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Nuevo Testamento – Clase 22: 2 Pedro y Judas: Perseverancia en medio de la falsedad

Artículo
27.06.2018

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Clase esencial
Panorama del Nuevo Testamento
Clase 22: 2 Pedro y Judas: Perseverancia en medio de la falsedad


1. Introducción y Propósito: Falsa enseñanza «entre vosotros»

Una de mis actividades favoritas cuando tomo un vuelo a algún lado es pasar algo de tiempo en la librería del aeropuerto. La librería es un recordatorio de que vivimos en una era pluralista, donde los manifiestos ateos se sientan en la misma caja de ventas que las guías de meditación budista y los comentarios acerca del Corán. Como cristiano, paso y noto mucha falsedad: todo, desde el libro «Dios no es grande», del difunto ateo Christopher Hitchens, hasta un texto hindú que promete «Una vida de propósito, felicidad, prosperidad y libertad».

Ahora bien, debo decir que es desalentador ver estos títulos; estos libros son peligrosos, niegan al único Dios verdadero. Pero normalmente no arruina mi vuelo; esto es lo que esperamos de personas que no pretenden creer en Jesús. No obstante, ¿qué sucede cuando llego a la sección cristiana de la librería? ¿Ese estante está lleno de verdad? Si tomo cualquier libro con una etiqueta cristiana, ¿llegaré a mi destino como un seguidor de Cristo más sabio y fiel?

Con esa pregunta en mente, escucha las palabras del apóstol Pedro en 2 Pedro 2:1: «Pero hubo también falsos profetas entre el pueblo, como habrá entre vosotros falsos maestros, que introducirán encubiertamente herejías destructoras». Y luego escucha el cuarto versículo de la carta escrita por Judas: «Porque algunos hombres han entrado encubiertamente, los que desde antes habían sido destinados para esta condenación, hombres impíos, que convierten en libertinaje la gracia de nuestro Dios, y niegan a Dios el único soberano, y a nuestro Señor Jesucristo».

En 2 Pedro, habrá «falsos maestros» que vendrán; en Judas, ya han «entrado encubiertamente» sin ser notados. ¿Pero observaste qué frase utilizan ambos autores: «entre vosotros». Estas dos cartas no tratan acerca de la defensa de la fe contra el politeísmo romano o la filosofía griega. Luchan contra algo aún más peligroso: la falsedad con la etiqueta cristiana. Veneno envuelto como una barra de caramelo. La pregunta es: ¿Seremos los que comemos el veneno? ¿O estaremos alerta y atentos? Como «propósito», Pedro y Judas escriben para advertir a los cristianos contra la falsa enseñanza y alentarlos a perseverar en la verdadera fe.

Entonces, en primer lugar, veremos algunos antecedentes y un bosquejo para cada libro, y luego hablaremos acerca de cuatro temas principales, cuatro verdades que estos libros quieren dejarnos saber. Iremos de una carta a la otra, por lo que querrás mantener tu dedo o un bolígrafo sobre ambas mientras avanzamos.

2. Autoría, audiencia y contexto

Comencemos hablando de quién escribe. Ve a 2 Pedro 1:1. El libro comienza: «Simón Pedro, siervo y apóstol de Jesucristo, a los que habéis alcanzado, por la justicia de nuestro Dios y Salvador Jesucristo». Vemos que el autor aquí se identifica como Pedro, y luego lee el versículo 16: «Porque no os hemos dado a conocer el poder y la venida de nuestro Señor Jesucristo siguiendo fábulas artificiosas, sino como habiendo visto con nuestros propios ojos su majestad». Pedro continúa contando cómo personalmente vio la transfiguración de Jesús.

¿A quién escribe Pedro? Mira 2 Pedro 3:1: «Amados, esta es la segunda carta que os escribo, y en ambas despierto con exhortación vuestro limpio entendimiento». Es probable que la primera carta sea la carta bíblica de 1 Pedro, que como vimos en 1 Pedro 1:1 fue escrita a cristianos esparcidos por Asia Menor, actualmente Turquía. Pedro escribió esa carta para alentar a los creyentes que se encontraban sufriendo persecución. Pero ahora, no son solo los ataques del exterior los que preocupan a Pedro: son los ataques internos. Y Pedro dice en 2 P. 1:14: «sabiendo que en breve debo abandonar el cuerpo». Sabe que su muerte está cerca. Y entonces comunica una última advertencia a su gente.

