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Misiones – Clase 3: ¿Es Jesús el único camino a Dios? La necesidad de una fe consciente en Cristo

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28.03.2019

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Clase esencial
Misiones
Clase 3: ¿Es Jesús el único camino a Dios? La necesidad de una fe consciente en Cristo


  1. Introducción

En las primeras semanas de este seminario, hablamos acerca del fundamento de las misiones. ¿Por qué deberíamos desear que el evangelio llegue a todas las naciones? Concluimos que, al usar a las personas para dar a conocer el evangelio, Dios actúa para magnificar su gloria, y se deleita particularmente en hacerlo al mostrar su misericordia a los pecadores.

Al pensar en esto de manera específica, debemos preguntarnos, ¿qué hace de esto un esfuerzo tan apremiante? Ciertamente, un entendimiento correcto de la necesidad de una fe consciente en Cristo es el núcleo de la urgencia de las misiones; el juicio de Dios no se trata de una simple exterminación ni es un lugar donde los pecados de un inconverso son depurados luego de un período de tiempo limitado.

Así, la afirmación cristiana de la exclusividad de Cristo respecto de la salvación también es una afirmación urgente y poderosamente motivadora.

A. La afirmación cristiana de exclusividad

La afirmación cristiana de exclusividad dice que solo aquellos que se arrepienten de sus pecados y ponen su confianza en Cristo como su sustituto serán salvos; que el cristianismo está objetivamente en lo correcto y que las otras religiones están equivocadas en su concepción de la verdad salvadora; dice que las personas no llegarán a Dios a través de otras religiones o siendo buenas personas, sino únicamente mediante la fe en Cristo.

Así, los cristianos pueden citar rápidamente las palabras de Jesús en Juan 14:6:

«Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí».

Por tanto, como cristianos, esta afirmación de la exclusividad de Cristo debería hacer que deseemos que el evangelio sea proclamado en todo el mundo, sabiendo que solo escuchando el evangelio las personas pueden ser salvas.

Pero el escéptico podría preguntar si esto es realmente cierto. ¿Realmente Cristo es el único camino para estar bien ante Dios, y realmente las personas necesitan tener una fe consciente en Cristo para ser salvas?  Muchos hoy día pueden objetar que tal afirmación es ignorante e intolerante. Quiero decir, seguramente esta afirmación ofende nuestras sensibilidades igualitarias.

Bueno, estoy seguro de que muchos de nosotros hemos enfrentado esta clase de sentimientos, quizá por parte de compañeros de trabajo o familiares, o tal vez tú eres el que se siente de esa forma. Si ese es el caso, me alegra que estés aquí. ¿Cuál es la mejor manera de abordar esta pregunta? Creo que es útil retroceder y pensar sobre el fundamento de la afirmación cristiana de exclusividad. Y para ello quiero usar una ilustración:

B. Todos los hombres están bajo el juicio de muerte a causa del pecado

Ilustración opcional: Digamos que existe un joven llamado Brian, que nación sin riñones y que, por tanto, debe someterse estrictamente a tratamientos regulares de diálisis para remover las toxinas en su cuerpo. Si pierde dichos tratamientos, morirá. Así que lo único que puede salvar a Brian son estos tratamientos. Ese es un hecho objetivo. Dada la grave condición de Brian, no se beneficiaría de un terapeuta que le dijera que solo está algo fuera de forma y que se recuperaría si sigue un estricto régimen de ejercicios. Tampoco lo consolaría un filósofo bien intencionado cuyo consejo es abrazar su terrible sufrimiento y prepararse incluso para desearlo. Ciertamente, el consejo de un amigo que le dijo que realmente no estaba enfermo no sería útil.

Creo que puedes ver a dónde me dirijo. De la misma manera, los cristianos creen que todos los hombres tienen un grave problema, que están separados de Dios a causa de su pecado. Nosotros, al igual que Brian, estamos objetivamente enfermos por nuestra rebelión contra Dios.

Quizá esta ilustración no sea tan clara como la que podemos encontrar en Romanos 3, cuando Pablo habla acerca del estado de todos los hombres que están separados de Cristo.

