Clases esenciales: Nuevo Testamento

Nuevo Testamento – Clase 21: 1 Pedro

Artículo
27.06.2018

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Clase esencial
Panorama del Nuevo Testamento
Clase 21: 1 Pedro


1 Pedro: El sufrimiento en el Reino

En el Evangelio de Mateo, Jesús dijo a sus discípulos: «Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame» (Mateo 16:24). Estas palabras deben haber tenido un efecto impactante en la multitud. Recuerda, estos eran tiempos romanos. La cruz que Jesús los llamaba a llevar no era el lindo símbolo espiritual que nosotros, actualmente, vemos colgando del cuello y tatuado en los bíceps de artistas pop o atletas profesionales, cristianos y no cristianos por igual.

No, la cruz en los tiempos de Jesús era un instrumento cruel de ejecución estatal, un lugar donde la gente sufría, sangraba y moría. Aquí en este versículo, Jesús alertó a sus seguidores de una realidad fundamental de la vida cristiana, concretamente, que implica sufrimiento. Jesús, en este versículo dejaba en claro que estaba en su camino hacia la cruz y que si nosotros seríamos sus seguidores, también debemos transitar ese camino.

Esto no quiere decir que los cristianos están llamados a salir y buscar la hostilidad a través de provocaciones innecesarias e imprudentes. Pero en un mundo que es hostil hacia Dios, se deduce que el pueblo de Dios enfrentará persecución cuando busquen glorificarlo. Pablo incluso lo dice sin más en 2 Timoteo 3:12: «Y también todos los que quieren vivir piadosamente en Cristo Jesús padecerán persecución».

Las palabras de Pablo describen con exactitud la experiencia de innumerables santos a lo largo de la historia de la iglesia, y si nos esforzáramos por llevar una vida piadosa, entonces ellos también describirán la nuestra.

Entonces, ¿por qué sufren los cristianos y cómo deben responder los cristianos en medio del sufrimiento?

Para responder estas y otras preguntas, nos dirigimos esta mañana al libro de 1 Pedro. Al igual que cualquier otro libro en el Nuevo Testamento, 1 Pedro aborda el sufrimiento, por qué ocurre, para qué sirve y qué se supone que debemos hacer cuando se nos presenta.

Entonces, en la forma típica de seminario básico, comenzaremos nuestro estudio considerando algunos antecedentes acerca de 1 Pedro antes de pasar al bosquejo del libro [que verás en la segunda página del folleto], luego los temas principales y alguna aplicación práctica.

1. Propósito

1 Pedro ha sido descrito como un modelo de «carta pastoral». El escritor, el apóstol Pedro, claramente tiene la intención en este libro de refrescar a los creyentes que están sufriendo por Cristo, línea tras línea, con la verdad reconfortante. Este consuelo toma dos formas.

Primero, viene en forma de aliento. Podemos ver esto en pasajes como 1 Pedro 1:3-6:

«Bendito el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que según su grande misericordia nos hizo renacer para una esperanza viva, por la resurrección de Jesucristo de los muertos, para una herencia incorruptible, incontaminada e inmarcesible, reservada en los cielos para vosotros, que sois guardados por el poder de Dios mediante la fe, para alcanzar la salvación que está preparada para ser manifestada en el tiempo postrero. En lo cual vosotros os alegráis, aunque ahora por un poco de tiempo, si es necesario, tengáis que ser afligidos en diversas pruebas».

El tono de estos versículos es increíblemente optimista, incluso extático, se podría decir. El optimismo de Pedro puede parecer irónico o alucinante al principio, dadas las difíciles circunstancias en las que se encuentran estos cristianos, pero a diferencia de la motivación moral infundada tan comúnmente en nuestra cultura, el cliché «todo va a estar bien» o «solo piensa positivo ¡haz que pase!», el consuelo que se ofrece en estos versículos tiene sus raíces en un hecho histórico de significado monumental: la resurrección de Jesucristo de entre los muertos.

La resurrección de Jesús, el hecho de que él derrotó a la muerte, está vivo y reina ahora como Rey, les da a los cristianos una «esperanza viva» y una «herencia», como dice el versículo: «incorruptible, incontaminada e inmarcesible». La herencia que tenemos en Cristo ayuda a poner nuestros sufrimientos en este mundo en una perspectiva muy necesaria. De hecho, a la luz de las riquezas que tenemos en Cristo y de las que gozaremos por toda la eternidad, esta vida y sus dificultades parecen «un poco de tiempo», como se dice en el versículo 6. Regresaremos a esta perspectiva con más profundidad más adelante en la clase.