Ve a Judas y hagamos algunas de las mismas preguntas. ¿Quién lo escribió? Versículo 1: «Judas, siervo de Jesucristo, y hermano de Jacobo». Los eruditos concuerdan en que el Jacobo del que está hablando es Santiago, el medio hermano de Jesús y el líder de la iglesia de Jerusalén que escribió el libro de Santiago. Esto significa que Judas también es un hermano de Jesús[1].

¿A quién escribe? El versículo 1 deja en claro que su audiencia es cristiana: «A los llamados, santificados en Dios Padre, y guardados en Jesucristo». Cuando miramos el resto de la carta, podemos adivinar que sus lectores eran probablemente judíos cristianos, porque Judas hace referencia a algunos personajes e historias que se habrían conocido en la comunidad judía. Ahora, si lees esta semana Judas, probablemente tengas curiosidad acerca de estas referencias porque algunas de ellas no provienen del Antiguo Testamento. Judas alude a una historia acerca del arcángel Miguel en el versículo 9[2] y citas de un libro llamado Enoc en el versículo 14. ¿Qué hace Judas aquí? No dice que estas cosas sean parte de las Escrituras. En cambio, bajo la inspiración del Espíritu Santo, ilustra sus argumentos usando historias con las que su público estaría familiarizado. Las cosas a las que se refiere son ciertas, pero no sugiere que todo el libro de Enoc sea inspirado o inerrante. Pablo hizo lo mismo cuando citó declaraciones verdaderas de filósofos griegos no inspirados en Hechos 17 y 1 Corintios 15[3].

Ahora bien, una de las cosas interesantes de estos dos libros es lo parecidos que son. No solo abordan temas similares, también comparten el mismo lenguaje en muchos lugares. Por esta razón, es probable que los libros hayan sido escritos en relación al otro. En los primeros días del cristianismo, cartas como estas se habrían distribuido ampliamente, por lo que parece que por el simple hecho de tener un mensaje unificado, uno de los escritores decidió hacer eco de frases y temas de la otra carta. Verás en tu folleto una tabla que muestra cuáles versículos se parecen.

¿Cuál carta fue primero? Es realmente difícil decirlo. Pero cualquiera que sea el orden de la autoría, lo que debemos considerar es que la realidad de la falsa doctrina era lo suficientemente grave como para merecer dos cartas en el Nuevo Testamento y, por tanto, es lo suficientemente grave como para que tomemos nota y la examinemos de cerca.

3. Bosquejo

Con ese trasfondo, veamos cómo se estructuran estos libros para que podamos ver cómo los autores ensamblan sus argumentos. Verás los bosquejos en la parte posterior del folleto.

2 Pedro

Al observar primero 2 Pedro, verás que en muchos sentidos es una carta simétrica. Comienza y termina con exhortaciones para los creyentes. En primer lugar, en 2 P. 1:1-15, Pedro les recuerda que solo son salvos por el poder de Dios y los llama a procurar con «toda diligencia» vivir de una manera que confirme la obra de Dios en ellos. De manera similar, el libro culmina al final del capítulo 3 con una instrucción de «procurad con toda diligencia» vivir en santidad mientras esperamos la segunda venida de Cristo. En la segunda sección, Pedro da razones por las que podemos estar seguros de que Jesús regresará, y en la cuarta sección, 3:1-13, Pedro explica qué sucederá cuando venga el día del Señor. La sección intermedia, entonces, el capítulo 2, es realmente el centro del mensaje del libro. Pedro describe a los falsos maestros, su estilo de vida impío y la horrible destrucción que Dios derramará sobre ellos.

Judas

Y vemos una estructura similar en Judas. Es uno de los libros más breves de la Biblia; se puede decir que Judas es como un padre amoroso que se ve impulsado a escribir apasionadamente por las terribles circunstancias que enfrentan sus hijos. Al igual que 2 Pedro, el centro del libro es un retrato del estilo de vida vacío de los falsos maestros y el juicio que les espera. E inmediatamente antes y después de ese retrato central están de nuevo dos exhortaciones: primero, en los versículos 3-4, contender por la fe, y segundo, en los versículos 17-23, ser edificados en el conocimiento y amor de Dios. Al principio y al final del libro, Judas en su saludo y doxología les recuerda a sus lectores que en medio de tal falsedad, Dios es una esperanza verdadera y fiel. Dios es quien los llamó, y Dios es quien impedirá que caigan hasta que se presenten ante su gloriosa presencia.