«Como está escrito: 

No hay justo, ni aun uno; no hay quien entienda, no hay quien busque a Dios. Todos se desviaron, a una se hicieron inútiles.; no hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno» (vv. 10-12).

Los cristianos entendemos que todas las personas están objetivamente enfermas (de hecho, la Escritura dice que estamos «muertos» en nuestros pecados) y que, por tanto, están bajo el juicio de Dios. Esta enfermedad es tan real y terminal como lo es el cáncer o el SIDA, pero es aun más aterradora porque es espiritual y tiene consecuencias eternas. Como es de esperar, este no es un mensaje popular en nuestros tiempos de tolerancia y mejora de la autoestima, pero es un hecho objetivo que leemos en las Escrituras.

  1. La salvación solo se obtiene a través de Cristo

Por ejemplo, David, un rey del Antiguo Testamento, entendió este hecho crucial. Cometió adulterio con Betsabé y luego empeoró su pecado al tramar la muerte de su esposo Urías. Por mucho que haya explotado y devastado a estos súbditos confiados a su cuidado —y  el dolor que causó fue grande—, David se da cuenta en su lamento registrado en el Salmo 51, que finalmente había pecado contra Dios. «Contra ti, contra ti solo he pecado, y he hecho lo malo delante de tus ojos; para que seas reconocido justo en tu palabra, y tenido por puro en tu juicio».

Si cometo un pecado contra otra persona, ¿podría él o ella decir, «te perdono por eso»? Bueno, tal vez de cierta manera humana, «acepto tus disculpas, no te lo reprocharé», pero ¿podemos expiar el debido castigo que tal pecado merece de parte de Dios?

Lejos de perdonar a otros por sus pecados, el hombre debe morir por sus propios pecados. Si es cierto que el hombre es objetivamente culpable ante Dios, entonces no puede haber reconciliación fuera de Dios y, de nuevo, esta reconciliación se encuentra únicamente en Cristo.

Otras religiones proveen la solución equivocada porque tienen el diagnóstico equivocado. Si el ser humano está en deuda con Dios debido a su pecado, el cual solo Dios puede resarcir, entonces, ¿cómo pretende el hinduismo, o el islam, o el budismo abordar este problema? ¿Cómo puede una religión o filosofía ser la respuesta a una pregunta que ni siquiera reconoce o admite?

Los Evangelios registran a Jesús diciendo que «los sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos», y Jesús es ese médico.

Vemos esto claramente en Romanos, donde Cristo es expuesto como la respuesta universal al pecado. Pablo nos dice que de la manera en que el pecado y la muerte entraron al mundo a través de un solo hombre, Adán, de la misma manera, la vida vino al mundo a través de un solo hombre, Cristo. Leemos en el capítulo 5: 

«Pues si por la transgresión de uno solo reinó la muerte, mucho más reinarán en vida por uno solo, Jesucristo, los que reciben la abundancia de la gracia y el don de la justicia» (Romanos 5:17). 

«Porque por cuanto la muerte entró por un hombre, también por un hombre la resurrección de los muertos. Porque así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos serán vivificados» (1 Corintios 15:21). 

Cristo es el único calificado para salvarnos porque él, al ser Dios, vivió una vida perfecta, y murió en la cruz, derramando su sangre en rescate por los pecados de aquellos que confiarían en él y se arrepentirían de sus pecados. Por esta razón, solo él es digno, no Buda o Mahoma o cualquier otro líder religioso. En Apocalipsis, capítulo 5, vemos esta maravillosa imagen:

«Digno eres de tomar el libro y de abrir sus sellos; porque tú fuiste inmolado, y con tu sangre nos has redimido para Dios, de todo linaje y lengua y pueblo y nación; y nos has hecho para nuestro Dios reyes y sacerdotes, y reinaremos sobre la tierra» (Apocalipsis 5:9-10). 

Solo Cristo es digno de tomar el libro y de abrir los sellos.

Otros versículos hablan más específicamente de este punto.

En Hechos 4:12 leemos:

«Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos». 

Esta es la exhortación de Pedro a las autoridades que lo habían detenido junto con Juan en Jerusalén cuando predicaban el evangelio. Observa las amplias implicaciones de esta declaración: «no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos».

