseis como es digno de Dios, que os llamó a su reino y gloria» (2:10-12). Incluso cuando Pablo nos instruye acerca de la pureza y el cuidado que deberían caracterizarnos a todos al hablar con otros cristianos, a modo de analogía también nos da sabiduría para ser padres: Pablo supone que un padre piadoso alienta, consuela y exhorta a sus hijos hacia la piedad.

5) Quinto, un deseo de compañerismo. Pablo desea estar con los tesalonicenses y tener comunión con ellos. No solo son sus amigos. Son su familia espiritual. Escribe, en 1 Ts. 2:17: «Pero nosotros, hermanos, separados de vosotros por un poco de tiempo, de vista pero no de corazón, tanto más procuramos con mucho deseo ver vuestro rostro» (2:17). Pablo menciona varias veces su deseo de regresar y verlos. En el próximo capítulo, repite «deseando vernos, como también nosotros a vosotros» (3:6) y «orando de noche y de día con gran insistencia, para que veamos vuestro rostro» (3:10). Tal deseo de compañerismo es otra evidencia de un ministerio genuino. Piensa en la bondad de Dios al diseñarnos de esta manera: cuanto más maduramos en ministrar a su pueblo, más deseamos pasar aún más tiempo haciéndolo. ¡Dios moldea los deseos de nuestros corazones mientras más empapamos nuestros corazones en su palabra! No puedes escapar del amor de Pablo por los tesalonicenses mientras lees esta carta: ¡Es un desafío! Si quieres crecer en tu amor por los miembros de tu iglesia, te animo a que leas esta carta unas cuantas veces esta semana, solo toma 15 o 20 minutos, y pregúntate mientras lees: «¿Amo y aprecio a mi iglesia de la misma manera que Pablo amaba esta iglesia con la que solo había pasado algunas semanas o meses?». Deja que el amor de Pablo sirva de ejemplo para nosotros.

6) Sexto, el gozo. Cuando ministramos fielmente, el gozo es el resultado. Pablo dice varias veces que se regocija a causa de los tesalonicenses. En el capítulo 1 Ts. 2:19-20, escribe: «Porque ¿cuál es nuestra esperanza, o gozo, o corona de que me gloríe? ¿No lo sois vosotros, delante de nuestro Señor Jesucristo, en su venida?  Vosotros sois nuestra gloria y gozo». Y en el capítulo 3 dice: «Por lo cual, ¿qué acción de gracias podremos dar a Dios por vosotros, por todo el gozo con que nos gozamos a causa de vosotros delante de nuestro Dios» (3:9). Un pastor o anciano piadoso es aquel que encuentra una alegría evidente al conocer y guiar a su rebaño.

7) Y finalmente, la esperanza. Pablo tiene esperanza por los tesalonicenses. Su esperanza no está en ellos, que perdurarán por sí mismos: su esperanza está en el Dios que los ha elegido, como dice en 1 Ts. 1:4. Y, sobre todo, espera el regreso de Cristo. Mira 1 Ts. 5:23-24: «Y el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo. Fiel es el que os llama, el cual también lo hará». El ministerio de Pablo se caracteriza por la esperanza por los tesalonicenses basada en su esperanza en las promesas de Dios y el regreso de Cristo.

Ahí están. Siete marcas de un ministerio cristiano genuino: La oración, el autosacrificio, el amor maternal, el  aliento paternal, un deseo de compañerismo, el gozo y la esperanza. A través de todo esto, ves la pasión de Pablo por las personas y su máxima esperanza en Jesucristo. Y ves un buen modelo para nuestras propias vidas.

Podemos usar estas 7 marcas para reflexionar sobre nuestro propio ministerio en la iglesia. El ministerio no es solo para pastores y ancianos; es para todos nosotros. Por tanto, el ejemplo de Pablo es útil para todos nosotros. ¿Por qué amamos a otros la iglesia? La motivación más práctica de Pablo parecía ser que quería un  asiento de primera fila para observar el poder sobrenatural de Dios obrando en los corazones de estos creyentes, para que él pudiera regocijarse ante Dios por causa de ellos. Es un gran ejemplo para nosotros, especialmente en contraste con los motivos mixtos que tan a menudo tenemos. ¿Cómo evitó hacer de las personas sus «proyectos»? Los amaba. Deseaba estar con ellos seriamente. Su corazón se quebró cuando tuvo que irse. ¿Sirvió solo cuando fue conveniente? Ciertamente no. Y ese autosacrificio solo complicó su gozo.