4. Temas principales

Pasemos a los cuatro temas principales que vemos en estos libros. Puedes seguirnos en la segunda página de tu folleto.

Primero: A. La certeza de tu llamado

Piensa en lo que enfrentan los lectores de Pedro y Judas. Tienes falsos maestros a la vista, diseminando errores y confusión como confeti alrededor de la iglesia primitiva. En este clima, era clave para los cristianos estar seguros de su salvación. Entonces, primero, los autores les dicen que su salvación es completa y totalmente obra de Dios.

Mira, por ejemplo, en la segunda mitad de Judas v.1: «A  los llamados, santificados en Dios Padre, y guardados en Jesucristo». Ser llamado significa ser escogido por Dios personalmente para una nueva vida en Cristo.

Pedro dice algo similar en 2 P. 1:3-4: «Como todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad nos han sido dadas por su divino poder, mediante el conocimiento de aquel que nos llamó por su gloria y excelencia, por medio de las cuales nos ha dado preciosas y grandísimas promesas, para que por ellas llegaseis a ser participantes de la naturaleza divina, habiendo huido de la corrupción que hay en el mundo a causa de la concupiscencia». Qué consuelo son estas palabras: Él nos ha dado todo lo que necesitamos para la vida y la piedad. Es por medio de sus promesas que escapamos de la corrupción del pecado y nos volvemos espiritualmente vivos. El versículo 1 dice que incluso nuestra fe es algo que hemos recibido de Dios. Jesús murió y resucitó por la salvación de los pecadores. Y mediante el arrepentimiento y la fe, estamos vestidos con la justicia pura, inmaculada y completa de Jesús.

Sin embargo, a pesar de que nuestro llamado es de Dios, tiene implicaciones para nosotros. Pedro continúa en los versículos 5-11: «Vosotros también, poniendo toda diligencia por esto mismo, añadid a vuestra fe virtud; a la virtud, conocimiento; al conocimiento, dominio propio; al dominio propio, paciencia; a la paciencia, piedad; a la piedad, afecto fraternal; y al afecto fraternal, amor. Porque si estas cosas están en vosotros, y abundan, no os dejarán estar ociosos ni sin fruto en cuanto al conocimiento de nuestro Señor Jesucristo. Pero el que no tiene estas cosas tiene la vista muy corta; es ciego, habiendo olvidado la purificación de sus antiguos pecados. Por lo cual, hermanos, tanto más procurad hacer firme vuestra vocación y elección; porque haciendo estas cosas, no caeréis jamás. Porque de esta manera os será otorgada amplia y generosa entrada en el reino eterno de nuestro Señor y Salvador Jesucristo». 

Dice: Dios te ha salvado. Ahora, tu responsabilidad es vivir de tal manera que confirme que realmente eres salvo. Aquí hay un gran ejemplo de cómo la Biblia defiende tanto la soberanía de Dios como la responsabilidad humana: es Dios quien llama y, sin embargo, el llamado de Dios resulta en nuestra acción. La imagen de la adopción es útil para ilustrar esto: la Biblia dice en otra parte que Dios nos ha adoptado como sus hijos. ¿Y qué hacen los hijos? Se supone que viven como su padre. Preservan la reputación de la familia. Es como si dijera: «Te has convertido en parte de la familia por gracia, no te lo has ganado y no puedes perderla. Ahora, mientras imitas al Padre y vives como él, tu seguridad de que realmente eres parte de la familia se profundizará y crecerá».

Por tanto, Pedro nos dice: «procurad hacer firme vuestra vocación y elección», versículo 10. ¿Cómo? Nos aseguramos de lo que hacemos: «porque haciendo estas cosas, no caeréis jamás». No significa que serás perfecto en esta vida o que nunca pecarás, sino que el patrón de tu vida confirma que tu arrepentimiento y tu fe son genuinos. ¿Qué cosas hacemos? Versículo 5: Hacemos todo lo posible para crecer en virtudes y cualidades como Cristo.