El segundo tipo de consuelo que el autor da en 1 Pedro viene en forma de imperativos o mandatos. Cualquiera que haya corrido un maratón, tomado el examen de barra, o incluso experimentado algo tan leve como un neumático desinflado, sabe algo del consuelo que viene de estar preparado, de haber sido instruido en cómo responder.

Vemos este tipo de consuelo ofrecido en pasajes como 1 Pedro 3:9, que ordena a los cristianos que sufren: «no devolviendo mal por mal, ni maldición por maldición, sino por el contrario, bendiciendo, sabiendo que fuisteis llamados para que heredaseis bendición». Cuando las personas nos insultan por amar a Cristo, debemos bendecirlos, orar por ellos, y amarlos, tomando a Cristo como ejemplo, nosotros que una vez fuimos sus enemigos. Seguir a Cristo, en otras palabras, no solo significa que sufrimos en la forma en que Cristo sufrió, sino que también debemos responder al sufrimiento como lo hizo Cristo.

Entonces, ¿Cómo respondió Jesús a la persecución? 1 Pedro 2:23 nos recuerda. Dice:

«Quien cuando le maldecían, no respondía con maldición; cuando padecía, no amenazaba, sino encomendaba la causa al que juzga justamente».

Al combinar imperativos centrados en Cristo como este con profundas palabras de aliento, 1 Pedro ofrece un arsenal increíble de consuelo para los cristianos que sufren por el Reino. 

2. Fecha y audiencia

Y sufrir por el Reino es exactamente lo que estaba haciendo la audiencia de Pedro: de las continuas referencias de Pedro a los insultos, las calumnias y el lenguaje malicioso, él llama a sus problemas una prueba de fuego en 1 P. 4:12, parece que los cristianos a quienes escribe están enfrentando abuso, y particularmente un abuso verbal. Tal vez su devoción a Cristo los ha convertido en el blanco de bromas o el tema de desagradables diatribas en la plaza del pueblo. Si alguna vez un familiar incrédulo te recriminó por compartir tu fe o trabajaste bajo un jefe que hace bromas acerca de los cristianos, entonces conoces el aguijón de tal persecución, cómo esto puede conducir al llanto, incluso a la desesperación.

Pedro escribe su carta a este tipo de audiencia sintiendo el aguijón amargo de la exclusión social debido a su lealtad a Cristo.

También sabemos un poco acerca de la ubicación de la audiencia original: Mira el versículo 1: «A  los expatriados de la dispersión en el Ponto, Galacia, Capadocia, Asia y Bitinia», escribe a los cristianos de la actualmente Turquía.

Y tenemos una buena idea de dónde estaba Pedro cuando escribió esto: nos da algunas pistas en 1 P. 5:13, cuando concluye el libro. En ese versículo, hace referencia a escribir desde Babilonia. Aquí, como en Apocalipsis, Babilonia es probablemente una referencia simbólica a la ciudad de Roma.

Además, en ese mismo versículo, Pedro menciona a Marcos, pero no a Pablo. Esto es revelador porque sabemos que Pablo estuvo con Marcos en Roma hasta el año 62 d. C., el año en que Pablo fue liberado de su primer encarcelamiento en Roma. Por esta razón, la mayoría de los eruditos creen que 1 Pedro fue escrito alrededor del año 63 después de la liberación de Pablo, pero antes de que comenzara la intensa persecución de los cristianos por parte del emperador romano Nerón. Entonces esta carta no fue escrita para cristianos que experimentan la amenaza de la prisión y la muerte; eso vendría más tarde. En cambio, la persecución a la que se enfrentaban estos creyentes es parecida a la que enfrentaríamos más comúnmente aquí, hoy, en Washington D.C., ya que familiares, amigos y hasta extraños se burlan de nosotros por nuestra esperanza en Cristo.

La fecha del libro es importante de entender porque significa que la carta no solo fue un consuelo para los cristianos ya en medio del sufrimiento, ya sea social o económico, sino que también ayudaba a preparar a sus lectores para formas más duras de persecución que debían venir. También podríamos considerar que nosotros, al estudiar este libro ahora, podemos estar haciendo lo mismo…

3. Estructura y bosquejo

Echemos un vistazo a la estructura del libro, que nos presentará algunos de los temas que discutiremos más detalladamente en unos minutos.