Por supuesto, puedes usar este libro más allá de solo reflexionar sobre tu propio ministerio personal. Usa estos capítulos para alentar y exhortar a otros amigos cristianos. Úsalos para evaluar un ministerio pastoral en una iglesia a la que puedas considerar unirte, o en tu propia iglesia. Una iglesia a la que consideras unirte debe tener una sólida doctrina: debe apegarse al mismo evangelio que Pablo declara en 1 Ts. 5:9-10. Pero también debes buscar el tipo de liderazgo cuidadoso y compasivo que Pablo ejemplifica en su relación con los tesalonicenses. Y, finalmente, podemos usar estos pasajes para alentar a los ministros fieles del evangelio que siguen el patrón establecido por Pablo. Esa es la primera mitad del libro.

B. Señales de una vida cristiana

Pablo no se limita a describir cómo es un ministerio genuino. En los capítulos 4 y 5, Pablo escribe y les dice qué efecto debe tener un ministerio genuino en sus vidas. Como recordarás anteriormente, estas exhortaciones se refieren al núcleo de la carta, la sección de la venida del Señor al final del capítulo 4. Por tanto, deberíamos pensar en estas exhortaciones especialmente en términos de «cómo deberíamos vivir a la luz del regreso de Cristo». Pablo comienza esta sección en 1 Ts. 4:1-2, escribiendo: «Por lo demás, hermanos, os rogamos y exhortamos en el Señor Jesús, que de la manera que aprendisteis de nosotros cómo os conviene conduciros y agradar a Dios, así abundéis más y más. Porque ya sabéis qué instrucciones os dimos por el Señor Jesús». Pablo sigue con, adivinaste, siete puntos.

1) Primero, busca la pureza sexual. Justo después de decirles que agraden a Dios, Pablo luego pasa varias oraciones repetidas y específicamente diciéndoles que eviten el pecado sexual, estableciendo un vínculo claro entre los dos. Pablo escribe en 1 Ts. 4:3-8: «pues la voluntad de Dios es vuestra santificación; que os apartéis de fornicación; que cada uno de vosotros sepa tener su propia esposa en santidad y honor; no en pasión de concupiscencia, como los gentiles que no conocen a Dios; que ninguno agravie ni engañe en nada a su hermano; porque el Señor es vengador de todo esto, como ya os hemos dicho y testificado. Pues no nos ha llamado Dios a inmundicia, sino a santificación. Así que, el que desecha esto, no desecha a hombre, sino a Dios, que también nos dio su Espíritu Santo». La conexión entre obedecer a Dios y mantener la pureza sexual en realidad podría haber sido una idea nueva para los tesalonicenses. La promiscuidad sexual era aún más aceptada y practicada en el antiguo mundo pagano que en nuestro propio mundo, por lo que valió la pena el tiempo de Pablo enfatizando este punto. Ten en cuenta que Pablo no trata el pecado sexual como algo privado, o como un «crimen sin víctimas». Él enfatiza: «que ninguno agravie ni engañe en nada a su hermano» (4:6). El pecado sexual siempre involucra a otros, incluido Dios. «Así que, el que desecha esto, no desecha a hombre, sino a Dios» (4:8).

2) Segundo, debemos vivir vidas de amor fraternal. Versículos 9-10: «Pero acerca del amor fraternal no tenéis necesidad de que os escriba, porque vosotros mismos habéis aprendido de Dios que os améis unos a otros; y también lo hacéis así con todos los hermanos que están por toda Macedonia. Pero os rogamos, hermanos, que abundéis en ello más y más» (4:9-10).

3) La respetabilidad. Pablo quiere que los tesalonicenses vivan de tal manera que se ganen el respeto de los demás. Mira 1 Ts. 4:11-12: «y que procuréis tener tranquilidad, y ocuparos en vuestros negocios, y trabajar con vuestras manos de la manera que os hemos mandado, a fin de que os conduzcáis honradamente para con los de afuera, y no tengáis necesidad de nada». No es que Pablo quiera que los cristianos se centren en pulir su reputación. Esto no es un concurso de popularidad. No, de alguna manera es precisamente haciendo lo contrario de lo que llevaría a la popularidad y al éxito, el esforzarse por llevar una vida tranquila y ocuparse de sus propios asuntos, que no ganamos popularidad, sino respeto genuino por la forma de vida piadosa que seguimos. Hacen esto no para que otros piensen bien de ustedes, sino para que el evangelio sea alabado. Entonces, lejos de la venida del Señor que incita al pánico, debería alentarnos a continuar siendo fieles en formas respetables y tranquilas.