Para ponerlo en un lenguaje más teológico, la santificación, el proceso por el cual nos hacemos más como Cristo, es a la vez pasivo y activo. Es pasivo porque dependemos totalmente de la fortaleza de Dios para hacernos crecer, versículo 3, su poder nos da todo lo que necesitamos para la piedad. Él nos ha dado su Espíritu Santo. Y es activo porque somos responsables de buscar la santidad de la misma manera que un atleta lucha por la medalla de oro.

Así que déjame preguntarte esta mañana: ¿Cuándo fue la última vez que examinaste el fruto de tu vida? Fíjate en las cualidades que Pedro enumera en los versículos 5-7: bondad, conocimiento, dominio propio. ¿Ves evidencia de estas virtudes en tu vida cada vez más al seguir a Jesús? ¿Te esfuerzas por crecer en santidad? ¿Puedes pensar en una forma en la que la próxima semana puedas «procurar con toda diligencia» crecer en estas características? Una de las maneras en que podemos servirnos como hermanos y hermanas es ayudarnos a darnos mutuamente la seguridad de la que Pedro habla. ¡Deberíamos notar evidencias de la gracia en los otros miembros de esta iglesia, y deberíamos hacérselos saber! «Oye, solo quería dejarte saber, puedo ver cómo Dios te ha hecho crecer en perseverancia el año pasado y deberías sentirte reconfortado al saber que el Espíritu está obrando en ti».

La carta de Judas tiene un buen recordatorio para nosotros aquí. Dice en el versículo 21: «Conservaos en el amor de Dios». Esa es la clase de santificación activa de la que hemos estado hablando, pero luego agrega: «Esperando la misericordia de nuestro Señor Jesucristo para vida eterna». No son nuestras buenas obras las que nos hacen perseverar hasta el final. Es la misericordia de Jesús. Entonces: una de las formas en que sabemos que somos salvos es por la evidencia en nuestras vidas. Pero la manera en que somos salvos es confiando solo en la misericordia de Jesús.

La primera certeza es la certeza de nuestra llamado;  La segunda es: B. La certeza de la verdad de Dios.

Cuando la falsedad acecha en cada esquina, no solo debemos estar seguros de nuestra propia fe, debemos estar seguros de lo que es verdad.

Judas les dice a sus lectores en los versículos 17-18 que recuerden las palabras de los apóstoles. Su enseñanza es verdadera. Predijeron que los falsos maestros vendrían, y ahora los maestros falsos están aquí, ¡así que esa es una buena prueba de que su enseñanza es correcta!

Y luego en 2 Pedro 2 dice: «Escuchen, los falsos maestros inventarán historias e introducirán herejías». Pero tenemos algo mucho mejor: Mira 2 P. 1:19-21. «Tenemos también la palabra profética más segura, a la cual hacéis bien en estar atentos como a una antorcha que alumbra en lugar oscuro, hasta que el día esclarezca y el lucero de la mañana salga en vuestros corazones; entendiendo primero esto, que ninguna profecía de la Escritura es de interpretación privada, porque nunca la profecía fue traída por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo».

¿Por qué deberíamos confiar en los escritos del Antiguo Testamento? Porque ellos son la Palabra de Dios. Aquí tenemos una de las declaraciones más claras en las Escrituras acerca de la inspiración de la Biblia. Los autores usaron palabras y conceptos naturales para ellos, pero la fuente de la revelación fue el Espíritu Santo. Entonces, si alguien viene y enseña en oposición a la Escritura, entonces enseña en oposición a Dios mismo.

Y, lo que es más importante, la Palabra de Dios no es solo el Antiguo Testamento. Mira 2 P. 3:15-16: «Y tened entendido que la paciencia de nuestro Señor es para salvación; como también nuestro amado hermano Pablo, según la sabiduría que le ha sido dada, os ha escrito, casi en todas sus epístolas, hablando en ellas de estas cosas; entre las cuales hay algunas difíciles de entender, las cuales los indoctos e inconstantes tuercen, como también las otras Escrituras, para su propia perdición». Este es un versículo significativo, porque tenemos a uno de los apóstoles de la iglesia primitiva citando los escritos de Pablo. Y, qué consuelo es saber que no somos los primeros en encontrar algunas partes de las cartas de Pablo difíciles de entender, ¿verdad?