Así que, ¿de qué manera organiza Pedro sus estímulos y mandatos? A diferencia de las cartas de Pablo, que a menudo se dividen muy bien en secciones de argumentos teológicos y luego en secciones de aplicación, 1 Pedro fusiona ambas, uniendo los imperativos a la teología y viceversa, a menudo en el espacio de un solo versículo. Descubrirás que Pedro repite temas similares una y otra vez, agregando capas y matices a medida que avanza.

En todo momento, Cristo se presenta como el único e intachable salvador que rescata a su pueblo del sufrimiento eterno que merece. También se presenta como un ejemplo de cómo el pueblo de Dios debe enfrentar el sufrimiento.

Capítulo 1:1-2

Pedro comienza la carta describiendo a los cristianos de dos maneras. Primero, los llama «expatriados». Luego, en la próxima frase, se refiere a ellos como «elegidos de Dios», el pueblo elegido de Dios, sus representantes en el mundo. Esta yuxtaposición, que los cristianos son elegidos y expatriados de Dios, ayuda a ordenar los mandatos y estimulos de Pedro a lo largo de la carta. Primero, se enfocará en lo que significa ser «elegidos» y luego pasará a lo que significa ser «expatriados» en el mundo.

Capítulo 1:3—2:10

Y luego saltamos a la carta con el versículo 3 del capítulo 1. Los beneficios y demandas de ser los elegidos de Dios, el pueblo elegido de Dios, son el enfoque de esta sección, hasta e 1 P. 2:10. Pedro nos recuerda la esperanza viva y la herencia que tenemos en Cristo. Cuando leemos en los versículos 10-12 del capítulo 1, nuestra salvación se vuelve aún más gloriosa debido a cómo fue profetizada en el Antiguo Testamento. Tan gloriosa es nuestra salvación, de hecho, que son «cosas en las cuales anhelan mirar los ángeles». Pedro escribe en el versículo 12, antes de pasar a las responsabilidades que conlleva ser identificado como el pueblo de Dios. Esta sección quizá se resume mejor en los versículos 15 y 16, en los que Pedro exige a los cristianos lo que Dios exigió de su pueblo en el Antiguo Testamento. Él escribe:

«Sino, como aquel que os llamó es santo, sed también vosotros santos en toda vuestra manera de vivir; porque escrito está: Sed santos, porque yo soy santo». 

Capítulo 2:11—4:11

En la siguiente sección, la más larga de la carta, Pedro explica el hecho de que el pueblo santo de Dios también es, cita, «extranjeros y peregrinos». Con este fin, les implora, en palabras de un par de eruditos del Nuevo Testamento, que exhiban «un estilo de vida diferente, pero atractivo para el mundo hostil en el que viven». Ser salvos del destino de este mundo no nos exime de nuestras responsabilidades como trabajadores, ciudadanos y cónyuges. No, de hecho, nuestra salvación nos libera para ser fieles en nuestros diversos roles. El estilo de vida que Pedro tiene en mente se caracteriza supremamente por la sumisión de Cristo, junto con las buenas y pacíficas relaciones con otros cristianos y, donde sea posible, con los no cristianos, también.

Capítulo 4:12—5:14

En esta sección final, en muchos sentidos el crescendo del libro, Pedro se lanza en respuestas apropiadas al sufrimiento. Es enfático en que los cristianos soporten el sufrimiento «conforme a la voluntad de Dios» al: 1) confiar sus vidas y circunstancias a Dios y 2) continuar viviendo con rectitud. Pedro comienza en 1 P. 4:12: «Amados, no os sorprendáis del fuego de prueba que os ha sobrevenido… sino gozaos por cuanto sois participantes de los padecimientos de Cristo». Además, el capítulo 5 hace un llamado a los líderes de la iglesia para que cuiden del rebaño por las razones correctas y a los miembros de la iglesia, especialmente los «jóvenes», para que se sujeten a sus supervisores. Y el libro culmina cuando Pedro le pide a su audiencia una vez más que se mantenga firme.

Puedes resumir el libro, entonces, de esta manera: el tema es la persecución, y nuestra confianza es la esperanza viva y la herencia que tenemos en Cristo. Pero, ¿cuál es nuestro objetivo? ¿Para qué debemos trabajar en pro de esa confianza? NO ES simplemente para sobrevivir a la persecución, SINO para convertirla en un testimonio. 1 P. 2:12: «Manteniendo buena vuestra manera de vivir entre los gentiles; para que en lo que murmuran de vosotros como de malhechores, glorifiquen a Dios en el día de la visitación».