4) Cuarto, estar despiertos a Dios. Después de haberse desviado para hablar directamente acerca de la segunda venida, Pablo regresa a su lista de exhortaciones en el capítulo 5:4-8: «Mas vosotros, hermanos, no estáis en tinieblas, para que aquel día os sorprenda como ladrón. Porque todos vosotros sois hijos de luz e hijos del día; no somos de la noche ni de las tinieblas. Por tanto, no durmamos como los demás, sino velemos y seamos sobrios. Pues los que duermen, de noche duermen, y los que se embriagan, de noche se embriagan. Pero nosotros, que somos del día, seamos sobrios, habiéndonos vestido con la coraza de fe y de amor, y con la esperanza de salvación como yelmo» (5:4-8). Debemos estar despiertos a Dios. No estamos dormidos, sino que estamos despiertos, alertas y sobrios. Pablo no quiere que los cristianos sean adormecidos por este mundo, ni sean engañados por la apariencia atractiva de sus placeres pasajeros, o cegados a las realidades que Dios ha dado a conocer en su Palabra. No, debemos estar espiritualmente despiertos, enfocados en la verdad de Dios y dirigidos interiormente a la verdad que conocemos pero que aún no vemos.

5) Alentar a otros. Pablo continúa: «Por lo cual, animaos unos a otros, y edificaos unos a otros, así como lo hacéis. Os rogamos, hermanos, que reconozcáis a los que trabajan entre vosotros, y os presiden en el Señor, y os amonestan; y que los tengáis en mucha estima y amor por causa de su obra. Tened paz entre vosotros. También os rogamos, hermanos, que amonestéis a los ociosos, que alentéis a los de poco ánimo, que sostengáis a los débiles, que seáis pacientes para con todos. Mirad que ninguno pague a otro mal por mal; antes seguid siempre lo bueno unos para con otros, y para con todos» (5:11-15). Debemos alentar a todos. Pablo nos llama especialmente a dar ánimo en dos casos particulares. Primero, alienta a tus pastores y ancianos. Ellos trabajan duro para ser pastores sabios y espirituales para el rebaño. ¿Los alentamos? ¿Les decimos que los apreciamos? Segundo, Pablo nos dice que alentemos a los débiles. La debilidad a menudo es una tentación para el desaliento, por lo que Pablo les dice a los cristianos que sean especialmente diligentes en alentar a los que carecen de fuerza de varias maneras. Me pregunto si conoces a alguien en esta situación que puedas alentar, incluso esta semana.

6) Sexto, Pablo exhorta a los tesalonicenses, y a nosotros, a vivir una vida centrada en Dios. Dice en 1 Ts. 5:16-18: «Estad siempre gozosos. Orad sin cesar. Dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús». ¿Cómo puedes estar siempre gozoso? Si centras tu vida en Dios, independientemente de lo que suceda en el trabajo, independientemente de lo que suceda en el hogar, independientemente de lo que suceda en la iglesia, puedes tener gozo. Bueno, ¿cómo hacemos de Dios el centro de nuestras vidas, para que nosotros por el poder del Espíritu «oremos sin cesar» (5:17) y «demos gracias en todo» (5:18)? Comienza recordando las buenas noticias de la gracia que hemos recibido, como dice Pablo en 1 Ts. 5:9-10: «Porque no nos ha puesto Dios para ira, sino para alcanzar salvación por medio de nuestro Señor Jesucristo, quien murió por nosotros para que ya sea que velemos, o que durmamos, vivamos juntamente con él». Este asombroso evangelio es lo que cambia el fundamento de nuestra vida para que Dios esté en el centro.

7) Y finalmente, séptimo, vive una vida con discernimiento. Cuando Pablo llega a sus conclusiones, dice: «No apaguéis al Espíritu. No menospreciéis las profecías. Examinadlo todo; retened lo bueno. Absteneos de toda especie de mal». «Examinadlo todo». La vida es corta. No la desperdicies en cosas estúpidas y malvadas. Piensa cuidadosamente antes de creer algo, hacer algo, decir algo o prometer algo. El mal está en todas partes; si vamos a evitarlo, debemos orar por discernimiento.

Esas son las formas en que debemos comportarnos a la luz del fin del mundo. Amémonos unos a otros. Enfoquémonos en vivir una vida de fidelidad respetable y tranquila. No perdamos nuestro tiempo o energía. Animemos a otros.

