Disciplina

No hables: Sobre la disciplina espiritual del silencio

Artículo
02.07.2019

Una de las cosas principales que hago como pastor es motivar a los miembros de la iglesia a hablar. Quiero que ellos hablen sobre el evangelio a los no creyentes. Quiero que hablen palabras de motivación y corrección a sus hermanos miembros de la iglesia. El evangelismo, el discipulado y la predicación—tres de las nueve marcas—son todas sobre hablar.

 Aunque vale la pena pasar un tiempo en la otra cara de la moneda, hay un tiempo para los cristianos de no hablar. Escuchen a Jesús: «No deis lo santo a los perros, ni echéis vuestras perlas delante de los cerdos, no sea que las pisoteen, y se vuelvan y os despedacen» (Mateo 7:6). Aquí y en cualquier otro lugar, las Escrituras enseñan que algunas veces debemos callar (ver también Proverbios 11:22; 23:9; Eclesiastés 3:7). La obediencia no siempre implica hablar.

 DEBEMOS EJERCER EL DISCERNIMIENTO

Jesús desea que nosotros ejerzamos el discernimiento cuando hablamos. Él quiere que nos preguntemos, «¿esta persona va a responder como un perro o como un cerdo?». De esta manera, Salomón enseña en Proverbios 9:8: «No reprendas al escarnecedor, para que no te aborrezca; corrige al sabio, y te amará». La misma acción, pero con dos reacciones diferentes. Las mismas palabras, pero una persona sabia responde de una manera y un burlador de otra.

 Algunas veces, amamos a los demás cuando corregimos su pecado, como sucede en Mateo 18:15. Otras veces, sin embargo, deberíamos dejarlos solos como sucede en Mateo 7:6. David era un hombre sabio. El aceptó la reprensión de Natán. Pero podríamos también mencionar una lista de muchos burladores en las Escrituras que no lo hicieron.

 HABLAR PUEDE EMPEORAR LAS COSAS

Como evangélicos, frecuentemente nos sentimos culpables de no evangelizar más o de no hablar una palabra de corrección a un amigo en pecado. ¡Y algunas veces este sentido de culpabilidad es correcto! Pero aquí, Jesús identifica otra manera en la que podemos equivocarnos: hablar de manera equivocada, en el momento equivocado, y a la persona equivocada.

Si observas a una persona joven que está muy emocionada sobre una idea en particular, frecuentemente verás una cantidad de personas en su camino que se oponen a esa idea. ¿Por qué? Porque aún no han aprendido cómo leer su audiencia. Por tanto, discuten una y otra vez, y las personas responden tomando la posición opuesta. De hecho, el nudo de su oposición crece mientras más discuten las personas.

Una vez tuvimos un hermano en nuestra iglesia que creía en el bautismo de niños. Mi personal, bautista entusiasta y apasionado, tenía la intención de discutir con él pero les persuadí rápidamente de no hacerlo. Les expliqué que discutir con él lo endurecería en su posición, y sólo haría que el mejore en la presentación de sus argumentos. Dije: «en lugar de eso», «ignoren el tema, ámenlo, motívenlo hacia los frutos del Espíritu, y permítanle encontrar por sí mismo lo que las Escrituras dicen sobre ese territorio en disputa». Estoy feliz de haber hecho eso con ese hombre; por la gracia de Dios, ahora es un ministro bautista.

 NO LE HABLES A LOS QUE NO QUIEREN ESCUCHAR

Jesús tenía oidores que no creían; él sabía lo que significaba ser atacado. Así que ciertamente él no nos está diciéndonos en Mateo 7:6 que evitemos hablarle a los no creyentes sobre el evangelio. En lugar de eso, él se está refiriendo a una categoría de personas que rechazan activamente el mensaje, ya sea a través de su indiferencia o su hostilidad. Tú has compartido el evangelio u ofrecido una corrección, y ellos han probado no ser enseñables.

 Sus palabras sobre perros y cerdos del capítulo 7 se parecen a lo que él dijo en Mateo 10: «Y si alguno no os recibiere, ni oyere vuestras palabras, salid de aquella casa o ciudad, y sacudid el polvo de vuestros pies» (Mateo 10:14). En tres ocasiones, vemos a Pablo tomar esta decisión en el libro de los Hechos: en Antioquía de Pisidia (13:44-45), Corintios (18:5-6), y Roma (28:17-28). No es que Pablo no le llevó el mensaje a las personas. Él le lleva el evangelio a todo el mundo. Pero después de un tiempo, él sabe que es tiempo de seguir adelante. Él sabe que no puede forzar a las personas a creer.

 SIENDO PRÁCTICO

¿Qué significa esto para nosotros en la práctica?

 Imaginemos que compartes el evangelio. La persona demuestra que no responde e incluso se opone. Algunas veces haces bien en presentar el evangelio nuevamente. Pero otras veces es mejor callar y orar. Necesitamos valentía, pero también necesitamos sabiduría. Necesitamos humildad sobre nosotros mismos, pero también necesitamos discernimiento sobre los demás.

Deberíamos orar para que Dios nos guíe a través de su Espíritu, para saber cuándo es mejor estar callado, orar y vivir una vida que exalta el evangelio, y cuándo es mejor añadir más a nuestras palabras. Recuerdo lo que Pedro escribió a las esposas de los esposos no creyentes: «Asimismo vosotras, mujeres, estad sujetas a vuestros maridos; para que también los que no creen a la palabra, sean ganados sin palabra por la conducta de sus esposas, considerando vuestra conducta casta y respetuosa» (1 Pedro 3:1-2).

 En otras palabras, pide a Dios sabiduría para saber cuándo seguir evangelizando a alguien o cuando corregir a alguien, porque puedes más bien endurecerlo, cuándo es mejor simplemente dar la vuelta y hablarle a otros. Si necesitas ayuda, pregúntale a los ancianos de tu iglesia. Ellos te darán una guía sincera aunque no infalible. Pídele a ellos y a otros creyentes que oren por ti. Jesús enseña en Mateo 7:6 que amar a los demás implica ejercer el discernimiento. Y algunas veces el discernimiento viene a partir del silencio en la oración.