Ahora bien, ¿qué es lo que principalmente logrará eso? ¿En qué aspectos de la vida debemos centrarnos para presentar un testimonio positivo en la niebla de la persecución? La respuesta es sorprendente. Someternos al estado. Someterte a tu jefe. Someterte a tu esposo. Someterte a la iglesia. Sumisión a la autoridad. Algo bueno que pensar la próxima vez que luches en esta área: el comportamiento correcto hacia la autoridad es una forma primaria en la que damos testimonio de la verdad del evangelio, incluso en tiempos de sufrimiento.

Ahora que nos hemos orientado en 1 Pedro, habiendo cubierto algunos de los antecedentes y la estructura del libro, veamos algunos temas principales.

4. Temas principales

Como mencioné en la introducción, 1 Pedro es un libro para cristianos que atraviesan tiempos difíciles. Pero seamos claros, Pedro no está hablando del sufrimiento que las personas enfrentan cuando hacen lo malo. Esta carta no está escrita para ladrones, por ejemplo, ofreciéndoles consejos acerca de cómo soportar una sentencia de prisión. Pedro escribe en 1 P. 2:20: «Pues ¿qué gloria es, si pecando sois abofeteados, y lo soportáis? Mas si haciendo lo bueno sufrís, y lo soportáis, esto ciertamente es aprobado delante de Dios». Los cristianos nunca deberían enfrentar este tipo de sufrimiento, el sufrimiento que proviene de hacer lo malo, porque los cristianos no deberían hacer tales cosas. Y, por extensión, Pedro no escribe acerca del sufrimiento que surge de nuestra necedad, como no administrar bien nuestro dinero, rechazar buenos consejos o albergar patrones de pensamiento impíos.

Pero tampoco habla del sufrimiento que proviene, digamos, de desastres naturales, guerras o agitación económica. No habla del desempleo, la enfermedad o corazones rotos. Aunque encontramos orientación para algunas de esas situaciones en otros lugares de las Escrituras, y aunque el dolor causado por ellas es real y puede ser devastador, Pedro tiene otro tipo de sufrimiento en mente. Explícitamente el sufrimiento que viene de seguir a Cristo.

Sus lectores estaban pasando por momentos difíciles debido a su fe. Anteriormente, estas personas habían sido aceptadas por todos como buenas personas. Ahora que se habían convertido en cristianos y estaban haciendo el bien, sufrían «diversas pruebas» (1:6).

Bueno, varias preguntas resultan. (1) ¿Por qué ocurre este sufrimiento? (2) ¿Cuándo terminará? (3) ¿Y entretanto, cómo podemos soportarlo? Las respuestas a esas preguntas, los temas que se encuentran en esta carta, son nuestro enfoque para el resto de nuestro tiempo juntos esta mañana.

Comenzaremos respondiendo esa pregunta: «¿Por qué ocurre este sufrimiento?», al observar primero la relación entre la santidad y el sufrimiento, y luego la relación entre el sufrimiento de Cristo y el nuestro. Responderemos a la pregunta: «¿Cuándo terminará?» Retomando el tercer tema, el de la reivindicación. Y finalmente, responderemos: «¿Cómo podemos soportarlo?», al examinar el tema de Pedro de una respuesta correcta al sufrimiento. Pasaremos paso por paso a través de cada uno de estos cuatro temas. 

A. La relación entre la santidad y el sufrimiento

Primero, Pedro deja en claro que los cristianos sufren porque Dios es nuestro Creador y Señor, y nos ha elegido para ser su pueblo especial. Piensa en el capítulo 1, versículo 1. Elegidos de Dios, expatriados en este mundo. Causa y efecto. Como elegidos de Dios, somos llamados para ser santos, para ser apartados. Pedro escribe en el capítulo 2:

«Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable; vosotros que en otro tiempo no erais pueblo, pero que ahora sois pueblo de Dios; que en otro tiempo no habíais alcanzado misericordia, pero ahora habéis alcanzado misericordia».