C. La segunda venida

Entonces, ¿por qué deberíamos vivir de esta manera como cristianos? La respuesta, y nuestro tema final en 1 Tesalonicenses, es por la segunda venida, porque Jesús regresará. Esa es la gran verdad que fomenta la carta de Pablo a los Tesalonicenses, y el punto hacia el cual converge toda la historia. Debemos vivir vidas puras y santas porque Jesús regresará y queremos vivir vidas dignas de él. Debemos ministrar a los demás porque Jesús regresará y queremos que los demás estén preparados. Debemos difundir el evangelio porque Jesús regresará y queremos que todos en el mundo hayan oído hablar de él antes de que llegue el juicio final.

Debemos tener en cuenta cuatro cosas acerca del regreso de Jesús. En primer lugar, sin duda sucederá. En segundo lugar, todos lo veremos, independientemente de cuándo ocurra, y todos estarán sujetos a su juicio. Tercero, si eres cristiano, la doctrina debería ser un estímulo para ti. Cuarto, nadie sabe cuándo Jesús regresará.

Primero, Jesús regresará. Pablo describe ese glorioso día en 1 Ts. 4:16-17: «Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero. Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor» (4:16-17). Jesús mismo enseñó que él regresará, y vemos más imágenes de su regreso a lo largo del libro de Apocalipsis. La Escritura es clara y consistente: ¡Jesús regresará!

En segundo lugar, todos asistiremos a su regreso. Evidentemente, los tesalonicenses se desalentaron porque algunos de ellos habían muerto y otros pensaban que los que murieron se perderían el regreso de Jesús. Pablo escribe para animarlos, en 1 Ts. 4:13-15: «Tampoco queremos, hermanos, que ignoréis acerca de los que duermen, para que no os entristezcáis como los otros que no tienen esperanza. Porque si creemos que Jesús murió y resucitó, así también traerá Dios con Jesús a los que durmieron en él. Por lo cual os decimos esto en palabra del Señor: que nosotros que vivimos, que habremos quedado hasta la venida del Señor, no precederemos a los que durmieron». Habla de la muerte como un «sueño» para indicar que para los cristianos, no es el final. No solo nuestras almas irán inmediatamente a estar con Jesús en el cielo, sino que incluso nuestros cuerpos resucitarán de este «sueño» con Jesús en la nueva creación[1]. Aprendemos también de Apocalipsis que los no cristianos también resucitarán para recibir su juicio final. Nadie se perderá el regreso de Jesús. Es el único acontecimiento en la historia que todos los seres humanos que alguna vez hayan vivido experimentarán juntos.

En tercer lugar, esta doctrina debe ser un estímulo para la esperanza y la santidad de los cristianos. Pablo da a los tesalonicenses una notable exhortación después de describir el fin del mundo, en 1 Ts. 4:18: 18: «Por tanto, alentaos los unos a los otros con estas palabras». El regreso de Jesús debería ser un estímulo para nosotros. Es el cumplimiento de nuestras esperanzas, es la reivindicación de nuestras expectativas. Cuando Jesús regrese, todos los males serán corregidos, toda aparente injusticia será corregida. Algunos cristianos ven el fin con alarma, miedo o temor. El fin será realmente temible porque irá acompañado de la ira de Dios, ¡pero a los cristianos no nos asusta! COMPARTE EL EVANGELIO… Jesús regresa para reunir un pueblo para sí, finalmente y para siempre. Para nosotros, su regreso es solo el final de este mundo caído marcado por el pecado y la muerte; es el comienzo de la nueva creación en la que, como dice Apocalipsis: «Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas pasaron» (Apocalipsis 21:4).

En cuarto lugar, no sabemos cuándo regresará Jesús y no deberíamos tratar de resolverlo. Naturalmente, algunos cristianos, como ahora, se preocuparon por la idea del regreso de Jesús y aparentemente pasaron algún tiempo discutiendo acerca de cuándo iba a suceder. Pablo escribe para desalentarlos de tal especulación, en 1 Ts. 5:1-3: «Pero acerca de los tiempos y de las ocasiones, no tenéis necesidad, hermanos, de que yo os escriba. Porque vosotros sabéis perfectamente que el día del Señor vendrá así como ladrón en la noche; que cuando digan: Paz y seguridad, entonces vendrá sobre ellos destrucción repentina, como los dolores a la mujer encinta, y no escaparán» (5:1-3). Dios dice explícitamente en su palabra que no sabemos ni podemos saber el día o la hora del regreso de Jesús. No deberíamos escuchar a nadie que afirme haberlo descifrado. Sin embargo, debemos permanecer expectantes y preparados, llevando una vida piadosa y sobria para que podamos estar listos cuando Jesús venga.