Todo esto debería ser un recordatorio para nosotros: un cristiano es un ecocámara de la Palabra de Dios. La iglesia es la comunidad en la que la Palabra de Dios resuena. Valoro 2 Pedro 3:2 donde él dice a sus lectores y a nosotros, lo que quiere que hagamos, directa, pura y simplemente: «Para que tengáis memoria de las palabras que antes han sido dichas por los santos profetas». ¿Qué haces para guardar la Palabra de Dios en tu mente? Dice en 2 P. 1:19 que debemos prestar atención a la Palabra como lo haríamos a una luz que brilla en un lugar oscuro. Si alguna vez has estado en el bosque a altas horas de la noche; si alguna vez ha estado en un área oscura donde no sabes cómo regresar a tu cabina o automóvil, ¿que necesitas? Luz. Tal vez el problema es que a menudo olvidamos cuán oscuro es el mundo. Nos sentimos cómodos, nuestras retinas se ajustan, y creemos que podemos lograrlo por nuestra cuenta en el bosque. Debemos orar para que cada día podamos reconocer el valor de la luz de la Palabra de Dios. Debemos conducirnos mutuamente a la luz de la Palabra de Dios. ¿Cuál es el mayor recurso que tengo para asegurarme de que sé discernir qué libro «cristiano» que recojo en el aeropuerto es realmente cierto? La luz de la Palabra de Dios. Los falsos maestros à generan incertidumbre. La Palabra de Dios à nos lleva a la certeza de la verdad.

Pasemos al tema que está al frente y al centro en cada uno de estos libros:

C. La certeza del mal fruto de la falsa enseñanza

Pedro dice en 2 P. 3:3: «Sabiendo primero esto, que en los postreros días vendrán burladores, andando según sus propias concupiscencias». ¿Uno de los principales objetivos de Pedro y Judas al escribir? Es que sus lectores no sean sorprendidos. Están diciendo: pueden estar 100% seguros de que surgirán falsos maestros y que su fruto estará podrido. Entonces no se sorprendan; estén preparados.

Una de las formas en que llaman a sus lectores a estar preparados es describiendo algunas de las doctrinas defectuosas que tienen estos burladores. Podemos resumirlo de esta manera: en 2 Pedro, los falsos maestros dicen: «No importa lo que hagamos porque Jesús no va a regresar». Mira 2 P. 3:4: «Y diciendo: ¿Dónde está la promesa de su advenimiento? Porque desde el día en que los padres durmieron, todas las cosas permanecen así como desde el principio de la creación». Y es similar en Judas. Aquí los falsos maestros dicen: «¡No importa lo que hagamos porque Dios es un Dios de gracia!». Mira Judas v.4, comenzando en el medio del versículo, se refiere a estos falsos maestros como: «hombres impíos, que convierten en libertinaje la gracia de nuestro Dios, y niegan a Dios el único soberano, y a nuestro Señor Jesucristo». 

Vimos en la carta de Gálatas que una de las falsas enseñanzas que pueden paralizar a la iglesia es el legalismo: la idea de que tenemos que ganar nuestra posición a los ojos de Dios al obedecer su ley. Pero en estas dos cartas, estamos del otro lado del espectro. Aquí, estamos tratando con el antinomianismo, literalmente, anti, «en contra», nomos, «ley». Estos falsos maestros tuercen el evangelio para que la gracia de Dios no consista en que somos perdonados para que podamos agradar a Dios; sino en que Dios no se preocupa para que podamos complacernos a nosotros mismos.

Pero la principal forma en que Pedro y Judas llaman a sus lectores a estar preparados es describiendo el estilo de vida impío de estos maestros. Tal como Jesús enseñó en el Sermón del Monte: «Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con vestidos de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces. Por sus frutos los conoceréis. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos, o higos de los abrojos?». Qué tipo de fruto tienen estos maestros?

  • Por un lado, rechazan la autoridad. 2 P. 2:10: «Mayormente a aquellos que, siguiendo la carne, andan en concupiscencia e inmundicia, y desprecian el señorío. Atrevidos y contumaces, no temen decir mal de las potestades superiores».
  • Segundo, abrazan la inmoralidad. 2 P. 2:13-14: «Recibiendo el galardón de su injusticia, ya que tienen por delicia el gozar de deleites cada día. Estos son inmundicias y manchas, quienes aun mientras comen con vosotros, se recrean en sus errores. Tienen los ojos llenos de adulterio, no se sacian de pecar, seducen a las almas inconstantes, tienen el corazón habituado a la codicia, y son hijos de maldición».
  • Y tercero, solo se sirven a sí mismos. Ve Judas 12 y 16: «Estos son manchas en vuestros ágapes, que comiendo impúdicamente con vosotros se apacientan a sí mismos… Estos son murmuradores, querellosos, que andan según sus propios deseos, cuya boca habla cosas infladas, adulando a las personas para sacar provecho».