Bueno, ¿qué significa esto para nosotros en esta clase sobre las misiones? Significa que dado que Cristo es el único camino a la salvación, debe ser anunciado a todas las naciones. El hombre no se salvará sin Cristo. Como leemos en Lucas (24:46-47):

«…y que se predicase en su nombre el arrepentimiento y el perdón de pecados en todas las naciones, comenzando desde Jerusalén». 

Algunos podrían decir, está bien, la salvación solo puede obtenerse a través de la obra redentora de Cristo. Pero eso no significa que alguien tenga que escuchar el evangelio para ser salvo.

  1. ¿Pueden las personas ser salvas a través de Cristo sin entender que es Cristo quien les salva? Dicho de manera sencilla, ¿necesitan las personas escuchar de Cristo, para tener una fe consciente en Cristo; para ser salvas?

C.S. Lewis cita:

«Sabemos que ningún hombre puede ser salvo sino por medio de Cristo; no sabemos si solo aquellos que le conocen pueden ser salvos por medio de él».

Solo una acotación. Muchos cristianos han luchado con este tema. Esta cita de C.S. Lewis ilustra que incluso un cristiano fiel como él puede estar confundido al respecto.

Bueno, ¿tú qué piensas? Quiero decir, ¿no es una idea atractiva? ¿No resuelve esto el problema del hombre que se encuentra en una isla desierta y que nunca ha escuchado de Cristo, pero que tiene un gran respeto por el Dios que él cree controla el universo?

Una vez más acudimos a las Escrituras para ser instruidos por Dios acerca de este tema, y en ese gran libro de Romanos, Dios nos dice que nadie puede ser salvo sin un conocimiento consciente de Cristo.

A. Romanos 10

Al final del capítulo 9 y al inicio del capítulo 10, Pablo señala que la fe en Cristo ha llegado a tomar el lugar de la fe en Dios que se exigía en el Antiguo Testamento. Cristo es la meta del mensaje del Antiguo Testamento. Ahora, toda fe debe ser puesta específicamente en él para salvación. El resultado es que solo por la fe en Jesucristo puede el hombre ser salvo. Esto es lo que leemos en los versículos 9-14 del capítulo 10.

«Si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo. Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación. Pues la Escritura dice: Todo aquel que en él creyere, no será avergonzado. Porque no hay diferencia entre judío y griego, pues el mismo que es Señor de todos, es rico para con todos los que le invocan; porque todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo. ¿Cómo, pues, invocarán a aquel en el cual no han creído? ¿Y cómo creerán en aquel de quien no han oído? ¿Y cómo oirán sin haber quien les predique? ¿Y cómo predicarán si no fueren enviados? Como está escrito: ¡Cuán hermosos son los pies de los que anuncian la paz, de los que anuncian las buenas nuevas!».

Estos versículos responden la pregunta de quién será salvo:

Los que lo invocan. Pero, ¿quienes lo invocarán?

Los que tienen fe en Cristo; pero, ¿quiénes tendrán fe?

Los que oyen tendrán fe; pero, ¿quiénes oirán?

Los que han recibido la predicación del evangelio. Comunicarles el evangelio es una precondición para el oír (esto excluye a las personas de conocer a Cristo sin ser confrontados o sin haber escuchado el evangelio). [Alguien puede ser salvo leyendo un libro].

Por tanto, invocar al Señor por salvación no es algo que podamos hacer desde una posición de ignorancia; no podemos hacerlo adorando a otra deidad proclamada en alguna otra religión.

B. ¿Y Cornelio?

De acuerdo, pero ¿no hay ejemplos en la Escritura de gentiles temerosos que encontraron el favor de Dios? ¿Qué hay de Cornelio? Leemos de él en Hechos 10 y 11. En Hechos 10:2 se describe a Cornelio de la siguiente manera: «piadoso y temeroso de Dios con toda su casa, y que hacía muchas limosnas al pueblo, y oraba a Dios siempre». En ese capítulo, aprendemos que Cornelio tuvo una visión de parte de Dios en la que un ángel le decía que enviara algunos hombres a Jope para que buscaran a Pedro y le hicieran venir. Mientras tanto, Dios enviaba una visión a Pedro diseñada para enseñarle que la inmundicia ceremonial de los gentiles no era un obstáculo para ser aceptados por Dios. Dios también le dijo a Pedro que ciertos hombres vendrían por él y que debía ir con ellos sin recelos porque habían sido enviados por él.