¿No es sorprendente lo práctico que todo esto se pone en 1 Tesalonicenses? Casi podrías pensar en la segunda mitad de su carta como «el fin del mundo, hecho práctico». Muy a menudo, este tema invita a la especulación febril y fantasías tontas, ya sea la última serie de novelas con temas del fin de los tiempos o una fascinación con la identidad del «hombre de pecado» mencionado en 2 Tesalonicenses. Pero ese tipo de enseñanza y especulación es totalmente ajena a la explicación práctica, centrada en Cristo y alentadora de Pablo acerca del fin de los tiempos. Una forma en que podríamos aplicar esta parte del libro es evaluando cuánto tiempo pasamos pensando en el pasado, el presente y el futuro cercano… y luego compararlo con la frecuencia con la que esperamos la eternidad con Cristo. Esperar la eternidad, dice Pablo, da forma a la manera en que vivimos ahora, porque despierta nuestra esperanza en el Cristo que ha de regresar.

Conclusión

Espero que podamos ver cómo la doctrina del futuro, a pesar de que ciertos detalles acerca de ella son misteriosos, tan fundamentalmente da forma al contenido de nuestra creencia y práctica como seguidores de Cristo. ¿Por qué el ministerio de Pablo se ha caracterizado por los siete aspectos que vimos: cosas como el autosacrificio, la oración, el gozo y la preocupación? Porque desea profundamente que los tesalonicenses estén preparados para ese último día. ¿Por qué nuestras vidas como cristianos deberían caracterizarse por esas otras siete características, como el amor fraternal, la pureza sexual, el discernimiento? Porque somos aquellos que por el evangelio de la misericordia de Dios no deben temer el regreso de Cristo. En cambio, nuestro mayor deseo es la gloria de Dios: que su pueblo lo glorifique mientras esperamos que todas sus buenas promesas se cumplan.

Escuche cómo Jonathan Edwards habló acerca de nuestro anhelo por el futuro día del Señor: «El gozo de Dios es la única felicidad con la que nuestras almas pueden ser satisfechas. Ir al cielo, disfrutar plenamente a Dios, es infinitamente mejor que los alojamientos más agradables aquí. Los padres y las madres, los esposos, las esposas o los hijos, o la compañía de amigos terrenales, no son más que sombras; pero Dios es la sustancia. Estos no son más que rayos dispersos, pero Dios es el sol. Estas no son más que corrientes, pero Dios es el océano». Esperamos ese día debido a la gloria de Dios.

Oremos.

 

[1] Puede ser útil aquí anticipar preguntas acerca de lo que sucede cuando los cristianos mueren. Pablo usa el término «dormido», pero Pablo no está enseñando la doctrina del «sueño del alma», que es la idea de que «cuando los creyentes mueren entran en un estado de existencia inconsciente, y lo siguiente de lo que son conscientes será cuando Cristo regrese y eleve a la persona a la vida eterna» (Grudem, Systematic Theology, 819). Pablo no está indicando que los cristianos tienen que esperar hasta la segunda venida para que sus almas se unan a Dios; simplemente está mostrando que para los cristianos, la muerte es temporal de la misma manera que el sueño es temporal. La enseñanza clara de las Escrituras es que cuando las personas mueren, las almas de los creyentes van inmediatamente a la presencia de Dios, y las almas de los incrédulos van inmediatamente al castigo eterno (Grudem, 816, 822). 2 Co. 5:8: «más quisiéramos estar ausentes del cuerpo, y presentes al Señor», Fil. 1:23: «Teneindo deseo de partir y estar con Cristo, lo cual es muchísimo mejor»,  Lucas 23:45: «Hoy estarás conmigo en el paraíso». En la segunda venida de Cristo, los creyentes recibirán cuerpos resucitados. «Porque se tocará la trompeta, y los muertos serán resucitados incorruptibles, y nosotros seremos transformados» (1 Corintios 15:52). Como resume Grudem: «Cuando Cristo regrese, las almas de los creyentes se reunirán con sus cuerpos, sus cuerpos resucitarán de los muertos y vivirán con Cristo eternamente» (817).