Estos tipos son como médicos falsos que prometen sanidad cuando solo quieren el dinero.

¿Cómo debemos responder? Mira Judas 3: «Amados, por la gran solicitud que tenía de escribiros acerca de nuestra común salvación, me ha sido necesario escribiros exhortándoos que contendáis ardientemente por la fe que ha sido una vez dada a los santos». Contiende por la fe. 2 P. 3:17 dice: «Así que vosotros, oh amados, sabiéndolo de antemano, guardaos, no sea que arrastrados por el error de los inicuos, caigáis de vuestra firmeza». En otras palabras, defiende la verdad del evangelio en contra de aquellos que lo enseñan erróneamente, y vive en la obediencia que proporciona un marcado contraste con el estilo de vida de aquellos que se rebelan contra Cristo. Ahora bien, esto no significa que deberíamos pasar todo el día escribiendo publicaciones furiosas en blogs o convirtiendo cada conversación espiritual en una discusión. Lo que  quiere decir es que debemos conocer la verdad, amar la verdad y defender la verdad incluso cuando va contra la corriente.

Para nosotros, hoy, especialmente pensando en la falsedad que se desliza bajo la etiqueta cristiana, hay una gran cantidad de enseñanzas no bíblicas de las que debemos ser conscientes y luchar. Por un lado, hay grupos como los testigos de Jehová y los mormones que niegan la verdad acerca de Jesús; por otro lado, está el evangelio de la prosperidad que no comprende quién es Dios ni cómo él trabaja. Hay un protestantismo teológicamente liberal que rechaza la resurrección corporal de Cristo, y luego están aquellos que pueden creer en Jesús pero también descartan doctrinas clave como la expiación, el infierno y la idea de que Dios conoce el futuro. Todo esto significa que debemos hacer lo que Judas v.20 dice y edificarnos en la santísima fe, asegurándonos de que conocemos el evangelio, conocemos la Palabra y estamos sentados bajo una enseñanza fiel.

Pero al contender por la fe, también debemos saber que no es nuestro trabajo, en última instancia, vencer a los falsos maestros. Ese es el papel de Dios. Y eso nos lleva a nuestro cuarto y último tema:

D. La certeza del juicio de Dios

En este momento, solo podemos ver los frutos. Pero Dios conoce el corazón.

Y así dice Judas en el v.14: «De éstos también profetizó Enoc, séptimo desde Adán, diciendo: He aquí, vino el Señor con sus santas decenas de millares, para hacer juicio contra todos, y dejar convictos a todos los impíos de todas sus obras impías que han hecho impíamente, y de todas las cosas duras que los pecadores impíos han hablado contra él».

Lo que es aún más trágico es que los falsos maestros no se dan cuenta de que este juicio viene. De hecho, como vimos en 2 P. 3: 4, se burlan de la idea de que Jesús volvería alguna vez.

¿Por qué está mal pensar que Dios nunca juzgará? Pedro da 2 razones: Primero, el tiempo es completamente diferente para Dios. Mira 2 P. 3:8: «Mas, oh amados, no ignoréis esto: que para con el Señor un día es como mil años, y mil años como un día». Segundo, el hecho de que Dios no haya juzgado aún no significa que nunca lo hará. De hecho, la razón por la cual el juicio aún no ha llegado es porque él es misericordioso. 3:9: «El Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento».

Pero cuando Dios juzgue, vendrá de repente. 3:10: «Pero el día del Señor vendrá como ladrón en la noche; en el cual los cielos pasarán con grande estruendo, y los elementos ardiendo serán deshechos, y la tierra y las obras que en ella hay serán quemadas».