Cuando Pedro se reúne con Cornelio, dice (vv. 34-35 del capítulo 10):

«En verdad comprendo que Dios no hace acepción de personas, sino que en toda nación se agrada del que le teme y hace justicia».

Bueno, no hay nada en ese versículo que hable de la fe en Cristo. Seguramente Cornelio es entonces un ejemplo de alguien que simplemente confía en Dios en base a lo que conoce de Dios, y Dios considera eso suficiente. ¿Algún comentario al respecto?

Este es un ejemplo de tomar un versículo o dos fuera de contexto para que se ajusten a un argumento personal. Del resto del capítulo y del capítulo 11 queda claro que cuando Pedro hizo esta declaración a Cornelio, Cornelio no era salvo. De hecho, Pedro procede a predicar el evangelio. Y leemos en el versículo 44: «el Espíritu Santo cayó sobre todos los que oían el discurso».

Lo que es aún más convincente, cuando Pedro dio un informe de esto en Jerusalén a los apóstoles y a otros creyentes, leemos en el capítulo 11, versículo 14, que según Pedro, el ángel que se le había aparecido a Cornelio le había dicho que debía hacer venir a Pedro, quien «[hablaría] palabras por las cuales sería salvo [él] y toda [su] casa». 

Este texto comunica claramente que antes de recibir el mensaje de Pedro ellos NO eran salvos. De hecho, en todo caso, esta historia parece mostrar que Dios está dispuesto a hacer todo lo posible por incluir a personas en su gran plan de salvación. Orquestó toda esta situación para que Pedro proclamara el evangelio a Cornelio. Por la razón que sea, Dios parece haberse comprometido en USARNOS para llevar el mensaje, y es a través de ese mensaje, que su Espíritu reúne un pueblo para sí. Cornelio fue salvo no por una disposición de fe, sino porque un humano le predicó el evangelio.

[¿A qué se refiere Pedro en los versículos 34-35?] Sugerencia de Piper: Representa una especie de persona no salva entre un grupo de personas no alcanzadas que busca a Dios de una manera extraordinaria. O más probablemente podría significar que Dios no es parcial y acepta tanto a gentiles como a judíos; esto es lo que le enseñó a Pedro en el sueño. Era una nueva idea para los cristianos que eran en su mayoría todos judíos en aquel tiempo, incluso si nos parece que no es extraordinario].

C. El «Dios no conocido» (Hechos 17:23,20) no puede proporcionar salvación

Finalmente, veamos Hechos 17, donde Pablo predica el evangelio a los griegos en Atenas. Pablo se había percatado de que en Atenas había un altar dedicado al Dios no conocido. Leemos su reacción en el versículo 23:

«Porque pasando y mirando vuestros santuarios, hallé también un altar en el cual estaba esta inscripción: AL DIOS NO CONOCIDO. Al que vosotros adoráis, pues, sin conocerle, es a quien yo os anuncio» (Hechos 17:23).

Pregunta: ¿Era posible que los atenienses estuvieran adorando al verdadero Dios sin saberlo? ¿Podría pasar esto hoy día? Pablo provee la respuesta en el versículo 30 donde dice:

«Pero Dios, habiendo pasado por alto los tiempos de esta ignorancia, ahora manda a todos los hombres en todo lugar, que se arrepientan; por cuanto ha establecido un día en el cual juzgará al mundo con justicia, por aquel varón a quien designó» (Hechos 17:30-31). 

Cristo debe ser el objeto de una fe salvadora consciente. Pablo no dice que está bien que adoren a un Dios desconocido. Él predica a Cristo y hace un llamado al arrepentimiento.

[¿Quiere decir esto que Dios pasó por alto la ignorancia en el pasado, permitiendo que las personas fueran salvas de otra manera? No, esto quiere decir que Dios entregó a los hombres a sus propios caminos; para sus sabios propósitos, permitió que las naciones siguieran sus propios caminos, y no intervino para vencer su desobediencia y cubrir sus pecados].

¿Existe una analogía moderna para aquellos que tenían fe en el Antiguo Testamento? 