Observa que Dios ha hecho esto. No éramos su pueblo, y luego nos hizo su pueblo. Y ahora que hemos sido santificados, estamos llamados a vivir vidas de santidad. ASÍ QUE DIOS NOS HACE NUEVOS, y luego VIVIMOS COMO NUEVOS. Como Pedro escribe en el capítulo 1:

«Como hijos obedientes, no os conforméis a los deseos que antes teníais estando en vuestra ignorancia; sino, como aquel que os llamó es santo, sed también vosotros santos en toda vuestra manera de vivir; porque escrito está: Sed santos, porque yo soy santo» (1:14-16).

Nuestra santidad, como la santidad de Dios, combina la idea de «separación» y la idea de la pureza de Cristo. Dios nos ha hecho santos. Y si el pueblo de Dios vive como un pueblo santo, el mundo pensará que son extraños. ¿Por qué? Porque los cristianos viven con reverente temor a Dios en lugar de estar en conformidad con el mundo. 1 Pedro 4:2: 

«Para no vivir el tiempo que resta en la carne, conforme a las concupiscencias de los hombres, sino conforme a la voluntad de Dios. Baste ya el tiempo pasado para haber hecho lo que agrada a los gentiles, andando en lascivias, concupiscencias, embriagueces, orgías, disipación y abominables idolatrías. A éstos les parece cosa extraña que vosotros no corráis con ellos en el mismo desenfreno de disolución, y os ultrajan» (4:2-4).

Los cristianos, en cierto sentido, viven en dos mundos a la vez. El nuevo mundo ha comenzado para nosotros porque Dios nos ha dado un nuevo nacimiento. Por otro lado, seguimos viviendo en el viejo mundo, que es el único mundo que los no cristianos ven. Por esa razón, nuestras acciones y actitudes, comentarios y compromisos, parecen extraños, incluso descabellados, para ellos.

Verás, el cristianismo no es solo un argumento doctrinal. También es un testimonio que nace de la forma en que tu nueva vida le dice a tus amigos no cristianos: «Hay una manera diferente de vivir». Y el hecho es que a las personas no les gusta verse confrontada con una forma de vivir distinta. Implica que podrían necesitar cambiar su estilo de vida.

Entonces, ¿qué hacemos con este primer tema? Es un recordatorio de que cierto grado de abuso del mundo que nos rodea no solo es normal para los cristianos, es un buen diagnóstico de que las cosas nos están yendo bien en nuestra vida de amor para con Dios. Entonces, usa esta carta para informar exactamente cómo nuestras vidas deberían ser diferentes del mundo que nos rodea, y como fuente de consuelo cuando esa santidad resulta en persecución, como lo hace a menudo.

B. La relación entre los sufrimientos de Cristo y los nuestros

Pero como mencioné anteriormente, hay una segunda razón por la cual sufrimos como cristianos: de hecho, somos llamados por Dios a participar en los sufrimientos de Cristo.

El libro está repleto de referencias al sufrimiento de Cristo, a su sangre, a su rechazo y a su muerte. En el sentido más importante, los sufrimientos de Cristo fueron únicos. El murió por nuestros pecados. Cristo fue un sustituto, llevando el castigo de Dios por aquellos que se arrepienten y creen en él. Pero en un sentido secundario, Pedro escucha un llamado y ve un ejemplo para el cristiano en los sufrimientos de Cristo. Presentan un modelo de lo que los cristianos debemos hacer a medida que nos arrepentimos continuamente de nuestros pecados y lo seguimos.

En 1 P. 2:20-21, Pedro escribe: «Pues ¿qué gloria es, si pecando sois abofeteados, y lo soportáis? Mas si haciendo lo bueno sufrís, y lo soportáis, esto ciertamente es aprobado delante de Dios. Pues para esto fuisteis llamados; porque también Cristo padeció por nosotros, dejándonos ejemplo, para que sigáis sus pisadas».

Así, con esto en mente, reconocemos que sufrimos porque Cristo sufrió. Y al igual que sus sufrimientos hicieron más gloriosa su victoria sobre el pecado, nuestro sufrimiento dará como resultado una mayor alegría cuando él y su pueblo sean finalmente vindicados.