Pero los falsos maestros no son los únicos que enfrentarán el juicio de Dios; nosotros también lo haremos Y cuando nos enfrentemos a Dios en ese día, nuestros maestros no estarán parados junto a nosotros. Cada uno de nosotros algún día daremos cuenta de cómo hemos usado las vidas que Dios nos dio. Puede ser un ejercicio útil esta semana examinar los pasajes de estos libros que describen a los falsos maestros y reflexionar sobre el hecho de que sin la gracia de Jesús, los falsos maestros seríamos nosotros. Egoístas, lujuriosos, manipuladores, gruñones y criticones… 2 P. 2:19: «esclavos de corrupción». Deberíamos sorprendernos ante el gran y doloroso juicio que espera a los falsos maestros. Pero deberíamos estar aún más conmocionados y asombrados de que Jesús tomó cada onza de la destrucción que merecemos, por todos los que se arrepienten y creen.

Ya que Dios viene a juzgar a todo el universo, ¿cómo deberíamos vivir? 2 Pedro tiene un par de instrucciones para nosotros:

  • Primero, procura la santidad. 2 P. 3:11-12: «Puesto que todas estas cosas han de ser deshechas, ¡cómo no debéis vosotros andar en santa y piadosa manera de vivir, esperando y apresurándoos para la venida del día de Dios, en el cual los cielos, encendiéndose, serán deshechos, y los elementos, siendo quemados, se fundirán!». No vivas como si a Dios no le importa. No tomes su paciencia como una licencia para pecar. Podemos preguntarnos, en momentos de tentación: «En el día de Dios, ¿estaré feliz de haber consentido este pecado?». Procura la santidad. 
  • Segundo, mira hacia adelante. 2 P. 3:13: «Pero nosotros esperamos, según sus promesas, cielos nuevos y tierra nueva, en los cuales mora la justicia». ¿Cómo serán los cielos nuevos y la tierra nueva? Un hogar de justicia donde el mal, la injusticia y la rebelión son vencidos. ¿Por qué no anhelamos un lugar así? Y Dios nos ha dado su Palabra para que podamos conocer algo de este nuevo cielo y de la nueva tierra; los libros de Tesalonicenses y Apocalipsis que estudiaremos en las próximas semanas señalarán nuestra mirada hasta ese día. Podemos meditar sobre el cielo. Es como una guía de viaje: me encantan estas cosas, si voy a un lugar donde no estuve, agarro la guía de la biblioteca, miro las fotos, imagino las calles, anticipo el sabor de la comida. Me encanta meditar sobre a dónde voy. Por supuesto, cuando llego allí, por lo general es mucho mejor de lo que imaginé. Hermanos y hermanas, cuánto más excederá el cielo cada meditación y anticipación de nuestros corazones. Deberíamos meditar en el cielo.

Eso es lo que 2 Pedro y Judas nos llaman a hacer: esperar ese día en que veamos a Cristo cara a cara.

Conclusión

En muchos sentidos, leer 2 Pedro y Judas es como salir al aire invernal. Estos libros nos confrontan con la fría realidad de la falsa doctrina y el llamado a que nos preparemos y contendamos por la fe. Es suficiente para dejarnos sintiéndonos un poco asustados e inadecuados, si somos honestos. Pero estos autores no quieren que estemos sin esperanza. Al final, podemos estar seguros de nuestro llamado, podemos estar seguros de la Palabra de Dios, podemos estar seguros de que los malos frutos de los falsos maestros serán reconocibles, y podemos estar seguros de que Dios mismo juzgará. Y podemos estar seguros de que en medio de todo, Dios nos sostendrá y nos mantendrá hasta el final. Así que observa cómo Judas cierra su carta y consolémonos con la realidad de que este es el Dios al que servimos:

«Y a aquel que es poderoso para guardaros sin caída, y presentaros sin mancha delante de su gloria con gran alegría,  al único y sabio Dios, nuestro Salvador, sea gloria y majestad, imperio y potencia, ahora y por todos los siglos. Amén». 

Oremos.

 

[1] «Judas» es una traducción española de la misma palabra griega «Ioudas» que también puede ser traducida como «Judah», así que es probable que el Judas de Mateo 13:55 y Marcos 6:3 es el Judas de este libro.

[2] Los primeros padres de la Iglesia dijeron que este episodio fue encontrado en La asunción de Moisés. Véase Carson y Moo, p.694.

[3] Hechos 17:28: «Porque en él vivimos, y nos movemos, y somos; como algunos de vuestros propios poetas también han dicho: Porque linaje suyo somos». 1 Co. 15:33: «No erréis; las malas conversaciones corrompen las buenas costumbres».