De acuerdo, ¿no hay ejemplos en la Biblia de la salvación sin la fe en Cristo? ¿Qué pasó con los judíos que vivieron antes que Jesús; acaso no fueron salvos algunos de ellos? Bueno, este es un argumento que podrías haber escuchado. ¿Algún comentario? Hay una serie de cosas que deberían señalarse en respuesta.

Tres observaciones:

  • No estamos en posición de decir cuán poco conocían de Cristo (no lo sabemos),

*dado el hecho de que en Juan 8, Jesús se refirió a Abraham regocijándose ante la idea de ver su [el de Cristo] día (v. 56);

*dado el hecho de que Hebreos 11 (v. 26) menciona que Moisés escogió sufrir vituperios por causa de Cristo;

*dadas todas las profecías en el Antiguo Testamento a través de Isaías y otros, quizá algunos sabían más acerca de «esperar en el Mesías prometido» de lo que piensas;

*dado que en el momento del nacimiento de Cristo había gente en Israel, que por haber leído el Antiguo Testamento, estaban buscando al Mesías que llevaría los pecados del pueblo de Dios. Una de esas personas, Simeón, incluso entendió que la salvación que Jesús traería era para judíos y gentiles por igual, no solo para la nación de Israel (Lucas 2:22-32).

  • Estaban en el curso de la revelación especial de Dios de darse a conocer extraordinariamente.
  • Según Hechos 17, Romanos 16, Efesios 3, ha habido un cambio en los tiempos con la venida de Cristo, que ha tenido importancia cósmica. Por tanto, no debería creerse que las situaciones de los santos del Antiguo Testamento serán replicadas exactamente en la actualidad. Ellos esperaron borrosamente tener esperanza en una salvación prometida, nosotros miramos hacia atrás claramente para alabar a Dios por una obra de redención culminada. Solo hay una cruz que salva a todos los que forman parte del pueblo de Dios, pero lo que ellos vieron remotamente, nosotros lo vemos a la luz de la historia terminada.

En Hebreos 1:1 leemos:           

«Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo…».

De manera que, independientemente de lo que haya significado para las personas anteriores a la encarnación de Cristo ser salvadas por él, queda claro que ahora solo la fe consciente en Cristo es el camino a la salvación. El misterio de Cristo ha sido revelado.

En Efesios 3:6, Pablo dice que el misterio que se ha revelado es que por medio del evangelio, los gentiles son coherederos con Israel, miembros del mismo cuerpo y copartícipes de la promesa en Cristo Jesús.

D. La acusación de la restricción

De acuerdo. Digamos que hemos convencido al escéptico. ¿La salvación viene solo a través de una fe consciente en Cristo? Y se da la vuelta y dice: «¡Qué horrible doctrina! ¿Qué hay de la persona que nunca ha escuchado? Bajo la doctrina cristiana, será castigado por sus pecados eternamente solo porque nadie nunca le predicó el evangelio. ¿No es esto increíblemente restrictivo e injusto?».

Quiero decir, ¿no es terriblemente injusto que Dios, que es todo poderoso, escoja salvar a algunos y a otros no, incluso cuando no tiene la obligación de salvar a nadie? [Usa una ilustración de igual protección].

El ejemplo de Brian

Ilustración opcional: [Bueno, para ver lo distorsionada que es esta pregunta, volvamos a nuestra analogía original con respecto a Brian, el chico sin riñones. Sabes, no siempre existió tal cosa como la diálisis. En el pasado las personas habrían muerto inmediatamente si hubieran nacido sin riñones. Ahora, aunque a Brian le puede disgustar su condición actual, no creo que se queje de que exista un solo tratamiento. Estoy seguro de que no insiste en que otras personas que padecen su condición puedan recuperarse por medios alternativos, como ponerse en forma en el gimnasio local, si lo prefieren.

Y aunque pueda estar triste por cualquier otro motivo, no todos tienen acceso a estas diálisis. Dudo que se rehúse a ellas. En cambio, se aferra a dicho tratamiento como su única fuente de esperanza y está inmensamente agradecido de que exista].