C. La vindicación futura

Pero el sufrimiento no es lo único prometido para aquellos que siguen a Cristo. Un tercer tema de 1 Pedro es que un día nuestro sufrimiento terminará. Cristo puede ser nuestro ejemplo en el sufrimiento, pero también es nuestro ejemplo en la vindicación. No ignores esto: nuestro rechazo en la tierra es un veredicto humano pasajero. No es final, y no es divino. Seremos salvos por la propia vindicación de Cristo. Pedro presenta a Noé como un ejemplo de alguien que fue vindicado en el capítulo 3, versículos 20-22. En el arca construida por Noé, dice: 

«Los que en otro tiempo desobedecieron, cuando una vez esperaba la paciencia de Dios en los días de Noé, mientras se preparaba el arca, en la cual pocas personas, es decir, ocho, fueron salvadas por agua. El bautismo que corresponde a esto ahora nos salva (no quitando las inmundicias de la carne, sino como la aspiración de una buena conciencia hacia Dios) por la resurrección de Jesucristo, quien habiendo subido al cielo está a la diestra de Dios; y a él están sujetos ángeles, autoridades y potestades». 

Recuerda cómo Noé fue condenado a la exclusión por sus vecinos por confiar en Dios y construir el arca. Recuerda la fidelidad de Dios para con él y su pequeña tripulación durante el diluvio. Entonces tú, cristiano, si luchas frente a la oposición, y te preguntas si algo está mal debido a tu sufrimiento, mira el ejemplo de Cristo. Mira también el ejemplo de Noé. Dios vindicará a aquellos que verdaderamente lo sigan.

D. Respuestas correctas al sufrimiento

Así que hemos establecido que el sufrimiento para nosotros como cristianos es un hecho, por el momento, pero que también pasará, ya que Dios nos vindica en su gloria. Pero vamos a centrarnos un poco más en este tema del sufrimiento. Pedro tiene mucho que decir acerca de cómo debemos responder:

Entonces, primero, debemos ser testigos…

  1. Ser testigos

Pedro nos llama, en medio del sufrimiento, a ser testigos a los no cristianos e incluso a desear el bien de aquellos que nos persiguen. Pedro, el discípulo que negó a Jesús tres veces y luego vio a Jesús sufrir por él, aprendió esto gracias al ejemplo de Jesús. Escribe:

«Quien cuando le maldecían, no respondía con maldición; cuando padecía, no amenazaba, sino encomendaba la causa al que juzga justamente; quien llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros, estando muertos a los pecados, vivamos a la justicia; y por cuya herida fuisteis sanados» (2:23-24).

Pedro conocía de primera mano el perdón de Cristo. Sabía personalmente lo bueno que Cristo podía ser, incluso para alguien que lo había negado. También debemos recordar lo bueno que Dios ha sido con nosotros. Lo abandonamos, sin embargo, él respondió con un amor increíble hacia nosotros. ¿Cómo podemos tratar a los que se burlan de nosotros de otra manera?

  1. Mostrar amor

Pedro también nos llama a mostrar amor unos a otros. Esto es particularmente difícil e importante cuando la iglesia sufre a causa de conflictos y persecución. Ya sabes cómo cuando las cosas se ponen difíciles, podemos ser egoístas unos a otros o alejarnos el uno del otro por completo [esto es algo con lo que lucho personalmente, tiendo a retirarme cuando estoy en situaciones tensas]. Cuando el estrés aflige a la iglesia desde afuera, llega el estrés en el interior. Así como la presión hace que aparezcan grietas en un edificio, también causará fisuras en las iglesias. Entonces Pedro escribe muy claramente en 1 P. 4:7-10: 

«Mas el fin de todas las cosas se acerca; sed, pues, sobrios, y velad en oración. Y ante todo, tened entre vosotros ferviente amor; porque el amor cubrirá multitud de pecados. Hospedaos los unos a los otros sin murmuraciones. Cada uno según el don que ha recibido, minístrelo a los otros, como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios». 

En tiempos de conflicto y ataque espiritual, los cristianos deben unirse, defenderse unos a otros, en resumen, amarse mutuamente con el mismo amor de Cristo. 

  1. Someternos

Finalmente, y quizá lo más sorprendente en un libro relacionado con el sufrimiento, tenemos el imperativo extendido de Pedro de que los cristianos deben someterse a la autoridad. Mantiene este tema comenzando en el capítulo 2:13, y recorriendo gran parte del capítulo 3. En el capítulo 2:13: «Por causa del Señor someteos a toda institución humana, ya sea al rey, como a superior, ya a los gobernadores, como por él enviados para castigo de los malhechores y alabanza de los que hacen bien». 

Continúa ordenando a los criados que se sometan y respeten a sus amos, que las esposas estén sujetas a sus maridos y, después, hace un llamado a la iglesia para que se someta y se sirva mutuamente. ¿Por qué es tan importante?