Un hombre que encuentra un gran precipicio entre su ubicación actual y su destino deseado no se quejará si existe un solo puente, especialmente si ese puente fue construido a un alto costo. Los cristianos creemos que Dios ha alcanzado de manera unilateral a un pueblo rebelde y ha construido un puente de reconciliación a costa de un gran sacrificio.

Otro punto sobre este argumento de igual tratamiento, es que Dios debería salvar a todos o enviar a todos al infierno. La mayoría de las veces, las personas que alegan esto, cuando se ven presionadas, admiten que realmente no creen la segunda parte de dicho argumento, que sería justo que Dios enviara a todos al infierno. Probablemente dirían que nadie merece ir al infierno.

La Escritura

Más importante aún, sin embargo, es que la Biblia no guarda silencio al respecto:

En Romanos 9, Pablo pregunta cómo puede alguien cuestionar las acciones de Dios cuando es ese mismo Dios sabio y soberano, quien nos ha formado como vasos de barro. En Isaías 40, Isaías pregunta retóricamente, a quién consultó Dios para ilustrarse, o quién le dio a conocer la senda de la inteligencia. Al final, debemos confiar en Dios y en sus propósitos, de los que podemos estar seguros, son justos.

* John Piper en ¡Alégrense las naciones! nos cuenta una historia moderna de Cornelio. El pueblo gedeo del sur de Etiopía, era una tribu de medio millón de personas que cultivaban café y creían en un ser benevolente que llamaban Magano; a quien describían como el creador de todo. Muy pocos de ellos realmente oraban a Magano, pero un hombre, Warrasa Wanga, oraba fielmente a Magano para que se revelara. Un día, Wanga tuvo una visión de dos extraños de piel blanca, que venían a construir refugios en el pueblo en el que vivía. Wanga escuchó una voz que decía: «Estos hombres te traerán un mensaje de Magano, el Dios al que buscas. Espéralos». Ochos años más tarde, en 1948, dos misioneros canadienses llegaron a Etiopía para trabajar con el pueblo gedeo. Los misioneros establecieron sus tiendas en el pueblo de Wanga. 30 años después, había más de 200 iglesias entre los gedeos. Wanga fue uno de los primeros en convertirse, y el primero en ser encarcelado por causa de su fe.

Dios es sabio y soberano y verá que sus propósitos se cumplan, y podemos descansar en eso.

Pero la soberanía y la justicia de Dios no son las únicas cosas en las que podemos descansar; no, podemos descansar en su carácter como se revela en Cristo, que es uno de un amor casi incomprensible, inimaginable y abnegado. La idea de que el Creador del universo llegaría tan lejos como para tomar forma de hombre y humillarse hasta el punto de morir en una cruz para salvar a pecadores que merecen el infierno, derrota la acusación de injustica y arbitrariedad.

E. La relación con las misiones

¿De qué manera nuestro entendimiento del hecho de que el hombre solo puede ser salvo a través de una fe consciente en Cristo afecta nuestra visión de las misiones? [Pregunta para la clase].

Bueno, como concluye John Piper al final de su capítulo sobre este tema en el libro ¡Alégrense las naciones!, abandonar la verdad bíblica de que escuchar el evangelio es una precondición para la salvación, sería cortar un nervio para la motivación misionera. Por otro lado, comprender que no hay salvación fuera de Cristo debería estimularnos a proclamar a Cristo a los que no han oído acerca de él.

El ejemplo que vimos en Cornelio es convincente. Dios está comprometido en usar a los seres humanos para difundir el evangelio. Nos ha dado el privilegio de ser copartícipes en el desarrollo de su plan de salvación, y esto solo debería hacer crecer nuestra motivación por las misiones.

Incluso cuando reconocemos que el deseo de ver a Dios glorificado en nuestra fidelidad es el gran fundamento para la iniciativa misionera, debemos ver que un entendimiento sólido y una reflexión sobre la exclusividad del evangelio también es una motivación digna.

Lejos de ser una doctrina desalentadora, a medida que pensamos cada vez más en el valor, la singularidad y la exclusividad de Cristo, Dios puede hacer que nuestros corazones ardan cada vez más con el deseo de ser instrumentos que él use para llevar el evangelio de salvación a los hombres y mujeres por todo el mundo designados para la vida eterna.