La sumisión a las autoridades, a los maridos, a los maestros, a los ancianos, a los demás, es digna de los cristianos porque demuestra nuestra esperanza y confianza en una autoridad superior: aumenta nuestro testimonio acerca de Dios. Pablo, en Romanos 13, confirma que Dios instituyó y ordenó la autoridad en el mundo:

«Porque no hay autoridad sino de parte de Dios, y las que hay, por Dios han sido establecidas. De modo que quien se opone a la autoridad, a lo establecido por Dios resiste; y los que resisten, acarrean condenación para sí mismos» (13:1b-2).

Los cristianos deben respetar la autoridad porque proviene de Dios, y esto refuerza nuestro testimonio como aquellos que siguen a Dios.

Pero, ¿qué sucede cuando se abusa de esta autoridad e incluso se usa para ridiculizarnos por hacer el bien? ¿Deberían los cristianos respetar la autoridad entonces? Aunque nunca debemos someternos a la autoridad hasta el punto de desobedecer a Dios, Pedro, como Pablo en Romanos, deja en claro que el patrón normal es que los cristianos se sometan a la autoridad, en los buenos tiempos y en los malos.

Esto nos lleva a la segunda razón por la cual la sumisión es apropiada para los cristianos: porque evidencia nuestra libertad eterna en Cristo. La advertencia de Pedro en 1 P. 2:13: «Por causa del Señor someteos a toda institución humana» está emparejada en el versículo 16, con la advertencia: «como libres, pero no como los que tienen la libertad como pretexto para hacer lo malo». Los cristianos podemos someternos, incluso si somos perseguidos por nuestra fe a las personas que tienen autoridad sobre nosotros, porque sabemos que Cristo, la máxima autoridad, que fue levantado de entre los muertos y ahora se sienta a la diestra de Dios, tendrá la última palabra.

Así que no tenemos nada, finalmente, que temer. Somos libres. Y podemos someternos, e incluso hacerlo con alegría, sabiendo que estamos viviendo de una manera que alaba a Cristo.

De esta manera, Pedro instruye a los esclavos o criados en 1 P. 2:18-19: «Criados, estad sujetos con todo respeto a vuestros amos; no solamente a los buenos y afables, sino también a los difíciles de soportar. Porque esto merece aprobación, si alguno a causa de la conciencia delante de Dios, sufre molestias padeciendo injustamente».

[Pasajes como este son particularmente significativos para mí cuando contemplo las diversas injusticias que cada uno de nosotros puede ver o experimentar en el trabajo, si tenemos un jefe que dirige egoístamente, o incluso actúa cruel o burlonamente una vez que comprende tu fe].

Del mismo modo, Pedro ordena a las esposas al principio del capítulo 3: «Mujeres, estad sujetas a vuestros maridos; para que también los que no creen a la palabra, sean ganados sin palabra por la conducta de sus esposas». 

En ambas instancias, al someterte a tu jefe o a tu esposo, la sumisión se presenta como una manera de testificar a los perdidos y compartir los sufrimientos de Cristo. Pedro nuevamente nos recuerda que tenemos el mejor ejemplo de sumisión en Cristo: 1 Pedro 2:23, nos dice que Cristo «cuando le maldecían, no respondía con maldición; cuando padecía, no amenazaba, sino encomendaba la causa al que juzga justamente». 

5. Conclusión

Bueno, entonces, es hora de concluir. Pedro finaliza su carta con palabras de aliento. Leamos algunas de ellas enlazadas:

«Ceñid los lomos de vuestro entendimiento… Armaos del mismo pensamiento [de Cristo]…  Sed sobrios, y velad… Encomienden sus almas al fiel Creador, y hagan el bien… Estad firmes» (1:13, 4:1, 4:19, 5:8, 5:12). 

Pedro hizo eso. Las primeras fuentes históricas nos informan que Pedro murió crucificado en Roma como mártir, porque vivió para Cristo. Comprométete con tu fiel Creador y continúa. Levántate rápido.

Considera a lo que Dios te está llamando. ¿Estás siendo llamado a un compromiso inicial con Cristo? ¿Para renunciar a un pecado en particular? ¿Para ser un testigo? ¿Para ir por él? ¿Para quedarte por él? ¿Qué te detiene? «Encomienden sus almas al fiel Creador, y hagan el bien…».